MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

viernes, 8 de mayo de 2026

CUSTER

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Hoy vamos a darle un repaso a Custer, una obra de 1985 de Carlos Trillo y Jordi Bernet. Fue publicada originalmente por entregas en el cómic Zona 84 y posteriormente recopilada en un tomo único, que es el que veremos aquí. Este es todo el material existente sobre un personaje que considero lo suficientemente interesante como para haber merecido algo más de atención.

La historia que nos presentan puede parecernos familiar hoy debido a los programas de falsa telerrealidad, como Gran Hermano o La isla de los famosos, pero imagino que era un tema muy poco explotado cuando apareció este cómic. La protagonista, Custer, ha firmado un contrato perpetuo con una gran cadena de televisión: unas cámaras voladoras microscópicas, invisibles a simple vista, la seguirán durante las veinticuatro horas del día grabando todo lo que hace, para que su vida sea presentada al gran público en forma de capítulos. Como ocurre con la mal llamada telerrealidad, que inventa dramas donde no los hay, el contrato incluye cambios en su vida para que no parezca aburrida. Deben mostrarla como alguien aparentemente normal, pero que además es detective privada, mata delincuentes, resuelve casos y deshace entuertos, comportándose como una Humphrey Bogart femenina, cuando en realidad antes de firmar el contrato era una estudiante de teatro.

Custer es grabada continuamente por esas microcámaras, y las imágenes de su día a día son remontadas para presentarlas una semana después como una gran y dramática aventura de una hora de duración. Cada uno de los nueve episodios del cómic muestra un día en la vida de Custer, pero también cómo la cadena manipula las grabaciones para forzar la supuesta realidad que vende a su público, en favor de las cifras de audiencia.

El entorno de Custer es actual o muy ligeramente futurista. La sociedad está deprimida y asqueada por la pérdida total de intimidad, por la saturación de información y por unos medios que transmiten continuamente tonterías y mentiras. El suicidio es algo tan normalizado que existen zonas de la ciudad habilitadas para ello. Hay carreteras con desvíos específicos hacia callejones sin salida contra los que estrellarse voluntariamente a toda velocidad, y las vías del metro tienen un horario para saltar a ellas y ser atropellado sin entorpecer las horas punta de mayor tráfico. En uno de los capítulos vemos una pintada que incita a la gente suicidarse en espacios no autorizados por el Gobierno, como un acto de rebeldía y contracultura. 

Cuando se escribió y dibujó pretendía mostrar una degeneración social muy exagerada pero creíble. Y leído a día de hoy, con el auge de los creadores de contenido que hacen cosas como agredir a la gente por la calle como si fuera algo gracioso, los que arriesgan su vida por visitas a su canal o los que se autohumillan por likes y subscripciones, el futuro que nos muestra Custer no se ve tan lejano ni tan exagerado.

1. Llegada a Alphaville. En esta primera historia, Custer es contratada para liberar a un famoso cantante, Paul Joplin. Su contacto le indica dónde lo tienen retenido. No es una labor de investigación ni de negociación: lo que quieren de ella es que se cargue a los que lo han raptado y libere al cantante. Custer acepta sin demasiadas preguntas porque la cosa no va con ella.

Se presenta en el lugar que se le indica, que resulta ser un sótano en el cual tienen a Joplin encadenado a un poste. Sus raptores no son una banda criminal que busque obtener un rescate, sino una pandilla de admiradores. Las canciones de Paul Joplin tratan sobre autolesionarse y suicidarse y, al parecer, este grupo de fans se enteró de que él mismo había decidido suicidarse y lo raptaron para impedírselo. Cuando Custer se presenta, los adolescentes se apresuran a sacar sus propias armas, pero ella los abate a tiros sin ningún miramiento y suelta a Joplin de sus cadenas. 

Este, una vez recuperada su libertad, corre hacia la estación de metro más cercana y se arroja a las vías, siendo triturado por el tren.

Un detalle curioso que vemos aquí, y que será importante más adelante, es que Custer guarda en un viejo casete una grabación de frases que le dijo alguien llamado Theo. Por el momento no sabemos quién es ni qué pasó con él, pero todo apunta a que fue un antiguo amor que dejó una gran marca en ella. Custer aparentemente sigue enamorada de Theo y lleva consigo a todas partes ese casete y un reproductor portátil porque siente una verdadera necesidad de estar escuchando su voz grabada continuamente.

2. Peripecia en Metrópolis. Uno de los enlaces que Custer tiene con la cadena de televisión se pone en contacto con ella. Este le comunica que hay un joven que tiene la intención de hacerse el encontradizo con ella. La serie de la vida de Custer, que se anuncia como «La vida real de una mujer de hoy, seguida minuto a minuto en sus acciones, en sus palabras, en sus pensamientos», es el programa más popular del momento, y el representante de este joven, que quiere hacer carrera como actor o modelo, le ha recomendado que trate de salir en un capítulo.

Así pues, el joven ha contratado a una pandilla de maleantes para que finjan atacar a Custer. Después él aparecerá fingiendo rescatarla cual caballero de brillante armadura. De este modo saldrá en un capítulo de Custer, y eso será un gran empujón en su pretendida futura carrera. El caso es que el contacto de la productora le indica esto a Custer solamente para que lo tenga en cuenta. No le dice qué hacer al respecto; eso queda a su gusto. A la cadena le da exactamente igual que Custer mate a tiros a los tipos que finjan atacarla, que le parta la cara al jovenzuelo aspirante a famoso o que se acueste con él, ya que todo ello vale para elevar la audiencia.

Custer sale a pasear y, efectivamente, al meterse en un callejón es asaltada por una pandilla de chavales con navajas que la rodean. Entonces aparece el joven galán y se deshace de todos ellos a puñetazos mientras suelta una tras otra frases grandilocuentes y claramente estudiadas de cara a la cámara invisible que sabe que está siempre grabando lo que le ocurre a Custer y, por tanto, grabándole a él.

Tras poner en fuga a los maleantes, el joven espera algún tipo de agradecimiento o interacción por parte de Custer, pero esta se limita a aplaudirle con sorna y a dejarle claro que sabe por qué está haciendo todo eso. Sin embargo, cuando se dispone a marcharse, el joven la sigue y le dice que sí, que esa era su intención, pero que además de eso quería conocerla, porque al ver los capítulos de su vida en televisión siempre le ha dado la impresión de que ella está muy sola y muy triste. Custer se ablanda y se lleva al joven a su apartamento para acostarse con él, cosa que naturalmente también será grabada.

Pero vemos que Custer se coloca unos cascos conectados a un reproductor y le dice al joven que le gusta oír música para entonarse mientras hace el amor. El joven no oye la grabación, solo Custer lo hace, pero nosotros, como lectores, sí tenemos acceso a ella. Y no es música: es la voz grabada de Theo. Una última viñeta nos muestra la nota que será entregada junto con las grabaciones al equipo de montaje, en la que se indica a estos que deben sustituir la voz de Theo por música de Joplin para que de este modo el público tenga una percepción diferente de la realidad de Custer, haciendo ver que ella está abierta a otra relación (hay que darles esperanzas a sus seguidores masculinos), cuando en realidad solamente piensa en Theo en todo momento.

