EL ORÁCULO DE LAS VISIONES ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por... Pecky.
¡Saludos, amigos cinéfagos!
Hoy veremos La clínica del terror (1989), cuyo título original es The Immortalizer. Es curioso porque en la carátula, como podéis ver, aparece el título como La clínica de terror, pero en la propia película la voz en off que nos dice el título lo traduce a El inmortalizador, en lugar de cambiarlo a La clínica del terror.
Comenzamos con las imágenes del interior de un quirófano en el que se está llevando a cabo lo que, a todas luces, es una operación ilegal. Una mujer que está amarrada a una camilla intenta escapar, debatiéndose frenéticamente mientras grita que la suelten. El equipo médico a su alrededor se limita a ignorarla e inyectarle en la nuca un líquido verde brillante que inevitablemente recuerda al reactivo del doctor West de Re-Animator, cuatro años anterior.
Cortamos la escena y pasamos a otra en la que dos parejas, Darrell y Celia por un lado, y Gregg y June por otro (Darrell y Gregg son hermanos, Celia y June son amigas), han salido juntos a lo que parece ser su primera cita doble. Acaban de ver una película de zombis y están zampándose una pizza mientras hablan de las partes más asquerosas de la película. Sinceramente, me parece el mejor plan posible para una noche.
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En cuanto salen de la pizzería y van hacia la casa de los chicos para dar un buen cierre a la velada, se encuentran de pronto con que están viviendo su propia película de zombis. Un ser tambaleante, con todo el aspecto de un cadáver viviente, aparece ante ellos en medio de un callejón y, cuando tratan de darse la vuelta, tienen otro a la espalda. Estos zombis están dirigidos por dos tipos que les dan instrucciones y los mantienen a raya con porras eléctricas.
Para que no tengamos ninguna duda de que son zombis, un policía de patrulla los encuentra en ese momento y, al ver que se están llevando a la fuerza a los jóvenes, dispara contra ellos. Les mete unas cuantas balas en el torso a cada uno, pero estos siguen avanzando hacia él impasibles y lo arrojan contra una pared con una fuerza tremenda. Los jóvenes son embutidos a golpes en la camioneta, que luego, saliendo del callejón, pasa expresamente por encima del policía moribundo y lo aplasta. En la camioneta los dejan simplemente tirados en el suelo, mientras que a los zombis los encierran en jaulas. Los dos tipos que controlaban a los zombis, y que a duras penas parecen una pizca más inteligentes que estos, conducen la camioneta hasta una clínica privada en las afueras.
A esta misma clínica llega algunas horas después el doctor Timmons. Allí conoce al doctor Divine, que dirige las instalaciones y le ha contratado como cirujano auxiliar.
Los cuatro jóvenes son llevados a una sala donde se les deja sobre camillas. Se supone que les han inyectado sedantes a todos, pero Gregg parece ser especialmente resistente a la sustancia empleada y se levanta inmediatamente en cuanto los dejan solos. Trata de despertar a los otros, pero están profundamente dormidos. De hecho, lo que le han inyectado a él parece haberle provocado el efecto contrario al esperado, puesto que, en su huida del edificio, se enfrenta a varios médicos y celadores para terminar saltando al exterior a través de una ventana cerrada. Consigue llegar hasta una comisaría, pero lo único que logra, al contar su historia al sheriff de guardia, es que este le detenga por ir drogado y lo encierre en una celda. Además, Gregg comete el error de hablarle de los zombis, lo que hace que el sheriff no le crea en absoluto. Ni esa parte de la historia ni el resto.
Mientras tanto seguimos viendo los tejemanejes del doctor Divine. A lo que se dedican en la clínica es a raptar a personas jóvenes, sanas, guapas y con buen físico (¡Ah, nuestro Supervisor General está a salvo, entonces!) para venderles sus cuerpos a aquellos multimillonarios que sean capaces de pagarlos. Divine y su equipo trasladan los cerebros de los ricos a los cuerpos que han elegido y después presentan todo el proceso como una milagrosa y secreta técnica de rejuvenecimiento. Como parte del tratamiento, tanto el donante del cuerpo como el receptor reciben una de esas inyecciones de reactivo verde, que preparan los cuerpos para que las heridas de la cirugía se regeneren en tiempo récord y para que tanto el cerebro trasplantado como el cuerpo que lo recibe se adapten mejor el uno al otro.
