EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, luchadores del espacio.
Retomamos La Saga de los Aznar con el vigésimo octavo título de la colección. Espero que lo encontréis interesante porque me ha llevado todo el día escribir esta entrada😅
Antes de ponernos al lio, como amable recordatorio, hacer notar que este libro se escribió en el año 1955, y que lo que a día de hoy llamamos ciencia ficción se llamaba originalmente literatura de anticipación. Ya veréis por que lo digo.
Comenzaremos haciendo un repaso de lo acaecido en títulos anteriores, porque la situación es un tanto compleja. Los sadritas, que llegaron al sistema solar como amigables inmigrantes, terminaron estableciéndose en él de forma permanente y expulsaron de este a los humanos. Transformaron el Sol del Sistema Solar, una estrella de hidrógeno que emitía luz infrarroja, en una estrella de helio que emitía luz ultravioleta. La luz ultravioleta era totalmente incompatible con las formas de vida nacidas a la luz infrarroja y basadas en el carbono, por lo que toda vida en la Tierra y en los otros planetas habitados del Sistema Solar quedó condenada a una pronta extinción.
El proceso era al parecer irreversible, por lo que la única opción que le quedó a los humanos fue abandonar el Sistema Solar y buscar un nuevo hogar. Se plantearon dos posibilidades: viajar hasta Redención, la segunda cuna de la humanidad, o hacerlo hacia los mundos salvajes de Exilio. La mayor parte de la flota optó por la primera opción, que se consideraba más segura. Una pequeña parte, formada principalmente por humanos nacidos en Marte, a los que las condiciones del planeta habían hecho considerablemente más altos y con un carácter más agresivo, se sintió más atraída por colonizar los mundos de Exilio.
Aquéllos que viajaron hacia Redención contaban con encontrarse un planeta ya poblado y tecnificado, habitado por humanos como ellos, donde esperaban ser bien recibidos. Los que viajaron hacia los mundos de Exilio contaban con que estos seguirían siendo mundos salvajes que deberían ser colonizados y domados, pero aquello era lo que su naturaleza más aventurera les pedía.
La flota humana se dividió así en dos. La historia había seguido hasta ese momento a esa flota más pequeña, compuesta principalmente por los humanos terrícolas y los humanos marcianos, que viajaron hasta Exilio. En el número anterior, la flota alcanzó finalmente ese grupo de planetas, tan cercanos al, en teoría, pacificado y aliado Imperio de Nahum.
Los cinco mundos salvajes que esperaban encontrar resultaron ser ahora cuatro esferoides desprovistos totalmente de vida, como si hubiesen sido atacados por bombas W. Recordemos que este tipo de armas desintegra todo el oxígeno presente, incluido el del agua, reduciendo esta a nubes de gases y polvo y condenando a los mundos donde se lanzan a una extinción total.
El quinto mundo, que fue precisamente el que recibió el nombre de Exilio, había desarrollado ya una cultura a partir de los pueblos salvajes que los terrestres encontraron allí y a los que enseñaron el arte de la metalurgia y la industria avanzada. Pese a ello, estos pueblos estaban en un nivel técnológico cercano al de la Revolución Industrial terrestre y recibían ataques periódicos de flotas nahumitas. El objetivo de estos ataque no era conquistarlos o saquearlos, sino llevarse algunos millones de habitantes cada vez, extraer sus cerebros y sustituirlos por los cerebros de sus propios gobernantes o personajes notables. De esta forma se aseguraban un cierto tipo de inmortalidad al ir sustituyendo continuamente cuerpos viejos, decrépitos o dañados por otros jóvenes.
La tecnología humana en ese momento era superior a la nahumita debido al armamento y motores de luz sólida que habían copiado a los sadritas. Esto permitió a la relativamente pequeña flota humana imponerse a las flotas invasoras nahumitas, esparcirse por Exilio (al que sus habitantes llamaban Atioquita) e integrarse con esos pueblos, compartiendo con ellos suelo y tecnología.
Más o menos aquí es donde terminó el número anterior. Este comienza con una batalla entre la flota de guerra del Valera y los nahumitas.
Mucho tiempo antes de que incluso el protagonista de esta historia naciera, el autoplaneta Valera había zarpado de la Tierra para regresar a los mundos nahumitas y ver qué tal iba todo por allí. El Valera zarpó antes de la llegada de los sadritas, por lo que no cuenta con la tecnología de luz sólida de la que sí disponen las flotas humanas de camino a Redención y las que llegaron a Atioquita. No han desarrollado nada similar y tampoco los nahumitas conocen este tipo de armas o motores.
