MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!
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lunes, 15 de junio de 2026

LA SAGA DE LOS AZNAR (nº 28) El Imperio Milenario

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, luchadores del espacio.

Retomamos La Saga de los Aznar con el vigésimo octavo título de la colección. Espero que lo encontréis interesante porque me ha llevado todo el día escribir esta entrada😅 

Antes de ponernos al lio, como amable recordatorio, hacer notar que este libro se escribió en el año 1955, y que lo que a día de hoy llamamos ciencia ficción se llamaba originalmente literatura de anticipación. Ya veréis por que lo digo.  

Comenzaremos haciendo un repaso de lo acaecido en títulos anteriores, porque la situación es un tanto compleja. Los sadritas, que llegaron al sistema solar como amigables inmigrantes, terminaron estableciéndose en él de forma permanente y expulsaron de este a los humanos. Transformaron el Sol del Sistema Solar, una estrella de hidrógeno que emitía luz infrarroja, en una estrella de helio que emitía luz ultravioleta. La luz ultravioleta era totalmente incompatible con las formas de vida nacidas a la luz infrarroja y basadas en el carbono, por lo que toda vida en la Tierra y en los otros planetas habitados del Sistema Solar quedó condenada a una pronta extinción.

El proceso era al parecer irreversible, por lo que la única opción que le quedó a los humanos fue abandonar el Sistema Solar y buscar un nuevo hogar. Se plantearon dos posibilidades: viajar hasta Redención, la segunda cuna de la humanidad, o hacerlo hacia los mundos salvajes de Exilio. La mayor parte de la flota optó por la primera opción, que se consideraba más segura. Una pequeña parte, formada principalmente por humanos nacidos en Marte, a los que las condiciones del planeta habían hecho considerablemente más altos y con un carácter más agresivo, se sintió más atraída por colonizar los mundos de Exilio.

Aquéllos que viajaron hacia Redención contaban con encontrarse un planeta ya poblado y tecnificado, habitado por humanos como ellos, donde esperaban ser bien recibidos. Los que viajaron hacia los mundos de Exilio contaban con que estos seguirían siendo mundos salvajes que deberían ser colonizados y domados, pero aquello era lo que su naturaleza más aventurera les pedía.

La flota humana se dividió así en dos. La historia había seguido hasta ese momento a esa flota más pequeña, compuesta principalmente por los humanos terrícolas y los humanos marcianos, que viajaron hasta Exilio. En el número anterior, la flota alcanzó finalmente ese grupo de planetas, tan cercanos al, en teoría, pacificado y aliado Imperio de Nahum.

Los cinco mundos salvajes que esperaban encontrar resultaron ser ahora cuatro esferoides desprovistos totalmente de vida, como si hubiesen sido atacados por bombas W. Recordemos que este tipo de armas desintegra todo el oxígeno presente, incluido el del agua, reduciendo esta a nubes de gases y polvo y condenando a los mundos donde se lanzan a una extinción total.

El quinto mundo, que fue precisamente el que recibió el nombre de Exilio, había desarrollado ya una cultura a partir de los pueblos salvajes que los terrestres encontraron allí y a los que enseñaron el arte de la metalurgia y la industria avanzada. Pese a ello, estos pueblos estaban en un nivel técnológico cercano al de la Revolución Industrial terrestre y recibían ataques periódicos de flotas nahumitas. El objetivo de estos ataque no era conquistarlos o saquearlos, sino llevarse algunos millones de habitantes cada vez, extraer sus cerebros y sustituirlos por los cerebros de sus propios gobernantes o personajes notables. De esta forma se aseguraban un cierto tipo de inmortalidad al ir sustituyendo continuamente cuerpos viejos, decrépitos o dañados por otros jóvenes.

La tecnología humana en ese momento era superior a la nahumita debido al armamento y motores de luz sólida que habían copiado a los sadritas. Esto permitió a la relativamente pequeña flota humana imponerse a las flotas invasoras nahumitas, esparcirse por Exilio (al que sus habitantes llamaban Atioquita) e integrarse con esos pueblos, compartiendo con ellos suelo y tecnología.

Más o menos aquí es donde terminó el número anterior. Este comienza con una batalla entre la flota de guerra del Valera y los nahumitas.

Mucho tiempo antes de que incluso el protagonista de esta historia naciera, el autoplaneta Valera había zarpado de la Tierra para regresar a los mundos nahumitas y ver qué tal iba todo por allí. El Valera zarpó antes de la llegada de los sadritas, por lo que no cuenta con la tecnología de luz sólida de la que sí disponen las flotas humanas de camino a Redención y las que llegaron a Atioquita. No han desarrollado nada similar y tampoco los nahumitas conocen este tipo de armas o motores.

Cuando la flota que se estableció en Atioquita se hubo asentado allí, envió una parte de sus efectivos a los relativamente cercanos mundos natales nahumitas. Lo que encuentran es que los nahumitas han vuelto a tomar el control de todos los planetas que los humanos liberaron y han vuelto a esclavizar o directamente exterminar a las culturas nativas que había en ellos. De hecho, llegan en plena batalla entre las fuerzas nahumitas y la armada expedicionaria valerana, que por cierto, está sufriendo una derrota monumental.

Cuando el autoplaneta Valera llegó hasta el espacio nahumita, cincuenta años atrás, se encontró con una docena de mundos militarizados que lanzaron contra él toda su flota. La tecnología humana y nahumita está a la par, puesto que en toda guerra cada avance de uno de los bandos es rápidamente copiado por el otro tan pronto como los espías logran hacerse con planos de esa tecnología o con muestras de ella, o tan pronto como algún arma o equipo se recupera relativamente intacto de un campo de batalla. En igualdad de tecnología, los nahumitas tienen la ventaja, puesto que superan ampliamente en número de naves y torpedos autómata a sus rivales.

A esto hay que añadir otra desventaja extra, y es que en el primer encuentro entre el Valera y la nueva armada nahumita, que ahora se hace llamar el Imperio Milenario, los humanos sufrieron una terrible derrota y se vieron obligados a retirarse para repararse y rearmarse. Como suele ocurrir, incluso si la derrota es inevitable, se buscó una cabeza de turco para tranquilizar a la población.

El que en ese momento era almirante del Valera fue destituido y en su lugar se puso a Irene Dumont, la primera mujer en ostentar el mando del autoplaneta. Fue un error terrible, porque el cargo se le subió rápidamente a la cabeza y en lo que verdaderamente se centró fue en afianzar el papel de las mujeres en la sociedad del Valera. Hizo que estas sustituyeran a todos los altos cargos políticos y militares, dando preferencia a ellas sobre los hombres sin importar si eran o no las personas más capacitadas para el puesto.

Esta política feminista radical fue arrinconando cada vez más a los hombres, apartándolos de toda toma de decisiones. A raíz de eso, la mitad de los tripulantes del Valera (que es de aproximadamente unos noventa millones de personas) fueron dejados de lado. Precisamente la mitad de población que, por genética y carácter era más emprendedora y más propensa a arriesgarse a la hora de tomar decisiones difíciles, fue ignorada. El sexo biológico pasó a ser el principal factor determinante para ocupar cargos de responsabilidad.

Un momento, un momento...🤔Estoy reseñando La Saga de los Aznar a medida que voy leyendo los libros por primera vez, pero todo esto que nos están contando me resulta extrañamente familiar. ¿Una sociedad en la que una líder de políticas feministas radicales y desbalanceadas, promueve a la mitad de la población en detrimento de la otra mitad guiándose solo por su sexo, y lo único que consigue con ello es debilitar enormemente el conjunto?… Estoy seguro de no haber leído este libro antes de ahora, pero como decía, lo que me cuentan en él me resulta extrañamente familiar. Qué raro. ¿A qué puede deberse esto? 🤔En fin. Dejémoslo por ahora y sigamos con la historia.