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El problema es que, en el uno por ciento de los casos, el suero lo que hace es matar al paciente y convertirlo en uno de esos zombis que ya hemos visto, que es el motivo por el que en el hospital los almacenan en un sótano y les han buscado alguna utilidad.
Al día siguiente, tras haber comprobado que se ha dado por desaparecido a un policía de patrulla, algo de lo que ya le había hablado Gregg, el sheriff se decide a acompañarlo a la clínica para comprobar qué hay de verdad en todo ello. Pero todo el edificio está ya preparado para mantener la fachada del doctor Divine. Las estancias en las que guardan a los jóvenes almacenados como carnaza, y el sótano en el que guardan varios zombis, solo son accesibles por medio de puertas secretas y paneles falsos. Cuando el sheriff se convence de que allí no está pasando nada raro, Gregg se le escapa y corre a refugiarse en una casa que hay enfrente a la clínica. Esta casa ya se nos ha mostrado otras veces, cuando Gregg estaba escapando del hospital la primera vez y cuando un taxi dejó al dr. Timmons en la entrada. Es ambas ocasiones una mujer mayor observaba continuamente la clínica con unos prismáticos, como si sospechara algo.
La mujer de la casa, llamada Agnes, le cuenta a Gregg que, al poco de abrir la clínica, su hijo desapareció y está convencida de que ellos tuvieron algo que ver. Gregg y Agnes trazan un plan para desenmascarar a Divine, pero es un plan realmente poco meditado. Ella se presenta en la clínica fingiendo ser una mujer rica en busca de un cambio de cuerpo y, en un momento en que la dejan sola, se dedica a husmear por ahí. Lo único que consigue es terminar mordida y desangrada por uno de los zombis, al que suelta de la camilla a la que estaba amarrado pensando que es un paciente al que tenían retenido contra su voluntad. Una cosa lleva a la otra y el zombi termina arrojando a uno de los celadores al sótano, donde los otros zombis acaban con él. El doctor Divine, viendo que la cosa se le está descontrolando demasiado, decide que ha llegado la hora de recoger el tinglado y volver a empezar en otro lugar.
Gregg, preocupado por la tardanza de Agnes, va a buscarla. Lo hace con una de las armas que está guarda en su casa, la misma pistola con la que ella le encañonó la primera vez que se vieron. Mientras deambula por la clínica, una trampilla se abre a sus pies y cae directamente al foso de los zombis. Allí se encuentra con su hermano, que es uno de los que sufrieron el rechazo del reactivo. Dispara contra los zombis cuando se le echan encima, consiguiendo acabar únicamente con uno de ellos y ponerse a salvo de los demás encierrandose a sí mismo en una jaula vacía. Por una conversación que mantiene uno de los médicos veteranos con el doctor Timmons, sabemos que estos zombis no mueren por dispararles al cerebro, sino por provocarles una gran pérdida de sangre en muy poco tiempo. Si el cuerpo pierde suficiente sangre de golpe, el zombi es destruido, pero si la pérdida de sangre es pequeña o moderada, esta y el resto del cuerpo se regeneran rápidamente.
Divine necesita cambiar de identidad para borrar su rastro, así que narcotiza al doctor Timmons (y, de paso, se ahorra tener que pagarle). Después se prepara para que su equipo traslade su cerebro al cuerpo de Timmons. Su equipo de cirujanos parece serle fanáticamente leal porque, por lo que comentan entre ellos, todos han pasado por ese proceso, quizá más de una vez. Se operan unos a otros cada vez que necesitan cambiar de cuerpo, logrando de este modo una aberrante forma de inmortalidad.
