EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, ávidos lectores.
Cuando no se me ocurre nada en particular sobre lo que escribir, lo que hago es mirar en el calendario de fechas especiales si hay alguna celebración activa que me sirva de inspiración.
Es algo a lo que recurro cada vez con mayor frecuencia, lo cual probablemente sea mala señal. ¿Debería hidratarme más para que no se me seque el cerebro? ¿Debería hacerme unos cuantos agujeros en el cráneo para que se ventile mejor? ¿Bastará con dormir media hora extra cada noche? ¿Éstas preguntas son lo suficientemente estúpidas para planteármelas precisamente hoy? Bueno, pues espero que sí, porque he mirado qué fechas se celebran el 28 de septiembre y una de ellas es el Día de preguntar cosas estúpidas. Contrariamente a lo que el nombre parece indicar, en este día se anima a la gente a preguntar cualquier cosa sobre la que tenga dudas, aunque la pregunta pueda sonar estúpida.
Así que estuve buscando alguno de los bolsilibros que tenía a mano cuyo título incluyese una pregunta. A ser posible una pregunta estúpida, pero me vale con que incluya una pregunta. Entre los que tenía disponibles he seleccionado este. En la portada vemos un planeta que tiene colgado en su anillo de asteroides un letrero de «A la venta», que me ha parecido magnífico. Y aparte, la nave en primer plano no es otra cosa que el Ave Fénix de Gatchaman/Comando G, en color amarillo.
La portada es llamativa, desde luego, y el título parece adecuado para el propósito de hoy, así que vamos a ver si encontramos a alguien que nos conteste a la pregunta de «¿Quién compra un planeta?». Yo no porque ya tengo uno y no sabría que hacer con otro, pero quizá alguno de vosotros esté interesado en este en particular.
La historia comienza con una joven y elegante señorita llamada Paula Gander entrando en la oficina de Aquiles Potter, que es agente de ventas… en el más amplio sentido de la palabra, puesto que hace de intermediario entre un comprador y un vendedor sin importar lo que sea que estos quieran comprar o vender. Pueden ser propiedades comunes, metales valiosos, terrenos, antigüedades, incluso personas. Para cualquier cosa que alguien quiera vender y otro esté dispuesto a comprar, él hace de intermediario, asegurándose de que ambos reciban el trato más justo posible. Y naturalmente, llevándose un buen porcentaje del valor total de la venta.
La señorita Gander tiene algo que vender, algo con lo que Potter no ha trabajado hasta ahora: un planeta completo. Se trata de un planeta que un antepasado suyo, explorador espacial, descubrió y del cual tomó posesión legal. Un mundo al que llamó Mardonia y que es básicamente otro planeta Tierra, similar en tamaño, gravedad, atmósfera, y porcentajes de tierra firme, agua dulce y agua salada. Habitable, pero no habitado, salvo por la fauna y flora local, que son también similares a las del planeta Tierra, aunque no idénticas.
Miss Gander no sabe qué hacer con el planeta, salvo venderlo, así que acude a Potter para que él se encargue de buscar un comprador capaz de pagar por él una cantidad adecuada. Si bien es algo a lo que nunca se ha enfrentado, Potter acepta encantado el trabajo, ya que incluso el 2 %, que es el porcentaje que suele cobrar, supondrá una cantidad multimillonaria para una venta de esa envergadura, si consigue colocárselo a alguien. Sin embargo, esa misma noche recibe una videollamada de Gander, que le indica que ya ha vendido por su cuenta el planeta a una persona a la que conoció fortuitamente y que aceptó pagar incluso por encima de la cifra más alta que ella tenía en mente. Aun así, quiere agradecer a Potter el haber aceptado el caso en primer lugar y le transfiere una cierta cantidad de dinero que, si bien no es ni de lejos lo que él esperaba cobrar como comisión, sí es una cantidad bastante alta, teniendo en cuenta que ni tan solo ha llegado a mover un dedo todavía para gestionar la venta.
Justo antes de que la comunicación se corte, Potter ve al fondo de la pantalla a un hombre al que reconoce. Es Jenks, un agente de ventas como él, pero que tiene fama de operar al margen de la ley demasiado a menudo. Esto intranquiliza a Potter, pero, puesto que la venta ya está hecha, él no tiene ya nada que hacer al respecto.
Pasa un año y Potter prácticamente se ha olvidado del asunto, hasta que una noche, paseando por la calle regresando de una cita que ha salido mal, ve cómo una mujer se acerca a él tambaleándose, vestida con harapos como una mendiga y andando como si estuviera borracha. La mujer se derrumba sobre él al pasarle por al lado y solo cuando la atrapa para evitar que caiga al suelo se da cuenta de que se trata de miss Gander. Rápidamente la lleva a un médico de confianza, el cual confirma que no tiene nada grave, solamente desnutrición y anemia, pero provocadas por un motivo muy concreto. Son síntomas de dosis muy altas y continuadas de cierto suero de la verdad.
