EL ORÁCULO DE LAS VISIONES ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
¡Saludos, amigos cinéfagos!
Desde hace unos días circula el rumor de que Chuck Norris ha muerto. Los que hemos seguido sus películas desde siempre sabemos que esto no es cierto; en realidad, le apetecía un combate de revancha con Bruce Lee desde aquella vez que pelearon en el coliseo romano, así que se fue a buscarle. La próxima vez que oigáis tronar, probablemente sean Chuck y Bruce intercambiando puñetazos en el cielo
😇🤜💥🤛😇
El caso es que esta noticia nos ha recordado que hacía mucho tiempo que no reseñamos ninguna película de Tito Chuck, así que he sacudido el polvo de nuestras estanterías en busca de alguna que todavía no hubiéramos reseñado, y apareció esta: El mensajero del Infierno (Hellbound), una en la que Chuck, cansado ya de enfrentarse a terroristas, ninjas de saldo, narcotraficantes y demás chusma de baja estofa, mide sus fuerzas nada menos que con el elegido para traer a Satanás a la Tierra.
La película empieza en algún lugar de Oriente Medio, en el año 1186, con una serie de escenas que parecen sacadas de Army of Darkness, la tercera de la saga Evil Dead estrenada tan solo un año antes y muy presente todavía en la mente del público. Ya sabéis cual digo, esa en la que Ash va a parar a la Edad Media, se encuentra con caballeros y se ve implicado en una trama en la que las fuerzas sobrenaturales se desatan y termina luchando contra esqueletos y monstruos.
Como decía, un reducido grupo de guerreros al mando de Ricardo Corazón de León se abre paso hasta una cripta subterránea. Al rey lo acompañan un par de caballeros con armadura, varios soldados con cotas de malla, arqueros y un cura. Llegan hasta una cámara en la que un culto satánico se dispone, aparentemente, a sacrificar a un bebé de sangre real clavandole un cetro puntiagudo. El bebé es un príncipe, por lo que dicen; quizá el hijo del propio Ricardo, aunque esto no llega a aclararse.
Ricardo y los caballeros cargan contra esta secta satánica. Durante el combate se nos revela que los cultistas embozados ya no son totalmente humanos. Presentan extrañas mutaciones que les dan un aspecto demoníaco.
Su líder, llamado Prosátanos, tiene además una fuerza desproporcionada y parece ser que no se le puede matar con armas convencionales. Una vez Ricardo y los suyos han acabado con los sectarios mutantes, Prosátanos es embutido de malas maneras dentro de una gran tumba de piedra que el cura sella con rezos y cuatro dagas con empuñadura cruciforme, colocadas en cada una de las cuatro esquinas de la lápida. Con esto, el poder de Prosátanos queda contenido dentro de la tumba. No lo pueden matar, pero él no puede salir. El bebé es rescatado y el cetro, que era la mayor fuente de poder de Prosátanos, es partido en varios fragmentos, en la creencia de que así este poder maligno será destruido.
Y, como decía unas cuantas líneas atrás, la sensación que me produce toda esta parte es tal cual la de estar viendo una escena cortada de El ejército de las tinieblas, hasta el punto de que en cualquier momento espero que vaya a salir Ash con su mano-motosierra a repartir leña entre los sectarios. Pero, por desgracia, esto no llega a ocurrir. Lástima, porque habría sido un buen crossover, con Ash hombro con hombro con Norris, enfrentados a monstruos y demonios en la Edad Media.
Tras el combate la cripta es abandonada y sellada, y así permanece hasta el año 1951, cuando un par de ladrones de tumbas hacen un butrón para saquearla. Las cuatro dagas cruciformes siguen sobre la tumba, pero sus empuñaduras son de oro con pedrería, así que a los ladrones les falta tiempo para apoderarse ellas y… no entraré en detalles porque seguramente ya os imagináis lo que pasa a continuación de que rompan el sello mágico que retiene a Prosátanos en la tumba.
El tiempo vuelve a saltar hasta el presente, es decir, el año en el que se estrenó la película, que es 1994. Ahora estamos en Chicago y Prosátanos está, al parecer, reuniendo las piezas de su cetro. Ricardo y los cruzados se encargaron de dispersarlo por el mundo entregando cada uno de los nueve fragmentos a un cura o rabino para que lo guardaran a salvo del mal. Ya sabéis cómo va la cosa esta de los objetos malditos: algunos se pueden fragmentar, pero no destruir totalmente. Eso de fundirlos no va con ellos. Así que, si tienes la suerte de que el objeto maldito que ha caído en tus manos es uno de los que se puede romper, lo mejor que puedes hacer con los pedazos es esconderlos lo más lejos posible unos de otros.
