MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

sábado, 10 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 10) La tumba hambrienta

 Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Las autoridades sanitarias advierten que beber whisky con arsénico es perjudicial para la salud! ¡Se recomienda beberlos por separado! ¡Lea aquí todos los detalles nutricionales! ¡Extra! ¡Extra!


Ida y Jim están excavando en un cementerio en plena noche. Sacan un cadáver cualquiera del ataúd que legítimamente le corresponde y lo dejan tirado en un viejo mausoleo. Su intención es reemplazar el cuerpo del ataúd por otro que van a meter ellos, concretamente el de Ed, el actual esposo de Ida, que se da la circunstancia de no estar muerto todavía. Su mujer ha decidido librarse de él para irse con Jim, pero no quiere complicarse con cosas como el divorcio porque un asesinato es mucho más rápido y no precisa tanto papeleo.

Ed tampoco es que sea un gran ejemplar de ser humano, todo hay que decirlo, pero eso no justifica de ningún modo el tratar de matarlo. Es un tipo extremadamente dejado y un borrachuzo, e Ida aprovecha esto para verter arsénico en su whisky para envenenarlo. El problema es que ha estado haciendo varias tentativas, vertiendo primero pequeñas cantidades de arsénico al no saber qué dosis sería la correcta, así que simplemente ha estado echando cantidades pequeñas al principio y cada vez mayores al no obtener el resultado esperado. Ahora que por fin se ha decidido a matarlo con una dosis de arsénico grande, resulta que, por haber estado bebiendo cantidades pequeñas pero progresivas de arsénico junto con su whisky durante bastante tiempo, Ed parece haberse vuelto resistente a este producto. 

El privar al pobre cadáver anónimo de su ataúd para meter en este a Ed lo hacen con la idea de que un ataúd bien enterrado en el cementerio será precisamente el último lugar donde la policía busque a una persona desaparecida. Antes o después, alguien encontrará el cadáver en el mausoleo, pero si está ya lo bastante descompuesto para que nadie puede identificarlo, tampoco nadie pensará en abrir su tumba, a ver qué ha pasado ahí. 

Es un tanto rebuscado, pero bueno, ya sabéis cómo funciona la mente de los criminales en este tipo de historias. Resuelto el problema de buscarle alojamiento a Ed, vuelven a la casa de ella donde presumen que este habrá muerto ya después de beberse su última botella de whisky adulterado con una gran dosis de arsénico, pero el hombre resulta seguir vivo. Esto obliga a Jim a volver rápidamente al cementerio y cubrir de tierra la tumba que habían dejado abierta para que nadie la vea y sospeche que está ocurriendo algo.

Al día siguiente, Ida llama a Jim y le dice que va a hacer otro intento. Le va a verter un frasco de arsénico entero en su botella de whisky empezada y que se asegurará de que se la beba entera. Que esta vez no puede haber fallo posible porque la dosis que le va a dar tiene que ser mortal de necesidad, y que mientras ella se encarga de eso, que él vuelva al cementerio, fuera de las horas de visita, para abrir de nuevo la tumba.

Jim, que está dedicando a todo el asunto más esfuerzos de los que tenía planeados en un principio, vuelve al cementerio a regañadientes. Abre la tumba por segunda vez, después de haberla vuelto a cubrir la noche anterior. Lo hace sin dejar de refunfuñar, riéndose incluso de la aparente terquedad de Ed, que parece estar negándose a morirse solo por fastidiarles.

Después va a casa de Ida esperando encontrarse con ella, pero no la ve por ningún lado. Sin embargo, en el suelo hay tirado un bulto envuelto en sábanas y cuerdas que obviamente es un cuerpo humano. Parece que Ida sí logró envenenar a Ed después de todo y se lo ha dejado allí preparado para que disponga de él, mientras que ella se ha quitado de en medio, quizá para dejarse ver en algún otro lugar y poder justificar mediante una coartada que no se encontraba en casa en las horas en las que se supone que desapareció su marido.

Jim carga el cadáver en el maletero del coche, conduce hasta el cementerio y lo arroja dentro del ataúd. En ese momento, la forma dentro de la sábana comienza a moverse. ¡El muy cabrón sigue vivo! ¡Sí que es duro de pelar, el individuo!

Harto ya de que su víctima se niegue a morir y de que se niegue a quedarse quieta, como todo cadáver decente, Jim coge la pala con la intención de matarlo a golpes... pero finalmente cierra la tapa del ataúd y lo cubre de tierra sin matarlo. En lugar de eso, lo entierra vivo para que su agonía sea mayor.

A continuación, vuelve a casa de Ida esperando, esta vez sí, encontrarla allí, pero con quien se encuentra es con Ed. Este se enteró de algún modo el plan de Ida para envenenarlo y se aseguró de no caer en la trampa.

¿Dónde está Ida, entonces? ¿Y quién era la persona envuelta y maniatada en la sábana? Dos buenas preguntas, y la misma respuesta para ambas. Naturalmente, el cuerpo maniatado, envuelto en sábanas y con toda probabilidad amordazado que Jim ha enterrado vivo, es el de Ida.