Irene Polaris, hija de Irene Dumont y actual Almirante del Valera, tiene nula experiencia en combate y sufre una derrota catastrófica perdiendo el noventa por ciento de sus fuerzas en su primer encuentro con los nahumitas. El hecho de que el diez por ciento restante logren sobrevivir se debe a la intervención de la flota marcianoterrestre venida de Atioquita, que llega precisamente en ese momento. Con sus pequeñas naves Omega, dotadas de motores y proyectores de luz sólida, hacen trizas rápidamente a la armada nahumita. Apenas un millar de naves Omega bastan para destruir a un par de millones de cruceros de combate nahumitas, por el simple procedimiento de cortarlos a trozos con los rayos de luz sólida y destruir las interminables oleadas de torpedos autómata que estos lanzan.

A pesar de ello, todos los Omega son también destruidos. Las nubes de torpedos miniaturizados de la flota nahumita forman un volumen de fuego tan elevado que ni tan solo los proyectores de luz sólida de las naves Omega dan a basto para destruirlos a todos, y una tras otra, las pequeñas naves son alcanzadas y voladas en pedazos. El sacrificio de estas mil naves no tripuladas permite a los poco más de cien mil cruceros de combate valeranos supervivientes retirarse de la batalla cuando ya se daban por perdidos.

A continuación, Miguel Ángel Aznar hijo solicita permiso para subir a bordo del Valera. Desembarca en este junto a su padre y varias personas más. En números anteriores se nos dijo que Miguel Ángel Aznar padre formaba parte del grupo que fue en busca de Redención, y aquí se cambia esto sin explicación alguna. Este es simplemente uno más de los muchísimos errores de continuidad con los que cuenta la saga. El autor escribía casi sin tiempo de releer, como era habitual en la época por los plazos draconianos que exigían las editoriales. Además, varios títulos de la saga fueron reescritos en los años setenta de cara a una reedición, lo cual multiplicó los errores e incongruencias de uno a otro. Se sabe que hay varios libros que fueron totalmente eliminados, pero los acontecimientos que tenían lugar en ellos se mencionan posteriormente en otros libros que sí se mantuvieron, y se olvidaron de corregir estas referencias. El caso es que ahora ambos Miguel Ángel Aznar, padre e hijo, están juntos a bordo de la exigua flota que llegó hasta Exilio/Atioquita.

Una vez en el Valera, son recibidos por un comité que los lleva a la capital, Nuevo Madrid. A Miguel Ángel hijo le llama la atención el hecho de que todos los militares que les reciben, así como los componentes de la banda de música que hace sonar una fanfarria, incluso los chóferes de los coches que están ahí para llevarles ante la almirante Irene Polaris, son mujeres, pero lo achaca a una mera casualidad. Sin embargo, de camino a su reunión con la almirante, son atacados por una turba de manifestantes compuesta totalmente por hombres. Pese a que su guía les dice que los manifestantes están protestando por la reciente derrota contra los nahumitas, Miguel Ángel se fija en que estos enarbolan pancartas en las que exigen igualdad de derechos con las mujeres, pero decide no decir nada por el momento.

Cuando se reúne con la almirante Polaris, cada uno pone al corriente al otro de los sucesos recientes. Ella le explica a Miguel Ángel que el Valera es ahora un matriarcado y que todos los cargos militares, políticos y administrativos están en manos de mujeres. Su madre estableció oficialmente que las mujeres eran más inteligentes y más aptas que los hombres y por tanto es natural que sean ellas las que manden, independientemente de las capacidades que sea capaz de demostrar cada una. Polaris revela que su intención es regresar a la Tierra, vista la superioridad nahumita, pero es entonces cuando Miguel Ángel le informa de que la Tierra ya no pertenece a los humanos, sino a los sadritas. La parte buena es que, con la tecnología de la luz sólida que han traído con ellos, tienen la oportunidad de revertir la situación en los mundos natales nahumitas.

Las mil naves Omega destruidas, que bastaron para poner en jaque a la colosal flota nahumita, eran naves no tripuladas dirigidas por IA, por lo que la flota marcianoterrícola no ha perdido ni un solo hombre en el combate. Y las naves destruidas son fácilmente reemplazables, pues tienen toda la maquinaria y líneas de producción necesarias para construir más a bordo de su flota, miniaturizadas y empaquetadas, listas para ponerlas en marcha otra vez. La almirante Polaris se muestra encantada con esta noticia, pero a la vez hostil hacia los recién llegados. Cree que los Aznar pretenden arrebatarle el control del Valera valiéndose de la popularidad de su apellido, y ordena a sus tropas disparar a matar contra los manifestantes. Miguel Ángel padre, sin embargo, le solicita permiso para tratar de calmarlos valiéndose únicamente de palabras, en lugar de armas, y a regañadientes Polaris se lo concede.

Empleando para ello las pantallas gigantes instaladas por las calles, da un emotivo discurso a la población del Valera, que le reconoce inmediatamente como su antiguo almirante y lo aclama como su salvador pese a que este no les esconde nada. Les habla de lo ocurrido a la Tierra, de cómo la amenaza que deberán enfrentar cuando el Valera regrese a ella es mucho mayor que la que ha estado a punto de destruirles en esta ocasión, de todos los sacrificios que tendrán que hacer; no solo el largo viaje de regreso, sino el poner todos los recursos y trabajadores posibles a disposición de la industria armamentística. Y los hombres le aclaman porque les devuelve algo que la anterior y actual almirantes y la sociedad que han creado estas les habían negado: un propósito, la posibilidad de demostrar lo que valen.

Sin embargo, la Plana Mayor del Valera no perdona a Irene Polaris su derrota. Las otras almirantes, todas mujeres como ella, la presionan para que dimita o se suicide. Polaris opta por esto segundo y trata de matarse a sí misma disparándose a la cabeza, pero falla y es hospitalizada. Ahora va a tener que dimitir por escrito, pero para esto deben esperar a que se recupere hasta cierto grado. Sabiendo que la dimisión de Polaris no va a solucionar nada y que puede incluso que empeore la situación, porque puede llevar a una guerra interna entre las otras almirantes para sucederla, ambos Aznar comienzan a desembarcar en el interior del Valera las factorías miniaturizadas que les permiten fabricar los Omega. Las instalan en amplias zonas desocupadas del planeta hueco, las restituyen a su colosal tamaño real y ponen en marcha la producción casi de inmediato.

Miguel Ángel hijo visita a la almirante Polaris para interesarse por su estado y descubre que es la única persona que lo ha hecho con este motivo. Las otras visitas que ha recibido, todas de mujeres a su cargo deseosas de reemplazarla, han sido para comprobar si se iba a morir de una vez o para instarla a que firme su dimisión cuanto antes. Miguel Ángel la convence de que no lo haga. Es más, ya que ha habido numerosas bajas entre los mandos de la flota debido a la reciente batalla, la anima a cubrir estas bajas con candidatos hombres para comenzar a paliar así la desigualdad social que su madre creó y ella mantuvo. Polaris acepta, y el primer nombre de la lista de oficiales que sucederán a las mujeres de alto rango que murieron en la batalla es el del propio Miguel Ángel hijo.

También las bajas entre los tripulantes de menor rango deben ser cubiertas. Se abren las oficinas de reclutamiento para que todos aquellos que estén interesados en formar parte de la Armada Sideral puedan acceder a las academias, esta vez sin excluir a los hombres. Y, para sorpresa de la Plana Mayor, la gran mayoría de los voluntarios, de hecho casi la totalidad de estos, son hombres.

Las mujeres optaron a estos cargos mientras eran favorecidas por las cuotas de género y todo lo que tenían que hacer era asistir a clases teóricas en la academia militar y a batallas simuladas. Pero, a partir de la derrota y la masacre sufrida contra los nahumitas, la mayoría han perdido todo el interés por formar parte de la Armada. Los que se apuntan masivamente para optar a formar parte de la Armada son los mismos hombres a los que las mujeres despreciaron durante décadas, negándoles el acceso que a ellas prácticamente se les regalaba.

