MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!
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jueves, 24 de septiembre de 2026

EL GUERRERO DEL ANTIFAZ Y LA HORCHATA⚔️🥛

  EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!     

Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, nobles caballeros y damas.

Hoy, 24 de septiembre, se celebra el National Horchata Day (Día Nacional de la Horchata). Es curioso que esta celebración sea originaria de Estados Unidos y no de España, teniendo en cuenta que la horchata nació en la península ibérica. Esto se debe especialmente a la horchata mexicana, que se prepara de forma diferente a la española, pero mantiene el mismo espíritu de bebida tradicional y familiar elaborada con pocos recursos. Es una celebración que carece de desfiles y discursos, y consiste simplemente en disfrutar de un vaso de horchata, a ser posible en buena compañía.

Existe una leyenda popular sobre el origen del nombre de la horchata. Esta cuenta que, en 1238, tras la Reconquista cristiana de Valencia a los musulmanes, el rey Jaime I recorría a caballo la huerta valenciana haciendo balance de la última batalla. Una joven campesina vio su expresión agotada por la larga campaña y se acercó a ofrecerle un vaso de una bebida que se elaboraba en la región y por aquel entonces recibía el nombre de agua de chufa.

El monarca tomó el vaso pensando que era leche, pero tras probar esa bebida para él desconocida exclamó: «Això no és llet… això és or, xata!» («Esto no es leche… ¡esto es oro, hermosa!»). La bebida pasó así a conocerse como l'or de la xata (el oro de la hermosa), de ahí a l´orxata y finalmente a horchata, por la deformación lingüística propia del paso del tiempo. No es algo que esté históricamente documentado, sino una de esas cosas que siempre se han dicho, pero ya sea leyenda o realidad me parece una buena anécdota.

Por mi parte, la horchata siempre estará ligada a los recuerdos de mi infancia y especialmente a los veranos, del mismo modo que también asocio aquellos años a la lectura de Las nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz. Por eso, aprovechando esta fecha dedicada a la horchata, he decidido rendir homenaje a ambas cosas que, quién lo iba a decir, tienen su origen en el mismo evento fundacional de España: la Reconquista. Y qué mejor manera de hacerlo que retomando la lectura de Las nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz y disfrutando a la vez de una buena horchata. Ya que no hay ninguna bebida concreta con la que brindar por la Reconquista, creo que esta es perfecta; la bebida con la que una humilde campesina valenciana agradeció a Jaime I el Conquistador haber liberado a su tierra de los invasores.

Prisioneros de Sandra (n.º 19). El combate entre los piratas otomanos de Sandra, que han tomado las Chafarinas, y los piratas berberiscos de Mohamet Krim se extiende por la playa. A los berberiscos se unen los habitantes de la isla, tomando a los piratas de Sandra entre dos frentes. Pese a ello, estos logran imponerse gracias a la ayuda del Guerrero y Li Chin. El Guerrero en persona derrota a Mohamet, mientras que aquellos de sus hombres que aún pueden tenerse en pie, se baten en retirada.

La relativa normalidad regresa a la isla y Sandra reitera al Guerrero su deseo de que se quede como capitán de sus fuerzas. Este, de nuevo, se niega, recordándole la promesa que le hizo Mustafá. Sin embargo, Mustafá ha muerto y Sandra no se cree en la obligación de mantener la promesa que él le hizo al Guerrero. Al contrario, está decidida a retenerlo a su lado a como dé lugar. Por su parte, el capitán Todul, encaprichado de Li Chin, le hace a esta la misma propuesta: que se quede a su lado como una de sus esposas. Ella también se niega, manifestando que siempre permanecerá junto al Guerrero, pase lo que pase, y que, si él se marcha a España, ella se marchará con él. El Guerrero y Li Chin se van a descansar, confiando en que Sandra les cederá un barco y una tripulación para devolverlos a España. Pero cuando estos se disponen a partir, se encuentran de nuevo con la negativa de Sandra, que los manda detener.

En España, en el castillo del Condado de Roca, las cosas no marchan mucho mejor. Ana María hace llamar a su presencia al médico de la corte para que la examine, porque teme estar embarazada. Este se lo confirma poco después, lo cual hace que Ana María entre en una profunda depresión en la que no puede dejar de llorar. El último hombre con el que estuvo fue el impostor que se hacía pasar por el verdadero Guerrero del Antifaz y que la forzó a tener relaciones sexuales con él. Ana María, obviamente, teme que el hijo sea del impostor y no de su marido, y se plantea quitarse la vida antes de seguir adelante con el embarazo.

Para empeorar las cosas, una alta figura acorazada se aproxima lentamente al castillo y se presenta ante los guardias que protegen el puente levadizo. Se trata de Máscara de Hierro, el invencible samurái de rostro deformado por el ácido, que sobrevivió al naufragio de su barco en el n.º 8 y, de algún modo, logró llegar hasta la costa sin renunciar a ni un solo remache de su armadura. Máscara de Hierro mata a los guardias del portón con facilidad gracias a que la calidad del metal de su katana y armadura es muy superior a la de sus rivales, cuyas armas se quiebran contra estas. A continuación, desafía a los guardias de las murallas. Entre ellos está Ramiro, que, aunque no es más que un escudero, acepta batirse en duelo con él.

Ramiro sale del castillo sin armadura, puesto que, al no ser caballero, no le corresponde tenerla. Va armado únicamente con una espada y una daga, y ambas ven rotas sus hojas al ponerlas a prueba contra las armas y la armadura de Máscara de Hierro. 

El combate parece perdido de antemano, ya que, si ni sus armas pueden atravesar la armadura del samurái, poco podrá hacer tan solo con sus puños. Sin embargo, Ramiro recurre a convertir la mayor baza de su adversario en su mayor debilidad. Se abalanza contra él y lo empuja con todas sus fuerzas lanzándolo al interior del foso que rodea el castillo, con lo que Máscara de Hierro se hunde en las turbias aguas, arrastrado por su pesada coraza.

Dura realidad (n.º 20). El Guerrero y Li Chin han sido atrapados y maniatados por los piratas de Sandra, que por tercera vez le ofrece la capitanía de su guardia, sus tesoros y a sí misma, si acepta quedarse con ella. El Guerrero no está interesado en nada de esto y nuevamente la rechaza. También el capitán Todul le reclama la propiedad de Li Chin a Sandra, recordándole que ella le prometió que se podría quedar con la oriental cuando el Guerrero del Antifaz fuese suyo. Y Sandra decreta que, si Li Chin no acepta ser la esposa de Todul, entonces será simplemente su esclava.

Aprovechando que Li Chin está maniatada, Todul se acerca para empezar a cobrarse su premio. Pero los piratas han cometido el error de atarle únicamente las manos y dejarle libres los pies, con lo que uno de los delicados pies de Li Chin entra en contacto con cierta parte igualmente delicada de la anatomía del pirata. Este reacciona abofeteándola, y el Guerrero, a su vez, embistiendo al pirata con la cabeza. 