Mientras Jim se da cuenta de esto, Ed se acerca a él con un hacha preparada, no vaya a ser que aún tenga tiempo de ir a desenterrar a Ida...

Me quedo con las ganas de saber como averiguó Ed el plan de Ida. El motivo por el que el arsénico se convirtió en el preferido de los envenenadores es porque además de terriblemente toxico es casi insípido, y mezclado con cualquier liquido con sabor fuerte como el whisky, es indistinguible. De haberse publicado antes de que la colección cambiara de nombre y rumbo, cuándo aún estaba centrada en casos criminales y policiales, probablemente esta parte se habría desarrollado más. Pero estando ya centrada en el terror, esta explicación se dejó de lado y la historia se centró más en la traición de Ida y sus consecuencias tanto para ella como para su amante. Por mí está bien así. 

🍶Podéis tomaros un chupito o dos de esta botella de whisky que me envió Ed junto con su historia, mientras las repasáis todas desde la primera pulsando aquí.

The hungry grave. 1950. Guion de Gardner Fox, dibujo de Graham Ghastly Ingels.. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.

STREET TRASH; VIOLENCIA EN MANHATTAN

 EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                                      ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

Presentado por... Pecky.
 

¡Saludos, amigos cinéfagos!

El primer error que comete mucha gente con esta película es pensar que se trata de una de las producciones de Troma. Las películas de Troma se caracterizan por burlarse de absolutamente todo, sin autocensura ninguna. Se burlan, sin concesiones y de la forma más grosera y exagerada posible, de religiones, orientaciones sexuales, enfermedades, discapacidades, etnias, minorías, mayorías... Y sí, esta no es una película de Troma pero mucha gente piensa que lo es porque sigue exactamente sus mismos parámetros.

Habrá quien dirá: «¡Burlarse de esto o de aquello está mal!», pero si no aceptamos que se pueda hacer humor a costa de todo, entonces no podemos hacerlo a costa de nada. Naturalmente, a quien tenga una discapacidad o algún familiar con discapacidades le molestará que se haga burla de ello. Y quien profese una religión encontrará ofensivo que la ridiculicen. Pero también a quien haya perdido a alguien en un accidente de tráfico le molestará que estos se frivolizaren haciendo películas en las que se vean coches chocando o gente siendo atropellada. Y quien haya perdido a alguien en un tiroteo podría encontrar ofensivo que en las películas de acción o videojuegos los tiroteos se presenten como algo emocionante. 

Absolutamente todo tema que se toque ofenderá a alguien. Si pretendemos que se prohíba el humor en torno a un tema concreto porque nos ofende a nosotros, en justicia habría que prohibir todo humor posible, porque siempre habrá alguien a quien un determinado tema le moleste. Y nadie que se ría de un chiste sobre un tema que no le afecte tiene derecho moral a ofenderse por un chiste sobre un tema que sí le afecte.

Básicamente, esa es la premisa de las películas de Troma: que todo es susceptible de ser ridiculizado. Si hay algo, cualquier cosa, sobre la que os ofenda gravemente que se hagan chistes hasta el punto de enfadaros por ello, no veáis las películas de Troma. Ni las de Torrente. Ni Colgados en Filadelfia. Ni Metalocalipsis. Ni South Park, ni los comics de El Bruto... casi mejor que no salgáis a la calle ni habléis con la gente, por si acaso. Y aunque (de nuevo) esta no es una película de Troma, se siente en todo momento como si lo fuera y todo lo dicho sobre esa productora es aplicable también a esta cinta. 

Aclarado lo anterior, que no pasa de ser una mera opinión personal (como lo es la de cualquiera que opine justo lo contrario) vamos a darle un vistazo a la película. 


La historia tiene lugar en una versión de Manhattan más próxima a lo que son muchas ciudades norteamericanas a día de hoy que a cómo eran en la época en que se filmó la película. Calles llenas a rebosar de delincuentes y vagabundos destrozados por el alcohol y las drogas, sin la más mínima intención de buscar trabajo o mejorar sus vidas. Estos individuos se dedican simplemente a vivir el día a día con lo que pueden robarse unos a otros o llevarse sin pagar de las tiendas.

El líder de esta masa de parias es Bronson, un musculoso y violento exmilitar que se volvió loco en Vietnam y emplea como arma un cuchillo tallado en un fémur humano. Bronson, como líder de los mendigos, los dirige desde un trono hecho con trozos de hierro y chatarra de automóvil. Es un individuo completamente desquiciado al que vemos gritando y agitando su puño, furioso, contra los aviones que sobrevuelan la ciudad. Quizá porque los ve como un símbolo de la prosperidad que él nunca podrá alcanzar o quizá porque le despiertan algún trauma relacionado con Vietnam. 

Bronson dirige a la mayoría de los vagabundos obligándoles a mendigar, a limpiar los cristales de los coches parados en los semáforos (lo quieran los conductores o no) y luego exigir  dinero a cambio, y a todo tipo de cosas similares.

