MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

domingo, 27 de septiembre de 2026

JABATO. Contra el Escorpión

  EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!     

Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, indomables guerreros.

Hoy terminan las fiestas de Cartagineses y Romanos de Cartagena, que comenzaron el pasado día 18 con el Encendido del Fuego Sagrado y la tradicional lectura del pregón. Como ya hablamos de la fiesta en general en una entrada anterior, hoy vamos a centrarnos en uno de sus elementos más característicos, precisamente el del Encendido del Fuego Sagrado. 

Esta es una ceremonia en la que participan ciudadanos caracterizados como sacerdotes y sacerdotisas. Se prende una serie de pebeteros mientras se realizan invocaciones a los antiguos dioses tanto cartagineses como romanos. Estas llamas son cuidadas para que no se apaguen en ningún momento durante los diez días que dura la fiesta, como símbolo de protección y continuidad. 

Quizá la parte más interesante de esto es el Iter Ignis (Camino del Fuego). La antorcha con la que se encienden los pebeteros no tiene su origen en Cartagena, sino que es traída a pie desde otra localidad en un viaje de varios días. Este año la antorcha salió de Elche de la Sierra, localidad en la que murió Amílcar Barca, padre de Aníbal. Desde allí la antorcha pasó por varios pueblos y varias manos hasta llegar a Cartagena. Su destino final también cambia, puesto que los pebeteros no ocupan el mismo lugar cada año. Suelen situarse en alguna de las numerosas excavaciones arqueológicas locales, como el Templo de Isis, el teatro romano o la colina de Arx Hasdrubalis. 

Para acompañar de algún modo a estas fiestas desde nuestro pequeño Planeta del Espacio, vamos a reseñar otro de los números de Jabato, que aúna el material de los cuadernillos apaisados originales del quinto al octavo. 

Contra el Escorpión. Sumido en la visión provocada por la pócima de Adua, Jabato se ve en el interior de una cueva subterránea. En ella, tres mujeres permanecen atadas a árboles secos y raquíticos, como una ofrenda al monstruo que se aproxima hacia ellas. Se trata de una criatura similar a un gran lagarto prehistórico que exhala fuego por la boca. Una de las muchachas tiene los rasgos de la romana Claudia y otra (esto no tiene nada que ver con la historia, pero podría ser una autorreferencia del autor) de cabellos largos y dorados y un vaporoso traje verde, recuerda mucho a la Sigrid del Capitán Trueno.

Jabato empuña su espada y se lanza contra la criatura para proteger a las jóvenes, pero se encuentra con el terror de todo onironauta y también de todo y gamer: el muro invisible. Algo le impide avanzar más allá de cierto punto y no puede hacer más que observar cómo la criatura se aproxima cada vez más hacia las indefensas mujeres.

En ese momento despierta, y Adua le explica que existe una isla cuyos habitantes raptan mujeres, las más bellas que encuentran, para ofrecérselas en sacrificio a esa criatura a la que consideran su dios. Ella ha estado mucho tiempo buscando un héroe lo suficientemente valiente para enfrentarse a ese ser y derrotarlo, poniendo fin así a los crueles sacrificios. Jabato, viendo que lo que se espera de él es una causa justa, no duda en aceptar llevar a cabo esa misión. Todo pensamiento de escapar de sus captores desaparece de inmediato.

Sin embargo, una conversación entre Adua y N´waki, su viejo consejero, nos revela que no todo es tan sencillo como parece. Adua no está en absoluto interesada en lo que pueda pasarles a las víctimas del monstruo. Esto es algo que le trae sin cuidado. Lo que quiere es un guerrero lo suficientemente fuerte para dar muerte al monstruo y a los sacerdotes que lo protegen, para así hacerse con las inmensas riquezas que estos guardan en la misma caverna de los sacrificios. La mujer simplemente ha engañado a Jabato para que haga el trabajo sucio.

Mientras navegan en pos de la isla, se cruzan con un barco de guerra mucho mayor que el suyo, que Adua identifica como perteneciente al Escorpión, un pirata persa. Le habla de él a Jabato, presentándolo como un malvado que quiere impedir que ella acabe con los sacrificios de la isla. El abordaje parece inminente. El barco del Escorpión, con mayor velamen y dotado de remeros, es más rápido que el barco de Adua y está mucho mejor armado. Además, Adua revela que agotaron toda la munición de sus catapultas en un combate que libraron recientemente con un barco cartaginés. ¡Bueno, salen cartagineses después de todo, aunque sea de pasada!

Jabato, viendo que si permiten que los del otro barco les aborden están perdidos, traza un plan tan descabellado que solo a alguien sin la capacidad de temer por su propia vida se le podría ocurrir: ser él el proyectil de la catapulta. Ordena a los hombres de Adua que le disparen a él, con una de las catapultas, contra las amplias velas del barco perseguidor.

El disparo da en el blanco y las velas amortiguan el impacto. Jabato se queda enganchado a ellas y se hace fuerte en esa posición. Mientras, más proyectiles humanos son lanzados desde el barco egipcio al buque del Escorpión. No todos dan en el blanco. Algunos nubios caen en las velas o logran agarrarse a las madejas del velamen, pero otros quedan cortos o pasan de largo, estrellándose contra el mar. Sin embargo, bastantes de los guerreros de Adua, y también el propio Taurus, llegan hasta el barco rival, entablando un feroz combate contra los hombres del Escorpión.

