MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

domingo, 29 de marzo de 2026

DIARIO DE JOHN MILLER del 23 al 29 de marzo de 1926

   Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Cosas de lo más extrañas están ocurriendo por todas partes! ¡El mundo de la vigilia parece cada vez menos cuerdo y el onírico cada vez más solido! ¡Y si alguien encuentra el día que nos falta, que escriba a nuestra sección de objetos perdidos para avisar! ¡Se gratificará su devolución!


En esta ocasión el Diario de Miller es un poco más corto de lo habitual. El martes de esta semana se nos pasó por completo hacer la tirada del día, así que nuestro alter ego de 1926 no hizo nada relevante el martes correspondiente😅


LUNES, 23 DE MARZO DE 1926

La excavación de Old Briarti siempre me ha dado mala espina. No por lo que encontraron allí (fragmentos de cerámica, símbolos tallados en la roca), sino porque desde el principio me ha dado la impresión de que faltaba algo por encontrar. Una de esas cosas que es mejor dejar enterradas.

Hoy volví al lugar porque Evelyn me pidió fotos de unas marcas nuevas en la tierra que había encontrado el último grupo de estudiantes que estuvo allí haciendo prácticas. Ella ha terminado por aborrecer el lugar, y no la culpo. Por suerte tengo una Leica de tan solo un kilo de peso. Es impresionante lo mucho que las han reducido de tamaño en los últimos años. A este paso, llegará el día en que las máquinas de fotos cabrán en un bolsillo.

Llegué al anochecer, con unas cuantas bengalas de magnesio para poder hacer las fotos. El viento arrastraba polvo y hojas secas entre los andamios. Las lonas que cubrían los fosos se movían como si algo respirara debajo. Y en cierto modo sí había algo debajo, pero que respirara, en estos momentos lo dudo.

Tan pronto como lo vi me di cuenta de que no era un perro normal. Tampoco uno de esos perros muertos como los de Calder. Era una criatura que parecía un perro pero era otra cosa. Una "otra cosa" disfrazada de perro. Salió de la zanja con un movimiento que solo puedo definir como ingrávido. Se movía como si no tuviera peso, pero tampoco parecía un fantasma. Era enorme, más grande que cualquier mastín, y los ojos… los ojos eran dos esferas blancas, sin pupila, que brillaban como lunas errantes. Era algo ligado a la propia colina horadada por la excavación. El perro, o lo que fuera, avanzaba sin dejar huellas en la blanda tierra.

Combate a 13+. Primer intento: Lupa (doble) 6, 5, 2. Segundo intento (repitiendo símbolos, el 6 y el 2) Revólver, Lupa, 5, 4, 1. Tercer intento (repitiendo el 1) Revólver, Lupa, 5, 4, 3. Nos quedamos a Combate 12 y no pasamos la tirada.

Naturalmente, disparé. Ya tengo claro que no vale la pena andar con miramientos con estas criaturas. La bala pasó a través de él como si no existiera, pero el caso es que sí existía, y echó a trotar hacia mí. Yo también corrí. ¿Qué podía hacer? Esto de tener que averiguar cada vez cómo se mata a lo que sea que le apetezca aparecer es un incordio. Así que solo corrí, oyendo al perro, o a aquello que se hacía pasar por un perro, cada vez más cerca. 

Entonces aulló. Un sonido agudo, lastimero, como de derrota, que me hizo detenerme y mirar atrás. Yo había salido de los límites de la excavación, pero la criatura parecía incapaz de abandonarla. ¿Será que su radio de acción está limitado a las ruinas? ¿Que no puede ir más allá de los límites que marquen las antiguas piedras que parece proteger? La criatura retrocedió, temblando, y entonces desapareció. Simplemente… dejó de estar ahí, como si hubiera sido arrancado de la realidad. 

Conseguí salir ileso, y quizá debería conformarme con eso, pero el haber tenido que huir de algo que ni tan solo debería existir es una sensación horrible. 


MARTES, 24 DE MARZO DE 1926

Hoy he estado todo el día en la oficina. Concretamente, en el sofá que utilizo como cama. Estaba demasiado harto de todo. Salvar el mundo a diario es verdaderamente agotador. Creo que me merezco un día de descanso de vez en cuando.


MIERCOLES, 25 DE MARZO DE 1926

Otro día perdido sin moverme de la oficina, o ese era el plan. Un par de tragos botellas de bourbon me ayudaron a conciliar el sueño pese a que tenía la mente llena de horrores en los que no podría dejar de pensar de forma consciente. A las cuatro de la tarde ya estaba roncando como un tronco.

Caí en las Tierras del Sueño sin buscarlas, porque alguien me estaba buscando a mí en ellas. Lo sentí mientras intentaba dormir: un tirón suave, como si alguien me tomara del hombro desde el otro lado. No era una fuerza hostil, sino familiar. Era Evelyn.

Cuando abrí los ojos, ya no estaba en mi sofá. Estaba en ese paisaje imposible que empieza a resultarme demasiado conocido. Y allí estaba ella. No la Evelyn humana, sino la Evelyn búho. Me observaba agarrada a una roca suspendida en el aire.

"Has tardado" dijo en mi cabeza mientras dejaba oír un simple ulular, aunque no movió el pico. Me acerqué. El suelo era arena húmeda, pero cada paso dejaba una huella luminosa que se desvanecía lentamente. Evelyn extendió las alas y me indicó que la siguiera.

"He encontrado algo" me explicó. Caminé (o lo que sea que se hace aquí) por un sendero que iba existiendo a medida que lo pisaba. Dunas que se convertían en escaleras, raíces que se convertían en afluentes. En un momento, el cielo se abrió como una flor y dejó ver algo que me aterró: una espiral gigantesca, formada por larguísimas serpientes negras que giraban y convergían continuamente.

"No lo mires demasiado rato seguido" me advirtió. "Creo que es el rastro del Sacerdote Mayor del que me hablaste. Él también puede entrar aquí".