Cuando la flota que se estableció en Atioquita se hubo asentado allí, envió una parte de sus efectivos a los relativamente cercanos mundos natales nahumitas. Lo que encuentran es que los nahumitas han vuelto a tomar el control de todos los planetas que los humanos liberaron y han vuelto a esclavizar o directamente exterminar a las culturas nativas que había en ellos. De hecho, llegan en plena batalla entre las fuerzas nahumitas y la armada expedicionaria valerana, que por cierto, está sufriendo una derrota monumental.
Cuando el autoplaneta Valera llegó hasta el espacio nahumita, cincuenta años atrás, se encontró con una docena de mundos militarizados que lanzaron contra él toda su flota. La tecnología humana y nahumita está a la par, puesto que en toda guerra cada avance de uno de los bandos es rápidamente copiado por el otro tan pronto como los espías logran hacerse con planos de esa tecnología o con muestras de ella, o tan pronto como algún arma o equipo se recupera relativamente intacto de un campo de batalla. En igualdad de tecnología, los nahumitas tienen la ventaja, puesto que superan ampliamente en número de naves y torpedos autómata a sus rivales.
A esto hay que añadir otra desventaja extra, y es que en el primer encuentro entre el Valera y la nueva armada nahumita, que ahora se hace llamar el Imperio Milenario, los humanos sufrieron una terrible derrota y se vieron obligados a retirarse para repararse y rearmarse. Como suele ocurrir, incluso si la derrota es inevitable, se buscó una cabeza de turco para tranquilizar a la población.
El que en ese momento era almirante del Valera fue destituido y en su lugar se puso a Irene Dumont, la primera mujer en ostentar el mando del autoplaneta. Fue un error terrible, porque el cargo se le subió rápidamente a la cabeza y en lo que verdaderamente se centró fue en afianzar el papel de las mujeres en la sociedad del Valera. Hizo que estas sustituyeran a todos los altos cargos políticos y militares, dando preferencia a ellas sobre los hombres sin importar si eran o no las personas más capacitadas para el puesto.
Esta política feminista radical fue arrinconando cada vez más a los hombres, apartándolos de toda toma de decisiones. A raíz de eso, la mitad de los tripulantes del Valera (que es de aproximadamente unos noventa millones de personas) fueron dejados de lado. Precisamente la mitad de población que, por genética y carácter era más emprendedora y más propensa a arriesgarse a la hora de tomar decisiones difíciles, fue ignorada. El sexo biológico pasó a ser el principal factor determinante para ocupar cargos de responsabilidad.
Un momento, un momento...🤔Estoy reseñando La Saga de los Aznar a medida que voy leyendo los libros por primera vez, pero todo esto que nos están contando me resulta extrañamente familiar. ¿Una sociedad en la que una líder de políticas feministas radicales y desbalanceadas, promueve a la mitad de la población en detrimento de la otra mitad guiándose solo por su sexo, y lo único que consigue con ello es debilitar enormemente el conjunto?… Estoy seguro de no haber leído este libro antes de ahora, pero como decía, lo que me cuentan en él me resulta extrañamente familiar. Qué raro. ¿A qué puede deberse esto? 🤔En fin. Dejémoslo por ahora y sigamos con la historia.
Irene Polaris, hija de Irene Dumont y actual Almirante del Valera, tiene nula experiencia en combate y sufre una derrota catastrófica perdiendo el noventa por ciento de sus fuerzas en su primer encuentro con los nahumitas. El hecho de que el diez por ciento restante logren sobrevivir se debe a la intervención de la flota marcianoterrestre venida de Atioquita, que llega precisamente en ese momento. Con sus pequeñas naves Omega, dotadas de motores y proyectores de luz sólida, hacen trizas rápidamente a la armada nahumita. Apenas un millar de naves Omega bastan para destruir a un par de millones de cruceros de combate nahumitas, por el simple procedimiento de cortarlos a trozos con los rayos de luz sólida y destruir las interminables oleadas de torpedos autómata que estos lanzan.
A pesar de ello, todos los Omega son también destruidos. Las nubes de torpedos miniaturizados de la flota nahumita forman un volumen de fuego tan elevado que ni tan solo los proyectores de luz sólida de las naves Omega dan a basto para destruirlos a todos, y una tras otra, las pequeñas naves son alcanzadas y voladas en pedazos. El sacrificio de estas mil naves no tripuladas permite a los poco más de cien mil cruceros de combate valeranos supervivientes retirarse de la batalla cuando ya se daban por perdidos.
