EL ORÁCULO DE LAS VISIONES ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por... Pecky.
¡Saludos, amigos cinéfagos!
Hoy es dieciséis de agosto, Día Mundial del Ron, y estaréis de acuerdo
conmigo en que, estando en verano y siendo el Día Mundial del Ron, lo que
corresponde es una peli de piratas.
Y no una cualquiera. Para esta ocasión especial
me he decantado por El pirata negro, un clásico del cine mudo que además
puede alardear de ser la primera película de piratas (y la segunda de la historia) filmada a color. Para nuestros estándares actuales, la calidad de imagen es terrible y la paleta de colores muy limitada. Pero el color en esa época era un proceso tan extremadamente caro que solo se había utilizado en unas
pocas ocasiones, para resaltar las escenas clave de algunas películas. Para el año en que se filmó, hacer una película de más de hora y media íntegramente en color (la anterior película totalmente a color no llegaba a los cincuenta y cinco minutos) suponía un esfuerzo financiero equivalente al
de filmar una superproducción de doscientos millones de dólares en la actualidad.

Además, tenemos a Douglas Fairbanks en el papel principal. Podríamos
definir a Douglas Fairbanks como el Errol Flynn antes de Errol Flynn, uno de
esos actores de aventuras que lo tenían todo: atlético, ágil, carismático y tan
expresivo que solo con su gesticulación se le entendía más a él en sus películas de cine mudo de lo que
se entiende a muchas personas a día de hoy cuando las oyes hablar.
La película comienza con una tripulación pirata saqueando un barco.
Matan a todos los que se resisten y atan en cubierta a los que se rinden.
Estos, al ver que los piratas los están amarrando y preparándose para marcharse
después de haber saqueado su barco, piensan que los van a abandonar allí. Uno
de ellos se las apaña para quitarse un anillo y tragárselo, por miedo a que
algún pirata se fije en el anillo y se lo quite antes de marcharse.
El capitán de los piratas se fija en este detalle y ordena a uno de sus
hombres que lo abra en canal con un cuchillo y le saque el anillo del estómago.
La escena en sí no se nos muestra (recordemos en qué año estamos), pero sí
vemos cómo el pirata que recibe la orden se
marcha empuñando un cuchillo y vuelve con este ensangrentado y con el anillo en la mano, que le entrega a su capitán.
En realidad van a matarlos a todos. Lo de amarrarlos a la cubierta es
solamente una especie de broma cruel. Los que se rindieron lo hicieron con la
esperanza de que se les perdonaría la vida, pero una vez están todos firmemente
amarrados ven cómo los piratas esparcen pólvora por todos lados y la prenden
antes de marcharse. El barco estalla, hundiendo con él a los
pobres desgraciados que sobreviven a la explosión. No a todos, en realidad, porque un hombre y su hijo sobreviven y logran
llegar a nado hasta una playa desierta. Allí el padre sucumbe a sus heridas,
entregándole al hijo un anillo con un sello familiar como prueba de su
identidad. El hijo (Fairbanks) lo toma no solo como el único legado que su padre es capaz
de dejarle, sino como una implícita promesa de que lo vengará.
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La oportunidad de hacerlo va a presentarse antes de lo que él mismo
esperaba. La isla a la que las caprichosas corrientes le han arrastrado es la
misma que elige el capitán de la tripulación pirata que les atacó para enterrar
una parte sustanciosa del botín al día siguiente. Junto con su lugarteniente y cinco de sus
hombres llega hasta ella en un bote, llevando un gran cofre de oro y joyas, y
lo esconde en una gruta a la que solo se puede acceder sumergiéndose
en un lago.
Tras poner a buen recaudo el tesoro, el capitán decide matar a sus
hombres y así se lo indica a su lugarteniente. Sacan de un morral cinco pistolas que ya tenían cebadas y preparadas para matar a
los cinco hombres. De hecho, el capitán le transmite sus intenciones al
lugarteniente diciéndole «Los muertos no cuentan cuentos», una frase que terminaría volviéndose icónica cuando se hizo referencia a ella, a modo de homenaje a esta película,
en dos de las entregas de Piratas del Caribe.
Sin embargo, no llegan a llevar a cabo su plan porque aparece nuestro
superviviente, que todavía no sabemos cómo se llama. En realidad nos vamos a
referir a él como Pirata Negro, ya que es el nombre que le da la película.
Aunque el ataque de los piratas a su barco tuvo lugar hace apenas unas horas,
él se acerca confiadamente a ellos con la seguridad de que no le van a
reconocer. Esto no se explica, pero
podemos suponer que no fue uno de los hombres capturados y amarrados a la
cubierta, sino que él y su padre lograron esconderse en algún lugar, en alguna
bodega o tras algún falso panel que hizo que no llegaran a encontrarse con los
piratas en ningún momento.
