MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

jueves, 15 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 15) Receta mortal

 Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡El remedio resulta ser peor que la enfermedad! ¡Lea aquí sobre el peligro de consumir medicamentos caducados y el peor caso de  indigestión de la historia! ¡Extra! ¡Extra!


En esta ocasión nuestra narradora es Jane Bennett, una mujer que nunca se ha casado y vive en la casa de su hermano Gregory. Este tiene varios trabajos para mantenerse a sí mismo y a ella, y se pasa las noches estudiando para poder rendir más en esos empleos.

Parece un tipo absolutamente dedicado a lo suyo, pero eso hace que tenga un aspecto cansado y desmejorado todo el tiempo. Jane está muy preocupada por él... no lo bastante como para buscarse un trabajo y aliviar la carga económica que supone para su hermano tenerla en casa, pero sí lo suficiente como para reprocharle continuamente que estudie tanto. Es una persona bienintencionada, pero no pasa de ahí.

Jane llama a un médico porque considera que su hermano tiene cada vez peor aspecto. Este lo examina y llega a la conclusión de que sufre estrés y agotamiento debido a la sobrecarga de trabajo. Le receta un complejo vitamínico y Jane acude a un boticario para que se lo prepare.

Gregory empieza a tomarlo y, en los días siguientes, experimenta una notable mejoría. Se siente más vital, más despierto y más alegre. Pero también empieza a descuidar sus estudios y dedica las tardes y las noches, que antes se pasaba leyendo pesados manuales, a salir de fiesta con sus amigos.

Un día, Jane nota que uno de los dedos de su hermano está marchito, como si se le hubiera momificado repentinamente. También tiene las ojeras más marcadas. Está empezando a perder peso y su aspecto general se deteriora progresivamente.

A partir de entonces, Gregory empieza a aparecer por casa con una mano vendada. Se encierra en su habitación, negándose a salir, y le dice a Jane que se limite a dejar una bandeja con comida delante de la puerta todos los días y que después se marche. Que él saldrá a recogerla cuando ella ya no esté.

Jane vuelve a consultar al médico que le preparó la receta, y este acude a hablar con el boticario. Uno de los frascos de ingredientes despierta las sospechas del doctor. La mezcla que contiene no es lo que indica la etiqueta. La etiqueta es correcta, pero el contenido no se corresponde con ella. El boticario explica que hacía mucho tiempo que no utilizaba ese frasco y que simplemente supuso que su contenido estaba bien identificado. La sustancia se envía a analizar, pero nadie consigue averiguar qué es.

Mientras tanto, Gregory está cada vez más demacrado, hasta el punto de que su hermana apenas lo reconoce. Tiene las manos vendadas como si fueran muñones y su carácter se ha agriado rápidamente. Aunque el relato no lo dice expresamente, cabe suponer que, llegados a este punto, ambos viven de los ahorros que Gregory pudiera tener, puesto que ya hace algún tiempo que no sale de su habitación ni tan solo para trabajar.

Cuando la situación se vuelve insoportable, Jane vuelve a llamar al médico, que se presenta en su casa. Le explica que todos los intentos de analizar la sustancia han fracasado, pero que sí han conseguido averiguar qué hace. Se trata de un compuesto químico que imita artificialmente las enzimas digestivas. Gregory está siendo digerido desde dentro hacia fuera por la sustancia que ha estado ingiriendo.

En ese momento, un pestilente líquido negro se desliza por el techo. Los dos suben corriendo a la habitación de Gregory. Al abrir la puerta, encuentran, agazapada en un rincón, una masa burbujeante que ya ni siquiera conserva forma humana. Es un simple grumo de materia que parece respirar y latir, cuyos únicos rasgos distinguibles son dos ojos brillantes que los miran con odio. El doctor se adelanta y golpea la masa con su bastón una y otra vez, hasta extinguir la poca y extraña vida que quedaba en ella...

No está mal, pero para mí esto es una versión muy poco alterada de La novela del polvo blanco (1895), de Arthur Machen, obra en la que probablemente también se inspire, aunque de forma menos descarada, Materia gris (1973), de Stephen King. No será el único caso de este estilo que nos encontremos, pero sí uno de los más evidentes.

Puedes ver en orden de publicación todas las Historias de la Cripta ya reseñadas pulsando aquí.

Rx... death. 1950. Guion y dibujo de Graham Ghastly Ingels. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.

EL REPUBLICANO

 EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                                      ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

Presentado por... Pecky.
 

¡Saludos, amigos cinéfagos!

Hoy os traigo para vuestro solaz y disfrute El Republicano, una película sobre un psicópata que mata hippies usando una máscara de Ronald Reagan. 

