MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

martes, 17 de febrero de 2026

TONTO de El Llanero Solitario

  LA COLECCIÓN DE FIERAS

    Presentado por… Bem.

¡Hola raros!

Hoy os traigo una figura de Tonto (en su versión de la película del 2013) que encontré en un mercadillo y milagrosamente tenía todavía su tomahawk firmemente encajado en la mano. Es un personaje aparecido por primera vez en el serial radiofónico de The Lone Ranger (El Llanero Solitario) en 1933. Y curiosamente, no formaba parte del concepto inicial. 

Los productores contrataron al guionista Fran Striker para que escribiera los primeros capítulos, y cuando le entregaron las notas de producción para que viera lo que se esperaba del programa, este dio con un problema que puede parecernos evidente ahora, pero en el que nadie había pensado hasta ese momento. El Llanero Solitario podía ser todo lo solitario que quisiera en una novela, una película o un cómic, pero precisamente no en un serial radiofónico. Si lo único que se iba a dar al público eran voces y sonidos, el Llanero Solitario necesitaba un compañero. Necesitaba alguien con quien hablar para poder explicar al público, en forma de diálogo, lo que pensaba hacer a continuación o estaba haciendo en ese momento. Es por esto que se añadió el personaje de Tonto para que el Llanero Solitario pudiera explicar sus planes, verbalizar sus pensamientos y dar contexto al oyente sin recurrir continuamente a una voz de narrador, o hacer que estuviera todo el tiempo hablando solo. 

Y puesto que el motivo por el que se añadió a Tonto era este, se hizo de él un personaje serio y de pocas palabras. Su función era más escuchar que hablar, y eso hizo que su personalidad se estableciera como seria y calmada. Era un aliado sólido, un rastreador experto y, en muchos episodios, la voz sensata del dúo, que contrastaba con la del Llanero Solitario, que de tan valiente que era muchas veces actuaba de forma demasiado impulsiva.

El personaje fue reinterpretándose levemente con la aparición posterior de cómics, una serie de imagen real y otra de animación, que es la que tuvo más difusión y mejor acogida. En España (donde se le cambió el nombre a Toro, que sonaba parecido al original Tonto y no resultaba ofensivo), la serie de animación de los 60 fue sin duda lo que hizo conocido al personaje. En cualquiera de estos medios, la imagen que se daba de él, si bien con algunos cambios, era básicamente la misma: la del guerrero indio leal y de pocas palabras, pero más un igual del protagonista que un secundario.

En gran parte, el enorme fracaso de la película de 2013 se debió, en mi opinión, a que Tonto/Toro fue reinterpretado como un personaje excéntrico y de comportamiento muy absurdo. La historia intentaba justificarlo a través de un trauma de su pasado, pero de ninguna manera reflejaba al Tonto clásico. Si al hecho de que ya de por sí la historia de El Llanero Solitario era poco recordada por el gran público le añades el cambiar totalmente a uno de sus personajes más queridos, quizá los productores tendrían que haber previsto algo así. 

Además, creo que es evidente que lo que intentaron aquí fue crear otro Jack Sparrow, y que ese fue el principal motivo de poner a Johnny Depp en ese papel: el mismo actor interpretando a un personaje igualmente raro, imprevisible y estrafalario, que además tiene más protagonismo que el supuesto protagonista. Para los que vivimos las aventuras del Llanero Solitario de pequeños a través de la serie de dibujos de los 60, emitida en España en los 70 (personalmente me encantaba), la película de 2013 era más una parodia de los personajes que el homenaje que esperábamos. Para el resto, que no conocía el personaje más que de oídas, o puede que ni eso, solo fue una cosa rara que no se decidía entre ser drama o comedia, más parecido a un Piratas del Caribe ambientado en el Salvaje Oeste que a otra cosa.

Para mí tiene momentos que se salvan. La secuencia final del tren me parece espectacular, y admito que me emocionó escuchar la banda sonora tan querida y recordada del opening de la serie. Pero igual que admito eso, admito que la película hizo muchas más cosas mal que bien. Es una lástima porque, aunque los westerns no son santo de mi devoción, sí guardo un muy buen recuerdo de El Llanero Solitario original: el cowboy que solo disparaba balas de plata porque la plata era valiosa y eso le recordaba, cada vez que empuñaba el revolver, que la vida también lo era. Que siempre disparaba a intimidar y desarmar, muy pocas veces a herir, y nunca a matar, porque pensaba que todo criminal podía ser rehabilitado, que la verdadera victoria no era derrotar al enemigo, sino ponerlo de tu lado. Algunas de estas balas ni tan solo las disparaba, sino que las dejaba sobre el pecho de un villano tras tumbarlo a puñetazos o las entregaba a un desconocido tras salvarle la vida. Eran su firma, tan característica de él como la batseñal de Batman o los cortes en forma de Z de El Zorro

Striker concibió a El Llanero Solitario como un modelo moral para el público infantil y familiar de la época. Era un personaje que se negaba a matar precisamente en el entorno del Salvaje Oeste, donde las películas solían mostrar que la vida no valía nada, o que incluso cuanta más gente matara a tiros un pistolero, más respeto se le tenía. Y si, sabiendo que esto era lo más recordado del personaje, nos hacen una película en la que el Llanero Solitario sí tira a matar y Tonto/Toro es un chiflado impredecible en lugar de un guerrero estoico, vamos mal.

