MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

viernes, 9 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 9) El barco fantasma

  Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Una pareja nos da sus impresiones después de haber navegado a bordo de un barco fantasma! ¡Dicen que el servicio y el cáterin fue pésimo, pero al menos no les cobraron el pasaje! ¡Extra! ¡Extra!


Don y Carol son una pareja de recién casados que han tenido la brillante idea de iniciar su luna de miel sobrevolando el Triángulo de las Bermudas con una avioneta. Supongo que hay lugares peores a los que ir. Ellos han elegido este, que consideran especialmente bonito y romántico.

Misteriosamente, su avioneta comienza a fallar y se precipita contra la procelosa mar océana. Tienen tiempo de hinchar el bote salvavidas y alejarse de la avioneta, que se hunde rápidamente. Su situación, perdidos en medio del mar y sin haber podido dar su posición por radio a nadie para que venga a rescatarles, parece poco halagüeña, hasta que dos días después ven un barco emerger de la niebla cerca de ellos.

Es un barco bastante extraño, de madera, como un galeón surgido de siglos pasados. Las velas están destrozadas, no se ve a nadie sobre cubierta, incluso tiene abiertas las portillas de los cañones, como si se estuviese preparando para un combate naval. Tiene todo el aspecto de estar abandonado, pero de uno de los ventanales sale una pequeña luz, así que deciden subir a bordo de este, aprovechando una escala de mano que cuelga de un costado.

Lo primero que encuentran al subir a cubierta es un esqueleto amarrado al timón. Hay otro colgando de un mástil. La única luz a bordo es la que proviene de un pequeño ventanuco que da a una habitación interior. Al asomarse a este ventanuco, ven a una figura encapuchada, inclinada sobre un libro que parece estar leyendo. Bajan hasta ese camarote y, al abrir la puerta, este resulta estar vacío. El libro continúa allí, sobre la mesa. Lo examinan y resulta ser el diario de a bordo, cuya última anotación está fechada como el seis de enero de 1854.

Pasan unas cuantas páginas hacia atrás para ver lo que le ocurrió al barco en sus últimos días, y descubren que la tripulación se dedicaba a la piratería al mando de su capitán, Henry Dragoon. El capitán indica en una de sus anotaciones de finales de octubre que teme que se esté organizando un motín por parte de uno de sus hombres. Anotaciones posteriores hablan de la muerte y el asesinato de oficiales, y la letra cambia. A partir de ahí, quien firma ahora las anotaciones es un tal Groggins, que afirma haber acabado con el capitán Dragoon, haciéndole andar por la plancha y lanzándolo al mar.

Groggins se enfrenta rápidamente a los mismos problemas que su predecesor. El botín que estos esperaban encontrar en el camarote del capitán no aparece por ningún lado y el nuevo capitán amotinado empieza a temer él mismo un motín. Para mediados de noviembre el cuerpo de Groggins cuelga ya del mástil (ese debía ser el esqueleto que vieron), y quien pasa a firmar las anotaciones en la bitácora del capitán es Bates. Poco después, el barco queda atrapado en el mar de los Sargazos. Muchos de los tripulantes desertan en las chalupas, marchándose con la mayor parte de los víveres y el agua que quedan. Bates se ve rápidamente con solo un puñado de hombres y sin apenas provisiones.

Las anotaciones siguientes hablan de suicidios y de cómo una vía de agua se abre en la bodega y el barco comienza a hundirse. En la penúltima anotación Bates indica que va a hacerse a la mar en el único bote que queda antes de que el barco, en el que ya está solo, se hunda por completo. Sin embargo, tras esta anotación hay otra más, de nuevo con la letra del capitán Dragoon, en la que este afirma haber recuperado el control del barco y piensa mantenerlo eternamente. Tras esto, solo hay páginas en blanco.

En ese momento, oyen la fuerte sirena de niebla de un buque petrolero moderno y suben corriendo a cubierta, a tiempo de ver cómo este pasa a través del casco del galeón, como si este no existiera, como si fuera una mera ilusión pese a que bajo sus pies es totalmente sólido. 

Nadie del petrolero parece verlos hasta que regresan al pequeño bote que han dejado amarrado a la escala de mano que colgaba del galeón. Aparentemente, en cuanto el bote se separa del galeón vuelven a ser visibles en la realidad en la que vive la dotación del petrolero, como si todo el tiempo que han estado a bordo del galeón hubiesen estado en otro lugar ajeno al mundo real. Son recogidos por los tripulantes del petrolero y le cuentan lo ocurrido al capitán, que lo achaca todo al shock por el accidente, al miedo y la sed.