Todul, loco de ira, empuña su daga para acabar con el Guerrero, el cual lo derriba ahora de una patada en el mentón. Lejos de enfurecerse por esto, la exhibición de poder del Guerrero, capaz de derribar a uno de sus mejores luchadores aun estando maniatado, hace que Sandra se quede más prendida aún de él.

Sandra no es una villana convencional. Tiene momentos autoritarios, egoístas e incluso crueles, pero al mismo tiempo siente una admiración sincera hacia el Guerrero. Eso la hace más interesante que muchos antagonistas que simplemente quieren matarlo. De hecho, durante estos capítulos Sandra parece debatirse constantemente entre retenerlo por la fuerza o dejarlo marchar, porque comprende que nunca le pertenecerá realmente. Aun teniéndolo desarmado, maniatado y rodeado por su guardia, sabe que nunca va a poder controlarlo. 

Tras reflexionar un poco decide dejarlo en libertad, pero quedarse con un pequeño recuerdo de él antes de hacerlo. Lo manda llevar a sus dependencias, se despoja de sus bastas ropas de pirata cambiándolas por un camisón de seda transparente, y le propone liberarlo a él y a Li Chin una vez él le haya hecho el amor. Y bueno, el Guerrero ya sabemos que es muy sacrificado… que está dispuesto a cualquier cosa con tal de cumplir su misión y todo eso… así que, tras un combate algo diferente al que estamos acostumbrados a ver, pero igualmente duro, Sandra le permite seguir su camino. 

Pero cuidado, no le da permiso para marcharse, sino para escapar. Ella no hará nada por detenerlo, pero tampoco le facilitará su huida, para que sea el destino quien decida. Por tanto, no da la orden a sus hombres de que le dejen marchar, ni tampoco que le cierren el paso, sino que se limita a quedarse en sus aposentos, sin dar la alarma.

El Guerrero se marcha por la ventana, andando por una cornisa hasta la habitación donde han encerrado a Li Chin. Cuando está hablando con ella en el interior de la habitación, se presenta el capitán Todul, que viene a cobrarse los favores que él cree que le corresponden como nuevo propietario de la oriental. El Guerrero y el capitán se enfrentan de nuevo y este último termina otra vez por los suelos. 

A continuación, el Guerrero y Li Chin escapan del palacio de Sandra saltando desde una ventana a un carro lleno de paja que pasaba por la calle. De ahí pasan al puerto, donde convencen a unos pescadores para que los lleven hasta España. El Guerrero les muestra sus dos manos. En una sostiene una bolsa de monedas y en la otra su cuchillo, dando a elegir a los pescadores cómo quieren resolver el asunto. Los pescadores eligen la bolsa de monedas, pero durante el viaje intentan asesinarlo para quedarse con todo lo que lleve. 

Este les da una pequeña lección, convenciéndolos de que es mejor que cumplan con el acuerdo al que llegaron y le dejen en la costa española.

Finalmente, son desembarcados en una costa cercana al Condado de Roca. Adquieren un par de caballos de unos granjeros locales y, con estos, el Guerrero y Li Chin cabalgan hacia el castillo, en lo que debería ser un final feliz a sus aventuras… Excepto por el hecho de que el Guerrero no sabe nada de lo que ha ocurrido en su ausencia ni, naturalmente, del embarazo probablemente ilegítimo de su esposa. Además, un par de viñetas en la última página nos muestran que Máscara de Hierro sigue vivo. ¡El tipo parece tan indestructible como su armadura!

Con este número ponemos fin al primer tomo de Las nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz. Podéis repasar la colección desde el inicio pulsando aquí.

Otras colecciones de Manuel Gago 

El Guerrero del Antifaz

El Aguilucho

Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz. 1979-1981. Manuel Gago (guion y dibujo). Publicado por Editorial Valenciana S.A.

lunes, 7 de septiembre de 2026

EL GUERRERO DEL ANTIFAZ (Nº 69-70) Recuperando el tesoro

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, nobles caballeros y damas.

Hoy nos sumamos a las fiestas de Moros y Cristianos de Mutxamel como lo hacemos siempre, reseñando un par de números más de El Guerrero del Antifaz. Mutxamel destaca por ser de las pocas localidades que tienen fechas fijas para sus Moros y Cristianos, en lugar de adaptarlas a los fines de semana o coincidencias con otras fiestas. La fecha de los Moros y Cristianos de Mutxamel es inamovible, del 7 al 12 de septiembre. 

Por el bando cristiano desfilan los Maseros, los Piratas, los Contrabandistas y los Templarios. Por parte de los invasores lo hacen los Moros del Cordón, los Moros de la Taifa, los Moros Beduinos y los Moros Mercenarios. Como de costumbre, cada comparsa se divide a su vez en multitud de pequeñas escuadras, cada una con su nombre, historia y estética propias. 

Mutxamel no fue un escenario de grandes batallas. La Reconquista en esta zona fue un entramado de pactos, pequeñas escaramuzas y reajustes fronterizos. Fue también la principal zona de paso segura de tropas para Jaime I en su campaña de la conquista de la ciudad de Alicante, que estaba bajo dominio islámico y fuertemente fortificada. Tras la reconquista de Alicante, Mutxamel quedó integrada en la red de poblaciones que aseguraban el control cristiano del territorio y el mantenimiento de las rutas entre la costa y el interior.

Debido a que la zona fue recuperada de manos musulmanas principalmente mediante pactos y acuerdos, las funciones teatrales que acompañan estas fiestas se centran más en diálogos que en batallas. Las imágenes que vemos arriba corresponden a un momento en que los cristianos hacen una oferta de paz a los moros y éstos responden quemando el pergamino, despreciando un pacto que tras la caída de Alicante terminarían suplicando.


El pozo de los tiburones (n.º 69). Nos quedamos con el Guerrero del Antifaz hundiéndose como una piedra en una trampa de foso inundada y llena de tiburones. Como una espada en un combate subacuático no sirve prácticamente de nada (demasiada distancia entre el punto en el que el usuario ejerce la fuerza y la parte puntiaguda del filo), el Guerrero cambia su espada por su cuchillo para pelear contra los escualos.

Gracias a sus enormes capacidades físicas, su falta de miedo y, sobre todo, que es el héroe de la historia y no puede morir, consigue deshacerse de los tres, llenando el agua del pozo de sangre y oscureciendo la visión de lo que ocurre. Desde fuera del pozo, los enemigos que observan el combate únicamente ven cómo el agua se revuelve y se enturbia hasta que queda en calma, y dan por supuesto que los tiburones han acabado con el Guerrero.

Cuando Ali Kan, que continuaba cobardemente oculto en una sala tras una puerta reforzada, es informado de que el Guerrero ha muerto, sale a comprobarlo personalmente. No puede ver más que las aguas enturbiadas de sangre del pozo, y ordena que Fernando y Osmín sean arrojados allí también. La muchacha que trató de escapar de su harén, Zulima, es arrojada igualmente al pozo por negarse a costarse con él.

Aprovechando la oscuridad del pozo y las aguas ensangrentadas, el Guerrero se ha dedicado a cortar las cuerdas que amarraban las manos de los prisioneros según iban cayendo, y a ponerlos a salvo. 

