EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, ávidos lectores.
Estando ya a pocas horas de la noche de Halloween, me ha parecido conveniente reseñar otro de los libros de Fantastville, esa población que parece vivir en un Halloween permanente y que además ahora se ha llenado de vampiros.
La pandilla habitual, formada por Sally, Cindy, Adam y Watch, cuenta además con la presencia de Bryce, que no sé quién es y supongo que se trata de un personaje aparecido en uno de los libros anteriores que todavía no tengo.
Están jugando al tenis en una pista pública cuando ven andando hacia ellos ( más bien tambaleándose hacia ellos) a Ted, otro de los chicos de la localidad. El muchacho prácticamente se derrumba en sus brazos. Presenta dos heridas en el cuello y está claro que ha perdido muchísima sangre. Deciden llevarlo al hospital pese a la mala fama de los médicos de la ciudad, de los que se dice que el ayuntamiento los contrata en realidad como enterradores. Ted necesita una gran transfusión de sangre y es algo de lo que los chicos no pueden ocuparse.
En el hospital son atendidos por el doctor Doloro y la enfermera Sharon. Al doctor se le escapa el comentario de que es el tercer caso de una persona casi desangrada sin motivo aparente en los últimos dos días. Cuando lo interrogan respecto a esto, el doctor dice que no parece haber ninguna causa para la pérdida de sangre y, cuando la pandilla le hace notar las dos heridas que tiene en el cuello, él se muestra extrañado, puesto que Ted no tenía ninguna herida en el cuello cuando lo examinó. Es evidente para todos, excepto para el doctor Doloro, que Ted ha sido mordido por un vampiro y que se está transformando en uno, y eso es lo que ha regenerado las heridas de su cuello, de forma que no ha quedado ninguna marca en él.
Los chicos hacen una visita de cortesía a Ted. Está solo en la habitación, ya que ha sido imposible localizar a sus padres, quizá por el hecho de que las telefonistas de Fantastville, cuando tienen que pasar una llamada, toman un número de teléfono al azar de un montón de papelitos que tienen anotados y la pasan a ese número sin importarles si era el destinatario original o no, lo cual hace todo el proceso un tanto caótico. Tras hablar con Ted y prestar atención a las extrañas respuestas que les da, la pandilla concluye que Ted está a punto de transformarse en un vampiro y toma la decisión de matarlo.
Recordemos que estamos hablando de niños de doce años. Pues bien, estos niños de doce años, habida cuenta de la experiencia que tienen con los sucesos paranormales que suelen asolar la ciudad, toman la decisión de afilar unas cuantas estacas, reunir los típicos elementos antivampiros que puedan encontrar por sus casas y volver al hospital para atravesarle el pecho a Ted con una de esas estacas y acabar con su vida.
También le preguntan al doctor por los otros pacientes, lo cual debería ser información confidencial. El doctor les contesta que los pacientes desaparecieron la noche siguiente a haber sido ingresados, pero les da sus nombres. Son dos personas que viven cerca de una fábrica de espuma de poliuretano abandonada y la pandilla decide visitar la fábrica por si fuera una guarida de vampiros y matarlos a todos. Tienen algunas complicaciones extra. Por ejemplo, la falta de agua bendita. En Fantastville hubo en su momento un cura católico, pero precisamente para que no hiciera cosas como bendecir el agua, la bruja del pueblo lo convirtió en rabino. No me estoy inventando nada; es tal cual como lo pone en el libro.
Debo admitir que una de las virtudes de la serie Fantastville es la absoluta normalidad con la que sus protagonistas afrontan lo imposible. Lo que en cualquier otra novela de terror supondría una crisis existencial para sus protagonstas, aquí se convierte en una cuestión simplemente práctica. ¿Nuestro amigo va a convertirse en vampiro? Pues le atravesamos el corazón con una estaca y asunto solucionado.