El dueño de una tienda de licores donde los mendigos suelen ir a aprovisionarse de bebida barata encuentra, limpiando el almacén de su sótano una caja de madera llena de botellas de algo llamado Viper (Víbora). Sin tener muy claro lo que es, lo pone a la venta igualmente. Este producto tiene un efecto similar al del ácido sulfúrico en el organismo humano. Los desgraciados que llegan a comprar o robar una de las botellas de Viper y beben un trago se funden rápidamente, derritiéndose de dentro hacia fuera hasta quedar convertidos en un charco de órganos que, extrañamente, tarda más de lo que debería en morir. Algunos se funden, otros explotan… en cualquier caso el proceso es extremadamente doloroso, totalmente irreversible y necesariamente letal. Esto, que en principio parece que va a ser la trama principal de la historia (el origen del Viper o quién lo dejó allí) pasa a un segundo plano muy rápidamente, convirtiéndose simplemente en un escabroso detalle más entre los muchos que salpican la película.

La historia, en realidad, es otra. El protagonista, si es que alguien puede reclamar ese título, es Freddy, uno de los pocos mendigos que aún no se ha doblegado totalmente a la voluntad de Bronson. 

Él y su hermano menor viven en el mismo cementerio de coches donde Bronson tiene su trono de chatarra y donde viven muchos otros mendigos. El cementerio de coches es un negocio legal, pero está dirigido por un individuo corrupto que tiene como secretaria a Wendy, una mujer asiática de buen corazón que dedica parte de su tiempo y de su dinero a cuidar de los mendigos y prepararles bocadillos.

Esto es algo que no gusta a su jefe, que probablemente solo le dio el trabajo para tener una oportunidad de tirársela. Ni le gusta tampoco a Bronson porque, de algún modo, el que alguien trate bien a los mendigos socava su poder sobre ellos. Y además, la chica asiática está de mejor ver que la extremadamente sucia y desgastada mendiga a la que utiliza como esclava sexual particular. El que Wendy parezca sentirse atraída por el hermano menor de Freddy hace que Bronson lo tenga en el punto de mira, esperando la más mínima excusa para acabar con él. 

El argumento de la película es, en realidad, muy tenue. La mayor parte de esta son escenas de lo que van haciendo los personajes hasta que se llega a un desenlace final. Hay un momento, por ejemplo, en el que vemos cómo un amigo de Freddy entra a una tienda, empieza a robar comida metiéndosela dentro del pantalón de una forma muy evidente y, cuando un empleado de la tienda lo confronta, finge ofenderse y se marcha de allí hecho una furia. Roba un montón de productos y, además, se marcha sin que nadie le detenga haciendo ver que él es quien ha sido insultado. La escena pretende ser humorística porque cuando la película se filmó, esto era una tremenda exageración. Sin embargo, a día de hoy esto ocurre en California, por ejemplo, donde un robo por una cuantía inferior a los 950 dólares se considera un delito menor que rara vez se persigue y aun más rara vez se castiga. La enorme permisividad que se tiene actualmente con los criminales lo único que hace es, precisamente, aumentar el número de delitos.

Todo lo que vemos en esta película, que se hizo como una versión enormemente exagerada del problema de la mendicidad y de la delincuencia en las calles, actualmente se queda corto. Quitando la parte del Viper y sus efectos, la película podría venderse como un drama realista más que como la ironía grotesca como la que se filmó en un principio.

Hay otra escena en la que Freddy (que recordemos, es el bueno de la película) se encuentra con una mujer que vuelve de noche a su casa, sola y borracha. Aprovechando que esta lo confunde con algún conocido, la lleva a su chabola de chatarra en el desguace y se acuesta con ella. Una vez ya ha obtenido lo que quería de la mujer, la deja en manos del resto de mendigos, que literalmente la violan en grupo hasta matarla, contagiándose mutuamente, ya de paso, las enfermedades venéreas que pudieran tener cada uno. Al día siguiente, el dueño del desguace encuentra el cadáver, desnudo y lleno de golpes y moratones, y lo único que hace al respecto es aprovechar para violar el cuerpo ya frio, y se marcha dejándolo tirado en el mismo sitio donde lo encontró.

La película sigue con los mendigos comprando o robando botellas de Viper y convirtiéndose en manchas burbujeantes en el asfalto tras beberlo, peleándose entre ellos, lidiando con policías tan solo un grado menos violentos que los propios criminales, etc. 

Uno de estos policías encargado de investigar las extrañas muertes que causa el Viper llega a meterse un dedo por la garganta para provocarse a sí mismo el vómito y echar la pota sobre un delincuente al que acaba de derribar a puñetazos. La película salta del gore al humor y de ahí a la violencia sin ningún orden, sin decidirse del todo a ser una historia de terror, de humor o un drama, queriendo serlo todo a la vez sin llegar a ser nada en concreto. 

El desenlace final llega cuando Bronson se harta de todo. La mendiga a la que mantenía como esclava particular le roba una botella de Viper que le había conseguido otro de los mendigos y, al bebérsela, se funde ante sus ojos. Entonces decide buscar otra mujer con la que reemplazar a la que ha perdido y va a por Wendy. La encuentra en el momento en que ella iba a acostarse con el hermano de Freddy (que por cierto es menor de edad) y se lanza contra este tratando de matarlo. Entonces, Freddy, que estaba por allí, interviene para salvarlo. 

