MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

lunes, 11 de mayo de 2026

DIARIO DE JOHN MILLER del 4 al 10 de mayo de 1926

   Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Publicamos el lunes nuestro suplemento del domingo! ¡Lea aquí todos los humillantes detalles de nuestra incompetencia editorial! 


Bueno, en realidad lo único que pasa es que no pude tenerlo a tiempo para publicarlo ayer, así que lo hago hoy 😅 

No pensaba tomarme tan en serio esto del Diario de Miller. Mi intención inicial era hacer reseñas mucho más cortas, pero al estar basándolo en ilustraciones puestas al azar tengo que hacer malabarismos para darles una mínima coherencia. Eso me obliga a dar muchos rodeos y no poder cerrar ninguna de las subtramas que se van abriendo, porque no se cuando se volverá a reaprovechar una de las imágenes que estoy empleando como marcadores de cuando hay que seguir extendiendo cada una de estas tramas. El estar además llevando a cabo las tiradas y modificando la historia base que me voy inventando según si las paso o las fallo también hace que no pueda planear nada con demasiada antelación.

Así que voy a hacer una pequeña trampa y darle un vistazo a las páginas de los meses que quedan para ver cual es el día en que se emplean por última vez determinadas ilustraciones, para así poder ir encaminando las subtramas relacionadas con ellas hacia finales lógicos de una forma más natural. 

No sería necesario hacer esto si no hubiese empezado a crear una historia mínimamente coherente a partir de ellas, pero ya que he empezado seguiré alargando esto el tiempo que pueda. Se me esta haciendo muy cuesta arriba porque hay un limite a la cantidad de veces que uno puede inventarse otro fragmento más de historia tomando como base una ilustración que ya te ha aparecido diez veces... y que probablemente aparecerá veinte veces más de aquí a final de año. Solo pido disculpas por anticipado a los que estén siguiendo esta historia por si en algún momento la abandono por falta de ideas, hastío o estar dedicando mi limitado tiempo en este mundo a otra cosa 😅 

Por otra parte, cada mes se incorpora una nueva regla especial al juego. Pero la de mayo no afectaba a este hasta ahora, así que os la explico en este momento.

La regla especial que se aplica de mayo en adelante es la siguiente: algunas casillas muestran dos símbolos en lugar de uno, además de la cifra de dificultad y otros factores que puedan influir, como la locura mínima para que la dificultad no se incremente. Estas casillas en las que aparecen dos símbolos tienen también el dibujo de una bomba, indicando que el peligro que afronta Miller en esos días no es una pista que investigar, un rastro que seguir o un combate convencional que librar, sino una trampa o una emboscada. Para salir bien librado de ella, además de superar la cifra de dificultad, hay que obtener ambos símbolos en la tirada de dados.

Hasta ahora bastaba con obtener un símbolo lanzando dos dados, habiendo dos símbolos de cada tipo en cada dado. Ahora, sin embargo, no basta con obtener uno: hay que obtener los dos, lo cual aumenta bastante la dificultad. Lo bueno de esto es que se nos indica que estos encuentros son trampas o emboscadas, lo cual me da algo más de variedad a la hora de explicar lo que está ocurriendo.

El fragmento de historia oficial que se nos ofrece también nos indica que Miller está extendiendo su investigación al subsuelo de la ciudad, así que incorporaremos esto a nuestra propia historia.


LUNES, 4 DE MAYO DE 1926

Hoy he vuelto al edificio de la redada. No sé por qué. Quizá porque algo en mí no terminaba de creer que lo hubiéramos limpiado del todo. Quizá porque, después de ver cómo el Sacerdote Mayor se nos escurría entre los dedos, necesitaba comprobar con mis propios ojos que no había dejado nada importante atrás.

El caso es que he vuelto. El edificio seguía acordonado, pero a estas alturas mover una valla con el escudo del ayuntamiento es algo que no me va a quitar el sueño. El eco de la redada seguía allí: muebles volcados, casquillos en el suelo, manchas que preferí no examinar demasiado… Subí y bajé por las escaleras sin rumbo fijo, como si esperara que algo se revelara solo. En la planta baja, detrás de un armario que me dio por mover porque era uno de los pocos que no habían quedado volcados, encontré una trampilla de hierro. Abrí la trampilla y bajé por una escalera estrecha.

La linterna iluminó un pasillo bajo, con paredes de ladrillo desnudo y tuberías que goteaban. Avancé despacio. El suelo estaba cubierto de una película viscosa que se pegaba a las suelas. No tardé en ver de dónde venía.

La criatura apareció al fondo del pasillo, doblando lentamente una esquina. Era gelatinosa, rojiza, como una gran masa de sangre a medio coagular. Tenía tentáculos cortos y gruesos que se arrastraban por el suelo dejando surcos húmedos. No tenía ojos, pero cuando la luz de mi linterna la alcanzó, se estremeció como si la hubiera notado de algún modo. Era muy lenta, así que mi primera opción fue retroceder. O intentarlo, al menos. Al darme la vuelta, vi que otra criatura similar estaba extendiéndose para cortarme la retirada, saliendo de un agujero de la pared.

Las cosas se agitaron, alzando los tentáculos como si tantearan el aire. Avanzaron hacia mí con un sonido húmedo, como un saco de vísceras siendo arrastrado por el suelo. Disparé dos veces contra la que me cerraba el paso de vuelta a la escalera. Las balas entraron en la masa gelatinosa y quedaron atrapadas dentro, flotando como insectos en ámbar. Revólver descartado. Tenía un par de cartuchos de dinamita encima, pero la idea de hacer saltar en pedazos esa masa de gelatina y que su grumos me llovieran encima no me atraía en absoluto. ¿El diapasón? Parecía ser solo efectivo contra seres inmateriales. Había logrado desorientar con él a un murciélago gigante, pero esa masa gelatinosa ni tan solo parecía tener oídos. ¿Qué más llevaba encima?

Trampa de Investigación & Combate a 10+. Primer intento: Linterna (doble), 6, 3, 2. Segundo intento (repitiendo símbolos, el 6 y el 2): Lupa, Revólver, 3, 3, 2. Tercer intento (repitiendo todos los dados de números): Lupa, Revólver, 6, 4, 1. Obtenemos Investigación & Combate 11 y superamos la trampa a costa de acumular un punto de locura. Teniendo en cuenta la naturaleza del encuentro, ese toque de demencia parece hasta adecuado.

¿Quizá la petaca? No sé por qué, pero tenía la impresión de que, al ser una criatura gelatinosa, el brebaje que preparó Madrivana y que llevaba conmigo en la petaca sería lo más efectivo. Fue un tiro a ciegas. Saqué la petaca y le di una rociada a una de las criaturas como si estuviera derramando sobre ella agua bendita. La criatura se detuvo, tembló y empezó a deshacerse con un fuerte siseo. En cuestión de segundos se convirtió en un charco espeso que olía a salmuera.

Había rociado a la que me cortaba el paso hacia la escalera, pero me volví y comprobé que la otra también se estaba disolviendo. ¿Era una sola criatura capaz de extenderse a través de huecos en las paredes para cortarme los dos extremos de un pasillo? Me quedé allí un momento, respirando hondo hasta que el ser terminó de licuarse. Luego subí las escaleras y dejé abierta la trampilla. El tufo de esa cosa al disolverse era nauseabundo. Mejor dejar que el lugar se ventilara antes de seguir explorándolo.

No sé si debo decírselo a O’Maley. Sus hombres no están preparados para algo así.