Para los que no sepan de quien estamos hablando, vamos a entrar en contexto. Ronald Reagan fue uno de los presidentes republicanos de los Estados Unidos. En Estados Unidos hay dos partidos políticos: los Republicanos, que serían el partido de derechas, y los Demócratas, que serían el partido de izquierdas.

Reagan se caracterizó por aumentar enormemente el gasto de dinero público destinado a defensa, la lucha contra el comunismo y el endurecimiento de las penas de prisión contra criminales en general y traficantes de droga en particular. Para paliar la deuda pública heredada de legislaturas anteriores, aprobó la explotación de algunos recursos naturales que hasta ese momento no se habían tocado, lo que le ganó el odio de los ecologistas.

Curiosamente, el Ku Klux Klan manifestó públicamente su apoyo hacia Reagan, pese a que este era Republicano y el Ku Klux Klan fue un movimiento racista surgido de entre las filas de los Demócratas. Reagan rechazó (también públicamente) el apoyo del KKK, lo cual hizo que estos también le odiaran, pero que más gente decente le apoyara. Entre una cosa y otra, la imagen pública que ha quedado de Reagan suele ser mayoritariamente buena entre los estadounidenses.

La película comienza con una de las polémicas frases que se le atribuyen: «Un hippie es alguien que habla como Tarzán, anda como Jane y huele como Chita». A continuación, tenemos unas escenas en las que un niño ve cómo su padre, que trabaja como leñador, es golpeado con una roca en la cabeza por un ecologista que está haciendo una manifestación para impedir la tala de árboles. El leñador reacciona empuñando una pistola que hasta ese momento había tenido guardada y la policía, que aparece providencialmente, le detiene a él por ir armado en lugar de al ecologista que le golpeó primero.

El niño, al ver cómo se llevan a su padre, agarra una sierra mecánica y se la incrusta en el cuello al ecologista, consiguiendo con ello que la policía también lo detenga a él. 

No sabemos nada más de ellos por el momento, porque saltamos al presente (al año en que se filmó la película) en el que un grupo de hippies medio drogados van en una caravana de camino a una macro fiesta que van a hacer en un bosque. Un bosque que, naturalmente, después de la fiesta van a dejar lleno de envases, botellas y basura, aunque en teoría la fiesta en pleno bosque es para demostrar su amor por la naturaleza.

El evento, en el fondo, no es más que una excusa para venderles drogas a los asistentes. El organizador es un individuo que tiene un cierto historial de muertes accidentales o desapariciones en sus eventos anteriores. 

El sheriff local no está contento con todo este asunto. Tampoco los leñadores ni las gentes del lugar, que lo ven como su tranquilo bosque se llena de desconocidos maleducados y ruidosos. El único que está contento con la situación es el alcalde del pueblo cercano a quien corresponde la jurisdicción sobre el bosque, porque él se lleva una parte de las entradas.

La pandilla protagonista tiene un par de encuentros con rednecks, los típicos paletos rurales probablemente endogámicos que aparecen en este tipo de películas y terminan dando origen a familias como la de Leatherface. Hippies y rednecks se odian mutuamente porque los primeros acostumbran a roban las plantaciones de marihuana que los segundos tienen ocultas por el bosque. Todos los encuentros entre unos y otros terminan en peleas, si bien es cierto que son los rednecks los que las empiezan. Además, parece que hay alguien acechándoles. Alguien concreto, quiero decir. Es posible que sea el novio de una de las chicas (la rubia de la foto de abajo), porque en varias ocasiones nos dicen que rompieron de muy malas formas cuando él descubrió que ella se drogaba.

Incluso antes de que comience el concierto ya se están produciendo asesinatos. El reducido equipo de policía no da abasto, porque además de investigar las muertes tiene que lidiar con centenares de jóvenes borrachos y drogados que consideran a la policía unos fascistas y se niegan a seguir sus indicaciones, pero al mismo tiempo acuden a ellos cuando se presenta el menor problema.

El caso es que un psicópata vestido con traje y corbata, con el rostro oculto tras una máscara de Ronald Reagan, se dedica a pasear por los alrededores matando por igual a los hippies y a los rednecks. Todo esto se nos va alternando con las escenas del sheriff lidiando con todos los problemas de alcohol y drogas derivados del festival y con los hippies haciendo estupideces en medio de sus viajes alucinatorios.

