EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, ávidos lectores.
La flauta de los pitufos,
Los pitufos y la flauta mágica, o La flauta de los seis agujeros, según
las diferentes ediciones en español, fue la novena aventura de Johan y Pirluit,
y sin duda la más importante de la colección. Es en esta aventura en la que
vieron la luz los pitufos, pequeñas criaturas mágicas que enamoraron de tal
modo al público que eclipsaron a los verdaderos protagonistas de la colección,
hasta el punto que terminaron por hacerse más populares que ellos.
La historia comienza en el
castillo del rey, donde una maldición parece haber caído sobre sus habitantes,
puesto que vemos a todos enfurruñados, los niños pequeños lloran desconsolados,
y el mal humor es algo general. Esta maldición no es otra que la afición de
Pirluit por la música y el canto, que combinadas con su absoluta falta de
talento en estos campos se ha convertido en una tortura constante para el
resto.
Una mañana llega al castillo
un buhonero con su carga de artículos, entre los que predominan los
instrumentos musicales. Al verlos, el rey y Johan se horrorizan, pensando en los
nuevos niveles de tormento a los que los someterá Pirluit si compra algún
instrumento musical nuevo y se entusiasma con él. El rey conmina al buhonero a
marcharse bajo amenaza de ahorcarle si vuelve a verlo aparecer por el castillo,
y éste se larga antes de que Pirluit pueda verlo, dejando olvidada en el suelo
una peculiar flauta que parece estar mal tallada, teniendo solo seis agujeros. Aunque
existen flautas con seis agujeros, como la quena de los Andes, lo
tradicional en la Europa medieval eran siete.
El rey recoge la flauta y la
arroja a la chimenea de sus aposentos para que arda y Pirluit no pueda hacerse
con ella. Sin embargo, en lugar de quemarse la flauta produce una enorme cantidad
de espeso humo verde, tanto que en el castillo se da la voz de alarma creyendo que se
ha producido un gran incendio. Pirluit, uno de los primeros en acudir, apaga el
fuego de la chimenea con una jarra de vino (después de darle un buen tiento)
mientras el resto de la gente todavía estaba formando una cadena de cubos de
agua.

Entre las brasas y cenizas Pirluit encuentra la flauta, sucia de hollín pero por
lo demás intacta. En cuanto la limpia y empieza
a practicar con ella, se da cuenta que todo aquel que escucha el sonido de la flauta,
ya sea joven o anciano, siente el impulso irresistible de ponerse a bailar frenéticamente
aunque para ello deba dejar caer lo que tenga en las manos. Este baile cansa rápidamente
a quien lo sufre, hasta el punto de hacer que se derrumbe agotado tras
escuchar la música unos pocos segundos. Únicamente las personas sordas o aquel
que sopla la flauta son inmunes a este efecto. Dado el carácter travieso de
Pirluit, él emplea la flauta para gastar bromas, sin darse cuenta del verdadero
peligro que un objeto así implica.
Esa misma noche, en una aldea cercana, el
buhonero presenta sus mercancías en una posada y hecha en falta la flauta que
perdió en el castillo. Al mencionar que solo tenía seis agujeros, uno de los
clientes de la posada muestra un desmedido interés por ella, que a duras penas
puede disimular. Le sonsaca al buhonero el lugar en que perdió la flauta, y al amanecer
parte hacia el castillo.
Este hombre es Matías
Torchesac, un bandido que ha oído hablar del poder de la flauta de seis
agujeros y pretende hacerse con ella. Se presenta en el castillo como un
viajero y es acogido por unos días, en el que aprovecha cada oportunidad que tiene para tratar de robarle la flauta a Pirluit. Pero no es el único interesado en
este peculiar instrumento. En varias ocasiones vemos unos ojos diminutos
asomando por unos arbustos, o un minúsculo bracito salir de debajo de algún
objeto, tratando de agarrar la flauta también. Se trata de los pitufos, claro,
pero como fueron creados específicamente para esta historia, los lectores
todavía no sabían nada de ellos. Finalmente es Torchesac quien se hace con la
flauta y huye del castillo con ella.
Johan y Pirluit montan sobre
su caballo y cabra (respectivamente) y van su búsqueda. Torchesac está
empleando la flauta para robar. Le basta con hacerla sonar durante unos
segundos en presencia de alguien adinerado para que todos aquellos lo suficientemente
cerca como para oírla se desmayen agotados, y luego llevarse su dinero. Así
amasa en poco tiempo una fortuna considerable, saqueando a los comerciantes, nobles,
prestamistas, joyeros y orfebres de cada pueblo por el que pasa sin que nadie
pueda detenerlo. Montado en su carro tirado por un caballo sordo como una tapia
(porque los animales también son afectados por la flauta) le basta con soplar
unas notas para poner a bailar a todo el mundo y abrirse paso entre ellos.