Al final, llegamos a un claro donde la luz venia desde abajo, no desde arriba. En el centro del claro vi lo que parecía una laguna de cristal. Evelyn se posó en una rama que flotaba sin estar conectada a un árbol, abrió las alas y hebras de maná empezaron a brotar de ella y deslizarse como gusanos de luz blanca hacia la laguna, haciendo crecer sus límites.

"Estoy creando un refugio. Siento que la verdadera lucha se librará aquí. Esta será nuestra fortaleza cuando nos reunamos en este mundo".

—¿Piensas crear todo un castillo? ¿Tienes idea de cuánto puedes tardar?

"Tardaré menos si me ayudas. Y tardaremos menos si otros nos ayudan".

Búsqueda a 7+. Primer intento: Linterna, Revólver, 5, 3, 1. Obtenemos Búsqueda 9 y pasamos la tirada.

Me concentré en mis manos. Finas hebras de maná brotaron de mis dedos y se deslizaron hacia el centro del claro. Cuando sentí que el mundo real volvía a tirar de mí, reclamándome, el centro del claro ya era un suelo de mármol blanco y algo parecido a un muro rudimentario había empezado a formarse a su alrededor. Evelyn plegó las alas.

"Volveremos" dijo simplemente.

Y entonces desperté en el viejo y sudado sofá, con la visión de esa espiral en el cielo taladrándome la mente. O quizá era solo la resaca.


JUEVES, 26 DE MARZO DE 1926

Hoy me enfrenté a otra de las criaturas de Calder. Pero esta vez… esta vez fue distinto. Peor. Un vecino me dijo que había visto un perro muy raro en un callejón detrás del matadero viejo, que había llamado a la policía y que le habían dicho que no podían atenderle por un perro. El vecino acudió a mí porque sabía que era detective, es decir, porque sabía que tenía un arma de fuego. Me lo comentó después de entregarme una tarta de manzana recién horneada que había preparado su mujer. Estas cosas funcionan así. Llega un momento en que trabajas por comida.

No me costó encontrar al perro. Otros vecinos lo habían visto entrar en el callejón, uno sin salida, y habían bloqueado la entrada con todo tipo de escombros y muebles viejos. El perro no había hecho ningún intento de salir por el momento, pero les asustaba que lo hiciera. Trepé sobre la improvisada barricada ya con el revólver en la mano y me adentré en el callejón.

Lo vi al fondo del mismo, de cara a la pared, que parecía estar rascando con una de las patas delanteras. El cuerpo del animal era grande, musculoso, y la piel estaba llena de remiendos y costuras. Hasta ahí, nada que no hubiera visto ya en las reanimaciones de Calder. Pero entonces se giró hacia mí y pude verlo bien. No tenía patas delanteras. Tenía brazos humanos, cosidos al cuerpo del perro con puntos gruesos, irregulares. Las manos estaban abiertas, los dedos rígidos, las uñas sucias y rotas. Eran además dos brazos derechos, lo que hacía que una de las manos se sintiera especialmente mal. La tapa del cráneo del perro también había sido abierta y vuelta a colocar, sujetándola con remaches industriales.

Sentí un vuelco en el estómago cuando levantó una de esas manos y me señaló con el índice. Luego avanzó hacia mí bamboleándose, con un palmo de lengua brotando de una mandíbula desencajada que parecía incapaz de cerrar.

Combate a 5+. Aumentado hasta 11+ de tener menos de seis puntos de locura, que no es el caso. Primer intento: Lupa, Revólver, 5, 3, 2. Segundo intento (repitiendo el 2) Lupa, Revólver, 5, 4, 3. Nos quedamos a Combate 12 y pasamos la tirada.

Le disparé a la cabeza una y otra vez. Incluso tras derrumbarse y quedarse inmóvil continué disparando lo que quedaba en el tambor, hasta agotarlo. Cuando todo terminó, me quedé allí, con el revólver temblando en mi mano. Recargué y me acerqué al cuerpo. Apestaba a formaldehído. Tantos años de policía y luego de detective comprobando cadáveres de víctimas y sospechosos en las morgues hacen que reconozcas estos olores. El del formaldehído en particular no se olvida nunca.

Lo peor, sin embargo, estaba al final del callejón, donde el perro había estado rascando la pared. Me acerqué a comprobar qué estaba haciendo. No eran marcas de rascado. Había un trozo de chatarra afilada en el suelo, y en el muro, a un palmo de altura, la criatura había escrito con la punta de la chatarra un nombre. Quizá el del hombre al que pertenecía una de las manos. O más probablemente el del cerebro humano que, sin duda, Calder había colocado en el cráneo del perro. Un cerebro y que no quiso morir del todo sin tratar de dejar, de algún modo, una última seña de identidad en el mundo.


VIERNES, 27 DE MARZO DE 1926

Otro caso del manicomio. Otro "loco violento" fugado del que el comisario quería que me encargara yo. Él tiene a sus chicos quitándome de encima a todos esos locos de las sectas, así que supongo que de vez en cuando tengo que devolverle el favor. En esta ocasión, el favor se llamaba Thomas Grady, un hombre de unos cincuenta años, bastante tranquilo hasta hace cosa de tres días, cuando tuvo un episodio de agresividad extrema.

Según los guardias del psiquiátrico, había roto la puerta de su celda con una fuerza inhumana y había escapado. O’Maley me dijo que había recibido varias llamadas denunciando que un hombre con lo que parecían ser los restos de una camisa de fuerza había sido visto en un callejón del barrio antiguo golpeando sin cesar un contenedor de basura. Había enviado un par de patrulleros a mantener alejada a la gente, pero quería que fuera yo quien me encargara de él. No especificó a qué se refería con lo de encargarme, así que entendí que tenía vía libre para hacer lo que fuera necesario.

Fui a buscarlo y cuando lo encontré todavía estaba golpeando el contenedor de basura con los puños desnudos. Tenía los nudillos rotos y algunos de los dedos incluso se habían desprendido hasta no ser más que trozos de carne y hueso colgando de fibras de músculo. Dos manos que eran ya unos amasijos casi irreconocibles como tales. Me acerqué despacio.

—Grady —dije—. Soy el detective Miller. Necesitas que te curen esas manos. Voy a llevarte de vuelta al hospital, donde cuidarán de ti.

