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jueves, 30 de abril de 2026

POPEYE (nº 17) Los gigantes del volcán

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, comedores de espinacas.

Tras acabar con una ensalada de espinacas como plato principal del día, nos ha parecido adecuado reseñar otro de los cómics de Popeye que tenemos por ahí. 

En este continuamos la historia directamente donde se interrumpió en el número anterior. Utilizando el taladro de proa, el Termita hunde la Armada japonesa. Lo malo es que el taladro se estropea de tanto perforar los cascos de los buques. Como este hace también las funciones de hélice, sin el giro del taladro el Termita no solo no puede perforar roca para su movimiento subterráneo, sino que tampoco puede propulsarse para volar o navegar. Además, aunque han hundido la flota enemiga, la aviación sigue dando vueltas sobre el lugar del combate, esperando a que el Termita salga a la superficie para bombardearles.

Cocoliso sale a buscar otro taladro hélice mientras Pilón se pone a cocinar algo. Los aviones japoneses ven una columna de humo de la cocina saliendo por el esnórquel de renovación de aire y empiezan a lanzar cargas de profundidad. Óscar reacciona poniéndose a cavar trincheras junto al submarino. Rosario, todavía dentro, dispara hacia arriba con una ametralladora intentando darle a los aviones, llenando el casco de agujeros en el proceso.

Harto de la situación, Popeye sale del submarino (sí, aquí nadie parece necesitar respirar) y se dedica a derribar a los aviones lanzándoles todo lo que encuentra a mano: un ancla, un pulpo, un pez espada, tortugas, al mismísimo Davi Jones, que pasaba por allí, y finalmente a Pilón. Libres al fin de la aviación japonesa, logran empujar el Termita hasta vararlo en la playa de una isla cercana. Allí se encuentran con Cocoliso, que ha estado perdiendo el tiempo y ligando con un par de sirenas en el bar submarino del Rey Neptuno.

Rosario tiene entonces la brillante idea de pintar el Termita con pintura de camuflaje, pero esta resulta ser tan buena que lo que hace es volver al submarino invisible. A consecuencia de ello, no son capaces de encontrarlo y no tienen más remedio que fabricarse una embarcación tallándola en madera y propulsarla a remo. Como carecen de herramientas, Popeye emplea su barba de tres días como lija para serrar árboles, y luego Rosario pinta hamburguesas en el tronco para que Pilón se coma la madera a bocados y vaya ahuecándolo. Rosario bautiza el barco como «El Botellón». Y realmente parece que el guionista de esta historia venía de un botellón cuando se puso a escribir, porque si ya las aventuras son de por sí absurdas, esta se lleva la palma.

A bordo de El Botellón se dan otra serie de situaciones que no tendrían nada que envidiar a los mejores gags de los hermanos Marx. La que más me llamó la atención es esta en la que Popeye decide tratar de pescar un tiburón para paliar el hambre. A modo de cebo, sumerge su propio pie en el agua. La idea es que, cuando el tiburón acuda a morderle el pie, él lo matará de una patada y lo subirá a bordo. Pero cuando el tiburón llega hasta él, lo que hace es medirle el pie con un brannock mientras sonríe irónicamente. A continuación se marcha sin más, lo cual hace que Popeye se sienta especialmente ofendido.

Popeye se publicó originalmente como tiras de prensa y, debido a ello, el humor acompañaba a las noticias del momento. Es posible que esto de calibrarle el pie a alguien para ridiculizarle sea una referencia a algún suceso de la época. O puede que se trate simplemente de otro ejemplo de ese humor absurdo de los años 20 y 30 en que se jugaba con situaciones ilógicas o directamente ridículas como esta. Que un tiburón salga del agua, mida el pie de un hombre en lugar de morderlo (como un pescador que, tras atrapar un pez, lo devuelve al mar por ser demasiado pequeño) y se marche sin más es simplemente inesperado. Aquí el autor juega a “traicionar” al lector, que lógicamente espera que el tiburón muerda el pie, pero en su lugar hace algo completamente fuera de lugar. La reacción de Popeye (sentirse ofendido por la mala praxis del escualo) vendría a ser como el remate del chiste, añadiendo a una situación ya de por sí absurda una reacción aún más absurda todavía.