El pozo es en realidad una gruta natural. Esta se extiende hasta quedar fuera de la vista de la trampilla por la que han caído todos. Una vez la trampilla se cierra, dándolos a todos por muertos, el Guerrero y Osmín utilizan la espada y el cuchillo del primero para tratar de ampliar una grieta en la roca por donde se filtra el agua que llena la pequeña gruta. Es agua salada, por lo que suponen que el foso conecta de algún modo con el mar.

Tras, cito textualmente, «inauditos esfuerzos», consiguen perfilar y desgranar de la pared de roca una piedra de gran tamaño, lo cual deja un hueco lo suficientemente amplio para que pasen de uno en uno por él. Así alcanzan otra caverna inundada, la cual les conduce a un punto en el que pueden salir a la superficie, fuera de la fortaleza de Ali Kan. Todo este episodio es puro pulp: un foso inundado, un combate a cuchillo contra tiburones, la sangre oscureciendo el agua y ocultando la huida del grupo a través de una gruta que casualmente conecta con el mar, a la que acceden tras arrancar una roca de la pared… si alguna vez tenéis que definir el pulp con pocas palabras, acordaos de este comic, porque pulp es exactamente lo que vemos aquí, sacrificar la verosimilitud en favor de una aventura sin concesiones.

Poco después de salir a la superficie son descubiertos por un grupo de tunecinos que se lanzan contra ellos. El Guerrero y sus compañeros los derrotan sin demasiados problemas, pero cometen el error de dejarlos vivos, con lo que estos corren a informar a Ali Kan. Este, por su parte, ya se ha encargado de hacer correr la noticia de que el Guerrero ha muerto, con lo cual inadvertidamente está aumentando una vez más la leyenda que ya se ha formado en torno a él: que es invencible y vuelve de la muerte una y otra vez.

Ali Kan manda a los hermanos Abdallah a buscar al Guerrero, pero están ya bastante hartos de ese tiranuelo de tres al cuarto. Fingen obedecerle y partir en busca del Guerrero, pero en realidad su intención es ir a buscar los dos cofres del tesoro que le arrebataron al Guerrero y a Osmín y escondieron en una zona pedregosa. Su intención es recuperar esos cofres y marcharse, olvidándose de la promesa de recompensa que les hizo Ali Kan y que no termina de llegar.

El Guerrero y sus amigos, llevando a Zulima con ellos, van también en busca de esos cofres, pero primero hacen una parada técnica en una villa para robar cuatro caballos. Mientras se dirigen hacia el lugar donde Osmín se enfrentó a los Abdallah, se cruzan primero con un grupo de moros y luego con uno de sarracenos. El primero renuncia a atacarles porque consideran que están demasiado igualados en número para tener ventaja, pero el grupo de sarracenos es mucho mayor y, al verlos, cargan contra ellos.

Luchando por el tesoro (n.º 70). El combate contra los sarracenos no dura mucho. El Guerrero y los suyos se limitan a derribar los suficientes enemigos como para cambiar sus caballos por los que tienen estos, que están más frescos, y dejar atrás al resto rápidamente.

Al anochecer llegan al lugar en el que los Abdallah les arrebataron y ocultaron el tesoro y ven el resplandor de una fogata. Al aproximarse a esta se encuentran con un grupo de piratas tunecinos que han encontrado el tesoro y se disponen a repartírselo. 

Como son una media docena y el Guerrero y Osmín han vencido otras veces a grupos iguales o mayores se enfrentan a ellos confiadamente, pero los piratas resultan ser mucho más duros de lo que parecían en un principio.

De hecho, Fernando, que se había quedado atrás para proteger a Zulima, se da cuenta de que sus amigos no van a poder por sí solos con los piratas e interviene en el combate. Ni siquiera con su ayuda pueden imponerse a estos, y los piratas terminan derribándolos y derrotándolos a todos, aparentemente sin sufrir más que algunos golpes y heridas menores durante el proceso. Los piratas también descubren y capturan a Zulima y dejan a los cuatro amarrados en una cueva. Ya están hablando de matar a los hombres para ahorrarse problemas; para la mujer, naturalmente, tienen otros planes.

Entonces aparece un tercero en discordia: los hermanos Abdallah. Llegan buscando el tesoro que ellos le arrebataron al Guerrero y que, a su vez, los piratas les han arrebatado a ellos. Se enfrentan a los piratas igual de confiados que el Guerrero lo hizo anteriormente, pero se llevan la misma sorpresa: los piratas son tipos realmente muy duros, mucho más que el promedio de enemigo genérico que maneja esta colección habitualmente. Y, tras un combate igualmente intenso, y a pesar de que ya se encontraban cansados y heridos por el combate anterior, los piratas matan a dos de los hermanos Abdallah y capturan a los otros dos.

Una vez el combate termina, deciden que van a matarlos también, porque realmente no ganan nada dejándolos vivos. No llegamos a ver si lo hacen, por lo que es posible que dos de los Abdallah vuelvan a aparecer más adelante. Me parecen enemigos interesantes: una extraña combinación de culturista y acróbata, y que además no son simplemente servidores fanáticos de Ali Kan, sino que van por su cuenta.

El caso es que, aprovechando el combate entre los Abdallah y los piratas, el Guerrero y Osmín han logrado liberarse de sus ataduras, soltar a sus compañeros y huir del lugar aprovechando la confusión, llevándose no solo cuatro caballos, sino los dos cofres del tesoro.

Transcurre un día más y el Guerrero y su grupo llegan hasta la pequeña casita de la que los hombres de Ali Kan raptaron a Zulima para añadirla al harén. Allí la aguardan sus padres. Estos agradecen al grupo haberle devuelto a su hija. Les proporcionan unas provisiones, que es la única ayuda que pueden darles. A continuación la pequeña familia se marcha con la intención de instalarse en algún otro lugar, puesto que si Ali Kan vuelve a enviar a sus hombres a por ella (sabiendo que el Guerrero y los otros que estaban en el pozo escaparon, es de suponer que Zulima también lo ha hecho) su casa será el primer lugar donde vayan a buscarla.

Cinco días después, el Guerrero, Osmín y Fernando llegan hasta el poblado de Aixa, llevando los dos cofres del tesoro. Recordemos que allí, además de Aixa, están Ana María y Zoraida. Pensaba que Zulima tendría más recorrido en la serie, pero quizá es por esto por lo que el autor hizo que se separara del grupo: reunir en el mismo lugar a cuatro mujeres rescatadas y por tanto (según la lógica del comic de aventuras) enamoradas del Guerrero, podría haber dado pie a demasiados problemas...

Sobre esto último, y aprovechando que hoy voy bien de tiempo, quiero hacer notar que en el cómic español de los años 40 a 60, no era habitual mostrar mujeres guerreras. No se trataba solo de una cuestión de verosimilitud histórica, sino también de una restricción editorial. Las mujeres podían aparecer como cautivas, protegidas, nobles, prometidas o esposas de los protagonistas masculinos, pero se desanimaba a los autores a mostrarlas como combatientes activas. Gago quería mujeres en su grupo protagonista aunque fueran de forma temporal, pero al no poder ser luchadoras tenia que justificar su presencia en el grupo de héroes mediante un rescate, una escolta o algo similar. Por eso en El Guerrero del Antifaz hay muchos personajes femeninos que al principio parece que van a tener algún peso en la historia pero acaban siendo un adorno, como es el caso de Zulima o Zaya. 

