MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

lunes, 26 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 26) ¡El último respeto!

   Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡No se pierda la inauguración del nuevo buffet libre en el cementerio local! ¡Disfrute de una merendola nocturna en buena y silenciosa compañía! ¡Extra! ¡Extra!


Un hombre llamado Anthony entra a trompicones en un cementerio. Mientras deambula entre las hileras de lápidas, nos vamos enterando de su historia en forma de recuerdos fugaces, fragmentados, aunque yo os la explicaré todo bien ordenado para mayor claridad.

Tony era el chófer del señor Cooper, un anciano amargado e irascible que tenía una nieta dulce y sensible llamada Anna. Cooper apenas salía de casa, por lo que Anthony era, en la práctica, el chófer de la muchacha. El contacto constante, el llevarla de un lado a otro y conversar durante los trayectos, hizo que ambos jóvenes terminaran enamorándose.

Tenían que mantener su relación en secreto, puesto que el viejo Cooper jamás aprobaría que su nieta se relacionara con alguien a quien consideraba un simple sirviente, una persona perteneciente a un estrato social inferior. Dado que era él quien la había criado, entendemos que Anna no tenía otra familia cercana y dependía totalmente de su tío.

Conscientes de que Cooper nunca aceptaría la relación, Anthony y Anna terminaron casándose en secreto, a pesar de que ella era menor de edad. En algunos estados de los Estados Unidos este tipo de matrimonio puede celebrarse legalmente con determinadas condiciones, aunque también puede ser impugnado por la familia.

Cooper acabó descubriendo la relación entre ambos. Le prohibió a Anthony ver a la que ya era su esposa y amenazó con anular el matrimonio. Anna enfermó de neumonía y, sumida además en una profunda depresión por verse separada de su gran amor, terminó muriendo. Ese es el motivo por el que Anthony se encuentra en el cementerio. Está buscando la tumba en la que Anna ha sido enterrada esa misma mañana para despedirse de ella una última vez.

Finalmente encuentra la cripta familiar. Anthony entra en esta y se pone a hablar con el sepulcro de piedra de Anna, recordando todo lo que vivieron juntos. Mientras tanto, en el exterior se ha desatado una fuerte tormenta. El agua se filtra por las paredes de la vieja construcción, gotea desde el techo formando pequeños charcos. Cuando Anthony se dispone a marcharse, una repentina corriente de aire cierra la puerta y la deja bloqueada. La cripta de los Cooper se encuentra en una zona muy aislada del cementerio, lejos de los lugares de paso habituales, y nadie oye sus desesperados golpes y gritos de ayuda, amortiguados por los gruesos muros del sepulcro. 

El cuidador no regresa hasta un mes después. Cuando finalmente abre la cripta, encuentra a Anthony muerto sobre el suelo. No ha fallecido de sed. Durante su encierro utilizó un cáliz decorativo que había en la cripta para recoger las gotas de lluvia que se filtraban por el techo y mantenerse hidratado. Tampoco parece haber muerto de hambre, ya que a su alrededor hay tirados un montón de huesos. Anthony abrió el sepulcro de Anna y devoró su carne. ¿Lo hizo solo impulsado por el hambre, o por el desesperado deseo de que ella volviera a formar parte de su vida de algún modo? Ya fuera instinto de supervivencia o amor obsesivo lo que le llevó a comerse a su amada, esto fue precisamente lo que lo mató. El cuerpo de Anna había sido embalsamado y el formaldehído utilizado en el proceso saturaba sus tejidos, actuó como un veneno en el organismo de Anthony. 

Este es otro de esos casos de castigo irónico tan característicos de los cómics de la EC. Anthony y Anna eran buena gente; no merecían lo que les pasó, pero ser maltratado por el destino no te da permiso para hacer lo que te dé la gana. Contando con agua, que la tenía gracias a la lluvia constante de aquella época del año, un adulto sano podría haber sobrevivido un mes. ¿O quizá Anthony sabía exactamente lo que iba a ocurrirle si devoraba el cuerpo de Anna? Tal vez lo que quería era morir, igual que había muerto su amada, y le pareció que envenenarse con su carne era la forma más adecuada de reunirse con ella. Después de todo, una semana tras otra encerrado en una cripta, sin más compañía que la de un cadáver, debe hacer que te pasen por la cabeza todo tipo de ideas raras. No podemos saberlo. Es uno de esos finales que quedan en parte a discreción del lector.

Puedes ver en orden de publicación todas las Historias de la Cripta ya reseñadas pulsando aquí.

Last respects! 1951. Guion de Bill Gaines y Al Feldstein. Dibujo de Graham Ghastly Ingels. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.

TERROR EN DUNWICH

  EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                                      ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

Presentado por... Pecky.
 

¡Saludos, amigos cinéfagos!

No se puede hablar seriamente de terror sin hablar de Lovecraft, así que como mínimo una entrada tendremos que dedicarle este octubre.

Este fue uno de los primeros intentos que se hizo de adaptar al cine uno de los relatos de horror cósmico de Lovecraft. Durante mucho tiempo esto parecía una tarea predestinada al fracaso debido, simplemente, a que es prácticamente imposible poner en imágenes lo que este describía en sus historias.

Lo primero que vemos es un inminente parto en casa, en el que una mujer embarazada está a punto de dar a luz. Hay algo extraño en todo ello. La mujer tiene un sello cabalístico grabado en la frente y, como decoración en la habitación, vemos también símbolos y amuletos que sugieren algún tipo de magia ancestral. Junto a ella, atendiendo el parto, hay un anciano y dos mujeres también muy mayores. Sin embargo, cuando parece que llega el momento de dar a luz, lo que hace el anciano es levantar a la mujer de la cama y llevársela de allí.

