MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

martes, 14 de abril de 2026

TITANIC

 ALMACÉN DE MUNDOS COMPRIMIDOS

                                           Presentado por… Wormy & Leechy.
 

¡Saludos, vertebrados!

Hoy es catorce de abril y, tal día como hoy, en 1912, el Titanic chocó con un iceberg. El hundimiento del Titanic es uno de los desastres náuticos más conocidos, no solo por la ironía de un barco que se había publicitado como insumergible, ni por el momento (su viaje inaugural, anunciado a bombo y platillo), ni siquiera por la magnitud de la tragedia (más de mil quinientos muertos), sino por la enorme cantidad de mitos que generó. Uno de los más conocidos es el del supuesto sarcófago maldito de una princesa egipcia momificada que el barco transportaba en sus bodegas. También se habló de espionaje, sabotaje o incluso de un torpedo alemán, pese a que el hundimiento ocurrió un par de años antes de la Primera Guerra Mundial.

A estas historias se suman coincidencias llamativas, como la novela Futility, escrita catorce años antes, que describe el hundimiento de un barco llamado Titan, golpeado por un iceberg prácticamente en las mismas coordenadas.

Tenemos algo adecuado para reseñar en el día de hoy, pero no es la famosa película de Leonardo DiCaprio de 1997, sino un juego de mesa que publicó Falomir ocho años antes. Se trata de uno de esos juegos sencillos y absurdos de Falomir. Sé que casi siempre que comentamos un juego de esta editorial decimos que es lo peor de ellos, pero en este caso es especialmente cierto.

Os explicamos cómo se juega, o al menos cómo creemos nosotros que se juega, porque, como es habitual en muchos juegos de Falomir de esa epoca, el reglamento es confuso, parece incompleto y sospechamos que no pasó ningún tipo de prueba ni testeo. Pero bueno, todos tenemos claro que cuando compramos uno de los juegos antiguos de Falomir es por la excentricidad de tenerlo: son juegos muy baratos, muy absurdos y extrañamente repetitivos. Aproximadamente la mitad de los juegos de Falomir son Parchís temáticos.

En este, nuestro objetivo es escapar del Titanic antes de que se hunda. Cada jugador comienza con cuatro fichas que podrían representar a miembros de una misma familia, situadas en un camarote. Durante la partida debemos llevar tantos de nuestros vertebrados pasajeros como podamos a alguno de los botes salvavidas que quedan, mientras van tropezándose y empujándose con los otros pasajeros. La idea de un juego que consista en luchar con los demás pasajeros para conseguir un puesto en un bote mientras un barco se hunde rápidamente me parece bastante atractiva, todo hay que decirlo. Lo que ocurre es que, en este caso, está muy mal implementada.

Si hemos entendido bien el escueto y confuso reglamento, el jugador, tirando un dado por turno y moviendo con el resultado una sola de sus fichas, tiene que ir acercándolas a cualquiera de los botes. Un bote puede contener cualquier cantidad de fichas, pero todas han de ser del mismo color, por lo que, en cuanto una ficha entra en un bote, únicamente fichas del mismo color pueden entrar en él.

Cada bote tiene una zona de casillas amarillas delante que indica los lugares donde la gente se está apelotonando y empujándose para lograr salvar la vida. Cuando una ficha entra en una de estas casillas amarillas, ya no puede abandonarla, y cualquier dado que se tire para moverla la obliga a acercarse siempre al punto donde la flechita indica que se sube al bote. La única forma de no quedar atascado en esta zona amarilla es que no podamos subir al bote por estar ya ocupado por pasajeros de otro color, o entrar y salir de ella en la misma tirada. Si la ficha que estamos moviendo termina en una casilla amarilla cercana a un bote desocupado o en el que ya tenemos alguna ficha, ya no puede abandonar esa zona. Entiendo que el jugador debe elegir primero qué ficha mover antes de lanzar el dado, aunque esto tampoco se especifica.

El reglamento dice que las casillas del recorrido, tanto las blancas como las amarillas, no pueden ser ocupadas por más de una ficha, pero tampoco pueden cruzarse por encima de otra, es decir, cada ficha bloquea totalmente el camino tanto a las de los oponentes como a las de su propio color. Entre las casillas blancas hay cuatro cruzadas por unas líneas que simulan escaleras. Son lugares donde la gente está especialmente apelotonada y solo se pueden cruzar con una tirada de seis. Podemos llegar hasta la escalera con cualquier tirada, pero nos detendremos antes de cruzarla salvo si el dado con el que estábamos moviendo ese turno sacó un seis.

Además, ningún jugador puede sacar de su camarote su última ficha si no es para hacerla avanzar hacia la casilla de Alarma (un botón amarillo en un marco rojo situado entre los cuatro camarotes). Cuando alguna de estas fichas da la alarma, ya no hace falta que nadie más la dé, por lo que la cuarta ficha de los otros jugadores puede ir directamente hacia los botes. No es necesario que todos pasen por la casilla de Alarma antes de dirigirse a los botes. Y ningún jugador puede introducir una ficha en un bote antes de que suene la alarma.

Aparte de esto, si la ficha que hemos elegido para mover está en la zona amarilla, únicamente puede utilizar su movimiento para acercarse a la casilla de mayor tamaño, donde vemos un triángulo rojo que indica la zona de embarque, y desde ahí pasar al bote. Debe mover exactamente el resultado obtenido hasta llegar al bote, donde ya está a salvo. Pero si la casilla donde se detiene es el círculo blanco situado en el mar entre el barco y el bote, esto indica que ha caído al agua y se ha ahogado, por lo que la ficha se retira de la partida.

¡Oh, no! ¡Pobre Leo!

Y eso es todo. La partida termina cuando todos los jugadores tienen todas sus fichas en los botes correspondientes. Para que uno gane, debe tener más fichas rescatadas que los demás, y recordemos que cada bote solo puede llevar fichas de un color, aunque cualquier cantidad de ellas. Entiendo que la idea es utilizar las primeras fichas que se logren sacar a la cubierta para bloquear los caminos que van a utilizar los rivales, dejándolas estacionadas allí, ya que las fichas no pueden cruzar unas sobre otras. Y luego ir metiendo cada una de las propias fichas en un bote diferente, negando a los otros jugadores la posibilidad de hacer lo mismo. 

Lo creáis o no, llegamos a hacer un par de partidas de prueba. Es completamente injugable, aunque esto ya se veía venir solo leyendo el reglamento y viendo el tablero.

La idea nos gusta: un juego que recree el pánico de la gente, los pasajeros que quizá el día anterior estaban de fiesta, riendo, bromeando, incluso ligando entre ellos, y que ahora se ven empujándose, golpeándose, matándose incluso por ser los primeros en llegar a los botes, desesperados, ignorando cualquier rastro mínimo de civilización o decencia. Pero está mal implementada. 

El que no se pueda ni tan solo cruzar sobre una casilla ya ocupada es demasiado restrictivo. Fijémonos, por ejemplo, en la imagen de arriba. Si el jugador azul tiene unas buenas tres o cuatro tiradas iniciales, al llegar su ficha a la zona exterior, en lugar de moverla hacia el bote más cercano la puede colocar bloqueando el acceso a la cubierta del jugador amarillo. Con esto ya le está negando prácticamente toda posibilidad de jugar. La única alternativa del amarillo sería retroceder por el pequeño pasillo central de la alarma y entrar en los camarotes de los otros jugadores para tratar de salir por allí, pero esos camarotes estarán igualmente ocupados por las fichas de los demás.