La Gran Guerra, como se llamaba entonces a lo que hoy conocemos como la Primera Guerra Mundial (nadie podía concebir en aquel entonces que se repitiera jamás un conflicto a tal escala), dejó a la humanidad con una sensación de desencanto general. Se perdió la enorme fe en la lógica y el progreso de décadas anteriores y una generación entera quedó traumatizada. El dadaísmo, el surrealismo y el humor absurdo que se saltaba las leyes físicas y la lógica (los hermanos Marx, Chaplin, Keaton…) fueron una consecuencia directa de la sensación de decepción y sinsentido general que dejó en la gente la Gran Guerra. Porque si el mundo había sido capaz de volverse loco hasta ese extremo, el humor y el arte tampoco tenían por qué ceñirse a ningún tipo de lógica. Este cómic en concreto es de los 70, bastante lejos de esa época, pero Popeye nació a finales de los años 20 y, aunque con altibajos, mantuvo ese estilo característico propio de la post Guerra Mundial en la que vio la luz.

Pero volvamos con la historia. Tras un par de días de hambre y sed, llegan a una isla volcánica. Esta resulta estar habitada por el dios Vulcano, que se nos presenta como un ogro vestido con casco de bombero y un faldellín de amianto. Tras una presentación algo tensa, en la que Vulcano se pone chulo, Popeye no tiene más remedio que pararle los pies.

Aclarado esto, Vulcano los invita a todos a su casa, que no es otra cosa que el interior del volcán. Allí no hay nada más que otro cráter en el suelo que lleva a mayor profundidad, una ranura por la que él le echa las cartas a Papá Noel en Navidad y una tubería que golpea cuando se aburre.

A falta de nada mejor que hacer, Popeye y los suyos se asoman al agujero, porque Vulcano afirma que abajo vive un monstruo. Y entonces un gigantesco puño surge repentinamente de entre las volutas de humo que salen de este segundo cráter, golpea a Popeye en la mandíbula y lo deja grogui. Como en el volcán no hay espinacas ni ellos tampoco llevan ninguna encima, Rosario le escribe una carta a un senador para que les envíe semillas de espinacas. Estas llegan poco después en un paquetito atado a la pata de un pájaro mensajero. Y mientras Rosario las planta, Vulcano protege al pájaro de Pilón, que tenía la intención de comérselo. En el volcán tampoco hay agua, así que Pilón le cuenta a Rosario la historia de su triste infancia, de modo que sus lágrimas se derraman sobre el lugar donde plantó las espinacas.

La criatura a la que pertenecía el brazo gigante que golpeó a Popeye surge del cráter. Este resulta ser el cíclope Polifemo, aunque quizás sea un poco diferente a como os lo soléis imaginar. Tiene dos ojos (lo cual es problemático para un cíclope) y es muy grande, desde luego, pero no especialmente alto. Es, de hecho, algo más bajo que Popeye, pero también es mucho más voluminoso. Solo en su brazo hay más carne y músculo que en todo el cuerpo de Popeye.

Polifemo, al que al parecer no le gustan las visitas, comienza a machacar a Popeye, que aún no se ha recuperado del todo del primer golpe que le dio. Rosario, por eso de que la música amansa a las fieras, se pone a tocar un violín imaginario para ver si con eso logra calmar a Polifemo. Y este, al que al parecer le gusta la música, coge a Popeye y empieza a estrujarlo  y estirarlo como si fuera un acordeón, para hacerle el acompañamiento a Rosario.

Tras unas cuantas páginas de pelea en las que Popeye lleva las de perder, uno de los golpes de Polifemo lo arroja junto al lugar en el que plantaron las semillas de espinacas. Estas ya tienen unas cuantas hojitas, lo bastante crecidas como para comerlas, así que Popeye arranca una y se la echa al gaznate. Con esto Popeye se vuelve mucho más fuerte que Polifemo. Aun así, es incapaz de pegarle porque, pese a ser enorme en cuanto a volumen, Polifemo es ligeramente más bajito que él, y Popeye tiene por principio no golpear a nadie más pequeño.

Rosario busca varias formas de solucionar esto y al final termina golpeando a Polifemo en la cabeza con un enorme garrote. Con la altura extra que le da el chichón que le crece a resultas del golpe, Polifemo es ahora un poco más alto que Popeye, con lo que este comienza a pegarle sin ningún tipo de traba moral. Finalmente, Popeye derrota a Polifemo, que huye despavorido del volcán, alejándose a nado de la isla.

En agradecimiento, porque Polifemo era un abusón, Vulcano se ofrece a ayudar a Popeye y sus amigos en lo que pueda. Estos, que aparentemente se han olvidado de su misión de encontrar las Islas Misteriosas, le piden regresar a casa. Vulcano los lleva entonces a otro nivel inferior del volcán, donde les hace subir en una especie de vagón de tren con forma de misil para enviarlos a Espinacola. Les pregunta incluso la dirección concreta, el nombre y número de la calle, por lo que se ve que el sistema es muy preciso.