Una secuencia de dibujos animados muy simples, siluetas negras sobre fondo morado que acompañan a los títulos de crédito, nos muestra cómo el anciano y la mujer embarazada hacen una especie de peregrinación a través de montes y bosques, y terminan llegando a unos aislados altares donde, aparentemente, el hombre abre el vientre de la mujer con un cuchillo. Quizá como un sacrificio o quizá porque es la única forma de sacar de dentro aquello que sea que ha estado gestando.

De ahí saltamos a la Universidad de Miskatonic, en la que un estudiante llamado Wilbur solicita permiso para consultar el Necronomicón. Esta es una de las cosas que peor se han adaptado de los relatos de Lovecraft. En estos, el Necronomicón es un libro de magia e invocaciones de criaturas cósmicas, escrito por el árabe loco Abdul Alhazred. Es tan grotesco en todos los sentidos posibles, tan ajeno a la realidad, los conceptos que maneja son tan aberrantes, que tan solo leer algunos fragmentos puede llegar a volver loco a quien lo hace. 

En cambio, en las películas siempre se lo trata con una extrema ligereza, haciendo que este pueda encontrarse en bibliotecas, comprarse en viejas librerías o incluso que a cualquier persona le baste con abrir una página al azar y leer una frase que no sabe lo que significa (y a duras penas es capaz de pronunciar) para provocar algún efecto mágico. Aquí no es diferente. El Necronomicón lo ha utilizado Armitage, uno de los profesores de la universidad, como material de referencia para dar una charla sobre ocultismo. Lo lleva bajo el brazo y se lo entrega sin ceremonia ninguna a una estudiante, Nancy, para que lo devuelva a su vitrina. Es a Nancy a quien Wilbur le pide permiso para ojearlo y esta accede a ello, perturbada por la intensa mirada del joven, que se nos sugiere que tiene una capacidad hipnótica. 

También convence a Nancy para que le lleve a su ciudad natal, Dunwich. Ella lo percibe como atracción natural, pero en realidad lo hace por esa misteriosa cualidad hipnótica que Wilbur parece poseer.

Todo el viaje en sí es una trampa. Las gentes del lugar parecen hoscas y refractarias tanto ante Nancy, por ser de fuera, como ante Wilbur, precisamente por ser de allí. Una vez Nancy lleva a Wilbur hasta su casa, una antigua mansión, y se dispone a volver a Arkham, su coche se niega a arrancar, con lo que no tiene más remedio que pasar la noche allí como invitada forzosa en Dunwich.

Wilbur vive con su abuelo, el anciano que vimos asistiendo el parto al principio, y también parece haber alguien o algo más encerrado en la buhardilla. Nancy pasa una agitada noche, llena de pesadillas y visiones oníricas en las que un grupo de danzantes, hombres y mujeres desnudos pintarrajeados como hippies, participan y la hacen participar a ella en una especie de celebración orgiástica.

Al no haber regresado a casa esa noche, el profesor Armitage y Elizabeth, una de las amigas de Nancy, se ponen a buscarla por su cuenta al día siguiente. Saben que se fue con Wilbur y que este es de Dunwich. Allí la encuentran, en casa de Wilbur, sana y salva. Ella misma confirma que se ha quedado allí voluntariamente. Aunque en realidad lo hizo porque su coche estaba estropeado y su intención era volver, le ha bastado la mañana de ese día para acercarse tanto a Wilbur que decide quedarse con él indefinidamente. De nuevo, ella lo percibe como un incipiente amor, pero está claro que él ejerce algún tipo de influencia mesmérica sobre ella. Nancy se siente cansada todo el tiempo y cada vez que duerme tiene más de esas extrañas visiones que parecen querer contarle una historia que ella no llega a entender. Esas visiones, a su vez, parecen cansarla más todavía y volverla más dócil, creando un ciclo de dependencia del que no puede escapar.

Armitage es descendiente del hombre que ahorcó al bisabuelo de Wilbur acusándolo de brujería, lo que hace que ambos compartan una historia común. Aunque clasificar de brujería las pretensiones del bisabuelo de Wilbur es simplificar mucho las cosas. Él creía que el universo estaba dominado por los Antiguos, una raza de seres superiores que en un pasado remoto habitaron la Tierra y a los que se podría invocar para que regresaran físicamente a esta, haciéndoles cruzar un portal dimensional que él creía ser capaz de abrir. Armitage y Elizabeth se quedan en el pueblo, haciendo sus propias investigaciones. Así es como se enteran de los rumores en los que se habla de que Wilbur tiene algún familiar deformado encerrado en la buhardilla, y que la familia no parece haber abandonado el propósito del bisabuelo que fue ahorcado, sino que sigue buscando el modo de traer a esos seres superiores al mundo para que tomen el control de la humanidad.

El médico local le dice a Armitage que la mujer que vimos al principio dando a luz tuvo dos hijos, pero que uno de ellos nació muerto. El otro fue Wilbur. Es algo que él no puede certificar, puesto que no asistió al parto, sino que este fue llevado a cabo en casa por su familia. Pero es evidente que el otro hijo no murió, sino que es la cosa que tienen encerrada en la buhardilla. La madre de Wilbur y de la criatura de la buhardilla sigue viva, pero está encerrada en un psiquiátrico, totalmente loca y prematuramente envejecida, aparentando el doble de su edad real.