Y pese a esto, Gago fue un pionero en el asunto de las damas luchadoras. En su obra encontramos un número sorprendentemente alto (para la época) de mujeres combatientes. La más notable sería Li Chin, a la que llegamos a ver desnucando licántropos con golpes de karate y se convirtió en parte fija del elenco de Las nuevas aventuras. Está Zoraida, que sin ser realmente una guerrera entrenada empuñó las armas más de una vez y acabó con algún que otro miserable. Y están también la Mujer Pirata, Sandra, Yeshima, Mei Hua… Lo cierto es que cuanto más comics leo de Gago más me doy cuenta de que fue un autor bastante más adelantado a su época de lo que suele reconocerse, teniendo en cuenta las grandes restricciones editoriales con las que tenía que lidiar.

Podéis repasar los números anteriores desde el primero pulsando aquí.  

Otras colecciones de Manuel Gago 

Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz

El Aguilucho

El Guerrero del Antifaz. 1944-1966. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.

martes, 1 de septiembre de 2026

NUEVAS AVENTURAS DEL GUERRERO DEL ANTIFAZ (n.º 17 y 18) El perro y los chacales

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!     

Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, nobles caballeros y damas.

Hoy comienzan las fiestas de Moros y Cristianos de Santa Pola. Esta era la población donde mi familia iba a pasar las vacaciones en verano cuando yo era crio. En mis recuerdos siempre va a estar asociada tanto al verano como a mi infancia. Aunque tenía pensado reservar los cómics de Las nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz solo para las fiestas de Moros y Cristianos o los mercadillos medievales de Elche, por ser unos cómics que también asocio a mi infancia y a la población donde nací y me crie, voy a ampliar la oferta reseñándolos también durante los Moros y Cristianos de Santa Pola.

Estos tienen lugar cada año más o menos entre el 31 de agosto y el 8 de septiembre. La fiesta utiliza como escenario principal una fortaleza real del siglo XVI, una construcción defensiva levantada para proteger la costa de los ataques de piratas berberiscos. 

Santa Pola no fue escenario de batallas reales entre cristianos y musulmanes durante la Edad Media. Pero tras esta, piratas berberiscos siguieron atacando la península hasta el siglo XVI. Desembarcaban en las costas españolas para violar mujeres, llevarse las cabras (¿o era al revés?🤔) y saquear poblaciones indefensas. Ya no buscaban conquistar territorios peninsulares ni establecerse de forma permanente, por lo que los enfrentamientos que hubo con ellos no se consideran oficialmente parte de la Reconquista pese a ser una consecuencia de esta. 

El castillo de Santa Pola se empezó a construir en 1552 como respuesta a estos ataques. Su estructura es bastante peculiar; en lugar de unas altas murallas rodeando un castillo, las salas y dependencias de las tropas estaban integradas en el propio muro defensivo, mientras que este rodeaba únicamente una plaza central amplia y despejada sin nada edificado en ella, más allá de un pozo de agua. La idea era que al aparecer en el horizonte los piratas musulmanes, los habitantes de la región (y sus rebaños, por si acaso) se refugiarán en la plaza, dentro de las murallas. 

Las almenaras repartidas por la costa avisaban del peligro mediante señales de humo durante el día o con grandes hogueras encendidas en sus cimas durante la noche, indicando a la gente que debía dirigirse al castillo para ponerse a salvo. Por eso la fortaleza de Santa Pola no tiene un palacio central ni grandes estancias tras las murallas. No estaba diseñada como residencia de la nobleza local, sino que era una fortaleza comunitaria, pensada para proteger a la población de los piratas berberiscos. 

Y casualmente, contra piratas berberiscos están enfrentándose el Guerrero y Li Chin en los números que veremos hoy.

El Perro asesino (n.º 17). El Guerrero del Antifaz ha logrado acabar con el hombre murciélago de la cueva cuando este le saltaba encima, atravesándole el corazón con su espada. Mustafá yace muerto con el cuello desgarrado por este loco, tan obsesionado por la idea de beber sangre que él mismo ha terminado creyendo ser un vampiro. Los hombres de Mustafá se adentran en la cueva buscándole, y es con su ayuda con la que el Guerrero logra sacar a Li Chin y a Sandra del pozo en el que se encontraban.

La muerte de Mustafá convierte a Sandra, su segunda al mando, en la nueva líder de los piratas otomanos. A la cabeza de estos la tripulación se lanza contra los berberiscos que aún quedan en pie, logrando conquistar la isla tras un feroz combate. Sandra toma así posesión de las Chafarinas y los habitantes de esta se ven obligados a rendirle pleitesía como muestra de sumisión.

Sentada en el trono del antiguo gobernante, Sandra recibe a un representante de cada familia, que pasa a entregarle un obsequio. Uno de ellos es un hombre que se presenta con un perro. Sandra piensa que el perro es el regalo que este le trae, pero se da cuenta de su error cuando el hombre revela ser ciego: el perro es su perro guía, y lo que viene a entregarle es una pequeña bolsa de monedas. Sandra le dice que la guarde; al contrario, ella se ofrece a entregarle cualquier cosa que el ciego necesite, apiadándose de su condición. Este únicamente le pide un recuerdo de ese encuentro y Sandra le entrega un pañuelo de seda.

Li Chin hace un comentario sobre el buen corazón de Sandra y entonces el ciego se gira hacia ella, advirtiendo por su voz que es extranjera. Le pide también a ella algún tipo de recuerdo, con lo que Li Chin le entrega otro pañuelo. Finalmente, el ciego manifiesta haber oído decir que el Guerrero del Antifaz estaba presente y, siendo este un gran y reconocido héroe, le pide también a este algún presente. El Guerrero, más prudente que las mujeres, le entrega algo impersonal (unas monedas de oro) y el ciego se marcha guiado por su perro.

Cuando la comitiva de ciudadanos termina, Sandra nombra al Guerrero como su capitán. Este rechaza tal honor recordándole que el trato que tenía con el Mustafá era que, una vez les hubiese ayudado a tomar la isla, este les proporcionaría los medios a él y a Li Chin para volver a España. A espaldas del Guerrero, Sandra trata de congraciarse ahora con Li Chin (aunque ha estado todo el tiempo haciéndole la puñeta) porque quiere que ella interceda para que el Guerrero permanezca a su lado una temporada. 

Aquí encontramos una escena curiosa porque Sandra le indica a Li Chin que prepare un par de vasos de leche a modo de cena. En un descuido de esta, Sandra echa algún tipo de droga en el vaso de la oriental para que duerma profundamente. Su intención es tener vía libre para abandonar el dormitorio esa noche e ir a buscar al Guerrero para tratar de seducirle. 

El caso es que Li Chin hace lo mismo: droga también la bebida de Sandra, y al parecer es el mismo tipo de droga, ya que esta, aparte de sumir a las dos mujeres en un sueño profundo, tiene un efecto afrodisíaco. Vemos en lo que están soñando ambas y parece ser un sueño compartido en el que se disputan las atenciones del Guerrero.