MARTES, 5 DE MAYO DE 1926

Hoy he tenido que enfrentarme a otra de las criaturas de Calder. Y aunque ya he visto unas cuantas, esta ha sido distinta. Peor, en cierto modo. No por peligrosa, sino por lo que sugería.

Había ido a la Universidad para hablar con Crane sobre los documentos que le dejé el lunes, pero el chaval estaba tan enterrado en papeles que decidí no interrumpirlo. En lugar de eso, di una vuelta por los edificios antiguos del campus a ver si todo seguía como en mi época de estudiante. Hay un almacén de suministros médicos detrás del pabellón de anatomía, un lugar que lleva cerrado desde antes de que yo naciera. Lo recordaba porque, hace años, un profesor me contó que allí guardaban material quirúrgico que ya no cumplía las normas. Desde entonces, nadie lo ha reclamado. Ni siquiera los ladrones. Supongo que ni los delincuentes quieren cargar con cajas de bisturís oxidados y frascos de formol.

La puerta estaba entreabierta en lugar de cerrada con un candado. Era la primera vez que la veía así, y me acerqué a echar un vistazo. Las estanterías estaban torcidas, algunas caídas, y el suelo estaba cubierto de vendas viejas y cajas aplastadas. Por la disposición de las zonas limpias en medio del mar de polvo que lo llenaba todo, estaba claro que alguien había estado allí hace poco y se había llevado algo.

Y también había dejado algo. Un golpeteo húmedo e irregular provenía de una caja de zapatos nueva colocada en el suelo, en el centro aproximado de la sala. Algo estaba abriéndose paso a través del cartón, quizá reaccionando a mi presencia allí.

Era una de las ratas reanimadas de Calder, cómo no. El cuerpo parecía estar peleando consigo mismo. Cada músculo tiraba en una dirección distinta. Las patas se movían sin coordinación. La cabeza daba sacudidas espasmódicas una y otra vez. Salió de la caja de cartón y miró alrededor. Su vista quedó fijada en mí. Estaba claro que me había visto, pero no parecía saber qué hacer con esa información. Me acerqué despacio. La rata se irguió sobre sus patas traseras. La boca se abrió y cerró sin ritmo ni propósito. No percibí hostilidad en ella, solo dolor. Pero ese tipo de dolor que no puede expresarse de otra forma más que haciendo daño a otros.

Su muerto cerebro se dio al fin cuenta de esto y se lanzó hacia mí. Yo ya tenía el tablón de una estantería suelta en las manos. No quería disparar dentro del recinto universitario si no era del todo imprescindible, y una rata muerta más era algo que podía manejar sin recurrir a eso.

Combate a 7+. Incrementado a 8+ si no tenemos al menos un punto acumulado de locura o conocimiento de Mitos, que lo tenemos. Primer intento: Lupa, Revólver, 6, 5, 1. Segundo intento (repitiendo el 6 y el 1): Lupa, Revólver, 5, 3, 2. Obtenemos Combate 10 y nos deshacemos de la rata reanimada.

Saltó, pero fue un movimiento torpe, desviado, como si solo la mitad de su cuerpo hubiera recibido la orden. Prácticamente se lanzó sola al encuentro del tablón que yo estaba empuñando como un bate. La estampé contra la pared de un tremendo golpe. Cayó al suelo y empezó a arrastrarse de nuevo hacia mi. Avanzaba empujada por una fuerza que probablemente ella misma no entendía ni controlaba. La golpeé varias veces más con el tablón hasta que dejó de moverse.

Salí del almacén con el estómago revuelto por la idea de que Calder está trabajando tan cerca de la Universidad y además va abandonando a sus criaturas allá por donde pasa. Quizá cree que así mantiene alejada a la gente del rastro que va dejando. Quizá es su forma de tratar de cubrir sus huellas. Para mí, es como un rastro de miguitas de pan.


MIERCOLES, 6 DE MAYO DE 1926

Hoy he ido a ver al padre Arden. No por nada urgente, sino porque necesitaba hablar con alguien y él siempre está disponible. De hecho, parte de su trabajo es hablar con la gente. Fui a una hora en la que sabía que estaría en su pequeño despacho de la sacristía.

Lo encontré revisando unos papeles. Su despacho es tan austero como él: una mesa, dos sillas, una cruz de madera en la pared y una estantería llena de libros viejos.

—Miller —dijo al verme—. ¿Vienes por confesión o por información?

—Por conversación —respondí, sentándome sin esperar a que me invitara.

Hablamos un rato de cosas triviales. De la redada. De los agentes heridos. De la señora Hargrove y su empeño en convertir su mansión en un bastión. Arden escuchaba con esa calma suya que a veces me irrita y otras me tranquiliza. No sé cómo lo hace.

Mientras hablábamos, mis ojos se fueron a la estantería. Allí, entre tratados de teología, manuales de exorcismo y libros de historia eclesiástica, vi un volumen grueso, encuadernado en cuero oscuro. El lomo decía: «Las Cruzadas: Crónica de los Caballeros de Dios».

Sentí un escalofrío al recordar al caballero con armadura que vi en mi última visita a las Tierras del Sueño. La armadura brillante… la barba blanca… la espada sostenida como un crucifijo. No había llegado a saber quién era, pero ahora, viendo ese libro, viendo a Arden sentado frente a mí con las manos tranquilamente entrelazadas sobre la mesa como si las apoyara en el pomo de una espada invisible, empecé a unir puntos.

Investigación a 9+. Primer intento: Revólver, Lupa, 6, 4, 2. Segundo intento (repitiendo el 6 y el 2): Revólver, Lupa, 5, 4, 3. Obtenemos Investigación 12 y pasamos la tirada.

—Padre —dije al fin—. Tengo que preguntarle algo.

—Dime, hijo.

—El pasado domingo, en el Mundo Onírico… vi a alguien. Un hombre con armadura. Un cruzado. Estaba ayudando a Evelyn y a Inhidra a construir esa fortaleza de la que le hablé en una ocasión. Y… —miré el libro— …creo que era usted.

Arden asintió despacio.

—Sí, Miller. Era yo.

No lo dijo con orgullo ni con vergüenza, sino limitándose a constatar un hecho.

—No lo elegí —añadió—. Nadie elige su forma en las Tierras del Sueño. Allí no somos lo que queremos ser, sino lo que realmente somos… o lo que aspiramos a ser… o lo que fuimos alguna vez. El ego se expresa sin máscaras.

Me quedé en silencio. No sabía qué decir.

—Me sorprendió tanto como a ti —continuó—. No esperaba verme así. No me considero un guerrero. No desde hace mucho tiempo. Pero el sueño… el sueño no miente. Allí, cada uno lleva la armadura que su alma ha forjado.

—¿Y por qué no me lo dijo? —pregunté.

Arden sonrió.

—Porque no era importante en ese momento. En este conflicto, Miller, cada uno de nosotros está descubriendo quién es en realidad.

No supe qué responder. Me levanté para irme. Arden me acompañó hasta la puerta.

—Miller —dijo antes de que saliera—. Siempre que necesites hablar, ya sabes dónde encontrarme. En este mundo y en el otro.


JUEVES, 7 DE MAYO DE 1926

La Zapatería Norton está en el 112 de Pickman Street. Es el nombre y la dirección que aparecían en la tapa de la caja de zapatos que vi en el almacén de la Universidad. En mi trabajo hay que fijarse en ese tipo de detalles y tomar nota de ellos. La caja de zapatos se veía muy nueva. Quizá Calder simplemente tomó la caja vacía de algún callejón y la utilizó, pero existía la posibilidad de que la hubiese comprado él mismo recientemente. Puede que fuera solo agarrarse a un clavo ardiendo, pero en ese momento era mi mejor clavo ardiendo.