No reaccionó. Ni siquiera giró la cabeza. Me acerqué un poco más, con el revólver en la mano, pero manteniéndolo detrás del cuerpo para que no lo viera. Fue entonces cuando me fijé en lo que era en realidad. La piel estaba grisácea, tensa, los ojos vidriosos, sin enfoque. Y el pecho… el pecho no subía ni bajaba. No respiraba. Era un cadáver reanimado. Otro de los malditos experimentos de Calder. Se movía sin propósito. Su agresividad no estaba dirigida contra nada concreto. Solo trataba de destruir lo que la casualidad quiso que tuviera delante cuando el instinto de romper algo se instaló en su cabeza.

Búsqueda a 5+. Aumentado hasta 11+ de tener menos de seis puntos de locura, que sigue sin ser el caso. Primer intento: Lupa, Revólver, 5, 4, 2. Segundo intento (repitiendo los símbolos de habilidad) Linterna, Revólver, 5, 4, 2. Obtenemos Búsqueda 11 y  pasamos la tirada.

Hice una señal a los guardias para que se acercaran lentamente, sin llamar su atención. Entonces disparé al aire. Y la criatura, puesto que en conciencia no puedo llamarlo persona, levantó repentinamente la cabeza hacia el cielo, como si creyera que el estampido del disparo hubiese sido un trueno. Salté sobre él y los agentes me ayudaron a reducirlo. No fue fácil ni fue limpio, pero lo conseguimos. Lo atamos e inmovilizamos y lo llevamos de vuelta al manicomio. Dispararle en ese momento no habría servido de nada. Habría sido solo un cadáver más en la morgue. Yo necesitaba demostrar que era capaz de moverse por sí mismo pese a estar muerto.

Pedí hablar con los médicos que lo atendían regularmente. No me dieron largas. Quizá porque estaban tan asustados como yo. El doctor Hensley consultó los archivos, nervioso. Me dijo que la última vez que fue revisado, la semana anterior, estaba vivo. Se le tomó el pulso, respiración, reflejos. Pero no podían saber exactamente en qué momento murió. Sus episodios de violencia extrema empezaron el miércoles de esta misma semana, y suponen que fue en ese momento cuando debió fallecer. Habían tenido a un cadáver deambulando de un lado a otro de su celda durante dos días sin darse cuenta de que estaba muerto.

Salí del manicomio con una idea clara. Demasiado clara. Para haber tenido acceso a Grady después de su muerte… para haber manipulado su cuerpo… para haberlo reanimado sin que nadie lo notara… Calder debe estar trabajando dentro del psiquiátrico. Con otra identidad, por supuesto. Quizá como médico. Quizá como celador. Quizá incluso como paciente de mínima seguridad. Pero debe estar allí. Antes o después le echaré el guante a ese lunático.


SÁBADO, 28 DE MARZO DE 1926

Estaba saliendo de la comisaría tras hablar con O’Maley sobre conseguir acceso a las fichas de personal del manicomio cuando la vi sentada en el bordillo, como si llevara horas esperándome. La anciana del sapo y la serpiente. El sapo descansaba en su regazo, inmóvil como una piedra, y la serpiente amarilla estaba enroscada alrededor de su muñeca, tan quieta que podría pasar por una pulsera a un observador poco atento.

La anciana levantó la vista cuando me acerqué a ella.

—Detective… —dijo sonriendo—. El aire huele distinto hoy, ¿no le parece?

—¿Qué has visto esta vez? —pregunté.

Ella sonrió más. Una sonrisa casi sin dientes. Luego pareció dudar. Vi en sus ojos esa lucha de nuevo. La lucha entre lo que quería decirme y aquello (miedo, locura, una voluntad ajena a la suya quizá)que trataba de impedírselo.

Búsqueda a 11+. Primer intento: Linterna, Revólver, 5, 5, 2. Obtenemos Búsqueda 12 a la primera y  pasamos la tirada.

—No he visto nada. He escuchado. He escuchado que las cosas que caminan sin alma están inquietas —susurró—. Sienten que algo las llama.

—¿Qué las llama? —pregunté.

La anciana inclinó la cabeza hacia un lado, como si escuchara un sonido que yo no podía oír.

—Un hombre que ya no es hombre las creó, pero ya no es su amo, si es que alguna vez lo fue.

—¿Cómo se llama ese hombre? ¿Calder?

—Un hombre que ya no es un hombre, cuyo nombre ya no es un nombre. Un médico que cura la muerte. Pero la ausencia de la muerte no es la vida. Es algo peor.

—Sí, Calder —murmuré. La anciana negó con la cabeza.

—Quizá ese fue su nombre. Ya no lo es. Su mente ha cambiado. Buscó conocimiento donde no debía. Cree ser el amo de las marionetas que crea, pero él no es sino un títere más. Otro tira de sus hilos. El mismo que rige sobre los que respiran agua. El mismo cuyo pastor mueve rebaños de sombras por la ciudad.

El sapo volvió a croar.

—¿Me estás diciendo que las criaturas marinas, Calder, los Habitantes de la Oscuridad… todos sirven a un mismo ser?

Me acerqué un poco más.

—¿Sabes dónde está? —pregunté.

—¿Dónde está… quién? —me dijo, confundida.

En su mirada noté que no me reconocía. Su mente era un desastre, y lo peor es que no soy capaz de asegurar si cuando sabe quién soy y habla de forma profética está en uno de sus momentos de lucidez, y cuando ni tan solo me reconoce está en un momento de locura, o es al revés. Saqué unas monedas del bolsillo y se las di. Las recibió con una sonrisa genérica, mientras murmuraba haciendo cábalas sobre lo que podría comprar con ellas. 


DOMINGO, 29 DE MARZO DE 1926

Esta noche Evelyn y yo volvimos al Mundo Onírico. Evelyn parece tener mucha más facilidad que yo para acceder a ese mundo y lo hace de forma voluntaria casi cada noche. Me dijo que ha estado construyendo los muros de la fortaleza que nos servirá de cuartel general para cuando empecemos a reunir un ejército en las Tierras del Sueño. Habla como otra persona. Como si parte de ese mundo, de esa otra realidad a medio camino entre la mitología y los cuentos para niños, se estuviese instalando poco a poco en su cabeza y sustituyendo a la realidad.