Jabato baja hasta la cubierta y de ahí se desliza a las bodegas del barco, en las que inicia un incendio rompiendo contra el suelo una lámpara de aceite. Buscando la forma de huir del infierno que él mismo ha provocado, entra en un camarote al azar, donde se encuentra con una bella muchacha que está allí resguardada del fragor del combate. Esta resulta ser la hija del Escorpión y, temiendo que el fuego llegue hasta ellos, la toma en brazos y salta al mar por una ventana… solo para encontrarse acechado por un par de tiburones. Se enfrenta a ellos espada en mano, matando a uno de los escualos y poniendo en fuga al otro con una extraña técnica consistente en emitir una vibración con su garganta que se esparce por el agua como una honda de sonar. El autor justifica esto diciéndonos que Jabato vivía en una región costera y es un truco conocido por las gentes de su tierra. No es lo más extraño ni lo más fantástico que hemos visto hacer a un héroe en este tipo de publicaciones, así que lo daremos por bueno.

Habiéndose librado de los tiburones, sale a la superficie con los pulmones ya vacíos de oxígeno. Se asegura de que los del barco del Escorpión le vean a él y a la hija de este y, a continuación, la abandona ahí entre las olas, volviendo a nado a su propio barco, suponiendo que el Escorpión dará prioridad a rescatar a su hija.

Los nubios y Taurus se lanzan también al mar para ganar su propio barco. Mientras, los persas del Escorpión apagan el fuego, ponen a salvo a la hija de este y tratan de matar a los rivales en retirada disparándoles flechas. No sabemos si alcanzan a alguno, pero sí que al menos Jabato y Taurus llegan indemnes al barco egipcio. El barco del Escorpión, dañado por el fuego, va quedándose rezagado, y este jura venganza agitando el puño en alto, como debe ser.

Esa misma noche, desde el barco de Adua avistan el resplandor proveniente de la isla que buscaban, que resulta ser un volcán activo. El agua alrededor del mismo hierve, pues varios pequeños ríos de lava que emanan del cráter desembocan en el mar.

En un pequeño bote, Jabato y Taurus se acercan a la isla y son avistados y atacados por una especie de salvajes que lanzan grandes rocas contra ellos desde la cima del volcán. Una de estas rocas hunde su bote, obligándolos a volver a la nave de Adua. 

Sin embargo, la nave está completamente vacía, sin rastro de ella ni de sus hombres. Lo único que encuentran que pudiera ser una pista son unas pequeñas vasijas rotas sobre cubierta de las que emana un extraño olor. Mientras están investigando la cubierta, otra vasija como las anteriores se estrella contra ella, liberando un gas narcótico que los aturde. Se lanzan al mar huyendo de este gas y el choque con el agua les despeja la mente. Nadan entonces hacia la costa al no tener más opción que esta, llegando hasta ella pese a las aguas hirvientes que provocan los riachuelos de lava del volcán.

Una vez en la isla son atacados inmediatamente por sus habitantes, que emplean unas extrañas espadas de hoja ondulada. En el combate contra el que parece ser su jefe, Jabato golpea a este en la cintura, rompiendo uno de los frascos que lleva allí prendidos y que resultan contener la misma sustancia narcótica con la que les atacaron en el barco de Adua. Pese a que derrotan a sus enemigos, el olor de la sustancia contenida en la vasija puede con ellos y ambos caen inconscientes.

Cuando despiertan, los dos están atados junto a Adua a unos postes en una caverna subterránea, la misma que Jabato vio en su sueño alucinatorio. Frente a ellos, en el muro, hay un gran bajorrelieve de una cara monstruosa con la boca abierta. Adua les explica que cuando ellos salieron con el bote, el barco fue atacado con esas vasijas narcóticas y todos fueron capturados. Al parecer, su consejero estaba conchabado con los monjes de la isla y les facilitó el apoderarse del barco. Ahora han sido dejados allí como sacrificio al dragón. En realidad no llega a presentarse ningún dragón, sino que la lava del volcán, canalizada a través de la boca del bajorrelieve monstruoso, empieza a verterse en la cámara en la que se encuentran. Este es el dragón de las leyendas, una forma extraña de sacrificio disfrazada de criatura sobrenatural.

Jabato logra liberarse del poste al que ha sido amarrado y soltar a los otros antes de que la lava llegue hasta ellos. Están desarmados, por lo que Taurus arranca una gran estalagmita del suelo para emplearla como un mazo de piedra. Se encuentran con un par de guardias que, tras ser derrotados, proporcionan a Jabato una espada y, a continuación, hallan la cámara del tesoro. Adua se lanza emocionada sobre las joyas y Jabato, dándose cuenta de que ella está alegre por el hallazgo pero no especialmente sorprendida, como si ya supiera lo que iba a encontrar, Jabato cae en la cuenta de que el interés de Adua en aquella misión era obtener el botín de los sacerdotes, cosa que ella no tiene ningún reparo en confirmarle. Los sacrificios de las mujeres nunca le importaron. Lo que ella buscaba siempre fue el tesoro, pero necesitaba a un héroe lo bastante valiente e ingenuo para afrontar el peligro sin hacerse preguntas.

