EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, misóginos lectores.
Esta es una colección de historias muy breves de Patricia Highsmith en la que nos presenta a siete mujeres extremadamente manipuladoras, crueles o autodestructivas. Los cuentos son «misóginos» según el título porque parecen escritos por alguien que odia a las mujeres. Pero, si nos ceñimos estrictamente a lo que ocurre en las historias, es cierto que las mujeres son en todos los casos el origen del conflicto que se presenta, porque actúan de forma dañina e irracional.
A Highsmith siempre se la vende como escritora de misterio y a veces hasta de terror, pero no era nada de esto. Lo que hay que entender de esta autora es que no escribía con la intención de intrigar al lector, ni tampoco de asustarlo, entretenerlo, emocionarlo ni divertirlo, sino que su objetivo era incomodarlo. Sus personajes son imposibles de admirar, y provocan situaciones en las que sus dramas o traumas no conllevan redención, ni aprendizaje, ni justicia poética, y donde el karma raramente actúa.
Las novelas, así en general, están escritas para que el lector se identifique con el protagonista, su situación o su causa, que comparta ideales u objetivos con él. Pero en estos relatos solo hay dos tipos de personajes con los que identificarse: las abusadoras y sus víctimas, y ambas son pieles incómodas de vestir.
La bailarina. Claudette y Rodolphe son una pareja de tangos eróticos que actúa en una sórdida sala de fiestas. Su espectáculo consiste en un baile lleno de roces y posturas sugerentes que representa un romance terminado en tragedia, culminando con Rodolphe fingiendo estrangular a Claudette. Ambos son amantes fuera del escenario, pero no se aman en la misma medida: Rodolphe la quiere sinceramente; Claudette, en cambio, lo ve como un apoyo seguro hasta encontrar a alguien con más dinero.
Claudette empieza a distanciarse de Rodolphe. No rompe oficialmente con él pero le niega las relaciones sexuales, mientras se entrega a un número creciente de amantes de los que obtiene dinero y regalos, aunque ninguno le ofrece matrimonio como Rodolphe hizo en su momento. La situación escala hasta que Rodolphe le pide que deje de acostarse con otros hombres. Ella se lo promete una y otra vez, pero nunca lo cumple.
Como su espectáculo depende de la coordinación perfecta entre ambos, no pueden dejar de bailar cada noche: el local no les ofrecería otro trabajo. Claudette, a modo de burla adicional, intensifica los roces durante el baile. Una noche Rodolphe no soporta más la situación y la estrangula de verdad sobre el escenario, ante toda la audiencia, para luego marcharse tranquilamente.
La prostituta autorizada, la esposa. Sarah es una prostituta veinteañera que engatusa a un hombre rico para casarse con él. Ya está embarazada de padre desconocido cuando se casan, pero hace creer a su marido, Sylvester, que el niño es suyo. También le promete fidelidad, aunque se acuesta con todos los hombres de su entorno salvo con él: socios, amigos, su abogado, vecinos e incluso el limpiaventanas que acude casi a diario a la mansión.
Sylvester tiene sobrepeso y Sarah se dedica a cebarlo con platos cada vez más copiosos y grasientos. Su plan es matarlo a base de comida. Cocinar para él es el único gesto de afecto que le ofrece, ya que le niega tanto el sexo como cualquier muestra de cariño. Sylvester devora esos platos porque son la única conexión emocional que tiene con su esposa.
Finalmente Sylvester sufre un ataque al corazón. Ella lo observa agonizar durante quince minutos mientras él jadea y suplica ayuda. Cuando se asegura de que ha muerto, se echa una siesta y luego llama al médico de la familia, fingiendo ser una viuda desconsolada. Hereda toda la fortuna. A ojos del mundo, simplemente se despertó de una siesta y encontró a su marido muerto. Y no esperéis un giro final porque la historia termina así.
La paridora. Elaine es una mujer obsesionada con tener hijos. Para ella, su valor como mujer y esposa depende exclusivamente de la cantidad de hijos que tenga, no de la calidad de su educación o del trato que les dé. Al casarse con Douglas, se asegura de quedarse embarazada casi de inmediato y de volver a estarlo un par de meses después de cada parto. Tras seis años de matrimonio, ya ha tenido siete hijos, incluyendo un parto doble.
No le importa que su situación económica sea insostenible, pues nunca ha tenido intención de trabajar. Para Elaine, ser buena madre es tener muchos hijos; mantenerlos es problema del hombre. Douglas le pide que tome anticonceptivos y ella asegura hacerlo, pero miente. Tras más partos (incluyendo uno de trillizos y otro de quintillizos) Douglas acaba haciendo horas extras, trabajando en casa y durmiendo apenas.
Mientras tanto, Elaine se limita a estar en casa sin mover un dedo. Tras diecisiete hijos, Douglas sufre un ataque de nervios: todo el tiempo que está despierto lo dedica a trabajar, y dormir es casi imposible con los llantos constantes de los niños, ninguno mayor de ocho años. Empieza a romper cosas a patadas, harto de tropezar continuamente con muñecas y biberones, y arma tal escandalo que lo encierran en un psiquiátrico.