Mientras tanto, Wilbur y Nancy siguen progresando en lo que ella aún percibe como una relación romántica. Él le habla de su familia, de su pasado, y la lleva a pasear por los alrededores del pueblo. Para ella es una cita. Él la está introduciendo en su mundo. Los lugares a los que la lleva son donde se encontraba el árbol en el que fue ahorcado su bisabuelo, y el altar en el que él y su hermano fueron dados a luz en medio de un ritual pagano de fertilidad. Lo que está ocurriendo en realidad es que Wilbur la está preparando mentalmente para lo que tiene planeado para ella. Tiene intención de repetir el ritual de llamada que su bisabuelo dejó incompleto. Nancy es simplemente la víctima del sacrificio que necesita realizar cuando llegue el momento, cuando los astros se alineen y todo eso.

Elizabeth, harta de toda la situación, irrumpe en casa de Wilbur buscando a Nancy para llevársela de allí. Algo la impulsa a subir directamente hasta la buhardilla y abrir el pestillo de esta. Lo que encuentra en su interior no se nos muestra más que como una serie confusa de imágenes rápidas en las que apenas llegamos a distinguir una masa de brazos, garras y tentáculos que le arranca la ropa y aparentemente la viola, en medio de una serie de luces estroboscópicas.

Cuando Wilbur, que en ese momento no se encontraba en casa, regresa y su abuelo le explica lo ocurrido, tiene lugar una pelea. El abuelo de Wilbur sabe que este planea invocar a los Antiguos (en la traducción española se refieren a ellos como los Viejos) tal como él hizo en su momento, y trata de impedírselo porque con el tiempo ha llegado a entender la locura de sus pretensiones. Durante esta discusión, el abuelo termina rodando por las escaleras y muriendo de forma accidental. Nancy asiste a la discusión, en la que hablan abiertamente del ritual que pretenden hacer con ella, pero ni siquiera esto la hace reaccionar, tan sometida que está ya a la influencia de Wilbur.

Este regresa a Arkham para robar el Necronomicón, que necesita para su ritual. Un guardia de seguridad le sorprende y Wilbur lo mata para llevarse el libro. Cuando Armitage descubre el robo, une al fin todos los puntos y comprende lo que va a ocurrir. En ese momento, Wilbur se está preparando ya para realizar el ritual y abrir un portal para que los Antiguos vuelvan a tomar posesión de la Tierra. Armitage reúne rápidamente a un grupo de jugadores 🎲🎲📝 una partida de linchamiento formada por la gente del lugar, para tratar de impedir el ritual.

La invocación de Wilbur cuenta con un elemento del que su bisabuelo no pudo disponer: su propio hermano mutante, que acude a la colina donde se está llevando a cabo la invocación para llamar a los Antiguos en su propio lenguaje. Debido a las limitaciones de los efectos especiales del momento, no se nos muestra en ningún momento una imagen clara de la criatura. Vemos cómo esta echa abajo la puerta de la buhardilla y cómo esto provoca que la mansión de Wilbur se incendie. De camino al lugar de la invocación, la criatura va acabando con todos aquellos lugareños con los que se encuentra. De hecho, es siguiendo su rastro de destrucción como Armitage y su grupo dan con Wilbur cuando este se encuentra ya en el punto álgido de su invocación.

En el relato de Lovecraft se lo describía como un ser grande como un granero, como una mezcla de pulpo y ciempiés cubierto de ojos, bocas y tentáculos, coronado por una cabeza humana gigantesca y en cierto modo bella en la que se adivinaban los rasgos propios de su familia. Aquí lo vemos como una secuencia de imágenes confusas y luces. Aun así se consigue transmitir la sensación de que es algo enorme, que de hecho va creciendo sin parar desde el mismo momento en que abandona la buhardilla. Cada vez que vemos a uno de los linchadores disparar contra él, este apunta más hacia arriba que hacia donde apuntaba el anterior. Todas las secuencias de aparición de la criatura están acompañadas por un latido de corazón que suena tan fuerte que llena el aire como el tronar de una máquina imparable, como si el latido del corazón de la criatura se escuchara a kilómetros de distancia.

El combate final es un duelo de voluntades entre Wilbur y Armitage, en el que el primero pronuncia un hechizo para invocar a su verdadero padre a este mundo y Armitage pronuncia una palabra que parece contrarrestar este hechizo, dándose a entender que él también tiene conocimientos de magia ancestral que ha mantenido ocultos hasta ese momento.

Finalmente, Armitage se impone, la invocación falla, Wilbur estalla en llamas y se precipita por un acantilado mientras tenemos una fugaz visión de aquello a lo que pretendía invocar, que aparece un segundo en el cielo e inmediatamente se desvanece. No llega a asentarse en nuestro mundo, sino que se lleva con él a su otro hijo, la criatura deforme de la buhardilla.

Armitage rescata a Nancy del altar en el que estaba colocada, sumida en un trance, y se la lleva con él. Aparentemente todo ha terminado, salvo por un detalle.... Seguimos oyendo el latido del corazón que oíamos antes, solo que ahora la imagen va aproximándose a Nancy y centrándose en su vientre, dándonos a entender que está embarazada de Wilbur y que, por tanto, pasado algún tiempo, un nuevo horror será desatado sobre el mundo.

Como adaptación de Lovecraft, la película tiene muchas limitaciones. Lo que hizo especiales las historias de este autor fue precisamente que describía seres que mente humana era incapaz de entender del todo, pero el cine sí necesita mostrar imágenes concretas. Teniendo en cuenta los medios de la época, la película hace un esfuerzo notable por transmitir la idea de que el hermano deforme de Wilbur, y el ser que se presenta a recogerlo, son tan ajenos a las leyes naturales de nuestro universo que ni tan solo pueden ser correctamente interpretados por nuestros ojos. 