Tenemos un fiero combate final que termina cuando el hermano de Freddy acaba con Bronson utilizando una técnica que, curiosamente, también vimos utilizar a otro Freddy muchos años después. A Freddy Krueger en la película Freddy contra Jason. La forma en la que el hermanito mata a Bronson es colocando en posición un cilindro de aire comprimido y rompiendo la boquilla para que este salga disparado como un torpedo. El enorme y pesado cilindro, impulsado por el gas a presión, golpea a Bronson en el torso, arrancándole la cabeza junto con gran parte del pecho.

Aquí la película nos ofrece la última burla, su broma final, cuando Wendy salta sobre la cabeza arrancada de Bronson para correr a reunirse con su chavalito. Y, en el momento en que ella pasa sobre la cabeza, esta levanta los ojos para mirarle bajo la falda y sonríe justo antes de morir.

La película es una colección de estupideces monumental. Y el interés que tiene reside principalmente en ver todos los tabúes del buen gusto y la corrección política que está dispuesta a romper. En 1987 se planteó como una exageración grotesca de los barrios marginales, pero muchas de las imágenes de delincuencia, drogadicción, suciedad y deterioro social no son muy diferentes de las que vemos actualmente. Los mendigos no se nos presentan como personas necesitadas a las que se pueda rescatar mediante ayuda social, sino como una subcultura completamente separada del resto de la sociedad que no solo no puede sino que no quiere integrarse en la sociedad normal. Viven con sus propias reglas, su propio líder y hasta su propio territorio. Actualmente, en países primermundistas como Francia hay barriadas enteras en las que la policía se niega a entrar y han sido abandonadas a su suerte en manos de los delincuentes pese a que gran parte de la población que las habitan siguen siendo personas honradas. O tan honradas como la ley les permite serlo. 

Pero la película no carga toda la culpa en los delincuentes. El dueño del desguace es corrupto. La policía es brutal. Los comerciantes son oportunistas. Los pocos ciudadanos honrados que vemos son cobardes. Freddy es simplemente el protagonista porque tiene algún mínimo detalle con el que podemos llegar a empatizar, como ser el único que se enfrenta abiertamente a Bronson o ser muy protector con su hermano pequeño, pero también roba de las tiendas, roba a otros mendigos y se aprovecha de una mujer borracha. Wendy es buena con los mendigos y los alimenta con su dinero, pero no tiene reparos en mantener relaciones sexuales con uno de ellos sabiendo que es menor de edad. Únicamente el hermanito de Freddy parece que se salve, pero cuando Wendy se lo lleva a un lugar apartado y se desnuda para acostarse con él, este no le para los pies aunque eso, a efectos legales, la convierte a ella en una pederasta. El que la ciudad se haya convertido en un estercolero no es solo culpa de los delincuentes, es culpa también de todos los que han sido tolerantes y permisivos con ellos. Nadie quiere solucionar nada, no hay fuerzas del orden eficaces, no hay héroes y por tanto, no hay salvación posible. Casi cada personaje se aprovecha de un modo u otro de los demás. Los fuertes explotan a los débiles y los débiles hacen exactamente lo mismo con otros más desfavorecidos.

Sin embargo, cuando le hablas de esta película a alguien que la ha visto o ha oído hablar de ella, lo que te responde suele ser algo como «Ah, sí, la película esa del licor que hace que la gente se derrita». Y este detalle, que es precisamente lo que la ha hecho famosa, lo que todo el mundo sabe o recuerda de ella, es en el fondo lo menos relevante del conjunto. 

Street Trash. 1987. Roy Frumkes (guion). Jim Muro (director). Mike Lackey, Vic Noto, Mark Sferrazza (actores principales) Jane Arakawa, Nicole Potter (actrices principales). Street Trash Joint Venture. Editado en DVD en 2008 por absolute distribution.

viernes, 9 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 9) El barco fantasma

  Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Una pareja nos da sus impresiones después de haber navegado a bordo de un barco fantasma! ¡Dicen que el servicio y el cáterin fue pésimo, pero al menos no les cobraron el pasaje! ¡Extra! ¡Extra!


Don y Carol son una pareja de recién casados que han tenido la brillante idea de iniciar su luna de miel sobrevolando el Triángulo de las Bermudas con una avioneta. Supongo que hay lugares peores a los que ir. Ellos han elegido este, que consideran especialmente bonito y romántico.

Misteriosamente, su avioneta comienza a fallar y se precipita contra la procelosa mar océana. Tienen tiempo de hinchar el bote salvavidas y alejarse de la avioneta, que se hunde rápidamente. Su situación, perdidos en medio del mar y sin haber podido dar su posición por radio a nadie para que venga a rescatarles, parece poco halagüeña, hasta que dos días después ven un barco emerger de la niebla cerca de ellos.