Tras un largo (en distancia), pero breve (en tiempo) viaje, llegan hasta la dirección que le dio Pilón, que no es la de la casa de ninguno de ellos, sino el bar de Perendengue. El proyectil atraviesa el suelo y todos ellos salen ilesos del mismo. Perendengue se alegra mucho de verlos y les pregunta qué quieren comer. La respuesta de Popeye es espinacas, lo cual hace que el cocinero entre en cólera y le acuse de ser un asesino, un salvaje y un enemigo de los niños. A modo de explicación, le muestra un panfleto en el que un tal doctor Serrucho anuncia a bombo y platillo que las espinacas vuelven débil a la gente que las come.

Pero ese es el argumento principal de la siguiente historia, que veremos en otra ocasión. De momento podéis repasar todo lo ya reseñado sobre este personaje pulsando aquí.

No se indica el título original. 1972. Tom Sims & Zaboly (texto y dibujos). King Features Syndicate. Publicado en 1972 por Buru Lan S.A.

martes, 24 de marzo de 2026

POPEYE (nº 16) Rumbo a las Islas Misteriosas

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, comedores de espinacas.

Estamos a veinticuatro de marzo, el día en que se conmemora la muerte de Frank «Rocky» Fiegel, de Chester (Illinois). Fiegel fue la persona real que inspiró al dibujante de cómics E. C. Segar a la hora de crear a su personaje más recordado, Popeye el marino. 

Frank Fiegel era un tipo fuerte y marrullero, y tan fácil de provocar que su rostro, roto a golpes en muchas ocasiones, estaba deformado de un modo bastante pintoresco, con la mandíbula desencajada y un ojo permanentemente cerrado. Segar lo conoció siendo él un niño. Fiegel, que rondaba ya la cuarentena, trabajaba de camarero en un bar portuario. Con una pipa apagada colgando de la boca y siempre parándole los pies a los marineros borrachos que armaban escándalo en su bar o trataban de propasarse con las señoritas, Fiegel era una especie de celebridad local.

Era famoso por estar metiéndose en peleas continuamente, sí, pero también por proteger a las mujeres y a los niños siempre que veía a alguien maltratándolos. Esa mezcla de rudeza y nobleza, unida a su aspecto inconfundible, dejó una huella tan marcada en el joven Segar que este terminó convirtiéndolo en el marinero de ficción más famoso del mundo.

Cuando el personaje de Popeye comenzó a aparecer en las tiras de prensa, Fiegel contaba ya con unos sesenta años largos. Todo el mundo en Chester se dio cuenta inmediatamente de que Popeye estaba inspirado en él. Lejos de molestarse, Fiegel presumía con humor de ser «el auténtico Popeye», y a petición de los niños (y a veces de los no tan niños) imitaba sus poses, sus andares, repetía sus frases e incluso acentuaba su expresión para parecerse aún más a su versión del cómic. Nunca llegó a hacerse rico por ello, pero sí disfrutó de esa especie de «gloria local» que lo acompañó hasta el final de su vida. Y para un hombre sencillo, rudo, solitario y de carácter protector, aquello debió de sentirse como un pequeño triunfo personal. En la actualidad, una placa colocada por el ayuntamiento de Chester junto a su tumba lo presenta oficialmente como «La inspiración de Popeye».

Y bueno, siendo hoy el día que es, estaréis de acuerdo conmigo que lo más adecuado es reseñar otro de los comics de Popeye que tenemos por ahí.

Rumbo a las Islas Misteriosas. La historia la pillamos ya empezada del número anterior, que no tenemos, pero es fácil deducir la parte que falta. El padre de Milton y Mildred, que es almirante, encarga a Popeye una misión especial. En realidad se la encarga Cocoliso, que de algún modo, y pese a ser un bebé, no solo ha logrado alistarse, sino que ha alcanzado el grado de teniente. La misión es localizar un pequeño archipiélago conocido como las Islas Misteriosas y volver para informar sobre si los japoneses se han apoderado de ellas. La tripulación de Cocoliso estará compuesta por Popeye, Pilón y Óscar.