Me presenté en la zapatería. Un local completamente normal. Hablé con el dependiente, que me atendió deshecho en sonrisas. Le expliqué que un amigo mío me había mostrado unos zapatos que había comprado recientemente aquí. En un lateral de la caja de zapatos había visto también indicado el modelo, la talla y el color, y los cité como parte de la conversación. El dependiente frunció el ceño, pensativo, y me dijo:

—Ah, sí, el señor Colbert. Se llevó ese modelo la semana pasada. ¿Es usted médico también?

Ajá. Colbert. Calder se creía una especie de dios dando vida a los muertos. La gente con un ego tan desmedido y tan pagada de sí misma nunca altera demasiado su nombre. Siempre que utiliza un nombre falso, utiliza un anagrama de su nombre verdadero o un nombre lo más parecido posible al real. Necesitan decirle al mundo que en el fondo son ellos. Y el comentario de si yo también era médico era casi una confirmación de que se trataba de la persona que buscaba. Continué hablando con el dependiente de forma casual; hay muchas maneras de sonsacar la información a la gente más allá del simple interrogatorio. 

Me probé un par de zapatos tras otro. Aproveché para preguntarle si hacían entregas a domicilio, porque en ese momento tenía que ir a otro lugar y no podía estar todo el día cargando con una caja de zapatos debajo del brazo. El hombre me contestó que no había ningún problema con ello, solo tendría que pagar un pequeño monto extra para el mozo que tienen de recadero para estos casos. Cuando me preguntó la dirección, le dije que los enviara a casa del señor Colbert, que los recogería allí porque estábamos trabajando juntos en un proyecto y pasaba en su casa la mayor parte del día.

El dependiente hizo memoria antes de preguntar:

—¿El 48 de Garrison Lane, cierto?

—Correcto —dije, pagando el par de zapatos y tomando nota mental de la dirección.

Salí antes de que me hiciera más preguntas y me dirigí a todo correr a Garrison Lane. Resultó ser una casa de alquiler. Las cortinas estaban echadas y no se veía movimiento en el interior. Llamé una vez. Otra. Nadie respondió. Forzar la entrada no fue difícil. La cerradura era vieja y estaba más para decoración que para seguridad. 

El olor me golpeó al entrar. Una mezcla de formol, sangre y algo dulzón y rancio que me revolvió el estómago. La sala principal había sido convertida en un pequeño laboratorio improvisado. Había frascos alineados en una mesa plegable, probetas con líquidos turbios, tubos de vidrio, jeringuillas, vendas manchadas... En un balde metálico lleno de hielo había varios trozos de cuerpos: un antebrazo, parte de un torso, una mandíbula. Calder no estaba allí. Pero había estado. Y hacía poco. El hielo apenas había comenzado a derretirse. 

Estaba aún examinando el balde cuando escuché un gruñido detrás de mí. Me giré justo a tiempo para ver cómo un perro grande, mestizo, de pelaje oscuro, emergía de debajo de un montón de sábanas ensangrentadas. Tenía los ojos en blanco, pero no miraban a ninguna parte. Movía la cabezota de un lado a otro, como olfateando o tratando de orientarse.

Combate a 8+. Incrementado a 9+ si no tenemos al menos un punto de locura o conocimiento de Mitos, que lo tenemos. Primer intento: Linterna (doble), 4, 3, 2. Segundo intento (repitiendo símbolos): Revólver, Lupa, 4, 3, 2. Obtenemos Combate 9 y pasamos la tirada.

Disparé una vez. La bala le atravesó una de las patas delanteras, pero el perro ni se inmutó. Siguió avanzando, arrastrando la pata rota, con la mandíbula abierta y la lengua colgando como un trapo. Disparé de nuevo y esta vez le di en la cabeza. El animal se derrumbó. Algún vecino me gritó a través de la pared que había llamado a la policía para que me encerraran por andar pegando tiros dentro de casa.

Arramblé con todos los diarios y cuadernos que encontré para llevárselos a Elliot, que al chaval se le da bien eso de contrastar datos. De no haber sido por el perro me habría quedado dentro de la casa a esperar a Calder, pero si la policía estaba ya en camino no había nada que hacer. 

Justo cuando salía por la puerta casi me di de bruces con un mozalbete que llevaba una caja de zapatos bajo el brazo y tenía una mano levantada, como preparándose para llamar al timbre.

—¿El señor Colbert?— preguntó casi en tono de desafío.

—No está en casa. Soy su hermano. ¿Eres el repartidor de la Zapatería Norton? Ya me dijo que estaba esperando algo.

Aquello pareció tranquilizar al mozo. Me entregó la caja y le di unas monedas de propina, con lo que se marchó contento. Y yo también. Después de todo, necesitaba unos zapatos nuevos tras haber estado andando por ese sótano pringoso el lunes. 


VIERNES, 8 DE MAYO DE 1926

Hoy he vuelto al Mundo Onírico sin haberlo planeado. Me quedé dormido en la silla de la oficina, con los cuadernos de Calder sobre la mesa. Cuando abrí los ojos estaba de pie en el patio de una fortaleza blanca hecha de grandes bloques de mármol que emitían una leve fosforescencia. Era de noche y una gran luna llena blanca destacaba en el cielo. Desde una de las almenas me observaba un gato negro. De pronto miró directamente hacia la luna, saltó y ascendió en dirección a ella hasta desaparecer. Supe, con ese conocimiento extraño que se tiene en los sueños, que el gato se había trasladado hasta la luna, y no con demasiado esfuerzo, como si fuera algo natural en él. Segundos después otro gato descendió desde la luna hasta una de las torres. Este era un calicó.

Desde otra de las almenas alzó el vuelo Evelyn en su forma de búho. Alcé mi brazo y se posó en él sin que sus garras me produjeran daño alguno. Batió las alas una vez, como saludo, y sus ojos dorados refulgieron con intensidad.

«Has venido» dijo su voz en mi cabeza mientras su pico de búho emitía un ligero ulular.

—No tenía intención de venir —respondí—. Solo me he quedado dormido.

«Yo te he llamado. No estaba segura de si funcionaría».

No supe qué contestar. Evelyn extendió las alas y levantó el vuelo. La seguí. Salimos de la fortaleza y vagamos por las Tierras del Sueño durante algunos días.

«La torre negra se está reconstruyendo» dijo Evelyn mientras avanzábamos. «El Sacerdote Mayor ha perdido fuerza desde la redada, pero no ha dejado de trabajar. Está reconstruyendo la base de la torre, pero debe estar haciéndolo desde el Mundo de la Vigilia. Yo he estado vigilando la torre desde aquí, y no ha habido actividad desde este lado».

Le expliqué que había regresado al escondrijo de la secta y que ahí tampoco había nadie. El Sacerdote Mayor no había regresado por ahí. Y tampoco parecía que lo hubiese hecho ningún cultista. Le hablé de lo que encontré en el sótano y de cómo me liberé de la criatura que allí acechaba y de mi intención de volver a seguir explorando el lugar.

Búsqueda a 11+. Primer intento: Linterna (doble), 4, 3, 2. Segundo intento (repitiendo el 3 y el 2): Linterna (doble), 5, 4, 3. Obtenemos Investigación 12 y pasamos la tirada.