Me dijo que debíamos regresar e intentar hablar de nuevo con La Princesa. Que si queríamos que nos recibiera algún día, debíamos ganarnos un nombre allí. Y así empezó nuestra pequeña aventura.

Caminamos por un sendero que se hacía y deshacía bajo nuestros pies. Fue entonces cuando escuchamos el llanto. Un sollozo pequeño, tembloroso, como el de un niño. Evelyn giró la cabeza.

"Ahí está nuestra oportunidad. Alguien necesita ayuda".

En nuestro claro encontramos una pequeña criatura vestida de colores chillones y con orejas puntiagudas.

—¡Oh, cielos! ¡Oh, cielos! —decía, dando saltitos nerviosos—. ¡La he perdido! ¡La he perdido!

—¿Qué has perdido? —pregunté.

El duende, si es que de eso se trataba, me miró con sus enormes ojos.

—Mi sombra, señor. Se ha escapado. Y sin ella… sin ella no soy nadie aquí.

Evelyn se posó en una rama flotante.

"Las sombras no se escapan solas. Alguien te la ha robado".

—Fue el Hombre de los Dedos Largos —lloriqueó el duende—… lo sé… lo sé… él colecciona sombras para venderlas en el Mercado de Medianoche.

Evelyn me miró. "Si recuperamos la sombra, el Viento hablará bien de nosotros. Y si el Viento habla bien de nosotros, algún día La Princesa lo escuchará y quizá entonces nos recibirá".

Le dije al duende que nosotros buscaríamos su sombra y se la devolveríamos. Lo curioso es que en ese momento no me sentí ridículo al hacerlo. Pero más curioso todavía es que ahora que estoy escribiendo esto, sigo sin sentirme ridículo. Durante el sueño, todo lo que nos estaba ocurriendo era total y absolutamente lógico dentro de su propia realidad. Y de algún modo pienso que sigue siéndolo.

Búsqueda a 17+. Reducida a 13+ por haber superado cuatro de las seis pruebas previas de la semana. Primer intento: Linterna (doble), 4, 2, 1. Segundo intento (repitiendo el 2 y el 1) Linterna (doble) 5, 4, 2. Tercer intento (repitiendo el 2) Linterna (doble) 6, 5, 4. Empleamos uno de los dos hechizos de los que disponemos cada mes para convertir un 6 en un 5. Obtenemos Búsqueda 14 y pasamos la tirada.

Buscamos el Mercado de Medianoche durante días. No puedo ni describir las criaturas de pesadilla a las que imploramos ayuda, hasta que finalmente las sombras de los árboles se juntaron, se retorcieron y formaron una puerta. Dentro, el Mercado era un laberinto de puestos hechos de humo sólido y huesos. Criaturas de todos los tamaños vendían cosas tales como suspiros embotellados, recuerdos ajenos y pedazos de sueños rotos.

Y allí, en un rincón, estaba el Hombre de los Dedos Largos. Tenía unas manos demasiado grandes, dedos que se retorcían como gruesas lombrices, y una sonrisa tan absurdamente ancha que las comisuras de sus labios se juntaban con las de sus ojos. En su mesa había sombras dobladas como pañuelos.

"Buscamos la sombra de un duende" dijo Evelyn. El Hombre sonrió aún más.

—Ah, sí… la tengo... pequeña... temblorosa... muy educada. Pero nada es gratis.

—¿Qué quieres a cambio? —pregunté.

Él me miró como si pudiera ver a través de mí.

—Quiero un miedo tuyo. Uno que hayas olvidado y ya no necesites. 

Acepté. El Hombre metió la mano en mi pecho y sacó un guijarro pequeño, gris, que guardó en un frasco.

—Trato hecho —dijo, entregándonos la sombra.

Volvimos al claro. El duende seguía allí, temblando. Le devolvimos su sombra. Saltó hacia ella, y la sombra se pegó a sus pies como si nunca se hubiera ido.

—¡Gracias! ¡Gracias! —dijo—. El bosque sabrá lo que habéis hecho. Y el Viento. Y La Princesa también. Yo mismo se lo diré.

Cuando desperté, tenía la sensación de que por fin habíamos dado un paso en la dirección correcta en ese mundo en el que las direcciones no significan nada.


Hasta el próximo (y esperemos que completo) informe del domingo que viene, podéis repasar el caso desde el inicio pulsando aquí

TEMPESTAD SOBRE EL CISNE NEGRO

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Aprovechamos que comienza la Semana Santa para reseñar un librojuego que tiene lugar precisamente por estas fechas. En él interpretamos a un adolescente que, junto a nuestro hermano menor Matthew, aprovechamos las vacaciones de Semana Santa para ir a visitar a nuestros abuelos que viven en otro estado. Nuestros padres consideran que el chaval al que interpretamos ya es lo suficientemente mayor y responsable para viajar sin adultos y además haciéndose cargo de su hermanito. Esperemos que no se arrepientan.

Durante el viaje el autobús va vaciándose de pasajeros en las distintas paradas hasta que llega un momento en el que Matthew y nosotros somos los únicos a bordo, aparte del conductor. Y si habéis visto suficientes películas de terror ya sabréis cómo va esto: estalla una fuerte tempestad (de nieve en este caso). El vehículo se avería y el único refugio cercano en el que pedir ayuda es un gran y siniestro edificio aparentemente abandonado.

El conductor del autobús es un tipo responsable y, viendo que somos niños, se hace cargo de nosotros. Nos lleva hasta el edificio, que resulta ser una posada llamada «El Cisne Negro» y no está abandonada. La propietaria, la señora Hubbard, nos acoge. La tormenta ha cortado convenientemente las líneas eléctricas y telefónicas, lo que implica nada de luz, nada de calefacción, nada de contacto con el mundo exterior y temperaturas bajo cero potencialmente mortales para todo el que intente alejarse a pie. El inicio al menos es a la vez clásico y prometedor.

