EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, ávidos lectores.
Esta es una novela bastante curiosa de un autor español que tenía idealizada… hasta que la leí. Sé que dicho así puede sonar mal, pero no va por ahí la cosa.
La tenía idealizada porque en uno de los libros del colegio con los que estudié siendo niño aparecía un fragmento de este libro que en su momento me fascinó. Describía a un hombre en una cueva, contemplando ocho puertas y obligado a escoger una para continuar. Siete llevan a trampas letales y otra a la salvación. Su única pista, una orquesta de músicos autómatas al estilo de El abominable Dr. Phibes, en la que uno de los ocho puestos de los músicos está vacío.
No solo me fascinó porque describía un entorno extraño y un enigma aún más extraño, sino porque, al ser solo ese fragmento, al carecer de contexto, el enigma que describía era aún mayor. ¿Quién era esa persona? ¿Dónde estaba? ¿Qué hacía allí? ¿Qué le ocurrió luego? Durante muchos años recordé el fragmento pero no el libro al cual pertenecía, hasta que leyendo El misterio de la isla de Tökland me encontré de nuevo metido en esa cueva.
La novela nos habla de una pequeña y abrupta isla del Índico, alquilada por un extraño individuo llamado Anastase Kazatzkian. La isla ha sido convertida en un gigantesco laberinto, un dédalo de cámaras repletas de trampas y pruebas de lógica e ingenio. Kazatzkian anuncia al mundo que quien consiga recorrer íntegramente el laberinto superando todas las pruebas de las salas por las que pase recibirá cinco millones de dólares. Aventureros, científicos, periodistas y curiosos de todo tipo acuden a Tökland, unos por el dinero y otros por el desafío.
Entre ellos está Nathaniel, que supera la prueba de los siete músicos y las ocho puertas. Pero, en lugar de continuar adelante, se retira voluntariamente. Nathaniel es periodista y considera que su deber (y su mejor oportunidad de sacar fama y dinero del asunto) es revelar cuál es el secreto de las pruebas a sus lectores, como una noticia más, dado el revuelo que todo el asunto del laberinto de la isla de Tökland ha provocado a escala mundial.
Nathaniel se alía con Cornelius, otro de los participantes que está dispuesto a hacer trampas con tal de ganar. Cornelius recorre el laberinto manteniéndose en contacto en secreto con Nathaniel y un equipo de especialistas mediante un microcomunicador que mantiene oculto. Este equipo externo va analizando las pruebas y enigmas con los que se encuentra Cornelius y le ayuda a resolverlos. Ningún otro participante logra avanzar más allá de unas pocas salas. El laberinto está expresamente diseñado para que las posibilidades de superarlo ajustándose a las reglas establecidas sean tan ínfimas que, en la práctica, son inexistentes. Es cierto que los protagonistas son unos tramposos, pero también el propio desafío lo es. Después de todo, un juego sin posibilidades razonables de ganarlo deja de ser un juego y se convierte en una estafa.
... o tal vez no, porque si la única forma de superar todas las pruebas es haciendo trampas, entonces la norma de que cada participante debe superar las pruebas por sí solo es otra de las trampas del laberinto, la trampa de la «ley injusta». Perder el miedo a desobedecer las leyes injustas es, en realidad, otra más de las pruebas a superar en Tökland.
Aquí se introduce el concepto del «Universo Sur», que aparece también en otras obras del autor. El Universo Sur es un estrato abstracto de la mente que aúna tanto conocimientos ancestrales como pensamiento lateral, premoniciones y un nivel superior de comprensión. Una especie de nirvana mental. El laberinto no está diseñado para ser superado siguiendo las reglas, sino para que nadie pueda superarlo obedeciéndolas. Su finalidad no es premiar al más fuerte ni al más inteligente, sino identificar quién es capaz de romper el marco del desafío, cuestionar la estructura del juego y encontrar soluciones fuera del pensamiento convencional. El propio nombre de este estado mental sugiere eso. En nuestra tradición occidental, el norte es la guía, el punto de referencia en la brújula que permite orientarse y avanzar con seguridad. Decir que alguien ha “perdido el norte” significa que está desorientado, que es incapaz de hacer las cosas bien o encauzar su vida. Por eso el Universo Sur es el lugar donde se llega cuando uno deja de ir obcecadamente hacia el norte, si se da cuenta que ir al norte no le permite avanzar más.