Se llega a un punto en que el sheriff, en contra de la decisión del alcalde, ordena suspender el festival y expulsa a todos los hippies del lugar. Estos, reacios a cualquier forma de autoridad, incluso cuando esta tiene por objetivo protegerles, se quedan igualmente por la zona haciendo sus cosas de hippie, mientras el psicópata caracterizado como Reagan sigue haciendo sus cosas de psicópata.

El único personaje interesante y realmente al que podríamos considerar el protagonista es el sheriff, que tiene que lidiar con todos: con el psicópata, con los hippies, con los rednecks, con el alcalde, y es el único que se mantiene firme en su deber, mientras que todos los demás miran únicamente por sí mismos.

Un anciano local que resulta ser el leñador que detuvo la policía al principio culpa al gobierno por haberle arrebatado a su hijo, que al parecer fue internado en un correccional y de ahí pasó a un centro psiquiátrico. Llega a un punto en que se lía a tiros con la policía, añadiendo algo más de caos a todo el asunto. El psicópata cuenta además con la ayuda de perros entrenados específicamente para matar hippies, que en un momento determinado quedan libres y se lanzan contra los que todavía quedan agrupados por ahí.  

Finalmente, entre el sheriff y la rubia de antes (el único miembro que queda con vida del grupo inicial) logran acabar con el Ronald Reagan psicópata, mientras que otros policías abaten a sus perros. Al retirar la máscara de Reagan del cadáver vemos que este era, como probablemente habréis supuesto ya, el hijo del leñador del principio, que siguió culpando toda su vida a ecologistas y hippies de que lo hubiesen separado de su padre para internarlo en un reformatorio.

Como suele ocurrir en estos casos, cuando vuelven al lugar donde acabaron con el psicópata, su cuerpo ya no está. Solo queda su máscara, abandonada. Lo último que se nos muestra es al organizador del evento huyendo por el bosque con todo el dinero recaudado por la venta de entradas y drogas. 

Es interceptado por otro psicópata con una máscara y traje nuevos, que imita al primero. Tiene que ser forzosamente otro porque el primero termina con tres balas en el cuerpo y el cráneo machacado por una docena de martillazos, y este que vemos ahora se mueve con soltura, sin acusar ninguna herida. Tampoco puede ser su padre, que murió durante el enfrentamiento con la policía. Este nuevo Ronald Reagan parte en dos al organizador con una motosierra y los billetes de la recaudación son arrastrados por el viento y por la corriente de un río cercano. Y fin.

Lo cierto es que lo más interesante de la película es la premisa que plantea. Una vez ya te cuentan lo que te tienen que contar, lo que queda son solo imágenes de las fiestas ridículas de los hippies, del psicópata acabando con ellos, y algunos chistes a costa del disfraz elegido por este. Uno de los hippies, por ejemplo, al encontrarse con él, sale corriendo gritando «Socorro, me persigue Ronald Reagan» en lugar de «un loco» o «un asesino». Hay otro, el ex-novio de la rubia, que justo antes de ser asesinado, protesta «¡Pero si yo soy Republicano!». Tiene mejor ritmo que la mayoría de películas de psicópatas, pero al final es más de lo mismo. Es una de esas películas que atraen más por su idea de base que por la forma en cómo la desarrollan. Aun así es lo bastante entretenida para volverla a ver de vez en cuando. 

Como curiosidades destacaría que es la primera como director de David Arquette (actor en la saga Scream, Arac Atack, la película original de Buffy la cazavampiros, Ravenous y Bone Tomahawk, por citar las que más me suenan a mí). No tuvo un gran presupuesto pero Arquette aprovechó sus contactos para meter a muchas caras conocidas haciendo cameos, entre ellas a su esposa Courtnex Cox (Friends) y Wes Craven (Pesadilla en Elm Street, Las colinas tienen ojos, Scream). 

The Tripper. 2006. David Arquette, Joe Harris (guion) David Arquette (director) Thomas Jane (actor principal). Jaime King (actriz principal). Coquette Productions & Raw Entertainment.

miércoles, 14 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 14) ¡Una travesura fatal!

  Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Las autoridades sanitarias aconsejan no jugar con libros de magia! ¡Lea aquí casos documentados de cenutrismo extremo con grimorio de por medio! ¡Extra! ¡Extra!


Esta es la historia de Peter, Winnie, Marylyn y Jim. Estos cuatro jóvenes, hijos de familias ricas, han tenido siempre una vida regalada, alejados de cualquier atisbo de responsabilidades y de pagar por las consecuencias de sus actos.

