EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.

Saludos, ávidos lectores.
Hoy estamos a 17 de junio, el Día Internacional de los Basureros. Aprovechamos esta fecha para reseñar otro de nuestros números de Los basureros del espacio, una extraña colección de bolsilibros en formato de revista ilustrada que lanzó Bruguera ya al final de la etapa dorada de este tipo de publicaciones, casi a modo de despedida.
En esta ocasión, nuestro aguerrido grupo de basureros espaciales está recogiendo los restos de una nave que ha explotado a mitad de un viaje, debido a una grave falta de mantenimiento. Lo que queda de ella y lo que queda de sus tripulantes flotan en el vacío. Los pedazos que encuentran los van juntando para llevárselos a donde no molesten. El espacio puede ser muy grande, pero, al igual que en el mar, hay líneas de tráfico establecidas, y los restos de la nave que ha explotado están en medio de una de ellas.
Precisamente, una de las naves que pasa cerca del lugar del siniestro es la de un viejo conocido del capitán Dick, que en cuanto los avista los invita a subir a bordo a tomarse unas copas. Entre vasos de whisky y puros, el capitán de la nave, Harry Mimms, alias Patapalo, les pone al corriente de los últimos sucesos. Una nave de lujo, la Galaxia, ha sido tomada por una parte de sus propios tripulantes, que se han amotinado. Los pasajeros y el resto de tripulantes fueron evacuados de la nave en las cápsulas salvavidas, pero los amotinados se quedaron con una rehén, Aura Zhirinn, la nueva gobernadora de Ganímedes. Además de con la propia nave de lujo y con el cargamento de esta, que consistía en varias toneladas de oro, diamantes, papel moneda sin imprimir y las planchas necesarias para convertirlo en dinero real. Han proclamado que todo ello pertenece ahora a la República Sideral de Kironia, de la que nadie ha oído hablar antes. Su líder es Vladimir Kiross, un exmilitar de las FEU (Fuerzas Espaciales Unificadas) que fue expulsado por apropiamiento indebido de fondos públicos.
Poco después, los basureros se despiden de Patapalo y continúan con su labor de despejar las rutas de chatarra, cuando reciben otra visita: la de una pequeña nave desconocida que, sin motivo aparente, dispara contra ellos un misil. Los tripulantes de la Dungflier responden lanzando a su vez seis. En teoría, las naves basureras no están armadas, pero Yokio, el técnico de la Dungflier, ha hecho varias modificaciones en esta, las cuales incluyen armamento ilegal. La nave atacante es hecha pedazos, añadiendo más chatarra a la que tienen que recoger, y entre esta encuentran un cadáver con un uniforme que presenta la misma insignia que ostentaban sobre su ropa, en forma de adhesivos, los amotinados de la Galaxia.
Cuando finalmente parece que van a poder continuar con su trabajo en paz, llega hasta ellos la nave del general Fischett, el responsable directo de que actualmente Dick sea capitán de un camión de basura espacial en lugar de una moderna nave patrulla de las FEU. Quiere que Dick retome, de forma momentánea y extraoficial, su papel de soldado para buscar y capturar o eliminar a Vladimir Kiross y rescatar a su rehén. Al general le preocupa que la importante rehén pueda morir durante una operación de rescate y se achaque la culpa de ello a él o a las tropas a su mando, por lo que prefiere tirar de mercenarios. Pero el que, siendo solamente una nave basurera, hayan sido atacados por soldados de la supuesta República de Kironia antes de que el general Fischett los reclutara es un indicativo claro de que hay espías dentro del propio ejército. Vladimir Kiross ya sabía que el general recurriría a ellos antes de que se enteraran ellos mismos.
La Dungflier se dirige a Ganimedes, donde Marisa, la esbelta contable de la nave, aprovecha los fondos que les ha proporcionado la FEU para pasarse tres horas en salones de belleza, tiendas de moda y joyerías. A continuación va al prostíbulo en el que trabajaba antes de ser obligada a convertirse en basurera espacial. Este es un prostíbulo de lujo por el que pasa mucha gente con dinero y también gente con información. El dueño del prostíbulo tiene tendencia a despojar a todos sus clientes de ambas cosas, y sabe dónde se esconde Vladimir.
Al parecer, este ha aprovechado una laguna legal para establecerse en un asteroide. La Federación Galáctica determinó ochenta años atrás que los planetas, planetoides y asteroides, así como las lunas del Sistema Solar, eran territorio soberano de la Federación. Pero por un error de redacción, esta delimitación territorial no incluye a los asteroides que, posteriormente a la firma de este tratado, pudiesen entrar y se quedaran de forma permanente en el Sistema Solar. Vladimir ha aprovechado esta laguna para establecerse en un asteroide que entró y quedó orbitando a Júpiter varias décadas después de la firma de ese tratado. Debido a esto, incluso cuando las FEU descubran su paradero, técnicamente estarán invadiendo territorio soberano si lo atacan o despliegan tropas en él para detenerle.
Esto, naturalmente, no afecta a los basureros, que están trabajando en plan mercenario y, en principio, no responden ante nadie, así que se dirigen hacia allí. El lugar ha sido fortificado con minas espaciales y defensas de superficie. Yokio, el técnico, ha improvisado también una especie de campo de invisibilidad que impide que la Dungflier sea detectada por sistemas convencionales. Se las apañan para esquivar el campo de minas y desembarcan en el asteroide sin ser detectados.