El vehículo que emplearán para buscar las islas es La Termita, un submarino con un enorme taladro incorporado en la proa, capaz de moverse excavando túneles bajo tierra casi con la misma soltura con que navega bajo el mar. Al poco de iniciar su viaje, Popeye descubre que llevan dos polizones a bordo: Rosario se ha colado en La Termita para estar cerca de él, y Pilón ha introducido una vaca viva de contrabando como provisiones de emergencia. Popeye echa al exterior a la vaca (por suerte para ella, aún estaban en tierra firme) y sigue su camino atravesando valles y montañas hasta llegar al mar.

Allí se encuentran con una serie de curiosos personajes, como unas sirenas, la Bruja del Mar, Davy Jones y la sobrina de este, Fanny. 

Por aquí ya comentamos alguna vez que a Davy Jones no se lo inventaron en la saga de Piratas del Caribe, solo lo versionaron. Davy Jones es el nombre propio que los marineros europeos del siglo XVI dieron al fondo del mar. Se creía que hablar abiertamente de barcos que se habían hundido o marineros que se habían ahogado atraía el mismo destino sobre quien sacaba el tema, así que, en lugar de decir que alguien se había ahogado, se decía que estaba «brindando con Davy Jones» (porque había tragado agua de mar hasta morir). Y cuando un barco se hundía, se decía que Davy Jones «lo había guardado en su cofre» (porque el mar se había «cerrado» sobre él).

En Popeye, Davy Jones aparece representado como un viejo marino con una pata de palo, un garfio, un ojo tuerto, una larga barba y un catavientos como sombrero. Sobre Fanny, he de decir que me parece un personaje bastante curioso porque, según la historia interna de Popeye, es sobrina de Davy Jones e hija de Caronte, el barquero del río Estigia de la mitología griega. Esto convierte a Caronte y Davy Jones en hermanos, y si bien crear vínculos familiares entre personajes de diferentes mitologías suena raro, en este caso no lo veo mal. Caronte era el encargado de cruzar de una orilla a otra del río Estigia a las almas de los muertos, y Davy Jones guardaba en su cofre (o en su armario, según algunas versiones) los barcos y marineros que se hundían. En Popeye, Davy Jones regenta una pensión submarina donde ya tiene reservada una habitación para Popeye, lo que nos indica cuál será el final del marinero tuerto. Se podría decir que pese a sus diferentes orígenes Davy Jones y Caronte tienen funciones similares: la gestión de los muertos, y ambos están relacionados con el agua, precisamente el elemento del que proviene la vida. 

En cuanto a Fanny, no se nos dice mucho sobre ella salvo darnos a entender que está enamorada de Popeye; tiene varias fotos de él en su habitación, se sonroja cuando lo nombra, y aunque habitualmente viste una túnica andrajosa, cuando cree que Popeye pueda pasar por la pensión de Davy Jones la cambia por un bonito vestido floral.

Tanto la Bruja del Mar como Davy Jones aconsejan a Popeye no seguir adelante y olvidarse de las islas, puesto que estas ya han caído en manos de los japoneses. Sin embargo, a las órdenes de Popeye (pese a su mayor graduación, nadie considera a Cocoliso el líder del grupo) La Termita sigue rumbo a las Islas Misteriosas a base de preguntar la dirección a quienes se van encontrando.

Es así como llegan hasta el Polo Norte, donde el submarino sufre graves daños al quedar atrapado entre dos icebergs. La tripulación de La Termita, varada en el glaciar del Polo Norte, se enfrenta a una serie de situaciones que, de no ser esto un cómic de Popeye, podríamos achacar a delirios de los personajes producidos por el frío extremo. Primero son atacados por un oso polar, que Popeye mata de un puñetazo y Pilón asa y se come en tiempo récord. Hasta aquí todo bien, pero es que luego son atacados también por una tribu batusi africana y por un león de la sabana. Y sí, siguen estando en el Polo Norte.

Óscar, que se caracteriza precisamente por ser el personaje más tonto del grupo, repara el submarino. Sin ayuda, sin herramientas y sin conocimientos para ello, pero lo hace. Ya solo necesitan rellenar el tanque de combustible para seguir su camino. Pilón redacta una carta solicitando al Estado Mayor una lata de combustible y se la da a un pingüino que pasaba por ahí para que la lleve. Entretanto, Cocoliso logra entenderse con el rey de los batusis africanos del Polo Norte, y estos dejan de atacarles.

A todo esto, el pingüino entrega la carta al almirante de la flota de Espinacola, y él en persona lleva hasta el Polo Norte una lata del combustible que usa La Termita, que resulta ser jugo de espinacas superconcentrado de 150 octanos. ¿Biocombustible en un cómic de 1971?🤔Pues sí. No es algo moderno, precisamente, ya los había desde 1853, aunque eran muy poco comunes.