Y que el efecto de la flauta
sea provocar el baile en lugar de parálisis, trance, sueño o pérdida de
memoria, es un detalle interesante, debido a que en 1518, en Francia, se produjo
un extraño suceso conocido a día de hoy como La epidemia del baile. Una mujer
comenzó a bailar desaforadamente en la plaza del pueblo, y bailó sin pausa
durante tres días con sus noches hasta caer muerta de sed y agotamiento,
mientras lloraba y suplicaba a la gente a su alrededor que la detuviera. En lugar
de detenerla, más gente cercana se puso a bailar también contra su voluntad. El
numero de bailarines fue creciendo sin parar a pesar que también iban muriendo
de ataques al corazón o puro cansancio.
La cantidad de bailarines
compulsivos simultáneos llegó a rondar las cuatrocientas personas, y a esto se unió el
detalle grotesco de que mucha gente se puso a tocar música junto a ellos, en la
creencia que para detener La epidemia del baile había que animarlos a bailar más
para que se les pasaran antes las ganas de hacerlo. Llegó un momento en el que los
que quedaban vivos fueron dejando de bailar hasta detenerse, y se derrumbaron agotados. Aunque probablemente nunca se sepa a ciencia cierta lo que provocó esta extraña epidemia,
actualmente se cree que pudieron ser espasmos y convulsiones febriles incontrolables
debido a una intoxicación alimentaria (por hongos en la harina) que afectó a gran parte del pueblo.
No hay manera de saberlo, claro,
pero pienso que Peyo pudo haberse inspirado en este incidente para crear el efecto
de la flauta mágica, dando de este modo su propia explicación al asunto.
Viéndose incapaces de
detener a Torchesac, Johan y Pirluit van a consultarle al brujo Omnibus, por si hubiese algún
modo de desencantar la flauta. El brujo conoce ese tipo de flautas (al parecer hay
más de una en circulación, aunque son muy escasas) pero no puede hacer nada al
respecto. Es Omnibus el primero en hablarnos de los pitufos, puesto que son
ellos los que fabrican las flautas de seis agujeros por medios que mantienen en
secreto. Llegar físicamente hasta su tierra, conocida como el País Maldito, es prácticamente
imposible. En lugar de eso recurre a la hipnokinesia; los hipnotiza enviando al País Maldito sus
mentes, donde estas tomarán presencia como imágenes sólidas de sí mismos. Sus verdaderos
cuerpos permanecerán en todo momento dormidos en la cabaña de Omnibus, pero sus
mentes e imágenes en el País Maldito podrán interactuar con lo que encuentren allí.
Cuando aparecen en el País
Maldito no tardan en encontrarse con los pitufos. Estos los reconocen, porque
mientras la flauta estuvo en poder de Pirluit estuvieron siguiendo a ambos para
recuperarla. Las viñetas de abajo son la primera aparición de esto seres, que
como podéis ver son más estilizados que en su diseño actual, más regordete.

El cambio
más importante está en el propio Papá Pitufo, que esgrime un cetro de mando con
forma de flauta inacabada, como si toda la existencia de los pitufos estuviese
basada en la fabricación de esas flautas. Esto podría ser un indicativo de que
originalmente Peyo no tenía intención de darles más papel que ese en la trama.
Johan y Pirluit ponen al
corriente de lo ocurrido a Papá Pitufo. Este les informa que la flauta no puede
ser desencantada, pero puede fabricarles otra a ellos para que se enfrenten a
Torchesac en igualdad de condiciones. Personalmente, yo me inclinaría más por buscar
un buen arquero, taponarle los oídos con cera, y hacer que atravesara Torchesac
con una flecha desde bien lejos, para que la música de la flauta no le
afectara, pero entiendo que esa solución no es algo adecuado para un comic de
este estilo.
El proceso de fabricar una
nueva flauta dura tres días de intenso trabajo. Debe talarse entero uno de los inmensos
árboles del País Maldito, pues la madera a emplear debe obtenerse precisamente
de su corazón, no sirviendo ninguna otra.

Mientras tanto, Torchesac ya
tiene el carro lleno de cofres y sacos de oro, y se los lleva al señor de la
Mortaja, un noble arruinado que se dedica a subir los impuesto sin cesar. Ambos
han sido socios en el pasado en actos criminales, y Torchesac le propone a
Mortaja emplear el tesoro que ha amasado y los que seguirá obteniendo en contratar
un ejército de mercenarios y apoderarse de las tierras de los condados vecinos.
Papá Pitufo que tiene espías pitufos repartidos por los bosques y caminos
(utilizan cigüeñas para ir y volver del País Maldito rápidamente) informa de
esto a Johan y Pirluit, que van a buscarlos.
Mediante una artimaña engañan
a Mortaja para que les guie hasta Torchesac, y entonces tanto éste como Pirluit
empiezan a hacer sonar sus correspondientes flautas en un extraño duelo
musical. Mortaja y Johan no tardan en caer al suelo, y descubrimos entonces que
si bien el estar soplando una flauta inmuniza totalmente al portador de los
efectos de la misma, solo lo hace parcialmente contra la música de otra flauta
igual. Aunque tardan un poco en sentir sus efectos, Torchesac y Pirluit comienzan
a bailar cada uno al son de la flauta del otro, mientras tratan de seguir
soplando su flauta con el poco resuello que les queda. Finalmente es Pirluit quien
arranca a su flauta la última nota, tumbando a su rival.
Tras amarrar a los villanos para
llevarlos ante la justicia y recuperar el tesoro para devolverlo en la medida
de lo posible a sus legítimos propietarios, Johan y Pirluit entregan las dos
flautas mágicas a Papá Pitufo. Son objetos demasiado peligrosos para que queden
en manos de los humanos. En realidad Pirluit intenta conservar una tallando
una réplica en madera normal, pero en el ultimo momento se confunde, entrega
la auténtica y se guarda la falsa. Habría sido interesante que este
artefacto quedase en manos de Pirluit en los siguientes números… pero le habría
puesto las cosas demasiado fáciles, y lo que queremos ver, son aventuras.
Una gran presentación
para los pitufos, sin duda. Puedes pitufar algo más del pitufo que pitufamos pitufando aquí.
La flûte à six schtroumpfs. 1958. Peyo [Pierre Culliford] (guion y dibujo). Publicado en 1982 por Editorial Bruguera S. A.