Puedes ver otra película basada en la obra de Lovecraft pulsando aquí.

The Dunwich Horror. 1970. Curtis Hanson, Henry Rosenbaum, Ronald Silkosky (guion) Daniel Haller (director) Dean Stockwell, Ed Begley (actores principales) Sandra Dee, Donna Baccala (actrices principles). Alta Vista Productions. 

domingo, 25 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 25) ¡Reflejo mortal!

  Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Comenzamos el segundo tomo de los quince que componen la totalidad de las Historias de la Cripta como conjunto, contando también como tales las de La Bóveda del Horror y La Guarida del Miedo! ¡Extra! ¡Extra!

La primera historia de este segundo tomo es ¡Reflejo mortal!, otro de esos relatos en los que se nos identifica con el protagonista, que en este caso se llama Al. Como el texto está todo el rato refiriéndose a Al como si fuera el propio lector, aquí vamos a hacer lo mismo.

En esta historia estamos conduciendo en medio de una larga e interminable carretera junto con nuestro amigo Carl. Llevamos muchas horas al volante y aún nos quedan un par más para llegar a casa. Cansados, detenemos el vehículo para que Carl tome el volante y poder echar una siesta. Se nos dice incluso que nos ponemos los guantes porque tenemos las manos frías, lo cual será un detalle importante más adelante.

Lo siguiente que sabemos es que despertamos repentinamente cuando oímos gritar a Carl. Abrimos los ojos únicamente para que la luz de los faros de un coche que se nos viene encima nos los cieguen. Se produce un choque frontal, perdemos el sentido y, cuando despertamos, estamos tirados en la carretera. Nos levantamos, pero no hay ni rastro del accidente; no hay cristales rotos, manchas de aceite, nada que indique que acabamos de tener un accidente justo ahí.

Lo que sí que hay es un olor fétido extremo a nuestro alrededor, cuyo origen no podemos identificar. Alzamos una mano para detener a un coche que se acerca por la carretera, pero en cuanto sus faros nos iluminan, vemos al conductor poner cara de pánico y acelerar, alejándose. Lo mismo nos ocurre con un mendigo que encontramos debajo de un puente, que huye al vernos, y con una mujer que también pasa con un coche. Esta se detiene al vernos por si necesitamos algo, pero en cuanto nos acercamos al coche, se desmaya.

¡Hay algo decididamente mal en todo esto! Encontramos un periódico en el suelo que, si la fecha es correcta, nos indica que estamos dos meses más tarde del día en que tuvo lugar el accidente. Al llegar a nuestra casa conduciendo el coche de la señora desmayada (a la que hemos pasado a los asientos de atrás) la encontramos clausurada y con una nota indicando que ahora pertenece al banco.

Deambulamos, de nuevo a pie, por calles casi vacías, encontrándonos con otro hombre que también huye al vernos, hasta que finalmente llegamos a casa de Carl. Llamamos a su puerta y este nos abre con una expresión neutra. 

Nos mira como si no nos conociera y, cuando le recordamos quién somos, se limita a observarnos sin expresión y decir que no nos cree. Nos cuenta que hace dos meses él tuvo un accidente de tráfico en el que su amigo Al murió y él quedó ciego. ¡Por eso sus ojos no tienen expresión! …¿y quizá por eso no ha gritado al vernos, como todos los demás?  

Nos miramos en un espejo de la casa de Carl y vemos un rostro descarnado y putrefacto. El hedor a carne podrida que notamos en cuanto nos despertamos en la carretera y que nos ha estado acompañando todo el tiempo, en realidad emanaba de nuestro cadáver andante. Y el hecho de que llevábamos los guantes puestos nos ha impedido ver que nuestras manos estaban podridas bajo estos.

En ese momento nos despertamos de nuevo y seguimos en el coche que está conduciendo Carl. Nos ha oído gritar y nos ha sacudido para despertarnos, cosa que, por cierto, nunca hay que hacer. Si se despierta a una persona en medio de una pesadilla no se da tiempo al cerebro para gestionarla como tal y se aumentan las posibilidades de que esta deje un recuerdo desagradable persistente. Pero bueno, eso es otro tema.

El caso es que Carl nos zarandea al pensar que tenemos una pesadilla. Nos despertamos de nuevo dentro del coche, de nuevo a un par de horas de casa… y de nuevo frente a los cegadores faros de otro coche que se estrella con el nuestro de frente, y todo vuelve a empezar, como si estuviésemos atrapados en un bucle eterno.

He de decir que nunca me han gustado estas historias que terminan exactamente como empezaron o que terminan en un bucle, sin ninguna explicación. Lo que me dicen estos finales es que los autores no supieron cómo terminar su propia historia. Son una variante del «todo era un sueño».

La sensación de desconcierto está muy bien: los restos del accidente desaparecidos, la gente que huye aterrorizada al vernos, el salto temporal de dos meses, la casa embargada, el amigo ciego... Son elementos que se van acumulando y mantienen el interés. Además, el detalle de los guantes es un buen ejemplo de pista sembrada desde el principio que cobra sentido después, porque de no llevarlos, habríamos sabido la verdad tan pronto nos hubiésemos mirado las manos. De hecho, si la historia hubiera terminado cuando descubrimos que estamos muertos, habría quedado mejor. El bucle temporal aquí no aporta ni explica nada.

Puedes ver la siguiente historia pulsando aquí o entrar tú mismo en un bucle temporal y volver a esta misma página pulsando aquí... espera ¿que?🤔

Reflection of Death! 1951. Guion de Bill Gaines y Al Feldstein. Dibujo de Al Feldstein. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.