3. Confidencia en Fat City. Un teniente de policía llamado Maragatto se pone en contacto con Custer para que colabore en la detención de Little Caesar, un conocido criminal local. Maragatto le explica que eso será bueno tanto para ella (porque es material para su serie) como para él, puesto que la cámara lo grabará colaborando con Custer y eso hará aumentar la confianza del público en la policía de la ciudad. Algo a regañadientes, porque no ve el asunto claro, Custer acepta acompañarlo a detener a ese delincuente.

De camino se da cuenta de que hay alguien siguiéndoles: un hombre bajito, encorvado, que va tras sus pasos. Cuando se adentran en los callejones donde se esconde Little Caesar, Maragatto hace que sea ella la que llame a la puerta, porque al parecer Little Caesar está esperando a una prostituta, y el ver a una hermosa joven hará que se confíe. Efectivamente, el hombre, que al parecer no pierde mucho el tiempo con la televisión no la reconoce como la protagonista del show más popular del momento y le abre la puerta de par en par. En ese momento, Maragatto se deja ver desde donde estaba oculto y, sin darle al otro la más mínima oportunidad de rendirse, le dispara a la cabeza a bocajarro.

A continuación comienza a largar un discurso claramente preparado para las cámaras. Como el aspirante a actor del capítulo anterior, Maragatto sabe que Custer está siendo grabada continuamente y lo único que ha querido en realidad ha sido chupar cámara. Se atribuye a sí mismo, y no al Departamento de Policía, la investigación y «captura» del delincuente, y aún sigue hablando de sí mismo, dándose autobombo, cuando Custer se harta de él y se marcha.

Custer ve otra vez al hombre que los estaba siguiendo. Corre hacia él y lo detiene, preguntándole quién es y qué es lo que quiere. El hombre, que es prácticamente un anciano, se disculpa diciéndole que lo envía la cadena de televisión. Él es simplemente un escudo humano. Ese es el papel que tenía que hacer: su misión era interponerse entre Custer y el delincuente como si fuera un transeúnte que pasaba por ahí de casualidad si ella se veía implicada en un tiroteo. La cadena de televisión está preocupada por la seguridad de su estrella y, al parecer, tiene contratados individuos como este para que reciban las balas en lugar de ella. Quinientos dólares si interceptan una bala y son heridos, y mil a sus familiares si la bala los mata. El hombre se lamenta de no haber tenido la oportunidad de intervenir, ya que su familia está muy necesitada de dinero. 

En la última página nos vuelven a mostrar estas imágenes y vemos que los diálogos han cambiado. Esto es para que veamos el contraste entre las escenas reales y espontáneas, que son las primeras que vimos, y lo que emite después la cadena de televisión, alterando el doblaje para hacer ver que el hombre es en realidad un fan que la estaba siguiendo únicamente porque le gusta mucho el programa y quería felicitarla. Toda una lección de manipulación.

En este capítulo aparecen por primera vez tres músicos sin ningún tipo de relevancia que están intentando alcanzar el estrellato. Tienen con ellos a Annabelle, una cabeza de chorlito que aparentemente es su única groupie, que los obedece con una devoción absoluta. Los tres tipos la están haciendo prostituirse para conseguir dinero con el que mejorar sus equipos e instrumentos musicales, pero uno de ellos tiene una idea mejor: incorporarla a su espectáculo. Le dice que en cada uno de sus conciertos le cortarán una parte del cuerpo como reclamo para animar a la gente a que vaya al siguiente concierto a ver cuál es el nuevo trozo que le cortan. Esto se nos muestra en un par de viñetas en las que están ocurriendo otras cosas, como algo adicional, como si fuera simplemente ruido de fondo. Pero en realidad es una historia que se irá desarrollando paralelamente a la trama principal de los siguientes capítulos.

4. Jadeos en el barrio chino. Custer deambula por la calle cuando se encuentra fortuitamente con Marga, una amiga de sus años de estudiante universitaria. Se alegra mucho al verla e intenta entablar una conversación recordando los viejos tiempos, pero Marga le deja claro que no quiere hablar con ella y se aleja rápidamente. Custer entiende que es por la cámara. Marga y, de hecho, casi todo el mundo, sabe que la están grabando las veinticuatro horas. Y si bien esto atrae a algunas personas, como vimos en capítulos anteriores, también repele a otras. En el caso de Marga, ella sabe que cualquier cosa que diga o que haga, o que Custer mencione sobre ella, puede ser emitida, y es por eso por lo que se aleja.

Deprimida por el hecho de que sus conocidos la traten como a una apestada y los desconocidos como a un ídolo al que acosar, Custer saca su grabadora del abrigo para oír una vez más la voz de Theo. Y en ese momento un ladrón que simplemente pasaba por ahí se la arrebata de las manos y echa a correr.

Casi todo el capítulo es la persecución de ese ladrón, con Custer pisándole los talones porque se está llevando lo más importante de su vida: la voz de Theo, lo único que conserva de él. Mientras esta persecución se produce, el ladrón se mete en una plaza donde están dando un concierto, y vemos que se trata de la tercera función de Los Descuartizadores de Annabelle, el grupo formado por los tres individuos que se dedican a mutilar a su groupie. Ella está desnuda sobre el escenario y vemos que ya le faltan las piernas. La propia canción del grupo gira en torno a eso y en lo siguiente que le van a cortar: uno de sus brazos. De hecho, tan pronto como el concierto acaba, uno de los cantantes se lo corta de un hachazo frente al público, que grita enloquecido porque es precisamente lo que estaban esperando ver.

La persecución del ladrón termina cuando una furgoneta de la productora lo atropella. Un cuadro de texto, que entendemos que es una nota de la propia dirección de la cadena, indica a los montadores que las imágenes del atropello se muestren desde un ángulo diferente, de modo que no se distinga el logo de la furgoneta y la cadena no quede implicada. Custer no recupera la cinta con la grabación de la voz de Theo, ya que esta es aplastada y destruida por las ruedas de la propia furgoneta.

De camino a su casa pasa junto a un gran cartel publicitario en el que se anuncia su serie y arranca una tira de este sin detenerse.

5. Rebelión en Dark City. El quinto capítulo comienza con Custer echada en la cama de un hotel en el que, al parecer, lleva tres días encerrada. La cámara que la monitorea las veinticuatro horas no solo graba imagen y sonido, sino que también transmite la voz de los ejecutivos de la compañía de televisión. Estos están molestos porque lleva tres días sin proporcionarles material. Han empezado a montar capítulos con imágenes de archivo para hacerlas pasar por flashbacks, pero no pueden montar un capítulo únicamente con esto. Necesitan material nuevo, necesitan que Custer salga a la calle, aunque no haga otra cosa que pasear, para justificar el hecho de dedicar algún capítulo solo a flashbacks.

