EL ORÁCULO DE LAS VISIONES ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por... Pecky.
¡Saludos, amigos cinéfagos!
Vamos a repasar, si os parece bien, este clásico del cine de terror italiano ambientado en España, y segunda película de Mario Bava. El título original es Lisa e il diavolo (Lisa y el diablo), pero este es uno de esos casos en los que el título cambiado me parece mejor que el real.
La protagonista es Lisa, que está en Toledo haciendo turismo. El guía muestra a su grupo un muro decorado con una vieja pintura que representa al diablo. En cuanto lo ve, algo la impulsa a alejarse del grupo e internarse por una callejuela que la lleva hasta la tienda de un restaurador y anticuario. Allí conoce a Leandro (el papel de Telly Savalas), cuyo rostro guarda un asombroso parecido con el del diablo del mural.
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Esta coincidencia la asusta y sale corriendo de la tienda, pero a partir de ese momento es como si hubiese entrado en otro mundo: se pierde por las callejuelas y toda la gente con la que se cruza le parece extraña. Un hombre se le echa encima, al parecer confundiéndola con otra persona, y ella, para deshacerse de él, le da un empujón que lo manda rodando por unas escaleras, al pie de las cuales queda inerte, al parecer muerto. También se encuentra de nuevo con Leandro, con el que mantiene una breve conversación. Él le indica por dónde debe continuar para llegar hasta la plaza en la que se separó del resto del grupo, pero incluso siguiendo esas indicaciones, Lisa se ve incapaz de orientarse. La noche cae sobre ella en esa ciudad para Lisa desconocida y entonces aparece el lujoso coche de un matrimonio, Francis y Sofía Lear, conducido por su chófer George, que la recogen.
La mala suerte de Lisa parece contagiarse a sus salvadores, pues su coche, que ya estaba dando problemas, termina de estropearse poco después, deteniéndose junto a una gran mansión en las afueras de Toledo. Sin posibilidades de llegar hasta un taller mecánico, llaman a la puerta de la mansión y quien les abre es Leandro, vestido de mayordomo. La mansión pertenece a una anciana condesa ciega, a la que no le gustan las visitas, y a su hijo Maximilian, un joven solitario que anhela tenerlas. Maximilian intercede para que su madre acepte acoger en casa a los desconocidos. Finalmente, esta cede ante los ruegos de su hijo, pero con la condición de que no duerman bajo su mismo techo en la mansión. Los visitantes serán alojados en lo que llama la Casa Solitaria, una especie de casa de invitados cercana a la mansión, pero rodeada de tantos templetes y estatuas maltratadas por la intemperie que el lugar parece más un panteón en medio de un cementerio.
La señora condesa parece tener un gusto especial por los maniquíes, puesto que en la casa hay muchos, perfectamente vestidos. Lisa comienza a tener la impresión de estar siendo acechada por uno de ellos. Un segundo acechante, más real, es el propio Maximilian, que estuvo casado y perdidamente enamorado de una mujer llamada Elena que murió años atrás y cree que Lisa es ella, que de algún modo ha vuelto a su lado. También vemos que la señora Lear y su chófer son amantes, algo que es conocido por el marido pero no parece importarle, mientras no hagan nada explícito delante de él.
Durante la cena, tras las presentaciones, la condesa pregunta por la quinta persona que llegó en el coche. Esto extraña a todos porque, aparte del matrimonio Lear, Lisa y su chófer, nadie más vino con ellos, pero ella insiste en que hay un invitado más en la casa esa noche. Mientras conversan algo se rompe en una de las habitaciones de arriba. Leandro reacciona a ello cortando una porción de pastel y entregándosela a Maximilian, que la sube hasta una habitación vacía y la deja allí, como si se la ofreciera a alguien.
Poco a poco, en forma de sueños y visiones, se nos va revelando todo el drama que rodea a los habitantes de la mansión. Maximilian estuvo muy enamorado de Elena, sí, pero Elena no estaba enamorada de él, sino de otro hombre. Y se nos sugiere que fue Maximilian quien acabó con ambos. De hecho, un flashback nos muestra al verdadero amor de Elena, y es idéntico al maniquí con el que Lisa se topa varias veces. Es un maniquí extraordinariamente realista, hasta el punto de que parece tal cual un cadáver disecado por un taxidermista experto... y quizá lo sea.