SOS (nº 48, segunda etapa) La Piedra Filosofal y otras historias

  EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores. 

Tenemos aquí otro número de la revista SOS, del cual ya vimos uno hace poco. Este es diferente porque consta únicamente de treinta y cuatro páginas repartidas en cinco historias, mientras que el que vimos anteriormente constaba de ochenta y cuatro páginas repartidas en once historias. Esto se debe a que el primero que vimos, el más largo, pertenece a la primera etapa de la revista, publicada alrededor de 1976. 

Este otro número es de una segunda etapa, publicada ya entrados los 80, donde, debido al incremento del coste del papel y la distribución, que debía llegar a muchos más puestos de venta, se redujo el volumen para abaratar costes. Y, pese a ello, se vendía por 50 pesetas, mientras que los de la primera etapa tenían un coste de 30. Las historias que encontramos en este otro número son las siguientes.

La Piedra Filosofal (sin acreditar). Estamos en la Edad Media. En un gran castillo, un brujo trabaja frenéticamente vertiendo mejunjes en un caldero mientras consulta grandes y pesados tomos. Su tobillo está encadenado a la pared por una cadena lo suficientemente larga para alcanzar los libros, los ingredientes y el caldero, pero no puede ir más allá de todo esto. Cerca de él, pero fuera de su alcance, hay un hombre y una mujer jóvenes, sus hijos, que están también encadenados al muro para que le sirvan como estímulo a la hora de esforzarse y trabajar más. Todos ellos son prisioneros del Duque, dueño del castillo y la región, que exige al brujo que encuentre la fórmula de la Piedra Filosofal, que concede la capacidad de fabricar oro y suero de la inmortalidad.

El brujo se esfuerza todo lo que puede, aun sabiendo que lo que pretende el Duque de él es imposible. Pero debe intentarlo porque cada nuevo fracaso viene acompañado de una sesión de tortura para sus hijos. 

Tras otra tentativa fallida, el Duque monta en cólera y manda flagelar a sus hijos delante de él. Cada uno recibe cien latigazos, aunque pierden la conciencia mucho antes de recibirlos todos. El Duque ordena que se los lleven para curarlos, porque quiere mantenerlos vivos y seguir torturándolos una y otra vez delante de su padre para presionarlo. Sin embargo, este último castigo ha sido extremo y ambos mueren. El Duque opta por no decirle nada al brujo y hacerle creer que los están atendiendo todavía y que debe seguir trabajando mientras ellos se reponen.

Sin embargo, el brujo sabe que sus hijos han muerto. Su instinto se lo dice. La forma en que se llevaron sus cuerpos inertes de su presencia se lo dice. Así que recurre a algo a lo que nunca antes se había atrevido. Entre sus libros de ciencia y de química hay uno de verdadera magia negra de invocación demoníaca. Lo prepara todo para invocar a Satanás en una de sus muchas formas y nombres, y le indica al Duque que él debe estar presente porque, como parte de la fórmula, debe arrojarse al caldero una pieza de oro auténtica de la persona que recibirá toda la riqueza, para así mostrarle al demonio qué es lo que se quiere de él.

El Duque acepta y el alquimista lanza al caldero una cadenita de oro que le entrega el Duque. Casi al instante algo brota del caldero, no la Piedra Filosofal, sino un demonio. U no que no viene a cumplir deseos, sino a acabar con aquellos que han osado molestarle. Agarra tanto al Duque como al brujo y los sumerge en su caldero mientras de este brotan unas llamas multicolores que se extienden rápidamente por todo el castillo como si tuvieran conciencia propia, convirtiéndolo en una pila funeraria gigantesca para todos sus habitantes.

Entre sus ruinas ya frías y ennegrecidas por el fuego quedan en pie únicamente dos estatuas de oro macizo, que es en lo que han sido convertidos el Duque y el alquimista.

Hechizo de bruja (guion sin acreditar. Dibujo de F. Mascaros). Seguimos en la Edad Media para esta segunda historia. Nuestro protagonista es Otto, que ha tenido la desgracia de nacer gravemente deformado. Es comparativamente feo, con una pronunciada joroba, y cojea al andar. Sin embargo, tras esta fachada, por dentro es un hombre como cualquier otro y se ha enamorado de una bella muchacha, que además pertenece a una familia rica, mientras que él es pobre.

Demostrando un valor y una confianza en sí mismo que pocos tendrían dadas las circunstancias, se acerca hasta la casa de la joven para declararle su amor, pero esta lo rechaza entre risas. No podemos reprocharle a ella que lo rechace, puesto que cada cual es libre de entregar su amor a quien le parezca, pero que se burle de él es algo diferente.

Otto, desesperado, acude a la guarida de Gontroda, la bruja, para hacerle una petición. Quiere que le dé otra cara, una cara joven, atractiva; quiere ser guapo, lo suficiente para al menos tener la posibilidad de que su anhelada dama se fije en él. Este es también un deseo legítimo, pero Otto comete el error de formularlo de forma apresurada. Siempre hay que tener cuidado con lo que deseas, porque corres el riesgo de que se te conceda tal y como lo has pedido.

La bruja le prepara una poción y le indica que se la tome y espere toda la noche mientras esta tiene efecto. Otto así lo hace: regresa a su humilde casita, bebe la poción, se acuesta a dormir y, cuando se levanta y se mira al espejo, descubre que su rostro es ahora joven y bello. Pero al mismo tiempo siente una extraña sensación en la nuca. Se lleva las manos allí y, al tacto, descubre la verdad. La poción de la bruja cumplió su deseo de forma literal. Le dio otra cara... No cambió la que ya tenía por otra, sino que le dio otra adicional a la suya, que ahora está en la parte posterior de su cabeza, convirtiéndolo en un engendro con dos rostros compartiendo una misma testa.