Entonces, si ni el Sacerdote Mayor ni los cultistas están reconstruyendo la torre, ni en el mundo real ni en este, debe ser algo que hay en la propia torre. En esos sótanos que todavía no he terminado de explorar. En los cimientos. Hay algo que mantiene activo el lugar, un foco de poder que está reconstruyendo la torre por sí solo. De no ser así, la torre no estaría creciendo de nuevo.

Llegamos hasta la versión onírica de Arkham y pude observar por mí mismo que, efectivamente, la torre se está alzando de nuevo. Ya no se elevaba infinitamente hacia el cielo, pero sí tenía al menos cien metros de altura. Era más estrecha que antes y más irregular. Se torcía en una dirección y otra y parecía que fuera a caer en cualquier momento. Pero yo sabía que no lo haría por sí sola. En el Mundo de los Sueños, las leyes de la física no se aplican. La arquitectura es bizarra y no respeta geometrías. Una poderosa voluntad estaba sosteniendo la torre y haciéndola crecer pese a sus evidentes defectos de construcción.

Desperté sobresaltado, con el corazón acelerado y la sensación de que algo me había rozado la nuca justo antes de volver al mundo real. Definitivamente voy a tener que volver a ese sótano repugnante.


SÁBADO, 9 DE MAYO DE 1926

Regresé a la Universidad para ver a Elliot Crane. No esperaba gran cosa: el chaval es brillante y detallista, sí, pero también nervioso e inseguro. Sin embargo, cuando entré en la sala de estudio donde suele trabajar, lo encontré rodeado de papeles, con ojeras profundas y el cabello revuelto como si llevara horas tirando de él.

Búsqueda a 11+. Primer intento (tiramos en nombre de Crane para determinar si ha averiguado algo): Revólver, Linterna, 5, 4, 2. Obtenemos Búsqueda 11 a la primera y pasamos la tirada.

—Señor Miller —dijo al verme—. Creo que he encontrado algo. Algo importante.

Me mostró uno de los cuadernos que le dejé hace días. Había subrayado nombres, fechas, direcciones y llenado una hoja con anotaciones. Señaló una lista de nombres: comerciantes, profesores, un par de empresarios locales, un abogado, un médico.

—Todos ellos hicieron donaciones en los últimos tres años a una empresa llamada Blackstone Maritime & Company.

—¿Una empresa del puerto?

—No. No existe ninguna empresa llamada así. Lo sé porque fui a cuatro bancos diciendo que mi padre estaba planteándose invertir en acciones de esa compañía. En los cuatro consultaron sus archivos y me dijeron que no hay registro fiscal de una naviera llamada así, ni sede, ni empleados conocidos.

Crane tragó saliva antes de continuar.

—Y hay algo más. Un nombre que se repite como destinatario de informes, cartas y pagos. Doctor Heinrich M. Rausche.

Sacó un recorte de periódico amarillento. Un anuncio de una conferencia en Viena, de hace casi veinte años. El ponente era el mismo nombre: doctor Heinrich M. Rausche. El tema: «Arquitectura ritual y geometrías de resonancia en la prehistoria».

Rituales… resonancia… nombre europeo… conferencia en Viena… Ese era el tipo de hombre que podría haber cruzado el océano para dirigir un culto.

—Creo… creo que Rausche es el Sacerdote Mayor —dijo Crane, casi susurrando, corroborando mi sospecha. El chaval temblaba. Le puse una mano en el hombro.

—Buen trabajo, Elliot. Pero olvídate de esto por el momento. Seguro que has descuidado tus estudios. Céntrate en ellos de nuevo y no hables a nadie de este asunto.

Crane asintió, pálido pero decidido. No puso ninguna objeción cuando recogí todos esos cuadernos y papeles en los que había estado trabajando durante días para llevármelos. Al contrario, parecía aliviado de que lo hiciera. Y por eso no le endosé los cuadernos de Calder. Los había traído conmigo para entregárselos, pero estaba claro que el estudiante necesitaba un descanso. Demasiada gente estaba ya perdiendo la cordura por todo este asunto como para añadir uno más.


DOMINGO, 10 DE MAYO 1926

Tras revisar las notas que Crane me entregó, pasé parte de la noche del sábado y toda la mañana de hoy buscando variaciones del nombre real de Rausche en los registros de hoteles y pensiones de la ciudad. Aunque puede que hablar de «nombre real» sea decir demasiado.

En una de las hojas de notas que me pasó Crane había una anotación que me llamó especialmente la atención. Era el significado en alemán del nombre. La raíz Hein puede interpretarse como hogar, casa, dominio, reino o lugar protegido, mientras que la terminación Rich significa poderoso, gobernante, señor o rey y, en general, aquel que está al mando de algo. Heinrich podría interpretarse, por tanto, como «el gobernante del reino». El apellido Rausche también tiene un significado que parece demasiado adecuado para el líder de un culto como para ser algo casual. Tiene significados relacionados con susurros o sonidos bajos. También con vibraciones o interferencias. Incluso con la sensación de borrachera, frenesí o éxtasis. Se me pasó por la cabeza que un nombre como este podía tener dos explicaciones: o bien era también un nombre falso que él mismo se había puesto o bien (y este era el caso que más me preocupaba) que fuera el nombre real de una persona que desde su nacimiento hubiese sido dirigida por otros (quizá por sus padres, quizá por quienes lo criaron) para convertirlo en aquello que era a día de hoy.

Comprobando los libros de registro de los hoteles encontré uno, Hiram Chesne Rucher, que me llamó la atención por ser un anagrama perfecto de Heinrich M. Rausche. Subí las escaleras con el revólver ya en una mano y la llave maestra del hotel en la otra. Hay mucha gente ingenua que no sabe la diferencia entre un policía y un detective privado, y cree que los segundos tenemos la misma autoridad legal que los primeros cuando en el fondo solo somos civiles. Abrí la puerta y la empujé con cuidado.

Heinrich, o como se llamara en realidad, estaba de pie frente al espejo de vestir de cuerpo entero. Sus dedos dibujaban símbolos en el aire, como escribiendo letras invisibles. Su reflejo no coincidía del todo con sus movimientos; iba un segundo por detrás, como si el espejo mostrara una versión retrasada de la realidad.

Lo llamé por su nombre. Él se volvió con una expresión que jamás olvidaré: los ojos hundidos, febriles, y una sonrisa tensa, como si hubiera estado esperando exactamente este momento. De algún modo ya sabía que venía a por él. Antes de que pudiera reaccionar, su cuerpo se desdibujó y desapareció. El aire vibró y durante un par de segundos pude ver algo en el espejo que no era mi reflejo ni el de la habitación. Era otro lugar.

El espejo mostraba un paisaje imposible: un desierto oscuro bajo un sol moribundo, un cielo púrpura atravesado por nubes de aspecto tóxico y ruinas ciclópeas que se alzaban en la lejanía. Por todas partes vagaban criaturas bulbosas, rosadas, sostenidas por patas largas y finas como agujas. Se movían con torpeza y, sin embargo, había en ellas una ferocidad primitiva. No sé cómo lo supe, pero lo supe: aquello era el futuro remoto de la humanidad, un tiempo en el que el mundo real y el onírico se habían fundido, la magia había sustituido de nuevo a la ciencia y esas criaturas eran depredadores y carroñeros estupidos que vagaban guiados solo por instinto.

La visión duró apenas un instante, pero fue como si el espejo me hubiera transmitido no solo una imagen, sino también un fragmento de comprensión. Supe que ese mundo futuro se llamaba Zothique, aunque nunca hubiera oído el nombre. Supe que esas criaturas eran vermes, habitantes de tumbas y ruinas, y que uno de ellos me estaba viendo a mí del mismo modo que yo le veía a él, aun separados por miles de años de tiempo.

