EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, experimentados agentes.
Decía Dante Alighieri en su obra magna La Divina Comedia que la zona más profunda y terrible del infierno está reservada a los traidores.
Ayer, precisamente, dos políticos españoles, Ábalos y Koldo (¡Políticos! ¡Los responsables, en teoría, de dirigir el país y velar por la seguridad y los intereses de sus ciudadanos!) fueron condenados a prisión. Un total de cuarenta y cuatro años de prisión por delitos de organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. Teniendo en cuenta que probablemente solo cumplan la mitad o un tercio de esos años y luego salgan en libertad por buen comportamiento, es realmente una condena muy leve la que les ha caído por traicionar y robar a los ciudadanos que les estaban pagando (y no poco, precisamente) por cuidar de ellos.
Pero sus condenas están entre las más altas impuestas nunca en el país a un político, lo cual es un buen precedente. Ya es hora de recordar a estos miserables que el país no es suyo, sino, al contrario, que ellos trabajan para los ciudadanos y que la impunidad que siempre creyeron tener (si bien mucha más de la que han demostrado merecer) no es tanta como pensaban.
Este alegre suceso nos ha impulsado a buscar en nuestra colección algo relacionado con el tema, es decir, algo relacionado con la lucha contra la delincuencia organizada. Así que hemos tomado de la estantería otro de los cómics de Legs Weaver, nuestra Agente Alfa preferida.
En La noche de la violencia, May y otro agente llamado Brett están haciéndose pasar por narcos ante Ramón, un capo de la droga. Fingiendo ser pareja, han aceptado pasar unos días en su lujosa villa fortificada mientras ultiman los detalles de una gran compra de drogas. Brett ya lleva una temporada infiltrado en la organización de Ramón. El que este haya acudido a la villa con May, haciendo ver que ella es su amante, es su forma de tener un agente de refuerzo sobre el terreno por si las cosas se tuercen. La tensión le está pasando factura a May, que tiene pesadillas recurrentes cada noche en las que algún tipo de entidades sobrenaturales la persiguen, atrapan y arrancan la ropa a tirones. May interpreta esto como que pueda estar empezando a sentirse atraída por su compañero. Para mantener la fachada de ser la amante de Brett ante Ramón y estando en su villa, sin duda llena de cámaras y micros, duermen juntos en la misma cama y se besan delante de este y sus sicarios.
Por otra parte, Legs está cerca de los límites de la villa junto con otro agente llamado Chuck. Aguardan en una camioneta con equipo de comunicaciones y monitoreo, haciendo seguimiento de las actividades de Ramón, Brett y de May, y recogiendo los escasos y breves comunicados que esta es capaz de hacerles llegar cuando nadie la vigila.
La noche antes de que Ramón reciba el importante cargamento de drogas en la propia villa, que es cuando los agentes debían actuar para detener tanto a este como a su proveedor, sucede un imprevisto. Desde su camioneta de vigilancia, Legs y Chuck ven cómo una ambulancia acude a toda velocidad a la villa y se llevan a May, asegurada a una camilla y con el rostro lleno de sangre y moratones.
May es ingresada en un hospital, y Ramón pone a un par de sus hombres a vigilar la puerta de su habitación con instrucciones de que nadie que no sea estrictamente personal médico entre a hablar con ella. Legs, sin embargo, encuentra la forma de burlarlos para saber de primera mano qué ha ocurrido. May le confiesa entonces que Brett pareció volverse repentinamente loco, la violó y la golpeó hasta dejarla inconsciente.
Todo esto, sin embargo, no hace caer la tapadera de Brett ante Ramón, que al parecer no ve nada sospechoso en ello. Quizá en su día a día el dar una paliza a la amante cuando se aburre de ella y buscarse otra es lo normal, así que la operación de compra de drogas sigue adelante, ahora solo con Brett en la villa. De vuelta en el furgón de monitoreo, Legs y Chuck discuten. Ella empieza con la cantinela de «todos los hombres son iguales» (una actitud que no le pega nada, por cierto, porque ya ha demostrado sobradamente ser una persona muy inteligente) mientras que Chuck defiende a Brett contra viento y marea, diciendo que lo conoce desde hace mucho y es totalmente incapaz de tratar así a una mujer.