Prosátanos recibe en una habitación de hotel mugrosa a un hombre que ha encontrado para él una de las piezas, el cabezal del cetro. Mientras Prosátanos examina esta pieza (que resulta ser una falsificación), el hombre saca una de las cuatro dagas cruciformes que sellaron su tumba y se la clava en el corazón. En realidad, el hombre es un rabino que está ahí para destruir a Prosátanos. Ha conseguido de algún modo una de las dagas y cree que estas bastan para matarle, pero en realidad no es así. Prosátanos lo saca de su error arrancándole el corazón y, de paso, lanza por la ventana a una prostituta con la que se había acostado un poco antes y aun estaba remoloneando por la habitación. La joven va a estrellarse contra el capó de un coche de la policía que había bajo su ventana, y es allí donde Norris se ve implicado en toda esta trama: es uno de los policías que había dentro del coche sobre el cual cae la prostituta.
Aquí tenemos a un Norris a nivel tres, bajo el nombre de Shatter, aunque lo vamos a seguir llamando Norris para tener claro de quien hablamos. Su compañero es Jackson, un poli más impulsivo y menos experimentado que él.
El caso es que Norris y Jackson se encuentran con esa patata caliente entre las manos (bueno, más bien sobre el capó) y suben al apartamento de donde ha caído la prostituta, que identifican fácilmente por ser el que tiene la ventana rota. Pero no pueden hacer nada por detener a Prosátanos, que resiste incluso impactos de bala directos, sin que estos le causen más que un dolor momentáneo. Éste abandona precipitadamente el motel, al parecer más preocupado por que le vean con claridad que por el hecho de tener que enfrentarse a ellos.
A Norris y Jackson les ordenan viajar a Israel para llevar el cuerpo del rabino, ya que las autoridades israelíes tienen interés en hablar con ellos para esclarecer lo más posible su muerte. El tono de la película cambia ligeramente una vez llegan a Israel, dándole un aire más de comedia ligera cuando hasta ese momento había estado más encaminada hacia el terror.
Aunque en teoría solo debían prestar declaración y no estaban autorizados a investigar por su cuenta, naturalmente lo hacen. Ya que están allí, empiezan a tirar de hilos y de pistas propias y terminan conociendo al profesor Lockley. Este no es otro que la actual identidad de Prosátanos, que se hace pasar por un arqueólogo para excavar en busca de las piezas del cetro que le faltan sin levantar sospechas. La ayudante de Prosátanos es la doctora Leslie, interpretada nada menos que por Sheree J. Wilson, la fiscal Alex de Walker, Texas Ranger.
Y, llegados a este punto, he de hacer notar que esta película es un año posterior al estreno de Walker, Texas Ranger, y teniendo ya a Norris y a Sheree J. Wilson, hubiera estado genial que el papel de Jackson lo interpretara Clarence Gilyard Jr., el que hacía de Jimmy Trivette en la serie. Tendríamos a los tres protagonistas principales de Walker, Texas Ranger pero haciendo otros papeles. Como una especie de existencia paralela, al estilo de las historias del Campeón Eterno de Moorcock, en la que diversos personajes están condenados a hacer roles similares en distintas realidades, sin reconocerse ni recordarse entre ellos de una a otra pero guiados por una fuerza que les impulsa a reunirse y actuar juntos.
El caso es que Norris y Prosátanos quedan frente a frente por segunda vez, pero cuando pelearon en la habitación del motel esta se encontraba casi completamente a oscuras y todo fue muy rápido. Norris no tuvo tiempo de verle bien y no lo reconoce. Él y Jackson siguen con su investigación, auxiliados por un niño local al estilo del Tapón de Indiana Jones y el templo maldito y algún que otro chivatazo de Leslie. Mientras, Prosátanos, bajo su nueva identidad, continúa reuniendo los fragmentos del cetro. El cetro es importante porque es con él con lo que debe dar muerte a alguien de sangre real como parte del ritual para desatar el Infierno en la Tierra. Le falta una sola pieza por encontrar y eso es lo único que le ha impedido llevar a cabo el ritual hasta ahora.