Lo ideal sería que, para asegurarse la victoria, el jugador tratara de meter cada una de sus cuatro fichas en un bote diferente, puesto que así bloquea la posibilidad de que los otros jugadores tomen plaza en esos botes. Pero, puesto que un mismo bote no tiene límite de tripulantes, otro jugador que meta a todos los suyos en el mismo bote (lo cual lleva mucho menos trabajo que meter uno en cada bote) empataría en puntos con él.  Al final todo se reduce a los que se le ahoguen a cada uno al tratar de subirse al bote.

Reitero lo que ya hemos comentado antes: buena idea, mala ejecución. Una curiosidad más del vasto arsenal de juegos de Falomir, una empresa que hoy es seria y está sacando juguetes infantiles de calidad y juegos de mesa interesantes, pero que pasó por esa inolvidable etapa que nos ha dejado curiosidades como esta.

Titanic. 1989. Autores sin acreditar. Juguetes Falomir S.A. De dos a cuatro jugadores a partir de 7 años.

lunes, 13 de abril de 2026

DIARIO DE JOHN MILLER del 6 al 12 de abril de 1926

    Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Nuestro suplemento dominical sale un lunes a ultima hora! ¿Será otro de los desmanes de los horribles dioses cósmicos? ¡Averígüelo (o quizá no) aquí mismo! 


Lunes, 6 de abril de 1926  

La volví a ver esta mañana. A la mendiga de la serpiente y la rana. No sé si tiene nombre, o si alguna vez lo tuvo. En mi cabeza ya es simplemente “la mendiga de la serpiente y la rana”. Estaba sentada en el mismo sitio donde la vi por primera vez, con la espalda encorvada. La serpiente descansaba enroscada alrededor de su muñeca como una pulsera, y el sapo estaba a sus pies, hinchándose y deshinchándose rítmicamente.

Fui hacia ella y la saludé. Me miró con ojos turbios, como si mi rostro le resultara familiar pero no estuviera segura de quién era. Era de nuevo eso que ya había visto en otras ocasiones: esa lucha interna entre la cordura y la locura, cada una tratando de imponerse sobre su mente. Le dije mi nombre y le recordé las otras veces que nos habíamos visto, las cosas de las que habíamos hablado. Ella frunció el ceño, incómoda. La serpiente alzó la cabeza y abrió la boca lo justo para que su lengua asomara al aire frío. El sapo dejó de hincharse un instante, como si también él estuviera escuchándome. Me dio la impresión de que ellos sí me habían reconocido, pero su ama no parecía guardar ningún recuerdo de mí esta vez.

Búsqueda a 12+. Primer intento: Lupa, Revolver, 5, 5, 1. Segundo intento (repitiendo los dados de símbolos y el 1) Lupa (doble), 5, 5, 4. Tercer intento (repitiendo dados de símbolos) Lupa, Revólver, 5, 5, 4. No obtenemos ni tan solo la habilidad de Búsqueda y fallamos la tirada.

Se levantó de golpe, con un movimiento torpe pero decidido. La serpiente se aferró a su muñeca como si temiera caer. El sapo dio un pequeño salto para seguirla, y ella lo recogió casi sin mirarlo. No dijo nada. Solo se alejó a pasos rápidos, casi huyendo de mí, sin volver la vista atrás.

Me quedé allí un momento, mirando cómo desaparecía entre los contenedores y las sombras. Suspiré. Me encogí de hombros y seguí mi camino. Después de todo, no podía hacer otra cosa.


Martes, 7 de abril de 1926  

Había quedado con Evelyn en el aula de arqueología de la Universidad para hablar de cómo íbamos a afrontar el asunto de la torre negra. Últimamente nos vemos más en las Tierras del Sueño que estando despiertos. Entré sin llamar, porque ella me había citado a esa hora precisamente porque coincidía con un turno en el que el aula no estaba ocupada.

Evelyn estaba de pie junto a la ventana, pero no tocaba el suelo. Flotaba unos centímetros por encima, rígida, con los brazos ligeramente separados del cuerpo. Los papeles de su escritorio se elevaban alrededor de ella, girando en espiral como si un diminuto tornado invisible que no podía venir de ninguna parte los arrastrara hacia arriba. Estaba teniendo otra de sus crisis. Sus ojos estaban completamente en blanco y sus labios temblaban, luchando por decir algo.

Búsqueda a 8+. Primer intento: Lupa, Linterna, 5, 4, 3. Obtenemos Búsqueda 12 y pasamos la tirada.

—La torre… —susurró—. La torre que no existe… pero… está… ahí...

La voz no era la suya. Tenía un eco extraño, como si viniera desde el fondo de un túnel. Me acerqué despacio. No sabía si debía tocarla o salir corriendo a buscar ayuda. Supuse que preferiría lo primero. Cuanta menos gente de su entorno inmediato la viera en ese estado, mejor.

—Evelyn —dije—. Soy yo. Estás en la Universidad. Estás despierta.

El aire empezó a enfriarse. Lo noté en la piel de los brazos, en el vaho que salió de mi boca. Un par de hojas de papel se pegaron a su vestido y se quemaron sin fuego, reducidas a ceniza en un segundo. Entonces cayó, como si alguien hubiera cortado los hilos que la sostenían. La agarré de las caderas antes de que se golpeara la cabeza contra el suelo. Estaba helada y temblaba, pero a la vez sudaba copiosamente.

Tardó casi un minuto en volver en sí. Cuando abrió los ojos, las pupilas habían vuelto.

—Lo vi, John —susurró—. No la torre… lo que hay dentro. Lo que oculta. Es… enorme. Demasiado enorme. Y sabe que lo hemos visto. Nos está esperando.

La ayudé a sentarse en su silla. Se quedó mirando la ventana, como si esperara ver algo al otro lado.

—Cada vez está más cerca —dijo—. Eso a lo que llaman… eso, lo que sea que viene. No sé lo que es, pero está cada vez más cerca.


Miércoles, 8 de abril de 1926  

Hoy he vuelto a encontrarme con uno de los engendros de Calder. Iba caminando por la calle Pickman, de regreso a la oficina, cuando escuché un alboroto. Varias personas corrían y gritaban, todos en la misma dirección. Yo, como el idiota que soy, fui en dirección contraria, hacia aquello de lo que huían.

De un callejón especialmente estrecho y sin salida venía un ruido que sonaba a que alguien estaba arrastrando un chapoteante saco de vísceras frescas. Era un jabalí enorme, del tamaño de un caballo pequeño, no muy diferente de la carcasa reanimada que despaché no hace tanto. Este se veía distinto. No era un ejemplar reciente, una pieza de caza como el otro. Este parecía un animal que hubiese muerto de viejo en el zoo y hubiera terminado en el cubo de la basura. Estaba esquelético, con el pelaje pegado a los huesos. Las patas se movían y el cuerpo avanzaba con una rigidez artificial. Tenía la piel abierta en varios puntos, y bajo ella no había músculo, sino una masa grisácea que parecía arcilla. En lugar de ojos solo tenía dos huecos negros. Aun así supongo que me vio de algún modo, porque bajó la cabeza y se lanzó contra mí.

Combate a 11+, aumentado a 13+ salvo si tenemos dos puntos de locura acumulados, que no es el caso. Primer intento: Revolver (doble), 5, 3, 1. Segundo intento (repitiendo el 3 y el 1) Revolver (doble), 5, 4, 4. Obtenemos Combate 13 y pasamos la tirada.

Me lancé hacia un portal para esquivar la embestida. El jabalí chocó contra la pared con un golpe seco que habría matado a cualquier animal normal. Este solo se sacudió y volvió a girarse hacia mí.