Esta es una de esas historias en las que el personaje no es castigado por su maldad, sino por su ingenuidad. Su deseo es comprensible. El horror nace de la literalidad con la que la bruja interpreta su petición formulada a la ligera. Tened esto en cuenta (la literalidad de lo solicitado) la próxima vez que firméis un contrato. Porque firmar un  contrato, a fin de cuentas, es como pedir un deseo: te ata a la consecuencias de aquello que pides/firmas. Y puede que ni lo que estés pidiendo sea realmente lo que pensabas que era.

Vudú gitano (sin acreditar). En los bosques húngaros de Szolnok, el gallardo Kosog declara su amor a la bella Silvania. Esta podría ser una bonita historia de amor, porque es correspondido, si no fuera porque Kosog es un conde. Pertenece a la nobleza y al ejército, mientras que Silvania es una gitana. Ella no puede casarse con quien su corazón le dicte, sino con quien su clan ordene. Si Silvania trata de desobedecer a su clan, le espera la muerte.

Kosog le propone huir juntos y ella está a punto de aceptar cuando aparece Kaplof, un gitano del clan que, cuchillo en mano, salta sobre Kosog casi sin mediar palabra. El combate es breve. El conde empuña su sable y decapita de un solo golpe al gitano. La cabeza rueda por el suelo al tiempo que el cuerpo se derrumba. 

Los amantes suben al caballo del conde y huyen del lugar. Mientras tanto, la bruja del clan de los gitanos encuentra la cabeza de Kaplof, que era su hijo, y lanza una maldición sobre su asesino.

El conde llega hasta la morada de un conocido que los acoge sin preguntar siquiera en el lío en que están metidos. Les sirven algo de comer, pero en cuanto la mujer de su amigo destapa la bandeja con lo que les ha preparado, en lugar de comida bajo esta está la cabeza cortada. El conde la agarra y la lanza rápidamente por la ventana, empuñando a continuación su espada, tal como lo hace su amigo. Ambos se preparan para un ataque, pero este no llega, al menos no de la forma que esperaban. Al oír los llantos de la mujer de su amigo y volverse hacia esta, ven que está junto al cadáver de la joven Silvania, que ha muerto de espanto al ver la cabeza.

Kosog y su amigo entierran a la joven y luego el conde parte de regreso a su palacio. Ordena a sus hombres capturar a la bruja del clan de los gitanos para ajusticiarla. Aquí ocurre algo que hace que la buena imagen que teníamos hasta este momento del conde se tuerza bastante, puesto que aprovecha su visita al palacio para ver a su esposa. ¡Efectivamente, el conde está casado! Y, pese a ello, estaba poniéndose romántico con otra mujer.

Cuando entra en la habitación de su esposa, ve que esta acuna contra su pecho un fardo de trapos que sugiere un bebé. Por la forma en que reacciona el conde está claro que no esperaba verla con un hijo. Agarra el fardo y tira de él, pero lo que cae de este no es un bebé, sino de nuevo la cabeza cortada del gitano, que esta vez está viva y ríe salvajemente. Un ruido a su espalda hace que se dé la vuelta, solo para encontrar el cuerpo decapitado de Kaplof, que avanza hacia él tambaleándose con un cuchillo en la mano. Al retroceder aterrado por la horrenda visión, el conde choca de espaldas contra el marco de una ventana, se precipita desde esta, a varios pisos de altura, y se mata al chocar contra el suelo.

Lo que más me llama la atención de esta es que nos cambia la percepción del protagonista cerca del final. Al principio el conde parece un héroe romántico enfrentado a la intransigencia del clan gitano, pero cuando descubrimos que está casado deja de ser un personaje tan noble como parecía. Silvania, que lo único malo que ha hecho ha sido estar en medio de todo, termina muerta como daño colateral, traicionada tanto por su supuesto enamorado (que ya estaba casado) como por su familia (que se la reservaba como un recurso del que poder disponer cuando quisiera). Supongo que la moraleja es que cuando dos personas estén exigiéndote cosas completamente contradictorias, lo mejor que puedes hacer es quitarte de en medio e ignorar a ambos. La historia, además, aparece sin acreditar, pero el estilo es el que tenía Manuel Gago en los 80. 

Pánico (guion sin acreditar. Dibujo de Enrique Cerdán). Esta es una historia de corte cómico similar a la que vimos en el otro número ya comentado. Es del mismo dibujante, y de hecho, la protagonista podría ser incluso la misma joven que en esa otra historia. 

Esta vez está saliendo de un cine junto a una amiga. Acaban de ver una película de terror y están ya predispuestas a asustarse casi por cualquier cosa. El maullido de un gato que salta delante de ellas, persiguiendo una rata, las hace gritar de pánico. A continuación, ven una sombra tras ellas y piensan que alguien las está siguiendo. Empiezan a huir de esa sombra, apenas entrevista, que dan por sentado que las sigue. Intentan llamar desde una cabina telefónica que está estropeada y, escapando de ese supuesto perseguidor, se meten al azar en un callejón que resulta no tener salida.

La figura se acerca a ellas. Las dos mujeres se abrazan y chillan aterradas, pero cuando el hombre llega hasta ellas, no es más que un anciano que no las estaba siguiendo, sino únicamente yendo hacia el portal de su casa, que se encuentra en ese mismo callejón. Y las dos amigas se quedan perplejas mirándolo mientras este se queja de lo exagerada y escandalosa que es la juventud.