Mientras tanto, volvemos con el ciego, que no es tan inofensivo como hizo creer a todos. Hace que su perro olfatee el pañuelo que le dio Sandra y le da la orden de ir a buscar a la persona con ese olor y acabe con ella. El perro, entrenado para matar, sale corriendo de la casa y se abre paso entre los guardias de la fortaleza. Tras matar o poner en fuga a algunos de los guardias, llega hasta la puerta de los aposentos de Sandra, que encuentra cerrada, y empieza a rascarla frenéticamente sabiendo que su presa está al otro lado.

Sandra, todavía sumida en su sueño alucinatorio producido por la droga afrodisíaca, oye los ruidos en la puerta y su mente le dice que es el Guerrero, que está golpeándola desesperado para entrar en su habitación y tomarla. Se baja a trompicones de la cama y gatea, todavía aturdida por las drogas, hacia la puerta, pero en cuanto la abre, el perro asesino salta sobre ella. Aquí el autor sigue jugando con el estado alucinado de Sandra, porque el Guerrero, que ha oído todo el alboroto que ha provocado el perro, llega hasta los aposentos de Sandra justo en el momento en el que esta abre la puerta y deja entrar al perro. 

Hay una viñeta en la que el perro se está lanzando sobre Sandra, empujándola al suelo con su peso, al mismo tiempo que el Guerrero entra en la sala gritando tras él. Todo esto se mezcla en la mente de Sandra, haciéndola creer que es el Guerrero quien salta desesperado sobre ella y la derriba al echarse encima. Es un tipo de situación muy rara de ver en un cómic español de finales de los setenta.

El caso es que el Guerrero y el perro se enfrentan, intercambiando patadas, puñetazos, zarpazos y mordiscos, hasta que el Guerrero logra lanzarlo por la ventana. El animal es bastante duro de pelar y sobrevive a la caída, marchándose en busca de su amo.

Defendiendo la isla (n.º 18). A la mañana siguiente, el ciego entrega ahora otro pañuelo a su perro para que lo huela: es el pañuelo que le regaló Li Chin, que será su próxima víctima. El Guerrero, por su parte, ha reconocido al perro como el que trajo el ciego que vino a rendir pleitesía el día anterior. Interroga a la gente del pueblo sobre él. Tres hombres le dicen que su nombre es Zabeni y le indican la casa en la que vive, acompañándole hasta esta.

Cuando el Guerrero entra en la casa, los tres hombres que le dieron las indicaciones entran tras él y desenvainan sus cuchillos. Le han engañado para llevarlo a la casa de uno de ellos, con la intención de matarlo discretamente, puesto que la población berberisca del pueblo no está contenta con lo de que su isla haya pasado a dominio otomano. El Guerrero se enfrenta a ellos y les da una paliza a manos limpias. Dos de los tipos logran escapar, pero el Guerrero retiene al tercero para que le guíe a la verdadera vivienda de Zabeni.

Entra en esta, encontrando al mendigo ciego sentado contra una pared al otro extremo de una estancia vacía. En cuanto el Guerrero se adentra en la estancia, el ciego activa una palanca oculta que hace caer sobre este una gran losa de piedra del techo. Cuando el Guerrero salta para esquivarla, Zabeni empuña un cuchillo que lanza al Guerrero con sorprendente precisión, revelando que en realidad no es ciego, solo finge serlo para parecer inofensivo. El Guerrero logra esquivar el cuchillo y persigue a Zabeni hasta otra habitación en la que este le lanza ahora un jarro que resulta estar lleno de víboras venenosas, una distracción con la que pretende cubrir su huida. Desgraciadamente para él, una de las víboras que se esparcen por el suelo le muerde antes de que logre abandonar la estancia. 

El Guerrero acaba con todas las alimañas y se ofrece a buscar un antídoto para Zabeni si le dice dónde está su perro. Este, aterrorizado por la inminencia de su muerte, le revela que lo ha enviado a matar a la oriental. El Guerrero corre a buscarla, dando el aviso a unos guardias de Sandra que encuentra por el camino que deben llevarle un antídoto para veneno de víbora a Zabeni, aunque no llega a mostrársenos si se lo entregan a tiempo de salvarlo o no. Sinceramente, espero que sí. Comparado con otros villanos planos como Ali Kan, que solo resultaba peligroso por tener muchas tropas bajo su mando, en solo dos números Zabeni ha demostrado ser un adversario astuto y lleno de recursos.

Li Chin se encuentra en ese momento en el mercado. El perro la encuentra primero y salta sobre ella, pero el Guerrero llega casi de inmediato y se enzarza en otra feroz pelea con el animal. Finalmente logra acabar con él con la ayuda de algunos de los corsarios de Sandra, que aparecen por el lugar. Sandra, sin embargo, sigue empeñada en retener al Guerrero a su lado. Y puesto que uno de sus generales, el capitán Toudol, parece atraído por Li Chin, le da a entender que podrá quedarse con ella si de algún modo logran que ella y el Guerrero se distancien. Sandra quiere aislar al Guerrero de la única amistad que tiene en la isla para manipularlo más fácilmente.

Sin embargo, este es un plan que se desarrollará más adelante, porque hay un peligro más inmediato que atender: una gran flota de piratas moros se aproxima a la isla, puesto que saben que las Chafarinas han sido arrebatadas a los piratas berberiscos por los piratas otomanos de Sandra. Solo ha pasado un día desde que esto ocurrió, así que debemos suponer que la flota pirata ya se encontraba por otros motivos cerca de las islas y fueron informados por algún pescador local.

Su líder es Mohamet Krim, un corpulento pirata cuya mano izquierda ha sido sustituida por una cuchilla. Las tropas de Sandra les plantan cara en cuanto estos desembarcan. También el Guerrero y Li Chin se unen al combate, y el capitán Toudol se asegura de estar cerca de ella en un intento de que la oriental le vea luchar y quede impresionada por su arrojo. Cuando los dos bandos se encuentran en la playa, la gente de la isla toma sus armas y se unen al combate poniéndose de parte de Mohamet, con lo que las tropas de Sandra quedan entre dos frentes: los piratas que han desembarcado en la playa y los refuerzos que les llegan a estos desde el pueblo.

Y en estos trances nos quedamos de momento. Podéis repasar la colección desde el inicio pulsando aquí.

Otras colecciones de Manuel Gago 

El Guerrero del Antifaz

El Aguilucho

Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz. 1979-1981. Manuel Gago (guion y dibujo). Publicado por Editorial Valenciana S.A.

jueves, 13 de agosto de 2026

EL GUERRERO DEL ANTIFAZ (Nº 67-68) Regreso a Túnez

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, nobles caballeros y damas.

Nos encontramos en plenas fiestas de Moros y Cristianos de Dénia, celebradas en honor a San Roc, patrón de la ciudad. Estas fiestas conmemoran el ataque berberisco de 1556, cuando diez galeones de invasores norteafricanos intentaron tomar Dénia. Llegaron a la costa y avanzaron hacia la zona del Saladar, un llano cercano a la población. La costa valenciana vivía en alerta permanente por estas fechas y la expresión popular «No hay moros en la costa», como sinónimo de «Todo va bien», nació aquí. 