Una vez arreglada La Termita deciden seguir por el aire (al parecer también vuela, usando el giro del taladro como la hélice frontal de un biplano) para recuperar el tiempo perdido. Al hacer esto son avistados inmediatamente por la Armada japonesa, que se dedica a cañonearlos. La Termita se sumerge de nuevo y hunde algunos barcos japoneses con los seis torpedos que lleva como armamento. Cuando se le acaban los torpedos, les disparan tiburones con cartuchos de dinamita en la boca, y cuando se les acaban los tiburones, embisten directamente a los barcos con el taladro de proa.

Y aquí, en plena batalla, termina este número. ¡No os quejaréis, hemos tenido de todo!: submarinos-taladro, pingüinos mensajeros, tiburones explosivos… al final no sé qué admirar más: si la capacidad de Popeye para sobrevivir a cualquier cosa que le echen los guionistas, o la capacidad de estos para inventarse desafíos cada vez más absurdos. Pero oye, si Rocky Fiegel pudo con medio puerto de Chester a puñetazo limpio, ¿cómo no iba a poder su alter ego con misiones imposibles, batusis polares y la Armada japonesa?

¿Lograrán llegar a las Islas Misteriosas? Averígualo pulsando aquí.

No se indica el título original. 1971. Tom Sims & Zaboly (texto y dibujos). King Features Syndicate. Publicado en 1971 por Buru Lan S.A.

martes, 3 de febrero de 2026

POPEYE (nº 14) Popeye recluta

  EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, comedores de espinacas.

Retomamos al fin las emisiones de informes para todo el universo, planeta Tierra incluido. Como llevamos algún tiempo sin publicar nada, queríamos empezar con algo que tuviera mucha fuerza y gancho, y no se me ocurre ahora mismo nada con más fuerza que Popeye. Tampoco con más gancho. De derecha en su caso, y generalmente al mentón.

Al final del número anterior, Popeye se inscribió en la Marina con mucha ilusión y deseo de servir a la patria, pero lo que encuentra allí le supone un mal trago tras otro. No le gusta la idea de que permitan ingresar a mujeres, aunque estas no llegan a embarcar, limitándose solo a trabajos de oficina y propaganda. Y los hombres que se alistan le parecen muy débiles y desmotivados. Además, él creía que ingresar en la Armada sería solo un trámite, algo de papeleo y poco más, pero se ve atrapado en una serie interminable de exámenes y test, cuando él esperaba que lo embarcaran en un buque de guerra de inmediato. Con las pruebas físicas no tiene problemas, pero los exámenes escritos le suponen una tortura.

Puesto que ya tiene experiencia previa y mucho carácter, ponen a Popeye al mando de un pelotón de cuatro hombres, contándole a él. Los otros tres reclutas serán Pilón, Óscar y Milton. Este último es un personaje poco conocido del entorno de Popeye, que destaca entre el resto del elenco precisamente por parecer demasiado normal. Milton vendría a ser el equivalente en Popeye a Zeppo, el hermano serio y guapo de los Hermanos Max que servía de contrapunto a los otros tres, de aspecto raro y comportamiento delirante.

Popeye se toma esta tarea extra tan en serio que, en lugar de esperar a que los reclutas de su pelotón se reúnan en el cuartel, va él mismo a buscarlos a la estación de tren para acompañarlos en su viaje y asegurarse de que no tienen problemas durante el tránsito. Esto es una suerte para ellos, porque debido a un fallo de coordinación, el tren en el que viajan va a chocar de frente con otro que circula por la misma vía en sentido contrario. Popeye logra evitar el choque interponiéndose él mismo entre ambos trenes. Una vez hecho esto, insta a su pequeño pelotón a seguir el viaje a pie. Están solo a cien millas del cuartel (algo menos de 161 km), y puesto que son cuatro, según sus cuentas, eso les sale a veinticinco millas (unos 40 km) por persona. A Popeye veinticinco millas tampoco le parecen tantas. Y considera que una marcha de esa distancia les servirá de entrenamiento extra.

Sin embargo, Milton se derrumba tras la primera milla y Óscar patea sin querer un adoquín y se le hincha el dedo gordo del pie. Pilón también acaba cayendo en redondo, probablemente por falta de alimento. Al final, Popeye llega al cuartel cargando con los tres.

