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sábado, 27 de diciembre de 2025

EL GÓLEM DE PRAGA

 EL GRAN BAZAR

Presentado por… Luctus.

Bienvenidos, amigos coleccionistas.

Aquí podéis ver un genuino gólem que uno de nuestros contactos terrícolas nos trajo de Praga, y hace referencia a la famosa leyenda de... bueno, del Gólem de Praga, que, para los que no la conozcan, resumimos a continuación.

Se dice que, a mediados del siglo XVI, la comunidad judía de Praga sufría ataques de otras comunidades poco tolerantes. Para protegerlos, un rabino llamado Loew creó una criatura humanoide usando barro del río Moldava y, mediante rituales, le dio apariencia de vida. A esta criatura la llamó Gólem, palabra hebrea que puede significar embrión, crudo, incompleto o inmaduro

Gólem obedecía únicamente a su creador, que debía activarlo cuando lo necesitara y desactivarlo una vez cumplía con su cometido, lo que sugiere que había cierto peligro en dejarlo activo demasiado tiempo. El procedimiento por el que se lograba esto tiene dos versiones. En un de ellas había que escribir «EMET» (verdad, en hebreo) en su frente para activarlo, y borrar la primera letra para dejar «MET» (muerte) para desactivarlo. Según la otra versión, estos mismos efectos se lograban introduciendo o retirando una tablilla de barro o cobre con inscripciones mágicas de una ranura situada en su boca o su pecho.

En algún momento, Loew perdió el control de su creación y el gólem empezó a destruir casas aleatoriamente. El rabino lo desactivó y ocultó en una sinagoga, ya ahí terminó su recorrido. Y aunque el relato pueda parecer sencillo, la leyenda trascendió y el gólem se convirtió en una criatura muy popular. 

Es cierto que no hay muchas novelas o películas al respecto, pero en juegos de rol y videojuegos los gólem han calado con mucha fuerza. La arcilla original se cambiado por piedra o metal pero el nombre se sigue asociando con la idea un guardián imparable. Con el tiempo, «gólem» se ha vuelto un término genérico para enemigos artificiales grandes y resistentes, incluso sin relación directa con la tradición judía. Así es como han pasado a formar parte de los monstruos frecuentes de la fantasía, comparables a dragones, esqueletos o trolls, pero con la particularidad de que no nacen ni son invocados o resucitados, sino fabricados desde cero.

¿Por qué ha calado tanto un simple humanoide de barro que en cuanto se descontrola es desactivado y olvidado? Quizá porque el gólem representa al ser creado por manos humanas: poderoso, obediente y silencioso, pero peligroso si escapa a nuestro control. Esta idea acompaña cada avance tecnológico. La tecnología nos ofrece ventajas y facilidades, pero también el temor a que se vuelva contra nosotros. Cada nuevo progreso nos trae esperanza (maquinaria, motores, informática, máquinas de diagnóstico médico, viajes espaciales, trasplantes) y también inquietud, porque muchas veces la tecnología que nos rodea avanza más rápido de lo que podemos asimilar. 

Hoy en día, al ritmo que vemos que está avanzando la robótica y la inteligencia artificial, los androides pronto serán casi indistinguibles a primera vista de los humanos y hasta capaces de tomar decisiones. Y la diferencia entre el mito del gólem y un androide moderno es menor de lo que parece. En la leyenda, el gólem se activaba con una palabra clave o una tablilla; hoy sería una contraseña o una tarjeta de seguridad. Y solo obedecía las ordenes de su creador, lo que suena muy parecido a un sistema de reconocimiento de voz. Ya en el siglo XVI el mito del Gólem planteaba el riesgo de fabricar un sirviente capaz de luchar o trabajar en nuestro lugar solo para luego tener que lidiar con él cuando deje de obedecernos.

Por eso el gólem encaja tan bien en la cultura tecnológica actual. Es el arquetipo del artefacto programado para obedecer unas instrucciones cada vez más complejas y que puede llegar a malinterpretar con resultados potencialmente letales. En cierto modo, la leyenda del Gólem de Praga es la antepasada de todas las historias sobre rebeliones de robots e IAs del fin del mundo que están tan de moda ahora. 

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