Dénia, con su castillo y su puerto, era un punto estratégico pero vulnerable debido al limitado número de defensores con los que contaba, parte de los cuales habían sido enviados a reforzar las defensas de Xàbia. A pesar de tener sus defensas reducidas, los dianenses repelieron el ataque y los otomanos supervivientes huyeron.

Las de Dénia están entre las fiestas de Moros y Cristianos más antiguas documentadas, habiendo ya referencias escritas sobre ellas desde 1599, y se sabe que personalidades como el duque de Lerma y Lope de Vega llegaron a tomar parte en las mismas.

Dieciséis comparsas son las que desfilan, ocho en cada bando. Por el bando cristiano tenemos a los Denienses, Marinos Corsarios, Guerreros Hospitalarios, Templarios, Almogávares, Amigos del Combate, Cruzados y Caballeros del Me’nfot. Estos últimos, cuyo nombre se traduciría como Caballeros de «me importa un bledo» o Caballeros de «que te den», son una comparsa humorística y autoparódica. Por el lado de los musulmanes están los Amiríes, Valíes, Almorávides, Marmitones, Benavitas, Tuaregs, Bereberes y Mozárabes.

Algo curioso de estas fiestas es que, además de los habituales desfiles y representaciones, incluye entre sus actividades una campaña de donación de sangre masiva para los hospitales de la comunidad. Cuatrocientos setenta años después de la incursión islámica, y los dianenses aún siguen derramando sangre por los suyos.


Los Hermanos Abdallah. (n.º 67). Nos quedamos en el último número con el buque cristiano alejándose de las islas Gelves. Han abandonado a la Mujer Pirata en un bote, tal como prometieron a sus hombres. Varios buques piratas los persiguen. Uno se detiene brevemente para subir a bordo a la Mujer Pirata, la cual los increpa hecha una furia y les dice que les persigan. Pero el velero cristiano es más rápido y ya lleva bastante ventaja. Pese a la tenaz persecución de los piratas, el buque cristiano los va dejando atrás poco a poco, hasta que se hace evidente que no van a poder atraparlos.

En cuanto ganan las costas de Túnez, el Guerrero entrega uno de los tres cofres de tesoro que se llevó de la isla de los piratas a la tripulación del barco y se despide de ellos. Marcha hacia la costa en un bote junto con Osmín y los otros dos cofres. Esconden estos entre unas rocas y Osmín se queda de guardia mientras el Guerrero sale a buscar unos caballos, sin los cuales nunca llegarían a su destino. En ausencia del Guerrero, Osmín es atacado por los hermanos Abdallah. Estos son cuatro hombres robustos, expertos luchadores mano a mano y ágiles como acróbatas. Ali Kan los ha contratado para que atrapen al Guerrero del Antifaz. Basándose en la descripción que han recibido de este, confunden a Osmín con el Guerrero debido a su costumbre de vestir igual que él, como llevamos viendo ya en algunos números. 

Los cuatro saltan sobre Osmín y, a pesar de la extraordinaria fuerza de este, lo dominan con relativa facilidad. Los Abdallah luchan de forma perfectamente coordinada y lo derriban una y otra vez. Lo lanzan al aire, lo esquivan, lo humillan, y uno de ellos incluso aprovecha un momento en que está tirado en el suelo boca abajo para bailar sobre su espalda. Tras derrotarlo y amarrarlo, los Abdallah encuentran los cofres del tesoro entre las rocas. A ellos les han contratado para capturar al Guerrero; del tesoro no se dijo nada, así que deciden quedárselo todo y no informar a Ali Kan, limitándose a llevarle únicamente a Osmín, que ellos creen que es el Guerrero.

Mientras tanto, el Guerrero llega a una pequeña hacienda no lejos de allí, buscando caballos. Intenta primero conseguirlos por las buenas, ofreciéndose a comprarlos. Tras ser agredido por los habitantes de la finca y derrotarlos, roba tres caballos y vuelve con Osmín, pero no lo encuentra. Los hermanos Abdallah ya han desaparecido, llevándose con ellos a Osmín y los cofres. Un poco más adelante se encuentra con una patrulla de tunecinos que le atacan inmediatamente. Este se defiende de ellos, acabando con la mayoría. Deja a uno con vida para interrogarle sobre Osmín suponiendo que esa misma patrulla son los que le capturaron, pero el hombre no sabe nada.

Otros dos soldados que se encuentra después le proporcionan algo de información. Los envía Ali Kan con instrucciones de hacer saber al Guerrero que él tiene a su amigo prisionero. Pero no se refiere a Olián, sino a Fernando. El Guerrero ignoraba todo lo ocurrido a Fernando recientemente. Osmín y Fernando están, de hecho, encerrados en celdas contiguas, sin saber nada uno de la situación del otro. Fernando ha hecho el protocolario intento de escapar, pero con eso solo ha conseguido que el carcelero le dé una paliza. 

Ali Kan, por su parte, se ha dado cuenta inmediatamente de que quien han llevado a su presencia los hermanos Abdallah no es el Guerrero, pero está igualmente contento con la presa, puesto que sabe que es uno de sus compañeros. Al igual que Fernando, Osmín es un excelente cebo para atraer al Guerrero a su presencia y tener otra oportunidad de acabar con él.

Enemigo en la fortaleza (n.º 68). Con esta nueva información, el Guerrero se dirige a la fortaleza de Ali Kan, cambiando un par de veces de caballo para llegar lo antes posible. Cuando lo hace ya es de noche. Además de los que vigilan desde las murallas, hay algunos guardias patrullando por el exterior. De uno de ellos consigue las ropas que necesita para pasar desapercibido dentro de la fortaleza.

Una de las cosas que se ha criticado del Guerrero del Antifaz es que los españoles se hacían pasar por árabes y viceversa simplemente tomando las ropas del bando contrario. Y nadie sospechaba nada, como si el tono de piel, los rasgos étnicos distintivos o el acento al hablar un idioma que no es el propio fueran algo que el autor no tomara en cuenta. Es cierto que esto era originalmente un cómic infantil y juvenil, o como tal se vendía, y puede que el autor ni tan solo pensara en ello, pero esto no lo convierte automáticamente en una simplificación o un error. 

Estamos hablando de una época en que había muchos españoles nacidos cristianos y convertidos al islam, por haber sido sus territorios conquistados por los musulmanes; había también muchos musulmanes que, con tal de que se les permitiera seguir viviendo en la península, habían aceptado abandonar su antigua fe y abrazar el cristianismo. Entre las filas cristianas luchaban incluso aliados moros no conversos, puesto que hacia el final de la Reconquista los árabes afincados en España querían impedir que otras facciones islamistas más radicales, como los almorávides y los almohades se apoderaran de España. Incluso ellos, siendo también musulmanes, habrían perdido la mayor parte de sus derechos de gobernar estas facciones. Y por el lado de los musulmanes había luchando a su favor tanto muladíes (cristianos conversos al islam) como mercenarios ultrapirenaicos. Lo que quiero decir es que había tanto españoles como árabes en ambos bandos, lo que podría justificar la facilidad con la que unos y otros se engañaban mutuamente en estos comics, solo con cambiar sus ropas.