Un día, Marylyn encuentra algo que parece ser un tratado de magia en una librería y decide comprarlo por echar unas risas. Reúne al resto de su pandilla, compran un montón de ingredientes raros y ella se disfraza de bruja, como si ya estuviese en Halloween. Elige uno de los hechizos del libro, se encierran en una habitación iluminada solo por unas pocas velas y empieza a lanzar ingredientes en un caldero de agua hirviendo mientras lee pasajes del libro, entre las risas y burlas del resto del grupo.

De repente, Winnie grita aterrada. Hay un momento de confusión y, sin que nadie sepa cómo, Marylyn desaparece de la sala. Jim, que demuestra ser el más sensato, propone hablar inmediatamente con la policía, pero los otros dos le quitan esa idea de la cabeza. Si la magia es lo que ha hecho desaparecer a Marylyn, quizá con magia puedan hacerla volver.

Los tres que quedan se sientan en torno al libro y hacen una especie de sesión de espiritismo improvisada. Lo único que consiguen con ello es que la sala se llene de humo y otro de ellos, Peter, desaparezca también cuando el humo se disipa. ¡Ya solo quedan Jim y Winnie, y esta sigue insistiendo en que deben utilizar el libro de magia para hacer volver a sus compañeros! Lo toma y empieza a leer un pasaje que parece algún tipo de invocación. La sala se llena de humo nuevamente y, entre este, aparece una forma monstruosa y demoníaca que se lleva en brazos a Winnie. Cuando Jim trata de impedirlo, el demonio lo golpea y lo deja inconsciente.

Cuando Jim despierta, está siendo encerrado en un ataúd. Oye cómo clavan la tapa, y el pánico se apodera de él. Comienza a gritar y empujar la tapa como loco. Sus propios gritos y golpes es lo que le impide oír cómo, fuera del ataúd, sus tres supuestos amigos se ríen. 

Todo ha sido una broma que organizaron para burlarse de él. El humo estaba preparado. Su confusión y su miedo fueron fingidos. El demonio, un simple disfraz. El único que realmente creyó que estaba pasando algo era el propio Jim, al que han llevado hasta el cementerio en el maletero del coche de uno de ellos y ahora está encerrado en un ataúd que han encontrado en la caseta del vigilante.

Cuando se aburren de la broma y deciden sacarle, no consiguen abrir la tapa. Han golpeado los clavos demasiado fuerte para crear más dramatismo y ahora no pueden sacarlos sin herramientas que no tienen a mano. Dejan el ataúd allí y corren al coche para buscarlas. Además, deben devolver a su sitio el cadáver que había en ese ataúd, listo para ser enterrado, y que han sacado y escondido por ahí para hacer la broma.

Cuando regresan del coche con las herramientas, el ataúd no está. Empiezan a buscarlo, ahora asustados de verdad. Sospechan que el vigilante del cementerio, que había dejado allí ese ataúd, ha vuelto a por él para enterrarlo donde corresponda. Recorren el cementerio frenéticamente hasta que lo encuentran, con la pala al hombro, y le explican lo ocurrido. Pero el vigilante no les cree. Piensa que es alguna broma de adolescentes y, además, les dice que por nada del mundo abriría ese ataúd, porque la persona que fue colocada en él tenía una enfermedad extremadamente contagiosa y que el mero hecho de tocarlo podría transmitirla.

Mientras el vigilante se aleja, los tres jóvenes se miran las palmas de las manos. Esas manos con las que agarraron el cadáver para sacarlo del ataúd y dejarlo tirado por ahí, y en las que ya han empezado a aparecer manchas oscuras…

Como era habitual en las historias de la EC, los verdaderos monstruos de la historia son los propios amigos de Jim. Están tan aburridos y tan desconectados de la realidad que consideran divertido someter a su amigo a una experiencia traumática. Su riqueza y su vida sin preocupaciones les ha hecho perder cualquier sentido de los límites o de la responsabilidad.

El refranero popular está lleno de advertencias del tipo «Quien siembra vientos recoge tempestades», «Cría cuervos y te sacarán los ojos» o «Si juegas a estúpidos juegos, ganarás estúpidos premios», y esta historia no es ni más ni menos que eso.

Puedes ver otra de las Historias de la Cripta pulsando aquí.

A fatal caper! 1950. Guion y dibujo de Jack Kamen. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.

EL BUQUE DE LA NOCHE

  EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores. 

Hoy tenemos una historia realmente horripilante para los halloweeneros premium. Es una novela de 1980 sobre un tema que se puso ligeramente de moda por aquel entonces y se está volviendo a poner de moda últimamente: los zombis nazis.