Hay también otro detalle a tener en cuenta. Entre las palabras que Ted balbuceó cuando lo llevaron al hospital, destacaron dos: Reina Shaetone. El caso es que van primero a lo que ellos suponen que es el nido de los vampiros: la fábrica de espuma. Allí se encuentran efectivamente con un vampiro y tratan de estacarlo. Este se revuelve con gran ferocidad. Los chicos, para deshacerse de él, terminan hundiendo una bengala encendida en una de las grandes masas de espuma de poliuretano que quedaron allí abandonadas. Este material es altamente inflamable y el fuego se extiende rápidamente por el lugar, convirtiendo todo el edificio en una pira de llamas. Los chicos logran salir con vida de esa trampa de fuego y gases tóxicos, pero nadie más lo hace. No llegan a saber si había más vampiros escondidos en el lugar, pero, si los había, desde luego han acabado con ellos.
Para asegurarse van a consultar a Ann Templeton, la Bruja. Le hablan de los vampiros y le repiten el nombre que les dio Ted. Entonces ella les cuenta la historia de la reina Shaetone. Según Ann, es la vampira original, la primera que existió. Nació hace cincuenta mil años. Era la decimotercera hija de la Reina de la Atlántida. La reina quería hijos varones, pero, por alguna jugarreta del destino, solo tuvo hijas. Cuando Shaetone nació como su decimotercera hija, su decepción y su rabia fueron tan enormes que la maldijo trece veces, una por cada hija que había tenido. Estas maldiciones deformaron a la bebé, convirtiéndola en una criatura horrible y retorcida, de la cual su propia madre fue la primera en renegar. Shaetone fue abandonada en un bosque para que muriera y terminó en manos de un poderoso mago que vivía allí como un ermitaño. Él la cuidó con amor pese a que daba miedo mirarla por todas sus deformidades. Este hombre la educó y le enseñó sus conocimientos de magia, y cuando fue lo suficientemente adulta y poderosa como para lanzar hechizos ella misma, utilizó esos conocimientos en un ritual que habría de darle la belleza que el odio de su propia madre le había negado. No se sabe exactamente qué magia utilizó ni a qué poder recurrió, pero aquel ritual, además de hacerla deslumbrantemente hermosa, también la convirtió en el primero de todos los vampiros.
Por algún motivo, Shaetone ha fijado ahora su vista en Fantastville y parece dispuesta a convertir toda la ciudad en un inmenso nido de vampiros. Ha traído unos cuantos servidores con ella, pero a estos se irán uniendo todas aquellas personas que sean mordidas por sus vampiros originales, o por los que vayan siendo creados por estos, con lo que el número de no muertos podría dispararse enormemente en un par de noches más. Ann Templeton probablemente sea la persona viva más poderosa de Fantastville, sin embargo, ella misma no está dispuesta a enfrentarse a la reina Shaetone. Su plan es fortificarse, quedarse encerrada en su castillo protegida por sus trolls y otros sirvientes mágicos, y concentrarse únicamente en salvar su propia vida.
Cindy, que tras quemar junto con el resto de la pandilla la fábrica de espuma había decidido separarse de estos y volver a su casa, ha ido en realidad a visitar a Ted. Parece que se siente atraída por él. Va a visitarlo a su habitación del hospital, en la que sigue sin haber ninguno de sus familiares, y se sienta un rato a charlar con él. Y esta conversación me parece con diferencia lo mejor de todo el libro. Se nos muestra que Ted ya se ha transformado totalmente en un vampiro y que Cindy se da cuenta de ello, pero se niega a creerlo. Ted empieza a sonsacarle información a Cindy y ella, a regañadientes, va respondiéndole todo lo que este quiere saber, aunque no llega a dejarse claro si es por el poder de hipnotizar que está despertándose en él o simplemente por la atracción que ella siente hacia él, que la impulsa a decirle la verdad.
Es una conversación en la que el autor logra que sintamos miedo por Cindy, aun sabiendo que es una protagonista fija y que no le va a pasar nada. Y, como parte de esta conversación, hay un momento en que ella le dice directamente:
—No puedes ser un vampiro.