Ella se viste con desgana y sale a pasear. Se nos van alternando imágenes de Custer deambulando por la deprimente ciudad con otras que entendemos que son grabaciones de capítulos anteriores. Sin embargo, muchas de estas imágenes son de antes de que firmara el contrato con la cadena de televisión. Es decir, que la cadena empezó ya a grabarla antes incluso de proponerle televisar toda su vida y de que ella firmara el contrato. Probablemente la idea de la cadena era hacer programas sobre el día a día de personas elegidas al azar, incluso sin su conocimiento o consentimiento, pero se toparon con algún tipo de traba legal y eso les impulsó a reformular el programa centrado en una única persona.

Ahora bien, el contrato que ha firmado Custer al parecer no solo da derechos a la productora a emitir su vida actual y futura, sino también lo que ya tienen de ella, de su pasado, cosas que se filmaron sin que ella supiera nada. Estas imágenes de archivo incluyen cosas como ella haciendo sus necesidades en el baño, masturbándose en el sofá, sus clases de aeróbic y de defensa personal, una ocasión en la que participó en una manifestación y golpeó a un policía, y también imágenes de su relación con Theo.

Es así como vamos viendo (con la excusa de dedicar un programa a hacer flashbacks) escenas de la vida real de Custer antes de la falsa realidad que está viviendo ahora, en la que es una dura detective. No lo era en su vida anterior: todo eso es la fachada que presenta de cara al programa, fingiendo que es su vida real. Es así como nos enteramos también de por qué ya no está con Theo. Los primeros programas que se emitieron incluían escenas de ella acostándose con él y, aunque el programa trata sobre ella, cualquier persona que interactúe con ella de cualquier modo pasa a formar parte del programa también. Theo simplemente no pudo soportar el hecho de que su vida también fuera de dominio público siempre que estuvieran juntos, y la abandonó.

Al final, la productora obtiene lo que quiere: imágenes recientes de Custer paseando triste y melancólica por la ciudad, que justifiquen el hecho de ir alternando en ellas imágenes de archivo a modo de flashback. En una de estas nuevas imágenes, en las que deambula por la ciudad, pasa junto a un cartel en el que se anuncia otro concierto de Los Descuartizadores de Annabelle. Una foto de Annabelle nos la muestra ya sin brazos, sin piernas y sin pezones.

6. ¿Acaso no matan a los caballos en la ciudad desnuda? Custer es abordada en plena calle por los tres miembros del grupo Los Descuartizadores de Annabelle. Estos le dicen que su estrella (o lo que queda de ella) ha solicitado hablar a solas con Custer. Ellos, naturalmente, han accedido, ya que es más publicidad gratis. En el próximo concierto le van a cortar la cabeza, con lo que tendrán que cambiar de registro y probar con otras cosas. Así que toda publicidad que le hagan para su gran función final es buena. Saben que Custer está siendo grabada continuamente, así que será publicidad gratis para el concierto.

Custer se niega a acompañarlos, así que tras un breve intercambio de puñetazos terminan llevándola a la fuerza hasta el edificio donde darán el concierto y la encierran con Annabelle en su camerino. Esta, que ya se nos había presentado como una chica tonta e ingenua, parece haber espabilado al fin, aunque le ha costado gran parte de su cuerpo. Ahora se está preparando para su función final, en la que será decapitada ante su público. Para ella toda la fama y el glamour terminarán, pero su grupo simplemente tomará a otra groupie para sustituirla. Con la fama que han ganado a su costa, candidatas no les faltarán.

Es por eso por lo que quería quedarse a solas con Custer. El trabajo que quiere encargarle es que la mate. Ella sabe, por haberla visto en televisión, que siempre lleva consigo un revólver. Tras reflexionar un poco sobre ello, Custer accede. Le vuela la cabeza a la infortunada Annabelle y se marcha mientras los miembros de la banda entran en pánico. Han vendido miles de entradas, hay millones de personas esperando la retransmisión en directo de ese concierto, han dado entrevistas, hecho promesas y muy probablemente cobrado anticipos que ya se habrán gastado. Pero no podrán presentar la decapitación de Anabelle porque ya está muerta. Eso supone su ruina, y se quedan llorando, gritando y pateando su cadáver mientras Custer simplemente se aleja en la noche.

7. Final en Sunset Boulevard. El teniente Maragatto, al que vimos chupar cámara en el tercer capítulo, está en uno de los estudios de la productora ensayando su discurso pre-suicidio. En él habla de que su aparición en televisión no fue como esperaba. Creía que sería considerado un héroe, pero tal como se montaron las imágenes, al final la población interpretó lo que hizo simplemente como un acto más de brutalidad policial y de uso desmedido de la fuerza. Por tanto, ha decidido suicidarse.

Tras explicar todo esto y echar la culpa de su desgracia a Custer, coloca su propia pistola sobre la sien, pero no dispara porque esto tambien es parte del ensayo. Alguien de la productora habla con él y le dice que esa aportación quedará muy bien en la serie. La intención de suicidarse de Maragatto es real, pero en la sociedad en la que está, incluso los suicidios se ensayan para que queden bien ante las cámaras.

Custer acude a ver el entierro de Annabelle. No es un entierro multitudinario precisamente: únicamente están allí los tres idiotas de su grupo, el cura y los propios enterradores. Custer observa la escueta ceremonia desde lejos cuando, de repente, aparece un tipo con cara de loco que, a punta de pistola, hace que carguen el ataúd en su furgoneta y se marcha con él. Custer lo sigue por curiosidad y termina irrumpiendo en su casa, pensando que se trata de algún tipo de fan loco o un necrófilo. El hombre, en realidad, es un coleccionista de cadáveres de famosos. A medida que los trozos de Annabelle eran cortados, estos se subastaron o fueron recuperados por el público asistente, y él ha estado comprándolos a sus anteriores dueños. Ahora que ha recuperado el cadáver, su intención es volver a cosérselo todo para tener así el cuerpo completo de la famosa. También le muestra que tiene a Paul Joplin, restaurado y embalsamado, y al fondo vemos otras siluetas que suponemos serán también de famosos cuyos cadáveres ha comprado o robado para tenerlos como recuerdo.

Custer se limita a marcharse sin intención de detenerlo ni delatarlo. Lo que haga él con los cuerpos no le importa ni a ella ni a nadie en esa ciudad. Sin embargo, a su salida del edificio se encuentra con el detective Maragatto que, apuntándola con una pistola, la lleva hasta la azotea de un edificio donde pretende suicidarse. Suelta su discursito ensayado y apunta a su propia cabeza, pero en el último momento se lo piensa mejor y dispara sobre Custer. La bala solo la roza, pero al retroceder tropieza con el borde de la terraza y cae al vacío. 