El caso es que el Guerrero, ahora con el uniforme de un guardia de Ali Kan, se infiltra en la fortaleza de este. Nadie le presta especial atención hasta que un oficial de la vieja guardia de Ali Kan se fija en él y lo reconoce. Finge no hacerlo y, cuando el Guerrero dice ser un mensajero que tiene que dar un comunicado de palabra a Ali Kan, el oficial lo conduce hasta una sala diciéndole que esos son sus aposentos. 

Es una trampa muy obvia, puesto que los supuestos aposentos tienen cerrojos por fuera, como los tendría una celda. Sabiéndose descubierto, el Guerrero reacciona atacando por sorpresa al grupo. Tras despachar a esa morralla, se esconde en una habitación donde se cambia sus ropas. Puesto que ya ha sido descubierto, y sabiendo que muchos de sus enemigos lo consideran una entidad sobrenatural e invencible, es mejor dejarse ver abiertamente con sus ropas habituales y aprovechar esta ventaja.

Mientras tanto, Ali Kan es informado de la presencia del Guerrero. Aunque él pretendía atraerle, la certeza de que ya está en el interior de la fortaleza le hace entrar en pánico y corre a esconderse en su cámara del tesoro, con una puerta de metal con sólidos cerrojos que solo pueden abrirse desde dentro. Su intención es quedarse allí mientras el Guerrero se enfrenta con todos los guardias de su palacio hasta que lo maten.

El Guerrero deambula por todo el lugar buscando a Ali Kan, lo que nos deja con varias páginas seguidas de combates, hasta que los hermanos Abdallah hacen acto de presencia otra vez. Se lanzan contra el Guerrero a traición, pero el grito de aviso de una mujer le permite reaccionar y no ser derribado inmediatamente. 

Esta mujer es Zulima, otra de las esclavas de Ali Kan, que este compró hace poco para ir renovando su harén y que no está nada contenta con tal situación. En un descuido del eunuco, debido al revuelo que hay por todo el palacio, se escapa del harén tratando de huir. Se topa con el Guerrero en el momento en que los Hermanos Abdullah iban a atacarle por la espalda y lo avisa con un grito, puesto que sabe que su única posibilidad razonable de recobrar la libertad es que su actual amo muera.

El Guerrero se deshace momentáneamente de los Abdallah. No logra matar a ninguno, pero sí pone distancia entre ellos. Cambiando de prioridades, baja hasta las mazmorras con intención de liberar primero a sus compañeros. Obliga a uno de los guardias a guiarle, pero nota que este está totalmente aterrorizado, y no por su presencia o por la posibilidad de que su captor le mate: lo que le aterroriza es el mero hecho de bajar hasta las mazmorras.

Cuando llegan allí, el suelo se abre bajo sus pies y caen a un foso lleno de agua con tiburones, que inmediatamente devoran al guardia. El Guerrero se enzarza en un combate con ellos, empuñando su cuchillo. Y así, con el Guerrero chapoteando en aguas cada vez más turbias por la sangre, es como termina este número. 

Bueno, no os quejaréis… hoy hemos tenido hasta tiburones, que nunca están de más en verano 🦈 

Averigua como se salva del pozo de los tiburones pulsando aquí.  

Otras colecciones de Manuel Gago 

Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz

El Aguilucho

El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.

jueves, 6 de agosto de 2026

EL GUERRERO DEL ANTIFAZ (Nº 65-66) El tesoro de Aixa

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, nobles caballeros y damas.

Ayer comenzaron y el día ocho terminan las fiestas de Moros y Cristianos de Ayelo de Malferit (Cañada del malherido), en la comarca valenciana de la Vall d’Albaida. Entre las actividades propias de estos días destacan la toma del castillo, el combate de arcabucería y la noche de las paellas (¡que no falten nunca las paellas!), además de varias representaciones teatrales y actos culturales.

No he encontrado qué comparsas desfilan este año, pero en años anteriores, por parte de los cristianos, formaron los Astures, Oleyanos, Corsarios y Contrabandistas. Por los moros lo hicieron los Caníbales, Armoravides, Garbeyarabes y Barbárabes.

Respecto a los hechos históricos relacionados con la Reconquista, Ayelo de Malferit no fue escenario de ninguna batalla documentada. Se trata de uno de los asentamientos moros que se rindieron sin combatir en 1248, tras la caída de Valencia. Aunque Ayelo en sí no fue campo de batalla, sí hubo enfrentamientos importantes de la Reconquista en localidades muy cercanas. La más destacada es la batalla de Llutxent, ocurrida a apenas doce kilómetros de Ayelo. Fue la última acción militar en la que participó Jaime I y enfrentó a sus tropas contra las fuerzas musulmanas de Al-Azraq, por el dominio del castillo de Xio. La jornada fue especialmente sangrienta y pasó a conocerse como el Martes Negro.

Coincidiendo con estas fiestas, aprovechamos para seguir reseñando un par de cómics más de El Guerrero del Antifaz.

La derrota de Hassan (n.º 65). Aruch Melik, el jefe de los piratas turcos y rival de la Mujer Pirata, le propone al Guerrero que acabe con ella a cambio de ayudarle a salir con vida de la isla. Este se niega a hacerlo porque, aunque la Mujer Pirata es también enemiga de él y la tenga retenida como rehén, matarla estando indefensa es una acción, según sus propias palabras, «indigna de cristiano y caballero». Esto hace que Aruch se lance contra él y se enzarcen en un duelo de espadas. Cuando el Guerrero desarma a Aruch, este le propone entonces solventar el asunto a puñetazos, pero también en este otro tipo de combate el Guerrero se impone. Aunque Aruch había prometido al Guerrero que sus hombres no intervendrían y le dejarían en paz si era él quien ganaba, cuando el Guerrero se alza con la victoria, estos le arrojan una lluvia de dagas, mazas y lanzas, tratando de ensartarlo.

El Guerrero y Osmín se ven obligados a huir, saliendo de un combate para caer en otro. Se encuentran a continuación con el Pirata Negro luchando en solitario contra Hassan y un grupo de piratas leales a este. Hassan era, recordemos, el lugarteniente del Pirata Negro, que ya había manifestado en varias ocasiones querer asumir el mando de su flota. Parece que finalmente ha perdido la paciencia o el buen sentido y ha decidido matarlo para tomar su puesto.

El Guerrero y Osmín se lanzan a ayudar al Pirata Negro, aunque las últimas veces que se encontraron no fue en muy buenos términos. El Pirata Negro ha perdido la mayor parte de su flota, poder e influencia precisamente por ayudar al Guerrero, y la aparición de este, aunque venga para salvarlo, no es vista por el Pirata Negro con muy buenos ojos. Sin embargo, durante el combate el Pirata Negro mata al fin a Hassan, lo que hace que todos los que estaban indecisos vuelvan a su lado. Esto le pone en deuda de nuevo con el Guerrero, por lo que se siente moralmente obligado a ayudarle.