Saqué el revólver y disparé dos veces. Las balas entraron en su cuerpo, pero no salieron. El jabalí reanimado embistió de nuevo, esta vez más rápido. Me eché a un lado y se dio otro cabezazo tremendo contra la pared. Eso pareció hacerle más daño que las balas… ¿o era porque el golpe se lo había llevado en la cabeza? Disparé de nuevo, apuntándole al cráneo.

El jabalí reanimado cayó de lado y empezó a temblar. Retrocedí mientras la criatura se detenía poco a poco. Me quedé un rato apoyado en la pared, recuperando el aliento mientras lo observaba. Ahora que podía dedicarle atención a ello, me estaba fijando en que tenía costuras de sutura y grapas quirúrgicas en varios puntos. Ese pobre despojo de animal parecía haber sido muy modificado, no simplemente inyectado con la fórmula de Calder. Aquello podía ser interesante.

Supuse que alguno de los que huían de esta cosa, demostrando más sentido común que yo, habría llamado a la policía. Me quedé junto al cadáver del animal, muerto por segunda vez. Quería asegurarme de que esa cosa terminara en las manos adecuadas.


Jueves, 9 de abril de 1926  

Volví esta tarde a la casa de Madame Zan. Después de todo, ella fue quien me dijo que buscara al adversario en el mundo onírico, no en el real. Y, pese a que nunca había creído en todas estas cosas de la adivinación, la lectura de la mano, el echar cartas y todas esas cosas, he de admitir que en eso tenía razón. No quiero decir que ya crea en todo eso; la mayoría siguen pareciéndome patrañas, pero yo mismo he llegado a aprender y lanzar un par de veces un hechizo, me he enfrentado a un fantasma, algunos animales muertos y reanimados y tantas otras cosas que hacen que empiece a plantearme todo aquello en lo que creo.

Investigación a 8+. Primer intento: Lupa, Linterna, 3, 3, 3. Obtenemos Investigación 9 y pasamos la tirada.

Le conté lo que había encontrado: el lugar donde se esconde el responsable de todo esto. La enorme torre negra alzándose infinita hacia el cielo en una capa de sueño más profunda que el sueño convencional, como si fuera suciedad escondida bajo la alfombra. Ella negó con la cabeza, despacio, con el mismo movimiento lento y deliberado con el que una madre o una profesora corrigen a un niño pequeño.

—No te engañes, Miller. Lo que has encontrado no es al responsable. Lo que tú llamas sacerdote mayor es solo uno más de los sirvientes del verdadero responsable.

Sentí un nudo en el estómago. Quise protestar, porque sentí que estaba arrebatándome todo el mérito de los magros logros que podía atribuirme, pero su mirada me atravesó antes de que pudiera abrir la boca.

—Lo que está por venir es mucho mayor —continuó—. Y así como vosotros le habéis visto en el mundo onírico… él también os ha visto. Sabe que lo buscáis. Sabe que os estáis preparando para ir a por él.

Recordé que Evelyn había dicho básicamente lo mismo tras su trance. Madame Zan fue hacia su sillón, como si la conversación hubiera terminado.

—Ten cuidado, Miller —dijo sin mirarme—. Te estás haciendo enemigos muy poderosos, y no solo en este mundo.

Salí de allí con algo dándome vueltas en la cabeza, y no era algo relacionado con esa conversación. No fue hasta estar ya a mitad de mi camino de regreso a la oficina que caí en la cuenta de que, el martes, Evelyn por primera vez me había llamado John en lugar de Miller.


Viernes, 10 de abril de 1926  

Esta mañana he ido a ala hospitalaria de la Universidad para ver si habían descubierto algo en relación al jabalí al que estuve tiroteando el otro día. Convencí a O’Maley para que lo dejara en manos de la doctora Sabin en lugar de entregárselo a sus propios forenses. Y sorprendentemente, aceptó. Quizá porque lo veía como una forma de quitarse un problema de encima.

Cuando llegué, la doctora Sabin estaba en la sala de disección con dos estudiantes de medicina. Llevaba una bata blanca encima de su ropa habitual.

—Llega justo a tiempo —me dijo—. Vamos a abrirlo ahora.

El cuerpo del jabalí estaba sobre la mesa, rígido como una estatua. Uno de los estudiantes hizo la primera incisión siguiendo las instrucciones de Sabin, que parecía estar allí únicamente para supervisar el asunto. Supongo que ella también había tenido que mover algunos hilos por su parte para que la Universidad le permitiera utilizar esa sala y ese equipo para examinar el cadáver que le había traído la policía. El convertirlo en una clase para un par de estudiantes aventajados había sido el precio a pagar.

La piel del jabalí se abrió con demasiada facilidad, como si no hubiera resistencia. El estudiante comentó que estaba cortando puntos de sutura, que estaba abriendo una incisión previa. El olor que salió no era el de un animal muerto. Había un cierto aroma a putrefacción, evidentemente, pero era algo más químico. Sabin frunció el ceño.

El estudiante continuó cortando. La cavidad torácica se abrió… y entonces algo se movió dentro.

—¡Atrás! —grité. Pero ya era tarde.

Una rata salió disparada del interior del jabalí. Era enorme, casi del tamaño de un gato pequeño, con la piel abierta en varios puntos y los ojos blancos como la leche. Saltó directamente hacia el rostro del estudiante que había hecho la incisión. Él cayó hacia atrás, gritando. Sin pensarlo, lancé una patada contra la rata, impactando tanto en el lomo de esta como en la cara del estudiante. Al menos le libré del mordisco, así que supongo que podríamos decir que salió ganando. La criatura se estrelló contra la pared dejando una mancha oscura en ella. Se levantó casi al instante y se giró hacia mí.

Combate a 6+. Primer intento: Lupa, Revólver, 6, 5, 4. Segundo intento (repitiendo el 6) Lupa, Revólver 5, 4, 1. Obtenemos Combate 10 y pasamos la tirada.

Saqué el revólver. La rata avanzó con ese movimiento torpe y antinatural que ya había visto antes. Debió haberse roto algo con la patada o quizá con el choque contra la pared, porque era mucho más lenta. Quizá no sería necesario disparar. Le di otro puntapié, justo en la cabeza cuando ya se me echaba encima, y sentí algo crujir. Cayó al suelo de nuevo, y de nuevo se levantó de inmediato. Premié su tenacidad con otra patada. Y otra, y otra, y otra, hasta que dejó de moverse.

Sabin estaba pálida. Los estudiantes, aún más.

—¿Qué demonios era eso? —preguntó uno de ellos.

—Una trampa —dije sin vacilar, y la respuesta me sorprendió incluso a mí, porque no había pensado en ella de forma consciente. Pero estaba casi seguro de que la rata no estaba dentro del jabalí por accidente. No entró ella en el cadáver para alimentarse o esconderse. Calder había colocado la rata reanimada dentro del jabalí y luego lo había cosido, como un arma secundaria. Su intención al reanimar al jabalí no era que matara a algún ciudadano aleatorio, sino que matara a aquel que examinara al jabalí para buscar respuestas. Aquello era un ataque preparado para eliminar a los que estuvieran metiendo las narices, pero concretamente a aquellos que tuvieran conocimientos de ciencia o medicina, que serían los que abrirían el cuerpo.

Ya estaba siendo hora de ponerse en serio con ese tipejo.


Sábado, 11 de abril de 1926  

Hoy no he tenido que matar (o rematar, según se mire) a nada, pero no por ello ha sido un día tranquilo. A veces investigar sin que nadie te ataque es peor, porque te obliga a mirar lo que está pasando sin actuar.