Por un motivo u otro terminaremos explorando la casona, descubriendo que la posadera y algunas de las hospedadas son brujas. En la cocina burbujea un extraño brebaje verdoso y en el sótano se ha organizado una especie de pequeño aquelarre. Por lo que podemos llegar a averiguar, la posada fue un par de siglos atrás un punto de reunión de brujas y en sus almacenes y despensas quedaron abandonados muchos ingredientes mágicos traídos desde Europa y actualmente muy difíciles de encontrar. Recientemente unas nuevas brujas se han instalado en el lugar para aprovechar todos estos elementos.

La tormenta de nieve es, de hecho, algo que sólo afecta a los alrededores de la posada y está centrada en ésta. Ha sido provocada por las brujas mientras comprobaban si los ingredientes conservaban su poder. Nuestro objetivo en este librojuego es simplemente sobrevivir a la noche y seguir siendo humanos cuando la tormenta termine y podamos abandonar el lugar, a ser posible con nuestro hermanito.

Entre los ocho finales sólo hay uno realmente malo, en el que las brujas nos petrifican y nos quedamos como estatuas adornando el lugar. También hay uno que podemos considerar realmente bueno, y no porque derrotemos a las brujas (¡Mira que estar brujeando en plena Semana Santa! ¡Para eso está Halloween, señoras!), sino porque no llegamos a enterarnos de que existen.

En los seis restantes en los que sobrevivimos pero no salimos indemnes, el asunto termina con diversos efectos mágicos perjudiciales, que van desde duplicar a Matthew y terminar con dos hermanos pequeños en lugar de uno (quizá este debería contar como malo...), a quedarnos atrapados tras un falso muro hasta a saber cuando o agarrados a un campanario debido a un caso grave de ingravidez espontánea.

Puedes repasar todos los librojuegos de esta colección ya reseñados pulsando aquí.

Blizzard at Black Swan Inn. 1986. Susan Saunders (texto) Randy Jones (ilustraciones)Elige tu propia aventura / Globo Azul n.º 32. Publicado en 1986 por Timun Mas.

jueves, 26 de marzo de 2026

EL MENSAJERO DEL INFIERNO

 EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                                      ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

Presentado por... Pecky.
 

¡Saludos, amigos cinéfagos!

Desde hace unos días circula el rumor de que Chuck Norris ha muerto. Los que hemos seguido sus películas desde siempre sabemos que esto no es cierto; en realidad, le apetecía un combate de revancha con Bruce Lee desde aquella vez que pelearon en el coliseo romano, así que se fue a buscarle. La próxima vez que oigáis tronar, probablemente sean Chuck y Bruce intercambiando puñetazos en el cielo

😇🤜💥🤛😇

El caso es que esta noticia nos ha recordado que hacía mucho tiempo que no reseñamos ninguna película de Tito Chuck, así que he sacudido el polvo de nuestras estanterías en busca de alguna que todavía no hubiéramos reseñado, y apareció esta: El mensajero del Infierno (Hellbound), una en la que Chuck, cansado ya de enfrentarse a terroristas, ninjas de saldo, narcotraficantes y demás chusma de baja estofa, mide sus fuerzas nada menos que con el elegido para traer a Satanás a la Tierra.

La película empieza en algún lugar de Oriente Medio, en el año 1186, con una serie de escenas que parecen sacadas de Army of Darkness, la tercera de la saga Evil Dead estrenada tan solo un año antes y muy presente todavía en la mente del público. Ya sabéis cual digo, esa en la que Ash va a parar a la Edad Media, se encuentra con caballeros y se ve implicado en una trama en la que las fuerzas sobrenaturales se desatan y termina luchando contra esqueletos y monstruos.

Como decía, un reducido grupo de guerreros al mando de Ricardo Corazón de León se abre paso hasta una cripta subterránea. Al rey lo acompañan un par de caballeros con armadura, varios soldados con cotas de malla, arqueros y un cura. Llegan hasta una cámara en la que un culto satánico se dispone, aparentemente, a sacrificar a un bebé de sangre real clavandole un cetro puntiagudo. El bebé es un príncipe, por lo que dicen; quizá el hijo del propio Ricardo, aunque esto no llega a aclararse.

Ricardo y los caballeros cargan contra esta secta satánica. Durante el combate se nos revela que los cultistas embozados ya no son totalmente humanos. Presentan extrañas mutaciones que les dan un aspecto demoníaco.

Su líder, llamado Prosátanos, tiene además una fuerza desproporcionada y parece ser que no se le puede matar con armas convencionales. Una vez Ricardo y los suyos han acabado con los sectarios mutantes, Prosátanos es embutido de malas maneras dentro de una gran tumba de piedra que el cura sella con rezos y cuatro dagas con empuñadura cruciforme, colocadas en cada una de las cuatro esquinas de la lápida. Con esto, el poder de Prosátanos queda contenido dentro de la tumba. No lo pueden matar, pero él no puede salir. El bebé es rescatado y el cetro, que era la mayor fuente de poder de Prosátanos, es partido en varios fragmentos, en la creencia de que así este poder maligno será destruido.

Y, como decía unas cuantas líneas atrás, la sensación que me produce toda esta parte es tal cual la de estar viendo una escena cortada de El ejército de las tinieblas, hasta el punto de que en cualquier momento espero que vaya a salir Ash con su mano-motosierra a repartir leña entre los sectarios. Pero, por desgracia, esto no llega a ocurrir. Lástima, porque habría sido un buen crossover, con Ash hombro con hombro con Norris, enfrentados a monstruos y demonios en la Edad Media.

Tras el combate la cripta es abandonada y sellada, y así permanece hasta el año 1951, cuando un par de ladrones de tumbas hacen un butrón para saquearla. Las cuatro dagas cruciformes siguen sobre la tumba, pero sus empuñaduras son de oro con pedrería, así que a los ladrones les falta tiempo para apoderarse ellas y… no entraré en detalles porque seguramente ya os imagináis lo que pasa a continuación de que rompan el sello mágico que retiene a Prosátanos en la tumba.