A continuación, Miguel Ángel Aznar hijo solicita permiso para subir a bordo del Valera. Desembarca en este junto a su padre y varias personas más. En números anteriores se nos dijo que Miguel Ángel Aznar padre formaba parte del grupo que fue en busca de Redención, y aquí se cambia esto sin explicación alguna. Este es simplemente uno más de los muchísimos errores de continuidad con los que cuenta la saga. El autor escribía casi sin tiempo de releer, como era habitual en la época por los plazos draconianos que exigían las editoriales. Además, varios títulos de la saga fueron reescritos en los años setenta de cara a una reedición, lo cual multiplicó los errores e incongruencias de uno a otro. Se sabe que hay varios libros que fueron totalmente eliminados, pero los acontecimientos que tenían lugar en ellos se mencionan posteriormente en otros libros que sí se mantuvieron, y se olvidaron de corregir estas referencias. El caso es que ahora ambos Miguel Ángel Aznar, padre e hijo, están juntos a bordo de la exigua flota que llegó hasta Exilio/Atioquita.
Una vez en el Valera, son recibidos por un comité que los lleva a la capital, Nuevo Madrid. A Miguel Ángel hijo le llama la atención el hecho de que todos los militares que les reciben, así como los componentes de la banda de música que hace sonar una fanfarria, incluso los chóferes de los coches que están ahí para llevarles ante la almirante Irene Polaris, son mujeres, pero lo achaca a una mera casualidad. Sin embargo, de camino a su reunión con la almirante, son atacados por una turba de manifestantes compuesta totalmente por hombres. Pese a que su guía les dice que los manifestantes están protestando por la reciente derrota contra los nahumitas, Miguel Ángel se fija en que estos enarbolan pancartas en las que exigen igualdad de derechos con las mujeres, pero decide no decir nada por el momento.
Cuando se reúne con la almirante Polaris, cada uno pone al corriente al otro de los sucesos recientes. Ella le explica a Miguel Ángel que el Valera es ahora un matriarcado y que todos los cargos militares, políticos y administrativos están en manos de mujeres. Su madre estableció oficialmente que las mujeres eran más inteligentes y más aptas que los hombres y por tanto es natural que sean ellas las que manden, independientemente de las capacidades que sea capaz de demostrar cada una. Polaris revela que su intención es regresar a la Tierra, vista la superioridad nahumita, pero es entonces cuando Miguel Ángel le informa de que la Tierra ya no pertenece a los humanos, sino a los sadritas. La parte buena es que, con la tecnología de la luz sólida que han traído con ellos, tienen la oportunidad de revertir la situación en los mundos natales nahumitas.
Las mil naves Omega destruidas, que bastaron para poner en jaque a la colosal flota nahumita, eran naves no tripuladas dirigidas por IA, por lo que la flota marcianoterrícola no ha perdido ni un solo hombre en el combate. Y las naves destruidas son fácilmente reemplazables, pues tienen toda la maquinaria y líneas de producción necesarias para construir más a bordo de su flota, miniaturizadas y empaquetadas, listas para ponerlas en marcha otra vez. La almirante Polaris se muestra encantada con esta noticia, pero a la vez hostil hacia los recién llegados. Cree que los Aznar pretenden arrebatarle el control del Valera valiéndose de la popularidad de su apellido, y ordena a sus tropas disparar a matar contra los manifestantes. Miguel Ángel padre, sin embargo, le solicita permiso para tratar de calmarlos valiéndose únicamente de palabras, en lugar de armas, y a regañadientes Polaris se lo concede.
Empleando para ello las pantallas gigantes instaladas por las calles, da un emotivo discurso a la población del Valera, que le reconoce inmediatamente como su antiguo almirante y lo aclama como su salvador pese a que este no les esconde nada. Les habla de lo ocurrido a la Tierra, de cómo la amenaza que deberán enfrentar cuando el Valera regrese a ella es mucho mayor que la que ha estado a punto de destruirles en esta ocasión, de todos los sacrificios que tendrán que hacer; no solo el largo viaje de regreso, sino el poner todos los recursos y trabajadores posibles a disposición de la industria armamentística. Y los hombres le aclaman porque les devuelve algo que la anterior y actual almirantes y la sociedad que han creado estas les habían negado: un propósito, la posibilidad de demostrar lo que valen.