Pero bueno, estamos aquí por la figura, así que vamos a darle un último vistazo. Es extremadamente fiel a la imagen de Tonto en la película, hasta un nivel de detalle casi enfermizo. Mide 18 cm de altura y tiene 14 puntos de articulación, aunque la mayoría tienen muy poco recorrido: cabeza, brazos, codos, manos (es ambidiestro) cintura, piernas, rodillas y pies. Es claramente una figura de muy buena calidad, pensada para exhibirla, no para jugar con ella. Pero es una figura que, alguien que haya visto cualquiera de las series de imagen real o animación de El Llanero Solitario, pero no haya visto la película de 2013, no reconocerá como Tonto/Toro.

Tonto. The Lone Ranger. NECA. Presentado en blíster. Catorce puntos de articulación. 2013.  

lunes, 16 de febrero de 2026

ASTERIX IV. Astérix gladiador

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                        ¡ALERTA DE EXPOILERZ!

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, irreductibles lectores.

La siguiente aventura de Astérix que vamos a reseñar comienza en el campamento romano de Petibonum, con la llegada del prefecto Calígula Pocospelus. Este se dirige hacia Roma, y la tradición es que los prefectos que pasan por Roma lleven algún regalo al César, algo original y valioso relacionado con la región sobre la que gobiernan.

Pocospelus, al estar a cargo de las Galias, ha decidido llevarle como presente a César a uno de esos galos que se dicen invencibles, para que luche en el circo como gladiador. El problema de capturar a un galo invencible es precisamente que es invencible. Este tipo de humor circular era muy típico de Goscinny.

Ese pequeño detalle le trae sin cuidado a Pocospelus, ya que no será él, sino el centurión Graco Linus, al mando del campamento, quien tendrá que lidiar con ello. Ante este dilema, el centurión envía a algunos de sus hombres a raptar a Asurancetúrix, el bardo, por ser el menos agresivo de todos ellos. Los legionarios, que conocen bien al bardo y temen más a sus canciones que a sus puñetazos, logran capturarlo tras taponarse los oídos con perejil y lo llevan al campamento. Temiendo la represalia de los galos, el prefecto parte inmediatamente hacia Roma llevándose a su prisionero.

Cuando la noticia de la captura del bardo trasciende, los galos acuden al campamento romano a reclamarlo, pero su compañero ya no se encuentra allí: está siendo llevado a Roma por mar. Y, en principio, él no está demasiado descontento con el cambio; considera que en el pueblo nadie aprecia su arte y que gentes más civilizadas, como los romanos, sí lo harán. Pero cuando el bardo es presentado a César, este, no demasiado impresionado, ordena que sea entrenado como gladiador y, si no sirve para ello, echado a los leones.

Por su parte, Astérix y Obélix han tomado la decisión de ir en busca de su amigo y parten de la aldea con el beneplácito de su jefe Abraracúrcix. Embarcan en una galera de comerciantes fenicios y su capitán acepta llevarlos hasta Roma, lo cual da pie a otro encuentro con los piratas de siempre, que ya conocemos bien y termina como de costumbre. En realidad, el capitán fenicio tenía intención de vender a los galos como esclavos (por eso les permitió subir a bordo sin pagar pasaje), pero habida cuenta de que han salvado de los piratas lo más valioso que tiene (sus mercancías, no la vida de sus marineros), cumple con lo prometido y los desembarca en Roma.

A su llegada a la ciudad conocen a Jabalíx, otro galo asentado allí que regenta un restaurante. Gracias a él es como se enteran de que Asurancetúrix ha sido entregado a César como regalo y que este pretende convertirlo en gladiador.

Tras algunos intentos de llegar hasta él, frenados más que por las fuerzas romanas por su burocracia y la enormidad de la urbe (Asurancetúrix está siendo continuamente trasladado de un lugar a otro porque nadie le soporta), Astérix y Obélix llegan a la conclusión de que la mejor forma de encontrarlo es convertirse ellos mismos en gladiadores.

Así que básicamente se entregan a Cayo Obtusus, el lanista, en manos del cual ha sido dejado el bardo. En su ludus pasan por un riguroso entrenamiento en el que, básicamente, muestran no necesitarlo, llegando a ser ellos los que dan una paliza al gladiador veterano encargado de entrenarlos.

Finalmente logran coincidir con Asurancetúrix en unas mazmorras a la espera de los juegos, pero cuando esto ocurre ya se han hecho amigos del resto de gladiadores de Cayo, por lo que no pueden simplemente liberar a su bardo y marcharse: necesitan liberar también a sus nuevos amigos. Y el momento más adecuado para ello es durante el propio combate en el circo.

