EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, nobles caballeros y damas.
Ayer comenzaron y el día ocho terminan las fiestas de Moros y Cristianos de Ayelo de Malferit (Cañada del malherido), en la comarca valenciana de la Vall d’Albaida. Entre las actividades propias de estos días destacan la toma del castillo, el combate de arcabucería y la noche de las paellas (¡que no falten nunca las paellas!), además de varias representaciones teatrales y actos culturales.
No he encontrado qué comparsas desfilan este año, pero en años anteriores, por parte de los cristianos, formaron los Astures, Oleyanos, Corsarios y Contrabandistas. Por los moros lo hicieron los Caníbales, Armoravides, Garbeyarabes y Barbárabes.
Respecto a los hechos históricos relacionados con la Reconquista, Ayelo de Malferit no fue escenario de ninguna batalla documentada. Se trata de uno de los asentamientos moros que se rindieron sin combatir en 1248, tras la caída de Valencia. Aunque Ayelo en sí no fue campo de batalla, sí hubo enfrentamientos importantes de la Reconquista en localidades muy cercanas. La más destacada es la batalla de Llutxent, ocurrida a apenas doce kilómetros de Ayelo. Fue la última acción militar en la que participó Jaime I y enfrentó a sus tropas contra las fuerzas musulmanas de Al-Azraq, por el dominio del castillo de Xio. La jornada fue especialmente sangrienta y pasó a conocerse como el Martes Negro.
Coincidiendo con estas fiestas, aprovechamos para seguir reseñando un par de cómics más de El Guerrero del Antifaz.
La derrota de Hassan (n.º 65). Aruch Melik, el jefe de los piratas turcos y rival de la Mujer Pirata, le propone al Guerrero que acabe con ella a cambio de ayudarle a salir con vida de la isla. Este se niega a hacerlo porque, aunque la Mujer Pirata es también enemiga de él y la tenga retenida como rehén, matarla estando indefensa es una acción, según sus propias palabras, «indigna de cristiano y caballero». Esto hace que Aruch se lance contra él y se enzarcen en un duelo de espadas. Cuando el Guerrero desarma a Aruch, este le propone entonces solventar el asunto a puñetazos, pero también en este otro tipo de combate el Guerrero se impone. Aunque Aruch había prometido al Guerrero que sus hombres no intervendrían y le dejarían en paz si era él quien ganaba, cuando el Guerrero se alza con la victoria, estos le arrojan una lluvia de dagas, mazas y lanzas, tratando de ensartarlo.
El Guerrero y Osmín se ven obligados a huir, saliendo de un combate para caer en otro. Se encuentran a continuación con el Pirata Negro luchando en solitario contra Hassan y un grupo de piratas leales a este. Hassan era, recordemos, el lugarteniente del Pirata Negro, que ya había manifestado en varias ocasiones querer asumir el mando de su flota. Parece que finalmente ha perdido la paciencia o el buen sentido y ha decidido matarlo para tomar su puesto.
El Guerrero y Osmín se lanzan a ayudar al Pirata Negro, aunque las últimas veces que se encontraron no fue en muy buenos términos. El Pirata Negro ha perdido la mayor parte de su flota, poder e influencia precisamente por ayudar al Guerrero, y la aparición de este, aunque venga para salvarlo, no es vista por el Pirata Negro con muy buenos ojos. Sin embargo, durante el combate el Pirata Negro mata al fin a Hassan, lo que hace que todos los que estaban indecisos vuelvan a su lado. Esto le pone en deuda de nuevo con el Guerrero, por lo que se siente moralmente obligado a ayudarle.
Intenta, en lugar de esto, que el Guerrero se conforme con la mitad de su tesoro, que consiste en varios cofres de oro y joyas. Pero este no está interesado en ese tesoro: quiere concretamente el de la Mujer Pirata, al menos una parte equivalente a lo que esta arrebató a Aixa. No le importa que el tesoro que le está ofreciendo el Pirata Negro sea de una cuantía claramente mayor que aquel que ha venido a buscar. El Guerrero, ya hemos tenido oportunidad de verlo muchas veces, tiene el superpoder de lo que podríamos llamar «cabezonería heroica», si os gusta el término. Sin importar el valor del tesoro que le ofrecen, no piensa irse de ahí con otro que no sea exactamente el que ha venido a buscar.
El Guerrero y Osmín abandonan la guarida del Pirata Negro y son atacados por un nuevo grupo de piratas; la isla, después de todo, está repleta de ellos. De nuevo, la valentía casi psicopática del Guerrero pone en fuga a sus enemigos, impresionados por el desdén por su propia vida con el que se bate. Finalmente llegan hasta la caverna que utiliza como guarida la Mujer Pirata. ¿Cómo saben que era esa caverna precisamente? Bueno, pues el cómic no dice nada al respecto, pero podemos suponer que, puesto que acaban de hablar con el Pirata Negro, este les indica cómo llegar hasta ella.
Tras lanzarse contra los guardianes que hay en la boca de la cueva, se adentran en esta, combatiendo con todos los piratas que les van saliendo al paso. Mientras el Guerrero y Osmín asaltan la cueva de la Mujer Pirata, los hombres de esta hacen otro tanto con el barco de los cristianos. Un gran número de piratas se lanzan al agua desde un punto poco visible de la costa y bucean hasta el barco, trepando por sus costados y lanzándose a atacar a la tripulación. Es un golpe de mano bastante osado, pero tras una corta y dura lucha todos los piratas son derrotados y sus cuerpos arrojados por la borda.