El espejo estalló cuando la criatura lo cruzó. Tenía el tamaño de un hombre. Quizá sus ancestros habían sido hombres. Sus patas se movían con un ritmo insectoide, pero el cuerpo parecía blando, casi líquido, como si estuviera hecho de carne sin una estructura de huesos ni un caparazón para sostenerlo. No tenía ojos visibles, pero aun así supe que me había detectado: se dirigió hacia mí con un movimiento espasmódico.

Combate a 16+, incrementado a 19+ por tener menos de tres puntos de locura o conocimiento de Mitos y reducido a 13+ por haber superado las seis pruebas anteriores de la semana. Primer intento: Revólver, Linterna, 4, 3, 3. Segundo intento (repitiendo ambos 3): Revólver, Linterna, 6, 4, 4. Utilizamos uno de los hechizos del grimorio para convertir el 6 en un 5. Obtenemos Combate 13 justito y nos libramos del punto de locura.

Disparé hasta vaciar el tambor al centro de la masa rosada, pero las balas desaparecieron en su interior blandamente. No parecía que le hubiesen hecho un daño significativo, pero podía ver los seis agujeros de los impactos claramente definidos en su carne. Sintiera dolor o no, tuviera o no órganos internos vitales, era un ser tangible cuya materia podía ser dañada. Saqué los dos cartuchos de dinamita que ya me he acostumbrado a llevar encima, los encendí con manos temblorosas mientras retrocedía hasta la puerta y se los arrojé cuando lo tenía ya tan cerca que estos chocaron con su cuerpo y cayeron al suelo delante de él. No me quedé a ver el resultado porque la explosión me habría volado en pedazos a mí también. Eché a correr por el pasillo.

El edificio entero se sacudió y una lluvia de escombros cayó a las calles mientras un conato de incendio se empezaba a extender por la vieja alfombra. Algunas personas se asomaron al pasillo tratando de entender lo que estaba pasando.

—¡Una explosión de gas! ¡Salgan del edificio! ¡Llamen a los bomberos! —fui gritándole a la gente a medida que me los cruzaba.

Dejé que algunos me adelantaran para salir del hotel mezclado con ellos y que el recepcionista no se fijase especialmente en mí. Bastante había dado ya el cante en ese lugar.

Si Heinrich es capaz de manipular la realidad y huir trasladándose de un lugar a otro instantáneamente, como aparentemente hizo para escapar de la redada y de nuevo para escapar del hotel, entonces estamos ante un enemigo mucho más peligroso de lo que nunca imaginé.

Podéis repasar desde el inicio los entresijos de este caso pulsando aquí


viernes, 8 de mayo de 2026

CUSTER

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Hoy vamos a darle un repaso a Custer, una obra de 1985 de Carlos Trillo y Jordi Bernet. Fue publicada originalmente por entregas en el cómic Zona 84 y posteriormente recopilada en un tomo único, que es el que veremos aquí. Este es todo el material existente sobre un personaje que considero lo suficientemente interesante como para haber merecido algo más de atención.

La historia que nos presentan puede parecernos familiar hoy debido a los programas de falsa telerrealidad, como Gran Hermano o La isla de los famosos, pero imagino que era un tema muy poco explotado cuando apareció este cómic. La protagonista, Custer, ha firmado un contrato perpetuo con una gran cadena de televisión: unas cámaras voladoras microscópicas, invisibles a simple vista, la seguirán durante las veinticuatro horas del día grabando todo lo que hace, para que su vida sea presentada al gran público en forma de capítulos. Como ocurre con la mal llamada telerrealidad, que inventa dramas donde no los hay, el contrato incluye cambios en su vida para que no parezca aburrida. Deben mostrarla como alguien aparentemente normal, pero que además es detective privada, mata delincuentes, resuelve casos y deshace entuertos, comportándose como una Humphrey Bogart femenina, cuando en realidad antes de firmar el contrato era una estudiante de teatro.

Custer es grabada continuamente por esas microcámaras, y las imágenes de su día a día son remontadas para presentarlas una semana después como una gran y dramática aventura de una hora de duración. Cada uno de los nueve episodios del cómic muestra un día en la vida de Custer, pero también cómo la cadena manipula las grabaciones para forzar la supuesta realidad que vende a su público, en favor de las cifras de audiencia.

El entorno de Custer es actual o muy ligeramente futurista. La sociedad está deprimida y asqueada por la pérdida total de intimidad, por la saturación de información y por unos medios que transmiten continuamente tonterías y mentiras. El suicidio es algo tan normalizado que existen zonas de la ciudad habilitadas para ello. Hay carreteras con desvíos específicos hacia callejones sin salida contra los que estrellarse voluntariamente a toda velocidad, y las vías del metro tienen un horario para saltar a ellas y ser atropellado sin entorpecer las horas punta de mayor tráfico. En uno de los capítulos vemos una pintada que incita a la gente suicidarse en espacios no autorizados por el Gobierno, como un acto de rebeldía y contracultura. 

Cuando se escribió y dibujó pretendía mostrar una degeneración social muy exagerada pero creíble. Y leído a día de hoy, con el auge de los creadores de contenido que hacen cosas como agredir a la gente por la calle como si fuera algo gracioso, los que arriesgan su vida por visitas a su canal o los que se autohumillan por likes y subscripciones, el futuro que nos muestra Custer no se ve tan lejano ni tan exagerado.

1. Llegada a Alphaville. En esta primera historia, Custer es contratada para liberar a un famoso cantante, Paul Joplin. Su contacto le indica dónde lo tienen retenido. No es una labor de investigación ni de negociación: lo que quieren de ella es que se cargue a los que lo han raptado y libere al cantante. Custer acepta sin demasiadas preguntas porque la cosa no va con ella.

Se presenta en el lugar que se le indica, que resulta ser un sótano en el cual tienen a Joplin encadenado a un poste. Sus raptores no son una banda criminal que busque obtener un rescate, sino una pandilla de admiradores. Las canciones de Paul Joplin tratan sobre autolesionarse y suicidarse y, al parecer, este grupo de fans se enteró de que él mismo había decidido suicidarse y lo raptaron para impedírselo. Cuando Custer se presenta, los adolescentes se apresuran a sacar sus propias armas, pero ella los abate a tiros sin ningún miramiento y suelta a Joplin de sus cadenas. 

Este, una vez recuperada su libertad, corre hacia la estación de metro más cercana y se arroja a las vías, siendo triturado por el tren.

Un detalle curioso que vemos aquí, y que será importante más adelante, es que Custer guarda en un viejo casete una grabación de frases que le dijo alguien llamado Theo. Por el momento no sabemos quién es ni qué pasó con él, pero todo apunta a que fue un antiguo amor que dejó una gran marca en ella. Custer aparentemente sigue enamorada de Theo y lleva consigo a todas partes ese casete y un reproductor portátil porque siente una verdadera necesidad de estar escuchando su voz grabada continuamente.

2. Peripecia en Metrópolis. Uno de los enlaces que Custer tiene con la cadena de televisión se pone en contacto con ella. Este le comunica que hay un joven que tiene la intención de hacerse el encontradizo con ella. La serie de la vida de Custer, que se anuncia como «La vida real de una mujer de hoy, seguida minuto a minuto en sus acciones, en sus palabras, en sus pensamientos», es el programa más popular del momento, y el representante de este joven, que quiere hacer carrera como actor o modelo, le ha recomendado que trate de salir en un capítulo.