La historia comienza durante la Segunda Guerra Mundial. Un submarino alemán, a la caza de cargueros y mercantes, acaba de hundir uno junto a la costa de Coquina, una pequeña isla del Caribe. El comandante del submarino, queriendo ser lo más preciso posible en sus informes al alto mando, ordena emerger y envía a dos de sus hombres a cubierta para que pesquen alguno de los restos flotantes. El ataque se ha producido en plena noche para reducir al máximo la visibilidad del submarino, pintado de negro, y evitar que este pueda ser detectado antes de hora por el barco atacado. Esto ha impedido también que el comandante alemán  vea con el periscopio el nombre del barco escrito en su costado. Tampoco se le ha enviado por ninguno en concreto; simplemente tiene instrucciones de patrullar determinada zona hundiendo todo mercante o buque de guerra que encuentre, y le ha tocado a este.

Los dos hombres salen a cubierta y logran atrapar un chaleco salvavidas del carguero hundido, en los cuales suele ir inscrito el nombre del barco al que pertenecen. Sin embargo, haber emergido para recuperar algún resto ha dado tiempo a un par de cazasubmarinos despegar desde la costa cercana. El comandante manda cerrar la escotilla y hacer inmersión para huir de los cazasubmarinos dejando a sus dos hombres abandonados a su suerte, flotando rodeados de los cuerpos destrozados por las explosiones y los incendios del carguero.

De ahí saltamos al presente, o lo que era el presente cuando se escribió el libro, es decir, 1980. Un buceador aficionado llamado David, al que muchos lugareños llaman simplemente el hombre blanco porque es el único blanco de la pequeña población, se hunde en el mar en busca de restos de naufragios que pueda vender a los turistas.

Percibe una forma bajo la arena que le llama la atención y empieza a golpearla. Se da cuenta de que es algo metálico. Se sabe que en esa zona fueron hundidos varios barcos durante la Segunda Guerra Mundial, y ya ha encontrado anteriormente algunas cosas, como una brújula de cobre y viejas latas de comida sin abrir. Saca su cuchillo y comienza a excavar alrededor del objeto tratando de extraerlo del légamo del fondo, porque resulta ser enorme. Le da un vuelco el corazón cuando finalmente reconoce la forma. Es una carga de profundidad sin detonar, y el trabajo de excavación que ha estado haciendo la ha movido de sitio, haciendo que se deslice por el fondo cayendo a una sima cercana.

Aterrado, comienza a emerger, pero no consigue hacerlo antes de que la carga se hunda a suficiente profundidad como para explotar. El estallido lo zarandea y aturde, y logra llegar hasta su propio bote a duras penas. La fuerte onda expansiva libera del fondo a otro objeto que había quedado allí desde hace mucho: el propio submarino alemán, que quedó dañado por las cargas de profundidad de los aviones cazasubmarinos. En la superficie, agarrado precariamente a su bote y todavía con los oídos zumbando por la explosión bajo el agua y la subida a superficie excesivamente rápida, David ve cómo el submarino entero emerge, enfila hacia la costa cercana y empieza a moverse hacia el puerto como si estuviese totalmente operativo.

En realidad, es la corriente de costa la que lo acerca a esta. El submarino estaba enterrado en la arena a tan solo cincuenta metros de profundidad y relativamente cerca de la isla. Encalla en unos arrecifes al acercarse a esta y rápidamente su cubierta se llena de gente que llega hasta él en una remolcadora, atraídos por el extraño suceso. Entre los hombres que llegan está Kip, representante de la autoridad local y amigo de David. Ambos conversan sobre lo ocurrido mientras ven cómo los isleños se dedican a dar golpes en el fuselaje y tirar de cables sueltos, como si quisieran llevarse un trozo de recuerdo.

Inmediatamente empieza el debate. ¿Deben remolcarlo a puerto? ¿Sería mejor abrirle las cuadernas y hundirlo? ¿Qué autoridad debe determinar eso? ¿El descubrimiento pertenece a David o al gobierno de las islas? ¿Sigue teniendo torpedos o algún otro tipo de explosivos en su interior que pudieran ser peligrosos para la población? ¿Se puede considerar como una pieza histórica y, por tanto, intocable? El típico maremágnum legal que hace que nadie se atreva a tomar una decisión inmediata.

Ante la perplejidad de las autoridades sobre qué hacer con el hallazgo se une el temor de los más viejos del lugar, porque ellos sí que saben lo que ha emergido del fondo. El submarino no tiene ningún tipo de inscripción o insignia que permita averiguar su nacionalidad, pero los viejos del lugar saben que se trata de un submarino alemán en torno al cual parece haber una historia especialmente grotesca de la que nadie quiere hablar.