A Fernando, en cambio, las cosas le van bastante peor. Tras escapar al galope de una de las patrullas de Osmín y detenerse a descansar, y detenerse para que su caballo descanse un poco, es atacado por otra patrulla. Uno de ellos lo reconoce como el compañero del Guerrero y ordena que lo capturen con vida para llevárselo a Ali Kan.
La trampa de los gorilas (n.º 66). El Guerrero y Osmín llegan hasta una cámara en la que hay amontonados numerosos cofres de tesoro. Al avanzar hacia ellos, el suelo se abre bajo sus pies. Osmín se precipita a la trampa y, por esta vez, el Guerrero logra agarrarse al borde y salvarse. El Guerrero es un especialista en escapar de trampas, pero ha llegado a serlo a base de caer sin parar en ellas. Que logre librarse de una es un suceso realmente notable.
Osmín, como decíamos, se precipita al fondo del foso y se lesiona una pierna. Aunque dice sentir que se la ha roto, esto debe ser solo la impresión inicial, porque más adelante veremos que anda y pelea con normalidad. El suelo del foso está cubierto de paja, lo cual es algo que nadie haría a no ser que tuviera un especial interés en capturar vivo a quien cayera en la trampa, quizá para reservarlo para otros usos… o, como en este caso, reservarle otro tipo de muerte.
Una puerta secreta se abre al foso y de esta surge un gorila, que al primer manotazo arrebata su arma a Osmín. El Guerrero agarra uno de los pesados cofres de tesoro y lo lanza al foso sobre la cabeza del gorila, dejándolo inconsciente. Esto permite a Osmín recuperar su espada. Y justo a tiempo, porque más simios enormes aparecen por la misma puerta por la que entró el primero.
Osmín, espada en mano, y el Guerrero, lanzando cofres sobre las cabezas de los monos, consiguen mantenerlos a raya hasta que el Guerrero se ve obligado a saltar al foso para librar a Osmín de uno de ellos, que ha logrado atraparle. Entre los dos consiguen acabar con todos los monos, pero ahora tienen el problema de estar ambos en el fondo de un foso demasiado alto y con paredes demasiado planas para escalarlo.
La oportunidad de huir se les presenta cuando otra puerta secreta, esta vez una pequeña ventanita en otro punto de la pared, se abre. La ventana es lo bastante amplia para que pase el Guerrero, pero no Osmín, que es más corpulento, así que el primero se lanza rápidamente a través de ella antes de que los piratas al otro lado, que la han abierto para observar cómo se desarrollaba el combate contra los gorilas, tengan oportunidad de cerrarla.
El Guerrero pasa a través de la ventana y acaba con los piratas que había en la otra estancia. Entre los trastos y enseres amontonados allí hay un rollo de cuerda, así que el Guerrero la toma para buscar el modo de volver a la cámara superior, donde estaba el tesoro y la trampa de foso, y sacar desde ahí a Osmín. Este, por su parte, está rematando a uno de los gorilas que no estaba muerto del todo y se había levantado para seguir luchando.
Cuando el Guerrero llega hasta la cámara donde se encuentra la trampa de foso, ve que ya hay varios piratas en torno a esta. Se abalanza contra ellos, arrojándolos heridos y aturdidos al foso, uno tras otro. A continuación echa un cabo de la cuerda para que Osmín pueda subir por ella. Agarran todos los cofres de tesoro que todavía quedan en la cámara, que son tres, y emprenden el regreso.
Un pirata, al que habían dejado inconsciente cuando entraron y que ya se ha recuperado, les sirve de guía hasta una entrada secundaria a la cueva, por la que podrán escapar con más facilidad. Les reclama una pequeña parte de los tesoros que llevan y la promesa de que le permitirán acompañarlos en su barco sin hacerle daño cuando ellos mismos abandonen la isla. El Guerrero acepta y los tres, cargando cada uno un cofre, se dirigen hacia la otra salida.
Se trata de una caverna subterránea parcialmente inundada en la que hay preparado un bote que les permite salir directamente a la base de un acantilado en contacto con el mar y, desde allí, remar hasta su propio buque.
Los tres hombres y sus tres cofres suben a bordo. A la Mujer Pirata la tienen en cubierta, amarrada a un mástil, para que los piratas de la isla puedan ver que sigue viva. Al reconocer como uno de sus propios hombres al pirata que acompaña de buen grado al Guerrero, monta en cólera y comienza a gritar. Osmín, harto de ella, la deja amordazada además de amarrada.
Tratan de levar anclas inmediatamente, pero tienen a varios barcos piratas cercándoles, preparados para atacarles en cualquier momento. Tras una tensa negociación, los navíos piratas les dejan pasar a cambio de que, una vez estén a cierta distancia, desembarquen a la Mujer Pirata en un bote para que ellos puedan recogerla.
El Guerrero cumple su palabra y dejan a la Mujer Pirata a la deriva, todavía lo bastante cerca de los otros barcos piratas para que estos la vean y vayan a buscarla, pero también tras haber puesto suficiente distancia para que el barco de los cristianos, más rápido que el de los piratas, no pueda ser ya atrapado por estos.
Y aquí nos quedamos por el momento.
Podéis repasar los números anteriores desde el primero pulsando aquí.
Otras colecciones de Manuel Gago
Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz
El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.
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