Pasé la mañana tanteando el terreno, deambulando por la zona de Arkham en la que se alzaba la torre negra infinita en el sueño. No fui allí buscando un enfrentamiento. Fui a observar. A escuchar. A ver qué podía averiguar.

El primer indicio de que algo iba mal fue el silencio. Ese silencio espeso que se forma cuando algo o alguien está haciendo ruido y de pronto deja de hacerlo porque nota que te acercas. El segundo fue el olor. Una mezcla de perfume e incienso que parecía querer esconder el hedor dulzón de la descomposición. Y el tercero, lo despoblado que se veía todo. A esa hora las calles debían bullir de actividad. Es cierto que desde hace algunos meses las calles están cada vez más vacías, sobre todo por las noches: la gente se encierra en sus casas lo antes posible. Pero aquí era incluso más acusado. Las casas a mi alrededor ni tan solo se sentían como lugares donde la gente se encierra para mantenerse a salvo de la calle. Tenía la impresión de que estaban vacías, todas o casi todas.

Yo las iba observando, buscando similitudes con aquello que había visto en el sueño, tratando de determinar exactamente cuál era la casa en cuyo lugar se alzaba la torre infinita. Me asomé a la ventana de una cuya puerta estaba entreabierta y, de hecho, colgaba medio suelta de los goznes.

Investigación a 12+. Primer intento: Lupa (doble), 4, 2, 2. Segundo intento (repitiendo ambos 2) Lupa (doble), 4, 4, 3. Tercer intento (repitiendo el 3) Lupa (doble), 6, 4, 4. Obtenemos Investigación 14 y acumulamos el primer punto de locura del mes.

Allí estaban. Una docena de cultistas, quizá más. Todos con túnicas negras, todos arrodillados en círculo, moviendo los labios como si cantaran. Balanceándose ligeramente adelante y atrás, como siguiendo el ritmo de una música que yo no podía escuchar. Uno de ellos sostenía un libro de aspecto antiguo. Uno de esos libros que ya he aprendido a temer.

Me quedé observando un rato más, pero no me acerqué. No soy tan valiente ni tan estúpido. Pero sí rodeé el edificio fijándome en detalles como ventanas bajas, escaleras de incendios, bocas de alcantarilla, puertas traseras, movimiento detrás de las ventanas de los pisos más altos. Nada sugería que allí estuviese pasando algo extraño más allá de lo que había visto a través de la ventana.

No sé si el Sacerdote Mayor está aquí en persona o si solo ha dado instrucciones a esta panda de degenerados y se ha marchado a otro lugar, pero este es sin duda el lugar que buscaba. Ahora lo que queda es preparar, junto con O’Maley, una redada lo suficientemente bien planeada y ejecutada como para que ninguno de estos sujetos escape.


Domingo, 12 de abril de 1926  

Hoy me he reunido con Inhidra, pero no en el Mundo Onírico. Solo ella y yo, en el mundo real, en un banco del parque donde los árboles todavía parecen árboles y no criaturas esperando a despertarse.

La mamáloi estaba envuelta en un chal oscuro, con ese aire de mujer que sabe demasiado y que carga con ello sin quejarse. Me saludó con un gesto leve y escuchó pacientemente lo que le conté sobre mis averiguaciones del día anterior y sobre todo lo que había ocurrido a lo largo de la semana. Pero por la cara que ponía me dio la impresión de que no le estaba contando nada que ella no supiera ya. Me sentía como aquella vez que me dijo que sus loas me iban a poner a prueba. Estaba siendo juzgado por ella en su nombre. La mamáloi estaba decidiendo cuánto más iba a implicarse en ayudarme.

Investigación a  17+. Reducida a 12+ por haber superado cinco de las pruebas anteriores esta semana, pero aumentada a 15+ por tener menos de tres puntos de locura acumulados. Primer intento: Lupa, Linterna, 5, 4, 3. Segundo intento (repitiendo el 4 y el 3) Lupa, Linterna 6, 5, 2. Tercer intento (repitiendo el 2) Lupa, Linterna, 6, 5, 5. Obtenemos Investigación 16 y pasamos la tirada a costa de acumular un segundo punto de locura. 

Cuando terminé me quedé en silencio un momento. El viento movió las ramas sobre nuestras cabezas.

—Inhidra… —dije—. ¿Él sabe que lo estoy buscando?

Ella no respondió de inmediato. Miró al suelo, luego ladeó la cabeza. Parecía estar buscando respuestas en la propia naturaleza a su alrededor.

—No solo lo sabe —dijo al fin—. Ya ha empezado a prepararse para recibirte.

Genial. Justo lo que necesitaba para dormir tranquilo. Ya contaba con esa respuesta, porque después de todo es lo mismo que me dijo Evelyn tras su trance. Y lo mismo que me dijo Madame Zan. Que la mamáloi lo repitiera no era más que una confirmación que realmente no necesitaba.

—¿Qué hago entonces? —pregunté.

—No actúes todavía. Las defensas de ese lugar son demasiado fuertes. Y no me refiero a la oposición que puedan presentar ese puñado de idiotas con capuchas que viste allí. Dame unos días para preparar algo que nos proteja cuando entremos.

—¿Nos?

Se levantó y se marchó sin despedirse. La vi alejarse entre los árboles, como si el parque la tragara.


Podéis repasar desde el inicio los entresijos de este caso pulsando aquí

domingo, 12 de abril de 2026

DIARIO DE JOHN MILLER del 30 de marzo al 5 de abril de 1926

   Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Gazapo mayúsculo! ¡Lean como el zopenco de nuestro Supervisor General se disculpa por su manifiesta incompetencia! 


Hoy debía reunir las notas que he estado tomando a lo largo de la semana acompañando las micropartidas diarias a Cthulhu 1926 para elaborar nuestra ya clásica entrada de los domingos del Diario de Miller. Toca la del 6 al 12 de abril, pero cuando quise darle un vistazo a la entrada del domingo pasado, que debería corresponder a los días del 30 de marzo al 5 de abril, descubrí que no llegué a publicarla. He estado tan liado últimamente atendiendo otros asuntos que no solo me olvide por completo de publicarla, sino que estaba convencido de que sí lo había hecho. 

Y bueno, las cosas hay que hacerlas cuando corresponden, pero si por lo que sea no se hace en su momento entonces hay que hacerlas lo antes posible una vez el momento pasa, para minimizar el daño. Hoy voy a publicar lo que debería haber publicado el domingo pasado, y mañana lo que debería haber publicado hoy. Que dos semanas seguidas de esta cosa se me hacen pesadas hasta a a mi, que soy el que lo está escribiendo 😅   


Lunes, 30 de marzo de 1926 

Estaba sentado en un banco, frente al río Miskatonic, intentando ordenar mis pensamientos. El viento tenía ese aroma a «algo va a pasar» que últimamente me provoca urticaria. 

Entonces lo sentí: un roce suave contra mi abrigo. Miré hacia abajo y allí estaba: un gato negro, de pelaje brillante, ojos amarillos, cola enroscada alrededor de sus patas. No era el de la oreja rota. Tampoco parecía el que me salvó de los murciélagos. Este no maulló ni me miró con urgencia. No parecía querer que le siguiera. Solo se sentó a mi lado. En silencio. Durante un buen rato, ninguno de los dos se movió. El gato observaba el río. Yo también. Me estaba preguntando si debía hacer algo. Si el animal estaba esperando algún tipo de reacción por mi parte. 

Búsqueda a 8+. Primer intento: Linterna, Revólver, 5, 4, 2. Obtenemos Búsqueda 11 y pasamos la prueba.