El tiempo vuelve a saltar hasta el presente, es decir, el año en el que se estrenó la película, que es 1994. Ahora estamos en Chicago y Prosátanos está, al parecer, reuniendo las piezas de su cetro. Ricardo y los cruzados se encargaron de dispersarlo por el mundo entregando cada uno de los nueve fragmentos a un cura o rabino para que lo guardaran a salvo del mal. Ya sabéis cómo va la cosa esta de los objetos malditos: algunos se pueden fragmentar, pero no destruir totalmente. Eso de fundirlos no va con ellos. Así que, si tienes la suerte de que el objeto maldito que ha caído en tus manos es uno de los que se puede romper, lo mejor que puedes hacer con los pedazos es esconderlos lo más lejos posible unos de otros.

Prosátanos recibe en una habitación de hotel mugrosa a un hombre que ha encontrado para él una de las piezas, el cabezal del cetro. Mientras Prosátanos examina esta pieza (que resulta ser una falsificación), el hombre saca una de las cuatro dagas cruciformes que sellaron su tumba y se la clava en el corazón. En realidad, el hombre es un rabino que está ahí para destruir a Prosátanos. Ha conseguido de algún modo una de las dagas y cree que estas bastan para matarle, pero en realidad no es así. Prosátanos lo saca de su error arrancándole el corazón y, de paso, lanza por la ventana a una prostituta con la que se había acostado un poco antes y aun estaba remoloneando por la habitación. La joven va a estrellarse contra el capó de un coche de la policía que había bajo su ventana, y es allí donde Norris se ve implicado en toda esta trama: es uno de los policías que había dentro del coche sobre el cual cae la prostituta.

Aquí tenemos a un Norris a nivel tres, bajo el nombre de Shatter, aunque lo vamos a seguir llamando Norris para tener claro de quien hablamos. Su compañero es Jackson, un poli más impulsivo y menos experimentado que él.

El caso es que Norris y Jackson se encuentran con esa patata caliente entre las manos (bueno, más bien sobre el capó) y suben al apartamento de donde ha caído la prostituta, que identifican fácilmente por ser el que tiene la ventana rota. Pero no pueden hacer nada por detener a Prosátanos, que resiste incluso impactos de bala directos, sin que estos le causen más que un dolor momentáneo. Éste abandona precipitadamente el motel, al parecer más preocupado por que le vean con claridad que por el hecho de tener que enfrentarse a ellos.

A Norris y Jackson les ordenan viajar a Israel para llevar el cuerpo del rabino, ya que las autoridades israelíes tienen interés en hablar con ellos para esclarecer lo más posible su muerte. El tono de la película cambia ligeramente una vez llegan a Israel, dándole un aire más de comedia ligera cuando hasta ese momento había estado más encaminada hacia el terror.

Aunque en teoría solo debían prestar declaración y no estaban autorizados a investigar por su cuenta, naturalmente lo hacen. Ya que están allí, empiezan a tirar de hilos y de pistas propias y terminan conociendo al profesor Lockley. Este no es otro que la actual identidad de Prosátanos, que se hace pasar por un arqueólogo para excavar en busca de las piezas del cetro que le faltan sin levantar sospechas. La ayudante de Prosátanos es la doctora Leslie, interpretada nada menos que por Sheree J. Wilson, la fiscal Alex de Walker, Texas Ranger.

Y, llegados a este punto, he de hacer notar que esta película es un año posterior al estreno de Walker, Texas Ranger, y teniendo ya a Norris y a Sheree J. Wilson, hubiera estado genial que el papel de Jackson lo interpretara Clarence Gilyard Jr., el que hacía de Jimmy Trivette en la serie. Tendríamos a los tres protagonistas principales de Walker, Texas Ranger pero haciendo otros papeles. Como una especie de existencia paralela, al estilo de las historias del Campeón Eterno de Moorcock, en la que diversos personajes están condenados a hacer roles similares en distintas realidades, sin reconocerse ni recordarse entre ellos de una a otra pero guiados por una fuerza que les impulsa a reunirse y actuar juntos.

El caso es que Norris y Prosátanos quedan frente a frente por segunda vez, pero cuando pelearon en la habitación del motel esta se encontraba casi completamente a oscuras y todo fue muy rápido. Norris no tuvo tiempo de verle bien y no lo reconoce. Él y Jackson siguen con su investigación, auxiliados por un niño local al estilo del Tapón de Indiana Jones y el templo maldito y algún que otro chivatazo de Leslie. Mientras, Prosátanos, bajo su nueva identidad, continúa reuniendo los fragmentos del cetro. El cetro es importante porque es con él con lo que debe dar muerte a alguien de sangre real como parte del ritual para desatar el Infierno en la Tierra. Le falta una sola pieza por encontrar y eso es lo único que le ha impedido llevar a cabo el ritual hasta ahora.

Norris y Jackson terminan llegando a la conclusión de que el profesor Lockley es Prosátanos, pero para cuando lo hacen este ya ha recompuesto su cetro y tiene incluso un sacrificio preparado; Leslie resulta ser hija de un duque, lo que significa que ella es de sangre real. Es por esto que la eligió como ayudante, para tener a alguien de sangre real siempre a mano para cuando lograra reunir las piezas del cetro.

Emulando al rey Ricardo y sus caballeros setecientos setenta y nueve años atrás, Norris y Jackson irrumpen en la misma cripta para detener el sacrificio. Prosátanos ha reunido a otro grupo de sectarios mutantes, que los agentes despachan a base de tiros y patadas antes de enfrentarse con su líder, al que recordemos que ningún arma convencional puede matar.

Amarrada al altar del sacrificio, Leslie revela entonces algo que el cura del principio de la película no llegó a averiguar: la forma de matar a Prosátanos es con su propio cetro, estacándolo con él como si de un vulgar vampiro se tratase. Norris apiola al energúmeno con el cetro y, cuando este muere, el artefacto se divide una vez más en nueve fragmentos.