Con esta nueva Armada, que combina un ejército mixto de hombres y mujeres elegidos por sus aptitudes y no por su género, y la nueva tecnología traída por la flota procedente de la Tierra, la Armada valerana le da la vuelta a la guerra casi inmediatamente. Las inmensas flotas nahumitas son rápidamente doblegadas y destruidas, perdiendo sus naves a un ritmo alarmante. La tecnología de los torpedos autómata simplemente está obsoleta contra la de los proyectores de luz sólida. El Valera, de hecho, deja de fabricar torpedos autómata, y todas sus factorías que los producían son reconvertidas para que fabriquen vehículos Omega no tripulados y equipados con motores y armas de luz sólida.

Todo parece indicar que la conquista de todo el sistema solar nahumita va a ser una cuestión de pocos meses, pero durante estos se producen algunos reveses. La Plana Mayor de la almirante Polaris se rebela contra ella y trata de dar un golpe de Estado, pero este es sofocado, sorprendentemente, por la población civil. No solo por los hombres, que ya estaban hartos de las políticas que les habían llevado hasta casi un colapso social, sino por las propias mujeres. La mayoría de estas se han dado cuenta al fin de que las políticas feministas no benefician a todas las mujeres, sino únicamente a la reducida élite que ostenta el poder.

Rechazado tanto por los hombres como por la mayoría de mujeres, el supuesto golpe de Estado de la Plana Mayor del Valera es aplastado casi antes de comenzar. Se depone a todas las oficiales de alto rango que, de nuevo, son sustituidas por los oficiales más aptos para ocupar sus puestos, sin importar si se trata de hombres o mujeres, tanto del Valera como de la flota marcianoterrestre, dándose prioridad únicamente a sus conocimientos, experiencia y carácter.

Irene Polaris dimite voluntariamente y nombra como su sucesor a Miguel Ángel hijo. También acepta casarse con él, puesto que, como no podía ser de otro modo, ambos han terminado por enamorarse. Recordaréis que Miguel Ángel hijo ya se comprometió al final del número anterior con Milvana, reina de Atioquita. El libro terminaba dándonos a entender que su boda era algo inminente, ya casi un hecho, pero en este se nos dice que realmente no pasó de ahí, de la intención. Miguel Ángel nunca pretendió quedarse a vivir en Atioquita. Él quería partir inmediatamente hacia los mundos nahumitas, lo cual supone un viaje de dos años desde los mundos del Exilio. Dos años de ida, otros dos de vuelta, y eso sin contar el desfase del paso del tiempo planetario respecto al tiempo del espacio. Milvana no tenía intención de abandonar su planeta ni su cargo de líder de su pueblo, por lo que las vidas de ambos jóvenes se separaron en este momento.

Otro suceso que tiene lugar es la partida de Miguel Ángel padre del Valera. Él solo, en una nave capturada a los nahumitas, abandona el Valera casi a escondidas y se pierde en el espacio rumbo al territorio que todavía controlan sus enemigos. Esto se debe a la información que obtiene de un prisionero nahumita de una de las naves que quedó averiada sin llegar a ser destruida. La actual líder del pueblo nahumita es la hija de la emperatriz Amber, que a su vez fue esposa de Miguel Ángel Aznar padre. Él se casó con la por aquel entonces princesa nahumita como una forma de mantener la estabilidad después de someter por segunda vez a ese violento y totalitario pueblo.

Sin embargo, el matrimonio no duró mucho. Amber abandonó a su esposo cuando este se negó a mostrarse despiadado con un grupo de rebeldes, puesto que eso, a sus ojos, era síntoma de debilidad. Regresó con un séquito a los mundos nahumitas, estando ya embarazada sin que Miguel Ángel padre lo supiera. Esto significa que Miguel Ángel hijo y la actual líder de los nahumitas son hermanos por parte de padre.

El hecho de que Miguel Ángel hijo tenga unos ochenta años reales (veinte aparentes por la extrema longevidad humana en esta época), mientras que su hermana tiene aproximadamente dos mil quinientos, se explica por el desfase de paso del tiempo en diferentes planetas y la tecnología nahumita del intercambio de cerebros. Ella se ha mantenido en el poder pasando su cerebro de un cuerpo a otro más joven cada vez que ha sido necesario, por estar su cuerpo anterior envejecido. Su cerebro es como un parásito que va cambiando de un cuerpo a otro hasta que el que tiene ya no le vale. Su inmortalidad artificial hace que se vea a sí misma como una diosa, incuestionable y con un derecho absoluto a que su más mínimo deseo se cumpla. Pero aun así sigue siendo su hija, y por ello Miguel Ángel padre parte en su búsqueda pensando que el amor filial tendrá algún valor para ella.

La respuesta a esta cuestión la reciben algunos meses después, cuando la misma nave enemiga con la que partió regresa lentamente en piloto automático hacia el Valera. Cuando los valeranos interceptan la nave y la abordan, encuentran en ella un gorila dentro de una jaula, con una sutura quirúrgica en torno al cráneo. A modo de burla, la emperatriz ordenó que el cerebro de su padre fuera extraído e introducido en el cráneo del gorila. La criatura muere poco después porque las conexiones neuronales son demasiado incompatibles, y tanto el cerebro humano como el cuerpo de gorila se rechazan mutuamente.

Esto, que pretendía ser un desafío por parte de la emperatriz nahumita, es lo que en realidad supone su fin, puesto que acaba con la más mínima posibilidad que hubiera de que Miguel Ángel hijo negociara una paz o armisticio con el Imperio Milenario.

A partir de ese momento, la Armada valerana intensifica sus ataques. Todas y cada una de las naves de la flota enemiga son destruidas sin piedad, incluso aquellas que han quedado demasiado dañadas para presentar batalla y que podrían haber sido capturadas con facilidad. Las defensas planetarias son arrasadas con los rayos de luz sólida. El armamento antiaéreo y los búnkeres desaparecen entre grandes deflagraciones. Los ejércitos autómatas son desplegados por millones sobre cada uno de los mundos nahumitas, aplastando la poca oposición que estos pueden presentar a pie de trinchera.

Al cabo de unos días, los únicos nahumitas que quedan con vida son los que tiemblan de terror ocultos en subterráneos, hasta que deciden salir a rendirse, implorando clemencia. A ellos se les perdona, pero a la emperatriz no. También ella se arrastra llorando y suplicando piedad, pero es llevada a la fuerza hasta un poste donde se la ata para que el pelotón de fusilamiento pueda acribillarla a tiros cómodamente.

¡Próximamente en sus kioscos, Regreso a la patria! Hasta que esté disponible, puedes repasar la saga desde el inicio pulsando aquí.

El Imperio Milenario. 1975 (reescritura del texto original de 1957). George H. White [Pascual Eguídanos]. La saga de los Aznar nº 28. Editorial Valenciana S. A. 

miércoles, 4 de marzo de 2026

LA SAGA DE LOS AZNAR (nº 27) Exiliados de la Tierra

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, luchadores del espacio.

Esta es una novela de transición entre dos etapas de la saga. Desconectamos por el momento de toda la trama de los sadritas y de los exiliados que partieron rumbo a Redención, que fueron una inmensa mayoría, y nos centramos en el grupo de humanos más pequeño: el que fue en busca de los mundos salvajes thorbod. Los tripulantes de los tres autoplanetas que forman esta expedición (el Santa Fe, el Ascrea y el Orión) suman unos doce millones de personas y han hecho un viaje de sesenta años para llegar hasta allí.

En esta ocasión, la portada no tiene relación con la historia. Los únicos humanoides del piel verde aparecidos hasta ahora (sin contar a los hombres planta, que técnicamente no tienen piel) son los ibajay de Mares tenebrosos, y estos no intervienen en la trama.


Se nos dice que en estas fechas la vida promedio de los humanos ronda los trescientos años gracias a una modificación genética que toda la raza ha ido asimilando de forma gradual gracias al consumo de alimentos modificados a tal fin. Aun así, sesenta años de viaje han supuesto una quinta parte de su esperanza de vida. Algunos han nacido durante el viaje y no conocen otra cosa que el entorno artificial de las inmensas naves en las que viven.