El espectáculo comienza con una carrera de cuádrigas, seguida de un combate contra leones y una batalla multitudinaria. Naturalmente, nada sale como César y el lanista habían planeado, provocando un ridículo general que hace intervenir a las tropas. Los legionarios que irrumpen en la arena son rápidamente apaleados por Astérix y Obélix. Y, viendo lo grandes luchadores que son, el público reclama su liberación.

Julio César, que si en algo era bueno además de en la estrategia era en las relaciones públicas, concede la libertad a los galos y al resto de gladiadores de Cayo. Incluso entrega al propio Cayo como esclavo a los galos para que reme en la galera fenicia de regreso a las Galias.

Ahora bien, el haber hecho todo esto para rescatar al bardo no significa que vayan a permitirle cantar a su regreso al pueblo. Este termina, como es costumbre, atado y amordazado en su propia casa, mientras el resto del pueblo celebra su liberación de los romanos con un gran festín. Un final peculiar, cuanto menos.

Puedes acompañar a Astérix y Obélix en un tour a través de las Galias pulsando aquí.

Astérix Gladiateur. 1964René Goscinny (guion) Albert Uderzo (dibujo). Publicado en 1980 por Grijalbo / Dargaud.

domingo, 15 de febrero de 2026

DIARIO DE JOHN MILLER del 9 al 15 de febrero de 1926

 Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Una panda de marineros borrachos juega con dinamita en los muelles! ¿Acaso la policía no va ha hacer nada al respecto? ¡Entérese de los detalles para poder quejarse con conocimiento de causa!


LUNES, 9 DE FEBRERO DE 1926

Esta mañana me encontré caminando hacia los márgenes del rio, en el barrio viejo, sin haber decidido conscientemente ir allí. Mis pies me llevaron solos, quizá recordando un camino que mi cabeza había preferido olvidar. La tienda de Madame Zan, la adivina, seguía igual: un cartel torcido, cortinas pesadas, olor a incienso. Golpeé la puerta con los nudillos. No obtuve respuesta. Estaba a punto de marcharme cuando escuché su voz desde dentro:

—Pasa. Te estaba esperando

¿Sabías que venía? pregunté empujando la puerta.

Oh, eres tú, Miller... no sabía ni quien eras, pero es lo que las adivinas siempre decimos cuando alguien llama a nuestra puerta. Un truco del oficio.

Estaba sentada en su sillón, envuelta en un chal y con cara de haber pasado la noche en vela. Me ofreció asiento con un gesto lento. Le hablé de las sombras, y del hombre que parecía controlarlas.

—Eso no debería haber ocurrido tan pronto. Estás acelerando el proceso sin saberlo.

—¿Yo? —pregunté, a la defensiva.

Ella asintió, muy despacio.

—Cada vez que luchas contra una de esas criaturas, cada vez que la destruyes, aquel al que sirven percibe que alguien se le opone, y se despierta un poco más. 

—¿Debo quedarme cruzado de brazos, entonces?

—No. Lo que debes hacer es no perder el tiempo con los siervos. Las criaturas que has encontrado, las serpientes, las ratas voladoras, son invocadas por sus seguidores humanos. Si esos cultos crecen los monstruos que invocan serán cada vez más fuertes. Si disminuyen, sus invocaciones serán cada vez más débiles. Pero no debes perder el tiempo con los siervos. Busca al que duerme, porque cuando despierte, no habrá luz suficiente en todo el mundo para detenerlo.

Aquella última frase me resultaba familiar. No era la primera vez que la oía. Todo este asunto empezaba a parecer un secreto a voces.

—¿Dónde puedo encontrarle?

¿Dónde te encuentras con algo que duerme, detective?

Investigación a 9+. Primer intento: Revólver (doble), 4, 2, 2. Segundo intento (repitiendo los dados de símbolos y ambos doses): Lupa, Linterna, 4, 4, 1. Obtenemos Investigación 9 y superamos la tirada.

Entendí a que se refería y me marché sin decir nada más. Al salir, tuve la sensación de que la calle estaba más oscura de lo que debería estar a esa hora.


MARTES, 10 DE FEBRERO DE 1926

Hoy he aprendido que cualquier atisbo de seguridad es una trampa disfrazada. Estaba en mi oficina, el lugar más seguro y familiar que me queda después de que el banco me embargara la casa: una mesa de despacho coja, una silla que protesta cada vez que me siento en ella, el sofá en el que duermo, la percha de la que cuelgo el sombrero y el abrigo…

Tenía un vaso en la mano, con apenas un par de dedos de licor barato. Estaba derrengado en la silla, intentando que el silencio me durara un minuto más. Había echado todos los cerrojos de la puerta, tenía todas las luces encendidas y las ventanas cerradas. En un lugar civilizado, eso debería bastarme para sentirme a salvo. Y entonces la ventana estalló hacia adentro como si la hubiera golpeado un ariete. Otro de esos murciélagos entró de golpe, enorme, desgarbado, con las alas extendidas como cuchillas negras. Se estrelló contra la pared, pero un segundo después se subió de un bote a la mesa. Le vi prepararse para saltarme al cuello.