La operación sigue adelante y, la noche en que un transporte aéreo se dispone a aterrizar en la pista privada de la finca de Ramón para hacer la entrega, la señal que habían pactado con Brett para intervenir llega una hora antes de lo previsto. Legs y Chuck, que son los agentes más cercanos, intervienen inmediatamente, pero los refuerzos que esperaban no tienen tiempo de llegar y la situación se descontrola rápidamente.
En realidad, Ramón sí descubrió el engaño de Brett y los está esperando. Tiene a Brett como rehén y, tan pronto como aparecen los agentes, le vuela la cabeza de un tiro. En el combate que sigue, los guardaespaldas de Ramón alcanzan a Chuck en una pierna. Viéndose en inferioridad de armas y números, y a pesar de que la intención que tenían era capturarlos a todos vivos, Legs echa mano de una segunda pistola que lleva al cinto, que, en lugar de munición convencional, está cargada con dos balas de plasma incendiario. Dispara ambas a la vez, sin contemplaciones, contra los narcos (realmente no hay por qué tener contemplación ninguna contra este tipo de gentuza), consumiendo a la mayoría de ellos en una gran deflagración. Sin embargo, Ramón y el resto de sus hombres escapan en el vehículo volador. No se logra capturar a ningún narco vivo, May está en el hospital, Chuck gravemente herido y Brett muerto. Se mire como se mire, la misión ha sido un sonado fracaso.
Legs va a visitar a May de nuevo al hospital, ya sin necesidad de lidiar con los matones de Ramón, que suponemos fueron detenidos tras la operación. Después de una breve conversación insustancial, Legs le revela a May los resultados de los análisis que han sido practicados en ella por dos equipos médicos diferentes. Ambos coinciden en que no fue violada: tiene todas las secuelas psicológicas de haberlo sido, pero no las físicas. De hecho, ni tan solo sus heridas son consistentes con haber sido agredida por otra persona. Está llena de golpes y contusiones, pero todo indica que se los hizo ella misma lanzándose contra las paredes y los muebles de la habitación. Esto, naturalmente, trastorna aún más a May, que empieza a dudar de su propia cordura, y hace también que Legs se replantee todas las cosas horribles que dijo sobre Brett sin tener pruebas de ello.
Están en medio de esta conversación cuando May recibe una llamada telefónica de Chuck. Este se interesa por su estado y se disculpa por lo sucedido, porque, como mejor amigo de Brett, se achaca a sí mismo el no haber sabido ver cómo era en realidad. Insiste de forma extraña en que, sin importar lo que digan los médicos, lo que ella crea y recuerde es lo que cuenta. Justo antes de despedirse y colgar, dice la frase «Soy el mejor en lo que hago». Esa frase hace que May palidezca de golpe y empiece a temblar. Legs nota esto y le pregunta qué le pasa. May le dice que esa frase la ha trastornado, y Legs le responde que está harta de oírla porque es una especie de coletilla que tiene Chuck. Sin embargo, May le aclara que el motivo por el que esa frase le ha dado un vuelco al corazón es porque es algo que le dijo Brett mientras la golpeaba y violaba.
Algunos días después, cuando Chuck vuelve a su apartamento, ya casi recuperado de sus heridas en la pierna (que resultaron no ser tan graves como parecía en un principio), se encuentra a Legs esperándole dentro de su casa. Está escasamente vestida de forma sugerente, y durante la conversación que mantienen la poca ropa que lleva encima termina rápidamente en el suelo. Legs parece estar tratando de seducirlo, diciéndole que el haber participado en una misión junto con él ha sido lo más emocionante y excitante de su vida últimamente. Pero, lejos de sentirse halagado, Chuck parece extremadamente nervioso y aleja a Legs con desagrado, casi se diría que con miedo.
En cuanto Legs le pone un dedo encima, Chuck reacciona con una extrema violencia, enviándola al suelo de un golpe. A continuación, comienza a gritar y toda la habitación se desdibuja, convirtiéndose en una especie de túnel orgánico de cuyos muros y suelo brotan unas criaturas demoníacas, las mismas que perseguían a May en sus primeras pesadillas. Estas criaturas se lanzan sobre Legs, pero entonces una armadura ilusoria aparece sobre su cuerpo desnudo y una espada translúcida se materializa en sus manos. Es una batalla mental en la que Chuck está atacando a Legs con una elaborada pesadilla que ella percibe como algo real y sólido, pero la mente de Legs ha sido entrenada para situaciones como esta. Ha enfrentado a psíquicos anteriormente y ha creado una imagen mental de sí misma especializada en combatirlos: un super-ego, algo similar a lo que vimos en la tercera película de Pesadilla en Elm Street, en la que un grupo de soñadores son entrenados para desarrollar una autopercepción de sí mismos lo suficientemente poderosa como para enfrentarse a Freddy en el mundo onírico.