También Rosario, a la que en este cómic se refieren indistintamente como Rosario y como Olivia, se intenta alistar, pero la rechazan por tener los pies planos. Aun así, decide quedarse en el pueblo cercano al cuartel para estar cerca de Popeye. Al menos esa es la teoría, porque aprovechando los permisos de fin de semana de los reclutas, se dedica a bailar con todos, salvo con el propio Popeye.

Viendo a este frustrado y aburrido, sentado en un rincón del bar, Milton le presenta a Popeye a su hermana Mildred, que es una belleza. En cuanto Rosario ve a Popeye bailando con otra, se enfada y lo reclama como pareja de baile exclusiva, después de haberle ignorado toda la velada para bailar con desconocidos. Pero ya se ha hecho tarde y Popeye regresa al cuartel.

Más adelante, tanto Popeye como Rosario se enteran de que el padre de Mildred y Milton es un almirante, y Rosario se lo toma a mal. Acusa a Popeye de haber estado coqueteando con Mildred para ascender rápidamente en la Armada y ella sola monta un escandalo a base de gritos y pataleos sin darle tan solo el beneficio de la duda o la oportunidad de replicarle. El día a día en el cuartel también se le va haciendo cada vez más cuesta arriba al pobre Popeye, y empieza a ver defectos por todas partes y a quejarse de cosas a las que en otras circunstancias no les habría dado mucha importancia. 

Cada vez más decepcionado, tanto con Rosario como con la Armada, Popeye termina aceptando en nombre de todo el cuartel el desafío de Harry el Bestia. Este es un luchador que afirma estar dispuesto a pelear contra cualquier marinero de Espinacola, lo cual suena… demasiado específico para ser algo casual. Para prepararse de cara al combate, Popeye busca un sparring adecuado: Jorge Pulpo, que es literalmente un enorme pulpo. Espera que, luchando contra él y lidiando con el agarre de sus muchos tentáculos, aprenderá a zafarse de las llaves inmovilizadoras de Harry.

Y aquí termina este número que, dicho sea de paso, no es de los mejores. Las situaciones a las que suelen enfrentarse Popeye y sus amigos son, por lo general, una colección de disparates y sinsentidos que en este número se dan en mucha menor medida. Quizá porque el escenario y el ambiente se limitan al cuartel y sus inmediaciones. O porque los gags son más repetitivos y parece que la historia no avance. El cómic termina precisamente cuando vuelve a su dinámica habitual de Popeye pegándose contra tipos duros y haciendo cosas absurdas, como lo de entrenar con un pulpo.

Por desgracia, no tenemos el siguiente comic, donde concluye esta historia, pero aún nos quedan unos cuantos números más que comentar. Puedes ver otro de ellos pulsando aquí.

No se indica el título original. 1971. Tom Sims & Zaboly (texto y dibujos). King Features Syndicate. Publicado en 1971 por Buru Lan S.A.

jueves, 15 de mayo de 2025

POPEYE (nº 13) Mi bisabuela

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, comedores de espinacas.

El siguiente cómic de Popeye que tenemos es el nº 13. Resulta bastante confuso porque el título de portada y el de la historia más extensa es Mi bisabuela, y lo esperable sería que la mayor parte del cómic tratara sobre este personaje, pero no. Es cierto que tiene una aparición casi al final pero esta no es relevante, es sólo un detalle curioso que no influye prácticamente en nada en la historia que nos están contando. 

No sabemos cuáles eran los títulos originales de estas historias porque no se indican en ningún lado y ya hemos visto muchos casos evidentes de que el cómic fue modificado o cortado a conveniencia, por lo que puede que simplemente lo titularan así en su edición en español para llamar la atención. En su momento había una cierta expectación por los detalles sobre el casi desconocido pasado de Popeye, y el hacer entrar en escena algún familiar hasta ese momento ignorado siempre era un buen reclamo.  

La historia que nos cuentan viene ya empezada del número anterior. No lo tenemos pero (por lo que es posible deducir leyendo este) Popeye ha conseguido un frasco de algo llamado Polvo de mar. Al parecer, por las noches la luz de la luna que cae sobre el mundo condensa los conocimientos de la gente, las ideas y la inspiración que flotan en el aire pasando de una mente a otra, en un polvillo grueso similar a granos de sal. Esto granos de sal es lo que se conoce como Polvo de mar, y en ellos se concentra la sabiduría de la humanidad. 

