EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, ávidos lectores.
Tenemos aquí otro número de la revista SOS, del cual ya vimos uno hace poco. Este es diferente porque consta únicamente de treinta y cuatro páginas repartidas en cinco historias, mientras que el que vimos anteriormente constaba de ochenta y cuatro páginas repartidas en once historias. Esto se debe a que el primero que vimos, el más largo, pertenece a la primera etapa de la revista, publicada alrededor de 1976.
Este otro número es de una segunda etapa, publicada ya entrados los 80, donde, debido al incremento del coste del papel y la distribución, que debía llegar a muchos más puestos de venta, se redujo el volumen para abaratar costes. Y, pese a ello, se vendía por 50 pesetas, mientras que los de la primera etapa tenían un coste de 30. Las historias que encontramos en este otro número son las siguientes.

La Piedra Filosofal (sin acreditar). Estamos en la Edad Media. En un gran castillo, un brujo trabaja frenéticamente vertiendo mejunjes en un caldero mientras consulta grandes y pesados tomos. Su tobillo está encadenado a la pared por una cadena lo suficientemente larga para alcanzar los libros, los ingredientes y el caldero, pero no puede ir más allá de todo esto. Cerca de él, pero fuera de su alcance, hay un hombre y una mujer jóvenes, sus hijos, que están también encadenados al muro para que le sirvan como estímulo a la hora de esforzarse y trabajar más. Todos ellos son prisioneros del Duque, dueño del castillo y la región, que exige al brujo que encuentre la fórmula de la Piedra Filosofal, que concede la capacidad de fabricar oro y suero de la inmortalidad.
El brujo se esfuerza todo lo que puede, aun sabiendo que lo que pretende el Duque de él es imposible. Pero debe intentarlo porque cada nuevo fracaso viene acompañado de una sesión de tortura para sus hijos.

Tras otra tentativa fallida, el Duque monta en cólera y manda flagelar a sus hijos delante de él. Cada uno recibe cien latigazos, aunque pierden la conciencia mucho antes de recibirlos todos. El Duque ordena que se los lleven para curarlos, porque quiere mantenerlos vivos y seguir torturándolos una y otra vez delante de su padre para presionarlo. Sin embargo, este último castigo ha sido extremo y ambos mueren. El Duque opta por no decirle nada al brujo y hacerle creer que los están atendiendo todavía y que debe seguir trabajando mientras ellos se reponen.
Sin embargo, el brujo sabe que sus hijos han muerto. Su instinto se lo dice. La forma en que se llevaron sus cuerpos inertes de su presencia se lo dice. Así que recurre a algo a lo que nunca antes se había atrevido. Entre sus libros de ciencia y de química hay uno de verdadera magia negra de invocación demoníaca. Lo prepara todo para invocar a Satanás en una de sus muchas formas y nombres, y le indica al Duque que él debe estar presente porque, como parte de la fórmula, debe arrojarse al caldero una pieza de oro auténtica de la persona que recibirá toda la riqueza, para así mostrarle al demonio qué es lo que se quiere de él.
El Duque acepta y el alquimista lanza al caldero una cadenita de oro que le entrega el Duque. Casi al instante algo brota del caldero, no la Piedra Filosofal, sino un demonio. U no que no viene a cumplir deseos, sino a acabar con aquellos que han osado molestarle. Agarra tanto al Duque como al brujo y los sumerge en su caldero mientras de este brotan unas llamas multicolores que se extienden rápidamente por todo el castillo como si tuvieran conciencia propia, convirtiéndolo en una pila funeraria gigantesca para todos sus habitantes.
Entre sus ruinas ya frías y ennegrecidas por el fuego quedan en pie únicamente dos estatuas de oro macizo, que es en lo que han sido convertidos el Duque y el alquimista.
Hechizo de bruja (guion sin acreditar. Dibujo de F. Mascaros). Seguimos en la Edad Media para esta segunda historia. Nuestro protagonista es Otto, que ha tenido la desgracia de nacer gravemente deformado. Es comparativamente feo, con una pronunciada joroba, y cojea al andar. Sin embargo, tras esta fachada, por dentro es un hombre como cualquier otro y se ha enamorado de una bella muchacha, que además pertenece a una familia rica, mientras que él es pobre.