Combate a 12+. Primer intento: Revólver, Lupa, 6, 5, 1. Segundo intento (repitiendo el 1, por si sacamos una tirada lo bastante alta como arriesgarnos a repetir también el 6 con posibilidades altas de superar la tirada… sacamos otro 6😥) Revólver, lupa, 6, 6, 5. Como me paree arriesgarme mucho repetir los dos 6, nos quedamos con Combate 17 y superamos la tirada a costa del cuarto punto de cordura del mes, por el susto. 

Mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza: lancé el contenido del vaso a su cara. Un gesto desesperado, pero funcionó. El líquido le cayó de lleno en los ojos y el murciélago se retorció, aleteando con violencia, golpeando la mesa, las paredes, cualquier cosa que tuviera cerca. En ese segundo de confusión solté el vaso y llevé la mano a la funda del revólver. Vacía. Lo había dejado en algún lado al llegar a la oficina, para librarme un rato de su peso. No tenía ni idea de dónde. Que tu cuerpo funcione en automático también tiene sus desventajas.

Me tiré al suelo y gateé hacia la puerta mientras la criatura, cegada, chocaba contra la lámpara de la mesa y la hacía caer. No me quedé a buscar el revólver. Quité todos los cerrojos (¿Quién me mandaría poner tantos?) salí y cerré la puerta de un portazo.  Me quedé tras ella, oyéndole golpearse y tropezarse con todo en la oficina. Esperé a que se hiciera el silencio, y cuando este llegó esperé una hora más antes de asomarme al interior con cuidado. Se había marchado. Empujé el armario delante de la ventana rota para cubrirla. Tengo que plantearme el poner barrotes en las ventanas.


MIÉRCOLES, 11 DE FEBRERO DE 1926

Hoy me llamó O’Maley a su despacho. No me gusta cuando lo hace. La mitad de las veces no me invita ni a un café. La otra mitad es peor porque sí lo hace, y el café de la comisaría es horrible. El comisario tenía esa expresión que pone cuando un caso se le escapa entre los dedos: mandíbula apretada, cejas fruncidas y un cigarrillo consumiéndose en el cenicero sin que nadie lo fume.

—Siéntate, Miller —dijo, sin levantar la vista de un montón de informes—. Tengo agentes que no quieren patrullar de noche. Y no hablo de novatos. Hablo de tipos que han visto más cadáveres que tú y yo juntos. Dicen que hay… cosas en las calles. Animales grandes y raros. Sombras que se mueven solas. El alcalde me presiona para que aumente las redadas contra las sectas, porque de eso si puede hablarle a la prensa. Pero yo tengo a mis hombres peleando con monstruos. No tengo tiempo ni personal para perseguir a cuatro chalados con capuchas y pijamas.

—El alcalde tiene razón —dije, dejándolo estupefacto. Eso era lo último que esperaba oír. Mientras procesaba eso, yo estaba dándole vueltas a las palabras de Madame Zan.

—No por el motivo que él cree, pero sí. Debes centrarte en los sectarios, no en los monstruos. Los sectarios crean o llaman a los monstruos, de algún modo. Todavía no se cómo, pero lo hacen. Si tus hombres no quieren patrullar de noche y enfrentarse a monstruos, que se centren en desarticular a las sectas.

—¿Quieres decirme que arrestar a cuatro chiflados con túnicas va a solucionar todo este asunto?

—Solucionarlo no —corregí—. Pero sí debilitarlo. Esos “chiflados” son los que están invocando a las criaturas que tanto asustan a tus agentes. Y cuantos más de esos grupos saquéis de circulación, menos monstruos tendremos por las calles. Y menos posibilidades habrá de que llamen algo peor.

—¿Algo peor? —preguntó.

Hubo un silencio largo mientras terminaba de digerir lo que le acababa de contar.

Investigación a 10+. Primer intento: Linterna, Lupa, 4, 3, 2. Segundo intento (repitiendo el 2) Linterna, Lupa, 4, 3, 3. Con esto tenemos Investigación 10 y superamos la tirada.

—Mira, Miller —dijo al fin—. Por esta vez te voy a hacer caso. Pero en adelante voy a necesitar que me des algo más que cuentos de brujas.

—Muy bien. Te daré algo más: un consejo —respondí, levantándome—. Si conoces a alguien que esté metido en el mantenimiento de la ciudad, apriétale las tuercas para que se asegure de que todas las farolas se encienden a su hora por las noches.


JUEVES, 12 DE FEBRERO DE 1926

Hoy me atacó otra de esas ratas reanimadas. La vi salir de un descampado en la Calle del Carbón. Corrió hacia mí con un movimiento torpe. Su piel colgaba del cuerpo, como si le hubieran puesto un traje dos tallas más grandes. Tenía bultos donde no debería haberlos y huecos donde debería haber músculo. Por si tenía alguna duda de su estaba viva o muerta, sus ojos eran opacos, de un color amarillo lechoso.