Le pasé la mano por el lomo. Aceptó el gesto sin inmutarse, como un gato doméstico acostumbrado a ese tipo de contacto. Y luego, sin hacer ruido, se levantó y se marchó. El gato no había venido a mostrarme nada, ni a pedir nada. Quizá solo quería una confirmación de que yo también estaba en esto, sea lo que sea que esté pasando. No hice más que acariciar el lomo de un gato callejero, pero ahora me siento como si hubiese firmado un trato.


Martes, 31 de marzo de 1926 

La llamada llegó al atardecer, a esa hora en la que la luz empieza a retirarse de las calles y la ciudad adoptaba ese tono enfermizo que parece sacado de un sueño febril. Unos vecinos aseguraban haber visto sombras moviéndose dentro de una casa abandonada, luces que se encendían sin razón y un murmullo constante que no parecía venir de una garganta humana. 

En cualquier otra ciudad habría pensado en un vagabundo, un animal o algún adolescente buscando emociones baratas, pero Arkham ya no me permite ese tipo de explicaciones tranquilizadoras. Así que fui a echar un vistazo. 

La casa tenía un olor extraño incluso desde fuera. Dentro era peor. La luz de mi linterna iluminaba partículas amarillentas suspendidas en el ambiente, que parecían demasiado densas para ser polvo y demasiado vivas para ser inofensivas. Avancé por el pasillo principal y fui echando un vistazo habitación por habitación en busca del misterioso inquilino que estaba asustando a mis vecinos. Por desgracia, lo encontré. 

Era un fantasma, o algo que solo se puede describir con esa palabra. Parecía incompleto y su imagen parpadeaba, como si no estuviera totalmente ahí. Estaba lo bastante presente, al menos, para verme a mí tal como yo le estaba viendo a él, porque avanzó hacia mí con la misma mirada que pondría en una situación como esa cualquier asesino de carne y hueso. Sin embargo, la bala que le disparé le pasó a través como si fuera humo. Ese malnacido estaba ahí solo para lo que le convenía, y cuando no, no quería saber nada del asunto. Me pregunté si sería el fantasma de un político o algo así. 

Combate a 10+. Primer intento: Lupa (doble), 5, 3, 2. Segundo intento (repitiendo dados de símbolos) Linterna, Revólver, 5, 3, 2. Obtenemos Combate 10 y pasamos la tirada.

Ya que el revólver no servía para nada, recurrí a otra cosa. Alcé la otra mano y apunté simplemente con el dedo al tiempo que recitaba lo más rápidamente posible y a la vez con la mayor claridad de la que fui capaz el hechizo de Sugerencia que había estado practicando. El padre Arden me dio a entender que podría usarlo con cualquier tipo de gente, pero yo lo había usado anteriormente para influir en la decisión de una entidad de Las Tierras del Sueño. Quizá funcionaría también con fantasmas. 

Ordené al fantasma que se marchara. No especifiqué adónde, porque no tenía la cabeza como para ponerme a razonar. Solo quería que se fuera. No sé qué entendió, pero su imagen empezó a temblar y sus murmullos se deformaron, como si se estirasen y comprimieran sin cesar. Sonaba como la voz de un locutor cuando un canal de radio se desintoniza. ¿Era eso lo que le estaba pasando? ¿Se estaba «desintonizando» de nuestro mundo? ¿Estaba «perdiendo la señal» que le mantenía ahí? 

Por un instante, el espíritu pareció «buscar su frecuencia», como si tratara de reconectar con este mundo sin conseguirlo. Luego, se deshizo en nada. Me gustaría ser científico para poder explicarlo mejor. No lo soy. Solo soy un detective de barrio.

Aquí pasamos a abril y nos encontramos con que la nueva regla especial que se aplicará en este mes y los siguientes es que el máximo de locura baja de 8 a 7. Además, si terminamos un mes con 7 puntos de locura descontamos 10 a los puntos de éxito acumulados, en lugar de 5. Parece que todo este asunto empieza a hacer mella en la cordura a largo plazo de Miller... Este mes lo hemos terminado con 6 de locura y solo dos de los encuentros cruciales cumplidos, por lo que obtenemos 10 puntos más de éxito para un total de 40, y reiniciamos la locura a cero. 


Miércoles, 1 de abril de 1926 

Fui a ver a Madrivana esta mañana. Esa mujer tiene una forma de observarme que incomoda más que cualquier monstruo. Me ofreció asiento sin decir palabra. Le conté lo que me pasó ayer. Le conté cómo desapareció, cómo su figura tembló como una emisora mal sintonizada. 

Madrivana asintió y empezó a hablarme de las diferencias entre espíritus, espectros, fantasmas, apariciones y ecos. Lo de los ecos me sonaba a chino, y todo lo demás eran palabras que yo siempre había creído que eran sinónimos. Intenté seguir sus lecciones pese a que tenía la cabeza como un bombo. 

Investigación a 5+. Primer intento: Linterna, Revólver, 5, 4, 2. Obtenemos Búsqueda 11 y pasamos la prueba. 

Me explicó que la espiral (ese maldito símbolo que aparece en lápidas, paredes, túneles y hasta en mis sueños) no es solo un dibujo, sino un camino. Un camino que se abre y se cierra en determinados momentos respondiendo a la vibración correcta. Que los cánticos de los cultistas, en realidad, solo están diseñados para imitar esa vibración, y las palabras que adornan el cantico son un detalle menor. 

Al final resulta que mi símil de la emisora de radio desintonizada no era del todo malo. Alguien, en algún lugar de Arkham, está buscando la frecuencia exacta que abrirá ese camino. Ese es el motivo por el que los cultistas se reúnen a cantar. Están tanteando, lo sepan o no, las distinta frecuencias, hasta dar con la que abra el camino. Y una de esas frecuencias con las que están sintonizando al azar fue lo que llamó al fantasma que vi.   

Antes de irme, Madrivana me entregó una nota con un nombre y una dirección. Me dijo que fuera a hablar con esa persona y le explicara lo mismo que le había contado a ella. No tenía ganas ningunas de soportar dos charlas metafísicas el mismo día, así que vine directamente a la oficina a echar una siesta.


Jueves, 2 de abril de 1926 

Hoy he conocido a un hombre bastante peculiar. El profesor Elwood Dorn. Bajito, nervioso, y con un bigote que parece dibujado a lápiz. Me recibió en su despacho, porque el tipo resultó ser una especie de profesor de ciencias o algo así. Cuando Madrivana me dijo que viniera a hablar con él esperaba alguna clase de abracadabra con greñas, pero este tipo era todo lo contrario. 

Empecé a contarle lo ocurrido y me dijo algo que me descolocó por completo. Me cortó nada más empezar alegando que Madrivana ya le había avisado de a qué iba… cuatro días atrás. Eso significa que lo hizo un día antes de mi encuentro con el fantasma. Preferí no preguntar, y después de todo el profesor Dorn no me habría dejado hacerlo. Me habló rápido, en frases cortas, mientras buscaba frenéticamente algo por su desordenado escritorio. 

Tiramos Búsqueda a 7+ en nombre de Elwood a ver si logra localizar lo que sea que esté buscando. Primer intento: Lupa, Revólver, 6, 5, 3. Segundo intento (repitiendo el 6). Lupa, Revólver, 5, 4, 3. Obtenemos Búsqueda 12 y Elwood pasa la prueba.

Finalmente encontró lo que buscaba y me lo entregó. Era un diapasón metálico con algunas inscripciones a lo largo que no identifiqué como de ningún idioma que yo conociera. Me dijo que era un arma. Un arma contra seres como el que yo le había descrito. «No lo golpee a la ligera», me advirtió. «Si lo hace en el lugar equivocado, podría atraer algo en lugar de expulsarlo». No quise preguntar. Lo guardé en el bolsillo interior del abrigo y me marché, sintiendo que mi revólver se estaba volviendo por momentos el objeto más inútil de mi creciente arsenal.