A lo que Ted le contesta:
—¿Por qué no?
Y la réplica de ella es:
—Porque tú eres mi amigo y yo soy amiga tuya.
Este es un error que comete mucha gente. «No puede haberte robado, es mi hijo y lo conozco bien», «No me creo que venda drogas, mi hermano nunca haría eso.», «Claramente me estás mintiendo, mi padre no es un estafador», «Es imposible que mi novia me esté engañado con otro, ella no es así». A menudo damos por sentado que la gente a la que queremos no puede hacer cosas malas. Cindy comete ese error aquí. Se siente atraída por Ted y, aunque este ya es claramente un vampiro, incluso aunque él mismo ya lo ha confesado, ella se niega a creerlo. Se niega a creer la evidencia que tiene ante sus ojos porque esta es incompatible con la fantasía que hay en su cabeza y, puesta a elegir entre la realidad y su fantasía, elige la segunda. Y como ocurre con toda la gente que antepone sus fantasías a la realidad, termina pagando las consecuencias. Cuando Ted ya ha obtenido de ella toda la información que quería, la muerde y la convierte en un vampiro.
La situación del resto de la pandilla no es mucho mejor. Saliendo del castillo de Ann, después de haberles dejado claro esta que no va a ayudarlos y que tendrán que apañárselas por sí solos, son atacados por tres vampiros, cuya presencia empieza ya a ser común en el pueblo. Consiguen deshacerse de ellos engañándolos para que se metan entre unas gradas plegables de un edificio cercano y triturándolos entre estas. A continuación van a buscar a Ted al hospital para acabar con él, tal como acordaron en un principio. Ted no está en su cama y la única persona que encuentran en su habitación es a Cindy, en pleno proceso de transformación.
La interrogan, pero sus respuestas dejan claro que, si bien todavía no es totalmente un vampiro, su mente ya pertenece a la reina Shaetone. La pandilla utiliza esta conexión que Cindy tiene con la reina para ir sonsacándole información a partir de las respuestas confusas y crípticas que esta les da. Llegan a la conclusión de que el lugar donde se esconde la reina está en el propio hospital. Precisamente en la cámara frigorífica donde se almacena la sangre para transfusiones, que ha decidido convertir en su bodega personal. Van allí a buscarla con las armas caseras con las que se han ido equipando. Adam, de quien ya se nos ha dado a entender en otros libros que se siente atraído por Cindy, no quiere dejarla abandonada a su suerte e insiste en cargar con ella todo el rato, pese al peligro que supone que esté transformándose en vampira. Al llegar al almacén de sangre descubren que la reina no es otra que la enfermera Sharon, con la que se encontraron en su primera visita al hospital.
El enfrentamiento de la pandilla con la reina en estas circunstancias es bastante desigual. Ellos son niños de doce años y están cargando con una compañera ya medio vampirizada, cuya lealtad se tambalea entre ellos y la reina, decantándose cada vez más hacia esta. La reina, por su parte, es una vampiresa con cincuenta mil años de experiencia y con poderes mágicos. Lo que sorprende del resultado de este encuentro es que alguno de ellos consiga salir vivo.
Cuando se retiran, lo hacen llevándose todavía con ellos a Cindy y también a Watch, que ahora también lleva un buen mordisco en el cuello. No saben dónde huir, ya que la conexión entre la reina y sus servidores vampiros le permite saber dónde están estos en todo momento. Por tanto, ella siempre sabrá dónde está el grupo mientras este cargue con Cindy, a la que Adam se niega tercamente a dejar atrás. Así que corren hacia el embarcadero. El embarcadero de Fantastville es una pasarela de madera sostenida sobre postes que se extienden desde la costa hacia el mar. La sal es uno de los grandes destructores de vampiros y, para un vampiro, caerse a una masa de agua salada como el mar tiene el mismo efecto que para un humano caer a una tina de ácido sulfúrico. Si logran resistir sobre esa plataforma hasta la salida del sol, los vampiros se retirarán y tendrán otra oportunidad de combatirlos en mejores condiciones.
