EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, ávidos lectores.
Vamos con otro de los libros de Pesadillas del señor R. L. Stine, uno de los pocos autores de terror contemporáneos de Stephen King que ha superado a este tanto en el número de títulos escritos como en volumen de ventas. En esta ocasión hemos escogido Campamento espectral, por eso de que estamos en pleno verano y los campamentos son algo que se asocia con estas épocas.
Esta es la historia de Harry, que será nuestro narrador, y de su hermano Alex, de respectivamente doce y once años. Ambos han sido enviados por sus padres a un campamento de verano llamado Spirit Moon. Son los únicos pasajeros del autobús que los lleva hasta allí, lo cual ya es raro. El conductor los hace descender en medio de ninguna parte, en lo que parece ser el linde de un bosque, junto a un sendero que les indica que deben seguir. Baja sus maletas del autobús y se marcha, dejándolos allí.
Los chicos, qué remedio, siguen por el sendero que se les ha indicado hasta llegar al campamento, que en un principio parece estar completamente desierto. Desierto, pero no abandonado. Todo se encuentra en buen estado, pero no parece haber nadie… hasta que todos los campistas aparecen de golpe, como si les hubiesen querido gastar una broma. Como veremos más adelante, hay un motivo para esta súbita aparición, y no es porque estuvieran escondidos para tomarles el pelo.
Los monitores, después de la típica presentación formal, les asignan literas y taquillas y les dicen, con una extraña insistencia, que esperan que sobrevivan a las actividades. Lo dicen como si fuera algún tipo de broma interna, pero la forma en que lo repiten resulta incluso molesta. La primera de las actividades en la que van a participar es la cena nocturna, que básicamente consiste en calentar perritos calientes en torno a una gran fogata, en un claro del bosque, y contar historias de terror. Sin embargo, aquí es donde empezamos a ver que hay algo que no está del todo bien en el lugar.
Lucy, una de las niñas, introduce el brazo entero en la fogata para recoger un perrito caliente que cayó en esta. A pesar de quemarse todo el brazo, no da muestras de dolor hasta que se fija en que Harry se ha quedado mirándola. Cuando por fin empieza a quejarse de las quemaduras, estas quejas son muy falsas, muy teatrales, y también muy breves, como si hubiese olvidado lo que es sentir dolor y tan solo estuviese tratando de imitar la reacción que cree que el chico esperaría ver en ella en esa situación. Cuando llega el momento de contar las historias de terror, estas parecen más historias de origen que simples fantasías, porque tratan de campistas que murieron en ese bosque en extrañas circunstancias. Aunque los monitores las cuentan como si fueran relatos de miedo, parecen más bien explicaciones veladas de algo que realmente ocurrió allí.
Más adelante, Harry ve a un par de chavales peleándose medio en broma y medio en serio mientras montan una tienda de campaña. Uno de ellos termina con una de las varillas metálicas de soporte atravesándole de parte a parte el pie. El chaval se limita a agarrar la varilla y extraérsela del pie de un tirón, sin darle la menor importancia. Situaciones parecidas se repiten a lo largo de los días siguientes, en los que también los hermanos tienen ocasión de encontrarse con varios charquitos o grumos de una materia azul gelatinosa repartidos por todos lados, sin que su presencia parezca extrañar a nadie más.
Los días siguientes transcurren en esa misma tónica, con los hermanos cada vez más extrañados por la actitud de todos y cada vez más convencidos de que tanto los campistas como los monitores, de algún modo, están muertos, pese a que sigan hablando, interactuando con ellos y parezcan perfectamente sólidos. Sólidos hasta el punto de hacer cosas como clavarse un tenedor en el cuello por diversión durante otra de las cenas, por ejemplo.
Una noche, mientras contemplan un partido de fútbol que tiene lugar en medio de una espesa niebla (porque todas las actividades grupales que se llevan a cabo en el campamento son nocturnas), los hermanos ven cómo una de las chicas pierde la cabeza, literalmente. Un balonazo se la arranca y cuerpo, cabeza y balón ruedan por el suelo. Una voluta de niebla la cubre un instante, y cuando esta se despeja unos segundos después, la chica ya vuelve a tener la cabeza en su lugar. Si las circunstancias fueran otras, probablemente los hermanos lo podrían considerar una elaborada broma macabra, pero ya llevan varios días con la mosca tras la oreja.
Esa misma noche, Lucy, la chica que metió el brazo en las llamas, va a buscar a Harry y le confiesa lo que él ya sospechaba, que es una fantasma. De hecho, todo el mundo en el campamento, excepto Harry y su hermano, son fantasmas. Lucy no puede explicarle mucho más. Lo único que sabe es que, en su caso, una noche estaba en una de esas cenas en torno a una fogata cuando una niebla descendió sobre el lugar, envolvió a todos los presentes y, cuando la niebla se retiró, estaban muertos.
Lucy no sabe por qué ocurrió ni cómo revertirlo. Lo único que sabe es que desde aquella noche ella es un fantasma. Periódicamente se desvanece y, cuando vuelve a tomar forma, deja en el lugar en el que se materializa uno de esos charcos del líquido gelatinoso de color azul que los hermanos ya están cansados de ver por todas partes sin explicación. Esos charquitos son protoplasma, un residuo que dejan los fantasmas al volver a formarse.