Viernes, 2 de abril de 1926

O’Maley me llamó para que le echara una mano. Sus chicos están ocupados persiguiendo sectas «por culpa mía», según sus palabras, y necesitaba a alguien que le diera un vistazo extra a una escena del crimen. En apariencia, un asunto humano, un crimen de los de antes, de los que deberían poder explicarse con un informe forense y solucionarse con una orden de arresto. Pero Arkham ya no permite que nada sea tan simple. 

Cuando llegué al matadero abandonado de la calle Brewer, donde se había encontrado el cuerpo de la última víctima, comprendí que este caso no iba a ser una excepción. El interior del edificio estaba en penumbra, iluminado solo por la luz que entraba a través de las rendijas del techo. El olor a sangre y humedad era tan intenso que me revolvió el estómago. 

En el centro de la sala principal, colgando de una viga, había un gancho de carnicero teñido de rojo. El gancho se balanceaba ligeramente, movido por una corriente de aire que no sentí en ningún otro lugar del edificio. Era imposible no imaginar el cuerpo que había colgado allí, la forma en que debió balancearse igual que el gancho, el peso muerto girando lentamente sobre sí mismo. 

El psicópata no tardó en aparecer. No fue una emboscada: simplemente surgió desde el fondo del matadero, como si hubiera estado allí todo el tiempo. ¿Cómo no lo encontró la gente de O’Maley? ¿Cómo no ver a un tipo tan enorme? Vestía algo extraño, a medio camino entre hábito de monje y ropa de leñador, con capucha de verdugo que le cubría la cabeza por completo. Llevaba en las manos un hacha medieval, de hoja ancha y mellada. 

Avanzó hacia mí rápido, pero sin correr, con determinación. Intenté hablarle mientras sacaba el revólver. No hubo respuesta. Solo un cambio en su postura, un leve giro de muñeca que hizo que el filo del hacha reflejara la poca luz que había. El hecho de ver que estaba armado, que no era alguien indefenso, habría detenido a cualquier persona cuerda. A él lo espoleó. Cargó contra mí levantando el hacha y dejándola caer con un golpe brutal. Me aparté a un lado y el hacha se clavó en el suelo, levantando astillas de cemento. Aun así dudé un instante. No porque me diera reparos en dispararle, sino porque había algo en su forma de moverse que no encajaba del todo con un asesino común. Era demasiado mecánico, demasiado rígido, incluso demasiado silencioso. 

Combate a 11+. Primer intento: Linterna, Lupa, 4, 4, 2. Segundo intento (repitiendo símbolos y el 1). Lupa, Revólver, 5, 4, 4. Obtenemos Combate 13 y derrotamos al psicópata.

Volvió a atacar, esta vez levantando el hacha por encima de su cabeza. Disparé dos veces, apuntando al pecho. El segundo impacto lo detuvo, pero no lo derribó. Dio un paso más, tambaleándose, y levantó el arma de nuevo. Disparé una tercera vez, esta vez al hombro; su mano se abrió y el hacha cayó al suelo con un estruendo seco. El hombre dio un par de pasos hacia atrás y finalmente cayó de rodillas antes de desplomarse por completo. 

Me acerqué con cautela. La capucha seguía cubriéndole el rostro, pero no se la quité. Me importaba un comino qué cara tuviera. Siempre es más fácil asumir que has matado a alguien si no llegas ni a ver su rostro. Que se encargaran de eso los chicos de O’Maley.


Sábado, 4 de abril de 1926 

La señora Hargrove me citó esta tarde en su mansión. No dijo para qué, solo que era urgente y que debía acudir sin demora. No es una mujer que desperdicie palabras, y eso me gusta. 

La casa estaba iluminada, pero no con la calidez de otras veces. Había velas encendidas en los pasillos, y el aire olía a incienso y a madera vieja. Cuando entré en el salón principal, me encontré con una escena que no esperaba: la mamáloi Inhidra estaba allí, sentada con aire sereno, y el padre Arden permanecía de pie junto a la ventana, con las manos cruzadas a la espalda. Parecían dos polos opuestos de un mismo imán, y sin embargo no había tensión entre ellos. Me fijé en que había una mesita con un servicio de té preparado para cuatro personas, por lo que supuse que ya no debía acudir nadie más. 

La señora Hargrove apareció poco después, caminando con paso firme pese a su edad. Nos miró uno por uno antes de hablar. 

Tiramos Investigación a 9+ en nombre de la señora Hargrove, con la dificultad incrementada a 10+ a no ser que tengamos ya un punto de locura este mes, que no es el caso. Primer intento: Linterna, Revólver, 6, 5, 3. Segundo intento (repitiendo símbolos y el 6). Linterna (doble), 5, 3, 2. Tercer intento (repitiendo símbolos) Lupa, Revólver, 5, 2. Obtenemos Investigación 10 y pasamos la tirada.

Hubo algún que otro silencio incómodo entre medio, pero lo cierto es que no le costó mucho convencernos. No voy a entrar en detalles sobre lo que se discutió allí, porque este diario podría caer en malas manos, y si hago constar los nombres de los presentes y el lugar donde nos reunimos es únicamente porque la señora Hargrove me aseguró que todos esos detalles ya eran conocidos por nuestro común enemigo. 

Solo diré lo que resulta evidente: que su intención al reunirnos allí era formar un núcleo coordinado, un grupo capaz de responder a lo que sea que el Sacerdote Mayor esté preparando. Inhidra aportaría su conocimiento de la magia negra y del Mundo Onírico; Arden, sus bendiciones y experiencia con los cultos; y yo… bueno, yo sería el machaca que está ahí para dar y recibir los golpes. Las palabras de ella fueron «el brazo ejecutor» o algo así, pero todos sabíamos a lo que se refería. Luego añadió que estaba dispuesta a financiar nuestras actividades. Su marido perdió primero la cordura y luego la vida por un asunto similar a este y no estaba dispuesta a permitir que toda Arkham siguiera el mismo camino. 

Su papel en nuestra alianza sería aportar recursos, contactos y el peso del apellido de su familia. Esto último nos abriría las puertas de archivos y lugares a los que el Ayuntamiento no nos permitiría flaquear a ninguno de los otros. Incluso se habló de usar su mansión como un refugio seguro si la ciudad se vuelve inhabitable. Es básicamente el mismo plan que ya discutí una vez con el padre Arden, pero que entre una cosa y otra no llegamos a concretar. Esto era lo mismo, pero a gran escala. Quizá aún queda algo de esperanza en este lugar. 

Cuando salí de la mansión, la noche estaba fría y silenciosa. Pero por primera vez en semanas no me sentí solo. Mañana volveré al Mundo Onírico con Inhidra. Ella dice que hay algo que debo ver allí, algo que no puede mostrarme en el mundo de la vigilia.


Domingo, 5 de abril de 1926 

He vuelto al Mundo Onírico esta noche, acompañado por Inhidra. Lo cierto es que apenas cerré los ojos, el mundo se abrió como una flor negra, y allí estaba yo, de pie en un bosque cuyos árboles se movían con un ritmo lento, casi humano, y cada hoja parecía susurrarme algo. Inhidra caminaba delante de mí, descalza, en su forma estilizada y fantástica de piel azul. Su figura brillaba con un resplandor tenue. 

—Hoy no venimos a pelear, tenlo en cuenta —dijo sin girarse—. Hoy venimos a ver. 