La historia comienza con este grupo llegando a los cinco mundos que tenían como destino, para descubrir que solo uno de ellos sigue teniendo condiciones habitables, mientras que los otros cuatro han sido reducidos a rocas sin vida, despojados de su agua y atmósfera (el efecto habitual de las bombas W). El planeta aún habitable, además, presenta signos de una civilización avanzada. Los sensores de los autoplanetas detectan agrupaciones de estructuras artificiales que solo pueden ser ciudades e indicios de industrialización básica.

Debido a que el tiempo transcurre a diferentes ritmos en el espacio que en las superficies planetarias, estos mundos que Miguel Ángel padre dejó atrás hace algo más de un siglo han vivido cuatro mil años de su propia historia desde entonces. El mundo que aún tiene vida es precisamente Exilio, aquel en el que los tripulantes del Valera de la estirpe Aznar fueron abandonados tras la revuelta de la estirpe Balmer ocurrida en Motín en Valera.

Se designa a Miguel Ángel Aznar hijo y al capitán de navío Abel para un vuelo de inspección sobre el planeta. Lo llevan a cabo pilotando un caza omega cuyo diseño copiaron a los sadritas y han replicado durante el viaje. Lo que observan ambos hombres es que la civilización que se ha desarrollado en este mundo proviene de las tribus de amazonas que ya lo habitaron en el pasado. Han creado una sociedad matriarcal en la que todos los trabajos degradantes y peligrosos son llevados a cabo por hombres, que además no tienen acceso a la educación. Es una sociedad regida por mujeres, empobrecida y militarizada, en la que a duras penas se está iniciando algo parecido a una revolución industrial. La tecnología más avanzada con la que cuentan es el motor de combustión fósil, pero este está reservado para los buques, trenes y aviones militares armados con cañones y misiles análogos a los del siglo veinte terrestre.

El omega es atacado inmediatamente en cuanto se le avista. Demasiado confiados en la superior tecnología de su vehículo, los terrestres dejan que les disparen, y uno de los proyectiles va a colarse por una de las toberas de propulsión, ocasionando daños críticos pese a que el blindaje de la nave resulta impenetrable para el armamento de ese mundo. Esto les obliga a alejarse y aterrizar para efectuar reparaciones. La sola sensación de estar pisando tierra en lugar de metal, de estar respirando aire natural en lugar de uno miles de veces reciclado mediante químicos, les embota los sentidos de tal modo que reaccionan lento y mal cuando son atacados por aviones que hacen sobre ellos una pasada de ametrallamiento a baja cota. Disparan contra los aviones con sus armas de mano, proyectores portátiles de luz sólida, destrozándolos pese a sus intentos de no dañar a las pilotos. Capturan con vida a una de ellas, una muchacha llamada Milvana, con la que logran entenderse porque habla una versión deformada del thorbod. Esta les informa de que el nombre que dan a su mundo es Atioquita. Al parecer, les han atacado confundiéndolos con unos seres a los que Milvana se refiere como girkas, y que, por lo que les cuentan de ellos, Miguel Ángel termina por deducir que son nahumitas.

Aproximadamente cada cien años, cruceros de combate nahumitas acuden a Atioquita para llevarse por la fuerza algunos millones de habitantes. Los telescopios de estas nuevas amazonas ya han avistado una flota de girkas/nahumitas en la órbita del planeta. La última vez que estuvieron allí las nativas todavía no contaban con aviones ni misiles. Han dedicado toda su industria a producir armamento en detrimento de todo lo demás, hasta el punto de que conocen la electricidad y los motores de combustión, pero están reservados exclusivamente para la defensa, siendo el carro de tiro y las lámparas de aceite los medios de transporte e iluminación más habituales de los civiles.

Mientras Miguel Ángel asimila todo esto y trata de convencer a Milvana de que ellos no son nahumitas, esta aprovecha un descuido para huir del omega (en esos momentos posado en el suelo) llevándose una de las pistolas de luz sólida. Miguel Ángel corre tras ella para recuperar el arma, pero termina siendo capturado por un destacamento de soldados que se le echa encima.

Cuando despierta está en una mazmorra. Es llevado a una sala de interrogatorio llena de guardias y altos cargos militares, donde descubre que Milvana es en realidad la reina de Atioquita. Esto era uno de los grandes tópicos de la ciencia ficción de la época: que el primer encuentro de un explorador humano en un nuevo mundo fuera con la reina o princesa (solteras, claro) de ese planeta, y o bien tuviera que combatir con ella o bien rescatarla de algún peligro. Era una forma de justificar que el protagonista, al poco de llegar a un planeta, ya contara con un aliado que tuviera a su vez la capacidad de movilizar ejércitos en su nombre o proporcionarle los medios para modificar radicalmente para bien el modo de vida de ese planeta. El propio autor de esta novela se burlaba de este tópico en una anterior, la de Venimos a destruir el mundo, pese a que ahora recurra a él para agilizar la trama.

Abel, el copiloto de Miguel Ángel, suponiendo que este había sido llevado como prisionero a la ciudad más cercana, sobrevuela esta con el omega haciendo sonar a toda potencia una estridente alarma. Esto ocurre en medio del interrogatorio, desconcertando y distrayendo a las captoras de Miguel Ángel. El humano reconoce la señal de la sirena como la de una de sus propias naves y aprovecha el momento para noquear a unas cuantas corpulentas guardias y abrirse paso a bofetones hasta la terraza del edificio, donde Abel lo ve y baja a recogerlo, alejándose a toda prisa.

Milvana, que ha subido también persiguiendo a Miguel Ángel, dispara contra ellos con la pistola de luz sólida. Aunque el fuego de ametralladoras y artillería con el que los están rociando desde otros edificios no representa un gran peligro, el disparo de la luz sólida atraviesa al omega de parte a parte, obligándolos de nuevo a tomar tierra en un lugar apartado para reparar las brechas del casco. Mientras están liados con esto, los nahumitas se deciden al fin a efectuar su periódica razia sobre Atioquita. Desde su posición oculta, Miguel Ángel y Abel observan las astronaves nahumitas: son modelos anticuados comparados con la tecnología actual humana, pero aun así muy superiores al armamento con el que cuentan las amazonas. Las naves descienden a solo unos cientos de metros sobre la ciudad, ignorando el nutrido pero inefectivo fuego de artillería que las recibe, y despliegan soldados con armaduras de combate y jetpacks.

Entonces, Milvana comete el error de disparar la pistola de luz sólida contra una de las naves. El rayo continuo la corta en zigzag, haciendo estallar sus motores atómicos sobre la ciudad. La explosión derriba e incendia todos los edificios, reduciéndolos a escombros, y baña a los supervivientes con una dosis masiva de radiación atómica, letal a corto plazo. Pillados por sorpresa por el arma desconocida, los nahumitas inician la retirada, alejándose de la ciudad en la que, después de todo, ya no queda nadie que valga la pena capturar.

Miguel Ángel y Abel emplean el omega para barrer a todos los soldados con armadura de combate que han quedado en las inmediaciones y luego derriban una tras otra las naves grandes y anticuadas de los nahumitas, cuando estas se han alejado lo suficiente para que su destrucción no suponga un peligro inmediato para los que quedan de la ciudad. Enfundado en su propia armadura diamantina con jetpack, Miguel Ángel registra las ruinas del edificio desde el cual Milvana disparó la pistola. La encuentra solo ligeramente aplastada bajo una viga y la rescata junto a otras pocas mujeres que han sobrevivido. También recupera la pistola de luz sólida, que en teoría era su misión principal… pero descubre que cumplir este objetivo le causa menos alivio que encontrar a Milvana con vida, lo cual ya debería darnos una pista sobre cómo van a acabar estos dos. Tras explicarles en términos sencillos en qué consiste el envenenamiento por radiación, Miguel Ángel logra que Milvana y una de sus soldados, llamada Amatifu (referencia al personaje de Motín en Valera y El enigma de los hombres planta), accedan a ser llevadas a uno de los autoplanetas para pasar por un proceso de descontaminación.