Él supone, acertadamente, que esos mismos piratas son los que atacaron
su barco hace unas horas y que han llegado aquí a enterrar su botín. Para los
piratas, él es simplemente un náufrago, puesto que están seguros de haber
matado a todos los tripulantes del barco que abordaron.
Para ser aceptado en su grupo, el Pirata Negro reta al más fuerte de ellos
a un combate. Es el propio capitán el que lo acepta, y ambos se enzarzan en un
largo duelo a espadas que termina con el Pirata Negro matando al capitán. No solo
eso, sino que promete a los piratas que el próximo barco que aborden se
encargará él solo de tomarlo sin ayuda de nadie.
Así lo hace, subiendo a bordo del siguiente barco con el que se cruzan desde un pequeño bote, fingiendo
ser un pescador. Sin ayuda de nadie se las apaña para bloquear la pala del
timón, subir a los palos y volver a bajar por las velas, rasgándolas de arriba
abajo con un puñal, en una secuencia que sería posteriormente imitada incluso
por Sloth en Los Goonies.
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Con el barco privado de su timón y velas, y
por tanto de toda su capacidad de maniobra, este es fácilmente capturado por
los piratas.
Estos pretenden hacer lo mismo con este barco que con todas sus presas
anteriores, lo mismo que hicieron con el barco del Pirata Negro: amarrarlos a los tripulantes en cubierta y volarlo por los aires para que se hundan junto con los
restos. Entre los pasajeros hay una mujer joven a la que van a perdonar la vida. En realidad le espera un destino peor que la muerte casi instantánea que aguarda a los otros, pues los piratas están echando a suertes quién
va a violarla primero.
Buscando un modo de impedirlo sin delatarse, el Pirata
Negro les convence de que la mujer es una princesa y que el rescate que se
pagará por ella, si la devuelven intacta, será monumental. Además, todos los
prisioneros serán perdonados y enviados en su barco a entregar la nota, como muestra de que
son de fiar y no harán daño a la princesa. De este modo, el Pirata Negro se gana
la confianza de los piratas, salva la vida de los tripulantes del mercante y el honor de la mujer con
la misma jugada.
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La plaza de capitán ha estado vacante mientras los piratas decidían
quién sería su nuevo líder. El Pirata Negro, al haber capturado un barco por sí
solo, junto con la promesa del enorme botín que van a recibir a cambio de la
princesa, es suficiente para que la mayoría lo aclamen como su nuevo capitán.
El lugarteniente del antiguo capitán no está muy contento con esto, ya que
quiere el puesto (y la mujer) para sí mismo. Finge aceptar, pero ordena en secreto a uno de
los piratas (uno no especialmente inteligente) que vaya él también en el barco
mercante que irá a pedir el rescate y lo haga explotar para hundirlo. No le importa el oro del rescate: lo que
quiere es el poder. Y si el rescate prometido nunca llega, podrá acusar al Pirata Negro de haberlos engañado y tomar su puesto.
Por su parte, el Pirata Negro escribe una petición de rescate por la
supuesta princesa, que entrega al capitán del barco y a sus hombres, a los que
dejan marchar. Además de la nota de rescate, le entrega en secreto otra nota en
la que solicita al gobernador que envíe tropas en lugar de un rescate, para
acabar con la tripulación pirata. Acompaña la nota junto con el anillo que le
entregó su padre, que es la prueba de su linaje noble. La suya es, al parecer,
una familia estimada por el gobernador de las islas.
El barco se aleja llevando
inadvertidamente al pirata-no-especialmente-inteligente con él. Cuando ya hay
suficiente distancia entre ambos, este hace
estallar un barril de pólvora en la bodega… sin pensar en que él mismo no tiene dónde ir cuando el
barco se hunda. El barco se va a pique junto con toda la tripulación que el Pirata
Negro intentó salvar, y también junto con su plan de acabar con los piratas.
Mientras tanto, el lugarteniente descubre al Pirata Negro tratando de
llevarse a la dama en un bote, en mitad de la noche. Da la voz de alarma y
ambos son capturados. El lugarteniente lo señala como traidor delante de todos
y la tripulación, enfurecida, decide lanzarlo al mar maniatado, tras el clásico
paseo por la tabla. Un anciano pirata manco que considera al Pirata Negro el
mejor capitán al que ha servido, se las apaña para cortar sus ligaduras a
escondidas antes de que lo arrojen al mar. Gracias a esto, el Pirata Negro, que se
hunde como una piedra cuando cae al mar, bucea por debajo del barco y se aferra a la pala del timón hasta que la cubierta se despeja. Entonces logra
ganar la costa más cercana a nado y corre él mismo a avisar al gobernador.