Está tan distraída en su propia explicación y en el tesoro que ha encontrado que no se fija en que dentro de uno de los cofres se desliza una enorme serpiente venenosa que está a punto de morderla. Jabato la salva cortándole la cabeza a la serpiente, arrojando su espada. Le echa un sermón a Adua y se marcha de allí, seguido por Taurus, sin tomar del tesoro ni una sola moneda. Adua, ante la perspectiva de quedarse sola, les sigue también sin molestarse en cargar nada del tesoro.

Consiguen un bote de los varios que hay en la zona, ya que el tránsito entre las cavernas subterráneas parcialmente inundadas se hace mediante estos. Al adentrarse en una de las cavernas son tragados por un gran remolino que los sumerge enteros. Cuando ya no pueden contener más la respiración, una fuerte corriente los hace salir prácticamente disparados como en un géiser, en el exterior de las cavernas, cerca de una playa desde la que pueden ver una ciudad.

Nadan hasta allí, puesto que están agotados y, después de todo, no hay otro sitio al que ir. En cuanto los ven salir tambaleándose del el mar y andar por la playa, los sacerdotes y habitantes de la isla se ponen a discutir entre ellos. Saben que son las personas que acaban de dejar como sacrificio en la cueva y, por tanto, tenerlos otra vez ante ellos solo puede significar que son fantasmas o bien que su dios ha rechazado el sacrificio.

El caso es que, demasiado perdidos en sus propias teorías y discusiones filosóficas, no prestan atención ninguna a Jabato y sus compañeros. De hecho, están a punto de enfrentarse a un problema mucho mayor. El volcán de la isla ha entrado finalmente en erupción. Quizá le correspondía entrar en erupción en ese momento. Quizá la huida de los personajes sí ha provocado la ira de algún dios y esa es la consecuencia. Realmente no importa. Por un motivo u otro el volcán desata toda su violencia, lanzando enormes rocas y ríos de lava sobre la ciudad, que la consumen rápidamente. La población queda sepultada por piedra y fuego a la vez. Los pocos supervivientes huyen despavoridos, solo para que la superficie de la isla, agrietada por la fuerza de la erupción, se abra bajo sus pies y se los trague.

Jabato, llevando en brazos a Adua y seguido de Taurus, corre tratando de ganar la costa mientras ve cómo, a su alrededor, más y más habitantes de la isla se precipitan a fosos que se abren inesperadamente ante ellos o son consumidos por las llamas. No pueden hacer nada por ayudarles, así que se limitan a ponerse a salvo ellos mismos. Saltan al mar alejándose de la isla mientras esta se desmorona sobre sí misma.

Sobre las olas únicamente se alza ahora el barco de Adua, y nadan hacia él, poniendo todas sus esperanzas en alcanzarlo y en que a bordo del mismo no les espere ningún otro enemigo.

Bueno, cierto es que en esta ocasión cartagineses solo han salido de palabra y no hemos tenido ningún romano, pero antes o después volverán por estas páginas. Lo que sí hemos tenido ha sido un buen Encendido del Fuego Sagrado. ¡Un volcán entero! 

Continuaremos con las aventuras de Jabato en las próximas fiestas de Cartagineses y Romanos, salvo que encontremos otra fecha adecuada para ponernos a ello. Hasta que ese momento llegue, puedes repasar el inicio de esta historia pulsando aquí.

Colecciones similares (de Manuel Gago) 

El Guerrero del Antifaz

Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz

El Aguilucho

Jabato. 1979. Víctor Mora (guion) Francisco Darnís (dibujo). Publicado en 2003 por Ediciones B.S., obsequio de La Opinión de Murcia. 

sábado, 26 de septiembre de 2026

SLASH de Street Sharks

   LA COLECCIÓN DE FIERAS

    Presentado por… Bem.

¡Hola raros! 

Slash es otro de los monstruos mutantes de Street Sharks creados por el doctor Paradigma. En su caso, lo hizo tomando como base un pez espada al que se le inyectaron los genes de Gengis Kan y del capitán pirata Thomas Blood… aunque como obtuvo el doctor Paradigma genes frescos de estos personajes es todo un misterio. 

Al contrario que sus compañeros, que tienden a ser más directos y brutales, Slash se comporta y él mismo se considera el equivalente a un ladrón de guante blanco o asesino profesional; preciso y refinado. Aunque ésta es sólo la imagen que tiene él de sí mismo, porque en realidad es un individuo especialmente torpe y estúpido. Su arma principal y también lo más característico del es un enorme taladro metálico que brota de su cabeza en el lugar donde debería estar su nariz. 

La figura que vemos aquí no la tiene porque es otra de mis habituales compras de mercadillo y le falta precisamente la pieza del taladro. Esta pieza venía desmontada en la figura para que cupiera bien dentro del blíster. El hacer que la pieza no formará parte integral de la figura, sino que pudiera quitarse y colocarse con facilidad es lo que hace que la mayoría de los que se venden de segunda mano carezcan de ella, porque como cualquier otro complemento aparte de la figura, tiene mucha tendencia a perderse. 

La figura mide unos 14 centímetros y tiene tres puntos de articulación: ambos brazos (es torpe) y la cintura, siendo las dos piernas una sola pieza. A la espalda tiene una palanquita que al presionarla hace que toda la pieza de la nariz y el taladro colocado en esta gire rápidamente y produzca un sonido similar al de una carraca. La figura es una de las más fieles a como aparecía representado en la serie, siendo casi idéntica a esta. La única diferencia es que la figura tiene la ropa más destrozada y de un tono más oscuro de lo que pudimos ver en televisión. 