Se precipita contra el suelo desde una gran altura, sin nada a lo que agarrarse, pensando si ese va a ser su fin… y fundido a negro.

8. ¿Ha muerto Custer? El actor aspirante que apareció en el segundo capítulo se presenta en las oficinas de la productora para ofrecerse como el siguiente personaje cuya vida será emitida en formato de serie. Alega que, habiendo muerto Custer en el último capítulo emitido y siendo una mujer, lo lógico sería que la siguiente serie estuviera dedicada a un hombre. Y puesto que él ya apareció en uno de los capítulos, podrían venderlo como un spin-off. También vemos a una imitadora de Custer, muy parecida físicamente a ella y que imita tanto su ropa como sus andares. Se ofrece a hacer de doble de Custer para que la serie pueda continuar. Incluso ya ha planeado justificar el cambio de actriz diciéndole al público que, tras su caída desde la azotea, su rostro quedó destrozado y que al reconstruirlo con cirugía estética no quedó igual del todo. Aún no la han enterrado siquiera y ya hay gente haciendo méritos para ocupar su puesto.

El coleccionista de cadáveres famosos del capítulo anterior contrata a un par de matones para que lo acompañen a la morgue y robar el cuerpo de Custer. Cuando estos retiran la sábana que la cubre, Custer abre los ojos y reacciona por instinto. Da una paliza a los tipos, les arrebata una de las armas que traen con ellos y los ametralla, acabando también con el coleccionista. 

Ella misma parece extrañada de seguir viva, cuando lo último que recuerda es estar cayendo a toda velocidad por el edificio. Entonces aparece su contacto habitual de la productora. Ella quiere que le explique cómo es que sigue viva, pero este, sonriendo enigmáticamente, se limita a decirle que la televisión es mucho más poderosa de lo que la gente cree.

La acompaña hasta la salida del edificio y simplemente se aleja, dejándola a ella en el lugar que le corresponde por contrato: vestida de nuevo con su traje de detective y pateando las calles, a ver lo que le pasa esta vez. Custer echa a andar, sintiéndose todavía en un limbo. Ya no sabe cuánto de su vida es real y cuánto es el papel que ha escrito para ella la productora. En ese momento pasa junto a alguien que le pide que se detenga. Ella reacciona mal, cansada de gente que quiere pedirle autógrafos, cansada de gente que interactúa con ella únicamente con la esperanza de que esa escena sea montada como parte del siguiente episodio, buscando sus quince segundos de fama. Pero el hombre resulta ser un ciego que necesita ayuda para cruzar la calle y que se ha dirigido a ella simplemente porque ha oído sus pasos cerca. Dándose cuenta de que es imposible que el hombre la haya reconocido, ya que no puede ver la televisión ni puede verla a ella, Custer lo toma del brazo y cruzan juntos por el paso de cebra. Ya al otro lado, Custer le pregunta al ciego si puede darle un beso.

9. Epílogo en la fábrica de sueños. Este último capítulo es sin duda el más extraño de todos y, a la vez, el más interesante. Está compuesto casi totalmente por viñetas sacadas de los anteriores. Es un reciclaje de viñetas en el que únicamente se han cambiado los diálogos para que parezca que es una historia nueva. Se nos da a entender que la productora teme que Custer termine suicidándose para escapar de ese contrato eterno que la ata a ellos, y tienen este último capítulo preparado a base de montar y cambiar el doblaje de escenas quizá descartadas o reaprovechadas de capítulos anteriores.

Es el capítulo que se emitirá en el caso de que ella logre escapar, de un modo u otro, del control de esa microcámara que la filma las veinticuatro horas. A través de este metraje reciclado, con los diálogos cambiados, la productora da una imagen idílica de sí misma. En esta historia Custer decide que ya no quiere seguir participando en la serie. Los productores le ofrecen que sea ella misma quien rompa físicamente las hojas del contrato, sin ningún tipo de traba, dándole todas las facilidades y deseándole suerte en sus futuros proyectos. 

A la izquierda, una viñeta del capítulo 2. A la derecha vemos la misma viñeta reaprovechada en el capítulo 9.

Se nos muestra a los productores como verdaderos ángeles y a Custer como una persona que, por su propia indecisión y por su falta de compromiso, es la que provoca que la serie a ser cancelada. Las imágenes correspondientes a la última cita que tuvo con Theo se nos muestran al final de este falso capítulo como si fueran un reencuentro con él, como si Custer hubiese hallado al fin la felicidad y hubiese vuelto con su pareja gracias a la comprensión de la productora, en lugar de haber sido esta el motivo de su ruptura.

Nosotros, como lectores, sabemos que todo esto es falso, que no es más que un montaje con el que la productora contentará al público cuando tenga que cancelar la serie, bien porque Custer se haya suicidado o bien porque, de algún modo, haya logrado dar esquinazo a las cámaras y cambiar de identidad. Pero lo que verá el público es esto.

Custer, en resumen, es una obra mucho más compleja de lo que yo (soy consciente de ello) soy capaz de transmitiros con un simple resumen. Lo que Trillo y Bernet plantearon a mediados de los ochenta no es solo una sátira social, es casi un estudio de la relación entre el mundo del espectáculo y la pérdida de la identidad de los que viven de él, obligados a falsear la imagen que dan de sí mismos hasta extremos a veces ridículos. La vida privada, la intimidad, la opinión, la forma de ser… todo aquello que debería considerarse un tesoro personal, es convertido en contenido monetizable. La cadena de televisión no solo graba y emite la vida de Custer, sino que la reescribe para acomodarla a los gustos del público y hacerla más rentable. La realidad deja de ser algo que se vive y pasa a ser algo que se monta en posproducción. 

Aunque la protagonista es Custer, Annabelle es el mejor ejemplo posible de persona devorada por su personaje, pues accede a ser mutilada una y otra vez únicamente porque su fama depende de eso. Para un público saturado de estímulos, la violencia extrema deja de conmover y horrorizar y pasa a ser solo un espectáculo más. La escena con el hombre ciego es el único momento en que alguien se relaciona con Custer sin interés alguno en su personaje, sino en su persona, y por eso ella le pide luego un beso, porque está desesperada por obtener alguna interacción social genuina. Y el colofón final de la productora reciclando metraje y cambiando diálogos para fabricar un final feliz falso me parece una genialidad. Es una forma de decir que la verdad ya no importa. Lo que importa es el relato que se nos vende como verdad.

Puedes ver otra obra de Carlos Trillo pulsando aquí.

Custer. 1985. Carlos Trillo (guion) Jordi Bernet (dibujo). Tomo recopilatorio de Toutain Editor publicado en 1987. 

miércoles, 6 de mayo de 2026

MINI KAIJUS PARA PIÑATAS

 EL GREMIO DE EXPLORADORES

Presentado por... Bonk.

¡Hola exploradores!