Como parte del tratamiento para tranquilizarlo, y a petición suya, los médicos le practican una vasectomía que él mismo llevaba tiempo queriendo y que no podía permitirse por los gastos familiares. Su mujer va a visitarlo siete meses después, estando de nuevo embarazada de tres meses, obviamente de otro hombre. Cuando Douglas le dice que se ha operado para no tener más hijos, Elaine lo desprecia tratándolo de loco y se marcha, desentendiéndose de él.
La perfecta señorita. Tea es lo que su madre considera una perfecta señorita: guapa, elegante, educada, de comportamiento exquisito, siempre con su ropa impoluta y evitando los juegos rudos con los demás niños del barrio y del colegio. Su padre no lo tiene tan claro; él ve que Tea es cínica, mentirosa y manipuladora. Su idea de la diversión es amargar la vida de los demás, inventar rumores sobre sus compañeras para meterlas en líos y ridiculizarlas. Naturalmente, nadie de su edad quiere saber nada de ella.
Su único amigo (o lo más parecido a uno que una pequeña arpía como Tea puede permitirse) es Craig, un chico algo mayor que va camino de acabar muy mal. Tras una serie de gamberradas cada vez más graves y de librarse de las culpas cargándoselas a otros, ambos aparecen molidos a palos en un descampado. Craig ha sido apuñalado por siete navajas diferentes y está bastante muerto. Tea sobrevive con unas cuantas pedradas en la cabeza y una paliza general.
Saltamos algunos años. Tea, ya con quince, no ha aprendido nada. Se arregla frente al espejo para asistir a la siguiente fiesta que piensa arruinar.
La ñoña. Sharon llegó virgen a su matrimonio y espera (más bien exige) lo mismo de sus tres hijas, de dieciséis, dieciocho y veinte años. Insiste en ello de forma machacona y se muestra desagradable con los novios de estas, tratándolos de poco menos que de violadores si la primera palabra que pronuncian en cada conversación no es «matrimonio».
Un día, faltando seis meses para su boda, la hija mayor confiesa a sus padres que ya se ha acostado con su novio. Las otras dos aprovechan para confesar que ellas también han dado ese paso con sus respectivos. La bronca que sus padres (especialmente Sharon) les echan es tan monumental que las chicas huyen de casa en cuanto pueden, sin avisar, yéndose a vivir con sus parejas.
Sharon cae entonces en una espiral de depresiones y accidentes autoprovocados que la alejan definitivamente de sus hijas. Muere con casi cien años sin haber conocido a sus numerosos nietos y bisnietos, y pensando en sus propias hijas en términos como «vagabundas» y «putas enmascaradas».
La víctima. Katy es una niña que siempre vuelve a casa con contusiones y magulladuras. Parece que tiene tendencia a tropezarse, pero en realidad son lesiones autoprovocadas para llamar la atención. Le gusta hacerse la víctima para que todos se preocupen por ella. Con apenas siete años empieza a vestirse y maquillarse para parecer mayor. Los rasguños y moretones de siempre pasan a ser, según ella, prueba de que sus compañeros la manosean sin parar.
Para su madre esto es algo normal, incluso motivo de orgullo. A su padre le preocupa, porque la actitud empeora cada día. A los doce años ya hace autostop sin necesidad de ir a ningún sitio, solo para que desconocidos la suban a sus coches, a ver que pasa. Desde su punto de vista, eso demuestra lo adulta que es.
Un día vuelve a casa llorando, diciendo haber sido violada por un camionero. Los exámenes médicos confirman que ya no es virgen, pero nunca se atrapa al supuesto culpable. Durante un tiempo es el centro de atención, pero el momento pasa. A la cuarta vez que anuncia haber sido violada, ya ni sus padres la creen.
Cuando, con diecisiete años y tras una vida de citas a ciegas, desaparece para siempre, nadie se sorprende demasiado.
La perfeccionista. La última historia es también la menos dramática. Margot es una mujer felizmente casada, pero hipocondríaca y perfeccionista. Le basta ver una diminuta mancha en un cubierto de plata para ponerse a limpiar toda la cubertería y la vajilla. Pese a su enorme cocina, sus electrodomésticos de última generación y el hecho de no trabajar porque su marido cubre todos los gastos, casi nunca cocina para su esposo e hija: nada de lo que prepara le parece lo suficientemente bueno y termina tirándolo.
Un día decide organizar una cena en casa. No una fiesta loca, sino una reunión clásica con varias parejas de amigos. Pasa semanas planeándolo: hace listas de invitados, manda cambiar las cortinas y tapizar los sofás, contrata sirvientes extra, limpia sobre lo limpio y dedica días enteros a planear el menú.
Cuando llega el día ella misma se ha destrozado los nervios con su absurdo perfeccionismo. Entre eso y el exceso de alcohol, se derrumba ante todos. Al salir del hospital unos días después, abandona todas sus estrictas rutinas anteriores y se obsesiona con tejer colchas.
Little Tales of Misogyny. 1975. Patricia Highsmith. Publicado en 1994 por Alianza Editorial.