Pero esto no ocurre. La reina Shaetone se ha decidido a acabar con ellos y, a la cabeza de un grupo de vampiros, avanza con paso firme y desafiante sobre la vieja plataforma de madera. El encuentro parece aún peor que el primero, ya que esta vez no solo Cindy, sino también Watch, están transformándose en vampiros. Y Adam se encuentra muy debilitado porque, en un intento de retrasar la transformación de Cindy, ha estado inyectándole su propia sangre mediante una jeringuilla que se llevó del hospital, hasta llegar a un punto en que él mismo está mareado por la pérdida de sangre y, sin embargo, ella no parece haber experimentado ninguna mejoría en absoluto.
Viéndose acorralados en el extremo de la pasarela, la pandilla toma la decisión de saltar todos juntos al mar y dejar que los tiburones que siempre hay cerca de la costa de Fantastville, al acecho de cualquier bañista despistado, den buena cuenta de ellos. Prefieren ser devorados por tiburones que vampirizados. La Reina le ordena a Cindy, a la cual parece ya controlar totalmente, que se ponga a su lado junto con los otros vampiros, y esta lo hace. A continuación trata de convencer a los chicos para que no salten, no porque respete el valor que están demostrando tener, sino porque quiere crear un ejército de vampiros de cara a una empresa mayor y cualquiera le vale. El que los chicos salten al mar y se dejen comer por los tiburones supone para ella cuatro vampiros menos para su ejército. Y son precisamente cuatro los vampiros que los chicos han logrado destruir, así que simplemente van a reemplazar el daño que hicieron.
Y justo cuando la situación parece más desesperada, Cindy sorprende a todos empuñando una estaca que todavía llevaba encima desde que fueron a la fábrica y atravesando por la espalda el corazón de la reina. Aunque no parecían tener efecto, las inyecciones de sangre limpia que estuvo administrándole Adam le han hecho recuperar una gran parte de su conciencia y de su autocontrol. A continuación, Cindy le da un empujón a la estacada vampira precipitándola de la plataforma al mar, donde estalla en un fogonazo de luz tan pronto como se hunde en el agua salada. Esto revierte el vampirismo de quienes estaban bajo su control, devolviendolos a todos a su condición humana. Algunos de ellos tienen miles de años, otros son víctimas recientes, pero todos mantienen el recuerdo y la conciencia de lo que hicieron siendo vampiros, y esto es lo que los hace correr despavoridos, sin saber qué hacer, dónde ir o cómo afrontar su vida a partir de ese momento.
Entre los vampiros que formaban el séquito de la reina está también el hechicero que la acogió como si fuera su hija cuando fue abandonada en el bosque cincuenta mil años atrás. El único hombre que la amó y crio y al que ella mantenía a su lado como un simple siervo más. Este les agradece lo que han hecho y, a continuación, se marcha. Es el único que parece mantener la mente serena, como si tuviese un plan o un lugar al que volver.
Este desenlace me parece genial, no por la llamativa forma de morir de la vampira, sino por el detalle de que son las inyecciones de sangre que Adam le ha estado administrando a Cindy lo que hacen que esta reaccione. También me parece especialmente interesante que los vampiros no sean destruidos al desaparecer Shaetone, sino que recuperen su humanidad conservando los recuerdos de todo lo que hicieron. Es una idea mucho más inquietante que la típica destrucción convencional en masa de los monstruos subordinados. Vampiros, muchos de ellos de cientos o miles de años, que toman repentinamente conciencia de los actos que cometieron bajo la influencia de la mente que los controlaba. Esto, y la conversación entre Cindy y Ted en el hospital, son el tipo de cosas que uno no se espera encontrar en una colección juvenil.
Puedes ver una reseña sobre otro libro de esta colección pulsando aquí. The Night of the vampire. 1997. Christopher Pike. FantasVille nº 19. Publicado en 1999 por Ediciones B.