Sugestión (Guion sin acreditar. Dibujo de Mateu). En una gran y vieja mansión familiar viven dos hermanas. Katie, la menor, insiste en que hay algo sobrenatural en el lugar. Que pasan cosas raras y se escuchan ruidos tras las paredes. La mayor, Vera, en cambio, no ha oído estos sonidos ni visto nada extraño y le insiste a su hermana en que lo que necesita es ir al neurólogo o dormir más.

Empezamos a darnos cuenta de que hay algo realmente mal en todo este asunto en una viñeta que nos muestra cómo Katie está levitando claramente sobre su cama y que Vera, delante de ella, no parece ver nada extraño en el asunto. ¿Entonces sí que ocurre algo sobrenatural en la casona y no es que Katie se lo imagine, sino que algo impide a Vera darse cuenta de ello?

Lo que hace Vera, que todavía piensa que su hermana está loca o en camino de estarlo, es llamar a un doctor llamado Odnell. Este se ocupa del caso y recurre a la hipnosis para que Katie le explique lo que pasa por su cabeza. Katie, sumida en el trance, le habla de recuerdos de su infancia, de cómo su madre lanzaba al aire alegremente un cachorrito de perro o de gato, y lo volvía a atrapar cada vez, y que ella fantaseaba con ser ese cachorro. Sin embargo, sus fantasías empiezan a ser cada vez más extrañas. Dice qué desearía convertirse en una serpiente para arrancarle la cabeza a Vera y guardarla en una jarra.

El doctor termina la sesión y deja a Katie descansando. Poco después, Vera la oye gritar y acude a su lado, presenciando una extraña transformación. El rostro de Katie se está cubriendo de escamas, sus dientes se alargan y su lengua se vuelve bífida. Se está convirtiendo físicamente en una mujer serpiente, y Vera sale huyendo despavorida.

A la mañana siguiente, el doctor acude de nuevo a la casa, encontrando a Katie tranquilamente dormida en su cama, sin ninguna escama ni otro rastro de transformación. Le receta una infusión de hierbas para calmarla y se marcha de nuevo. Vera, ya realmente aterrada, prepara la infusión que le indicó el médico y se la administra a cucharadas a su hermana, que apenas está consciente. Sin embargo, el efecto de la infusión en ella no es el esperado. Su cuerpo se cubre ahora de pelo y adopta un aspecto simiesco. Transformada en una mujer mono, se lanza a perseguir a Vera por la casa empuñando un cuchillo y acaba con ella.

El final de la historia nos lo da el propio doctor contándonos hechos pasados. Todo lo ocurrido es algo que orquestó él en persona. Él sabía que la madre de ambas mujeres había muerto envenenada, quizá porque él mismo se ocupó de hacer la autopsia. Queriendo averiguar cuál de las dos era la responsable o si lo eran ambas, se coló en su casa (de la cual probablemente tenía una copia de la llave entregada por la madre por ser su médico personal) y fue quien se ocupó de hacer los ruidos tras las paredes cuando solamente Katie, la más sugestionable de ambas, podía oírlos.

Cuando acudió a hacer la consulta formal y se quedó a solas con ella, utilizó la hipnosis para hacerla confesar que fue Vera quien mató a la madre de ambas para que pudieran heredar antes de hora la casa y la fortuna de esta. De hecho, Vera también habló aparte con el doctor para pedirle una forma de librarse de Katie y así quedarse ella con toda la herencia. El doctor pensó que lo mejor era que, viendo el carácter de las hermanas, despojarlas a ambas de todo. Utilizó la sesión de hipnosis para que Katie le firmara unos documentos en los que lo nombraba a él heredero de todos sus bienes si ella moría. A continuación, la sugestionó para que matara a su hermana y que así todo pasara a ella. Finalmente nos dice que cualquier día de estos (puesto que mantiene su control mental sobre Katie) le ordenará que salte por una ventana alta, para que de este modo su muerte parezca un suicidio y todo quede en sus manos.

Esta juega mucho al engaño, pero también deja muchos cabos sueltos. La levitación de Katie que su hermana no parece ver no se nos explica, y podría reflejar únicamente que Katie siente que está levitando cuando realmente está tumbada en la cama. Las transformaciones en mujer serpiente y mujer mono tampoco tienen sentido a no ser que en algún momento el doctor también sugestionara a Vera sin que ella fuese consciente de ello. Aún así lo encuentro la más original de todas.

Finalmente, el cómic incluye un par de páginas de chistes breves en la parte interior de la portada y contraportada. En este caso son chistes sobre travestismo y obesidad femenina que a día de hoy no podrían publicarse de ningún modo. Antiguamente, humor se podía hacer a costa de todo, y precisamente por eso nadie se lo lo tomaba mal, porque había una paridad incluso en eso. Hoy en día la censura social no permite que se haga humor a costa de unos colectivos pero no pasa nada si se hace a costa de otros, lo cual, se mire como se mire, es un retroceso en lugar de un progreso.

Puedes ver otro número de esta colección pulsando aquí. 

SOS nº 48, segunda etapa. 1983. Varios autores. Portada sin acreditar. Editorial Valenciana. 

sábado, 24 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 24) La maldición del clan Arnold

 Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra!  ¡No se pierda la fiesta de fin de año que está preparando el clan Arnold! ¡La diversión está garantizada! ¡La muerte solo es probable! ¿...o era al revés? ¡Extra! ¡Extra!