Combate a 11+. Primer intento: Lupa (doble), 6, 3, 1. Segundo intento (repitiendo símbolos y el 1) Revólver, Linterna, 6, 4, 3. Nos quedamos con Combate 13 y superamos la tirada acumulando un quinto punto de locura. 

Le disparé mientras corría hacia mí. Cada vez siento menos remilgos a la hora de empuñar el arma. Varias de las balas le impactaron, destrozándola lo bastante para que dejara de ser una amenaza. Me agaché para observarla de cerca. No por curiosidad morbosa, sino por algo que llevaba días rondándome la cabeza. Los ataques de las serpientes y murciélagos parecían algo dirigido. En dos ocasiones los murciélagos se habían presentado en mi propia oficina, habían venido específicamente a buscarme. También esa serpiente del puerto parecía puesta ahí solo para tacarme cuando me acercara a investigar el almacén quemado, como si supieran que iba a hacerlo. Las ratas eran algo diferente. Su presencia se sentía más casual.

Necesito un callejero de la ciudad me dije a mi mismo incorporándome y pisando la cabeza de la rata para que sus restos dejaran de moverse. Había llegado el momento de marcar los puntos de aparición de las criaturas. Podría haber un patrón ahí que aún no hubiera visto.


VIERNES, 13 DE FEBRERO DE 1926

Al caer la tarde, O’Maley me llamó a su despacho. Cuando entré su mesa estaba despejado de papeles y había una botella de Canadian Club en el centro junto con un par de vasos. Entra a raudales desde el norte pese a la Ley Seca, y supongo que con todo el que incauta la policía O´Maley no es el único que se guarda alguna botella de vez en cuando.

¿Me he equivocado de despacho o es que esperabas a otra persona?

Me indicó que me sentara, que me callara y que me sirviera, todo el mismo gesto. Cuando te entiendes con alguien, no hace falta más. Me entregó un sobre con tres informes. Tres desapariciones en el puerto, en tres noches consecutivas y precedidas de gritos de horror más que de dolor, seguido siempre de un fuerte chapoteo. Pero nada que ver cuando alguien se decidió a acercarse a dar un vistazo.

—Quiero que des una vuelta por ahí —me dijo—Mis hombres no quieren patrullar esa zona. Dicen que no les pagan para enfrentarse con monstruos, y hasta cierto punto tienen razón. Además, están todo el día enjaulando a esos tipos de las túnicas, como tu dijiste, así que te toca a ti encargarte de los monstruos.

El puerto estaba silencioso. Los estibadores trabajaban con la cabeza gacha, claramente inquietos. Hice algunas preguntas que nadie parecía dispuesto a contestar de buen grado. Los trabajadores del puerto siempre han sido una comunidad muy cerrada.  

Entonces escuché el tumulto. Primero fueron voces sueltas, luego gritos. Salí corriendo hacia los gritos. Un cangrejo enorme, y quiero decir enorme como un perro grande, con un caparazón negro que parecía tallado en piedra volcánica. Tenía atrapado a un marinero por el tobillo con una de las pinzas, y tiraba de él hacia el agua de forma lenta pero implacable. El hombre gritaba, aferrado a un poste, mientras otros tres marineros o estibadores golpeaban al monstruo con barras de hierro y palas. Las herramientas rebotaban inútilmente en el caparazón sin dejar ni una melladura.

Combate a 9+, con un requisito de Locura 2+ (que la tenemos). Primer intento: Revolver (doble), 5, 4, 2. Esto nos deja con Combate 11 y pasamos la tirada.

No hace mucho esta escena me habría dejado paralizado. A estas alturas no me lo pensé demasiado. Me uní al grupo, saqué el revólver y les dije que se apartaran.

Apunté al caparazón, pero recordando cómo las barras rebotaban en este, supuse que las balas harían otro tanto. No iba a arriesgarme a que uno de esos hombres cayera por mi culpa, alcanzado por una bala rebotada. Así que bajé el arma y apunté a las patas, a las articulaciones donde la piedra negra parecía volverse carne. Disparé una vez tras otra. Necesité cuatro tiros para partir una sola de las patas. El monstruo soltó al marinero y retrocedió tambaleándose. Los otros aprovecharon para arrastrar a su compañero alejándolo del cangrejo.

Disparé las dos balas que me quedaban contra una de las patas de atrás mientras se retiraba y recargué a toda prisa. Antes de que pudiera volver a disparar otro hombre llegó corriendo con un cartucho de dinamita encendido en la mano y lo arrojó bajo el cangrejo. Todos echamos a correr. Los pedazos del crustáceo volaron hasta el techo de los almacenes cercanos.


SABADO 14 DE FEBRERO DE 1926

Fui a ver otra vez a Madrivana Kelp, la curandera. Ella me dijo que quería que le llevara algo sólido, tangible, algo que pudiera examinar. Después de lo del muelle, después de ver a ese cangrejo negro arrastrar a un hombre como si fuera un muñeco de trapo y hacer la vista gorda sobre el hecho de que los marineros tuvieran dinamita tan a mano, (siendo ilegal la pesca con explosivos) nadie cuestionó que me llevara unos fragmentos del monstruo. Los envolví en un trapo grueso. Los fragmentos pesaban mucho para su tamaño y tenían tendencia a desmenuzarse, como si se trata de carbón.