Hace poco uno de nuestros contactos del planeta Tierra (al que, para preservar su anonimato, llamaremos Agente E) nos pasó unas fotos de estos artículos que había visto en una tienda tipo bazar. Son pequeñas figuras de kaijus aparecidos en la serie de Ultraman, pero no se anuncian como tales. Vienen en unas bolsitas bajo el nombre genérico de «accesorios para piñata».

En este mismo tipo de bolsitas se venden otras cosas, como pequeños instrumentos musicales de plástico, cochecitos y otras baratijas. Esto me hace suponer que lo que se entrega en estas bolsitas no son cosas hechas expresamente para venderlas como accesorios para piñatas, sino cualquier pequeño artículo de la que haya excedentes en ese momento y de la que sea necesario deshacerse.

Encontramos estos tres lotes, pero hay uno de los monstruos que se repite en dos de ellos, con lo que solo tenemos cinco monstruos diferentes. Y de los cinco solo hemos podido confirmar la identidad de dos de ellos, que vamos a aprovechar para presentaros. 

Quiero hacer notar que estas dos criaturas pertenecen a series de Ultraman que no he tenido ocasión de ver, por lo que toda la información que viene a continuación es de segunda mano. Es decir, no es algo que yo haya podido ver y constatar, sino información que he ido picoteando aquí y allí en diversos foros y páginas oficiales, contrastándola en un lugar y otro para asegurarme de presentar únicamente aquellas cosas en las que todas las páginas consultadas coinciden y explican igual, y saltándome aquello a lo que solo hacían referencia algunas o aquello en lo que se contradecían.

 

Cuerpo de reptil escamoso, un par de cuernos de cabra inclinados hacia delante, un solo ojo gigante dentro de la boca, una cresta dorsal plana como la de una cobra real, cabezas de serpiente en los brazos superiores y garras en los inferiores, dos colas... sin duda se trata de una kaiju bastante peculiar. 

Gargorgon es una kaiju de la serie Ultraman X. Su diseño está inspirado a partes iguales en las gárgolas medievales y el mito de las gorgonas. Su nombre, de hecho, combina los términos ingleses «gargoyle» y «gorgon». Apareció por primera vez en el episodio The Man With the Memories of a Planet, donde se la presenta como capaz de convertir en piedra civilizaciones enteras. Y digo «la» porque el monstruo es oficialmente femenino. 

Normalmente no llegamos a enterarnos de si un kaiju es masculino o femenino debido a sus extrañas anatomías, que no dan muchas pistas al respecto, pero en algunos casos, como el de Gargorgon, la información de trasfondo del kaiju sí especifica esto. Probablemente el especificar que es hembra sea otra referencia a la gorgona Medusa, por su poder de petrificar con la mirada.

Gargorgon llegó a la Tierra en la antigüedad y petrificó una gran civilización que terminó hundida bajo el mar. También petrificó a toda la población del planeta Gold, salvo por un solo habitante, que logró escapar. En Ultraman X, Gargorgon regresa a la Tierra para acabar con ese superviviente, que se ha refugiado ocultándose entre los humanos. Tras un poco de destrucción aleatoria para dejar claro que va en serio, Gargorgon emite un ultimátum a la humanidad: entregar al superviviente del planeta Gold en cuarenta y cuatro minutos o afrontar la petrificación total de la vida terrestre.

Su cabeza principal no tiene ojos visibles, pero oculta un enorme ojo dentro de la boca, que es desde donde emite su rayo petrificador. Además, tiene un par de cabezas serpentinas en los hombros que, por la calidad de la figura, pueden confundirse al primer golpe de vista con un par de brazos extra. También tiene dos largas colas. Su arma principal y más característica es su rayo de petrificación, y puede lanzar rayos eléctricos, atacar con sus colas y garras, teletransportarse, absorber energía y regenerarse. Su resistencia es altísima, ya que llegó soportar ataques combinados de Ultraman X, del mecha del superviviente del planeta Gold (que este había llevado consigo miniaturizado) y de las fuerzas terrestres, durante un combate prolongado.

 

Guebasser es un kaiju perteneciente a la familia de los Basser, un linaje de monstruos con apariencia de distintas aves de presa que aparece en varias de las series de Ultraman. Su nombre procede de la onomatopeya japonesa basabasa, que se emplea para representar el sonido del aleteo. Sus poderes principales están relacionados con la manipulación telequinética del viento. Puede generar tormentas y tornados, crear nubes oscuras y vientos de gran velocidad. También puede lanzar disparadas sus plumas como una ráfaga de misiles naturales que, con el tiempo, vuelven a crecerle. Además posee gran velocidad de vuelo, alcanzando hasta Mach-8, lo que lo convierte en uno de los kaiju voladores más rápidos.

Guebasser habita en el planeta D-60, donde ataca a Ultraman Regulus cuando este llega accidentalmente hasta él. El monstruo da una tremenda paliza a Regulus, pero la situación cambia cuando interviene Tubahn, un alienígena dracónico que vive exiliado en el mismo planeta. Tubahn ayuda a Regulus a recuperarse, le ofrece refugio y le da apoyo hasta que este puede enfrentarse de nuevo a Guebasser. En este encuentro posterior, Regulus derrota a Guebasser y hace que se retire malherido pero no logra destruirlo, siendo uno de los pocos casos en la franquicia en la que un nuevo tipo de kaiju sobrevive a su capítulo de presentación. 

Y eso es todo por el momento. Veremos en más detalle las otras figuritas cuando logremos enterarnos de a que monstruos representan. Hasta entonces, podéis ver más material de Ultraman pulsando aquí

Nombres desconocidos. Colección desconocida. Marca desconocida (distribuido en España por Color Party/Happy Party). Presentado en blister. Sin puntos de articulación. Año desconocido.  

domingo, 3 de mayo de 2026

DIARIO DE JOHN MILLER del 27 de abril al 3 de mayo de 1926

   Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Una semanita aburrida! ¡Casi no han aparecido monstruos! ¿Se está librando la ciudad al fin de ellos, o solo se están reagrupando para atacar todos a la vez? ¡Lea los detalles aquí!


LUNES, 27 DE ABRIL DE 1926

Finch ha sido más rápido de lo que esperaba. No sé si por miedo, por orgullo o por una mezcla de ambas cosas, pero entre la noche del domingo y la madrugada del lunes ya había hecho su trabajo. Nos vimos en uno de sus callejones preferidos y me entregó una bolsa de arpillera. La abrí allí mismo. Documentos, cuadernos, un par de objetos rituales envueltos en trapos. Todo mezclado, como si hubiera barrido una mesa entera y lo hubiera metido en la bolsa sin mirar.

—¿Eso es todo? —pregunté—. Los polis se llevaron cajas enteras de material de aquel sitio. 

—¿Y suponías que yo, solo, iba a traerte todos esos montones de cajas? Esto es lo que podía cargar con seguridad para volver a salir rápidamente y en silencio. 

—¿Y nadie te vio? 