Intenta, en lugar de esto, que el Guerrero se conforme con la mitad de su tesoro, que consiste en varios cofres de oro y joyas. Pero este no está interesado en ese tesoro: quiere concretamente el de la Mujer Pirata, al menos una parte equivalente a lo que esta arrebató a Aixa. No le importa que el tesoro que le está ofreciendo el Pirata Negro sea de una cuantía claramente mayor que aquel que ha venido a buscar. El Guerrero, ya hemos tenido oportunidad de verlo muchas veces, tiene el superpoder de lo que podríamos llamar «cabezonería heroica», si os gusta el término. Sin importar el valor del tesoro que le ofrecen, no piensa irse de ahí con otro que no sea exactamente el que ha venido a buscar.

El Guerrero y Osmín abandonan la guarida del Pirata Negro y son atacados por un nuevo grupo de piratas; la isla, después de todo, está repleta de ellos. De nuevo, la valentía casi psicopática del Guerrero pone en fuga a sus enemigos, impresionados por el desdén por su propia vida con el que se bate. Finalmente llegan hasta la caverna que utiliza como guarida la Mujer Pirata. ¿Cómo saben que era esa caverna precisamente? Bueno, pues el cómic no dice nada al respecto, pero podemos suponer que, puesto que acaban de hablar con el Pirata Negro, este les indica cómo llegar hasta ella.

Tras lanzarse contra los guardianes que hay en la boca de la cueva, se adentran en esta, combatiendo con todos los piratas que les van saliendo al paso. Mientras el Guerrero y Osmín asaltan la cueva de la Mujer Pirata, los hombres de esta hacen otro tanto con el barco de los cristianos. Un gran número de piratas se lanzan al agua desde un punto poco visible de la costa y bucean hasta el barco, trepando por sus costados y lanzándose a atacar a la tripulación. Es un golpe de mano bastante osado, pero tras una corta y dura lucha todos los piratas son derrotados y sus cuerpos arrojados por la borda.

A Fernando, en cambio, las cosas le van bastante peor. Tras escapar al galope de una de las patrullas de Osmín y detenerse a descansar, y detenerse para que su caballo descanse un poco, es atacado por otra patrulla. Uno de ellos lo reconoce como el compañero del Guerrero y ordena que lo capturen con vida para llevárselo a Ali Kan.

La trampa de los gorilas (n.º 66). El Guerrero y Osmín llegan hasta una cámara en la que hay amontonados numerosos cofres de tesoro. Al avanzar hacia ellos, el suelo se abre bajo sus pies. Osmín se precipita a la trampa y, por esta vez, el Guerrero logra agarrarse al borde y salvarse. El Guerrero es un especialista en escapar de trampas, pero ha llegado a serlo a base de caer sin parar en ellas. Que logre librarse de una es un suceso realmente notable.

Osmín, como decíamos, se precipita al fondo del foso y se lesiona una pierna. Aunque dice sentir que se la ha roto, esto debe ser solo la impresión inicial, porque más adelante veremos que anda y pelea con normalidad. El suelo del foso está cubierto de paja, lo cual es algo que nadie haría a no ser que tuviera un especial interés en capturar vivo a quien cayera en la trampa, quizá para reservarlo para otros usos… o, como en este caso, reservarle otro tipo de muerte.

Una puerta secreta se abre al foso y de esta surge un gorila, que al primer manotazo arrebata su arma a Osmín. El Guerrero agarra uno de los pesados cofres de tesoro y lo lanza al foso sobre la cabeza del gorila, dejándolo inconsciente. Esto permite a Osmín recuperar su espada. Y justo a tiempo, porque más simios enormes aparecen por la misma puerta por la que entró el primero. 

Osmín, espada en mano, y el Guerrero, lanzando cofres sobre las cabezas de los monos, consiguen mantenerlos a raya hasta que el Guerrero se ve obligado a saltar al foso para librar a Osmín de uno de ellos, que ha logrado atraparle. Entre los dos consiguen acabar con todos los monos, pero ahora tienen el problema de estar ambos en el fondo de un foso demasiado alto y con paredes demasiado planas para escalarlo.

La oportunidad de huir se les presenta cuando otra puerta secreta, esta vez una pequeña ventanita en otro punto de la pared, se abre. La ventana es lo bastante amplia para que pase el Guerrero, pero no Osmín, que es más corpulento, así que el primero se lanza rápidamente a través de ella antes de que los piratas al otro lado, que la han abierto para observar cómo se desarrollaba el combate contra los gorilas, tengan oportunidad de cerrarla.

El Guerrero pasa a través de la ventana y acaba con los piratas que había en la otra estancia. Entre los trastos y enseres amontonados allí hay un rollo de cuerda, así que el Guerrero la toma para buscar el modo de volver a la cámara superior, donde estaba el tesoro y la trampa de foso, y sacar desde ahí a Osmín. Este, por su parte, está rematando a uno de los gorilas que no estaba muerto del todo y se había levantado para seguir luchando.

Cuando el Guerrero llega hasta la cámara donde se encuentra la trampa de foso, ve que ya hay varios piratas en torno a esta. Se abalanza contra ellos, arrojándolos heridos y aturdidos al foso, uno tras otro. A continuación echa un cabo de la cuerda para que Osmín pueda subir por ella. Agarran todos los cofres de tesoro que todavía quedan en la cámara, que son tres, y emprenden el regreso.

Un pirata, al que habían dejado inconsciente cuando entraron y que ya se ha recuperado, les sirve de guía hasta una entrada secundaria a la cueva, por la que podrán escapar con más facilidad. Les reclama una pequeña parte de los tesoros que llevan y la promesa de que le permitirán acompañarlos en su barco sin hacerle daño cuando ellos mismos abandonen la isla. El Guerrero acepta y los tres, cargando cada uno un cofre, se dirigen hacia la otra salida.

Se trata de una caverna subterránea parcialmente inundada en la que hay preparado un bote que les permite salir directamente a la base de un acantilado en contacto con el mar y, desde allí, remar hasta su propio buque.

Los tres hombres y sus tres cofres suben a bordo. A la Mujer Pirata la tienen en cubierta, amarrada a un mástil, para que los piratas de la isla puedan ver que sigue viva. Al reconocer como uno de sus propios hombres al pirata que acompaña de buen grado al Guerrero, monta en cólera y comienza a gritar. Osmín, harto de ella, la deja amordazada además de amarrada.

Tratan de levar anclas inmediatamente, pero tienen a varios barcos piratas cercándoles, preparados para atacarles en cualquier momento. Tras una tensa negociación, los navíos piratas les dejan pasar a cambio de que, una vez estén a cierta distancia, desembarquen a la Mujer Pirata en un bote para que ellos puedan recogerla.

El Guerrero cumple su palabra y dejan a la Mujer Pirata a la deriva, todavía lo bastante cerca de los otros barcos piratas para que estos la vean y vayan a buscarla, pero también tras haber puesto suficiente distancia para que el barco de los cristianos, más rápido que el de los piratas, no pueda ser ya atrapado por estos.

Y aquí nos quedamos por el momento, al manos, hasta que decidas seguir con los siguientes números pulsando aquí.  

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Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz

El Aguilucho

El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.