Madrivana me señaló la mesa sin decir palabra, y dejé los fragmentos.

—¿De dónde lo has sacado? —preguntó finalmente.

Le conté lo del muelle. Ella escuchó sin interrumpir, sin levantar una ceja, como si un cangrejo del tamaño de un San Bernardo fuera un inconveniente menor en su agenda. Luego se inclinó sobre el fragmento, lo observó y olisqueó un buen rato antes de decidirse a tocarlo. En ese momento los trozos con aspecto de roca negra ya se habían vuelto grises y se estaban deshaciendo en polvo grueso. Le pregunté si podía analizarlo, si podía decirme qué demonios era aquello. Madrivana no respondió de inmediato. Empleó un cepillo para barrer el polvo gris dentro de un frasco de vidrio y soltó un suspiro.

Investigación a 11+. Primer intento: Lupa, Linterna, 4, 2, 1. Segundo intento (repitiendo el 2 y el 1) Lupa, Linterna, 6, 4, 3.  Tercer intento (repitiendo el 6) Lupa, Linterna, 4, 3, 3.  Esto nos deja con Investigación 10, y no pasamos la prueba.

—Puedo estudiarlo —dijo al fin—, pero no te prometo que vaya a averiguar algo, ni te vaya a gustar lo que encuentre.

Cualquier cosa que logres averiguar, por poca que sea, ayudará le dije mientras me marchaba.

El aire de la calle era frío. Caminé hacia mi oficina sin prisa, pero tampoco con ganas de detenerme. Tenía la cabeza llena de preguntas que no sabía formular y de respuestas que temía escuchar. Entonces alguien dijo a mi espalda.

—Señor… ¿le sobra alguna moneda?

Un mendigo estaba sentado junto a la pared, envuelto en una manta con más agujeros que lana. Le había pasado por el lado sin verlo, sumido en mis pensamientos. Seguí andando sin prestarle atención, pero el hombre se levantó y caminó detrás de mí unos pasos.

—Por favor, señor… cualquier cosa que pueda darme ayudará.

Me detuve en seco por esa frase. La misma que yo le había dicho a Madrivana hacía apenas unos minutos. La misma súplica, pero en otra boca, en otro tono, en otra vida. Supongo que no importa quienes seamos o a que nos dediquemos, todos necesitamos ayuda en algún momento. Metí la mano en el bolsillo. Unas monedas sueltas tintinearon. Las saqué y se las tendí. No era mucho, pero él las recibió agradecido como si fueran un tesoro. Seguí caminando hacia mi oficina.


DOMINGO, 15 DE FEBRERO DE 1926

Hoy iba a ser mi día de descanso. Creo que me merezco uno de vez en cuando. Compré el periódico. Los titulares daban una falsa imagen de normalidad para una ciudad que solo unos pocos somos conscientes de que se está volviendo loca. Había algunas referencias a las redadas de la policía en locales clandestinos. No hablaban de sectas, y sin duda la mayor parte de los lectores darían por supuesto que los detenidos serían simples contrabandistas de alcohol. Pero en la foto de un grupo de detenidos vi esos ojos hundidos de los fanáticos. Hacia el final había un pequeño articulo sobre una panda de marineros y estibadores que afirmaban haber luchado con un cangrejo gigante. Aquí ni tan solo había foto, sino una caricatura hecha expresamente para ridiculizarlos, haciéndolos ver como idiotas borrachos, huyendo de un cangrejo normal y corriente.

Me encontré con la mamaloi Inhidra apoyada en la barandilla del puente, mirando el río como si pudiera leer en él el futuro. Vestía de forma un tanto estrafalaria, pero esta vez se había dejado en casa los huesos y amuletos, y no llevaba la cara pintada de blanco. Me costó reconocerla por eso, pero me di cuenta que era ella cuando fijó la vista en mí. Me apoyé en la barandilla del puente a su lado. El agua del río estaba turbia, espesa, como si arrastrara algo más que barro.

—Me han dicho que te has enfrentado a un Caparazón Negro murmuró, sin que sonara a  pregunta.

—¿Así se llaman esas cosas?

Así los llamo yo. Hay quien los llama Xh’thaggrul, si lo prefieres.

Caparazón Negro está bien.

El viento sopló fuerte. Inhidra cerró los ojos un instante, como si escuchara algo que yo no podía oír.

—Otra cosa se acerca. Algo mucho más antiguo y terrible que los Caparazones Negros. Os encontrareis en el puerto, a esta misma hora, dentro de exactamente una semana, y te matará. He pensado que querrías saberlo.

Sentí un escalofrío por la convicción con la que lo decía.

¿Cómo puedes estar segura?

Me lo han dicho los loas. Tu los llamarías espíritus. Para mi son dioses.

¿Y nunca se equivocan tus loas?

El destino puede cambiar, pero solo si ellos aceptan interceder. Puede que lo hagan por ti si te consideran digno.