Cuando Gander se recupera totalmente, una semana después, le confirma a Potter lo que este ya sospechaba: que la venta de Mardonia se produjo estando ella bajo la influencia de una fuerte dosis de suero de la verdad, que también la obligaba a obedecer cualquier orden recibida. Básicamente, vendió el mundo por un precio acorde con el de la propiedad, para que todo fuera legal, pero a continuación firmó otro documento en el que reinvertía todo el dinero obtenido en la COPERN, una asociación creada por el propio comprador de Mardonia y dedicada, en teoría, a la exploración y explotación de los recursos del planeta. Básicamente, devolvió todo el dinero que había recibido por el planeta a cambio de unos beneficios futuros que probablemente nunca llegarán a sus manos. El gran problema es que todo el papeleo fue redactado con gran cuidado para que fuera legal. Lo suficientemente legal, al menos, para que ella no pueda reclamarle nada al nuevo dueño del planeta.
Potter comienza su propia investigación y, como parte de la misma, se liga a la esbelta secretaria de las oficinas de la COPERN. Obtiene varios favores de ella, entre estos algo de información, pero no la que más le interesaba sobre los tejemanejes de la empresa, sino sobre la implicación de su jefe en la distribución del psicom. Esta es una planta alucinógena legal que se vende como alimento, pero que los propios médicos desaconsejan por posibles efectos secundarios todavía no debidamente comprobados. Su origen es desconocido (secreto comercial, como la fórmula de la Coca-Cola), pero parece tener tendencia a ser adictiva y a provocar, entre otras cosas, vejez prematura.
Por su parte uno de los socios de la COPERN, contrata a un asesino profesional para que Potter deje de meter las narices en sus oficinas y en sus secretarias. El asesino utiliza un arma bastante peculiar. Se trata de un fusil de francotirador que lleva microteletransportadores adosados en cada una de las balas, de forma que, al ser disparadas, estas saltan al hiperespacio, desmaterializándose y viajando por un plano vacío hasta llegar a pocos centímetros del blanco, donde vuelven al plano en el que fueron disparadas, asegurándose así de que nada de lo que haya interpuesto entre el cañón del arma y el objetivo pueda detener la bala, ni aunque sea de pura casualidad.
Convengamos que es un arma muy rebuscada. Pero bueno, en eso consiste en gran parte la ciencia ficción: en imaginar cómo podrían ser las cosas en el futuro. Sin embargo, si bien el arma que emplea el asesino es bastante peculiar, no lo es menos la contramedida que emplea su blanco: un campo de repulsión que detiene la bala en el aire cuando esta se materializa e invierte su rumbo, haciendo que regrese por donde vino, vuelva a meterse en el cañón del fusil de francotirador y choque contra la siguiente bala que este había amartillado por si fallaba la primera. Las dos balas, al chocar de frente, estallan como microproyectiles, reventando el arma y convirtiendo al asesino en una nube de sangre y trocitos de carne y hueso. Más tarde nos explican que esta contramedida es una especie de campo de fuerza específico para estas balas de hiperespacio que Potter tiene rodeando el jardín de su casa. Y ahora mismo, comprar un planeta no, pero una de estas barreras, si las tienen de las que además de balas hiperespaciales repelen los mosquitos, me compro una mañana mismo.
El caso es que, como legalmente no parece que puedan hacer nada contra la COPERN, Potter y Gander deciden personarse en Mardonia para tratar directamente el asunto con Jenks, que está ahí junto con un grupo de hombres para iniciar la explotación de los recursos del planeta. Tan pronto llegan al planeta y abandonan la nave reciben una lluvia de explosivos. Varias tandas de misiles, en lotes de seis, caen sobre ellos, destruyendo la nave. Afortunadamente tienen tiempo suficiente para alejarse antes de que esta estalle. Habían traído mucho material con ellos, incluso vehículos todoterreno y tiendas de campaña, además de armas y provisiones. Pero no cuentan con tiempo más que para salir, básicamente con lo puesto y con un fusil que Potter agarra en el último segundo.
No tienen más remedio que iniciar la búsqueda del campamento de Jenks y sus hombres a pie, en un viaje de varios cientos de kilómetros. Duermen donde encuentran un mínimo de resguardo y Potter utiliza el fusil para pescar al estilo de Resident Evil 4, disparando desde la orilla a los peces que cometen el error de nadar demasiado cerca de la superficie. De hecho, hay un momento en el que Gander está bañándose desnuda en un lago mientras Potter dispara contra los peces de ese mismo lago para comérselos luego, y creo que podemos convenir en que es una escena un tanto extraña, pero también original. Original, sobre todo, porque esta escena, en cualquier otro bolsilibro, sería el momento adecuado para que un monstruo local, probablemente con grandes tentáculos, hiciera acto de aparición para atrapar a la chica y que el tipo del fusil fuera a rescatarla. Pero aquí no. Aquí el tipo del fusil lo que hace es disparar contra unas cuantas percas para asarlas más tarde, mientras la chica se baña tranquilamente. Es una de las roturas de cliché de bolsilibro más flagrante que me he encontrado hasta ahora, pero precisamente eso es lo que la hace tan llamativa.