Es un barco bastante extraño, de madera, como un galeón surgido de siglos pasados. Las velas están destrozadas, no se ve a nadie sobre cubierta, incluso tiene abiertas las portillas de los cañones, como si se estuviese preparando para un combate naval. Tiene todo el aspecto de estar abandonado, pero de uno de los ventanales sale una pequeña luz, así que deciden subir a bordo de este, aprovechando una escala de mano que cuelga de un costado.

Lo primero que encuentran al subir a cubierta es un esqueleto amarrado al timón. Hay otro colgando de un mástil. La única luz a bordo es la que proviene de un pequeño ventanuco que da a una habitación interior. Al asomarse a este ventanuco, ven a una figura encapuchada, inclinada sobre un libro que parece estar leyendo. Bajan hasta ese camarote y, al abrir la puerta, este resulta estar vacío. El libro continúa allí, sobre la mesa. Lo examinan y resulta ser el diario de a bordo, cuya última anotación está fechada como el seis de enero de 1854.

Pasan unas cuantas páginas hacia atrás para ver lo que le ocurrió al barco en sus últimos días, y descubren que la tripulación se dedicaba a la piratería al mando de su capitán, Henry Dragoon. El capitán indica en una de sus anotaciones de finales de octubre que teme que se esté organizando un motín por parte de uno de sus hombres. Anotaciones posteriores hablan de la muerte y el asesinato de oficiales, y la letra cambia. A partir de ahí, quien firma ahora las anotaciones es un tal Groggins, que afirma haber acabado con el capitán Dragoon, haciéndole andar por la plancha y lanzándolo al mar.

Groggins se enfrenta rápidamente a los mismos problemas que su predecesor. El botín que estos esperaban encontrar en el camarote del capitán no aparece por ningún lado y el nuevo capitán amotinado empieza a temer él mismo un motín. Para mediados de noviembre el cuerpo de Groggins cuelga ya del mástil (ese debía ser el esqueleto que vieron), y quien pasa a firmar las anotaciones en la bitácora del capitán es Bates. Poco después, el barco queda atrapado en el mar de los Sargazos. Muchos de los tripulantes desertan en las chalupas, marchándose con la mayor parte de los víveres y el agua que quedan. Bates se ve rápidamente con solo un puñado de hombres y sin apenas provisiones.

Las anotaciones siguientes hablan de suicidios y de cómo una vía de agua se abre en la bodega y el barco comienza a hundirse. En la penúltima anotación Bates indica que va a hacerse a la mar en el único bote que queda antes de que el barco, en el que ya está solo, se hunda por completo. Sin embargo, tras esta anotación hay otra más, de nuevo con la letra del capitán Dragoon, en la que este afirma haber recuperado el control del barco y piensa mantenerlo eternamente. Tras esto, solo hay páginas en blanco.

En ese momento, oyen la fuerte sirena de niebla de un buque petrolero moderno y suben corriendo a cubierta, a tiempo de ver cómo este pasa a través del casco del galeón, como si este no existiera, como si fuera una mera ilusión pese a que bajo sus pies es totalmente sólido. 

Nadie del petrolero parece verlos hasta que regresan al pequeño bote que han dejado amarrado a la escala de mano que colgaba del galeón. Aparentemente, en cuanto el bote se separa del galeón vuelven a ser visibles en la realidad en la que vive la dotación del petrolero, como si todo el tiempo que han estado a bordo del galeón hubiesen estado en otro lugar ajeno al mundo real. Son recogidos por los tripulantes del petrolero y le cuentan lo ocurrido al capitán, que lo achaca todo al shock por el accidente, al miedo y la sed.

Y así termina una de las pocas Historias de la Cripta en las que el o los protagonistas no acaban mal. Aquí todos los que mueren lo hicieron hace mucho tiempo y algunos, al parecer, no lo hicieron del todo. Es una historia de fantasmas curiosa en la que incluso el propio barco es un fantasma. Tiene una buena atmósfera de relato marítimo: la niebla, el galeón abandonado, los esqueletos, el diario de a bordo, los motines sucesivos, el mar de los Sargazos… como marinero que fui durante veintitrés años, debo decir que la idea de un barco que sigue navegando siglo y medio después de haberse hundido, parcialmente desconectado de la realidad, tiene algo genuinamente poético.

Pasa la página hasta la siguiente Historia de la Cripta pulsando aquí.

Ghost ship. 1950. Guion y dibujo de Al Feldstein. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.

EL HOMBRE DE LA ARENA

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, somnolientos lectores.

El Hombre de la Arena es, junto con El cascanueces y el rey de los ratones, la obra más conocida del escritor, compositor, dibujante y jurista alemán E. T. A. Hoffmann. 

Es un relato epistolar basado en la leyenda de Der Sandmann, un personaje mítico que cada noche lanzaba una pizca de polvos mágicos en los ojos de la gente para hacer que se durmieran. Esta era la explicación que se daba a los niños para justificarles que cuando tenían sueño les picaran los ojos, como si les hubiese entrado arena en ellos, o que en ocasiones, al despertar, tuvieran legañas, que se suponía eran los restos de esa arena.

No hay apenas referencias escritas a Der Sandmann antes de la obra de Hoffmann. Se sabe que él no inventó el personaje (en el que se basan también desde el Ole Cierraojos de Andersen al The Sandman de Gaiman), pero sí popularizó enormemente esta creencia infantil y la convirtió en algo realmente inquietante.