Aquí no hay un gran combate pistolas láser en mano, que era lo habitual en los bolsilibros. Es algo mucho menos épico y a la vez más creíble. Dick se deja ver y mantiene una conversación con Vladimir. Ni siquiera están cara a cara. Dick está en el exterior del asteroide y Vladimir en el interior de los edificios estancos que han erigido en él. Se hablan a través de un sistema de comunicaciones, sin que haya ninguna posibilidad de contacto físico ni de intercambiar puñetazos entre ellos. Es simplemente un intercambio de puyas, amenazas y sarcasmos, que tiene como única finalidad distraer al líder de esta especie de terroristas & independentistas con delirios de grandeza. Desde donde esta, Dick tiene a la vista una especie de jaula cristalina estanca en la que han encerrado a Aura. Vladimir lo amenaza de detonar de forma remota un explosivo adosado a la jaula y dejarla morir en el vacío del espacio si se hace cualquier intento de rescatarla o de atacar el asteroide.
Mientras, Yokio manipula una batería de seis piezas de artillería que están alineadas como defensa por si el asteroide fuera atacado por naves. Estos cañones están preparados para disparar una salva de proyectiles, pero los hombres de Vladimir son unos chapuceros. Se han limitado a montar las armas de mayor calibre a las que han podido echar mano, y Yokio calcula que si las seis piezas disparan a la vez, generarán tal retroceso que, si por cualquier motivo la propia arma no lo amortigua, sacarán de su actual órbita al asteroide. Tan solo un décimo de grado, pero esto bastará para crear una inercia que irá aumentando hasta lanzar al asteroide fuera del sistema solar, más o menos por donde vino.
Mientras Dick sigue la conversación con Vladimir, Yokio manipula los cañones para que disparen todos a la vez y anula sus sistemas de retroceso para que sea el propio asteroide el que absorba la fuerza cinética de las detonaciones. También es él quien avería desde fuera las células de energía de la base y desmonta las conexiones de la jaula cristalina. Pendiente de su duelo dialectico con Dick, Vladimir se ve, de un momento al otro, sin energía, sin su rehén, con sus principales armas de defensa disparadas al vacío y con el asteroide que pretendía que fuera reconocido como una república independiente alejándose poco a poco, pero cada vez más rápido, del Sistema Solar. Al darse cuenta del cambio de situación, sus hombres huyen en desbandada, pisoteándolo para llegar cuanto antes al hangar de naves.
Los basureros y Aura regresan rápidamente a la Dungflier y esta se aleja del asteroide. Puede que Vladimir consiga evacuarlo y puede que se pierda en el espacio junto con él. No lo sabemos y no nos importa. Nadie va a llorar a un terrorista. A bordo de la Dungflier, Marisa se da cuenta, por el trato entre Dick y Aura, de que estos ya se conocían. Es más, que en el pasado hubo algo serio entre ambos. Pero que, fuera lo que fuera, es un asunto que quedó zanjado en buenos términos.
Aura es dejada sana y salva en manos de la Federación y los basureros vuelven a su trabajo. La recompensa que reciben por los servicios prestados es la posibilidad de dejar su vida de basureros y convertirse en agentes especiales de las FEU, cosa a la que se niegan. Todos ellos son basureros espaciales porque se les obligó a serlo después de haber tenido problemas con un sistema legal que se comportó con ellos de forma demasiado severa para los delitos que cometieron. Y ahora prefieren seguir siendo basureros antes que ponerse al servicio de ese mismo sistema.
Y bueno, esta historia, como las otras de la colección, funciona por el carisma del grupo protagonista. Ni las tramas son muy complejas ni la narrativa está muy cuidada. Ni tan solo hay una gran coordinación entre el dibujante, entre la parte ilustrada y el texto. Pero el caso es que funciona lo bastante bien como para leerlo. Los personajes entran en esa categoría que se suele denominar perdedores funcionales: individuos que al principio se nos presentan como fracasados, arruinados, acabados, torpes o mediocres, pero que por pura tenacidad siempre terminan haciendo lo necesario, mientras que otros teóricamente más preparados demuestran no dar la talla. Personajes como John McClane (Die Hard), Fry (Futurama), Rincewind (Mundodisco), Guybrush Threepwood (The Secret of Monkey Island), Neville Longbottom (Harry Potter) o, sin ir más lejos, nuestros Mortadelo y Filemón, son ejemplos perfectos de perdedores funcionales. Y los basureros del espacio son básicamente eso. Han tomado una serie de malas decisiones en su vida que les han llevado a tener que dedicarse a un trabajo que toda la sociedad desprecia. Y, sin embargo, en cada número se las apañan para salvar de un modo u otro a esa misma sociedad.
Por otra parte la idea de que un asteroide recién llegado a una zona del espacio no esté cubierto por un tratado soberanista previo y pueda convertirse en territorio independiente es un detalle que me ha parecido bastante ingenioso.
Puedes ver otra aventura de los basureros pulsando aquí.
El motín del Galaxia. 1986. Rick Solaris [Ernesto Frers Gianello] (texto) Almazán (portada) Pedro (ilustraciones). Los Basureros del Espacio nº 6. Editorial Bruguera S.A.


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