EL ORÁCULO DE LAS VISIONES ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por... El supervisor general. Ayer nos enteramos de la reciente muerte a sus 72 años de Anthony Head, el actor que hacía el papel del bibliotecario y guardián Rupert Giles en la serie Buffy la Cazavampiros. Por curiosidad buscamos que actores de esta serie seguían en activo, y descubrimos que también Nicholas Brendon (Xander) murió este mismo año con solo 54.
Esto a su vez nos ha recordado que ya hace mucho tiempo que no comentamos ningún capítulo de la serie (solo nos acordamos de ella cuando se acerca Halloween) así que vamos a darle otro empujoncito.
Nos toca empezar la tercera temporada. Al final de este artículo encontraréis un enlace para repasar todo lo que hemos publicado sobre esta serie hasta ahora, por si queréis darle un vistazo a modo de recordatorio antes de leer esta reseña.
Anne (guion y dirección de Joss Whedon). Cerramos la temporada anterior con Buffy atravesando el corazón de un vampiro que acababa de invocar a Acathla. Este demonio estaba a punto de provocar un apocalipsis a escala mundial y la única forma de detenerlo era matar a su invocador para romper su conexión con el mundo real. Pero el invocador resultaba ser Ángel (el gran amor de Buffy) que había perdido temporalmente su conciencia humana. Sabiendo todo lo que estaba en juego, Buffy atravesó el corazón de Ángel pese a saber que no solo lo estaba matando, sino enviando su alma a un infierno de tortura eterna. La tristeza y el conflicto interno que tener que hacer esto le provocó la impulsaron a abandonar Sunnydale sin decirle ni a su madre ni a sus amigos adónde se marchaba. Su intención era abandonar para siempre la vida de Cazadora y tratar, dentro de lo posible, de hacer una vida normal. Pero el destino tenía otros planes para ella...
Como todos los cierres de temporada de la serie, esto coincide con el paso de un curso escolar a otro. En Sunnydale, Xander, Willow y Oz tratan de compensar la falta de Buffy
encargándose ellos de los vampiros durante sus vacaciones
de verano. Pero entre los tres no están a la altura de los poderes de una Cazadora y, además, las vacaciones ya están terminando. Fantasean con la
posibilidad de que, al comenzar el nuevo curso escolar, Buffy regrese, pero en
el fondo no creen que esto vaya a ocurrir.
Buffy, por su parte, se encuentra en otra ciudad. Ha cambiado su nombre
a Anne y está trabajando de camarera en una cafetería. Está cansada, deprimida
y se limita a vivir el día a día sin nada planeado. Sirviendo mesas en la
cafetería conoce a Ricky y Lily, una pareja de enamorados que le muestran un
vistoso tatuaje doble que se han hecho en los brazos, de forma que el medio tatuaje
de cada uno completa el del otro. Lily parece reconocer a Buffy, aunque no
termina de ubicarla, y a Buffy le ocurre lo mismo con ella.
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Al día siguiente, Buffy y Lily vuelven a encontrarse y esta última llama
a Buffy por su nombre pese a que ella se había presentado como Anne cuando se
vieron en la cafetería. Lily le dice que la ha reconocido: es una de las
supervivientes de la secta adoradora de vampiros que apareció en el capítulo
tal. Ambas están totalmente perdidas en la vida y arruinadas. Lily le propone
acudir a una fiesta que da alguien en un sótano, más que nada por la comida y
la bebida gratis, pero a Buffy no le apetece nada estar rodeada de gente y lo
rechaza.
Ese mismo día se encuentra con un par de mendigos por las calles, ambos
de edad bastante avanzada y con la mirada perdida, que lo único que repiten son
variaciones de frases como «yo no soy nadie» o «yo no existo».
Pasa otro día más y Lily va a buscar a Buffy a la cafetería diciéndole
que Ricky ha desaparecido. La convence para que le ayude a buscarle y Buffy
finalmente lo encuentra muerto en un callejón: se ha suicidado bebiéndose una
botella de desatascador o algún producto similar. Buffy lo reconoce por el
tatuaje, porque el hombre es un anciano y viste como un mendigo. Es, de hecho,
uno de los mendigos que murmuraban «yo no soy nadie» con los que se encontró el
día anterior. Parece imposible que haya envejecido sesenta o setenta años en un
solo día, pero el tatuaje del brazo es demasiado específico como para ser una
casualidad.
Cuando le habla de esto a Lily, esta le echa la culpa a Buffy porque
ella siempre está mezclada en asuntos de vampiros o monstruos, a pesar de que
fue esto precisamente lo que le hizo recurrir a ella cuando Ricky desapareció.
Pese a esto, Buffy sigue investigando por su cuenta y descubre que hay una
trama en la que está implicado incluso personal del hospital local, que busca
candidatos sanos con un tipo de sangre específico para recircularlos hacia una
secta.