La historia es la de Natanael, un joven que, siendo niño, se obsesionó hasta niveles enfermizos con la leyenda de Der Sandmann. Todas las noches, a una hora determinada, su madre lo acostaba a dormir y, poco después, él escuchaba pasos en la vieja escalera de madera y una voz extraña dentro de la casa cuyas palabras no llegaba a distinguir. Al preguntar por ello, su madre le contaba que esos pasos y murmullos eran los de El Hombre de la Arena, que acudía a comprobar que ya se hubiese acostado. Para apremiar a Natanael a hacerlo sin rechistar, la mujer creó una versión más terrorífica de este mito, según la cual los polvos mágicos que arrojaba a los ojos de los niños que encontraba despiertos lo que hacían era irritárselos hasta que se les salían de las órbitas. Entonces los arrancaba y se los llevaba a su nido, en la Luna, donde sus hijos, en forma de polluelos monstruosos, los picoteaban hasta devorarlos. Hay un momento en el que su madre le admite que la historia es falsa, pero el mal ya está hecho. La idea de un ser terrible que viene cada noche para tratar de arrancarle los ojos ya está afincada en su cabeza, y él sabe que es real porque oye los pasos y los murmullos.

Una noche decide levantarse de la cama y tratar de ver al Hombre de la Arena, descubriendo que es Coppelius, un amigo de su padre. Coppelius visita su casa también durante el día, de vez en cuando. Es una de esas personas a las que parece divertirles resultar desagradables a los demás y hacen todo lo posible para que la gente se sienta mal en su presencia. Manosea a Natanael y a sus hermanos aun sabiendo que esto les molesta, toquetea toda la comida, incluso lo que no se va a comer, y no cesa de hacer comentarios despreciativos e hirientes. En pocas palabras, un gilipollas integral. Por alguna razón que el pequeño Natanael no entiende pero tampoco se atreve a preguntar, Coppelius acude a su casa cada noche y se encierra con su padre en el estudio de este.

El haber descubierto que Coppelius es el responsable de esos pasos y murmullos nocturnos que él atribuía al Hombre de la Arena no hace que Natanael deje de creer en este. Al contrario, en su mente es perfectamente lógico que un individuo tan odioso como Coppelius sea el Hombre de la Arena. El haberlo visto en carne y hueso demuestra que la leyenda es real.

Una noche se escucha una explosión en la casa (Natanael lo describe como un cañonazo) y lo siguiente que sabe es que el estudio de su padre ha quedado destruido, este ha muerto y Coppelius ha huido. Al parecer, Coppelius y su padre trabajaban en alguna clase de fórmulas químicas y una de ellas estalló accidentalmente. Naturalmente, para Natanael, lo que ha ocurrido es que el Hombre de la Arena ha asesinado a su padre, frustrado por no haber podido arrancarle los ojos a él y a sus hermanos.

Los años pasan y Natanael abandona el hogar familiar para ir a la universidad. Conoce a una chica llamada Clara y se prometen, y todo parece ir bien. Incluso empieza a olvidarse de su antiguo trauma del Hombre de la Arena, hasta que un vendedor ambulante llama a su puerta. El aspecto de este hombre, y también su apellido, Coppola, le recuerda de inmediato al repelente Coppelius, y esto hace que sus antiguos miedos vuelvan a obsesionarle.

Además, Natanael comienza a observar a través de la ventana a una vecina de la casa de enfrente llamada Olimpia, hija de un científico llamado Spalanzani que vive frente a su alojamiento. Olimpia es una joven solitaria que apenas murmura un par de palabras. No muestra emociones y sus movimientos son siempre lentos y calculados, con una extraña rigidez, como si sufriera una leve parálisis. A pesar de ello, Natanael se enamora desesperadamente de ella.

La historia va dándole vueltas a estos hechos. Natanael intercambia cartas con sus familia y su prometida, aunque va distanciándose de esta a medida que su obsesión por Olimpia crece cada vez más. Llega a pedirle su mano al profesor Spalanzani y este se muestra gratamente de acuerdo, incluso encantado con que su hija tenga tal efecto en un joven apuesto y prometedor como es Natanael en ese momento. Sin embargo, la presencia de Coppola, que parece ser amigo del profesor o colaborar con él de algún modo, empieza a amargarle de nuevo la existencia, pues para Natanael Coppola es el propio Coppelius disfrazado que ha vuelto a su vida para controlarlo, vigilarlo y destruirlo.

El relato juega mucho con eso, porque una de las características de Hoffmann como escritor es que nunca deja claro lo que está ocurriendo, si los sucesos extraños que ocurren son sobrenaturales o fruto de la obsesión y la visión distorsionada del narrador. Por tanto, Coppola podría ser Coppelius, pero podría no serlo. Puede que todo esté en la mente de Natanael o puede que todo sea real. Lo único cierto para él es de que ama desesperadamente a la silenciosa, lánguida y casi impasible Olimpia y proyecta en ella todas las virtudes del mundo, del mismo modo que proyecta en Coppelius todos los males posibles. En las ocasiones que tiene de hablar con Olimpia ella apenas susurra que le ama, mientras mueve lentamente una mano y su rostro gira levemente como si su mirada estuviese perdida en un horizonte lejano imaginario. Pero para Nathanael esto es señal más que suficiente de que su futuro está en ella.