Y así termina una de las pocas Historias de la Cripta en las que el o los protagonistas no acaban mal. Aquí todos los que mueren lo hicieron hace mucho tiempo y algunos, al parecer, no lo hicieron del todo. Es una historia de fantasmas curiosa en la que incluso el propio barco es un fantasma. Tiene una buena atmósfera de relato marítimo: la niebla, el galeón abandonado, los esqueletos, el diario de a bordo, los motines sucesivos, el mar de los Sargazos… como marinero que fui durante veintitrés años, debo decir que la idea de un barco que sigue navegando siglo y medio después de haberse hundido, parcialmente desconectado de la realidad, tiene algo genuinamente poético.

Podéis repasar las Historias de la Cripta desde la primera pulsando aquí.

Ghost ship. 1950. Guion y dibujo de Al Feldstein. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.

EL HOMBRE DE LA ARENA

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, somnolientos lectores.

El Hombre de la Arena es, junto con El cascanueces y el rey de los ratones, la obra más conocida del escritor, compositor, dibujante y jurista alemán E. T. A. Hoffmann. 

Es un relato epistolar basado en la leyenda de Der Sandmann, un personaje mítico que cada noche lanzaba una pizca de polvos mágicos en los ojos de la gente para hacer que se durmieran. Esta era la explicación que se daba a los niños para justificarles que cuando tenían sueño les picaran los ojos, como si les hubiese entrado arena en ellos, o que en ocasiones, al despertar, tuvieran legañas, que se suponía eran los restos de esa arena.

No hay apenas referencias escritas a Der Sandmann antes de la obra de Hoffmann. Se sabe que él no inventó el personaje (en el que se basan también desde el Ole Cierraojos de Andersen al The Sandman de Gaiman), pero sí popularizó enormemente esta creencia infantil y la convirtió en algo realmente inquietante.

La historia es la de Natanael, un joven que, siendo niño, se obsesionó hasta niveles enfermizos con la leyenda de Der Sandmann. Todas las noches, a una hora determinada, su madre lo acostaba a dormir y, poco después, él escuchaba pasos en la vieja escalera de madera y una voz extraña dentro de la casa cuyas palabras no llegaba a distinguir. Al preguntar por ello, su madre le contaba que esos pasos y murmullos eran los de El Hombre de la Arena, que acudía a comprobar que ya se hubiese acostado. Para apremiar a Natanael a hacerlo sin rechistar, la mujer creó una versión más terrorífica de este mito, según la cual los polvos mágicos que arrojaba a los ojos de los niños que encontraba despiertos lo que hacían era irritárselos hasta que se les salían de las órbitas. Entonces los arrancaba y se los llevaba a su nido, en la Luna, donde sus hijos, en forma de polluelos monstruosos, los picoteaban hasta devorarlos. Hay un momento en el que su madre le admite que la historia es falsa, pero el mal ya está hecho. La idea de un ser terrible que viene cada noche para tratar de arrancarle los ojos ya está afincada en su cabeza, y él sabe que es real porque oye los pasos y los murmullos.

Una noche decide levantarse de la cama y tratar de ver al Hombre de la Arena, descubriendo que es Coppelius, un amigo de su padre. Coppelius visita su casa también durante el día, de vez en cuando. Es una de esas personas a las que parece divertirles resultar desagradables a los demás y hacen todo lo posible para que la gente se sienta mal en su presencia. Manosea a Natanael y a sus hermanos aun sabiendo que esto les molesta, toquetea toda la comida, incluso lo que no se va a comer, y no cesa de hacer comentarios despreciativos e hirientes. En pocas palabras, un gilipollas integral. Por alguna razón que el pequeño Natanael no entiende pero tampoco se atreve a preguntar, Coppelius acude a su casa cada noche y se encierra con su padre en el estudio de este.

El haber descubierto que Coppelius es el responsable de esos pasos y murmullos nocturnos que él atribuía al Hombre de la Arena no hace que Natanael deje de creer en este. Al contrario, en su mente es perfectamente lógico que un individuo tan odioso como Coppelius sea el Hombre de la Arena. El haberlo visto en carne y hueso demuestra que la leyenda es real.

Una noche se escucha una explosión en la casa (Natanael lo describe como un cañonazo) y lo siguiente que sabe es que el estudio de su padre ha quedado destruido, este ha muerto y Coppelius ha huido. Al parecer, Coppelius y su padre trabajaban en alguna clase de fórmulas químicas y una de ellas estalló accidentalmente. Naturalmente, para Natanael, lo que ha ocurrido es que el Hombre de la Arena ha asesinado a su padre, frustrado por no haber podido arrancarle los ojos a él y a sus hermanos.