Así pues, el joven ha contratado a una pandilla de maleantes para que finjan atacar a Custer. Después él aparecerá fingiendo rescatarla cual caballero de brillante armadura. De este modo saldrá en un capítulo de Custer, y eso será un gran empujón en su pretendida futura carrera. El caso es que el contacto de la productora le indica esto a Custer solamente para que lo tenga en cuenta. No le dice qué hacer al respecto; eso queda a su gusto. A la cadena le da exactamente igual que Custer mate a tiros a los tipos que finjan atacarla, que le parta la cara al jovenzuelo aspirante a famoso o que se acueste con él, ya que todo ello vale para elevar la audiencia.

Custer sale a pasear y, efectivamente, al meterse en un callejón es asaltada por una pandilla de chavales con navajas que la rodean. Entonces aparece el joven galán y se deshace de todos ellos a puñetazos mientras suelta una tras otra frases grandilocuentes y claramente estudiadas de cara a la cámara invisible que sabe que está siempre grabando lo que le ocurre a Custer y, por tanto, grabándole a él.

Tras poner en fuga a los maleantes, el joven espera algún tipo de agradecimiento o interacción por parte de Custer, pero esta se limita a aplaudirle con sorna y a dejarle claro que sabe por qué está haciendo todo eso. Sin embargo, cuando se dispone a marcharse, el joven la sigue y le dice que sí, que esa era su intención, pero que además de eso quería conocerla, porque al ver los capítulos de su vida en televisión siempre le ha dado la impresión de que ella está muy sola y muy triste. Custer se ablanda y se lleva al joven a su apartamento para acostarse con él, cosa que naturalmente también será grabada.

Pero vemos que Custer se coloca unos cascos conectados a un reproductor y le dice al joven que le gusta oír música para entonarse mientras hace el amor. El joven no oye la grabación, solo Custer lo hace, pero nosotros, como lectores, sí tenemos acceso a ella. Y no es música: es la voz grabada de Theo. Una última viñeta nos muestra la nota que será entregada junto con las grabaciones al equipo de montaje, en la que se indica a estos que deben sustituir la voz de Theo por música de Joplin para que de este modo el público tenga una percepción diferente de la realidad de Custer, haciendo ver que ella está abierta a otra relación (hay que darles esperanzas a sus seguidores masculinos), cuando en realidad solamente piensa en Theo en todo momento.

3. Confidencia en Fat City. Un teniente de policía llamado Maragatto se pone en contacto con Custer para que colabore en la detención de Little Caesar, un conocido criminal local. Maragatto le explica que eso será bueno tanto para ella (porque es material para su serie) como para él, puesto que la cámara lo grabará colaborando con Custer y eso hará aumentar la confianza del público en la policía de la ciudad. Algo a regañadientes, porque no ve el asunto claro, Custer acepta acompañarlo a detener a ese delincuente.

De camino se da cuenta de que hay alguien siguiéndoles: un hombre bajito, encorvado, que va tras sus pasos. Cuando se adentran en los callejones donde se esconde Little Caesar, Maragatto hace que sea ella la que llame a la puerta, porque al parecer Little Caesar está esperando a una prostituta, y el ver a una hermosa joven hará que se confíe. Efectivamente, el hombre, que al parecer no pierde mucho el tiempo con la televisión no la reconoce como la protagonista del show más popular del momento y le abre la puerta de par en par. En ese momento, Maragatto se deja ver desde donde estaba oculto y, sin darle al otro la más mínima oportunidad de rendirse, le dispara a la cabeza a bocajarro.

A continuación comienza a largar un discurso claramente preparado para las cámaras. Como el aspirante a actor del capítulo anterior, Maragatto sabe que Custer está siendo grabada continuamente y lo único que ha querido en realidad ha sido chupar cámara. Se atribuye a sí mismo, y no al Departamento de Policía, la investigación y «captura» del delincuente, y aún sigue hablando de sí mismo, dándose autobombo, cuando Custer se harta de él y se marcha.

Custer ve otra vez al hombre que los estaba siguiendo. Corre hacia él y lo detiene, preguntándole quién es y qué es lo que quiere. El hombre, que es prácticamente un anciano, se disculpa diciéndole que lo envía la cadena de televisión. Él es simplemente un escudo humano. Ese es el papel que tenía que hacer: su misión era interponerse entre Custer y el delincuente como si fuera un transeúnte que pasaba por ahí de casualidad si ella se veía implicada en un tiroteo. La cadena de televisión está preocupada por la seguridad de su estrella y, al parecer, tiene contratados individuos como este para que reciban las balas en lugar de ella. Quinientos dólares si interceptan una bala y son heridos, y mil a sus familiares si la bala los mata. El hombre se lamenta de no haber tenido la oportunidad de intervenir, ya que su familia está muy necesitada de dinero. 

En la última página nos vuelven a mostrar estas imágenes y vemos que los diálogos han cambiado. Esto es para que veamos el contraste entre las escenas reales y espontáneas, que son las primeras que vimos, y lo que emite después la cadena de televisión, alterando el doblaje para hacer ver que el hombre es en realidad un fan que la estaba siguiendo únicamente porque le gusta mucho el programa y quería felicitarla. Toda una lección de manipulación.

En este capítulo aparecen por primera vez tres músicos sin ningún tipo de relevancia que están intentando alcanzar el estrellato. Tienen con ellos a Annabelle, una cabeza de chorlito que aparentemente es su única groupie, que los obedece con una devoción absoluta. Los tres tipos la están haciendo prostituirse para conseguir dinero con el que mejorar sus equipos e instrumentos musicales, pero uno de ellos tiene una idea mejor: incorporarla a su espectáculo. Le dice que en cada uno de sus conciertos le cortarán una parte del cuerpo como reclamo para animar a la gente a que vaya al siguiente concierto a ver cuál es el nuevo trozo que le cortan. Esto se nos muestra en un par de viñetas en las que están ocurriendo otras cosas, como algo adicional, como si fuera simplemente ruido de fondo. Pero en realidad es una historia que se irá desarrollando paralelamente a la trama principal de los siguientes capítulos.

4. Jadeos en el barrio chino. Custer deambula por la calle cuando se encuentra fortuitamente con Marga, una amiga de sus años de estudiante universitaria. Se alegra mucho al verla e intenta entablar una conversación recordando los viejos tiempos, pero Marga le deja claro que no quiere hablar con ella y se aleja rápidamente. Custer entiende que es por la cámara. Marga y, de hecho, casi todo el mundo, sabe que la están grabando las veinticuatro horas. Y si bien esto atrae a algunas personas, como vimos en capítulos anteriores, también repele a otras. En el caso de Marga, ella sabe que cualquier cosa que diga o que haga, o que Custer mencione sobre ella, puede ser emitida, y es por eso por lo que se aleja.

Deprimida por el hecho de que sus conocidos la traten como a una apestada y los desconocidos como a un ídolo al que acosar, Custer saca su grabadora del abrigo para oír una vez más la voz de Theo. Y en ese momento un ladrón que simplemente pasaba por ahí se la arrebata de las manos y echa a correr.