Cuando el chófer anuncia que ya ha reparado el vehículo y los invitados se disponen a irse, Leandro le indica a Lisa que ella no puede marcharse, puesto que Maximilian desea que se quede un poco más con ellos. Esta siente que realmente no puede marcharse, que está atrapada allí, pero no atrapada como una prisionera, sino atrapada por su destino. En realidad, todos lo están, de un modo u otro. El chófer de los Lear aparece apuñalado dentro de su coche y vemos unas tijeras ensangrentadas en la mano de la condesa. Aunque esto no significa necesariamente que lo haya matado ella. Maximilian se niega a avisar a la policía, puesto que eso significaría más gente en su casa y más alboroto, lo cual sería muy perjudicial para la salud de su madre.
El fantasma del amante de Elena (o su maniquí, o simplemente alguien que se le parece, no llega a quedar muy claro) se presenta varias veces ante Lisa, confundiéndola también con Elena y diciéndole que está en peligro, que él está allí para salvarla, hasta que Maximilian lo asesina de nuevo (o por primera vez, quién sabe). Luego nos enteramos de que este hombre se llamaba Carlo y era el segundo marido de la condesa. Por tanto era el padrastro de Maximilian pero a la vez engañaba a la madre de este con Elena, la esposa de su hijo. ¡Al final, este tipo de líos y combinaciones rebuscadas siempre terminan mal! ¡Si de todas las formas de unidad familiar que han existido a lo largo de la historia la llamada familia tradicional es la que terminó imponiéndose de forma natural, por algo será! Maximilian también mata a golpes a la señora Lear, que se negaba a irse de la casa con su marido por no abandonar el cadáver de su amado chófer. El señor Lear aparece igualmente muerto más tarde.
Tanto Maximilian como su madre y e incluso Leandro parecen convencidos de que Lisa es la reencarnación de Elena. De hecho, la propia Lisa termina creyéndolo por momentos y llega a aceptar ese extraño destino que parece haberse trazado para ella.
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Maximilian llega a un punto de quiebre en el que cede por completo a su locura. Narcotiza a Lisa con cloroformo, la acuesta en la misma cama en la que conserva el esqueleto de Elena y, tras desnudarla, le hace el amor mientras ella está todavía dormida, aunque parece tener que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no matarla mientras la ama.
La película muestra la escena como algo bonito y casi catarquico, pero en realidad es una violación se mire por donde se mire. Al mismo tiempo que esto ocurre, Maximilian oye reírse al esqueleto de Elena, tumbado a su lado. Harto del sinsentido de su propia existencia, Maximilian comienza a arrasar con todo. Destruye una representación perpetua del funeral de Carlo que llevaba mucho tiempo montada en la cripta familiar. Mata a su madre, clavándole en el corazón la púa sujetavelas de un candelabro. A continuación, recorre la casa buscando a Leandro. No sabemos si para matarle también o para pedirle algún tipo de explicación, como si él mismo fuera consciente de que Leandro es en realidad la figura central de todo aquel asunto, el único que no parece alterarse por nada, el único que no parece sorprendido por nada, el único que aparentemente tiene un control absoluto de la situación.
Buscando a Leandro es como Maximilian llega hasta la sala de banquetes, en la que, en una larga mesa, han sido sentados, como reunidos para tratar un asunto importante, todos los cadáveres de la mansión: el señor y la señora Lear, su chofer, el esqueleto de Elena, y el maniquí de Carlo. Hay un asiento libre para alguien más y, sobre la mesa, una tarta de boda. Al volverse para salir de esa habitación, ve andando hacia él el cadáver de su madre, que parece avanzar hacia la mesa para ocupar el asiento que queda libre. Retrocediendo de espaldas, aterrado por la visión, Maximilian se choca contra una ventana y cae por ella, ensartándose en un hierro. En realidad, el cadáver de su madre nunca volvió a la vida, sino que estaba siendo transportado, rígido y en vertical, por Leandro. La desquiciada mente de Maximilian borró al mayordomo de la escena, viendo solo el cuerpo de su madre.
Horas después, Lisa despierta en la cama donde Maximilian la dejó, desnuda, violada, con lágrimas secas en el rostro y sin tener claro lo que ha ocurrido. A su alrededor, la habitación está destrozada. Ramas de árboles del jardín han entrado por las ventanas y a través de las paredes, como si la casa llevase décadas abandonada y hubiese sido reclamada por la naturaleza.