La duda sobre qué hacer con el submarino prácticamente se resuelve sola cuando la marea nocturna hace que este se desencalle de los arrecifes y sea arrastrado por la corriente hasta el mismo puerto, donde vuelve a embarrancar. Es un puerto pequeño preparado para botes y embarcaciones de poco calado, y el submarino rasca contra el fondo al llegar a él y queda atascado de nuevo, a tiro de piedra de la población.

Boniface, un anciano que aúna las funciones de cura y de brujo local, opina, más bien ordena, que el submarino sea remolcado de nuevo mar adentro y hundido cuanto antes. Jana, una arqueóloga marina que llega a Coquina en tiempo récord al saber del hallazgo alega que es un descubrimiento histórico, un auténtico tesoro hallado en un estado de conservación envidiable, y debe ser conservado y examinado por un equipo de expertos. Entre una cosa y otra, una palabra comienza a repetirse entre murmullos de extremo a extremo del pueblo: masango (maleficio).

Las escotillas del submarino parecen bloqueadas desde dentro y las autoridades locales no autorizan, de momento, el forzarlas. Poco después empiezan a producirse asesinatos en la población. Son muertes extremadamente brutales, siempre de noche, de personas que aparecen con el cráneo roto, destripadas, algunas muertas de miedo y posteriormente despedazadas. El asesino o asesinos mata utilizando herramientas comunes, como llaves inglesas o martillos, y en muchas ocasiones las heridas parecen producidas simplemente con los propios dedos y dientes del asesino, que se hunden en su víctima con una fuerza terrible, lo suficiente como para abrir la carne y romper los huesos.

El móvil parece ser simplemente el robo, pero no el robo de cosas especialmente valiosas: se llevan herramientas, recambios para motores y baterías náuticas, latas de aceite lubricante, cubos de grasa para maquinaria... pero no dinero o joyas. Kip es el encargado de examinar los cadáveres e investigar el asunto. Las marcas de mordeduras en los cuerpos se deben, oficialmente, a ratas u otras alimañas que pueda haber por la isla y son posteriores al asesinato de las víctimas, pero realmente esto es algo que se dice únicamente para calmar los ánimos, porque evidencia no hay ninguna.

Naturalmente, quien está detrás de todas estas muertes es la tripulación del submarino, que ha estado cuarenta años encerrada en un ataúd de metal. Sus cuerpos están rechupados, carne seca convertida en cuero sobre los huesos, cubierta a su vez de moho y hongos que han enraizado en sus rostros y uniformes. Para ellos, el tiempo se ha detenido en aquella última inmersión que hicieron tratando de huir de los cazasubmarinos. Las cargas de profundidad que estos soltaron apenas dañaron el submarino, pero sí provocaron una avalancha de lodo y arena sobre este que lo inmovilizó en el fondo. Allí murieron, pero no del todo.

Ahora que han salido a la superficie, siguen pensando que están en 1942. Siguen pensando que están en guerra y, para ellos, su misión no ha cambiado. El objetivo de los ataques no es solo alimentarse de los vivos; es también obtener los repuestos que necesitan para poner a punto el submarino, salir con él a alta mar y continuar hundiendo todos los barcos de gran porte con los que se encuentren. ¿Pero qué es lo que provocó esto? ¿Qué hizo que los hombres que murieron asfixiados, encerrados en ese cilindro de metal a cincuenta metros de profundidad, hayan vuelto a la vida?

La explicación se la da a Kip el anciano Boniface. Cuarenta años atrás hubo un enorme incendio en el puerto, en los astilleros de la isla. Ese mismo submarino, que estaba por la zona atacando los barcos, disparó sus torpedos contra las instalaciones del puerto para destruirlas. Las explosiones se extendieron a numerosas chozas de caña que había cerca de las instalaciones y de ahí a la selva que cubría todavía la mayor parte de la isla. El fuego prácticamente arrasó toda la superficie de esta, matando a muchos de los nativos que en ningún momento habían tomado parte en la guerra. El astillero que tenían en su puerto lo habían fabricado los ingleses, que estaban utilizando esa isla como una de las bases aliadas, y eso fue lo que trajo allí a los alemanes.

Entre los supervivientes de aquel desastre estaban Boniface y otros brujos vudú de la isla. Cuando vieron cómo, días más tarde, los cazasubmarinos soltaban su letal carga de explosivos contra el submarino alemán y este hacía inmersión de forma precipitada para evitarlos, se reunieron para lanzar una maldición. Pidieron a sus loas que retuvieran a esos hombres en el fondo del mar, atrapados en su máquina de guerra. No les pidieron que murieran, sino que sufrieran eternamente. Y los loas lo hicieron. Cuando los soldados se asfixiaron por falta de renovación de aire, los espíritus les impidieron morir del todo. Hicieron que la vida permaneciera aferrada a ellos. Sus almas no lograron abandonar sus cuerpos para seguir el camino que les correspondía, sino que quedaron tan atrapadas como estos en el interior del submarino.