El super-ego de Legs es lo bastante fuerte para destruir a los monstruos de pesadilla de Chuck. La ilusión se derrumba, el túnel orgánico vuelve a convertirse en la habitación en la que siempre han estado y los monstruos desaparecen. Legs detiene sin demasiados problemas a Chuck, convertido ahora en un pingajo tembloroso y gimoteante.
Lo siguiente que vemos es a Legs y a May explicándole lo ocurrido a su jefe, Reiser. Chuck resultó ser un psíquico no registrado. Físicamente impotente, desarrolló su mente para ser capaz de violar a mujeres con ella sin llegar a tocarlas: simplemente concentraba sus poderes psíquicos en entrar en sus mentes y provocarles un trauma equivalente al de una violación real. Ellas, de hecho, lo percibían como una violación real, y también su mente almacenaba la pesadilla como un recuerdo real. Durante estas pesadillas Chuck encubría su rostro tomando el aspecto de una persona del entorno de esas mujeres, generalmente sus padres o novios. La frase recurrente de Chuck, que se le escapó mientras violaba mentalmente a May tomando el aspecto de Brett, fue una de las cosas que las hicieron sospechar, junto a otros detalles.
Con esto entre ceja y ceja, Legs llevó a cabo una investigación sobre los últimos casos en los que había participado Chuck. Descubrió que, en la mayoría de ellos, en las inmediaciones de los lugares donde se había llevado a cabo la operación, se había producido la violación de una mujer joven que, sin embargo, no había dejado heridas físicas consistentes con ese tipo de agresión. Y además, los hombres que ellas declararon como responsables demostraron no estar implicados de ningún modo en el suceso. Ahora, Chuck va a pasar el resto de su vida encerrado en un psiquiátrico, adecuadamente medicado para que sus poderes mentales estén bloqueados.
Para terminar, tenemos dos epílogos. En el primero, Legs acude a la tumba de Brett para disculparse por todo lo que pensó y dijo de él antes de saber la verdad. En el segundo, Ramón, ya en otro país, entra en una barbería que sirve de tapadera para un prostíbulo de lujo. En cuanto se reúne con la chica que le tenían reservada, descubre que no es la que esperaba. Se trata de May, ya totalmente recuperada, que le apunta con un arma y lo detiene en nombre de la Agencia Alfa.
Me ha gustado el modo en el que la historia juega al engaño. Al principio se nos presenta como si la trama fuera la de una operación contra el narcotráfico: agentes infiltrados, una tapadera que mantener, una redada en ciernes, etcétera. Pero todo esto es solo una fachada, porque luego la historia toma derroteros completamente diferentes. Nos olvidamos de la operación antidroga, que pasa a un segundo plano, para centrarnos en la extraña agresión sufrida por May que, al igual que lo que vimos antes, resulta ser también una fachada. Su mente es engañada para que crea estar viviendo algo que no está sucediendo, para que almacene como recuerdos algo que nunca ha ocurrido, para que se forme de su compañero una imagen totalmente falsa. Y en medio de todo esto, Bret muere sin haber tenido ocasión de aclarar el asunto y realmente sin ser culpable de nada. Al final, cuando vemos cómo Legs forma una armadura translúcida sobre su propio cuerpo para representar la fortaleza de su mente es algo que te saca un poco de la historia tal como se ha presentado hasta ese momento porque aún no sabemos que está pasando. Pero una vez todo se resuelve y entendemos lo que esa escena representaba, encaja perfectamente y cobra sentido.
En el fondo, el tema central es ese, la percepción de la realidad y el modo en que lo que vivimos, lo que creemos que es cierto y lo que recordamos haber visto u hecho no siempre coincide. Los dos políticos corruptos y traidores esos de los que hablábamos al principio (y quizá también algunos de sus aliados) probablemente piensen que la pena de cárcel que les ha caído es desproporcionada. Desde mi propia percepción de los hechos, se ha quedado corta.
Puedes darle un vistazo a lo ya publicado sobre esta colección pulsando aquí.
La notte della violenza. 1997. Antonio Serra (guion). Simona Denna (dibujo) Publicado por Sergio Bonelli Editore.





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