¿Y que he de hacer para que me consideren digno?

Ella sonrió. Una sonrisa triste, casi compasiva.

Puedes jurar sobre todo aquello que consideres sagrado que, dentro de una semana, a esta hora, acudirás al muelle donde te enfrentaste al Caparazón Negro, para afrontar tu destino.

¿Sabiendo que voy a morir?

La mayoría de los loas aprecian el valor. Quizá eso les impulse a interceder por ti en ese momento y en el futuro. O quizá dentro de una semana ni te recuerden y te dejen morir. Son loas. No podemos aspirar a entenderles.

Se apartó de la barandilla.

Toma una decisión, detective. Hazlo ahora, mientras ellos todavía te prestan atención.

Investigación a 17+. Reducida a 12+ por haber superado cinco de las seis pruebas previas de esta semana.  Primer intento: Lupa, Linterna, 2, 2, 1. Segundo intento (repitiendo todos los números) Lupa, Linterna, 6, 5, 1. Lo dejamos así y pasamos la prueba con Investigación 12 y un sexto punto de locura.

Diles a tus loas que allí estaré y afrontaré mi destino sea el que sea.

No hace falta que se lo diga, Miller. Ellos te han oído y comenzó a caminar calle abajo.

Espero que no se os esté haciendo muy repetitivo o pesado. Al supeditar la historia a las ilustraciones del calendario en el mismo orden en que fueron puestas, reconozco que la historia está quedando un tanto forzada y parece que no avanza mucho. Di un vistacito rápido a las paginas siguientes y las ilustraciones son cada vez más variadas, así que algo haremos al respecto. Seguiremos el próximo domingo para ver que tal le van las cosas a Miller.   

Hasta entonces podéis repasar el caso desde el inicio pulsando aquí

sábado, 14 de febrero de 2026

EL GUERRERO DEL ANTIFAZ (nº 48 a 49) Duelo en altamar

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, nobles caballeros y damas.

Nos encontramos en plenas fiestas de Moros y Cristianos de Campanar, (una antigua alquería medieval a día de hoy integrada en la ciudad de Valencia) que se celebran del 1 al 19 de febrero, en honor a la Virgen de Campanar. Durante estos días se combinan actos religiosos, actividades culturales, mercados artesanales, correfocs y conciertos, y naturalmente un desfile de Moros y Cristianos, que suele celebrarse a mediados de mes, normalmente un sábado por la tarde. 

Es una fiesta a pequeña escala comparada con otras de la región, pero destaca por su calidez y cercanía con el público… y en este caso la calidez y cercanía no son solo afectivas sino literales. Las calles de Campanar son estrechas, casi no hay distancia de separación entre las comparsas y el público asistente, y esto hace que los surtidores de llamas y regueros de chispas que van dejando a su paso los correfocs suelan provocar pequeñas quemaduras tanto en unos como en otros. Pero después de todo ¿qué es una pequeña quemadura al año? ¿Nos hemos vuelto tan frágiles los españoles como para quejarnos por eso?

Además, el fin de semana del desfile suele coincidir con varios espectáculos de fuegos artificiales… pero no detonando estos en el cielo, sino a nivel de calle, para quemar a los asistentes un poco más😁🔥

No hay ninguna batalla histórica asociada a Campanar, porque este pasó de manos musulmanas a cristianas en 1238 sin luchar. Sus habitantes por aquel entonces (una mezcla de árabes, bereberes, muladíes y mozárabes) simplemente se rindieron sin oposición, como los de muchas otras pequeñas poblaciones de la región. Pero la fiesta se celebra igual, como recordatorio de toda la campaña de Valencia. Y como de costumbre, aprovechamos otra fiesta de Moros y Cristianos para reseñar algunos números más de este comic ambientado en la Reconquista.

La encerrona (nº 48). El combate prosigue en el campamento de Zeyad. El Guerrero derrota a la escolta de la Mujer Pirata y la captura de nuevo, conminando a sus hombres a rendirse. La Mujer Pirata no da la orden porque presiente que el Guerrero no será capaz de hacerle daño y que, por tanto, sus amenazas son vanas. Sin embargo, Zeyad llega hasta ellos y no se anda con tantos remilgos. Al ver cómo este alza la espada dispuesto a ejecutarla, da al fin la orden de rendición a su tropa. Al Bassi se marcha con los supervivientes en busca del rescate pactado.

Zeyad teme que, una vez paguen el rescate y recuperen a su capitana, los piratas les ataquen de nuevo. Así que envía jinetes a reunir a sus otros campamentos, que se encuentran dispersos por la zona. En el que están ahora es solo uno de ellos, pero todos juntos superan en número a las tripulaciones de la Mujer Pirata. Lo que necesita es hacer tiempo, alargarlo lo más posible. El canje le da la oportunidad de que sus nómadas se reúnan. Propone al Guerrero unirse a él también, pero este se niega debido a sus otras obligaciones. Lo que sí hace es renunciar a la galera Esmeralda; las naves piratas son más rápidas y le darían alcance en poco tiempo. En su retirada, los nómadas pasarán cerca de Roca Gris, donde el Guerrero acordó reunirse con el Pirata Negro.