No pregunté qué. Ya casi nunca pregunto. Avanzamos hasta llegar a un claro donde el suelo formaba una espiral perfecta, hecha de arena blanca. Allí nos esperaba Evelyn en su forma onírica. Me miró con esos ojos enormes y dorados que parecen atravesar el cráneo y leer directamente el pensamiento. Batió las alas una vez, y la espiral comenzó a moverse, como si fuera un remolino horizontal. ¿Cuándo había alcanzado ella tal nivel de comprensión del Mundo Onírico como para tener semejante control sobre este? 

La arena se abrió y mostró una escalera. Bajamos por ella a lo que parecía otra capa más profunda del Mundo del Sueño. Evelyn no nos siguió. Su misión esa noche debía ser otra. Al mirar hacia arriba vi que la escalera por la que descendíamos partía de una capa de nubes negras. La ciudad a la que llegamos era una versión distorsionada de Arkham: calles que se curvaban hacia arriba... edificios que se hinchaban y distendían ligeramente, como si respiraran.... farolas que se inclinaban cuando nos acercábamos para iluminarnos mejor el camino ¿o quizá para vigilarnos? Y una torre negra que no existe en la verdadera Arkham, que se elevaba como una columna infinita. Inhidra señaló la torre. 

—Ahí es donde está él… 

No dijo quién, pero no hacía falta. No podría referirse más que al Sacerdote Mayor venido de Europa. Tratamos de llegar hasta la torre, pero las calles se habían convertido en un laberinto en el que incluso una soñadora veterana como Inhidra parecía desorientada.

 

Investigación a 15+. Reducida a 9+ por haber superado las seis pruebas previas de la semana. Primer intento: Revólver (doble), 6, 2, 2. Segundo intento (repitiendo todos los dados). Lupa (doble) 5, 2, 1. Tercer intento (repitiendo el 2 y el 1) Lupa (doble) 5, 3, 3. Obtenemos Investigación 11 y encontramos el camino hasta la torre.

Vi una columna de hombres encapuchados, cantando en algo que ni tan solo puedo calificar como idioma, mientras andaban hasta una puerta en la base de la torre que en realidad era una boca. Y esa boca masticaba a los encapuchados a medida que cruzaban por ella. 

Pese a esto, ninguno trataba de evitarlo, y pese a ver lo que le ocurría al que iba delante de ellos, ninguno renunciaba a tratar de entrar. Lo peor de todo no era eso, sino que mientras se dejaban masticar hasta morir seguían cantando, y cada nota que pronunciaban hacía temblar la ciudad entera. 

Quise acercarme, pero Inhidra me tomó del brazo para detenerme y me arrancó del sueño. Desperté sudando, con el corazón desbocado. Pero ahora sabía dónde estaba. Pese a lo mucho que había cambiado en el sueño, pese a lo distinta que era, reconocí el lugar exacto de la ciudad donde se alzaba la torre. Y si es, como me pareció, una replica retorcida de Arkhan, ahora sé dónde se esconde el Sacerdote Mayor.

Volved mañana a por más Miller, si es que aún no estáis artos de él (a mí poco me falta😅). Hasta entonces, podéis repasar el caso desde el inicio pulsando aquí

domingo, 5 de abril de 2026

UROTSUKIDŌJI (Tomo uno) La leyenda del señor del mal

  EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, degenerados lectores.

Hoy es el primer domingo de abril, es decir, el Día Mundial del Pene. Esta es una celebración originaria de Japón, donde se la conoce como El Festival del Pene de Hierro. En sus inicios era una fiesta llevada a cabo exclusivamente por mujeres, en la que estas se postraban en torno a figuras de penes gigantes para solicitar una buena salud y protección ante las enfermedades venéreas. 

¡Bueno, fiestas más raras encontramos por ahí si miramos un calendario! El caso es que me ha parecido una buena fecha para empezar a reseñar el manga de Chōjin Densetsu Urotsukidōji (La leyenda del Superdiós y el niño errante), en el que se basaron las películas que ya hemos comentado La leyenda del señor del mal y La matriz del demonio. En el momento de hacer esta publicación no tenemos la colección completa, pero iremos reseñando los tomos que hemos conseguido, y ya es algo que tenemos adelantado por si más adelante conseguimos el resto.

El manga apareció en 1986 y se lo considera el origen del popular subgénero tentacle. Es muy curioso porque se aleja del habitual estilo manga para mostrar un dibujo muy realista, con proporciones creíbles en los detalles anatómicos que suelen exagerarse muchísimo en el manga erótico (o en el manga en general), como son el tamaño de los ojos y de los pechos. También cabe destacar que, pese a ser básicamente un manga hentai (pornográfico), la historia no es, como ocurre habitualmente en este género, una simple excusa para mostrar escenas de sexo. Al contrario, nos encontramos con un argumento bastante trabajado.

Me llamó la atención también el cambio de personalidad de uno de los principales protagonistas respecto al anime, que es lo primero que conocí de esta franquicia. En el anime, Amano y su hermana Megumi son mucho más humanos de lo que se ve en este primer tomo del manga, tanto físicamente como en el sentido metafórico que se da a «humanidad» para referirse a conceptos como clemencia o empatía. El Amano que vemos aquí es literalmente un desgraciado, un auténtico miserable que no despierta la simpatía que tenía en el anime. El Amano del anime podía actuar como un demente, como si todo fuera una grandísima broma, pero en el manga es un personaje mucho más oscuro, más próximo a la naturaleza de bestia salvaje de su raza.

El manga comienza, de hecho, con Amano aparentemente recién llegado a Tokio (el anime tenía lugar en Osaka), paseando por las calles. Nada nos hace sospechar por el momento que se trata de una criatura venida de otra dimensión. Mientras anda distraídamente, se choca con un carrito de bebé que había cerca del bordillo de la acera, precipitándolo a la calzada justo enfrente de un camión que se dirige hacia él. La madre del bebé que va en el carrito se lanza a por él tratando de salvarlo. El resultado es que el conductor del camión, al dar un volantazo tratando de evitarlos, se estrella y se mata. Pese al sacrificio del conductor, la mujer es arrollada igualmente por el camión y muere también.

A Amano lo vemos en lo alto de un edificio, sentado en una verja tras haber dado un imposible salto de muchos metros de altura, y tiene en su regazo al bebé, al que se ha lanzado a salvar a una velocidad tal que nadie ha sido capaz de verlo. Esto es lo que se podría esperar de un héroe de manga, pero Amano no es un héroe. Ha reaccionado por instinto, pero una vez se ve con el bebé en su regazo no sabe qué hacer con él y se deshace del pequeño (que ha salido indemne del accidente) lanzándolo a un río, donde se hunde como una piedra. Lo más llamativo, por decirlo de algún modo, es que no se considera culpable de lo ocurrido y achaca el haberse tropezado con el carrito a una maniobra de los majin (makai, en el anime), los demonios que están tratando de acabar con el Chōjin. 