Kazatzkian no busca a alguien lo bastante inteligente, ingenioso o afortunado para superar sus pruebas, sino a alguien que entienda que en ocasiones el sistema (llámese a este reglamento, leyes, costumbres, mentalidad, etc.) necesita ser desobedecido para romper el estancamiento que le impide avanzar y mejorar. El laberinto no está hecho para ser ganado siguiendo las reglas. Está hecho para comprender que la rigidez de esas reglas son lo que impide ganar. Cada enigma es una provocación diseñada para tentar al concursante a que busque una forma de resolverlo alternativa a la permitida. El verdadero desafío no es ni resolver las pruebas ni romper las reglas porque sí, sino ayudar a entender al jugador por qué unas y otras existen, y hasta qué punto es razonable ceñirse a ellas ciegamente.
Kazatzkian quiere que la humanidad evolucione, no a nivel físico sino mental, pero esto no es algo que se pueda lograr a base de lecciones colectivas que se fuerce a estudiar a todo el mundo. Cada individuo debe llegar a ese punto por sí mismo, hasta que poco a poco, por un medio u otro, este modo de pensar más libre, más inquisitivo, más dispuesto a cuestionar lo establecido (y no para destruirlo, sino para mejorarlo) sea lo que termine imperando. ¿Qué toda la inversión multimillonaria que ha hecho remodelando la isla de Tökland solo consigue provocar este efecto en un solo hombre? Bueno, pues ya será uno más en el mundo que alcanzará este estado mental, y cuantos más haya, más será influido el mundo por ellos.
O al menos eso es lo que he entendido yo, porque el final es bastante ambiguo y todo queda muy en el aire. El shock mental que sufre Cornelius al despertarse en él este Universo Sur borra de su memoria gran parte de lo acontecido en el laberinto. Y en la última etapa de este ya había perdido la comunicación con el equipo del exterior, por lo que los conocimientos concretos que descubre no se nos revelan ni él mismo guarda recuerdo de ellos, pero su mente igualmente queda elevada, queda en ese estrato de conocimiento y comprensión superior del Universo Sur. Se sugiere (o, de nuevo, eso es lo que entendí yo) que la humanidad necesitará alcanzar ese estrato de conocimiento porque el espíritu humano ha comenzado a extinguirse. Al haber explorado ya todo el planeta y quedarle cada vez menos enigmas por resolver, con un mundo ya totalmente cartografiado, con todas las leyendas que en el pasado atemorizaron a la humanidad y también despertaron su imaginación ya descartadas, el espíritu humano se muere. De ser exploradores natos los humanos se están convirtiendo en simples animales abotargados, atrapados en su propia monotonía.
El siguiente desafío de la humanidad es el universo físico, las estrellas y los planetas que hay más allá de los límites de nuestro mundo, pero antes debe dominar su universo interior. Y, del mismo modo que Cornelius, habiendo descubierto los secretos de la isla, puede abandonar esta voluntariamente, cuando la humanidad alcance este Universo Sur estará preparada para ir más allá de las fronteras que le impone el propio planeta y empezar a esparcirse por el cosmos, dando pie a una nueva era de investigación y exploración que reavive su espíritu aventurero.
¿O será que lo he entendido todo mal y el libro no trata de nada eso? Bueno, es posible. Leedlo y sacad vuestras propias conclusiones.
Y sobre lo que dije al principio, eso de que tenía el libro idealizado hasta que lo leí, es simplemente porque el fragmento que venía en el libro de texto escolar era la prueba de los ocho músicos y las siete puertas, que es, con diferencia, la mejor de todas. Cuando empecé a leerlo y me di cuenta de que El misterio de la isla de Tökland era de donde se había extraído este fragmento que se me quedó grabado en el cerebro durante tantos años, pensé que me iba a encontrar con un montón de pruebas igualmente fascinantes e ingeniosas. Pero resulta que todas las otras están por debajo de esta: o las soluciones son muy forzadas, o carecen de sentido, o están resueltas de forma mucho menos elegante que esta primera. Eso fue lo que me decepcionó del libro, en realidad.
Hay también otros detalles que no me han gustado, y creo que este es uno de esos casos en que ser algo más breve lo mejoraría, porque condensaría todo lo bueno en lugar de dispersarlo. Pero en general lo considero una lectura bastante interesante.
El misterio de la isla de Tökland. 1978. Joan Manuel Gisbert (texto) Antonio Lenguas (ilustraciones). Publicado en 1988 por Espasa-Calpe & Planeta DeAgostini.




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