El zombi de Darrell, que sí parece guardar algún recuerdo por su hermano, se enfrenta a los otros zombis para defenderle cuando este trata de escapar del sótano. Como resultado, Gregg consigue salir y los zombis se esparcen por la clínica (ya era hora). Además, lo hacen justo a tiempo, porque en ese momento el cerebro de una de las enfermeras iba a ser traspasado al cuerpo de June.
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Los zombis se dedican a ir entrando en las habitaciones donde están los ricachones esperando su operación o recuperándose de la misma y acabando con ellos. Realmente no son muchos zombis, solamente tres, pero son extremadamente fuertes. Uno de los cirujanos consigue acabar con dos de ellos hostigándolos con una porra eléctrica y lanzándolos a una trituradora de basuras, pero el daño ya está hecho: Gregg ha escapado y regresado a la casa de Agnes, desde donde llama al sheriff para que acuda de nuevo a la clínica, ahora que ya no pueden ocultar lo que está pasando. Aprovecha también para armarse con una escopeta de doble cañón de la colección de armas de la señora antes de volver a la clínica.
Al final logra rescatar a June. El zombi de Darrel, que aún pululaba por ahí, tiene una muerte heroica al salvar nuevamente a su hermano antes de morir él también. De la novia de Darrel no hemos vuelto a saber nada, así que supongo que está muerta o descerebrada. Del equipo médico únicamente se escapan la enfermera y el doctor Divine, ahora en el cuerpo de Timmons. El cerebro de Timmons ha sido pasado al cuerpo de Divine para dejarlo como cebo a la policía ya que, debido al suero regenerador, no le queda ninguna cicatriz de la operación.
Cuando la policía llega finalmente y todo lo ocurrido queda en evidencia, detienen al cuerpo de Divine con el cerebro de Timmons, pensando que es el culpable de todo. Culpable lo ha sido por colaborador, desde luego, pero, literalmente, no es el… cerebro... de la operación 🤭🧠
A modo de epílogo, vemos cómo el doctor Divine, en su nuevo cuerpo y todavía acompañado por la misma enfermera, sigue haciendo de las suyas en otro lugar.
Es una película que, sin ser ninguna maravilla, se hace bastante entretenida. No termina de decidirse a ser una película realmente de terror, y el tratamiento que se da a los zombis resulta un tanto cómico, como si hubiesen querido expresamente hacerla menos horrible de lo que una película de estas características debería ser.
Tiene buenas ideas, pero no las aprovecha del todo. Me gusta, por ejemplo, que los zombis no sean el enemigo principal, sino un subproducto defectuoso del proceso de intercambio de cerebros. Esto es, de hecho, lo que me parece más interesante: no el que vendan los cuerpos a gente rica para mantener su juventud, sino que los cirujanos actúen como un pequeño sindicato criminal, intercambiándose los cerebros unos a otros para ser inmortales. Esto es más interesante que el hecho de que tengan zombis en el sótano. ¿Quién no los tiene, después de todo? Yo es que ya no se que hacer con ellos.
Me da la impresión que esto de los zombis es algo que se añadió a última hora, simplemente por la fama que había alcanzado pocos años antes la película Re-Animator. A veces ocurre que el guion de una película es comprado por una productora que no se decide a sacarlo adelante y simplemente lo almacena en algún lado y, cuando una película de temática similar gana cierta fama y despierta el interés de la gente, uno de esos guiones que tenían guardados es modificado a marchas forzadas y filmado a toda prisa para presentar una película parecida a esa que se ha hecho famosa y así aprovechar su tirón. Puede que eso sea lo que pasara en este caso, porque los zombis están en la trama metidos con calzador y el hecho de que el líquido que utilizan sea tan parecido al reactivo de West resulta bastante sospechoso.
Puedes ver reseñadas más películas de zombis pulsando aquí.
The Immortalizer. 1989. Mark M. Nelson (guion). Joel Bender (director). Ron Ray, Chris Crone (actores principales) Actrices principales: Rebekka Armstrong, Melody Patterson (actrices principales). Film West.