Norris, Jackson y Leslie abandonan la cripta dejando atrás los fragmentos. Una figura misteriosa que ha estado toda la película dejándose ver cada dos por tres aparece para recogerlos y llevárselos. Y se nos revela entonces que es alguna especie de hombre santo cuya misión es dispersar de nuevo por el mundo los fragmentos del cetro para mantenerlos a salvo, hasta que vuelvan a ser necesarios.

Una última escena nos muestra a Norris y Jackson despidiéndose de Leslie, que al parecer no tardará en seguirlos hasta Chicago, pero aún tiene algo de papeleo que solucionar en Israel. Y despidiéndose también del niño, la versión local de Tapón, que se ha encariñado de tal modo con Jackson que le da un gran abrazo de despedida… y aprovecha para robarle la cartera.

He leído varias críticas sobre esta película y todas coinciden en que es de lo peor de las películas no infantiles de Norris. Personalmente, no la considero tan mala. Hubiese preferido que estuviese totalmente encaminada hacia el terror sin los toques de comedia que tiene, que cortan un poco el ritmo, pero tal como es la encuentro bastante entretenida.

No está exenta de algunos detalles absurdos, como el hecho de que van en busca de uno de los sacerdotes que protege un fragmento del cetro para hablar con él y este resulta ser ciego y vivir solo en un viejo monasterio… con docenas de velas y antorchas encendidas por todos lados. Me refiero a que, si vives solo y eres ciego ¿qué necesidad hay de tener tan iluminado tu hogar? ¿Por si vienen visitas, lo cual debe ocurrirle una vez cada diez años?

Pero bueno, si vamos a hablar de detalles, también podemos nombrar las pequeñas pistas o referencias demoníacas que vemos muy ocultas de tanto en tanto. Casi al principio de la película hay una escena en la que Norris se pasea en primer plano mientras que al fondo vemos un cartel en la pared en el que aparece un número de teléfono. Es uno de esos números de teléfono falsos que en las películas siempre empiezan por 555, pero en este caso empieza por 666. Hay otra escena en la que Prosátanos está en la casa de un anticuario y un extraño juego de luces hace que durante un segundo parezca que se vean como unos cuernos sobre su cabeza.

En resumen, es una de esas rarezas que solo podían surgir en los años ochenta y noventa: una mezcla improbable de terror sobrenatural, puñetazos, palabrotas y más humor involuntario que del otro. No es la mejor película de Chuck Norris, ni de lejos, pero tampoco la peor. Es una especie de experimento extraño, como un cruce entre Army of Darkness y Walker, Texas Ranger, ambas estrenadas un año antes.

Puedes ver más reseñas de películas de Chuck Norris (San Norris, a partir de ahora😇) pulsando aquí

Hellbound. 1995. Ian Rabin, Anthony Ridio, Brent V. Friedman, Galen Thompson (guion). Aaron Norris (director). Chuck Norris [Carlos Ray Norris], Calvin Levels, Christopher Neame (actores principales). Sheree J. Wilson (actriz principal). Editada en DVD en 2001

martes, 24 de marzo de 2026

POPEYE (nº 16) Rumbo a las Islas Misteriosas

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, comedores de espinacas.

Estamos a veinticuatro de marzo, el día en que se conmemora la muerte de Frank «Rocky» Fiegel, de Chester (Illinois). Fiegel fue la persona real que inspiró al dibujante de cómics E. C. Segar a la hora de crear a su personaje más recordado, Popeye el marino. 

Frank Fiegel era un tipo fuerte y marrullero, y tan fácil de provocar que su rostro, roto a golpes en muchas ocasiones, estaba deformado de un modo bastante pintoresco, con la mandíbula desencajada y un ojo permanentemente cerrado. Segar lo conoció siendo él un niño. Fiegel, que rondaba ya la cuarentena, trabajaba de camarero en un bar portuario. Con una pipa apagada colgando de la boca y siempre parándole los pies a los marineros borrachos que armaban escándalo en su bar o trataban de propasarse con las señoritas, Fiegel era una especie de celebridad local.

Era famoso por estar metiéndose en peleas continuamente, sí, pero también por proteger a las mujeres y a los niños siempre que veía a alguien maltratándolos. Esa mezcla de rudeza y nobleza, unida a su aspecto inconfundible, dejó una huella tan marcada en el joven Segar que este terminó convirtiéndolo en el marinero de ficción más famoso del mundo.

Cuando el personaje de Popeye comenzó a aparecer en las tiras de prensa, Fiegel contaba ya con unos sesenta años largos. Todo el mundo en Chester se dio cuenta inmediatamente de que Popeye estaba inspirado en él. Lejos de molestarse, Fiegel presumía con humor de ser «el auténtico Popeye», y a petición de los niños (y a veces de los no tan niños) imitaba sus poses, sus andares, repetía sus frases e incluso acentuaba su expresión para parecerse aún más a su versión del cómic. Nunca llegó a hacerse rico por ello, pero sí disfrutó de esa especie de «gloria local» que lo acompañó hasta el final de su vida. Y para un hombre sencillo, rudo, solitario y de carácter protector, aquello debió de sentirse como un pequeño triunfo personal. En la actualidad, una placa colocada por el ayuntamiento de Chester junto a su tumba lo presenta oficialmente como «La inspiración de Popeye».

Y bueno, siendo hoy el día que es, estaréis de acuerdo conmigo que lo más adecuado es reseñar otro de los comics de Popeye que tenemos por ahí.

Rumbo a las Islas Misteriosas. La historia la pillamos ya empezada del número anterior, que no tenemos, pero es fácil deducir la parte que falta. El padre de Milton y Mildred, que es almirante, encarga a Popeye una misión especial. En realidad se la encarga Cocoliso, que de algún modo, y pese a ser un bebé, no solo ha logrado alistarse, sino que ha alcanzado el grado de teniente. La misión es localizar un pequeño archipiélago conocido como las Islas Misteriosas y volver para informar sobre si los japoneses se han apoderado de ellas. La tripulación de Cocoliso estará compuesta por Popeye, Pilón y Óscar.