Lucy les explica que los fantasmas no pueden abandonar el campamento porque, si lo intentan, se desvanecen al alejarse una cierta distancia de este y su esencia pasa a formar para siempre parte de la niebla, con lo que ya ni tan solo les queda el consuelo de materializarse de vez en cuando. Ella tiene un plan para escapar. Cree que, si se aleja lo suficiente del campamento sin desvanecerse en la niebla, podrá seguir existiendo aunque sea como fantasma lejos de la zona en la que murió. El problema es que hacer esto es imposible a no ser que esté poseyendo un cuerpo vivo, y ha elegido a Harry para ello.
Harry aprecia a Lucy y quiere ayudarla, pero no está dispuesto a hacerlo de ese modo, y es lógico. Si permite que Lucy posea su cuerpo, ¿qué le garantiza que se lo devolverá una vez se haya alejado del campamento? Lucy no tiene la certeza de que, si abandona el cuerpo lejos del campamento, esto le vaya a permitir seguir existiendo. Una vez haya poseído el cuerpo del chico, es probable que sienta la tentación de quedárselo para siempre y volver a llevar una vida normal dentro del cuerpo de Harry.
Pese a que Lucy empieza a seguirlo y acosarlo por el campamento, atacándole mentalmente para debilitarle y así poder poseer su cuerpo, Harry la rechaza una y otra vez a base de concentración y fuerza de voluntad, hasta que Lucy se desvanece. Entonces va en busca de su hermano. Cuando lo encuentra, se lo lleva del campamento. Mientras corren por el bosque Harry le explica por qué tienen que marcharse, y entonces Alex le confiesa que él también lo acaba de descubrir: otro de los fantasmas acudió a él para poseerle y también logró rechazarlo.
Su plan es llegar hasta la carretera y parar algún coche para que les ayude, pero antes de que consigan hacerlo se ven rodeados por los fantasmas. Cerca de un centenar de ellos, la totalidad de los campistas y monitores del campamento, se han congregado allí para cerrarles el paso. Al parecer, en su momento establecieron un orden para ir apoderándose de los cuerpos de los humanos vivos a los que tuvieran acceso y así, uno tras otro, ir librándose de esa especie de maldición. Los fantasmas los detienen y empiezan todos juntos a atacarles para debilitarlos y permitir que dos de ellos puedan poseerlos y largarse de allí.
Sin embargo, solo hay dos cuerpos vivos para cien fantasmas, y estos, olvidando el orden de turnos que habían pactado, empiezan a pelearse entre ellos. No saben cuándo volverán a tener otra oportunidad como esa, no saben cuándo otro ser humano vivo volverá a aparecer por el lugar. La tentación es muy grande y los fantasmas se atacan unos a otros en lugar de atacar a los hermanos para poseerlos. La furia de los fantasmas, su desesperación por escapar de esa condena, es tal que terminan aniquilándose unos a otros, dejando a los hermanos solos y perplejos en medio de un claro del bosque.
Harry y Alex retoman su plan original de seguir andando hasta la carretera e intentar que alguien les rescate. Y en ese momento Harry se da cuenta de que su hermano no es su hermano, en realidad, sino que está siendo poseído por uno de los fantasmas. Cuando lo confronta, el fantasma admite estar poseyendo a su hermano y le pide, le ruega, le suplica que no se lo diga a nadie. Que está dispuesto a pasar toda su vida fingiendo ser su hermano con tal de volver a vivir. Y la historia termina aquí, sin que lleguemos a saber qué le contesta Harry.
Lo que más me ha gustado, es el detalle de que los campistas no estén simplemente muertos, sino de que han olvidado cómo es estar vivos. Esa incapacidad para reproducir emociones y sensaciones humanas tan básicas como el dolor les añade un matiz muy perturbador. Y también el hecho de que los fantasmas no busquen hacer daño por venganza, que es lo típico, sino debido a su desesperación por recuperar algo parecido al futuro que se les arrebató. El deseo de sobrevivir (o en este caso, volver a vivir) siempre es legítimo, excepto cuando se llega al punto en que para lograrlo se le arrebata ese mismo derecho a un inocente.
Y nos quedamos al final con el gran misterio sin resolver ¿Qué era esa niebla que mató y fantasmizó a los primeros campistas? No llegamos a saber nada sobre su origen o intenciones, en caso de que se trate de una fuerza consciente. Por otra parte, el que los padres de los chicos los enviaran al campamento (para lo cual hay que hablar con gente, firmar contratos, etc.) implica que hay alguien vivo haciendo todas las gestiones necesarias para ello y para mantener legalmente activo el lugar. ¿Podría ser alguno de los familiares de uno de los primeros afectados, o uno de los propios fantasmas que logró poseer a un cuerpo vivo y está tratando de proporcionar cuerpos a los otros de este modo?
En general, en la línea de Stine, con todos los defectos y virtudes que ello implica. Puedes repasar otras obras de este autor (y de algunos de sus imitadores) pulsando aquí.
Ghost Camp. 1996. R.L.Stine. Pesadillas nº 43. Publicado en 1998 por Ediciones B / Grupo Z.



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