Demostrando un valor y una confianza en sí mismo que pocos tendrían dadas las circunstancias, se acerca hasta la casa de la joven para declararle su amor, pero esta lo rechaza entre risas. No podemos reprocharle a ella que lo rechace, puesto que cada cual es libre de entregar su amor a quien le parezca, pero que se burle de él es algo diferente.
Otto, desesperado, acude a la guarida de Gontroda, la bruja, para hacerle una petición. Quiere que le dé otra cara, una cara joven, atractiva; quiere ser guapo, lo suficiente para al menos tener la posibilidad de que su anhelada dama se fije en él. Este es también un deseo legítimo, pero Otto comete el error de formularlo de forma apresurada. Siempre hay que tener cuidado con lo que deseas, porque corres el riesgo de que se te conceda tal y como lo has pedido.

La bruja le prepara una poción y le indica que se la tome y espere toda la noche mientras esta tiene efecto. Otto así lo hace: regresa a su humilde casita, bebe la poción, se acuesta a dormir y, cuando se levanta y se mira al espejo, descubre que su rostro es ahora joven y bello. Pero al mismo tiempo siente una extraña sensación en la nuca. Se lleva las manos allí y, al tacto, descubre la verdad. La poción de la bruja cumplió su deseo de forma literal. Le dio otra cara... No cambió la que ya tenía por otra, sino que le dio otra adicional a la suya, que ahora está en la parte posterior de su cabeza, convirtiéndolo en un engendro con dos rostros compartiendo una misma testa.
Esta es una de esas historias en las que el personaje no es castigado por su maldad, sino por su ingenuidad. Su deseo es comprensible. El horror nace de la literalidad con la que la bruja interpreta su petición formulada a la ligera. Tened esto en cuenta (la literalidad de lo solicitado) la próxima vez que firméis un contrato. Porque firmar un contrato, a fin de cuentas, es como pedir un deseo: te ata a la consecuencias de aquello que pides/firmas. Y puede que ni lo que estés pidiendo sea realmente lo que pensabas que era.
Vudú gitano (sin acreditar). En los bosques húngaros de Szolnok, el gallardo Kosog declara su amor a la bella Silvania. Esta podría ser una bonita historia de amor, porque es correspondido, si no fuera porque Kosog es un conde. Pertenece a la nobleza y al ejército, mientras que Silvania es una gitana. Ella no puede casarse con quien su corazón le dicte, sino con quien su clan ordene. Si Silvania trata de desobedecer a su clan, le espera la muerte.
Kosog le propone huir juntos y ella está a punto de aceptar cuando aparece Kaplof, un gitano del clan que, cuchillo en mano, salta sobre Kosog casi sin mediar palabra. El combate es breve. El conde empuña su sable y decapita de un solo golpe al gitano. La cabeza rueda por el suelo al tiempo que el cuerpo se derrumba.

Los amantes suben al caballo del conde y huyen del lugar. Mientras tanto, la bruja del clan de los gitanos encuentra la cabeza de Kaplof, que era su hijo, y lanza una maldición sobre su asesino.
El conde llega hasta la morada de un conocido que los acoge sin preguntar siquiera en el lío en que están metidos. Les sirven algo de comer, pero en cuanto la mujer de su amigo destapa la bandeja con lo que les ha preparado, en lugar de comida bajo esta está la cabeza cortada. El conde la agarra y la lanza rápidamente por la ventana, empuñando a continuación su espada, tal como lo hace su amigo. Ambos se preparan para un ataque, pero este no llega, al menos no de la forma que esperaban. Al oír los llantos de la mujer de su amigo y volverse hacia esta, ven que está junto al cadáver de la joven Silvania, que ha muerto de espanto al ver la cabeza.