Cuando el omega abandona Atioquita para regresar al Santa Fe, tienen la oportunidad de observar la flota incursora nahumita, compuesta por unos sesenta autoplanetas esféricos de seis kilómetros de diámetro. Esta visión, junto con su primer vistazo cercano al cosmos, supone un shock para Milvana y Amatifu, que empiezan a darse cuenta de la verdadera magnitud del universo.

Junto con ellos llevan en el omega a un nahumita que Miguel Ángel aprovechó para hacer prisionero cuando fue a rescatar a Milvana. Por este se enteran de la verdadera razón de sus ataques: no es llevarse prisioneros para emplearlos como esclavos. El nuevo Imperio de Nahum, que ahora se hace llamar Imperio Milenario, ha desarrollado una forma de inmortalidad basada en el trasplante de cerebros de cuerpos viejos a otros jóvenes. Los millones de atioqueños que capturan cada siglo son desprovistos de sus cerebros estando aún vivos, para que sus cuerpos alojen los cerebros de nahumitas notables. Es así como el actual gobernante del Imperio Milenario se ha mantenido en el trono desde hace cuatro mil años. Por si esto fuera poco, esta gobernante es hija de Miguel Ángel Aznar padre y de la princesa nahumita Amber, que la dio a luz después de que ella regresó a los mundos natales nahumitas sin llegar a decirle a su esposo que estaba embarazada. La niña, llamada Amber Aznar de Nahum, y un reducido grupo de consejeros y militares fanáticamente leales a su madre fueron los que consiguieron revivir el poder del Imperio Nahumita, pese a haber sido prácticamente desmantelado por los humanos antes de partir hacia la Tierra (en el final de El azote de la humanidad).

Todavía asimilando esta información, la llegada del omega al Santa Fe supone otro shock cultural para las atioqueñas. La forma de vida de los humanos, que combina libertad individual e igualdad de sexos con obligaciones sociales generales, les resulta extraña e inalcanzable para su pueblo. Y lo mismo ocurre con su nivel tecnológico. Se las descontamina de la radiación y se las lleva de tiendas, donde tienen la oportunidad de vestirse con ropa de mujer y no con uniformes de soldado por primera vez en sus vidas.

Miguel Ángel padre, tras ser puesto al corriente de todo, llega a un acuerdo con Milvana: los humanos se establecerán en Atioquita, lo quieran sus habitantes o no, porque por un lado ellos necesitan un nuevo hogar y por el otro ellas no tienen los medios para evitarlo. Pero no lo harán como invasores, sino que fundarán sus ciudades en los desiertos, pedregales y las zonas más desfavorecidas, que las propias atioqueñas desprecian como inhabitables. Les sobra tecnología para convertir cualquier punto del planeta en un vergel. Compartirán sus recursos y conocimientos con los nativos, de modo que puedan asimilarlos hasta hacerlos suyos, y los defenderán de los nahumitas con su flota superior. Solo impone una condición: establecer una igualdad social y legal entre hombres y mujeres, a la que el matriarcado atioqueño siempre se ha negado. La única religión que ha sobrevivido a todas las guerras y desastres por los que ha pasado la civilización humana es el cristianismo, y este tipo de desigualdad no es aceptable de ningún modo. A regañadientes, porque es un cambio muy drástico en su forma de vida, pero reconociendo que su mundo y su gente van a ganar mucho más de lo que van a perder, Milvana accede.

Poco después se inicia un desembarco masivo de humanos en Atioquita. Traen con ellos su tecnología y en un principio son recibidos con desconcierto y escepticismo por los nativos. Pero esto cambia cuando los atioqueños ven cómo estos desconocidos, en cuanto pisan su mundo, se inclinan a tocar la tierra, agarrando puñados con sus manos, llorando de alegría por estar de nuevo sobre un planeta y no encerrados en los fríos confines de sus naves. Porque cualquiera capaz de derramar lágrimas de felicidad por la tierra bajo sus pies debe amarla tanto como aquellos que derraman su sangre por defenderla.

Recurriendo a otro de estos tópicos del bolsilibro, Miguel Ángel hijo confiesa a Milvana que se ha enamorado de ella, y esta le responde que ella también se ha enamorado de él. Después de todo, una boda entre los miembros de las dinastías gobernantes de dos países diferentes siempre fue una forma de cerrar lazos entre ambos, y no debería ser diferente con alianzas entre planetas

¡Próximamente en sus kioscos, El Imperio Milenario!

Exiliados de la Tierra. 1975 (reescritura del texto original de 1957). George H. White [Pascual Eguídanos]. La saga de los Aznar nº 27. Editorial Valenciana S. A. 

jueves, 26 de febrero de 2026

LA SAGA DE LOS AZNAR (nº 26) Ha muerto el Sol

  EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, luchadores del espacio.

Hoy vamos a reseñar Ha muerto el Sol, la vigesimosexta entrega de La Saga de los Aznar. Comienza con los seis supervivientes de la misión a Oberón llegando a una base humana en Ganímedes. Han pasado tres meses desde que la misión fue llevada a cabo y, tras esta, se perdió todo contacto con ellos. Han permanecido todo ese tiempo enterrados en Oberón, no demasiado lejos en realidad de la base enemiga que asaltaron, en espera de que se les presentara una oportunidad de escapar de la vigilancia sadrita y alejarse de la luna de Urano sin demasiados problemas.

Gracias a la tecnología de la miniaturización con la que ya contaban en títulos anteriores, el comando llevó con ellos, entre otras cosas, un búnker metálico estanco y una nave de transporte miniaturizados, en compartimientos de sus cinturones y mochilas. Tras encontrar una grieta natural en la que cabría todo el búnker una vez devuelto a su tamaño normal, activaron la desminiaturización del búnker en el fondo de la grieta y lo ocultaron, cubriéndolo bajo tres metros del polvo suelto que llena la superficie de esa luna formando dunas poco compactas. Es allí donde pasaron los tres meses a la espera de una oportunidad, de que el tráfico de naves de patrulla de los propios sadritas o su vigilancia orbital creara las condiciones idóneas para abandonar Oberón con posibilidades mínimas de ser detectados. Es entonces cuando abandonaron el búnker, desminiaturizaron la nave de transporte y se lanzaron hacia la base humana más cercana, en Ganímedes.

Además de salvar sus vidas, la estancia de tres meses en el búnker les sirvió a Miguel Ángel hijo y a Sofía Medina (una de las soldados del comando) para afianzar su noviazgo. Sofía apareció ya en el título anterior. No hice referencia a ella en su momento porque no tenía un papel especialmente relevante, pero en este, tras la muerte de Polonia Castillo, toma más protagonismo. Aunque todavía no lo son formalmente, ellos mismos se consideran ya una pareja estable y todos los que los conocen los ven como tal. Cuando Miguel Ángel vuelve a la Tierra para reunirse con su madre, Sofía lo acompaña como parte de la familia.

Para celebrar la ocasión, otros miembros se reúnen, como la hermana de Miguel Ángel hijo y el esposo de esta (que, rompiendo un poco con la tradición familiar, no es militar, ni estratega, ni navegante, sino futbolista). Y tenemos aquí una de esas pocas escenas bucólicas que el permanente dramatismo de esta saga nos permite. No es nada más que los miembros de una familia comiendo en el porche de una casa a cielo abierto, conversando tranquilamente de sus cosas, incluso lanzándose pequeñas y bienintencionadas puyas unos a otros. Pero es que realmente no hace falta mucho más que eso para ser feliz.

Aun así, la cabeza de varios de ellos, especialmente de Miguel Ángel Aznar padre y Miguel Ángel Aznar hijo, está dando vueltas incluso en ese momento a la inminente guerra con los sadritas. Estos ya han demostrado ser tan absolutistas y totalitarios como los thorbod y los nahumitas, pero más astutos. Al contrario que los dos anteriores, estos se presentaron con buenas maneras y palabras de paz, no atacando directamente o con amenazas y discursos totalitaristas.