Esta secta, aunque se hace pasar por humana y se vende como una especie
de congregación religiosa de ayuda a los pobres, en realidad está formada por
criaturas de lo que parece ser otra dimensión y se llevan a su propio mundo a
la gente a la que engañan o reclutan. Utilizan para ello una especie de portal
dimensional con forma de pileta gelatinosa. Basta con sumergir una mano en esta
sustancia para que algo tire de la persona a través del portal y la lleve hasta
el mundo de estas criaturas.
Este mundo tiene el aspecto de una factoría subterránea, mezcla de
planta industrial, forja y mina. En ella, toda la gente que ha sido captada en
la Tierra trabaja como esclava moviendo pilas de chatarra de un lugar a otro y
martillando acero caliente en las forjas. En este mundo, el tiempo pasa a un
ritmo diferente que en la Tierra: un solo día en la Tierra equivale a cien años
en esta dimensión. Los humanos capturados son forzados a trabajar hasta que son
demasiado viejos para resultar útiles y entonces se les devuelve a la Tierra.
Debido a esa desincronización temporal, reaparecen en la Tierra el mismo día en
que se les raptó, solo unas pocas horas después, pero habiendo envejecido
varias décadas.
Los mendigos, como parte de su formación como esclavos, son
deshumanizados por los guardias, que les obligan a repetir una y otra vez que
no son nadie, que no tienen nombre, que su existencia se limita únicamente a
vivir y trabajar y que no pueden esperar nada más de ella. Por eso los mendigos
que Buffy encontró por la calle eran todos ancianos que repetían una y otra vez
que no eran nadie. No eran ancianos porque su energía hubiese sido drenada o su
juventud robada por alguna entidad sobrenatural: los envejeció el paso del
tiempo, los treinta, cuarenta, cincuenta o sesenta años que pasaron trabajando
como esclavos en ese otro mundo antes de ser devueltos al suyo.
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Una vez todo esto nos queda claro, Buffy empieza a hacer lo que se le da
mejor, que es repartir estopa, y organiza una pequeña revuelta entre los
prisioneros, que tampoco es que sean muchos. No creo que lleguen a
verse más de veinte en ningún momento. Tras matar a unos cuantos de estos
seres, logra llevar a los esclavos hasta el portal por el que cayeron a este
mundo y los saca de él. El portal se cierra por sí solo: la materia gelatinosa
que llenaba la pileta desaparece tal cual, como si el portal hubiese sido
cerrado desde el otro lado como medida de seguridad. Tras rescatar a los
esclavos de este otro mundo, Buffy lleva a Lily a su apartamento. Le indica que
todavía tiene tres semanas pagadas, le entrega el uniforme de la cafetería y le
dice que ha hablado con el dueño para que le dé su puesto a ella. El
enfrentarse al mal una vez más la ha hecho darse cuenta de cuál es su verdadero
lugar en el mundo y regresa a Sunnydale.
Este es un capítulo que me deja muchas preguntas y que puede que esté
relacionado con lo que comentamos cuando comenzamos a reseñar la serie; la
conexión entre la serie de Buffy la Cazavampiros y la película La cabaña en el
bosque, ambas obras de Joss Whedon. La película de La cabaña en el bosque
termina literalmente con el mundo siendo invadido por demonios y dioses
antiguos, lo cual en principio implicaría la extinción de la humanidad y de
todos los seres vivos que poblaban la Tierra en ese momento. Y lo que vemos
aquí es algo que en principio parece otro mundo, pero a la vez es demasiado humano: las
herramientas, las máquinas, las forjas, los bidones de combustible amontonados,
las roncas sirenas que marcan turnos de trabajo… todo parece demasiado humano,
demasiado terrestre como para ser otra dimensión u otro planeta. Se llega a ver
incluso una imagen enorme del Cristo crucificado adornando una pared.
La impresión que me causa a mí es que este otro mundo es la misma Tierra
después del apocalipsis que tiene lugar al final de La cabaña en el bosque; un
mundo donde la vida anterior ha sido erradicada y ha quedado poblado nuevamente
por demonios y dioses de la antigüedad. De hecho, los guardianes de esta
especie de factoría son prácticamente humanos con la
cara cubierta de pústulas y llagas. Me recuerdan mucho a los mutantes psíquicos
postapocalípticos de la saga original de El planeta de los simios,
supervivientes de una guerra atómica con el rostro ulcerado.