Sin embargo, la Plana Mayor del Valera no perdona a Irene Polaris su derrota. Las otras almirantes, todas mujeres como ella, la presionan para que dimita o se suicide. Polaris opta por esto segundo y trata de matarse a sí misma disparándose a la cabeza, pero falla y es hospitalizada. Ahora va a tener que dimitir por escrito, pero para esto deben esperar a que se recupere hasta cierto grado. Sabiendo que la dimisión de Polaris no va a solucionar nada y que puede incluso que empeore la situación, porque puede llevar a una guerra interna entre las otras almirantes para sucederla, ambos Aznar comienzan a desembarcar en el interior del Valera las factorías miniaturizadas que les permiten fabricar los Omega. Las instalan en amplias zonas desocupadas del planeta hueco, las restituyen a su colosal tamaño real y ponen en marcha la producción casi de inmediato.
Miguel Ángel hijo visita a la almirante Polaris para interesarse por su estado y descubre que es la única persona que lo ha hecho con este motivo. Las otras visitas que ha recibido, todas de mujeres a su cargo deseosas de reemplazarla, han sido para comprobar si se iba a morir de una vez o para instarla a que firme su dimisión cuanto antes. Miguel Ángel la convence de que no lo haga. Es más, ya que ha habido numerosas bajas entre los mandos de la flota debido a la reciente batalla, la anima a cubrir estas bajas con candidatos hombres para comenzar a paliar así la desigualdad social que su madre creó y ella mantuvo. Polaris acepta, y el primer nombre de la lista de oficiales que sucederán a las mujeres de alto rango que murieron en la batalla es el del propio Miguel Ángel hijo.
También las bajas entre los tripulantes de menor rango deben ser cubiertas. Se abren las oficinas de reclutamiento para que todos aquellos que estén interesados en formar parte de la Armada Sideral puedan acceder a las academias, esta vez sin excluir a los hombres. Y, para sorpresa de la Plana Mayor, la gran mayoría de los voluntarios, de hecho casi la totalidad de estos, son hombres.
Las mujeres optaron a estos cargos mientras eran favorecidas por las cuotas de género y todo lo que tenían que hacer era asistir a clases teóricas en la academia militar y a batallas simuladas. Pero, a partir de la derrota y la masacre sufrida contra los nahumitas, la mayoría han perdido todo el interés por formar parte de la Armada. Los que se apuntan masivamente para optar a formar parte de la Armada son los mismos hombres a los que las mujeres despreciaron durante décadas, negándoles el acceso que a ellas prácticamente se les regalaba.
Con esta nueva Armada, que combina un ejército mixto de hombres y mujeres elegidos por sus aptitudes y no por su género, y la nueva tecnología traída por la flota procedente de la Tierra, la Armada valerana le da la vuelta a la guerra casi inmediatamente. Las inmensas flotas nahumitas son rápidamente doblegadas y destruidas, perdiendo sus naves a un ritmo alarmante. La tecnología de los torpedos autómata simplemente está obsoleta contra la de los proyectores de luz sólida. El Valera, de hecho, deja de fabricar torpedos autómata, y todas sus factorías que los producían son reconvertidas para que fabriquen vehículos Omega no tripulados y equipados con motores y armas de luz sólida.
Todo parece indicar que la conquista de todo el sistema solar nahumita va a ser una cuestión de pocos meses, pero durante estos se producen algunos reveses. La Plana Mayor de la almirante Polaris se rebela contra ella y trata de dar un golpe de Estado, pero este es sofocado, sorprendentemente, por la población civil. No solo por los hombres, que ya estaban hartos de las políticas que les habían llevado hasta casi un colapso social, sino por las propias mujeres. La mayoría de estas se han dado cuenta al fin de que las políticas feministas no benefician a todas las mujeres, sino únicamente a la reducida élite que ostenta el poder.
Rechazado tanto por los hombres como por la mayoría de mujeres, el supuesto golpe de Estado de la Plana Mayor del Valera es aplastado casi antes de comenzar. Se depone a todas las oficiales de alto rango que, de nuevo, son sustituidas por los oficiales más aptos para ocupar sus puestos, sin importar si se trata de hombres o mujeres, tanto del Valera como de la flota marcianoterrestre, dándose prioridad únicamente a sus conocimientos, experiencia y carácter.