Al día siguiente, todos los piratas están congregados en torno al reloj
de a bordo. Aquí la película comete un error de bulto: el reloj de a bordo es
solar, lo cual carece de sentido en un barco, que ni tan solo cuando está
anclado puede considerarse una posición fija y estable. El caso es que se ha
cumplido el plazo para recibir el rescate y este, habiendo sido destruido el
barco que tenía que informar que la princesa había sido capturada, naturalmente
no aparece. El lugarteniente da la orden de zarpar y reclama a la mujer como suya.
Pero justo entonces, el Pirata Negro reaparece al frente de las tropas del
gobernador en una chalupa, un tipo de bote a remos largo, sin mástiles y con un
solo cañón situado a proa. Al contrario que los grandes barcos de guerra de la
época, que tenían los cañones situados a las bandas y disparaban de lado, las
chalupas estaban pensadas para disparar de frente su único cañón al avanzar contra el enemigo, y al mismo tiempo presentar un escaso
perfil para evitar ser impactadas.
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Aun así, las tropas con las que cuenta el Pirata Negro son muy inferiores a
las de los piratas, y vemos que en cuanto estos empiezan a disparar sus
baterías de cañones, la chalupa se hunde rápidamente. Sin embargo, esto es una
táctica planeada por el Pirata Negro: la chalupa estaba preparada para ser
desfondada por sus propios tripulantes en cuanto comenzaran a disparar contra
ellos, para simular de este modo que habían sido alcanzados, y que los piratas
se confiaran y bajaran la guardia.
En cuanto la chalupa se hunde, todos sus tripulantes fingen ahogarse,
pero lo que hacen es bucear hasta el barco pirata, pasar por debajo de este y
subir trepando por la banda contraria. De hecho, respecto a esto, he de decir
que los hombres que acompañan al Pirata Negro no tienen para nada aspecto de
soldados. Sus ropas no se parecen a las de ningún ejército regular de la época. No se explica nada al respecto porque, al ser una película muda, la mayor parte de
la información que recibimos es visual. Y la impresión que me da es que no son soldados, sino que podría
tratarse de pescadores de perlas, acostumbrados a bucear a pulmón libre a gran
profundidad y a contener la respiración mucho tiempo. La pesca de perlas
eran un oficio habitual en las islas del Caribe y del Pacífico, y se podría
justificar que un gran número de hombres dedicados a ésto le acompañase si estaban organizados en
gremios.
Los “soldados” que acompañan al Pirata Negro en la chalupa no llevan
uniformes, ni insignias, ni los colores propios de ningún ejército colonial, y
tampoco portan armas reglamentarias. Sus ropas son ligeras y prácticas, más
propias de trabajadores del mar que de infantería naval. Además, se desplazan bajo el agua con soltura. Cuando ascienden por
la banda del barco pirata, lo hacen con la naturalidad de quien está
acostumbrado a trepar desde el mar a una embarcación como parte de su día a
día.
Y puede que esto último sorprenda a mucha gente, pero es un hecho documentado que nadar era una habilidad rara en esta época, incluso entre tropas que solían ir embarcadas. Cuando un soldado caía del barco y soltaba todas
sus armas para no hundirse, se volvía prácticamente inútil para el combate
porque además quedaba apartado de este hasta que lograra volver a subir a
bordo, si es que lo lograba. Nadar era algo en lo que no se instruía a los
soldados de tierra, y la mayoría no sabían hacerlo. Únicamente las dotaciones
propias de los barcos sabían nadar porque a menudo tenían que echarse al mar
para revisar el casco desde fuera o hacer reparaciones de emergencia. Pero esto
es solo especulación mía, porque la película no aclara nada al respecto.
El Pirata Negro y sus hombres abordan el barco pirata y el lugarteniente y
el resto de la tripulación son derrotados tras una larga lucha. La dama queda
finalmente a salvo y el Pirata Negro, junto con los pocos piratas que
permanecieron leales a él, recibe a bordo al gobernador. Este les revela entonces que la dama, a quien el Pirata Negro hizo
pasar por una princesa, sí es una princesa en realidad. Y a ella le revela que el Pirata Negro es un duque, que se había infiltrado entre los piratas para buscar
la forma de destruirlos desde dentro.
El Pirata Negro venga así a su padre, recupera su identidad y
declara su amor a la princesa, ya que, naturalmente (ya sabéis cómo funcionan
estas cosas), ambos se han enamorado perdidamente del otro durante su terrible
periplo.
Vista a día de hoy es una película que sabrá a poco a la mayoría, pero como todo, esto hay que tratar de verlo desde la perspectiva, mentalidad y medios de la época en la que se hizo para ser capaz de valorarlo adecuadamente.
The Black Pirate. 1926. Jack Cunningham, Douglas Fairbanks (guion) Albert
Parker (director). Douglas Fairbanks, Sam De Grasse, John Wallace (actores
principales). Billie Dove (actriz principal). The Elton Corporation &
Technicolor Motion Picture Corporation.