Kosog y su amigo entierran a la joven y luego el conde parte de regreso a su palacio. Ordena a sus hombres capturar a la bruja del clan de los gitanos para ajusticiarla. Aquí ocurre algo que hace que la buena imagen que teníamos hasta este momento del conde se tuerza bastante, puesto que aprovecha su visita al palacio para ver a su esposa. ¡Efectivamente, el conde está casado! Y, pese a ello, estaba poniéndose romántico con otra mujer.
Cuando entra en la habitación de su esposa, ve que esta acuna contra su pecho un fardo de trapos que sugiere un bebé. Por la forma en que reacciona el conde está claro que no esperaba verla con un hijo. Agarra el fardo y tira de él, pero lo que cae de este no es un bebé, sino de nuevo la cabeza cortada del gitano, que esta vez está viva y ríe salvajemente. Un ruido a su espalda hace que se dé la vuelta, solo para encontrar el cuerpo decapitado de Kaplof, que avanza hacia él tambaleándose con un cuchillo en la mano. Al retroceder aterrado por la horrenda visión, el conde choca de espaldas contra el marco de una ventana, se precipita desde esta, a varios pisos de altura, y se mata al chocar contra el suelo.
Lo que más me llama la atención de esta es que nos cambia la percepción del protagonista cerca del final. Al principio el conde parece un héroe romántico enfrentado a la intransigencia del clan gitano, pero cuando descubrimos que está casado deja de ser un personaje tan noble como parecía. Silvania, que lo único malo que ha hecho ha sido estar en medio de todo, termina muerta como daño colateral, traicionada tanto por su supuesto enamorado (que ya estaba casado) como por su familia (que se la reservaba como un recurso del que poder disponer cuando quisiera). Supongo que la moraleja es que cuando dos personas estén exigiéndote cosas completamente contradictorias, lo mejor que puedes hacer es quitarte de en medio e ignorar a ambos. La historia, además, aparece sin acreditar, pero el estilo es el que tenía Manuel Gago en los 80.
Pánico (guion sin acreditar. Dibujo de Enrique Cerdán). Esta es una historia de corte cómico similar a la que vimos en el otro número ya comentado. Es del mismo dibujante, y de hecho, la protagonista podría ser incluso la misma joven que en esa otra historia.
Esta vez está saliendo de un cine junto a una amiga. Acaban de ver una película de terror y están ya predispuestas a asustarse casi por cualquier cosa. El maullido de un gato que salta delante de ellas, persiguiendo una rata, las hace gritar de pánico. A continuación, ven una sombra tras ellas y piensan que alguien las está siguiendo. Empiezan a huir de esa sombra, apenas entrevista, que dan por sentado que las sigue. Intentan llamar desde una cabina telefónica que está estropeada y, escapando de ese supuesto perseguidor, se meten al azar en un callejón que resulta no tener salida.

La figura se acerca a ellas. Las dos mujeres se abrazan y chillan aterradas, pero cuando el hombre llega hasta ellas, no es más que un anciano que no las estaba siguiendo, sino únicamente yendo hacia el portal de su casa, que se encuentra en ese mismo callejón. Y las dos amigas se quedan perplejas mirándolo mientras este se queja de lo exagerada y escandalosa que es la juventud.
Sugestión (Guion sin acreditar. Dibujo de Mateu). En una gran y vieja mansión familiar viven dos hermanas. Katie, la menor, insiste en que hay algo sobrenatural en el lugar. Que pasan cosas raras y se escuchan ruidos tras las paredes. La mayor, Vera, en cambio, no ha oído estos sonidos ni visto nada extraño y le insiste a su hermana en que lo que necesita es ir al neurólogo o dormir más.
Empezamos a darnos cuenta de que hay algo realmente mal en todo este asunto en una viñeta que nos muestra cómo Katie está levitando claramente sobre su cama y que Vera, delante de ella, no parece ver nada extraño en el asunto. ¿Entonces sí que ocurre algo sobrenatural en la casona y no es que Katie se lo imagine, sino que algo impide a Vera darse cuenta de ello?