—¿A mí? —se rió—. Miller, he estado detenido allí doce veces. Conozco ese sitio mejor que mi propia casa. Sé qué escalón cruje, qué puerta tiene el pestillo flojo, qué agente se duerme siempre en el turno de madrugada. Y además… —bajó la voz—. No sé por qué, pero todos tenían miedo. Si alguien me oyó rebuscar o me vio de refilón, seguro que fingió no hacerlo para no tener que investigar.

Separé lo que me pareció más inocuo (unos cuadernos que parecían listas de la compra de una botica, otros que eran algún tipo de diarios y uno grueso que parecía una mezcla de libro de cuentas e inventario) para llevárselos a Eliot Crane. El chaval estaba en la biblioteca de la universidad, rodeado de libros, papeles y tazas de café vacías. Parecía que no había dormido desde la semana pasada.

Cuando dejé caer el mazacote de libretas en la mesa, se quedó inmóvil. 

—¿Qué es eso? —preguntó. 

—Material incautado —respondí—. Necesito que lo estudies. Busca cosas como nombres que se repitan mucho, direcciones y fuentes de financiación.

Crane tragó saliva. 

—¿Es… es legal que yo lea esto? 

—No —dije—. Pero es necesario.

El muchacho dudó. Miró los documentos como si fueran su propia sentencia de muerte y le estuviera pidiendo que la firmara. 

—Miller… si me pillan con esto, me expulsan. O peor. 

—Si no lo estudias, Arkham se va al infierno —respondí—. Y tú con ella.

Crane cerró los ojos unos segundos. Cuando los abrió, ya había tomado una decisión.

Búsqueda a 10+. Primer intento. Linterna, Lupa, 5, 4, 2. Obtenemos Búsqueda 11 y pasamos la tirada sin problemas.

—Está bien. ¿Para cuándo lo necesitas? 

—Para lo suficientemente pronto como para que aún sirva de algo —dije.

Mientras salía de la biblioteca, pensé en Finch. En Crane. En Evelyn. En Inhidra. En el padre Arden… en todos aquellos que, siendo conscientes de ello o no, estaban exponiendo sus vidas por ayudarme.


MARTES, 28 DE ABRIL DE 1926

Hoy he visto a Evelyn en el mundo real. Ya ni tan solo se me hace raro tener que especificarlo. Nos encontramos en una cafetería pequeña. Habíamos hablado un par de días atrás, cuando lo de la redada, pero esta mañana me llamó para decirme que había recordado algo que quería decirme en persona.

Cuando me senté frente a ella, me miró con una mezcla de alivio y agotamiento. 

—¿Estás durmiendo lo suficiente? —pregunté. 

—Estoy durmiendo demasiado.

Pedimos dos cafés. Ella no tocó el suyo. Solo lo removía, como si el movimiento en espiral de la cucharilla hundida en el líquido negro la ayudara a ordenar sus pensamientos.

—Es sobre lo del domingo… —empezó—. Cuando vuelvo de allí, los recuerdos no siempre son claros. A veces vuelven por etapas. Esta mañana he recordado que hubo un momento, justo al final, cuando la estructura de la torre ya se tambaleaba… 

—¿Qué viste?

Evelyn cerró los ojos, buscando las palabras adecuadas. 

—No era parte del sueño. Era otra cosa. Una imagen o un conocimiento que se mezclaba con este. Vi agua. Oscura. Y un puente. No uno de piedra. Uno metálico, viejo, oxidado. Y detrás, una estructura grande. Como una fábrica abandonada. O un almacén industrial. Hice un dibujo.

Me tendió una cuartilla de papel con un dibujo a lápiz. Lo examiné con el ceño fruncido. 

—¿Podría ser una alucinación? 

—No. Era un lugar real. Lo sentí. Como cuando estás soñando con tu propia casa. Sabes que es tu casa aunque no se parezca del todo. Ese sitio existe, John. Y el Sacerdote Mayor estaba allí o muy cerca. De algún modo, cuando escapó del edificio de la redada, llegó hasta ahí en ese mismo momento.

—¿Eso es posible? ¿Pasar inmediatamente de un lugar a otro?

Ella bajó los hombros, abatida. 

—Al parecer sí. 

—¿Recuerdas algo más? ¿Algún detalle? ¿Algún sonido?

—Sí. Escuché metal. Como cadenas tensándose. O como una estructura grande moviéndose con el viento. Y había un olor. A humedad. A madera vieja. A… a… 

—¿Al puerto? 

—Más bien al río.

Investigación a 11+. Primer intento: Revólver (doble) 3, 3, 1. Segundo intento (repitiendo dados de símbolos y el 1): Lupa, Linterna, 3, 3, 3. Tercer intento (repitiendo todos los dados de números): Lupa, Linterna, 4, 2, 1. Obtenemos Investigación 7 y fallamos la tirada.

Suspiré. Arkham tiene varios lugares así. El río cruza la ciudad, y en muchos puntos de su vereda hay pequeños muelles con sus almacenes de mercancías y fábricas que ya nadie usa. Eran más de una docena de posibles escondrijos.

—¿Crees que pueda estar en ese lugar? —pregunté.

Ella abrió los ojos. Había miedo en ellos, pero también determinación. 

—Creo que está herido. No físicamente, sino… espiritualmente, por decirlo de algún modo. Tú me dijiste que Inhidra estaba muy concentrada, y que eso parecía manteneros a salvo a los demás. Puede que la concentración de Inhidra fuera más fuerte que la del Sacerdote Mayor, y eso lo dañó de algún modo… no lo sé, yo no entiendo de eso. Pero la sensación que tuve junto con esa visión es que necesita un lugar apartado para reponer fuerzas. Y creo que es el lugar que vi.

Nos quedamos un rato en silencio. Ella mirando su café frío. Yo mirando la calle a través del cristal. Estaba empezando a llover otra vez.


MIÉRCOLES, 29 DE ABRIL DE 1926

Salí a caminar por la vereda del Miskatonic, siguiendo el cauce río abajo. Llevaba el dibujo de Evelyn doblado en el bolsillo interior del abrigo. Buscaba alguna estructura que se pareciera lo más posible a lo que ella había visto. El río estaba gris, pesado, arrastrando ramas y esa espuma densa que producen las fábricas textiles.

Estuve observando un par de estructuras aparentemente abandonadas. Ninguna encajaba del todo con el dibujo. Me detuve en un recodo donde el río se estrecha y la corriente se acelera. Desde allí se veía un viejo embarcadero de madera, medio hundido, y detrás una hilera de naves industriales que parecían muertas desde hacía décadas.

El agua empezó a agitarse. Primero pensé que era un tronco atrapado en un remolino. Luego vi cómo la superficie se abombaba. Un cangrejo gigante, igual al que me enfrenté en febrero, lo que Inhidra llamó Caparazón Negro. Este parecía algo más pequeño y lento, y lo cierto es que verlo ya no me impresionó tanto como la primera vez. Salió del agua y comenzó a subir la cuesta del río directamente hacia mí, así que hice lo sensato: saqué un cartucho de dinamita del abrigo, lo encendí y lo lancé rodando cuesta abajo, calculando que la explosión tendría lugar más o menos cuando el cartucho rodara bajo las patas y abdomen del monstruo.