Los años pasan y Natanael abandona el hogar familiar para ir a la universidad. Conoce a una chica llamada Clara y se prometen, y todo parece ir bien. Incluso empieza a olvidarse de su antiguo trauma del Hombre de la Arena, hasta que un vendedor ambulante llama a su puerta. El aspecto de este hombre, y también su apellido, Coppola, le recuerda de inmediato al repelente Coppelius, y esto hace que sus antiguos miedos vuelvan a obsesionarle.

Además, Natanael comienza a observar a través de la ventana a una vecina de la casa de enfrente llamada Olimpia, hija de un científico llamado Spalanzani que vive frente a su alojamiento. Olimpia es una joven solitaria que apenas murmura un par de palabras. No muestra emociones y sus movimientos son siempre lentos y calculados, con una extraña rigidez, como si sufriera una leve parálisis. A pesar de ello, Natanael se enamora desesperadamente de ella.

La historia va dándole vueltas a estos hechos. Natanael intercambia cartas con sus familia y su prometida, aunque va distanciándose de esta a medida que su obsesión por Olimpia crece cada vez más. Llega a pedirle su mano al profesor Spalanzani y este se muestra gratamente de acuerdo, incluso encantado con que su hija tenga tal efecto en un joven apuesto y prometedor como es Natanael en ese momento. Sin embargo, la presencia de Coppola, que parece ser amigo del profesor o colaborar con él de algún modo, empieza a amargarle de nuevo la existencia, pues para Natanael Coppola es el propio Coppelius disfrazado que ha vuelto a su vida para controlarlo, vigilarlo y destruirlo.

El relato juega mucho con eso, porque una de las características de Hoffmann como escritor es que nunca deja claro lo que está ocurriendo, si los sucesos extraños que ocurren son sobrenaturales o fruto de la obsesión y la visión distorsionada del narrador. Por tanto, Coppola podría ser Coppelius, pero podría no serlo. Puede que todo esté en la mente de Natanael o puede que todo sea real. Lo único cierto para él es de que ama desesperadamente a la silenciosa, lánguida y casi impasible Olimpia y proyecta en ella todas las virtudes del mundo, del mismo modo que proyecta en Coppelius todos los males posibles. En las ocasiones que tiene de hablar con Olimpia ella apenas susurra que le ama, mientras mueve lentamente una mano y su rostro gira levemente como si su mirada estuviese perdida en un horizonte lejano imaginario. Pero para Nathanael esto es señal más que suficiente de que su futuro está en ella.

Un día tiene la desgracia de asistir a una pelea entre Spalanzani y Coppola en la que ambos parecen estar disputándose el cuerpo de Olimpia. Es entonces cuando descubre que Olimpia no es una mujer real, sino un autómata de extraordinaria perfección, una muñeca mecánica fabricada por Spalanzani como la obra cumbre de sus conocimientos de física, mecánica y relojería. Spalanzani se atribuye a él todo el mérito de la creación y esto es lo que ha despertado la ira de Coppola, que fue quien fabricó sus ojos y reclama parte del mérito. Durante esta discusión, el cuerpo de Olimpia se desarma y sus extremidades y piezas se desparraman por el suelo.

Esto destruye totalmente a Natanael, porque se da cuenta de que la persona por la que más amor había llegado a sentir en toda su vida no era más que una ilusión, un artificio, algo falso que nunca estuvo allí. El hecho de que Spalanzani aceptara la petición de mano de Natanael probablemente fue porque se sintió halagado de que su obra, esa muñeca mecánica que había fabricado, fuese tan realista que hubiese llegado al punto de engañar a alguien hasta hacerlo creer que se trataba de una persona real. Y el hecho de que Coppola fuera el fabricante de las lentes en forma de ojos que utilizaba la muñeca mecánica hace que Natanael vuelva a verlo como el Hombre de la Arena, por aquello que le contó su madre de que este venía a llevarse los ojos de los niños. ¿Acaso Coppola no estaba reclamando de vuelta los ojos de Olimpia?

La cordura de Natanael queda gravemente dañada por este suceso y es internado en un sanatorio. Pasado algún tiempo, se recupera y se le da de alta. Vuelve junto con Clara, superada ya su obsesión por la falsa Olimpia, y empiezan a hacer planes de boda. Incluso recibe, a la muerte de un tío lejano, una finca y una pequeña fortuna en efectivo. Parece que todo va a terminar bien hasta que un día, contemplando el paisaje desde lo alto de una torre, Natanael tiene un repentino ataque de locura. Toma a Clara en brazos y, creyendo que se trata de otra mujer artificial creada para engañarlo, trata de lanzarla al vacío. Clara sobrevive por la oportuna intervención de su hermano, que los acompañaba en esa ocasión y logra ponerla a salvo. Este detalle es el más trágico de todos, porque significa que Natanael había llegado a enamorarse tan perdidamente de Clara como lo estuvo de Olimpia, y eso fue lo que le hizo creer que ella debía ser también una mujer mecánica falsa.