Durante ese largo camino hacia el campamento de Jenks hacen un par de descubrimientos: la hierba común de ese planeta es precisamente el psicom, esa planta de origen desconocido y propiedades alucinógenas que se ha vuelto tan popular en la Tierra. También comprueban que el planeta ya tiene una raza nativa inteligente, muy primitiva, pero como mínimo equivalente a los humanos de la Edad de Piedra. Esto invalida cualquier título de propiedad sobre el planeta, puesto que las leyes generales de la galaxia establecen que, si un planeta ya tiene una raza que pueda considerarse inteligente, por primitiva que sea, el planeta pertenece automáticamente a ellos y, por tanto, ni Gander ni Jenks pueden reclamar derechos sobre este.
Potter y Gander continúan avanzando hasta encontrar el campamento, pero son inmediatamente capturados. Cuando, tras un poco de relleno, los delincuentes se disponen a ejecutarlos, el campamento es atacado por un montón de estos nativos, que lanzan sobre edificios y personal enormes rocas, aplastándolo todo. Potter y Gander logran salvarse milagrosamente y entonces se encuentran con que los nativos son dirigidos por una pareja humana de edad avanzada. Estos resultan ser el antepasado de Gander, descubridor del planeta, y su esposa.
En realidad, desde que llegaron allí, ellos nunca abandonaron el planeta. Fueron sus hijos los que lo hicieron y llevaron a cabo todas las gestiones necesarias para adjudicarles la propiedad del mismo. Su larga longevidad se debe precisamente al consumo de la hierba psicom, que tiene la propiedad de alargar la vida cuando es comida fresca. Sin embargo, todo el procedimiento de empacado y conservación necesario para que llegue siendo aun comestible a otro planeta hace que la hierba pierda esa propiedad y mantenga únicamente su naturaleza alucinógena. De hecho, no solo pierde la propiedad de retrasar enormemente el envejecimiento, sino que provoca el efecto contrario, acelerándolo.
El último capítulo me sobra un tanto porque, estando ya solucionado todo lo importante, Jenks y varios de sus hombres que sobrevivieron al ataque de los nativos son detenidos por las autoridades de un planeta cercano, el asunto sale a la luz y se les celebra un juicio. Todo el último capítulo es ese juicio, con los respectivos abogados haciendo sus alegaciones y presentando pruebas. Y la verdad, ponerte eso después de la batalla final se hace bastante aburrido.
Por otra parte, el verdadero final sí tiene un pequeño toque de originalidad. Naturalmente, Gander y Potter se han enamorado durante su periplo y, estando en un planeta en el que la vida es mucho más larga y tranquila, deciden no establecerse en él. A Potter se le hace demasiado aburrida una existencia muy larga y sin problemas y, cuando manifiesta su deseo de marcharse de allí, Gander indica que ella simplemente le seguirá a donde vaya. Los personajes abandonan así esa especie de gigantesco invernadero de marihuana de la eterna juventud que ha resultado ser el planeta y regresan a la Tierra, a seguir lidiando con todos sus pequeños problemas cotidianos.
Y bien… bastante irregular. Tiene pasajes que se me hicieron aburridos pero otros que me han gustado bastante. Me gusta, por ejemplo, que la premisa inicial del planeta en venta no se haya quedado solo en el título, porque esto es algo que hacían de vez en cuando los bolsilibros; poner un título muy llamativo que luego era meramente anecdótico. Encuentro gracioso que los protagonistas se apelliden Potter y Gander (muy parecido a Granger) aunque esto es obviamente una mera casualidad, siendo este bolsilibro dieciséis años anterior al primer titulo de la famosa saga de la Sra. Rowling. La escena de la pesca de percas a tiro limpio (una mujer desnuda bañándose en un lago de un planeta alienígena y un hombre armado en la orilla pegando tiros al agua) es una invitación al tópico del monstruo acuático, pero nos lo niegan. Y esto demuestra algo que muchos escritores no parecen tener en cuenta, que para ser originales no hace falta inventar una situación que jamás se haya visto; basta con resolver una situación convencional de una manera que nadie esperaría. Y el final simplemente me encanta. Gander le plantea a Potter quedarse viviendo eternamente en Mardonia, disfrutando de una existencia paradisíaca y sin preocupaciones, y este básicamente le responde «pues qué aburrimiento ¿no?».
Y relacionada con este final, y ya que estamos en el Día de preguntar cosas estúpidas, ahí va una pregunta más para terminar ¿Qué es más importante, vivir mucho tiempo, o aprovechar bien el tiempo que te toque vivir? Yo, por si acaso voy a escribir un poco más hoy, a ver que me sale.
Puedes ver otro libro de este autor pulsando aquí.
¿Quién compra un planeta? 1981. Clark Carrados [Luís García Lecha] (texto) Miguel García (portada). La conquista del espacio nº 591. Editorial Bruguera S.A.

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