Cuando los piratas traen el rescate, Zeyad cuenta el oro pieza a pieza. Tarda dos horas en hacerlo ante la impaciente mirada de sus rivales. Son dos horas más de tiempo que está dando a sus nómadas para que acudan al campamento.

A continuación, los piratas llevan al Guerrero hasta la playa para hacerle entrega de los prisioneros de la Esmeralda. De nuevo, este habla personalmente uno por uno con cada uno de ellos para alargar el proceso. Así descubre a Mozafi entre los galeotes. Recordemos que este personaje fue un general de Alí Kan que se enamoró de Zoraida. Se enfrentó por ella tanto con Ixem como con el Guerrero, además de traicionar Alí Kan, y debido a una serie de circunstancias terminó como esclavo de galeras de Yeir Kan.

Tras dar largas a los piratas durante otro par de horas, todos se reúnen en el campamento de Zeyad. La Mujer Pirata cambia de manos y ella y sus hombres fingen retirarse en paz, mientras que Zeyad y sus nómadas, junto con el Guerrero y sus compañeros rescatados, marchan hacia Roca Gris.

Su camino les lleva a través de un largo y estrecho desfiladero. Los piratas aprovechan entonces para atacarles, pero esto era lo que los nómadas esperaban. Los hombres de Zeyad, que han ido acudiendo, no se han unido a él, sino que acechan en las cimas del desfiladero. Cuando los piratas se adentran en el estrecho paso persiguiendo a los nómadas, una intensa lluvia de piedras cae sobre ellos. Al mismo tiempo, un grupo de los nómadas recién llegados bloquea la entrada, cortándoles la retirada, y el grupo del Guerrero se da la vuelta para enfrentarlos.

Atrapados en el estrecho desfiladero, muchos de los piratas son alcanzados por las rocas. La Mujer Pirata tropieza con una de ellas y pierde el sentido al caer al suelo. Al Bassi se rinde en su nombre viendo perdida la situación. Zeyad y los nómadas se alejan al fin de la zona de la costa que frecuentan los piratas, mientras el Guerrero y los cautivos españoles siguen su camino hacia Roca Gris.

La rebelión de los piratas (nº 49) En los Gelves, la base del Pirata Negro, este se prepara para llevar a Beatriz, don Carlos y el grupo mayor de prisioneros liberados a costas españolas. Esperando la oportunidad para ocupar su puesto, su lugarteniente Hassan ha ido alentando el disgusto del resto de piratas. Sus hombres están cada vez más molestos con él por su intención de liberar a los prisioneros cristianos en lugar de cobrar una recompensa por ellos, porque esto significa que no van a obtener ningún beneficio por sus recientes combates.

Cuando llegan hasta Roca Gris y ven que el Guerrero aguarda en la playa junto con más mujeres rescatadas y los galeotes liberados (¡aún más cristianos a bordo!), deciden que ya han soportado bastante. La tensión en la flota es evidente y el Pirata Negro intenta cortar de raíz el inminente motín antes de que estalle. Desafía a Hassan, el cabecilla evidente de los descontentos, y rápidamente los partidarios de uno y otro empuñan sus armas y se enfrentan sobre la cubierta.

El Pirata Negro, con la ayuda del Guerrero, Fernando y un puñado de leales, logra derrotar a Hassan y los suyos. Sin embargo, el combate ha estallado también en los otros barcos de la flota, donde los leales al Pirata Negro son minoría y los cristianos no están armados. Al final, el único barco de la flota sobre el que el Pirata Negro retiene el control es en el que se encuentra él mismo.

Derrotado Hassan, él y unos pocos amotinados supervivientes saltan al mar y llegan a nado hasta otro de los barcos. No contento con el resultado de este conflicto, el Guerrero espera a que ambos barcos acorten distancias y salta de uno a otro para tratar de capturar a Hassan.

Paralelamente a esto, la Mujer Pirata se reúne con el resto de su flota. Emisarios de Olián, a bordo de uno de estos barcos, le informan de las intenciones de su señor de huir de la Península Ibérica y que está dispuesto a pagarle bien por hacer el traslado en sus barcos. Esto hace que la Mujer Pirata abandone temporalmente la persecución del Guerrero.

Por otra parte, en España, el falso Guerrero ha llegado a las tierras de Olián llevando con él a Ana María. Sabe que cuando Olián capitule ante los cristianos, lo cual es algo inminente, estos se asegurarán que los musulmanes no se lleven con ellos a prisioneros cristianos como esclavos, por lo que Ana María no puede ser retenida allí. Lo que hace es dejar a su prisionera en manos de Cimbra, una bruja que vive en una cueva junto con unos cuantos lobos amaestrados, y luego sigue su camino hasta el peñón de Olián para informar a su señor. 

Hasta que continuemos con los siguientes capítulos, puedes repasar los números anteriores en orden desde el primero pulsando aquí.  

Otras colecciones de Manuel Gago 

Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz

El Aguilucho

El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.