Sumido en su delirio, Natanael cree ver al pie de la torre al infame Coppelius, riendo y burlándose de él. Convencido nuevamente de que el anciano es una criatura sobrenatural que va a dedicarse a martirizarle toda su vida, se lanza desde lo alto de la torre con la intención de caerle encima y estrangularle. Naturalmente, lo único que consigue es estrellarse contra el suelo y matarse él mismo. Para no amargarnos del todo el final, se nos dice, a modo de conclusión, que muchos años después alguien vio a Clara de la mano de otro hombre, con dos niños pequeños jugando cerca de ellos, y parecía feliz. 

No sabemos si Coppelius estaba al pie de la torre o es algo que la trastornada mente de Natanael vio, incapaz de abstraerse por completo de sus obsesiones de la niñez. Tampoco sabemos si Coppelius era o no, en realidad, el Hombre de la Arena, o estaba de algún modo relacionado con este, o incluso si él y Coppola eran la misma persona, como Natanael llegó a sospechar. Y es por esto que El Hombre de la Arena sigue siendo inquietante hoy en día. Aparte del hecho de que lo que se nos está describiendo en este relato de 1816 es una humana artificial capaz de moverse y hablar aun de forma limitada mucho antes de que existieran los conceptos modernos sobre robots o androides autoconscientes.

Der Sandmann. 1816. Ernst Theodor Amadeus Hoffmann. Publicado en 1991 por la Compañía Europea de Comunicación e Información S.A. 

jueves, 8 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 8) Testigo mudo de asesinato

 Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Sección de ofertas de trabajo! ¡Hay un puesto libre de médico psiquiatra en el hospital general del condado! ¡Se piden buenas referencias y, de ser posible, no asesinar a demasiados pacientes! ¡Extra! ¡Extra!


En su segundo aniversario de boda, Steve y Pamela se encuentran en uno de los momentos más felices de su vida. Pamela, soñadora, observa las ventanas de enfrente, al otro lado del patio de luces, preguntándose si la gente que vive en esas casas será tan feliz como ella misma, y deseando que lo sean. 

Pero lo que ve la saca de sus fantasías. Justo en la ventana de enfrente, claramente visibles, hay una pareja que discute. Discuten hasta el punto de que él toma un objeto y golpea brutalmente en la cabeza a ella, que cae en redondo, aparentemente muerta. Asustada por lo que ha visto, Pamela corre a contárselo a su marido, pero la voz simplemente no sale de su garganta. El trauma por haber presenciado una muerte al otro lado de la calle la ha dejado sin voz. Ella intenta hablar con tanta desesperación que llega hasta el punto de casi perder el sentido.

Steve, asustado por lo que pueda pasarle, va en busca de un vecino suyo que sabe que es médico, pues eso será mucho más rápido que llevarla al hospital y conseguir que alguien los atienda. Cuando Pamela ve al médico entrar en su casa, entra en pánico. Es el mismo hombre al que acaba de ver asesinar a su mujer en la ventana de enfrente. Steve, creyendo estar haciendo lo correcto, le explica al doctor todo lo que sabe: que su mujer estaba mirando tranquilamente por la ventana cuando pareció sufrir un colapso y, a continuación, se quedó sin voz.

El detalle de que Pamela estuvo mirando por la ventana hace que el doctor se acerque a echar un vistazo por ella, dándose cuenta de que está justo enfrente de su ventana y de que probablemente lo ha visto a él matar a su mujer. Le indica a Steve que podría tratarse de un caso de agotamiento nervioso y que lo mejor es sedarla. Pese a las mudas protestas de ella, le inyecta una droga que la duerme al instante.

Cuando despierta, está en una clínica psiquiátrica donde la tratan como a una loca. Ella misma no puede hablar y el doctor ordena que le pongan una camisa de fuerza, por lo que tampoco puede escribir notas a los celadores ni a sus cuidadoras. Los días pasan eternos para Pamela. No puede hablar… no puede escribir… las cuidadoras le traen la comida y la asean, pero esa es toda su interacción con el mundo, hasta que el doctor vuelve a presentarse en su celda con una buena noticia y una mala que, en realidad, son la misma.