Convertidos en cadáveres vivientes, los submarinistas alemanes han permanecido cuatro décadas sufriendo cada día, cada minuto, la sensación de ahogo, de asfixia, el hambre, la sed, la agonía de estar a punto de morir, pero sin llegar a morir del todo. Una condena que debería haber sido eterna, pero de la que David les ha sacado inadvertidamente al hacer detonar esa carga de profundidad. El contacto con el mundo exterior, con el aire renovado, está matando ahora por fin a estos soldados. El tiempo está al fin reclamando lo que le pertenece, pero no lo suficientemente rápido. Siendo conscientes de que van contrarreloj, estos monstruos uniformados multiplican sus ataques, alimentándose de los vivos con la esperanza de volver a llenar así de sangre sus venas, de que la carne vuelva a crecer sobre sus huesos. Nada de esto funciona, ni palia el dolor constante que les produce el estar muertos, lo cual les enfurece aún más.

Pese a los intentos de la población por detenerlos con fuego o armas convencionales, nada parece ser realmente efectivo. Incluso el propio Boniface, que rogó a sus dioses para desatar esta maldición sobre los submarinistas nazis, ahora les ruega que la detengan, pero no consigue reunir tanto poder como el que tuvo en el pasado y estos ya no le oyen. La tripulación de muertos vivientes logra por fin poner en marcha los viejos motores del submarino y se hacen a la mar en busca de buques desprevenidos a los que hundir uno tras otro.

Al final, a David y al grupo que ha ido formándose a su alrededor solo les queda una opción: una táctica náutica antigua y casi suicida, el brulote; coger uno de los barcos del puerto, llenarlo de explosivos y combustible hasta convertirlo prácticamente en una bomba flotante y salir al encuentro del submarino para estrellarse con él.

Pasan más cosas, desde luego. Hay más personajes y tenemos acceso a muchos de los recuerdos de estos no relacionados con el tema principal. Pero nada de lo que nos encontramos en este sentido es tan extenso como para sentirse como de relleno. No hay largas tramas secundarias o paralelas que no lleven a nada, o estas son mínimas. Es un libro muy centrado en lo que tiene que contar y, además, lo cuenta muy bien. La escritura es magnífica, atmosférica. Es muy fácil meterte en ella. 

Las partes en las que se nos describe la vida en la isla son vibrantes y hasta adorables. Las partes en las que los submarinistas nazis zombis están masacrando a la población son crudísimas. La parte técnica, en lo que se refiere a la descripción del submarino y las embarcaciones está bastante bien llevada y se nota que el autor o bien sabe de lo que habla, o bien se tomó la molestia de documentarse al respecto. Pero todo ello sin caer en la pedantería, sin limitarse a acumular datos porque sí, simplemente utilizando la terminología correcta y descripciones realistas.

Más zombis nazis pulsando aquí.

The nigth boat. 1980. Robert R. McCammon (texto) Jordi Vallhonesta (portada). Publicado en 1990 por Ediciones B.

martes, 13 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 13) La cosa del mar

   Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡El Ocean Queen zarpa hoy de puerto! ¡Solo queda una plaza libre a bordo! ¡No se garantiza sobrevivir al viaje, pero sí que no será aburrido! ¡Extra! ¡Extra!


Esta historia tiene una particularidad que acabaría por convertirse en otro de los sellos de identidad de las historias de terror de EC. Es la primera en identificar al lector con el personaje principal. En las historias anteriores teníamos un narrador que nos hablaba del personaje o bien este nos contaba su historia en primera persona. 

En esta el texto de apoyo con el que se nos muestra al protagonista subiendo al barco indica: «Estás en un muelle atestado de gente intentando conseguir un pasaje en el Ocean Queen rumbo a Inglaterra. El viaje es urgente y estás suplicando al comisario». En otra viñeta, en la que lo vemos ya a bordo del barco alejándose del muelle, el texto de apoyo indica: «Ves cómo el muelle se queda atrás, los pequeños remolcadores sacando el buque gigante a mar abierto». Es como una narración de librojuego. Nos identifica con el protagonista, como si hubiésemos asumido ese papel. Esto es algo a lo que se volvería a recurrir en otras historias. 