Más figuras de esta colección pulsando aquí.

Slash. Street Sharks. Mattel. Presentado en blíster. Tres puntos de articulación + una accion. 1995.

jueves, 24 de septiembre de 2026

EL GUERRERO DEL ANTIFAZ Y LA HORCHATA⚔️🥛

  EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!     

Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, nobles caballeros y damas.

Hoy, 24 de septiembre, se celebra el National Horchata Day (Día Nacional de la Horchata). Es curioso que esta celebración sea originaria de Estados Unidos y no de España, teniendo en cuenta que la horchata nació en la península ibérica. Esto se debe especialmente a la horchata mexicana, que se prepara de forma diferente a la española, pero mantiene el mismo espíritu de bebida tradicional y familiar elaborada con pocos recursos. Es una celebración que carece de desfiles y discursos, y consiste simplemente en disfrutar de un vaso de horchata, a ser posible en buena compañía.

Existe una leyenda popular sobre el origen del nombre de la horchata. Esta cuenta que, en 1238, tras la Reconquista cristiana de Valencia a los musulmanes, el rey Jaime I recorría a caballo la huerta valenciana haciendo balance de la última batalla. Una joven campesina vio su expresión agotada por la larga campaña y se acercó a ofrecerle un vaso de una bebida que se elaboraba en la región y por aquel entonces recibía el nombre de agua de chufa.

El monarca tomó el vaso pensando que era leche, pero tras probar esa bebida para él desconocida exclamó: «Això no és llet… això és or, xata!» («Esto no es leche… ¡esto es oro, hermosa!»). La bebida pasó así a conocerse como l'or de la xata (el oro de la hermosa), de ahí a l´orxata y finalmente a horchata, por la deformación lingüística propia del paso del tiempo. No es algo que esté históricamente documentado, sino una de esas cosas que siempre se han dicho, pero ya sea leyenda o realidad me parece una buena anécdota.

Por mi parte, la horchata siempre estará ligada a los recuerdos de mi infancia y especialmente a los veranos, del mismo modo que también asocio aquellos años a la lectura de Las nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz. Por eso, aprovechando esta fecha dedicada a la horchata, he decidido rendir homenaje a ambas cosas que, quién lo iba a decir, tienen su origen en el mismo evento fundacional de España: la Reconquista. Y qué mejor manera de hacerlo que retomando la lectura de Las nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz y disfrutando a la vez de una buena horchata. Ya que no hay ninguna bebida concreta con la que brindar por la Reconquista, creo que esta es perfecta; la bebida con la que una humilde campesina valenciana agradeció a Jaime I el Conquistador haber liberado a su tierra de los invasores.

Prisioneros de Sandra (n.º 19). El combate entre los piratas otomanos de Sandra, que han tomado las Chafarinas, y los piratas berberiscos de Mohamet Krim se extiende por la playa. A los berberiscos se unen los habitantes de la isla, tomando a los piratas de Sandra entre dos frentes. Pese a ello, estos logran imponerse gracias a la ayuda del Guerrero y Li Chin. El Guerrero en persona derrota a Mohamet, mientras que aquellos de sus hombres que aún pueden tenerse en pie, se baten en retirada.

La relativa normalidad regresa a la isla y Sandra reitera al Guerrero su deseo de que se quede como capitán de sus fuerzas. Este, de nuevo, se niega, recordándole la promesa que le hizo Mustafá. Sin embargo, Mustafá ha muerto y Sandra no se cree en la obligación de mantener la promesa que él le hizo al Guerrero. Al contrario, está decidida a retenerlo a su lado a como dé lugar. Por su parte, el capitán Todul, encaprichado de Li Chin, le hace a esta la misma propuesta: que se quede a su lado como una de sus esposas. Ella también se niega, manifestando que siempre permanecerá junto al Guerrero, pase lo que pase, y que, si él se marcha a España, ella se marchará con él. El Guerrero y Li Chin se van a descansar, confiando en que Sandra les cederá un barco y una tripulación para devolverlos a España. Pero cuando estos se disponen a partir, se encuentran de nuevo con la negativa de Sandra, que los manda detener.

En España, en el castillo del Condado de Roca, las cosas no marchan mucho mejor. Ana María hace llamar a su presencia al médico de la corte para que la examine, porque teme estar embarazada. Este se lo confirma poco después, lo cual hace que Ana María entre en una profunda depresión en la que no puede dejar de llorar. El último hombre con el que estuvo fue el impostor que se hacía pasar por el verdadero Guerrero del Antifaz y que la forzó a tener relaciones sexuales con él. Ana María, obviamente, teme que el hijo sea del impostor y no de su marido, y se plantea quitarse la vida antes de seguir adelante con el embarazo.