Ha estado haciendo seguimiento de su caso real, el de la pérdida de voz, no del que él afirma en sus informes, según los cuales sufre una locura violenta que justifica que esté todo el tiempo con la camisa de fuerza puesta. Y ha llegado a la conclusión de que el estado de shock podría remitir de un momento a otro y recuperar con ello la capacidad de hablar. Por tanto, va a matarla haciendo pasar su asesinato por algún desliz médico. Y se lo anuncia con un día de antelación únicamente para hacerla sufrir más. Pero el shock de saber que va a morir y que nadie sabrá nunca la verdad hace que recupere la voz poco después, cuando vuelve a estar sola en su celda.

La siguiente vez que el doctor la visita para llevarla a lo que será su ejecución, en cuanto le quita la camisa de fuerza para amarrarla a la camilla, ella comprende que es la única posibilidad que va a tener de salvar su vida y salta repentinamente contra él, golpeándole el pecho con sus puños. No llega a hacerle daño real, pero la reacción de Pamela es tan inesperada y violenta, porque él contaba encontrarse con una mujer aterrorizada y anímicamente destrozada, incapaz de reaccionar, que sufre un ataque al corazón, una dolencia para la cual se estaba medicando.

El doctor cae al suelo tratando de alcanzar la medicina que lleva siempre encima, en uno de sus bolsillos, pero sus dedos no aciertan a atraparla. Gesticula hacia Pamela, suplicándole con voz trémula que vaya en busca de ayuda, y esta revela en ese momento haber recuperado el habla, pero le dice que no va a ayudarlo. ¡Él pretendía matarla! ¿Qué sentido tendría ayudarlo?

El doctor gime, suplica y lloriquea, pidiendo una y otra vez a Pamela que utilice su recién recuperada voz para pedir ayuda para él, pero ella sigue negándose. Hasta ahora ha sido prisionera de su falta de voz. Ahora, es el no hablar lo que la hace poderosa, y decide callar. Finalmente el doctor muere, y es entonces cuando ella pulsa el botón del parlante de la pared y comunica lo ocurrido.

Bastante bien, en general. La sensación de impotencia de Pamela está muy bien construida, especialmente porque además de su repentino mutismo, el asesino utiliza su posición como médico para hacer que nadie crea en ella. Lo más interesante es que al final, cuando el doctor sufre el ataque al corazón Pamela ya ha recuperado la capacidad de hablar, pero decide no utilizarla para salvarlo. Hay veces, tenedlo siempre en cuenta, que podemos hacer más daño a una persona cerrando la boca que hablando. 

Esta historia, de haber sido de las últimas en lugar de las primeras de esta colección, se habría resuelto con la muerte y posterior resurrección como cadáver viviente o fantasma de Pamela, y con el asesinato o locura del doctor como venganza. En cambio, aquí el combate final es un dilema moral en el que Pamela debate mentalmente consigo misma entre el instinto de salvaguardar su propia vida y el poder de decidir sobre la vida de otra persona. 

Personalmente, creo que Pamela tomó la decisión correcta, cosa que no puedo decir de los protagonistas de la siguiente historia, cuando deciden abordar El barco fantasma. 

Mute witness to murder. 1950. Guion y dibujo de Johnny Craig. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.

UROTSUKIDŌJI (Tomo tres) La leyenda del señor del mal

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, tentaculados lectores. 

Hoy es el día perfecto para reseñar el tercer tomo de Urotsukidoji. A fin de cuentas, el 8 de octubre es el Día Mundial del Pulpo. Y ya se sabe que donde hay pulpos hay tentáculos, y donde hay tentáculos hay Urotsukidoji.

Toca reseñar el tercer tomo de los publicados por Yowu Entertainment, con lo que habremos consumido todo el material que teníamos sobre esta franquicia, junto con las dos películas de VHS ya reseñadas. La edición que estamos comentando ahora mismo, la de Yowu, constó de seis tomos de 150 páginas y ya se encuentra descatalogada. Solo conseguimos los tres primeros tomos de esta, así que a partir de aquí continuaremos con la de Sekai, que es una edición en cuatro tomos de 320 páginas. Lleva dos de ellos publicados y se espera el siguiente para finales de este mismo mes. Intentaremos conseguirlo para poder presentar la historia completa.

Y bueno, vamos al lío. Hablemos de tentáculos Urotsukidoji.

Tras escapar del hotel de citas donde ha matado accidentalmente a un desconocido mientras se acostaba con él, Megumi va a refugiarse a casa de Nagumo. La ninfomanía natural de su especie vuelve a apoderarse de ella, y lo que en principio era una charla de disculpas por haber metido en un problema a un amigo suyo anteriormente se convierte en un intento de seducción fallido.