El vehículo que emplearán para buscar las islas es La Termita, un submarino con un enorme taladro incorporado en la proa, capaz de moverse excavando túneles bajo tierra casi con la misma soltura con que navega bajo el mar. Al poco de iniciar su viaje, Popeye descubre que llevan dos polizones a bordo: Rosario se ha colado en La Termita para estar cerca de él, y Pilón ha introducido una vaca viva de contrabando como provisiones de emergencia. Popeye echa al exterior a la vaca (por suerte para ella, aún estaban en tierra firme) y sigue su camino atravesando valles y montañas hasta llegar al mar.

Allí se encuentran con una serie de curiosos personajes, como unas sirenas, la Bruja del Mar, Davy Jones y la sobrina de este, Fanny. 

Por aquí ya comentamos alguna vez que a Davy Jones no se lo inventaron en la saga de Piratas del Caribe, solo lo versionaron. Davy Jones es el nombre propio que los marineros europeos del siglo XVI dieron al fondo del mar. Se creía que hablar abiertamente de barcos que se habían hundido o marineros que se habían ahogado atraía el mismo destino sobre quien sacaba el tema, así que, en lugar de decir que alguien se había ahogado, se decía que estaba «brindando con Davy Jones» (porque había tragado agua de mar hasta morir). Y cuando un barco se hundía, se decía que Davy Jones «lo había guardado en su cofre» (porque el mar se había «cerrado» sobre él).

En Popeye, Davy Jones aparece representado como un viejo marino con una pata de palo, un garfio, un ojo tuerto, una larga barba y un catavientos como sombrero. Sobre Fanny, he de decir que me parece un personaje bastante curioso porque, según la historia interna de Popeye, es sobrina de Davy Jones e hija de Caronte, el barquero del río Estigia de la mitología griega. Esto convierte a Caronte y Davy Jones en hermanos, y si bien crear vínculos familiares entre personajes de diferentes mitologías suena raro, en este caso no lo veo mal. Caronte era el encargado de cruzar de una orilla a otra del río Estigia a las almas de los muertos, y Davy Jones guardaba en su cofre (o en su armario, según algunas versiones) los barcos y marineros que se hundían. En Popeye, Davy Jones regenta una pensión submarina donde ya tiene reservada una habitación para Popeye, lo que nos indica cuál será el final del marinero tuerto. Se podría decir que pese a sus diferentes orígenes Davy Jones y Caronte tienen funciones similares: la gestión de los muertos, y ambos están relacionados con el agua, precisamente el elemento del que proviene la vida. 

En cuanto a Fanny, no se nos dice mucho sobre ella salvo darnos a entender que está enamorada de Popeye; tiene varias fotos de él en su habitación, se sonroja cuando lo nombra, y aunque habitualmente viste una túnica andrajosa, cuando cree que Popeye pueda pasar por la pensión de Davy Jones la cambia por un bonito vestido floral.

Tanto la Bruja del Mar como Davy Jones aconsejan a Popeye no seguir adelante y olvidarse de las islas, puesto que estas ya han caído en manos de los japoneses. Sin embargo, a las órdenes de Popeye (pese a su mayor graduación, nadie considera a Cocoliso el líder del grupo) La Termita sigue rumbo a las Islas Misteriosas a base de preguntar la dirección a quienes se van encontrando.

Es así como llegan hasta el Polo Norte, donde el submarino sufre graves daños al quedar atrapado entre dos icebergs. La tripulación de La Termita, varada en el glaciar del Polo Norte, se enfrenta a una serie de situaciones que, de no ser esto un cómic de Popeye, podríamos achacar a delirios de los personajes producidos por el frío extremo. Primero son atacados por un oso polar, que Popeye mata de un puñetazo y Pilón asa y se come en tiempo récord. Hasta aquí todo bien, pero es que luego son atacados también por una tribu batusi africana y por un león de la sabana. Y sí, siguen estando en el Polo Norte.

Óscar, que se caracteriza precisamente por ser el personaje más tonto del grupo, repara el submarino. Sin ayuda, sin herramientas y sin conocimientos para ello, pero lo hace. Ya solo necesitan rellenar el tanque de combustible para seguir su camino. Pilón redacta una carta solicitando al Estado Mayor una lata de combustible y se la da a un pingüino que pasaba por ahí para que la lleve. Entretanto, Cocoliso logra entenderse con el rey de los batusis africanos del Polo Norte, y estos dejan de atacarles.

A todo esto, el pingüino entrega la carta al almirante de la flota de Espinacola, y él en persona lleva hasta el Polo Norte una lata del combustible que usa La Termita, que resulta ser jugo de espinacas superconcentrado de 150 octanos. ¿Biocombustible en un cómic de 1971?🤔Pues sí. No es algo moderno, precisamente, ya los había desde 1853, aunque eran muy poco comunes.

Una vez arreglada La Termita deciden seguir por el aire (al parecer también vuela, usando el giro del taladro como la hélice frontal de un biplano) para recuperar el tiempo perdido. Al hacer esto son avistados inmediatamente por la Armada japonesa, que se dedica a cañonearlos. La Termita se sumerge de nuevo y hunde algunos barcos japoneses con los seis torpedos que lleva como armamento. Cuando se le acaban los torpedos, les disparan tiburones con cartuchos de dinamita en la boca, y cuando se les acaban los tiburones, embisten directamente a los barcos con el taladro de proa.

Y aquí, en plena batalla, termina este número. ¡No os quejaréis, hemos tenido de todo!: submarinos-taladro, pingüinos mensajeros, tiburones explosivos… al final no sé qué admirar más: si la capacidad de Popeye para sobrevivir a cualquier cosa que le echen los guionistas, o la capacidad de estos para inventarse desafíos cada vez más absurdos. Pero oye, si Rocky Fiegel pudo con medio puerto de Chester a puñetazo limpio, ¿cómo no iba a poder su alter ego con misiones imposibles, batusis polares y la Armada japonesa?

Podéis repasar todo lo publicado sobre este personaje pulsando aquí.

No se indica el título original. 1971. Tom Sims & Zaboly (texto y dibujos). King Features Syndicate. Publicado en 1971 por Buru Lan S.A.