Un día tiene la desgracia de asistir a una pelea entre Spalanzani y Coppola en la que ambos parecen estar disputándose el cuerpo de Olimpia. Es entonces cuando descubre que Olimpia no es una mujer real, sino un autómata de extraordinaria perfección, una muñeca mecánica fabricada por Spalanzani como la obra cumbre de sus conocimientos de física, mecánica y relojería. Spalanzani se atribuye a él todo el mérito de la creación y esto es lo que ha despertado la ira de Coppola, que fue quien fabricó sus ojos y reclama parte del mérito. Durante esta discusión, el cuerpo de Olimpia se desarma y sus extremidades y piezas se desparraman por el suelo.

Esto destruye totalmente a Natanael, porque se da cuenta de que la persona por la que más amor había llegado a sentir en toda su vida no era más que una ilusión, un artificio, algo falso que nunca estuvo allí. El hecho de que Spalanzani aceptara la petición de mano de Natanael probablemente fue porque se sintió halagado de que su obra, esa muñeca mecánica que había fabricado, fuese tan realista que hubiese llegado al punto de engañar a alguien hasta hacerlo creer que se trataba de una persona real. Y el hecho de que Coppola fuera el fabricante de las lentes en forma de ojos que utilizaba la muñeca mecánica hace que Natanael vuelva a verlo como el Hombre de la Arena, por aquello que le contó su madre de que este venía a llevarse los ojos de los niños. ¿Acaso Coppola no estaba reclamando de vuelta los ojos de Olimpia?

La cordura de Natanael queda gravemente dañada por este suceso y es internado en un sanatorio. Pasado algún tiempo, se recupera y se le da de alta. Vuelve junto con Clara, superada ya su obsesión por la falsa Olimpia, y empiezan a hacer planes de boda. Incluso recibe, a la muerte de un tío lejano, una finca y una pequeña fortuna en efectivo. Parece que todo va a terminar bien hasta que un día, contemplando el paisaje desde lo alto de una torre, Natanael tiene un repentino ataque de locura. Toma a Clara en brazos y, creyendo que se trata de otra mujer artificial creada para engañarlo, trata de lanzarla al vacío. Clara sobrevive por la oportuna intervención de su hermano, que los acompañaba en esa ocasión y logra ponerla a salvo. Este detalle es el más trágico de todos, porque significa que Natanael había llegado a enamorarse tan perdidamente de Clara como lo estuvo de Olimpia, y eso fue lo que le hizo creer que ella debía ser también una mujer mecánica falsa.

Sumido en su delirio, Natanael cree ver al pie de la torre al infame Coppelius, riendo y burlándose de él. Convencido nuevamente de que el anciano es una criatura sobrenatural que va a dedicarse a martirizarle toda su vida, se lanza desde lo alto de la torre con la intención de caerle encima y estrangularle. Naturalmente, lo único que consigue es estrellarse contra el suelo y matarse él mismo. Para no amargarnos del todo el final, se nos dice, a modo de conclusión, que muchos años después alguien vio a Clara de la mano de otro hombre, con dos niños pequeños jugando cerca de ellos, y parecía feliz. 

No sabemos si Coppelius estaba al pie de la torre o es algo que la trastornada mente de Natanael vio, incapaz de abstraerse por completo de sus obsesiones de la niñez. Tampoco sabemos si Coppelius era o no, en realidad, el Hombre de la Arena, o estaba de algún modo relacionado con este, o incluso si él y Coppola eran la misma persona, como Natanael llegó a sospechar. Y es por esto que El Hombre de la Arena sigue siendo inquietante hoy en día. Aparte del hecho de que lo que se nos está describiendo en este relato de 1816 es una humana artificial capaz de moverse y hablar aun de forma limitada mucho antes de que existieran los conceptos modernos sobre robots o androides autoconscientes.

Der Sandmann. 1816. Ernst Theodor Amadeus Hoffmann. Publicado en 1991 por la Compañía Europea de Comunicación e Información S.A. 

jueves, 8 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 8) Testigo mudo de asesinato

 Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Sección de ofertas de trabajo! ¡Hay un puesto libre de médico psiquiatra en el hospital general del condado! ¡Se piden buenas referencias y, de ser posible, no asesinar a demasiados pacientes! ¡Extra! ¡Extra!


En su segundo aniversario de boda, Steve y Pamela se encuentran en uno de los momentos más felices de su vida. Pamela, soñadora, observa las ventanas de enfrente, al otro lado del patio de luces, preguntándose si la gente que vive en esas casas será tan feliz como ella misma, y deseando que lo sean. 