Para los que no conozcan esta obra, explicado de un modo muy básico, el Chōjin es un dios ancestral que cada tres mil años trata de encarnarse en la Tierra. De conseguirlo transformará el mundo en un paraíso según algunas leyendas, o lo destruirá según otras. Los humanos ignoran esto, pero existen dos facciones de seres que si conocen la existencia del Chōjin, los jyujinkai (las bestias, a las que pertenece Amano) y los majin (demonios). Ambos conviven en una especie de dimensión incompleta llamada el Inframundo, que está de algún modo conectada a la Tierra. Esto es otra diferencia importante respecto al anime, en el que la realidad estaba dividida en tres mundos: el de los humanos, el de los demonios y el de las bestias. En el manga original, demonios y bestias comparten un mismo plano. Los jyujinkai creen que el Chōjin convertirá la Tierra, y al Inframundo con ella, en un lugar de paz y felicidad eternas. Los majin piensan lo contario. Desde tiempos inmemoriales, cuando la siguiente aparición del Chōjin se acerca, algunos majin son enviados a la Tierra para encontrarlo y matarlo antes de que desarrolle todo su poder. Hasta ahora han logrado acabar cada vez con el humano en el que habría de encarnarse el Chōjin 

Volvemos al presente inmediato. Tras su tropiezo con el carrito, Amano llega al instituto donde se ha inscrito como alumno. Allí conoce a Nagumo, un chaval tímido del que los demás se burlan y que está obsesionado con una de las chicas de su clase, Akemi. Amano y Nagumo ven cómo una de las profesoras se lleva aparte a Akemi y la siguen para ver qué están haciendo. 

<===!Atención al sentido de lectura<===

Esta es la famosa escena del anime en la que la profesora viola a la alumna, proceso durante el cual se transforma en un monstruo que comienza a extender lenguas y tentáculos por todos lados. En el anime esta escena termina con un enfrentamiento entre Amano y el monstruo, revelándonos que ambos eran criaturas de otra dimensión. Aquí la cosa cambia un poco porque ese enfrentamiento no llega a producirse, y Amano permite que el majin viole a Akemi porque considera que todavía no es el momento de revelar su presencia. El majin percibe que hay cerca otro habitante del Inframundo, pero piensa que debe ser otro de los majin enviados a buscar al Chōjin. 

Este ataque provoca una especie de despertar sexual desviado en Akemi, que a partir de ese encuentro no puede dejar de fantasear con volver a ser violada por ese mismo demonio. Esto me pareció un detalle interesante porque es similar a lo que ocurre con las víctimas de los vampiros según la tradición clásica. A pesar del daño que estos causan a sus presas, estas ansían volver a ser mordidas. En ambos casos este efecto en la persona atacada (desear volver a ser atacada del mismo modo) podría ser un condicionamiento mental impuesto por la criatura, que de esta forma se asegura el volver a tener acceso a su víctima con mayor facilidad.

Durante los siguientes días en el instituto es la propia Akemi la que busca activamente quedarse a solas con la profesora para que esta vuelva a abusar de ella, sin que parezca importarle el hecho de que claramente no es un ser humano. Sin embargo, en otro de estos encuentros Amano sí desata su poder contra el demonio y vemos cómo este revela su auténtica forma. En el anime los majin/makai eran muy variados, casi criaturas únicas, pero en el manga son un conjunto de razas, cada una de ellas con un aspecto concreto. Los más habituales, como se verá más adelante, son unos con aspecto de reptiles, parecidos a una especie de humanoides con largas lenguas de sapo y colas prensiles. Además, en cuanto Amano mata al majin, la profesora a la que estaba sustituyendo aparece repentinamente, cerca de donde fue destruido este. Al parecer, en el manga los majin no se limitan a adoptar una forma humana falsa, sino que deben adoptarla de una persona concreta y, al hacerlo, esta es de algún modo sustituida, enviada a una especie de limbo.

Nagumo y Amano recogen a la profesora y la llevan a su propio apartamento, donde le explican lo ocurrido. Aunque al matar al majin que la había poseído, su cuerpo y el del lagarto se desdoblaron y volvieron a separarse, una parte de la esencia de este queda en ella de forma permanente: una especie de contaminación que, como en el caso de Akemi, altera su personalidad y hace que no pueda dejar de pensar en el sexo ni de masturbarse compulsivamente. Su mente está llena de recuerdos que van y vienen de lo que hizo mientras se encontraba bajo el control del majin, que la horrorizan y la excitan a partes iguales. Amano la convierte en su amante, según él, porque así la energía que le traspase al acostarse con ella irá contrarrestando la que el majin le dejó… aunque lo cierto es que suena más a una excusa para aprovecharse de lo vulnerable que es la profesora en ese momento.

En una de las ocasiones en que Amano está en el apartamento de la profesora, esta recibe la visita de otro majin, que llega a reunirse con el primero sin saber que este ha sido ya eliminado. Amano destruye a este también tras obtener de él algo de información. 

Es así como se entera de que los majin también están centrando en el instituto su búsqueda de aquel que ha de convertirse en el Chōjin, pero tampoco saben quién es. Aquí me ha llamado la atención una frase que suelta el majin, que dice «Solo quiero volver a casa con mi mujer». La idea de que estos demonios del inframundo con poderes psíquicos, que se dedican a violar mujeres y destripar hombres con las garras, tengan una vida relativamente común en su propio mundo con un hogar al que volver y una esposa que les está esperando, es bastante curiosa.

Por su parte, Nagumo y Akemi han empezado algo parecido a una relación normal, o todo lo normal que pueda ser estando los dos implicados en una trama de demonios de otra dimensión. Nagumo tiene pesadillas en las que es atacado por monstruos a los que destruye tras transformarse él mismo en un monstruo más grande y fuerte que ellos. En estos sueños Nagumo se llama a sí mismo El Chōjin, un nombre que Amano nunca ha pronunciado delante de él. Esto nos indica que Nagumo es el humano en el que va a reencarnarse el Chōjin, y que esta criatura ya ha empezado a manifestarse en él.

<===!Atención al sentido de lectura<===

A esto añadimos que una chica misteriosa está paseándose también por el instituto. Se trata de Megumi, aunque todavía no se nos revela que es la hermana de Amano. De hecho, estos dos no llegan a coincidir en ningún momento del primer tomo ni hacen ninguna referencia al otro. Megumi tampoco demuestra tener ningún tipo de poder, así que cuando se publicó esto todavía no se sabía qué papel jugaba. Ella se fija también en Nagumo y trata de seducirlo, provocando un malentendido entre él y Akemi.

Mientras ambos están reconciliándose, son atacados por dos majin. Estos tienen intención de matar a Nagumo, pero antes quieren asegurarse de que es el predestinado a convertirse en el Chōjin, como sospechan. Para forzarlo a revelar su naturaleza, uno de ellos inmoviliza a Nagumo mientras el otro empieza a abusar de Akemi. El plan es que esto despertará la energía de Chōjin que hay en Nagumo, y cuando esta se manifieste y empiece a transformar al chaval, ellos lo matarán antes de que adquiera suficiente poder como para volverse peligroso.

Desde cierta distancia, Amano contempla toda la escena, pero no interviene. Aunque Nagumo y él se han vuelto algo así como amigos, no hace nada por ayudarle porque él también está interesado en comprobar si Nagumo es el Chōjin. Pese a que Nagumo se da cuenta de que la situación que está viviendo es la misma con la que ha soñado, porque los monstruos son idénticos a los de sus pesadillas, la transformación que experimentaba en estas no llega a producirse.

Lo que sí ocurre es que el suelo se ve sacudido por un fuerte terremoto que, por algún motivo, hace que los majin huyan y los dejen tranquilos. Aparentemente ha sido algo casual, pero ha tenido lugar precisamente en el momento en el que Nagumo, con la esperanza de que el sueño fuera algo profético, estaba intentando transformarse voluntariamente en ese ser en el que se convertía en su pesadillas, para así poder salvar a Akemi de los majin.

Y así concluye este primer tomo de Urotsukidōji. Hasta que hagamos una reseña del siguiente, podéis darle un vistazo a la que hicimos sobre el anime que lo dio a conocer a la mayor parte del mundo pulsando aquí.

Chōjin Densetsu Urotsukidōji. 1986. Toshio Maeda (guion y dibujo). Publicado en 2016 por Yowu Entertainment.