Casi todo el capítulo es la persecución de ese ladrón, con Custer pisándole los talones porque se está llevando lo más importante de su vida: la voz de Theo, lo único que conserva de él. Mientras esta persecución se produce, el ladrón se mete en una plaza donde están dando un concierto, y vemos que se trata de la tercera función de Los Descuartizadores de Annabelle, el grupo formado por los tres individuos que se dedican a mutilar a su groupie. Ella está desnuda sobre el escenario y vemos que ya le faltan las piernas. La propia canción del grupo gira en torno a eso y en lo siguiente que le van a cortar: uno de sus brazos. De hecho, tan pronto como el concierto acaba, uno de los cantantes se lo corta de un hachazo frente al público, que grita enloquecido porque es precisamente lo que estaban esperando ver.

La persecución del ladrón termina cuando una furgoneta de la productora lo atropella. Un cuadro de texto, que entendemos que es una nota de la propia dirección de la cadena, indica a los montadores que las imágenes del atropello se muestren desde un ángulo diferente, de modo que no se distinga el logo de la furgoneta y la cadena no quede implicada. Custer no recupera la cinta con la grabación de la voz de Theo, ya que esta es aplastada y destruida por las ruedas de la propia furgoneta.

De camino a su casa pasa junto a un gran cartel publicitario en el que se anuncia su serie y arranca una tira de este sin detenerse.

5. Rebelión en Dark City. El quinto capítulo comienza con Custer echada en la cama de un hotel en el que, al parecer, lleva tres días encerrada. La cámara que la monitorea las veinticuatro horas no solo graba imagen y sonido, sino que también transmite la voz de los ejecutivos de la compañía de televisión. Estos están molestos porque lleva tres días sin proporcionarles material. Han empezado a montar capítulos con imágenes de archivo para hacerlas pasar por flashbacks, pero no pueden montar un capítulo únicamente con esto. Necesitan material nuevo, necesitan que Custer salga a la calle, aunque no haga otra cosa que pasear, para justificar el hecho de dedicar algún capítulo solo a flashbacks.

Ella se viste con desgana y sale a pasear. Se nos van alternando imágenes de Custer deambulando por la deprimente ciudad con otras que entendemos que son grabaciones de capítulos anteriores. Sin embargo, muchas de estas imágenes son de antes de que firmara el contrato con la cadena de televisión. Es decir, que la cadena empezó ya a grabarla antes incluso de proponerle televisar toda su vida y de que ella firmara el contrato. Probablemente la idea de la cadena era hacer programas sobre el día a día de personas elegidas al azar, incluso sin su conocimiento o consentimiento, pero se toparon con algún tipo de traba legal y eso les impulsó a reformular el programa centrado en una única persona.

Ahora bien, el contrato que ha firmado Custer al parecer no solo da derechos a la productora a emitir su vida actual y futura, sino también lo que ya tienen de ella, de su pasado, cosas que se filmaron sin que ella supiera nada. Estas imágenes de archivo incluyen cosas como ella haciendo sus necesidades en el baño, masturbándose en el sofá, sus clases de aeróbic y de defensa personal, una ocasión en la que participó en una manifestación y golpeó a un policía, y también imágenes de su relación con Theo.

Es así como vamos viendo (con la excusa de dedicar un programa a hacer flashbacks) escenas de la vida real de Custer antes de la falsa realidad que está viviendo ahora, en la que es una dura detective. No lo era en su vida anterior: todo eso es la fachada que presenta de cara al programa, fingiendo que es su vida real. Es así como nos enteramos también de por qué ya no está con Theo. Los primeros programas que se emitieron incluían escenas de ella acostándose con él y, aunque el programa trata sobre ella, cualquier persona que interactúe con ella de cualquier modo pasa a formar parte del programa también. Theo simplemente no pudo soportar el hecho de que su vida también fuera de dominio público siempre que estuvieran juntos, y la abandonó.

Al final, la productora obtiene lo que quiere: imágenes recientes de Custer paseando triste y melancólica por la ciudad, que justifiquen el hecho de ir alternando en ellas imágenes de archivo a modo de flashback. En una de estas nuevas imágenes, en las que deambula por la ciudad, pasa junto a un cartel en el que se anuncia otro concierto de Los Descuartizadores de Annabelle. Una foto de Annabelle nos la muestra ya sin brazos, sin piernas y sin pezones.

6. ¿Acaso no matan a los caballos en la ciudad desnuda? Custer es abordada en plena calle por los tres miembros del grupo Los Descuartizadores de Annabelle. Estos le dicen que su estrella (o lo que queda de ella) ha solicitado hablar a solas con Custer. Ellos, naturalmente, han accedido, ya que es más publicidad gratis. En el próximo concierto le van a cortar la cabeza, con lo que tendrán que cambiar de registro y probar con otras cosas. Así que toda publicidad que le hagan para su gran función final es buena. Saben que Custer está siendo grabada continuamente, así que será publicidad gratis para el concierto.

Custer se niega a acompañarlos, así que tras un breve intercambio de puñetazos terminan llevándola a la fuerza hasta el edificio donde darán el concierto y la encierran con Annabelle en su camerino. Esta, que ya se nos había presentado como una chica tonta e ingenua, parece haber espabilado al fin, aunque le ha costado gran parte de su cuerpo. Ahora se está preparando para su función final, en la que será decapitada ante su público. Para ella toda la fama y el glamour terminarán, pero su grupo simplemente tomará a otra groupie para sustituirla. Con la fama que han ganado a su costa, candidatas no les faltarán.

Es por eso por lo que quería quedarse a solas con Custer. El trabajo que quiere encargarle es que la mate. Ella sabe, por haberla visto en televisión, que siempre lleva consigo un revólver. Tras reflexionar un poco sobre ello, Custer accede. Le vuela la cabeza a la infortunada Annabelle y se marcha mientras los miembros de la banda entran en pánico. Han vendido miles de entradas, hay millones de personas esperando la retransmisión en directo de ese concierto, han dado entrevistas, hecho promesas y muy probablemente cobrado anticipos que ya se habrán gastado. Pero no podrán presentar la decapitación de Anabelle porque ya está muerta. Eso supone su ruina, y se quedan llorando, gritando y pateando su cadáver mientras Custer simplemente se aleja en la noche.

7. Final en Sunset Boulevard. El teniente Maragatto, al que vimos chupar cámara en el tercer capítulo, está en uno de los estudios de la productora ensayando su discurso pre-suicidio. En él habla de que su aparición en televisión no fue como esperaba. Creía que sería considerado un héroe, pero tal como se montaron las imágenes, al final la población interpretó lo que hizo simplemente como un acto más de brutalidad policial y de uso desmedido de la fuerza. Por tanto, ha decidido suicidarse.

Tras explicar todo esto y echar la culpa de su desgracia a Custer, coloca su propia pistola sobre la sien, pero no dispara porque esto tambien es parte del ensayo. Alguien de la productora habla con él y le dice que esa aportación quedará muy bien en la serie. La intención de suicidarse de Maragatto es real, pero en la sociedad en la que está, incluso los suicidios se ensayan para que queden bien ante las cámaras.

Custer acude a ver el entierro de Annabelle. No es un entierro multitudinario precisamente: únicamente están allí los tres idiotas de su grupo, el cura y los propios enterradores. Custer observa la escueta ceremonia desde lejos cuando, de repente, aparece un tipo con cara de loco que, a punta de pistola, hace que carguen el ataúd en su furgoneta y se marcha con él. Custer lo sigue por curiosidad y termina irrumpiendo en su casa, pensando que se trata de algún tipo de fan loco o un necrófilo. El hombre, en realidad, es un coleccionista de cadáveres de famosos. A medida que los trozos de Annabelle eran cortados, estos se subastaron o fueron recuperados por el público asistente, y él ha estado comprándolos a sus anteriores dueños. Ahora que ha recuperado el cadáver, su intención es volver a cosérselo todo para tener así el cuerpo completo de la famosa. También le muestra que tiene a Paul Joplin, restaurado y embalsamado, y al fondo vemos otras siluetas que suponemos serán también de famosos cuyos cadáveres ha comprado o robado para tenerlos como recuerdo.