Para empeorar las cosas, una alta figura acorazada se aproxima lentamente al castillo y se presenta ante los guardias que protegen el puente levadizo. Se trata de Máscara de Hierro, el invencible samurái de rostro deformado por el ácido, que sobrevivió al naufragio de su barco en el n.º 8 y, de algún modo, logró llegar hasta la costa sin renunciar a ni un solo remache de su armadura. Máscara de Hierro mata a los guardias del portón con facilidad gracias a que la calidad del metal de su katana y armadura es muy superior a la de sus rivales, cuyas armas se quiebran contra estas. A continuación, desafía a los guardias de las murallas. Entre ellos está Ramiro, que, aunque no es más que un escudero, acepta batirse en duelo con él.

Ramiro sale del castillo sin armadura, puesto que, al no ser caballero, no le corresponde tenerla. Va armado únicamente con una espada y una daga, y ambas ven rotas sus hojas al ponerlas a prueba contra las armas y la armadura de Máscara de Hierro. 

El combate parece perdido de antemano, ya que, si ni sus armas pueden atravesar la armadura del samurái, poco podrá hacer tan solo con sus puños. Sin embargo, Ramiro recurre a convertir la mayor baza de su adversario en su mayor debilidad. Se abalanza contra él y lo empuja con todas sus fuerzas lanzándolo al interior del foso que rodea el castillo, con lo que Máscara de Hierro se hunde en las turbias aguas, arrastrado por su pesada coraza.

Dura realidad (n.º 20). El Guerrero y Li Chin han sido atrapados y maniatados por los piratas de Sandra, que por tercera vez le ofrece la capitanía de su guardia, sus tesoros y a sí misma, si acepta quedarse con ella. El Guerrero no está interesado en nada de esto y nuevamente la rechaza. También el capitán Todul le reclama la propiedad de Li Chin a Sandra, recordándole que ella le prometió que se podría quedar con la oriental cuando el Guerrero del Antifaz fuese suyo. Y Sandra decreta que, si Li Chin no acepta ser la esposa de Todul, entonces será simplemente su esclava.

Aprovechando que Li Chin está maniatada, Todul se acerca para empezar a cobrarse su premio. Pero los piratas han cometido el error de atarle únicamente las manos y dejarle libres los pies, con lo que uno de los delicados pies de Li Chin entra en contacto con cierta parte igualmente delicada de la anatomía del pirata. Este reacciona abofeteándola, y el Guerrero, a su vez, embistiendo al pirata con la cabeza. 

Todul, loco de ira, empuña su daga para acabar con el Guerrero, el cual lo derriba ahora de una patada en el mentón. Lejos de enfurecerse por esto, la exhibición de poder del Guerrero, capaz de derribar a uno de sus mejores luchadores aun estando maniatado, hace que Sandra se quede más prendida aún de él.

Sandra no es una villana convencional. Tiene momentos autoritarios, egoístas e incluso crueles, pero al mismo tiempo siente una admiración sincera hacia el Guerrero. Eso la hace más interesante que muchos antagonistas que simplemente quieren matarlo. De hecho, durante estos capítulos Sandra parece debatirse constantemente entre retenerlo por la fuerza o dejarlo marchar, porque comprende que nunca le pertenecerá realmente. Aun teniéndolo desarmado, maniatado y rodeado por su guardia, sabe que nunca va a poder controlarlo. 

Tras reflexionar un poco decide dejarlo en libertad, pero quedarse con un pequeño recuerdo de él antes de hacerlo. Lo manda llevar a sus dependencias, se despoja de sus bastas ropas de pirata cambiándolas por un camisón de seda transparente, y le propone liberarlo a él y a Li Chin una vez él le haya hecho el amor. Y bueno, el Guerrero ya sabemos que es muy sacrificado… que está dispuesto a cualquier cosa con tal de cumplir su misión y todo eso… así que, tras un combate algo diferente al que estamos acostumbrados a ver, pero igualmente duro, Sandra le permite seguir su camino. 

Pero cuidado, no le da permiso para marcharse, sino para escapar. Ella no hará nada por detenerlo, pero tampoco le facilitará su huida, para que sea el destino quien decida. Por tanto, no da la orden a sus hombres de que le dejen marchar, ni tampoco que le cierren el paso, sino que se limita a quedarse en sus aposentos, sin dar la alarma.

El Guerrero se marcha por la ventana, andando por una cornisa hasta la habitación donde han encerrado a Li Chin. Cuando está hablando con ella en el interior de la habitación, se presenta el capitán Todul, que viene a cobrarse los favores que él cree que le corresponden como nuevo propietario de la oriental. El Guerrero y el capitán se enfrentan de nuevo y este último termina otra vez por los suelos. 

A continuación, el Guerrero y Li Chin escapan del palacio de Sandra saltando desde una ventana a un carro lleno de paja que pasaba por la calle. De ahí pasan al puerto, donde convencen a unos pescadores para que los lleven hasta España. El Guerrero les muestra sus dos manos. En una sostiene una bolsa de monedas y en la otra su cuchillo, dando a elegir a los pescadores cómo quieren resolver el asunto. Los pescadores eligen la bolsa de monedas, pero durante el viaje intentan asesinarlo para quedarse con todo lo que lleve. 

Este les da una pequeña lección, convenciéndolos de que es mejor que cumplan con el acuerdo al que llegaron y le dejen en la costa española.