Pero lo que ve la saca de sus fantasías. Justo en la ventana de enfrente, claramente visibles, hay una pareja que discute. Discuten hasta el punto de que él toma un objeto y golpea brutalmente en la cabeza a ella, que cae en redondo, aparentemente muerta. Asustada por lo que ha visto, Pamela corre a contárselo a su marido, pero la voz simplemente no sale de su garganta. El trauma por haber presenciado una muerte al otro lado de la calle la ha dejado sin voz. Ella intenta hablar con tanta desesperación que llega hasta el punto de casi perder el sentido.

Steve, asustado por lo que pueda pasarle, va en busca de un vecino suyo que sabe que es médico, pues eso será mucho más rápido que llevarla al hospital y conseguir que alguien los atienda. Cuando Pamela ve al médico entrar en su casa, entra en pánico. Es el mismo hombre al que acaba de ver asesinar a su mujer en la ventana de enfrente. Steve, creyendo estar haciendo lo correcto, le explica al doctor todo lo que sabe: que su mujer estaba mirando tranquilamente por la ventana cuando pareció sufrir un colapso y, a continuación, se quedó sin voz.

El detalle de que Pamela estuvo mirando por la ventana hace que el doctor se acerque a echar un vistazo por ella, dándose cuenta de que está justo enfrente de su ventana y de que probablemente lo ha visto a él matar a su mujer. Le indica a Steve que podría tratarse de un caso de agotamiento nervioso y que lo mejor es sedarla. Pese a las mudas protestas de ella, le inyecta una droga que la duerme al instante.

Cuando despierta, está en una clínica psiquiátrica donde la tratan como a una loca. Ella misma no puede hablar y el doctor ordena que le pongan una camisa de fuerza, por lo que tampoco puede escribir notas a los celadores ni a sus cuidadoras. Los días pasan eternos para Pamela. No puede hablar… no puede escribir… las cuidadoras le traen la comida y la asean, pero esa es toda su interacción con el mundo, hasta que el doctor vuelve a presentarse en su celda con una buena noticia y una mala que, en realidad, son la misma.

Ha estado haciendo seguimiento de su caso real, el de la pérdida de voz, no del que él afirma en sus informes, según los cuales sufre una locura violenta que justifica que esté todo el tiempo con la camisa de fuerza puesta. Y ha llegado a la conclusión de que el estado de shock podría remitir de un momento a otro y recuperar con ello la capacidad de hablar. Por tanto, va a matarla haciendo pasar su asesinato por algún desliz médico. Y se lo anuncia con un día de antelación únicamente para hacerla sufrir más. Pero el shock de saber que va a morir y que nadie sabrá nunca la verdad hace que recupere la voz poco después, cuando vuelve a estar sola en su celda.

La siguiente vez que el doctor la visita para llevarla a lo que será su ejecución, en cuanto le quita la camisa de fuerza para amarrarla a la camilla, ella comprende que es la única posibilidad que va a tener de salvar su vida y salta repentinamente contra él, golpeándole el pecho con sus puños. No llega a hacerle daño real, pero la reacción de Pamela es tan inesperada y violenta, porque él contaba encontrarse con una mujer aterrorizada y anímicamente destrozada, incapaz de reaccionar, que sufre un ataque al corazón, una dolencia para la cual se estaba medicando.

El doctor cae al suelo tratando de alcanzar la medicina que lleva siempre encima, en uno de sus bolsillos, pero sus dedos no aciertan a atraparla. Gesticula hacia Pamela, suplicándole con voz trémula que vaya en busca de ayuda, y esta revela en ese momento haber recuperado el habla, pero le dice que no va a ayudarlo. ¡Él pretendía matarla! ¿Qué sentido tendría ayudarlo?

El doctor gime, suplica y lloriquea, pidiendo una y otra vez a Pamela que utilice su recién recuperada voz para pedir ayuda para él, pero ella sigue negándose. Hasta ahora ha sido prisionera de su falta de voz. Ahora, es el no hablar lo que la hace poderosa, y decide callar. Finalmente el doctor muere, y es entonces cuando ella pulsa el botón del parlante de la pared y comunica lo ocurrido.

Bastante bien, en general. La sensación de impotencia de Pamela está muy bien construida, especialmente porque además de su repentino mutismo, el asesino utiliza su posición como médico para hacer que nadie crea en ella. Lo más interesante es que al final, cuando el doctor sufre el ataque al corazón Pamela ya ha recuperado la capacidad de hablar, pero decide no utilizarla para salvarlo. Hay veces, tenedlo siempre en cuenta, que podemos hacer más daño a una persona cerrando la boca que hablando. 

Esta historia, de haber sido de las últimas en lugar de las primeras de esta colección, se habría resuelto con la muerte y posterior resurrección como cadáver viviente o fantasma de Pamela, y con el asesinato o locura del doctor como venganza. En cambio, aquí el combate final es un dilema moral en el que Pamela debate mentalmente consigo misma entre el instinto de salvaguardar su propia vida y el poder de decidir sobre la vida de otra persona. 

Personalmente, creo que Pamela tomó la decisión correcta, cosa que no puedo decir de los protagonistas de la siguiente historia, cuando deciden abordar El barco fantasma. 

Mute witness to murder. 1950. Guion y dibujo de Johnny Craig. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.