Lo que hace Vera, que todavía piensa que su hermana está loca o en camino de estarlo, es llamar a un doctor llamado Odnell. Este se ocupa del caso y recurre a la hipnosis para que Katie le explique lo que pasa por su cabeza. Katie, sumida en el trance, le habla de recuerdos de su infancia, de cómo su madre lanzaba al aire alegremente un cachorrito de perro o de gato, y lo volvía a atrapar cada vez, y que ella fantaseaba con ser ese cachorro. Sin embargo, sus fantasías empiezan a ser cada vez más extrañas. Dice qué desearía convertirse en una serpiente para arrancarle la cabeza a Vera y guardarla en una jarra.
El doctor termina la sesión y deja a Katie descansando. Poco después, Vera la oye gritar y acude a su lado, presenciando una extraña transformación. El rostro de Katie se está cubriendo de escamas, sus dientes se alargan y su lengua se vuelve bífida. Se está convirtiendo físicamente en una mujer serpiente, y Vera sale huyendo despavorida.
A la mañana siguiente, el doctor acude de nuevo a la casa, encontrando a Katie tranquilamente dormida en su cama, sin ninguna escama ni otro rastro de transformación. Le receta una infusión de hierbas para calmarla y se marcha de nuevo. Vera, ya realmente aterrada, prepara la infusión que le indicó el médico y se la administra a cucharadas a su hermana, que apenas está consciente. Sin embargo, el efecto de la infusión en ella no es el esperado. Su cuerpo se cubre ahora de pelo y adopta un aspecto simiesco. Transformada en una mujer mono, se lanza a perseguir a Vera por la casa empuñando un cuchillo y acaba con ella.
El final de la historia nos lo da el propio doctor contándonos hechos pasados. Todo lo ocurrido es algo que orquestó él en persona. Él sabía que la madre de ambas mujeres había muerto envenenada, quizá porque él mismo se ocupó de hacer la autopsia. Queriendo averiguar cuál de las dos era la responsable o si lo eran ambas, se coló en su casa (de la cual probablemente tenía una copia de la llave entregada por la madre por ser su médico personal) y fue quien se ocupó de hacer los ruidos tras las paredes cuando solamente Katie, la más sugestionable de ambas, podía oírlos.
Cuando acudió a hacer la consulta formal y se quedó a solas con ella, utilizó la hipnosis para hacerla confesar que fue Vera quien mató a la madre de ambas para que pudieran heredar antes de hora la casa y la fortuna de esta. De hecho, Vera también habló aparte con el doctor para pedirle una forma de librarse de Katie y así quedarse ella con toda la herencia. El doctor pensó que lo mejor era que, viendo el carácter de las hermanas, despojarlas a ambas de todo. Utilizó la sesión de hipnosis para que Katie le firmara unos documentos en los que lo nombraba a él heredero de todos sus bienes si ella moría. A continuación, la sugestionó para que matara a su hermana y que así todo pasara a ella. Finalmente nos dice que cualquier día de estos (puesto que mantiene su control mental sobre Katie) le ordenará que salte por una ventana alta, para que de este modo su muerte parezca un suicidio y todo quede en sus manos.
Esta juega mucho al engaño, pero también deja muchos cabos sueltos. La levitación de Katie que su hermana no parece ver no se nos explica, y podría reflejar únicamente que Katie siente que está levitando cuando realmente está tumbada en la cama. Las transformaciones en mujer serpiente y mujer mono tampoco tienen sentido a no ser que en algún momento el doctor también sugestionara a Vera sin que ella fuese consciente de ello. Aún así lo encuentro la más original de todas.
Finalmente, el cómic incluye un par de páginas de chistes breves en la parte interior de la portada y contraportada. En este caso son chistes sobre travestismo y obesidad femenina que a día de hoy no podrían publicarse de ningún modo. Antiguamente, humor se podía hacer a costa de todo, y precisamente por eso nadie se lo lo tomaba mal, porque había una paridad incluso en eso. Hoy en día la censura social no permite que se haga humor a costa de unos colectivos pero no pasa nada si se hace a costa de otros, lo cual, se mire como se mire, es un retroceso en lugar de un progreso.
Puedes ver otro número de esta colección pulsando aquí.
SOS nº 48, segunda etapa. 1983. Varios autores. Portada sin acreditar. Editorial Valenciana.