Norris y Jackson terminan llegando a la conclusión de que el profesor Lockley es Prosátanos, pero para cuando lo hacen este ya ha recompuesto su cetro y tiene incluso un sacrificio preparado; Leslie resulta ser hija de un duque, lo que significa que ella es de sangre real. Es por esto que la eligió como ayudante, para tener a alguien de sangre real siempre a mano para cuando lograra reunir las piezas del cetro.
Emulando al rey Ricardo y sus caballeros setecientos setenta y nueve años atrás, Norris y Jackson irrumpen en la misma cripta para detener el sacrificio. Prosátanos ha reunido a otro grupo de sectarios mutantes, que los agentes despachan a base de tiros y patadas antes de enfrentarse con su líder, al que recordemos que ningún arma convencional puede matar.
Amarrada al altar del sacrificio, Leslie revela entonces algo que el cura del principio de la película no llegó a averiguar: la forma de matar a Prosátanos es con su propio cetro, estacándolo con él como si de un vulgar vampiro se tratase. Norris apiola al energúmeno con el cetro y, cuando este muere, el artefacto se divide una vez más en nueve fragmentos.
Norris, Jackson y Leslie abandonan la cripta dejando atrás los fragmentos. Una figura misteriosa que ha estado toda la película dejándose ver cada dos por tres aparece para recogerlos y llevárselos. Y se nos revela entonces que es alguna especie de hombre santo cuya misión es dispersar de nuevo por el mundo los fragmentos del cetro para mantenerlos a salvo, hasta que vuelvan a ser necesarios.
Una última escena nos muestra a Norris y Jackson despidiéndose de Leslie, que al parecer no tardará en seguirlos hasta Chicago, pero aún tiene algo de papeleo que solucionar en Israel. Y despidiéndose también del niño, la versión local de Tapón, que se ha encariñado de tal modo con Jackson que le da un gran abrazo de despedida… y aprovecha para robarle la cartera.
He leído varias críticas sobre esta película y todas coinciden en que es de lo peor de las películas no infantiles de Norris. Personalmente, no la considero tan mala. Hubiese preferido que estuviese totalmente encaminada hacia el terror sin los toques de comedia que tiene, que cortan un poco el ritmo, pero tal como es la encuentro bastante entretenida.
No está exenta de algunos detalles absurdos, como el hecho de que van en busca de uno de los sacerdotes que protege un fragmento del cetro para hablar con él y este resulta ser ciego y vivir solo en un viejo monasterio… con docenas de velas y antorchas encendidas por todos lados. Me refiero a que, si vives solo y eres ciego ¿qué necesidad hay de tener tan iluminado tu hogar? ¿Por si vienen visitas, lo cual debe ocurrirle una vez cada diez años?
Pero bueno, si vamos a hablar de detalles, también podemos nombrar las pequeñas pistas o referencias demoníacas que vemos muy ocultas de tanto en tanto. Casi al principio de la película hay una escena en la que Norris se pasea en primer plano mientras que al fondo vemos un cartel en la pared en el que aparece un número de teléfono. Es uno de esos números de teléfono falsos que en las películas siempre empiezan por 555, pero en este caso empieza por 666. Hay otra escena en la que Prosátanos está en la casa de un anticuario y un extraño juego de luces hace que durante un segundo parezca que se vean como unos cuernos sobre su cabeza.
En resumen, es una de esas rarezas que solo podían surgir en los años ochenta y noventa: una mezcla improbable de terror sobrenatural, puñetazos, palabrotas y más humor involuntario que del otro. No es la mejor película de Chuck Norris, ni de lejos, pero tampoco la peor. Es una especie de experimento extraño, como un cruce entre Army of Darkness y Walker, Texas Ranger, ambas estrenadas un año antes.
Puedes ver más reseñas de películas de Chuck Norris (San Norris, a partir de ahora😇) pulsando aquí.
Hellbound. 1995. Ian Rabin, Anthony Ridio, Brent V. Friedman, Galen Thompson (guion). Aaron Norris (director). Chuck Norris [Carlos Ray Norris], Calvin Levels, Christopher Neame (actores principales). Sheree J. Wilson (actriz principal). Editada en DVD en 2001

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