EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, nobles caballeros y damas.
Hoy finalizan las fiestas de Moros y Cristianos de Villajoyosa, que conmemoran una batalla real ocurrida en la madrugada del 29 de julio de 1538, cuando una horda de invasores musulmanes desembarcaron en masa en la costa de la Vila Joiosa. ¡Cuatrocientos ochenta y ocho años después y seguimos igual!
Los invasores venían a lo de siempre: saquear poblaciones, matar o esclavizar a los hombres y violar a las mujeres. Las torres vigía costeras dieron la alarma, y fue la propia población, reforzada por vecinos de localidades cercanas, la que les plantó cara. La lucha fue breve pero intensa, con combates en las mismas playas, hasta que los invasores finalmente se retiraron, derrotados. La tradición atribuye parte de la victoria a Santa Marta, patrona de la población, puesto que se dice que provocó una tormenta para dañar los barcos y desorganizar el desembarco moro.
Las fiestas se celebran cada año del 24 al 31 de julio, y destacan sobre otras que ya hemos visto por una estética más sobria. La llegada por mar de los invasores se representa con barcos reales llegando a la línea de costa, de los cuales los vileros caracterizados de moros saltan al mar, cubriendo a nado los últimos metros hasta la playa.
Veintidós compañías, once moras y once cristianas, participan en esta escenificación multitudinaria. Las compañías moras incluyen a los Almadrava, Artilleros, Bereberes, Bitrir, Cazadores, Contrabandistas, Moros del Riff, Moros Pak Kos, Muladíes, Negros y Tuaregs. El bando cristiano está formado por los Almogávares, Artilleros Cristianos, Ballesteros, Caballeros del Cid, Cristianos del Mar, Dragones, Leales, Marineros, Montañeros, Piratas y Templarios.
Como siempre, aprovechamos otra de estas fiestas para reseñar un par de números más de El Guerrero del Antifaz, la famosa colección de cómics ambientada en la época de La Reconquista.
Rumbo a los Gelves (nº 63). El anterior número terminó con Osmin siendo atacado por un grupo de guardias, probablemente una patrulla de Ali Kan. Es el Guerrero, precisamente a quien Osmín estaba buscando, quien lo encuentra a él. Se lanza en su auxilio y le rescata, decidiendo a continuación que este puede acompañarle.
Osmín ya ha quedado establecido como un personaje con una habilidad y resistencia equivalentes, como mínimo, a las del Guerrero. Esta es otra de las particularidades de este cómic: en ocasiones algunos de los aliados del Guerrero, que era el personaje principal, eran tan buenos luchadores o incluso superiores a él. Esto hoy en día es más habitual, pero en los cómics españoles de la época era una auténtica rareza. El héroe protagonista siempre estaba, en todos los aspectos, por encima de todos los demás personajes. Con El Guerrero del Antifaz esto no ocurría, teniendo aliados parejos a su nivel con cierta frecuencia, como el propio Osmín, sus hermanos o don Luis, aunque este no se volverá un personaje fijo hasta más adelante.
Durante cinco días el Guerrero y Osmín cabalgan hacia la costa, enfrentándose de tanto en tanto a las patrullas de la guardia de Ali Kan. Siguiendo la línea de la costa se encuentran dos naves corsarias ancladas y, escuchando a escondidas las conversaciones de un grupo de corsarios al servicio de Ali Kan que han bajado a tierra a buscar agua y provisiones, se enteran de que los barcos transportan prisioneros cristianos.
Esto es un golpe de suerte, porque pone al alcance del Guerrero no solo barcos con los que llegar hasta los Gelves, sino también una tripulación que, tras haber sido rescatada por él, es de suponer que estará dispuesta a seguirle. Es un recurso narrativo típico para evitar alargar demasiado la historia, pero este tipo de cómics se movía así: a base de golpes de buena y mala suerte que facilitaban o torcían, según el caso, la labor de los personajes.
El Guerrero y Osmín nadan hasta los barcos con toda la armadura puesta. Recordemos que otra particularidad de estos cómics es que las armaduras no parecen tener peso y no arrastran al fondo del agua a sus usuarios, como ya hemos visto en muchas ocasiones. El caso es que nadan hasta los barcos y trepan hasta las cubiertas, acabando con los tripulantes que quedaron de guardia a bordo. A continuación, liberan a los presos. Esto les deja en tiempo récord con el gobierno de dos barcos y un buen número de hombres que además (otro golpe de suerte) eran marineros y por tanto saben manejar perfectamente los barcos. Los marineros deciden ponerse a las órdenes del Guerrero como agradecimiento por haberlos rescatado, y parten hacia los Gelves.
De camino se cruzan con algunos barcos de los corsarios de Ali Kan, que los confunden con unos de los suyos por las banderas que los cristianos todavía mantienen izadas. A quien nadie puede engañar, sin embargo, es a las tormentas: una fuerte tempestad azota ambas embarcaciones, arrastrando al mar a algunos hombres y provocando daños menores.