Después de varias páginas dedicadas a esta feliz reunión familiar ocurre algo totalmente inesperado. Lo que parece ser un gigantesco planeta pasa súbitamente ante sus ojos cruzando el cielo, claramente visible pese a que no se le puede observar durante más de un segundo. No puede haber cruzado a menos de un millón de kilómetros de la Tierra, pero con una velocidad cercana a la de la luz. En el espacio, un millón de kilómetros es como si una bala te pasara tan cerca de la sien que su calor te abrasara la piel, y un efecto similar es el que produce en la Tierra.

El paso del planeta desconocido viene acompañado de tal convulsión sobre el eje de la Tierra que una cadena de terremotos se desata simultáneamente por todo el planeta, provocando a su vez una serie de erupciones volcánicas y, es de suponer (aunque en esto el texto no habla explícitamente de ello), la muerte de millones de personas. El techo de la casa de los Aznar es arrancado de cuajo y todos ellos son derribados al suelo. Apenas se han levantado cuando ven cómo en el horizonte se alza una inmensa ola que barre todo a su paso. Ellos están en una casita de montaña con cierta altura y perspectiva respecto a la ciudad cercana, pero ven cómo esta va a ser rápidamente engullida por la colosal ola.

Una visión como esa aterrorizaría a cualquiera, si no fuera porque hay otra cosa aún peor que acapara su atención: el Sol ha multiplicado por diez su tamaño y emite una luz verdosa y pálida, como si hubiese enfermado súbitamente. La primera idea que pasa por la mente de ambos Miguel Ángel es que los sadritas han desviado de su curso un planeta para intentar destruir la Tierra haciéndolo chocar con ella, y que han fallado. Pero no, su objetivo siempre fue el Sol. El Sol que ilumina la Tierra es de hidrógeno y emite una radiación perjudicial para la biología sadrita. Al estrellar contra el Sol un mundo (o un meteorito del tamaño de un mundo, nunca llegan a saberlo con certeza) compuesto principalmente por helio sólido, la reacción química que esto ha provocado en el Sol lo está convirtiendo de una estrella de hidrógeno en una de helio que, por tanto, pasa de emitir principalmente radiación infrarroja a emitirla ultravioleta. Esta radiación, en cantidades masivas, es absolutamente incompatible con toda la vida basada en el carbono. Esto significa que en menos de tres días toda la vida vegetal de la Tierra, Venus y Marte se habrá anegado, y que las radiaciones emitidas por este Sol mutarán y matarán a todas las criaturas basadas en el carbono en un breve plazo.

Todo esto pasa por la mente de ambos hombres en una fracción de segundo, porque la posibilidad de que los sadritas intentasen cambiar la composición del Sol para adaptar todo el Sistema Solar a sus necesidades ya se había barajado. Lo que nadie esperaba es que fuese de un modo tan fulminante, imposible de interceptar o contrarrestar. El daño ya está hecho y es irreversible, y todos los esfuerzos de la humanidad deben centrarse ahora en evacuar no solo la Tierra, sino todo el Sistema Solar: las ciudades de Marte y Venus, así como todas las pequeñas colonias dispersas por lo que en esta época ya se conoce como el Reino del Sol.

Huyendo del peligro más inmediato (la gigantesca ola que avanza hacia ellos barriendo y sumergiendo la ciudad), todo el grupo se sube a una pequeña nave de protocolo con la que contaba Miguel Ángel Aznar padre y huyen hacia Washington. Allí se reúnen con el Estado Mayor terrestre más cercano. El paso del planeta de helio (o lo que fuera, porque aunque se barajan varias teorías no llega a determinarse con exactitud de qué se ha tratado) ha provocado tal caos y destrucción a nivel mundial que resulta difícil coordinar una respuesta inmediata. Las radiaciones emitidas por el nuevo Sol de helio interfieren en las comunicaciones entre planetas, de forma que es necesario establecer una cadena de naves que, colocadas cada una al extremo del alcance de comunicaciones de la siguiente, vayan transmitiendo las órdenes entre la Tierra, Marte, Venus y las principales colonias. Esto implica miles de naves y millones de hombres solo para permitir una evacuación coordinada.

El plan original que se traza es viajar hasta Redención. La humanidad ha aprovechado la última paz y el excedente de recursos que esta trajo para fabricar autoplanetas, una flota de ellos: autoplanetas con forma de disco aplanado, con la capacidad de ensamblarse unos a otros formando larguísimos cilindros de vehículos conectados. No hay suficientes para toda la población, ya que esta ha crecido a un ritmo mayor del que era posible fabricar los autoplanetas por la enorme cantidad de tiempo y recursos necesarios para ello, por lo que cada uno de estos discos deberá transportar el doble de la población originalmente prevista.

Ya de por sí esto causa muchos problemas a la hora de preparar la evacuación, puesto que, al no saber cuánta gente va a poder llegar hasta las naves a tiempo, se van entregando las habitaciones y compartimentos a las familias en el orden en que se presentan. Aquellos que lleguen una vez todo el espacio disponible esté ocupado tendrán que hacer el largo viaje hacia un nuevo mundo acampados como buenamente puedan en los pasillos y huecos libres que queden.

Esto naturalmente genera disputas entre la gente a la hora de embarcar, llegando a formarse incluso pequeñas bandas o grupos de familias que han viajado juntas hasta el punto de evacuación, que se organizan para atacar a otros y robarles las plazas que estos ya hayan podido conseguir. La policía interna de los autoplanetas debe intervenir, llegando a efectuar violentas cargas contra los grupos de refugiados que están provocando peleas, para apaciguarlos a golpes. La inminente muerte del Sol y de toda la vida de carbono que pueda quedar en el planeta cuando esta se produzca hace que la gente enloquezca de pánico. Incluso entre las brillantes mentes que forman el Consejo del Ejército se producen discusiones. La más importante de ellas es a dónde ir.

El primer nombre que surge es Redención. Los mundos de Redención ya están poblados por humanos que consideran a los terrícolas sus antepasados. Sin embargo, la última vez que se tuvo contacto con ellos, hace dos milenios, la información que se tenía sobre estos es que Redención ya estaba casi superpoblada. Y en el tiempo que tarden en llegar hasta allí (que serán unos cincuenta años para los que viajen a bordo de las naves, pero debido a la relatividad, otros dos mil para los habitantes de Redención), es de suponer que esta superpoblación haya crecido aún más y la llegada de millones y millones de refugiados sea insostenible para la economía y la ecología del planeta.

Por otra parte, se propone dirigirse a los planetas natales thorbod donde se produjo la revuelta de los Balmer (Motín en Valera). Lo último que se sabe de ellos es que los aliados de los terrestres, que habían tomado el control de los mundos natales nahumitas, iban a hacer expediciones a los despoblados mundos thorbod para buscar bases ocultas o búnkeres, eliminar a cualquier pequeño foco o grupo de supervivientes que quedara en ellos y comenzar a establecerse allí. Estos mundos, tras una sucesión interminable de guerras atómicas, habían quedado saturados de una radiación que hizo casi inviable la vida animal y evolucionó a las plantas, haciendo que se extendieran sin control, sepultando toda ruina y rastro de civilización. Cuando los exiliados del Valera fueron abandonados allí, esa radiación ya se había reducido a niveles tolerables, pero una variedad de depredador vegetal hacía este mundo tan peligroso como la propia radiación (El enigma de los hombres planta). Y se descubrió que los thorbod se habían establecido en otros mundos y empleaban esos como criaderos de esas plantas para emplearlas como infantería en sus siguientes guerras.

Es de esperar que varios de estos mundos, de haber sido pacificados y colonizados ya, cuenten todavía con una población muy reducida. También existe la posibilidad de que sigan siendo mundos salvajes donde habría que empezar prácticamente desde cero y donde nuevas amenazas podrían haberse presentado, lo cual no es una perspectiva muy halagüeña como final de un viaje de medio siglo que ya se sabe que estará marcado por la escasez y las penurias, en naves superpobladas.