Dejando caer uno de estos granos de sal sobre el cráneo o la frente de una persona, ésta adquiere de pronto un conocimiento extremo sobre un tema muy concreto. Puede ser geografía, puede ser política, puede aprender un idioma completo, un lote de datos precisos sobre algún tema histórico, economía, álgebra, etcétera, pero no hay modo de saber qué conocimiento da cada grano de Polvo de mar. Además cada uno que se recibe parece contrarrestar el conocimiento adquirido por el anterior, por lo que no se pueden estar simplemente lanzando granos de polvo de mar a puñados sobre la cabeza de la gente para que se vuelvan tremendamente inteligentes. Solo adquirirán un lote de conocimiento aleatorio sobre algo muy concreto, y lo mantendrán hasta que reciban otro impacto de grano de Polvo de mar en la cabeza.

Popeye está experimentando con este Polvo de mar tratando de buscarle una verdadera utilidad. Él cree que puede ser un gran avance para la humanidad, pero no sabe exactamente cómo sacarle partido, visto lo limitado de sus aplicaciones. En otro orden de cosas, un par de tipos aparecen tras el Polvo de mar. Uno, bajito, siniestro y encorvado, se presenta como el Sr. Quiz. El otro es un gran matón estilo Brutus llamado Lunky. Al parecer estos fueron los que encontraron originalmente el Polvo de mar. Se lo dejaron a cuenta al cocinero Perendengue en su cafetería para pagar una deuda de tres dólares, y este por algún motivo se lo entregó a Popeye, que había oído hablar de las extraordinarias propiedades del Polvo de mar y quería probarlas. El Sr. Quiz y Lunky han regresado con los tres dólares para recuperar el frasco de polvo, y al enterarse que ahora está en manos de Popeye van a buscarlo para arrebatárselo.

Meterse con Popeye y los suyos no suele ser una buena idea, como ya hemos tenido ocasión de comprobar. Este se deshace sin demasiadas dificultades de Lunky, que es realmente el único peligroso de los dos, contando además con la inestimable ayuda de Rosario. 

Tras machacar un poco a Lunky, agarrar del pescuezo a Quiz y embutirlo en un contenedor de basura, la disputa sobre a quién pertenece ahora el Polvo de mar parece zanjada. Popeye se dedica entonces a seguir experimentando con el producto, porque está seguro que puede utilizarlo para elevar la inteligencia de los niños y ahorrarles al mismo tiempo un montón de horas de estudio largas, aburridas y generalmente improductivas.

Esto no resulta de ningún modo como él esperaba y el Polvo de mar termina desperdiciándose cuando Cocoliso, intentando agarrar el frasco con sus pequeñas manos, lo vuelca todo sobre su cabeza. Puesto que cada grano de Polvo de mar solo transmite su conocimiento una vez, y cada uno borra lo que transmitió el anterior, todo el frasco se pierde puesto que el único que deja un conocimiento perdurable en la cabeza de Cocoliso es el último de estos granos que la toca. Este último grano le transmite el conocimiento de la cultura y el idioma chino. Cocoliso empieza a hablar en chino, lo cual no sería malo si no fuera porque únicamente lo hace en chino, ya que al parecer la sobredosis provocada por la cascada de Polvo de mar ha borrado también los conocimientos sobre su propio idioma.

Aquí la trama cambia a los intentos de Popeye y otros personajes de hacer que Cocoliso recupere su estado normal. Pilón está convencido que lo de hablar chino es como tener hipo (a él las dos cosas le suenan igual) por lo que trata de “quitarle el chino” a Cocoliso con los remedios típicos que se utilizan para quitarle el hipo a la gente. Pero lo de beber largos tragos de agua sin respirar o darle un susto de pronto no funciona, y Cocoliso sigue hablando chino, hasta desesperar a Popeye. 

Entonces lo lleva con una educadora infantil a ver si esta consigue arreglar algo, pero lo único que logra con esto es que Cocoliso termine enseñando chino a la educadora. Harto de escucharlo hablar chino a todas horas, decide olvidarse por un rato del asunto y va a la lavandería de la calle a recoger una ropa que había dejado ahí para lavar y planchar, y resulta que el chaval que se encargaba de ello habitualmente ha sido sustituido por un lavandero chino que también le habla únicamente en chino.

 

Realmente harto de oír a todo el mundo hablar chino, Popeye se deprime preguntándose que podrá hacer a continuación. En ese momento llaman a la puerta y …

Un nuevo pariente. En este capítulo es en el que aparece por fin la anunciada bisabuela. Debería haber aparecido en el capítulo anterior ya que es el que se titulaba Mi bisabuela, pero no. En el capítulo Mi bisabuela no aparecía la bisabuela por ningún lado. Lo hace en este capítulo y resulta que tampoco es su bisabuela, si no su abuela, a la que aparentemente él no conocía. Por lo que se ve la familia de Popeye es muy dispersa. Continuando justo desde dónde quedó el capítulo anterior, Popeye se levanta y va a ver quién está llamando a la puerta. Tan pronto como la abre, una anciana lo aparta a un lado de un empujón y entra a la casa sin esperar a que le inviten, preguntando por un tal Popito.  