Finalmente, son desembarcados en una costa cercana al Condado de Roca. Adquieren un par de caballos de unos granjeros locales y, con estos, el Guerrero y Li Chin cabalgan hacia el castillo, en lo que debería ser un final feliz a sus aventuras… Excepto por el hecho de que el Guerrero no sabe nada de lo que ha ocurrido en su ausencia ni, naturalmente, del embarazo probablemente ilegítimo de su esposa. Además, un par de viñetas en la última página nos muestran que Máscara de Hierro sigue vivo. ¡El tipo parece tan indestructible como su armadura!

Con este número ponemos fin al primer tomo de Las nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz. Podéis repasar la colección desde el inicio pulsando aquí.

Otras colecciones de Manuel Gago 

El Guerrero del Antifaz

El Aguilucho

Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz. 1979-1981. Manuel Gago (guion y dibujo). Publicado por Editorial Valenciana S.A.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

BARRABÁS Y TARUGO EN EL PAÍS DE LOS BETUNEROS

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                        ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                             

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Hoy tengo algo que os va a interesar a los amantes del cómic. Y ojo, fijaos que digo amantes del cómic y no amantes del buen cómic, porque es una diferencia importante. Un amante del cómic es aquel a quien no sólo le gustan los buenos cómics. También quiere saber sobre los malos, quiere saber la historia del cómic, quiere analizarlos, quiere tener material de referencia tanto de lo mejor como de lo peor, porque para poder comparar hay que ver ambos extremos.

Este no es un artículo para los gourmets del cómic, sino para los arqueólogos del cómic. Se trata del tercer y aparentemente último número de Barrabás y Tarugo. Fueron publicados por el Instituto Editorial Reus S. A. Esta era una editorial jurídica, pero en los años cuarenta, para diversificar un poco sus fuentes de ingresos, sacó también algunas colecciones de tebeos en formato apaisado. Sólo se conocen tres números, aunque se anunció un cuarto que a todas luces nunca llegó a ponerse a la venta.

Se publicaron en 1947, durante la etapa de la autarquía franquista. La autarquía fue un período dentro de la posguerra comprendido entre 1939 y 1959, durante el cual Franco trató de hacer que España fuera autosuficiente, sin ninguna dependencia de comercio con el exterior.

En principio, que un país o una persona sean autosuficientes me parece bien; de hecho, lo considero la situación ideal. Sin embargo, hay que saber implementarla y, en este caso, no se supo hacer. La autosuficiencia es algo que debe labrarse desde la suficiencia. Es decir, si tu país o tu economía se sostienen gracias a otros países o personas, hay que ir eliminando esa dependencia poco a poco hasta que la situación sea sostenible sin ella. Pero no depender de los demás tampoco implica necesariamente cortar el contacto con los demás. 

Durante la autarquía española, lo que se hizo fue cortar directamente todos los lazos con otros países, tanto comerciales como políticos, en la creencia de que España encontraría la forma de levantar cabeza por sí misma. Y no fue así. Lo que trajo esto, en lugar de esa situación ideal de independencia financiera, fue más hambruna, más privaciones y una escasez de prácticamente todo.

A su favor podríamos decir que incrementó la producción de literatura y cómic español (ya que no entraba de otros países) lo cual hizo aparecer muchísimas colecciones y títulos nuevos, siendo este uno de ellos.

Los nombres de los protagonistas merecen ser analizados, ya que Barrabás era un famoso asesino bíblico que descuartizaba a sus víctimas, y tarugo significa, básicamente, imbécil o simplón. Barrabás (el pelirrojo de la portada) y Tarugo (su compañero moreno de pequeño y sospechoso bigotillo rectangular) son una pareja de aventureros torpes y disparatados. En esta, su tercera y última aventura, están en África, aparentemente buscando un tesoro gracias a un mapa que consiguieron en el número anterior.

El cómic es en blanco y negro, pero la portada y la última página estaban en color, aunque era una paleta de colores muy reducida, como habéis podido ver, limitada a rojo, azul, rosa y morado.

Como os dije antes, no es un buen cómic para nada. Es una curiosidad, un ejemplo de lo que nos podíamos encontrar en los quioscos en esta época, porque no había mucho más donde elegir. El dibujo es terriblemente sencillo, al nivel de los dibujos de los chistes de política de los periódicos, y todo lo que ocurre parece muy improvisado. Incluso los cuadros de texto están llenos de una letra apretada que parece que se ha intentado hacer encajar en ellos de cualquier modo, como si al autor le hubiesen dado las páginas con los espacios para las viñetas y los cuadros de texto ya hechos, y el encargo de rellenarlos con lo que fuera.

Llegados a este punto, considero que lo más interesante sobre este cómic ya está dicho. Pero todavía no hemos tocado la historia, y ya que estamos en ello, vamos a darle un vistazo.

Barrabás y Tarugo están en África, buscando un tesoro. Les acompaña un guía nativo llamado Tacoli y un perro llamado Merluza.

Mientras deambulan por la selva, son atacados por los betuneros, una peligrosa tribu de caníbales que los captura. Se los llevan a su poblado y preparan la ceremonia en la que van a asarlos y comérselos.

Estando allí prisioneros, tienen la ocasión de comprobar cómo un hombre blanco entra en el campamento y pasea libremente por él sin temor ninguno. Ellos se refieren al hombre como «uno de los bandidos» y los cuadros de texto lo hacen como uno de los gangsters. Esto debe ser parte de la trama del número anterior. Al ver a este individuo, los betuneros se inclinan adorándolo como si fuera un dios.