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¿Podría ser esta otra dimensión, en realidad, la propia Tierra en un posible
futuro después de haber sido devastado el mundo por los acontecimientos de La
cabaña en el bosque? ¿Podrían estos guardianes ser en realidad supervivientes humanos
mutados y degenerados por los acontecimientos vividos, que tratan de mantener
los restos de su mundo (que a todas luces es un búnker o refugio subterráneo) trayendo
humanos desde el pasado para que trabajen en las minas y factorías? Está el
tema del desajuste temporal, pero en un mundo que ha sufrido un apocalipsis que
es más divino y mágico que tecnológico o nuclear, esta diferencia temporal
podría ser perfectamente posible. Es solo una idea, algo en lo que naturalmente
no pensé cuando vi la serie por primera vez porque la película de La cabaña en
el bosque todavía no se había filmado. Pero, como veremos más adelante, dentro
de esta misma serie hay otros detalles que parecen enlazar ambas historias.
Otra cosa que me gustaría comentar (aunque es posible que ya lo haya
hecho. No recuerdo si he sacado el tema en algún otro episodio) es que con
cierta frecuencia los monstruos a los que se enfrentan los protagonistas
parecen ser una representación física de los mismos problemas, traumas o
dificultades por los que están pasando en este capítulo.
En Anne, por ejemplo,
los monstruos son unos seres que deshumanizan a sus víctimas arrastrándolas a
otro mundo, haciendo que pierdan su identidad y reduciendo su existencia a
trabajar y seguir existiendo. Y ese es exactamente el proceso por el que está
pasando Buffy. Se encuentra en un mundo extraño (otra ciudad), ha perdido su
identidad (ha renunciado a su rol de Cazadora y se ha cambiado el nombre) y su
vida se ha reducido a trabajar y seguir existiendo. Acude todos los días a la
cafetería sin entusiasmo ninguno y no tiene ningún plan más allá de ganar
dinero suficiente para pagar la renta, para así tener un lugar en el que vivir
que le permita seguir trabajando en la cafetería para poder seguir pagando la
renta y así poder seguir trabajando, etc.
Los monstruos de este capítulo
son todo aquello a lo que Buffy está enfrentando anímicamente: criaturas que te arrebatan el nombre, los años de juventud y la identidad. Buffy lucha físicamente contra aquello que la está destruyendo emocionalmente. Al enfrentarse a los monstruos está enfrentándose a su propio estado mental. Al recuperar el control de la situación a base de puñetazos, recupera también su identidad. Al liberar a los esclavos, se libera a sí misma de esa esclavitud autoimpuesta. Y al volver a llamarse Buffy, recupera su nombre y su lugar en el mundo. La metáfora es tan evidente que casi no necesita explicación: sus batallas físicas es la forma que tiene la serie de representar sus batallas internas.
En la vida real, mucha gente recurre al ejercicio físico como una forma
de gestionar emociones difíciles. Golpear un saco, correr hasta quedarse sin
aliento o levantar peso no van a resolver un problema, pero sí proporcionan una forma
de liberar tensión y transformar algo abstracto
(la ansiedad, la culpa, la tristeza, la sensación de fracaso) en algo concreto a lo que enfrentarse. En Buffy los problemas mentales se convierten literalmente en
monstruos físicos. Lo que en la vida real sería un saco de boxeo, en la serie
es un monstruo con el que pelear. Lo que sería una sesión de pesas, en la serie es
un forcejeo a muerte. Un sprint para quemar calorías y hacer cardio se
convierte en una trepidante persecución o huida. Al convertir un conflicto
emocional en un enemigo tangible, la serie externaliza el problema para poder
combatirlo físicamente.
Yo no soy quién para sermonear sobre el tema de hacer deporte porque realmente he empezado a
tomármelo en serio hace relativamente poco, pero lo que vemos en Buffy
es una versión exagerada y fantástica de lo que ocurre en la vida real cuando
alguien usa el ejercicio físico para procesar emociones. Convertir un problema
mental en un desafío físico (un saco que golpear, un peso que levantar, un
número de repeticiones que superar) puede reforzar la sensación de control
sobre la propia vida. No soluciona los problemas, pero si ayuda a afrontarlos sin
derrumbarnos.
Y tranquilos, que no voy a recomendar ningún gimnasio ni ningún
suplemento proteínico para dietas. Es solo que cada vez tiendo más a divagar, hace mucho tiempo que no
comentaba un capítulo de Buffy y la reseña de este se me ha ido un poco de
las manos. Normalmente reseño DVDs completos,
pero este primer capítulo, entre una cosa y otra, me ha quedado
demasiado largo. El resto de capítulos los veremos otro día.
Podéis repasar la serie desde el inicio pulsando aquí o darle un vistazo a la colección extraoficial de figuras de acción de Buffy pulsando aquí.
Buffy the Vampire Slayer T3. 1998-1999. Creada por Joss Whedon. Sarah Michelle Gellar, Alyson Hannigan, Charisma Carpenter (actrices principales) Nicholas Brendon, Anthony Stewart Head, David Boreanaz (actores principales). Editado en DVD en 2003 por Twenty Century Fox Home Video.