Representantes de la Tierra, Venus y Marte se reúnen en el espacio para coordinarse. A los humanos adaptados a Marte, cuyas generaciones han ido modificándose de forma natural por las condiciones de presión del mundo en el que viven, se los describe como gigantes, sin entrar en detalles. Entiendo que es un agigantamiento razonable, como de dos metros y pico en promedio. Y son en general de carácter más violento y aventurero que el común de los terrestres y venusianos. Los marcianos están a favor de dirigirse a los mundos natales nahumitas para colonizarlos de cero y vivir en un mundo que realmente puedan llamar suyo en lugar de convertirse en incómodos e inesperados invitados forzosos de Redención. La mayor parte de los terrestres y venusianos (que también son ya totalmente descendientes de colonos humanos, habiendo desaparecido desde hace muchos títulos toda referencia a los sissai) prefieren ir a Redención. Se decide dividir la flota en dos: una, la mayor con diferencia, partirá hacia Redención. La otra, mucho más reducida, formada principalmente por marcianos, irá a tratar de establecerse en los salvajes mundos selváticos thorbod. Miguel Ángel padre acompañará al primero de estos grupos, su hijo se unirá al segundo.

Puesto que la Armada cuenta con millones de soldados robot y tanques autómata que, por la limitación de espacio en las naves, no pueden llevar con ellos ni tan solo miniaturizados al tamaño mínimo al que es posible reducirlos, se opta también por hacer un último ataque contra los sadritas antes de abandonar para siempre el viejo y querido Sistema Solar. Varias naves de transporte los desplegarán en Urano para que estos recorran la superficie acabando con todos los sadritas, destruyéndolos a ellos y a sus instalaciones. O al menos provocándoles tantos daños que los supervivientes tarden algunas décadas en recuperarse. Este último intento de no marcharse simplemente con el rabo entre las piernas fracasa; las naves de transporte del ejército autómata son destruidas en el espacio todavía demasiado lejos de Urano y los cruceros de guerra que las escoltaban son diezmados por la abrumadora superioridad de los cazas de combate sadritas. Miguel Ángel hijo logra salvar a parte de los cruceros terrestres improvisando una especie de cortina de humo con la explosión simultánea de algunos miles de torpedos atómicos, que deja a los sadritas sin visión directa ni señal de radar clara sobre lo que está ocurriendo tras esta. Así, derrotada una vez más por fuerzas superiores, pero sobreviviendo una vez más a esas fuerzas superiores, la humanidad abandona, quizá para siempre, su mundo natal y parte hacia un incierto destino.

A este drama general añadimos uno personal. A solo una hora de que ambas flotas se separen para ir cada una en busca del mundo que han elegido como meta, Sofía Medina, que ya había declarado que viajaría junto a Miguel Ángel hijo hacia los mundos salvajes thorbod, se lo piensa mejor y pide ser trasladada a la otra flota, mayor y con una meta más segura. Miguel Ángel ya contaba con casarse con ella, tener hijos y colonizar los peligrosos mundos selváticos, pero acepta su decisión y la deja partir. Ambas flotas se separan, una rumbo a un mundo que no les espera y que probablemente esté ya superpoblado, y la otra hacia mundos casi inexplorados en los que sus opciones serán establecerse por la fuerza o ser aniquilados.

¡Próximamente en sus kioscos, Exiliados de la Tierra!

Ha muerto el Sol. 1975 (reescritura del texto original de 1957). George H. White [Pascual Eguídanos]. La saga de los Aznar nº 26. Editorial Valenciana S. A. 

jueves, 20 de noviembre de 2025

LA SAGA DE LOS AZNAR (n.º 25) El hombre de titanio

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, luchadores del espacio.

Tenemos que ponernos al día con La Saga de los Aznar. El siguiente título de la colección es El hombre de titanio según la portada, pero es Hombres de titanio según el texto del interior y así es como aparece también en la mayoría de listas de títulos. Probablemente las portadas de estos libros se imprimieron con el título mal y no se consideró necesario cambiarlas. En los años 70 no se daba tanta importancia a estas imperfecciones, y el margen de beneficio de los bolsilibros no era tan grande como para que la editorial pudiera permitirse descartar y rehacer así como así un lote entero de portadas.

Continuamos directamente con la trama iniciada en ¡Luz sólida! en la que los humanos, estando en el pináculo de su poder, sufrieron una derrota naval sin precedentes. Más tarde lograron hacerse con una muestra de la tecnología de la luz sólida sadrita, base de la superioridad bélica de estos alienígenas.

Esta novela comienza con Miguel Ángel Aznar llegando a la casa del profesor Castillo para informarle de primera mano del logro. Su visita tiene un segundo motivo, además de ese: Polonia Castillo, la hija del profesor. Polonia siempre ha sido el gran amor inalcanzable de Miguel Ángel, y a lo largo de los años ella le ha dado largas de forma ambigua para no dejarle claro si estaba interesada en él o no. Miguel Ángel ha decidido hacerle una pedida de mano formal, y la lleva a acabo tras pormenorizar todo lo relativo a su participación en la obtención de la tecnología de la luz sólida

Espera que esta notable hazaña, vital para la supervivencia de la humanidad en la próxima e inevitable guerra contra los sadritas, le haga ganar puntos ante ella. Pero la respuesta de Polonia (que insiste en llamarle “Miguelito” para ridiculizarle) es la peor posible: todas las ocasiones anteriores en que ella le dio esperanzas y le dio a entender que consideraría el casarse con él más adelante eran falsas. Polonia nunca estuvo interesada en él como pareja, pero la insistencia del joven soldado la divertía y halagaba. Simplemente estuvo jugando con él. ¡Por personas así es por las que te planteas si vale la pena salvar a la humanidad! Furioso y con el corazón roto, Miguel Ángel abandona la casa de los Castillo de malas maneras.

Por otro lado, el profesor Valera ha estado haciendo cábalas sobre el interés que puedan tener los hombres de titanio en el Sistema Solar, ya que por su propia biología las radiaciones del Sol les resultan absolutamente letales. La conclusión a la que llega es que si tienen verdadera intención de prosperar, los hombres de titanio deben alterar el Sol transformándolo de una estrella amarilla a una totalmente ultravioleta, siguiendo el proceso contrario al que la propia humanidad empleó para extinguir a los hombres de silicio del subsuelo de Redención en División Equis. Proceso contrario… pero mismo resultado y además a gran escala: la muerte de todas las formas de vida nativas del Sistema Solar.

Tras su infructuosa visita a casa de Polonia, a Miguel Ángel le espera otro varapalo. Tan pronto como abre la puerta de la casa de su padre, este le cruza la cara de un bofetón por haber tomado parte en la misión de Urano en contra de su voluntad. Su madre le echa la bronca tanto a él por desobedecer a su padre, como al padre por golpear al hijo, y el autor nos mete aquí un pequeño drama familiar. Miguel Ángel padre, sin embargo, es un militar veterano y tras golpear a su hijo por arriesgar su vida le pide emocionado todo tipo de detalles sobre la operación.

En los días siguientes la tecnología de la luz sólida sadrita es replicada con éxito a toda prisa, pero se tardarán al menos seis meses en equipar con ella a una parte significativa de la flota. Medio año durante el cual los terrestres, de algún modo, tendrán que lidiar con sus incómodos vecinos. Y los científicos reclaman algunos sadritas vivos para poder experimentar con ellos.