Tras algunos intentos frustrados, Barrabás y sus compañeros consiguen finalmente escaparse del poblado de los betuneros, y muchos de ellos salen en su persecución. 

El bandido blanco, junto con uno de sus socios, acusa al brujo de la tribu de haberles facilitado su huida a los prisioneros, con lo que los betuneros se lanzan contra este para acabar con él. Esto es una maniobra de los bandidos blancos para debilitar el poder de la tribu y así controlarla más fácilmente.

Barrabás y su grupo son alcanzados por sus perseguidores. Se deshacen de la mayoría de ellos a tiros, haciendo que los betuneros supervivientes se retiren de regreso a su poblado. Cruzan un río con una piragua que encuentran abandonada... Hacen un alto en el camino a comerse unos plátanos... Le pegan un tiro a una serpiente que pasaba por ahí... Finalmente, su mapa los lleva hasta una especie de búnker en medio de la jungla.

Se adentran en este, pistola en mano, y encuentran un esqueleto ahorcado. También algunas lanzas nativas, que empiezan a flotar en el aire y a atacarles como si estuvieran siendo sostenidas por guerreros invisibles. De hecho, disparan contra el lugar en donde se encontrarían los cuerpos de estos guerreros si realmente fueran invisibles, pero las balas no dan a nada. Las lanzas siguen atacándoles y se ven obligados a huir por un largo tramo de escaleras descendentes.

Este les lleva hasta un largo foso de cocodrilos, que solo puede cruzarse sujetos a una cuerda. Y cuando están casi llegando al otro extremo, alguien corta esa cuerda. Únicamente Tarugo logra encaramarse al otro lado, pero allí resulta no haber nadie. Sus compañeros no han caído al foso, sino que se han quedado agarrados a la cuerda que ahora cuelga del otro extremo de la sala.

Recogen el tramo de cuerda que se han quedado, lo lanzan al otro lado (donde Tarugo lo empalma con el trozo que quedó cortado al suyo) y el resto de personajes cruzan. Llegan así hasta otra sala en la que son atacados por otra arma flotante, esta vez una porra de madera, que logra dejar inconsciente a golpes a Tarugo y a Tacoli.

Barrabás se limita a ignorar la porra y sigue avanzando por una galería hasta llegar a una cámara en la que hay un gran ídolo de piedra. El idolo sostiene una cajita dentro de la cual hay un ungüento, que Barrabás deduce que es lo que hace volverse a la gente invisible y aparentemente invulnerable.

Y el número termina aquí, indicándonos que en el próximo número Barrabás volverá atrás para buscar a su perro Merluza, desaparecido en algún momento de la aventura sin que nadie sepa muy bien qué ha pasado con él. Este cuarto número no llegó a publicarse. Vista la calidad de la historia, no me extraña mucho. Pero, por suerte o por desgracia, según se mire, todavía podemos encontrar algunos de estos cuadernitos por ahí, como testimonio de lo que se leía en esta época: una sucesión de clichés que no pretendían ser realistas, porque bastantes preocupaciones reales tenía ya la gente como para encima andar preocupándose de la veracidad de lo que mostraban las viñetas.

Las editoriales trabajaban con recursos mínimos y se enfrentaban a una censura que, si bien era menor que la que hubo anteriormente durante la Segunda República, seguía limitando mucho la creatividad de los autores y los temas a tratar. Hoy en día, con la nueva censura impuesta por la corrección política, sería difícil de publicar. No es que valiera la pena publicarlo, por otra parte, más que como curiosidad, pero de querer alguien reeditarlo y de tener un público que lo demandara, sería casi imposible hacerlo. 

Tengo que revisar mis archivos, pero creo que este es el comic más antiguo que tenemos en su edición original. A fecha de hoy, hace casi ochenta años que estas cuartillas fueron impresas.

Barrabás y Tarugo en el país de los betuneros. 1947. M. de Arce (guion y dibujo). Publicado por Instituto Editorial Reus S.A. 

martes, 22 de septiembre de 2026

¿RINOCERONTE? ¿QUE RINOCERONTE?

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                        ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                             

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Hoy, veintidós de septiembre, es (como sin duda ya sabéis, porque una fecha como esta no pasa desapercibida) el Día Mundial del Rinoceronte. Está dedicado a las cinco especies de rinocerontes del planeta Tierra: blanco, negro, indio, de Java y de Sumatra.

Estuvimos dando un vistazo a lo que teníamos a mano, buscando algo todavía sin reseñar que tuviera que ver con rinocerontes, y hemos encontrado este librito. No trata exclusivamente de rinocerontes, pero sí que sale uno que da título al libro y además aparece en la portada, en una pose muy natural de rinoceronte tomando té.

La historia (pensada para niños de unos ocho años, pero con una segunda lectura muy interesante) trata sobre una familia común que comienza a acumular animales cada vez más raros. Llama la atención que ningún personaje tiene nombre; la familia está compuesta por un niño, que es el protagonista y narrador en primera persona, su hermana, su padre y su madre, aparte de vecinos y personajes adicionales que aparecen puntualmente. Ninguno llega a tener nombre y, sin embargo, los animales sí lo tienen, dejándonos claro quiénes son los verdaderos protagonistas, el verdadero motor de la historia.