El caso es que, en la piel de uno de los pasajeros, cuyo nombre ni tan solo llegamos a saber, abordamos el gran trasatlántico en la única plaza que queda libre. Milagrosamente libre. Incluso podríamos decir que sospechosamente libre, porque es una plaza en el camarote número trece. Un camarote del cual los propios asistentes y ayudantes del barco son reacios a hablar. Parece ser que nunca, que ellos sepan, alguien a quien se asignó una plaza en ese camarote consiguió completar su viaje tranquilo, siendo lo normal que en algún momento de alguna de las noches saliera huyendo de él, gritando despavorido y negándose a entrar de nuevo.

Naturalmente, lo achacamos a una superchería y no tenemos el más mínimo reparo en ocupar ese camarote junto con la persona a la que le han asignado la segunda litera. Por la noche, sin embargo, nos despertamos. Ya que la historia no nos da el nombre del protagonista, pero nos coloca a nosotros en su papel, estaré describiendo la acción en todo momento como si nos ocurriera a nosotros.

Nuestro compañero de camarote se despierta gritando y sale huyendo al pasillo sin atinar siquiera a explicar qué es lo que ha visto que le ha asustado tanto. Por la mañana, el médico de a bordo nos pregunta si sabemos qué le ha ocurrido a nuestro compañero, puesto que fue encontrado balbuceando y se niega a volver al camarote. Esa misma noche nosotros nos despertamos y encontramos la escotilla del ojo de buey abierta, aunque la habíamos dejado atornillada, y a un enorme monstruo humanoide (como una persona cubierta de algas) acechando.

Pero no parece querer atacarnos, sino que simplemente está de paso. Abandona el camarote, sale a cubierta y desde ahí se lanza al mar, cosa que vemos porque lo seguimos a una distancia prudencial. Por la mañana hablamos con el capitán y este, decidido a desvelar el misterio del camarote trece, accede a pasar la noche con nosotros para ver qué ocurre.

Pese a que la escotilla del ojo de buey está firmemente atornillada, durante la noche se abre por sí sola y, justo a continuación, en el camarote aparece la criatura. No entra físicamente por la escotilla. Simplemente esta se abre y la criatura aparece, como si la apertura de la escotilla fuese una invitación del propio barco o del camarote para llamarla a su interior.

Esta vez la criatura no abandona el camarote, puesto que ahí dentro está aquello que busca: el capitán. Este, al ver a la criatura, al reconocer quizá alguna facción bajo la capa de algas que oculta su rostro, comienza a murmurar que no es posible que esté allí, que él personalmente lo mató y lo arrojó al mar por esa misma escotilla.

Es tal el terror que siente el capitán que cae muerto al suelo. Entonces la criatura simplemente se da la vuelta y se arroja de nuevo al mar por la escotilla, la cual vuelve a cerrarse y a atornillarse por sí sola.

No llegamos a saber cuál fue el conflicto entre el capitán y ese misterioso pasajero. ¿Quién era? ¿Por qué lo mató? ¿Qué ha permitido que este vuelva cubierto de algas? Lo único que llegamos a saber es que cada noche que el barco navegaba en alta mar, la criatura se manifestaba en ese camarote con el único fin de buscar al capitán. Ahora que este ha muerto, es de suponer que no volverá a hacerlo.

Especular podemos especular todo lo que queramos. Respuestas no tenemos ninguna. Y eso creo que es lo más innovador de esta historia. Al identificar al lector con un personaje concreto, no recibimos información lateral. No vemos nada en forma de flashbacks o globos de pensamiento de otros personajes (porque no podemos leer sus mentes), ni la acción salta a algo que esté ocurriendo al mismo tiempo en otro lugar. Cuando un personaje que comparte escena con el protagonista se aleja de este, le perdemos la pista. En todo momento se nos muestra lo que hace el protagonista, no lo que puedan estar haciendo los otros personajes. 

Volved atrás y fijaos otra vez en la primera de las imágenes que pusimos: cuando el compañero de camarote lo abandona, la acción sigue centrada en el protagonista. Y este solo se entera de lo que le ha ocurrido porque otra persona se lo cuenta luego, pero no se nos muestra. Lo normal en un comic, una película o una novela es que la historia se nos cuente a saltos, alternando escenas centradas en diferentes personajes y lugares, pero aquí se prescinde de esto. Como lectores solo tenemos acceso a la misma información que obtiene el protagonista, y tampoco se nos da ninguna explicación adicional al final. Lo único que llegamos a saber de todo este asunto, es lo que vivimos en la piel del ese pasajero anónimo. 

Puedes ver la siguiente historia pulsando aquí.

The thing from the sea. 1950. Guion y dibujo de Al Feldstein. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.