Además de su malograda base en Urano, los sadritas han ocupado una base humana abandonada en Oberón, y es allí donde va a tener lugar la siguiente cumbre diplomática humano-sadrita. Esto supone una pequeña ventaja para los terrestres, ya que se conservan los planos de la base y al menos no andarán por ella a ciegas. Se ha decidido que a la delegación diplomática oficial la acompañe un grupo de comandos para infiltrarse en la base. De este modo, el comando viajará en la misma nave de la delegación diplomática, a la que los sadritas ya esperan y han autorizado a aproximarse. Miguel Ángel padre formará parte de la delegación diplomática que se entrevistará con los sadritas, mientras que Miguel Ángel hijo liderará el comando. También varios de los supervivientes de la anterior misión en Urano son reclamados para formar parte de esta, al contar ya con experiencia previa combatiendo a los sadritas. 

Este comando incluye, contra la voluntad de Miguel Ángel hijo, a Polonia y otro cientifíco como asesores. El plan es lanzar a los comandos por una portilla de bombardeo como si fueran proyectiles poco antes de que la nave diplomática autorizada aterrice en Oberón. Los comandos van enfundados en armaduras de combate modificadas para imitar a los cuerpos robóticos de los sadritas y así pasar desapercibidos entre ellos una vez estén dentro de la base. La nave siembra a los comandos en una zona donde quedan literalmente hundidos varios metros en el suelo, justo en el momento que esto sea más difícil de detectar. Luego sigue su aproximación al punto designado para tomar tierra, y allí desembarca al cuerpo diplomático.

Los humanos no son los únicos que tenían intenciones ocultas para esta reunión. Los sadritas capturan a la delegación diplomática y los llevan a rastras a sus laboratorios para descuartizarlos y experimentar con ellos. Básicamente es la misma intención con la que ha sido enviado el comando: capturar algunos sadritas para entregárselos a sus científicos y que éstos pudiesen estudiarlos. Y me ha gustado mucho el detalle de que siendo dos razas tan biológicamente diferentes tengan una mentalidad tan similar. La crueldad disfrazada de practicidad no depende de razas ni formas. 

Los equipos de comunicaciones de las armaduras del comando siguen recibiendo las conversaciones de los delegados, y así es como se enteran de lo que les está ocurriendo. Miguel Ángel hijo se ve entonces en la tesitura de tener que decidir entre dar prioridad a rescatar a la delegación (de la que forma parte su padre) y cumplir su misión. Y como buen militar que es, elige la misión, porque de ella depende el futuro de toda la humanidad.

Surgiendo de las fosas creadas por el impacto de sus armaduras de combate contra la superficie de Oberón, cual si se trataran de almas en pena saliendo de sus sepulcros, los hombres y mujeres del comando avanzan hacia la base. La superficie del satélite carece de atmósfera y está expuesta directamente al vacío del espacio y al cero absoluto (uno de los conceptos que mi generación aprendió viendo Caballeros del Zodíaco). Una vez dentro de la base, en la que se cuelan forzando una serie de compuertas secundarias no vigiladas, el comando busca su oportunidad de capturar algunos sadritas. Los hay a montones fuera de sus cuerpos robóticos, y apoderarse de algunos sería fácil si no fuera porque también hay otros montados en ellos. Al estar reaprovechando una instalación humana muchos de los mecanismos y dispositivos solo pueden ser manejados pilotando sus robots de tamaño y diseño humanoide. 

El grupo de comandos es demasiado pequeño para organizar una batalla a gran escala con las tropas robotizadas que pueda haber en la base, así que se limitan a deambular por ella aguardando una mejor oportunidad. Esta se presenta cuando logran colarse en un amplio montacargas en el que hay varias docenas de sadritas a pie (o quizá sería más adecuado decir a tentáculo). Estos no se alarman pues confunden a los humanos con los miembros de su raza que van pilotando robots por estar encargados de manipular los mecanismos. Pero cuando el montacargas se mueve, los comandos aprovechan el lapso entre plantas para embutir unos cuantos de ellos en sacos y aplastar al resto, haciendo una matanza entre la masa pulposa.

Se disponen a abandonar la base cuando reciben un comunicado de Miguel Ángel padre, al que ya daban por muerto. Al parecer los sadritas lo han dejado para el final y ha tenido la oportunidad de ponerse en contacto con ellos. No para pedir que lo rescaten, sino para informarse del progreso de la misión. Pero para Miguel Ángel hijo la misión ya está cumplida y su padre vuelve a ser la prioridad. Delega el mando en el siguiente soldado del escalafón para que el comando lleve a los científicos y los prisioneros sadritas a un lugar seguro mientras él trata de rescatar a su padre. Todos los soldados se niegan a obedecerle, y solo Polonia y el otro científico afirman querer abandonar la base cuanto antes. Miguel Ángel hijo los despacha con tres de los soldados como escolta y va con el resto en busca de su padre.

Los sadritas ya están alerta por la presencia de intrusos en la base, y grupos de ellos enfundados en robots humanoides se enfrentan al comando. Es un combate muy desigual porque el piloto del robot solo ocupa la cabeza de este, siendo el resto mecanismos que pueden quedar dañados pero seguir funcionando como conjunto. En la práctica, solo se “mata” a los sadritas acorazados acertándoles en la cabeza del robot, que es donde se ubica el piloto. En cambio, a los sadritas les basta con acertar un disparo de luz sólida en cualquier parte del cuerpo de un comando para romper la estanqueidad de su traje y exponerlo a la atmósfera de la base, letal para los humanos. Los humanos compensan esto con su movilidad, más natural al estar vistiendo armaduras en lugar de pilotando vehículos. Consiguen rescatar a Miguel Ángel padre con una sola baja, la de un soldado que es alcanzado en una pierna y se desangra dentro de la armadura al mismo tiempo que se asfixia al escapar el oxígeno contenido en esta.

Los comandos abandonan la base, y al hacerlo se encuentran con los restos de los científicos y los soldados que los escoltaban, aparentemente interceptados y abatidos por otros sadritas. La muerte de Polonia duele a Miguel Ángel hijo mucho menos de lo que él mismo había supuesto. De hecho, lamenta más la pérdida de los tres soldados que le asignó como escolta, a los que apenas conocía, que la de ella. El grupo abandona al fin la base, pero ya no cuenta con una nave con la que volver, puesto que los sadritas no permitirán despegar de nuevo a la nave de la delegación diplomática sin destruirla. Su plan inmediato es acampar durante algunos meses en alguna gruta o cráter olvidado de Oberón empleando equipos que han traído miniaturizados con ellos, que incluyen un búnker estanco, provisiones y renovadores de oxígeno. Y esperar… esperar a que se les presente alguna oportunidad de salir con vida del satélite.

Este no es solo un episodio más dentro de La Saga de los Aznar, sino la verdadera presentación de los sadritas. Sí, es cierto que ya nos los encontramos en la novela anterior y fuimos testigos en ella de su aterrador poder bélico, pero es en esta en la que nos presenta la magnitud de su raza. En las novelas anteriores hemos visto como los thorbod, nahumitas e incluso los propios humanos han devastado y despoblado planetas enteros, combatido razas enemigas hasta su extinción, y cambiado el ecosistema de un mundo para adaptarlo a sus necesidades. Pero los sadritas son capaces de llevar esto más allá de una simple aniquilación planetaria o terraformación. Su plan de cambiar la naturaleza de la estrella central de un sistema solar implica que los sadritas no pretenden solo expandirse por el cosmos, sino rehacerlo a su medida. 

Y nos mezclan todo esto con los dramas amorosos y familiares del protagonista, contraponiendo la épica cósmica con la pequeñez e insignificancia de los dramas personales. Es un recordatorio de que la futura supervivencia de la humanidad dependerá tanto de su capacidad de actuar como conjunto que de la relevancia que se de a las vidas individuales. Y a la voluntad y capacidad de seguir adelante pese a las pérdidas, tanto en el sentido global como en el personal. Es algo que el autor (que recordemos que vivió una guerra en sus propias carnes siendo niño) ya tenía claro en 1957, y que mucha gente ni se ha planteado aún a día de hoy. 

¡Próximamente en sus kioscos, Ha muerto el Sol!

El hombre de titanio. 1975 (reescritura del texto original de 1957). George H. White [Pascual Eguídanos]. La saga de los Aznar nº 25. Editorial Valenciana S. A.