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Se hace con unas ropas y abandona la mansión, que está en ruinas. Al salir por las puertas del jardín, se encuentra con que estas dan directamente a las calles de Toledo, como si la ciudad hubiese ido creciendo hasta engullir los antiguos terrenos de la mansión. Se encuentra con un grupo de niñas con uniforme escolar que están jugando con una pelota. La pelota rueda hasta los pies de Lisa y, en cuanto esta la recoge para devolvérsela, una de las niñas le grita al resto que no se acerquen a ella, que debe ser un fantasma porque ha salido de esa casa que lleva más de cien años abandonada. Todas las niñas huyen gritando y riendo a la vez, como si fuera algún tipo de broma macabra, pero Lisa se queda con la duda. Después de todo por lo que ha pasado, ella misma no iene claro si lo que ha dicho la niña es simplemente un tonto juego infantil o si ella misma es realmente un fantasma.
Recorre la ciudad hasta encontrar un taxi y le dice que le lleve al aeropuerto. Logra abordar un vuelo justo cuando este se disponía a despegar, pero hasta que no está ya en el aire no se fija en que es aparentemente la única pasajera: todos los otros asientos están vacíos. Comienza a recorrer el avión, que es extraordinariamente largo, irrealmente largo, como un pasillo eterno lleno de asientos vacíos. Finalmente encuentra a alguien: a todos los otros personajes, agrupados y silenciosos, resignados a su destino. Aterrada, Lisa corre hasta la cabina del piloto y, en cuanto la abre, este es, como no podía ser de otra manera, Leandro. Porque, como ya nos anunciaba el título de la película… El Diablo se lleva a los muertos.
La película tiene muchas escenas simbólicas y casi oníricas. Vemos en varias ocasiones cómo la imagen se centra en un reloj roto, como si quisiera indicarnos que los sucesos están teniendo lugar fuera del tiempo. También vemos una botella de vino tinto que se rompe en medio de una conversación sobre historias de terror, dejando en el suelo una mancha roja que asemeja sangre. Y en otra escena Lisa toca una caja de música y vemos seis figuras en ella que se desplazan en círculo: un rey, una reina, un novio, una novia, un campesino y la Muerte. Son los principales personajes del drama. El rey y la reina podrían ser el señor y la señora Lear, el campesino su chófer, el novio y la novia serían Maximilian y Lisa. La Muerte es el quinto invitado al que aludió la condesa.
Al final es una de esas historias sobre un grupo de personas incapaces de aceptar que han muerto, a las que se hace pasar por una especie de purgatorio para que la idea vaya calando poco a poco en sus mentes. Lisa probablemente esté muerta desde antes del inicio de la película. Quizá tuvo un accidente durante ese viaje a Toledo, o es algo que pospuso muchas veces en su vida y cuando murió se quedó con las ganas de hacerlo, y por eso ese es el punto de partida de su pesadilla particular.
Leandro, más que el Diablo, sería una especie de Caronte, el encargado de recoger a las almas y llevarlas al otro lado. Al final de la película aparece como el piloto del avión en el que todos viajan, y a Caronte se lo representaba como un barquero. En ambos casos, es quien controla el vehículo en el que los muertos son transportados hacia su destino final.
De hecho, pese a todo ello implica que los personajes ya estaban condenados desde el principio no se siente como un final terrorífico, sino simplemente como lo que tenía que pasar. Hay muchas películas que representan la muerte de este modo, como una persona o grupo de personas a las que le van sucediendo cosas extrañas que pueden parecer inconexas o sin sentido, pero que en realidad son intentos de la Muerte de que acepten que ya no están entre los vivos. Que comprendan o lleguen por sí solos a esa conclusión.
No sé si este tipo de películas tiene algún nombre o forma algún subgénero en particular. Yo siempre las he llamado películas de purgatorio. Uno de los mayores referentes de este tipo de historias sería El carnaval de las tinieblas (1962). Pero si buscamos ejemplos de películas de purgatorio más conocidas o más recientes, podríamos hablar de El sexto sentido (1999) o Los otros (2001).
Bueno, espero que esta reseña os haya gustado, o al menos entretenido el breve ratito de leerla. Aprovecharemos este octubre para reseñar unas cuantas películas más de terror y trataremos de tocar todos los subgéneros posibles.
Mientras tanto, podéis repasar una película dirigida por el hijo del director de esta (¡así todo queda en familia!) pulsando aquí.
Lisa e il diavolo. 1973. Mario Bava, Giorgio Maulini & Roberto Natale (guion) Mario Bava (director). Telly Savalas, Alessio Orano (Actores principales) Elke Sommer (Actriz ptincipal). Euro America Produzioni Cinematografiche & Leone International & Roxy Film & Tecisa. Editado en DVD en 2007 por Filmax Home Video & Mercury Films.