Irene Polaris dimite voluntariamente y nombra como su sucesor a Miguel Ángel hijo. También acepta casarse con él, puesto que, como no podía ser de otro modo, ambos han terminado por enamorarse. Recordaréis que Miguel Ángel hijo ya se comprometió al final del número anterior con Milvana, reina de Atioquita. El libro terminaba dándonos a entender que su boda era algo inminente, ya casi un hecho, pero en este se nos dice que realmente no pasó de ahí, de la intención. Miguel Ángel nunca pretendió quedarse a vivir en Atioquita. Él quería partir inmediatamente hacia los mundos nahumitas, lo cual supone un viaje de dos años desde los mundos del Exilio. Dos años de ida, otros dos de vuelta, y eso sin contar el desfase del paso del tiempo planetario respecto al tiempo del espacio. Milvana no tenía intención de abandonar su planeta ni su cargo de líder de su pueblo, por lo que las vidas de ambos jóvenes se separaron en este momento.
Otro suceso que tiene lugar es la partida de Miguel Ángel padre del Valera. Él solo, en una nave capturada a los nahumitas, abandona el Valera casi a escondidas y se pierde en el espacio rumbo al territorio que todavía controlan sus enemigos. Esto se debe a la información que obtiene de un prisionero nahumita de una de las naves que quedó averiada sin llegar a ser destruida. La actual líder del pueblo nahumita es la hija de la emperatriz Amber, que a su vez fue esposa de Miguel Ángel Aznar padre. Él se casó con la por aquel entonces princesa nahumita como una forma de mantener la estabilidad después de someter por segunda vez a ese violento y totalitario pueblo.
Sin embargo, el matrimonio no duró mucho. Amber abandonó a su esposo cuando este se negó a mostrarse despiadado con un grupo de rebeldes, puesto que eso, a sus ojos, era síntoma de debilidad. Regresó con un séquito a los mundos nahumitas, estando ya embarazada sin que Miguel Ángel padre lo supiera. Esto significa que Miguel Ángel hijo y la actual líder de los nahumitas son hermanos por parte de padre.
El hecho de que Miguel Ángel hijo tenga unos ochenta años reales (veinte aparentes por la extrema longevidad humana en esta época), mientras que su hermana tiene aproximadamente dos mil quinientos, se explica por el desfase de paso del tiempo en diferentes planetas y la tecnología nahumita del intercambio de cerebros. Ella se ha mantenido en el poder pasando su cerebro de un cuerpo a otro más joven cada vez que ha sido necesario, por estar su cuerpo anterior envejecido. Su cerebro es como un parásito que va cambiando de un cuerpo a otro hasta que el que tiene ya no le vale. Su inmortalidad artificial hace que se vea a sí misma como una diosa, incuestionable y con un derecho absoluto a que su más mínimo deseo se cumpla. Pero aun así sigue siendo su hija, y por ello Miguel Ángel padre parte en su búsqueda pensando que el amor filial tendrá algún valor para ella.
La respuesta a esta cuestión la reciben algunos meses después, cuando la misma nave enemiga con la que partió regresa lentamente en piloto automático hacia el Valera. Cuando los valeranos interceptan la nave y la abordan, encuentran en ella un gorila dentro de una jaula, con una sutura quirúrgica en torno al cráneo. A modo de burla, la emperatriz ordenó que el cerebro de su padre fuera extraído e introducido en el cráneo del gorila. La criatura muere poco después porque las conexiones neuronales son demasiado incompatibles, y tanto el cerebro humano como el cuerpo de gorila se rechazan mutuamente.
Esto, que pretendía ser un desafío por parte de la emperatriz nahumita, es lo que en realidad supone su fin, puesto que acaba con la más mínima posibilidad que hubiera de que Miguel Ángel hijo negociara una paz o armisticio con el Imperio Milenario.
A partir de ese momento, la Armada valerana intensifica sus ataques. Todas y cada una de las naves de la flota enemiga son destruidas sin piedad, incluso aquellas que han quedado demasiado dañadas para presentar batalla y que podrían haber sido capturadas con facilidad. Las defensas planetarias son arrasadas con los rayos de luz sólida. El armamento antiaéreo y los búnkeres desaparecen entre grandes deflagraciones. Los ejércitos autómatas son desplegados por millones sobre cada uno de los mundos nahumitas, aplastando la poca oposición que estos pueden presentar a pie de trinchera.
Al cabo de unos días, los únicos nahumitas que quedan con vida son los que tiemblan de terror ocultos en subterráneos, hasta que deciden salir a rendirse, implorando clemencia. A ellos se les perdona, pero a la emperatriz no. También ella se arrastra llorando y suplicando piedad, pero es llevada a la fuerza hasta un poste donde se la ata para que el pelotón de fusilamiento pueda acribillarla a tiros cómodamente.
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El Imperio Milenario. 1975 (reescritura del texto original de 1957). George H. White [Pascual Eguídanos]. La saga de los Aznar nº 28. Editorial Valenciana S. A.
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