Para evitar caer en la tentación, Nagumo abandona precipitadamente su propia casa, cruza una calle sin mirar y es atropellado por un coche que lo arrolla y lo estampa contra un muro, dejándole la mitad de los huesos destrozados y los órganos aplastados. Es llevado a un hospital donde lo ingresan directamente al quirófano, pese a que los médicos no tienen prácticamente esperanzas de salvarle. Le están taladrando la cabeza para drenar los líquidos y la sangre que se está acumulando en torno al cerebro cuando el cuerpo de Nagumo finalmente se rinde y todos las lecturas de constantes vitales dan una señal plana.

El equipo, formado por tres cirujanos y una enfermera, confirma la muerte de Nagumo y se disponen a recoger el tinglado cuando uno de ellos grita repentinamente de dolor, se desploma al suelo y queda envuelto por un extraño halo de energía que parece disolverlo hasta consumirlo por completo, tanto a él como a sus ropas. Los otros dos cirujanos siguen el mismo procedimiento a continuación, derrumbándose sin motivo aparente y disolviéndose en el aire hasta desaparecer. No queda de ellos más que tres brillantes bolitas de luz: sus almas.

<===!Atención al sentido de lectura<===

Las tres almas flotan en el aire y son atraídas hacia el cadáver de Nagumo, que vuelve a la vida y se regenera gracias a su energía. Nagumo se levanta, pero no es él, o no lo es totalmente. Su mirada ha cambiado. Con un simple gesto reduce a trizas la ropa de la enfermera y con otro la hace levitar, dejándola paralizada y suspendida en el aire, a su merced.

Megumi, que está en la sala de espera del quirófano junto con los padres de Nagumo y Akemi, la novia de este, percibe la energía que está irradiando este proto-Chojin y entra en el quirófano, encontrándose a Nagumo violando ferozmente a la enfermera. El proto-Chojin percibe que Megumi es una mujer bestia y, sin desatender a su presa, lanza una descarga de energía contra Megumi que la aturde. Cuando termina con la enfermera, esta se disuelve igual que los cirujanos.

Nagumo se queda indemne en el quirófano, y vuelve a ser el de siempre. Cuando sus padres entran al fin, preocupados porque nadie les está informando de nada, lo encuentran allí, tirado en el suelo, quejándose de que tiene un chichón en la cabeza, pero sin ningún tipo de daño serio, mientras Meguni lo mira con cara de circunstancias. Akemi y los padres de Nagumo están demasiado contentos por ver que este se encuentra bien como para dar importancia al hecho de que el equipo de cirujanos haya desaparecido, y lo achacan a que simplemente exageraron el estado en el que ingresó al hospital y se han marchado al comprobar que realmente no estaba tan mal como parecía.

Le entregan a Nagumo una muda de ropa que habían traído con ellos para que se vista y vuelven a su casa dando el asunto por terminado. Este incidente sirve para confirmar a ojos de Megumi (y también de Kuroko, que estaba observando todo desde las sombras) que Nagumo es el humano predestinado a ser la encarnación del Chojin.

De camino a casa, Nagumo se separa de sus padres para acompañar a Akemi a su propia casa. Megumi los sigue discretamente, vigilando a Nagumo, pero no ve nada extraño en él. Lo que fuera que le ocurriera en el hospital aparentemente terminó allí.

Regresa al hospital, quizá en busca de alguna pista sobre lo que realmente puede haber ocurrido. Pero, una vez allí, su instinto de mujer bestia la vence de nuevo. Seduce a uno de los pacientes al que estaban a punto de dar el alta y se acuesta con él. Adopta su forma de bestia e hipnotiza al hombre para violarlo hasta agotar su energía de tal modo que al día siguiente, cuando van a darle el alta, lo encuentran catatónico y con el cuerpo tan desgastado que parece haberse quedado en los huesos de la noche a la mañana. Aquí reitero lo que dije en otra ocasión: que Amano y Megumi son los buenos de la historia porque protegen a Nagumo y Akemi, que son los protagonistas, pero sus métodos no difieren mucho de los de los demonios a los que se enfrentan.

Amano, por su parte, ha regresado al Inframundo y está pasando el rato con su novia, que es la hija del rey de los hombres bestia, cuando Kuroko lo llama mentalmente desde el mundo humano. Este le revela lo que vio en el hospital y trata de convencerlo de que Nagumo es el Chojin. Amano no le cree. Kuroko le dice que, si no confía en él, le pregunte a su hermana Megumi, que también lo vio, pero cuando este lo hace Megumi niega haber visto la transformación de Nagumo en el proto-Chojin, y Kuroko se gana así otra paliza de parte de Amano. Al parecer, Megumi se ha obsesionado con la idea de acostarse con Nagumo, pero quiere hacerlo cuando él esté en forma de proto-Chojin. El Nagumo humano no le interesa. Ella quiere al Nagumo a medio transformar, todavía lo suficientemente humano como para sobrevivir a un encuentro con él, pero al mismo tiempo lo bastante cambiado para proporcionarle una experiencia totalmente distinta a la de un humano normal.