Esta es la primera historia que presentó el Guardián de la Bóveda de los Horrores. Era físicamente muy parecido al Guardián de la Cripta; ambos eran ancianos demacrados, con cabellos blancos y expresión sádica. Como el comic tenía varios ilustradores y cada uno los dibujaba con su propio estilo, estos optaron por hacer que se diferenciaran uno del otro en que el Guardián de la Cripta siempre tuviese la cabeza descubierta y que el Guardián de la Bóveda llevase una capucha echada sobre el cráneo.

Antes de pasar a relatar su historia, el Guardián de la Bóveda nos indica que el motivo por el que está en la revista del Guardián de la Cripta, es porque ha hecho un trato con él y que, a cambio, el Guardián de la Cripta hará de anfitrión en la revista de la Bóveda de los Horrores, presentando una de las cuatro historias. Este tipo de referencias, en las que los diversos anfitriones hablaban unos de otros como si coexistieran en una misma realidad, es algo que también se volvió habitual con el paso del tiempo.

La historia comienza en fin de año, el treinta y uno de diciembre de 1950. El protagonista es Robert, que junto a su mujer Eve están preparándose para ir a una fiesta de disfraces familiar a medianoche para celebrar el año nuevo. Por desgracia, Robert, que es bastante despistado, ha olvidado pasar a recoger su disfraz y la tienda ya debe estar cerrada.

Recordando que en la buhardilla tienen un baúl con objetos de sus padres y abuelos, sube en busca de alguna ropa antigua que poder hacer pasar por un disfraz. Allí encuentra, efectivamente, ropas de época de al menos un siglo atrás y, bajo estas, un libro manuscrito titulado "La maldición del clan Arnold", que habla sobre su familia. Al hojearlo descubre que, en 1750, su antepasado Jeremiah Arnold murió dejando su herencia dividida a partes iguales entre sus dos hijos. El hijo mayor, Jason, decidió que por ser el mayor le correspondía todo, así que asesinó a su hermano pequeño (se llama Jason y nos sale asesino😅) para ser el único heredero, y enterró su cuerpo en la nieve.

Sin embargo, estando este ya totalmente enterrado, una voz surgió del suelo anunciando a Jason que el linaje de los Arnold había quedado maldito por lo que había hecho; que cada cincuenta años, a partir de ese momento, el primogénito de mayor edad de cualquier descendiente de un Arnold moriría enterrado vivo.

Aterrado, Jason regresa a su casa. Algún tiempo después, con el deshielo, el cadáver de su hermano es encontrado, pero no es posible achacarle el asesinato a él. El propio Jason se encarga de que sea enterrado en el nicho familiar, pensando que honrándolo así podrá de algún modo esquivar la maldición, pero no. Durante los siguientes cincuenta años, Jason Arnold dilapida su mal ganada fortuna. Pero el día exacto en que ha de cumplirse la maldición, la mansión en la que se encuentra se viene abajo y él queda enterrado vivo bajo los escombros.

Sin embargo, Jason tuvo ocasión de tener hijos, que tuvieron a su vez otros hijos. Cincuenta años después, el primogénito de mayor edad del clan Arnold está cazando en el bosque y se hunde en unas arenas movedizas, con lo que igualmente queda enterrado vivo. Cincuenta años después, otro Arnold queda sepultado vivo al derrumbarse una mina de carbón en la que trabajaba.

Robert echa cuentas y llega a la conclusión de que la siguiente muerte tiene que producirse esa misma noche y que el primogénito de mayor edad de la familia Arnold que hay vivo en ese momento es él. Pero no le da importancia. Lo achaca todo a casualidades y supersticiones. Toma la ropa que había venido a buscar y acude con su mujer al baile de disfraces de fin de año. El baile incluye una gincana. Cada uno de los invitados toma un papelito de una urna que indica lo que debe encontrar y llevar hasta el anfitrión antes que los demás para ser declarado ganador. A Robert le toca encontrar un chifle (silbato náutico) y un mosquete, y recuerda que el hermano de Jason fue enterrado con estos objetos, tal como se indicaba en el diario.

No tiene una idea mejor que conducir hasta el cementerio local, entrar en la cripta de su antepasado, y profanar el ataúd (¡nunca hagáis esto sin la supervisión de un adulto, chicos!) para apoderarse del mosquete y el chifle. Él mismo se mete en el ataúd (en el que ya solo quedan huesos y polvo) y cierra la tapa para no ser descubierto por el vigilante nocturno cuando este hace su ronda. 

Pero, en cuanto el vigilante se aleja y Robert trata de volver a salir, comprueba que la tapa se ha atascado y no es capaz de abrirla. Está encerrado en el ataúd y el vigilante nocturno, que ya se ha alejado, no oye sus gritos. Con esto, la maldición del clan Arnold se cumple una vez más y Robert muere enterrado vivo... por sí mismo.

Lo interesante de esta historia es que podría no haber una maldición después de todo. Una vieja mansión que se derrumba, una accidente de caza, una mina que colapsa… son cosas perfectamente naturales, y las fechas de las muertes podrían no ser exactas. En cierto modo, la maldición se cumple precisamente porque Robert no cree en ella y no toma ningún tipo de precaución al respecto.

Y con el fin de Robert, finaliza también el primer tomo recopilatorio de Historias de la cripta. Mañana comenzaremos con el segundo. Nuestra intención original era reseñar una de estas historias en cada noche de Halloween, pero hemos calculado que eso nos llevará unos diez años, así que iremos adelantando historias sueltas como publicación extra en algunos días adecuados fuera de fechas de Halloween.  

Puedes dar inicio al segundo tomo de Historias de la Cripta pulsando aquí.

The curse of ther Arnold Clan! 1951. Guion y dibujo de Johnny Craig. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.