Combate a 8+. Primer intento: Linterna (doble), 6, 3, 2. Segundo intento (repitiendo todos los dados): Revólver, Lupa, 3, 2, 1. Tercer intento (repitiendo el 2 y el 1): Revólver, Lupa, 5, 5, 3. Obtenemos Combate 13 y pasamos la tirada.

La explosión levantó una columna de tierra, barro y trozos de cangrejo. Bajé por la pendiente y recogí todos los fragmentos del monstruo que pude. Eran como trozos de carbón, pero tocarlos resultaba especialmente desagradable. Metí los que cabían en la saqueta de lona que ya siempre llevo encima para cuando me toca cargar con algo que no quiero tocar directamente, y pateé el resto de trozos al río para que la corriente los arrastrara. No quería dejar esas cosas allí donde cualquier crío pudiera encontrarlas.

Mientras lo hacía, levanté la vista hacia las naves industriales del otro lado del río. Una de ellas, más grande que las demás, tenía un tejado inclinado y una estructura metálica sobresaliendo por encima, como una torre de carga. Me quedé mirándola. Ya la había desechado antes de que apareciera el cangrejo, pero ahora había algo en ella…

Saqué el dibujo de Evelyn. Lo observé un momento. Luego levanté la cuartilla y la giré para ver el dibujo al trasluz. En su visión, Evelyn lo había observado (y por tanto dibujado) desde un ángulo distinto al que tenía yo observándolo desde la vereda del río: la torre metálica, el viejo puente ferroviario, el almacén de la fábrica textil… todo encajaba si rotabas la imagen.

Guardé el papel y, tras regresar a mi oficina, marqué el lugar en mi mapa. Mañana registraré el sitio. Un monstruo al día sigue siendo mi límite.


JUEVES, 30 DE ABRIL DE 1926

Volví a la fábrica abandonada esta mañana. Hacía frío y el río arrastraba una neblina baja que hacía que todo pareciera más silencioso de lo normal. La estructura se alzaba frente a mí como un animal dormido: paredes de ladrillo húmedo, ventanales rotos, vigas oxidadas que asomaban como costillas… todos sabemos qué aspecto tiene una nave industrial abandonada. Empujé la puerta lateral, que cedió con facilidad.

No tardé en encontrar huellas en el polvo del suelo y símbolos pintados en las paredes, recientes, apresurados. Pero el más inquietante estaba en el centro de la nave: una espiral enorme, trazada con un tinte gomoso y oscuro que no quise ni tratar de identificar. Me acerqué despacio. El dibujo parecía moverse si lo mirabas demasiado tiempo. Saqué la petaca con el líquido que me dio Madrivana. Quedaba menos de la mitad, pero sería suficiente.

Fui rociando los símbolos de las paredes uno por uno. En cuanto el líquido tocaba la pintura gomosa, esta siseaba como brasas al contacto con el agua y se escurría dejando un chorreón grisáceo. Vertí lo que quedaba sobre la espiral, en un círculo amplio. El dibujo reaccionó con un leve chisporroteo. Guardé la petaca vacía y me dispuse a marcharme. Fue entonces cuando noté que el siseo cambiaba. En lugar de apagarse, parecía incrementarse, volviéndose más largo y húmedo. Tardé demasiado tiempo en darme cuenta de que lo que oía no era la reacción de ambos químicos interactuando. Era el siseo de una serpiente.

Me giré y la vi salir desde detrás de un montón de escombros: otra de esas serpientes de dos cabezas, ambas moviéndose sin coordinación, como si cada una ignorara la existencia de la otra. Sus escamas estaban apagadas, sin brillo, y su avance era torpe y perezoso. Era como un intento fallido de invocación, un guardián que debería haber sido más terrible, pero que a estas alturas, tras todo lo que ya he visto, me resultaba hasta penoso.

Combate a 7+. Primer intento: Revólver, Lupa, 6, 4, 3. Segundo intento (repitiendo el 6): Revólver, Lupa, 4, 3, 2. Obtenemos Combate 9 y pasamos la tirada.

Saqué el revólver con calma. La criatura apenas reaccionó. Un disparo a cada cabeza bastó para dejarla inmóvil. Simplemente cayó, como si hubiera estado esperando que alguien la matara. Después de todo, si lo he entendido bien, ni tan solo son animales de verdad, sino algo (una especie de hechizo) que toma su aspecto y forma para atacar a quien se ponga a su alcance.

El Sacerdote Mayor se me había escapado otra vez. Seguramente lo hizo ayer, en cuanto su cangrejo gigante voló en pedazos. Ahora, con sus dibujos inutilizados y su segundo guardián destruido, tiene menos sitios en los que esconderse.


VIERNES, 1 DE MAYO DE 1926

Hoy no ha habido monstruos, gracias a Dios. A media tarde pasé por un colmado, y una señora estaba contándole al sufrido tendero que la atendía que había visto a tres hombres encapuchados pintando símbolos raros en la pared de un callejón cercano.

Cuando llegué, ya no estaban. El callejón olía a pintura fresca y a moho. Los símbolos estaban trazados sin mucha precisión. Ya daba por sentado que los que murieron o fueron arrestados en la última redada no serían todos los que quedaban en la ciudad, pero tampoco esperaba que volvieran a la carga tan pronto, y además actuando a plena luz de la mañana. Lástima haber gastado ya todo el líquido neutralizador que me dio Madrivana. Mañana, si no falta, tengo que llevarle los nuevos trozos de Caparazón Negro que recogí el miércoles, a ver si puede fabricarme más.

Volví a la oficina y marqué en el mapa general de la ciudad el punto donde encontré estos nuevos dibujos. Observé el conjunto mientras repasaba mentalmente lo que sabía. El Sacerdote Mayor está herido de algún modo y parece estar perdiendo poder. Sus criaturas son cada vez más débiles y sus seguidores actúan de forma descuidada. Y aun así, siguen haciendo de las suyas como si nada más les importara.

Investigación a 9+. Primer intento: Revólver, Lupa, 6, 2, 2. Segundo intento (repitiendo todos los números): Revólver, Lupa, 5, 4, 4. Obtenemos Investigación 13 y pasamos la tirada.

Aún no sé si están protegiendo algo, buscando algo o esperando algo, pero veo un patrón en los lugares en que han ido dibujando los símbolos. Probablemente necesiten dibujarlos con una separación aproximada entre uno y otro para que tengan el efecto deseado. Lo que necesito ahora, hasta que tenga más de ese líquido para anularlos, es determinar dónde toca el siguiente para tratar de impedir que lo pinten.