La familia siempre ha tenido tendencia a acumular animales comunes: perros, gatos, pájaros, un conejillo de indias, una tortuga de tierra pequeña… hasta que un vecino les trae un erizo que ha rozado con el coche mientras iba conduciendo. No parece herido, pero sí aturdido, y como el vecino sabe que ellos tienen bastantes animales, les lleva el erizo para que se ocupen de él, y ellos lo aceptan.

Esto hace que todos sus vecinos se sientan con el derecho de endosarles cualquier animal que encuentran, recogen o adoptan y luego no quieren quedarse. Así es como terminan con un dromedario, un jabalí, varios mandriles, una cabra, un gorila, un mapache... 

Cuando se ponen serios y les dicen a los vecinos que no quieren más animales, estos simplemente dejan de entregárselos, pero no de dárselos; los dejan en su puerta, llaman al timbre y echan a correr, o los arrojan dentro de la casa por una ventana abierta, con lo que van acumulando más y más animales: avestruces, mofetas, marmotas, ovejas, chinchillas, ciervos, jirafas, zarigüeyas, una vaca, un oso pardo, un equidna… 

La casa se llena de animales. La familia tropieza con la nutria, se choca con el koala agarrado al marco de la puerta, tiene que apartar a empujones al buey que se ha quedado detenido en medio del pasillo para poder pasar ellos... Es como un Arca de Noé, pero afincada en tierra firme. Las cigüeñas anidan en la lámpara y la cabra se queda en el escalón más alto de la escalera, buscando la mayor altura posible. La familia pone carteles en las ventanas indicando a los vecinos que dejen de arrojarles animales dentro de la casa, pero no sirve de nada.

Así terminan también con un elefante, un león, un cocodrilo y, por supuesto, el rinoceronte del título. El rinoceronte al menos es más educado y trata de no molestar, así que cuando cruza por delante del televisor, lo hace de puntillas, a fin de pasar desapercibido.

Casi todo el libro es la descripción de los animales paseándose por la casa y de los problemas que van causando a la familia, cada vez más harta de tanto animal y de tanto mal vecino, sin saber qué hacer ni con unos ni con otros. Cómo dar de comer a tantos animales y reparar los gastos que estos provocan empieza a afectar gravemente a su economía, se plantean incluso atracar un banco. Pero claro, si te pillan mientras atracas un banco te encierran en la cárcel… si eres humano, claro. A un humano que atraca un banco le encierran en la cárcel, pero ¿y si es un animal el que atraca un banco? ¿Lo encerrarán en el zoo? Sería una forma de conseguir dinero si los animales logran atracar el banco y deshacerse de ellos si los capturan. El problema es que no ocurre ni una cosa ni otra: no consiguen hacer entender a los animales qué es exactamente el dinero, así que los que logran entrar al banco vuelven con clips o artículos de oficina, o atracan la tienda de al lado y regresan con montones de cacahuetes y frutos secos.

Tras tres intentos frustrados de atracar un banco con los animales, se deciden por montar un circo con ellos. No un circo típico con malabaristas y payasos que incluye animales, sino un circo únicamente con animales, sin nada más. Y esto resulta ser un éxito. La familia gana muchísimo dinero con ellos, se compran un tren particular en el que meter todos los animales y dedican el resto de su vida a viajar de ciudad en ciudad dando su espectáculo de circo sin humanos.

La acumulación de animales cada vez más exóticos, el caos doméstico, el tono exagerado, el rinoceronte andando de puntillas para no molestar… todo eso está bien. Es imposible y absurdo pero eso es lo que lo hace divertido. Pero lo verdaderamente interesante, creo yo, es el mensaje enterrado bajo esta avalancha de animales: el hecho de que, como la familia acepta hacerse cargo del erizo, todos los vecinos se creen con derecho de endosarles los animales que recogen ellos. Esto es algo que ocurre con demasiada frecuencia. Cuando aceptas hacerle un favor a una persona o grupo de personas, a veces esa persona o grupo dejan de considerarlo un favor y dan por hecho que a partir de ese momento, establecido un precedente, siempre va a ser así. Que siempre vas a cambiarles los turnos de guardia en el trabajo, que siempre vas a terminar lo que se han dejado a medias, que siempre vas a prestarles dinero, que siempre vas a hacerles tal o cual favor. Aceptas hacerlo una vez y ya pierdes el control sobre esa decisión, o así es como lo ven algunos. Por eso hay que tener mucho cuidado con la generosidad. La generosidad, el ayudar a los demás, la solidaridad y todo eso está muy bien, pero siempre ha de ser voluntaria. Ser solidario con el dinero, el tiempo o el esfuerzo de los demás es muy fácil. Nadie puede obligaros a ser solidarios, y cualquier persona que insista en ello os está haciendo chantaje emocional y, por tanto, no es vuestra amiga. Es algo que siempre debéis tener presente. 

No se si esta era la lección que el cuento pretendía dar o es que estoy sobreanalizando otra vez, pero es lo que yo veo aquí. Otra lectura más amable sería la típica de "Si la vida solo te da limones, haz limonada", es decir, encontrar el modo de convertir un problema (en este caso el exceso de animales) en una ventaja (una fuente de ingresos en forma de circo ambulante).   

¿Rinoceronte? ¿Qué rinoceronte? 2010. Pablo Albo (texto) Lucía Serrano (ilustraciones). Editorial Everest S.A.