Custer se limita a marcharse sin intención de detenerlo ni delatarlo. Lo que haga él con los cuerpos no le importa ni a ella ni a nadie en esa ciudad. Sin embargo, a su salida del edificio se encuentra con el detective Maragatto que, apuntándola con una pistola, la lleva hasta la azotea de un edificio donde pretende suicidarse. Suelta su discursito ensayado y apunta a su propia cabeza, pero en el último momento se lo piensa mejor y dispara sobre Custer. La bala solo la roza, pero al retroceder tropieza con el borde de la terraza y cae al vacío. 

Se precipita contra el suelo desde una gran altura, sin nada a lo que agarrarse, pensando si ese va a ser su fin… y fundido a negro.

8. ¿Ha muerto Custer? El actor aspirante que apareció en el segundo capítulo se presenta en las oficinas de la productora para ofrecerse como el siguiente personaje cuya vida será emitida en formato de serie. Alega que, habiendo muerto Custer en el último capítulo emitido y siendo una mujer, lo lógico sería que la siguiente serie estuviera dedicada a un hombre. Y puesto que él ya apareció en uno de los capítulos, podrían venderlo como un spin-off. También vemos a una imitadora de Custer, muy parecida físicamente a ella y que imita tanto su ropa como sus andares. Se ofrece a hacer de doble de Custer para que la serie pueda continuar. Incluso ya ha planeado justificar el cambio de actriz diciéndole al público que, tras su caída desde la azotea, su rostro quedó destrozado y que al reconstruirlo con cirugía estética no quedó igual del todo. Aún no la han enterrado siquiera y ya hay gente haciendo méritos para ocupar su puesto.

El coleccionista de cadáveres famosos del capítulo anterior contrata a un par de matones para que lo acompañen a la morgue y robar el cuerpo de Custer. Cuando estos retiran la sábana que la cubre, Custer abre los ojos y reacciona por instinto. Da una paliza a los tipos, les arrebata una de las armas que traen con ellos y los ametralla, acabando también con el coleccionista. 

Ella misma parece extrañada de seguir viva, cuando lo último que recuerda es estar cayendo a toda velocidad por el edificio. Entonces aparece su contacto habitual de la productora. Ella quiere que le explique cómo es que sigue viva, pero este, sonriendo enigmáticamente, se limita a decirle que la televisión es mucho más poderosa de lo que la gente cree.

La acompaña hasta la salida del edificio y simplemente se aleja, dejándola a ella en el lugar que le corresponde por contrato: vestida de nuevo con su traje de detective y pateando las calles, a ver lo que le pasa esta vez. Custer echa a andar, sintiéndose todavía en un limbo. Ya no sabe cuánto de su vida es real y cuánto es el papel que ha escrito para ella la productora. En ese momento pasa junto a alguien que le pide que se detenga. Ella reacciona mal, cansada de gente que quiere pedirle autógrafos, cansada de gente que interactúa con ella únicamente con la esperanza de que esa escena sea montada como parte del siguiente episodio, buscando sus quince segundos de fama. Pero el hombre resulta ser un ciego que necesita ayuda para cruzar la calle y que se ha dirigido a ella simplemente porque ha oído sus pasos cerca. Dándose cuenta de que es imposible que el hombre la haya reconocido, ya que no puede ver la televisión ni puede verla a ella, Custer lo toma del brazo y cruzan juntos por el paso de cebra. Ya al otro lado, Custer le pregunta al ciego si puede darle un beso.

9. Epílogo en la fábrica de sueños. Este último capítulo es sin duda el más extraño de todos y, a la vez, el más interesante. Está compuesto casi totalmente por viñetas sacadas de los anteriores. Es un reciclaje de viñetas en el que únicamente se han cambiado los diálogos para que parezca que es una historia nueva. Se nos da a entender que la productora teme que Custer termine suicidándose para escapar de ese contrato eterno que la ata a ellos, y tienen este último capítulo preparado a base de montar y cambiar el doblaje de escenas quizá descartadas o reaprovechadas de capítulos anteriores.

Es el capítulo que se emitirá en el caso de que ella logre escapar, de un modo u otro, del control de esa microcámara que la filma las veinticuatro horas. A través de este metraje reciclado, con los diálogos cambiados, la productora da una imagen idílica de sí misma. En esta historia Custer decide que ya no quiere seguir participando en la serie. Los productores le ofrecen que sea ella misma quien rompa físicamente las hojas del contrato, sin ningún tipo de traba, dándole todas las facilidades y deseándole suerte en sus futuros proyectos. 

A la izquierda, una viñeta del capítulo 2. A la derecha vemos la misma viñeta reaprovechada en el capítulo 9.

Se nos muestra a los productores como verdaderos ángeles y a Custer como una persona que, por su propia indecisión y por su falta de compromiso, es la que provoca que la serie sea cancelada. Las imágenes correspondientes a la última cita que tuvo con Theo se nos muestran al final de este falso capítulo como si fueran un reencuentro con él, como si Custer hubiese hallado al fin la felicidad y hubiese vuelto con su pareja gracias a la comprensión de la productora, en lugar de haber sido esta el motivo de su ruptura.

Nosotros, como lectores, sabemos que todo esto es falso, que no es más que un montaje con el que la productora contentará al público cuando tenga que cancelar la serie, bien porque Custer se haya suicidado o bien porque, de algún modo, haya logrado dar esquinazo a las cámaras y cambiar de identidad. Pero lo que verá el público es esto.

Custer, en resumen, es una obra mucho más compleja de lo que yo (soy consciente de ello) soy capaz de transmitiros con un simple resumen. Lo que Trillo y Bernet plantearon a mediados de los ochenta no es solo una sátira social, es casi un estudio de la relación entre el mundo del espectáculo y la pérdida de la identidad de los que viven de él, obligados a falsear la imagen que dan de sí mismos hasta extremos a veces ridículos. La vida privada, la intimidad, la opinión, la forma de ser… todo aquello que debería considerarse un tesoro personal, es convertido en contenido monetizable. La cadena de televisión no solo graba y emite la vida de Custer, sino que la reescribe para acomodarla a los gustos del público y hacerla más rentable. La realidad deja de ser algo que se vive y pasa a ser algo que se monta en posproducción. 

Aunque la protagonista es Custer, Annabelle es el mejor ejemplo posible de persona devorada por su personaje, pues accede a ser mutilada una y otra vez únicamente porque su fama depende de eso. Para un público saturado de estímulos, la violencia extrema deja de conmover y horrorizar y pasa a ser solo un espectáculo más. La escena con el hombre ciego es el único momento en que alguien se relaciona con Custer sin interés alguno en su personaje, sino en su persona, y por eso ella le pide luego un beso, porque está desesperada por obtener alguna interacción social genuina. Y el colofón final de la productora reciclando metraje y cambiando diálogos para fabricar un final feliz falso me parece una genialidad. Es una forma de decir que la verdad ya no importa. Lo que importa es el relato que se nos vende como verdad.

Puedes ver otra obra de Carlos Trillo pulsando aquí.

Custer. 1985. Carlos Trillo (guion) Jordi Bernet (dibujo). Tomo recopilatorio de Toutain Editor publicado en 1987.