Furioso tanto con los humanos como con los hombres bestia, Kuroko regresa al Inframundo, harto ya de todo el asunto del Chojin. Allí es engañado por tres majin que le sonsacan la información sobre la verdadera identidad del Chojin. Este se lo revela todo: su nombre real y dónde encontrarle. Es consciente de que está siendo engañado, pero lo hace esperando una recompensa al final. Esta recompensa no llega, y lo único que hace es entregar la información a los demonios a cambio de nada. De estos tres demonios se nos dan sus nombres propios: Goki, Yoki y Seiki, y al parecer tienen una cierta categoría dentro del mundo de los majins.

De aquí pasamos a un escenario completamente diferente. Han llegado las vacaciones de verano y los personajes están en la playa disfrutando de la arena y el mar. Nagumo y Akemi juegan en el agua, salpicándose el uno al otro, mientras Amano y Megumi conversan en la arena. Kuroko, escondido dentro de una cesta de merienda, no cesa de recibir patadas de Megumi, que paga con él su frustración por no haber podido acostarse todavía con el proto-Chojin.

<===!Atención al sentido de lectura<===

En un intento de forzar la transformación de Nagumo, Megumi invoca al Rey Demonio del Mar para que provoque un tsunami. Una gigantesca ola se levanta repentinamente ante todos y arrasa la playa, tragándose a docenas de bañistas. Amano trata de utilizar su poder para detener el tsunami y logra paliar gran parte de su fuerza, deshaciendo la ola. Sin embargo, tras esta llega otra aún mayor.

Del interior de esta segunda ola surge una voz que dice a Amano que él únicamente responde porque ha sido invocado. Aunque el texto se refiere a él como “Rey Demonio del Mar”, actúa como una entidad elemental que simplemente responde cuando se le invoca, por lo que entiendo que no es el mismo Dios del Mar Makai que aparece al final de la película Urotsukidoji, en un contexto totalmente diferente. Cuando Amano trata de detener esta segunda ola, una enorme garra lo atrapa y se lo lleva con él mientras la ola sigue avanzando. Kuroko, viendo que van a matar a su amo y pese a que este siempre lo trata con desprecio, siente el impulso instintivo de salvarlo.

Se manifiesta por primera vez ante Nagumo y le pide que se transforme en el Chojin para detener al Rey del Mar. Viendo que este no reacciona (el que una pequeña criatura desconocida aparezca flotando ante ti mientras un tsunami gigante se dispone a arrasar con todo suele dejar paralizada a la gente) Kuroko empuña una de las sombrillas de la playa. Utilizando su asta metálica, le atraviesa el corazón a Nagumo, pensando que el shock físico provocará su transformación en el Chojin y este detendrá al Rey del Mar. 

<===!Atención al sentido de lectura<===

Y efectivamente así ocurre. Sin llegar a transformarse físicamente, el cuerpo de Nagumo, todavía atravesado por la sombrilla, se alza en el aire envuelto en un extraño resplandor y se lanza contra el tsunami, obligándole a retroceder no solo físicamente, sino en el tiempo. Los acontecimientos recientes se borran de la realidad y se reescriben, con lo que ninguna de las víctimas del tsunami ha muerto y nadie recuerda lo ocurrido. Únicamente Akemi guarda memoria de lo ocurrido, pero puesto que nadie más a su alrededor parece haber vivido nada extraordinario, Akemi duda de su propia mente y empieza a creer que se ha vuelto loca.

Ni tan solo Nagumo recuerda lo ocurrido, aunque siente que le arde el pecho en el punto en donde la vara de la sombrilla se lo atravesó, como si se hubiese dado allí un golpe. Los tres majin  han permanecido en la playa en todo momento, invisibles, observando los acontecimientos y espiando a Nagumo para comprobar si lo que les dijo Kuroko es cierto, y ellos también parecen conservar el recuerdo de lo ocurrido.

Finalizan las vacaciones de verano y todos vuelven a clase, donde se presenta un nuevo profesor llamado Goto. Inmediatamente, Amano sospecha de él. Goto, a su vez, mira directamente a Amano y le dice que ha oído muchas historias sobre él y que espera que sea un estudiante aplicado. Esto es claramente un desafío entre dos criaturas sobrenaturales que se reconocen mutuamente.

Y más o menos aquí termina este tercer tomo. Teniendo en cuenta las páginas de cada uno de estos tomos publicados por Yowu, calculo que la historia conectará aproximadamente hacia la mitad del segundo tomo de los publicados por Sekai, así que, ya que los de Yowu son en este momento más difíciles de conseguir, intentaré hacerme con el segundo de Sekai y los siguientes, a ver si podemos cerrar la historia de algún modo.