SÁBADO, 2 DE MAYO DE 1926

Hoy he llevado a Madrivana los fragmentos del Caparazón Negro que recogí el miércoles. Me recibió con su habitual mezcla de calma y severidad. Su casa siempre huele a hierbas secas, a tinta y a algo metálico que nunca he conseguido identificar. Cuando le mostré los fragmentos, los tomó con delicadeza.

—Estos son mejores que los anteriores —dijo, examinando uno de los trozos bajo la luz—. Más densos. Más cargados. Aunque… —frunció el ceño— también más inestables.

Le pregunté si podría preparar más de ese líquido que destruye los símbolos. Asintió sin dudar.

—Sí. Con esto puedo hacer una cantidad decente. No tanta como me gustaría. Pero necesitaré tiempo. Y silencio.

Supuse que era una forma de decirme que mi presencia sobraba allí e hice el ademán de marcharme, pero me detuvo con un gesto. Madrivana trituró algunos trozos, los mezcló con polvos de sus estantes que no reconocí y vertió un líquido espeso que desprendía un olor salino, como el de las mareas bajas. El sonido del mortero golpeando la cerámica llenó la habitación con un ritmo lento, casi ritual.

Investigación a 9+ en nombre de Madrivana. Primer intento: Lupa, Revólver, 5, 5, 4. Obtenemos Investigación 14 y pasamos la tirada.

Al cabo de una hora en la que no dejó de añadir pellizcos de polvos y hierbas mientras murmuraba, filtró el resultado en un frasco. Tras quitar los posos insolubles no quedaba casi nada, pero sí obtuvo lo suficiente para volver a llenar mi petaca.

—Ha sido mucho más rápido que la vez anterior —comenté sin levantar la vista de mi petaca mientras hacía el trasvase.

—La vez anterior hubo que estudiar y experimentar mucho. Ahora ya sé lo que debo mezclar y en qué proporción. Y también dispongo de algunos ingredientes que antes no tenía y me dio la mamaloi —añadió, haciendo un gesto hacia sus estantes.

Ya me había fijado en que estaban mucho más vacíos de lo normal.

—Parece que te estás quedando sin ingredientes.

Madrivana negó con la cabeza.

—No. Lo que ocurre es que los he estado trasladando a la casa de la señora Hargrove. Hablé con ella y me propuso que me instalara a vivir allí. Ha preparado habitaciones para todos nosotros. Ese lugar es como una fortaleza, y no lo digo por las puertas y muros. Muchas de las antigüedades que tiene son baratijas de museo, pero de otras emana verdadero poder.

Cuando terminé de rellenar la petaca, me despedí de ella y volví a la oficina. De camino anulé los símbolos del callejón cercano al colmado. Suelo comprar allí y no me gustaba nada la idea de que esas cosas estén tan cerca, contaminando el aire, o retorciendo la realidad, o lo que sea que hagan.


DOMINGO, 3 DE MAYO DE 1926

Aproveché la relativa tranquilidad de estos últimos días para descansar bien y provocar un nuevo viaje al Mundo Onírico. Cuando abrí los ojos estaba en un yermo que al principio creí congelado, pero lo que a mí me parecía hielo resultó ser cristal. En mi percepción del tiempo de aquel lugar, tardé unas tres semanas en llegar a una zona reconocible, y desde allí encaminarme al punto en el que esperaba encontrar a Evelyn.

Evelyn, en su forma de búho, batió las alas una vez como saludo. Tal como supuse, había estado haciendo crecer nuestra propia fortaleza: un castillo de aspecto medieval formado por bloques de piedra blanca con vetas grises, como mármol. Inhidra estaba con ella en su forma andrógina de piel azul, generando su propio maná para unirlo al de Evelyn. Y había un tercer soñador, cuyo aspecto era el de un caballero cruzado de brillante armadura y frondosa barba blanca. Con sus guantes de malla sostenía su propia espada por el filo, cerca de la cruceta, y con la empuñadura levantada como si el arma fuese un enorme crucifijo. De esta brotaban hebras de maná que iban a unirse igualmente a las de la mamaloi y las de Evelyn.

No quise interrumpir su concentración para preguntarle quién era. Eso podía esperar. Lo que hice fue concentrarme hasta que de las puntas de mis dedos comenzaron a brotar mis propias hebras de maná. Constaté que eran las menos numerosas y más débiles de todas. Estaba claro que aquello no se me daba bien. Pero cualquier cosa que pudiera aportar ayudaría al conjunto.

La fortaleza estaba aún a medio construir: muros incompletos, torres sin rematar, pasillos que terminaban en la nada. Pero también había algo nuevo: una sensación de propósito. La anterior vez que estuve allí con Evelyn creando la base de la fortaleza, tenía la impresión de que las propias Tierras del Sueño nos rechazaban. Ahora era distinto. Como si ya hubieran aceptado la idea de que lo que estábamos creando debía existir. El maná común se trenzaba en bloques de piedra blanca que se acomodaban solos en su lugar.

Investigación a 11+. Incrementada a 12 si no tenemos al menos un punto de locura/conocimiento de Mitos, que no es el caso. Reducida a 6+ por haber superado cinco de las seis pruebas previas de la semana. Primer intento: Revólver, Lupa, 4, 3, 2. Obtenemos Investigación 9 y pasamos la tirada.

Evelyn extendió las alas y el maná que brotaba de entre las plumas se condensó en multitud de detalles, dando forma y peso a goznes, bisagras, antorcheros y portillas. Yo ayudaba con lo que podía, pero mi influencia en las Tierras del Sueño es mínima comparada con la de los demás. Aun así, trencé maná hasta que no pude más. Sentí que la vigilia comenzaba a tirar de mí, reclamándome al mundo real.

Inhidra, que a medida que la fortaleza crecía había quedado cercada por sus muros, nos llamó desde el interior. Accedimos a un patio circular.

—A partir de ahora —dijo Inhidra—, cuando entremos en la Tierras del Sueño, apareceremos aquí. No más lugares aleatorios. No más riesgos innecesarios. Este será nuestro punto de partida, de reunión y también nuestro refugio.

Contemplé la fortaleza a nuestro alrededor. Todavía estaba muy incompleta, pero lo que había se veía sólido. Es increíble lo que se puede hacer en este mundo a base de concentración y voluntad.

Desperté, como de costumbre, con el corazón acelerado, pero por primera vez en semanas no me sentí mal por ello. Tenemos un cuartel general en el mundo real, en la mansión de la señora Hargrove. Ahora uno en las Tierras del Sueño. Y tenemos al Sacerdote Mayor debilitado. 

Mientras me preparaba un café caí en la cuenta que no había llegado a preguntar quien era el caballero de la armadura. Supongo que antes o después me enteraré.

 

Quedan algunas cosas por retocar en esta entrada, pero las dejo para mañana, que esto me ha llevado más tiempo del que esperaba y es hora de dormir 😅. Mañana lo pulo. 

Podéis repasar desde el inicio los entresijos de este caso pulsando aquí