Tras varios días de navegación y ya cerca de los Gelves, en la línea del horizonte aparecen otros tres barcos corsarios. Son los de la Mujer Pirata, enemiga de Ali Kan. Ella no sabe que es el Guerrero, a quien odia aún más que a Ali Kan, quien va a bordo de estos barcos, pero igualmente los ataca creyendo que pertenecen a otro de sus enemigos.
La isla de los piratas (nº 64). Los cinco barcos se enzarzan en un feroz combate a cañonazos mientras mantienen las distancias, y luego las cierran para pasar al abordaje y al cuerpo a cuerpo. Aquí asistimos a otra larga secuencia de combate sobre cubierta, y he de confesar que las escenas navales han terminado convirtiéndose en mi parte favorita de estos cómics.
Tras una lucha encarnizada, ambos barcos del Guerrero quedan demasiado dañados para navegar, pero sus tripulaciones han abordado la nao capitana de la Mujer Pirata y la han hecho prisionera. Los cristianos se quedan con este nuevo barco y emplean a su rehén para forzar a los otros dos barcos piratas para que se retiren.
A su llegada a los Gelves, el Guerrero y Osmín deciden desembarcar ellos solos, llevando un par de piratas como prisioneros. Su intención es exigir la devolución del cofre de tesoro que los hombres de la Mujer Pirata robaron a la princesa Aixa, a cambio de devolverles su capitana sana y salva. Pero tan pronto como ponen un pie en la isla son atacados por numerosos piratas.
En lugar de huir, el Guerrero y Osmín se abren paso luchando a través de ellos, avanzando cada vez más hacia el interior y dirigiéndose a la montaña en cuya cima los piratas tienen su refugio. Mientras tanto, los navíos piratas de la isla han ido movilizándose y cercando la nave de los cristianos.
Cuando ya están cerca de la ladera de la montaña, el cristiano y el árabe se ven repentinamente rodeados por otro grupo de corsarios. En esta ocasión son los de Arlich Melik, que es otro de los rivales de la Mujer Pirata. En la isla hay varios capitanes que compiten entre sí, y este, sabiendo que la Mujer Pirata está en manos de los cristianos, les ofrece un trato: dejarles marchar a cambio que ellos la maten para que él pueda hacerse fácilmente con sus hombres y sus navíos.
Entre tanto, Fernando, que se había quedado en la aldea de Aixa, está luchando contra sus demonios internos. Hay que recordar que Fernando conoció al Guerrero justo después de que un grupo de bandidos moros saquearan la granja de su familia y mataran a sus padres y hermanos, siendo él todavía poco menos que un crío. Fernando ha crecido viendo al Guerrero como una figura protectora y paternal, y prácticamente está obsesionado con la idea de resultarle útil y demostrarle que puede ser un guerrero hábil y valiente como él. El Guerrero, viéndolo todavía como un niño, suele relegarlo a tareas de vigilancia y a manudo lo deja atrás en las misiones que considera más peligrosas, lo cual mantiene a Fernando en un estado de frustración permanente. Sabiendo que el Guerrero lo ha dejado atrás una vez más, decide ir en su búsqueda, aunque ello implique desobedecerle.
Se prepara para partir, consiguiendo una espada curva árabe y un turbante para pasar más desapercibido, cuando oye una conversación entre dos tunecinos de la aldea donde se ha asentado Aixa. Al parecer, uno de ellos ha reconocido a Ana María y, sabiendo que Olián la busca, está dispuesto a delatarla por si le cae una recompensa. Cuando estos hombres parten de la aldea, Fernando toma un caballo y les persigue. No tiene ningún plan más allá de alcanzarlos e impedirles de un modo u otro que avisen de la presencia de Ana María. Los tunecinos se dan cuenta de que alguien les sigue, pero no saben quién ni con qué intención, así que aceleran el paso. Esto le cuesta la vida a uno de ellos, que se despeña junto con su caballo al tratar de cruzar un abismo sobre un puente bastante endeble.
Fernando continúa persiguiendo al otro hasta que este se detiene y empuña su arma para resolver el asunto de una vez por todas, dándose cuenta solo entonces de que su oponente es poco más que un muchacho.
El tunecino se lanza hacia él confiadamente y le desarma en los primeros compases del combate, pero Fernando reacciona saltándole encima y atacándole a puñetazos. El tunecino resulta ser más fuerte y se libra de él con facilidad. Como había perdido la espada cuando Fernando le saltó encima, empuña un cuchillo para acabar con él. En el forcejeo que sigue, el cuchillo termina clavado en su propia garganta, con lo que los dos hombres que conocían la presencia de Ana María en el poblado de Aixa han muerto.
Su autoimpuesta misión ha sido un éxito, pero ahora a Fernando le falta cumplir la parte más importante de todas las misiones: regresar de ellas con vida. Esto no va a ser tan fácil, porque es descubierto por una patrulla de hombres de Olián, ya que, mientras perseguía a los dos tunecinos, se ha adentrado inadvertidamente en el territorio de este.
Así lo dejamos por el momento, con Fernando siendo perseguido en Túnez, y el Guerrero y Osmín rodeados de piratas en los Gelves. Veremos como siguen cuando retomemos la historia.
Podéis repasar los números anteriores desde el primero pulsando aquí.
Otras colecciones de Manuel Gago
Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz
El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.
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