Hasta que eso ocurra (si es que llega a ocurrir) podéis repasar todo lo ya reseñado sobre el manga de Urotsukidoji pulsando aquí, o al anime que lo dio a conocer a la mayor parte del mundo pulsando aquí.

Chōjin Densetsu Urotsukidōji. 1986. Toshio Maeda (guion y dibujo). Publicado entre 2016 y 2023 por Yowu Entertainment.

miércoles, 7 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 7) Locura en Manderville

   Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡El manicomio local tiene celdas libres! ¡Acolchadas para su máxima comodidad! ¡Corra a inscribirse antes de que se agoten las plazas, que no está la vivienda como para ponerse exquisitos! ¡Extra! ¡Extra!


Esta historia tiene lugar en Manderville, la mansión que comparten Marion y su marido, Tom Mander. Hace poco que han perdido a su primer y único hijo. Ambos están lógicamente trastornados por el duelo, pero Marion parece ser la que lo está llevando peor. 

Continuamente las cosas se resbalan de sus manos y oye sonidos que Tom afirma no escuchar. Ella se despierta por la noche gritando que unas luces han entrado por la ventana y la han cegado, y Tom la abraza mientras le dice que no hay tales luces. Cuando ella cree oír un estruendo al otro lado de la ventana, él le asegura que no se ha producido.

Llega un momento en que él empieza a darle la razón en algunas pequeñas cosas para que se calme, para que no piense que está loca. Pero la situación va volviéndose cada vez más grave, hasta el punto de que una noche un pequeño perro que tenían con ellos aparece destripado con uno de los cuchillos que guardan en su propia cocina.

Tom, dándose cuenta de que la locura de Marion ha llegado a extremos peligrosos, habla con el director de un psiquiátrico para ingresar a su mujer. A ella no se lo oculta. Le dice que ha consultado su caso con profesionales y que están de acuerdo en que lo mejor es ingresarla. Marion, por el bien de ambos, acepta y lo acompaña al psiquiátrico. 

El doctor les explica en qué consiste el tratamiento, se firman los papeles y, cuando todo parece estar listo para que Marion sea ingresada, el doctor señala a Tom y les dice a los celadores que es él la persona que deben llevar inmediatamente a una celda acolchada.

Entre protestas, pensando que hay algún tipo de error, Tom se debate furioso, pero nada puede hacer para impedir que los hombres le pongan una camisa de fuerza y lo encierren en una celda. A continuación, el doctor explica a Marion que él es en realidad uno de sus vecinos. Vive en la mansión de al lado de la suya y que, en todas esos días que ella oyó gritos, ruidos o vio luces por las ventanas, él también las vio, y es cuando se dio cuenta de que el que estaba loco era Tom: cuando este manifestó no haber visto ni oído nada en todas esas ocasiones. Algunos detalles del comportamiento de Tom terminaron de convencerlo de su locura. En su negación de lo ocurrido por la muerte de su hijo, en su intento de ser fuerte por los dos, la mente de Tom eliminaba inmediatamente el recuerdo de cualquier cosa que pudiese suponer un problema o un trastorno para su esposa.

No se nos aclara quién mató al perro, pero podemos suponer que fue también él, porque el día anterior Marion, andando mientras pensaba en sus cosas, se había tropezado con el perro y, al soltar este un ladrido de sorpresa, ella se había asustado. Por tanto, Tom mató al perro sin ser consciente de ello, para que este no volviera a asustar a su esposa. 

Me ha gustado bastante, sobre todo porque juega con el detalle más terrible e inquietante de la locura: que el que está loco no es consciente de ello. Durante toda la historia compartimos, como lectores, el punto de vista de Tom. No es una de esas situaciones en que podemos llegar a sospechar que está tratando de volverla loca, porque además de ver los globos de dialogo de Tom, vemos sus globos de pensamientos, y su preocupación por Marion es genuina... pero es él quien estuvo loco todo el tiempo, mientras temía que la loca fuera su esposa. Y si fue capaz de asesinar al perro sin ser consciente de ello, simplemente porque había asustado a Marion ¿qué habría ocurrido más adelante en caso de verla discutir con un vecino? ¿O de haberla visto asustarse al oír a un cartero llamar a la puerta? 

En cualquier caso esperemos que el bueno de Tom se recupere pronto. Mientras esperamos a que lo haga, podéis darle un vistazo a otra de estas historias pulsando aquí.

Madness at Manderville. 1950. Guion de Ivan Klapper. Dibujo de Harvey Kurtzman. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.