“Popito” resulta ser la forma por la que ella se refiere a Podderick, el padre de Popeye, lo que convierte a la mujer en la abuela Peg. 

Tras instalarse en la casa Peg oye a Cocoliso hablar en chino, y le da una azotaina por maleducado. Popeye le explica cuál es el problema que hay con él, y le cuenta que necesita encontrar más Polvo de mar para lanzar algunos granos en la cabeza de Cocoliso a ver si de casualidad alguno de ellos le enseña algo que le haga olvidar el chino, dando por supuesto que si el conocimiento que recibe es alguno no relacionado con el idioma, recuperará por defecto su idioma anterior. Sin embargo, como le indica la abuela Peg (que aparentemente también ha oído hablar del Polvo de mar) este toma forma muy lentamente. Si alguien ha recogido recientemente el que había acumulado para meterlo en ese frasco que se desperdició, tendrán que pasar unos doscientos años para que pueda acumularse otra cantidad significativa del mismo. 

Peg dice saber un remedio para curar a Cocoliso, y comienza a hervir algo en una gigantesca marmita. Popeye cree que se trata de alguna medicina que está preparando para Cocoliso, pero en realidad la abuela está destilando alcohol casero para su propio uso, afirmando que tiene efectos medicinales en su reuma. No obstante Peg recoge el poso sólido que queda en el fondo de la marmita después de prepararse la cazalla. Una vez amasado en forma de una gran bola de sedimentos, se lo hace tragar a Cocoliso y este recupera de golpe su habla normal. En este punto termina aparentemente toda la trama tanto del Polvo de mar como la de la bisabuela... que en realidad era la abuela.

Popeye en la Marina. Popeye ha decidido alistarse en la Marina como recluta para servir a la patria y todo eso. Ya fue nombrado almirante en el nº 8... pero la continuidad que presentan estas historias es algo que queda muy en el aire. 

El caso es que nuestro fornido hombretón se acerca contento y confiado a la oficina de reclutamiento puesto que ¿quién va a tener más experiencia en la mar y en el combate que Popeye, el marinero que lo soluciona todo a puñetazos? El oficial de reclutamiento se toma la petición de Popeye con humor, porque dos de los requisitos para alistarse son ser joven y estar sano. 

Popeye ya hace mucho que dejó atrás la juventud y es bastante evidente que le falta un ojo, por lo que en principio lo rechaza. Esto junto con el panorama que ve en el cuartel (muchachos muy jóvenes, muy faltos de experiencia y nada rudos) hace que el propio Popeye empiece a desencantarse de su plan. No obstante insiste una vez más mostrando al oficial de reclutamiento que lo que este considera de efectos para él son virtudes. Así se las presenta diciéndole que el hecho de que le falte un ojo implica que no tendrá que cerrar un ojo para apuntar antes de disparar un fusil, con lo cual ahorrará la fracción de segundo que lleva hacerlo y disparará antes que el enemigo. También afirma que el ser mayor no es una desventaja sino lo contrario ya que lleva más años comiendo espinacas y por tanto es más fuerte que los nuevos reclutas.

Pero el oficial se muestra inflexible. Hay un baremo de edad y unas condiciones para entrar y no puede salirse de esas. Popeye soluciona el tema de la edad utilizando el mismo truco que utilizan los inmigrantes ilegales para entrar a España: mentir quitándose un montón de años para ser considerados legalmente como menores de edad, sin presentar ninguna documentación al respecto. La persona que está tomando notas a los que se presentan tiene la obligación de anotar los datos que aquellos les dan, así que se limita a notar la edad que Popeye dice tener, pasando este a figurar como de dieciocho años. 

A continuación, por sugerencia de Rosario, va a un tatuador que le pinta un ojo abierto sobre el párpado de su ojo tuerto permanentemente cerrado. Armado con su certificado de edad falseado y con su ojo pintado, se presenta de nuevo ante el oficial de reclutamiento. Este, valorando la perseverancia de Popeye, decide admitirlo al fin.

Y aquí terminan las historias de este número, que se continúan directamente con las del siguiente, titulado Popeye recluta

No se indica el título original. 1971. Zaboly (texto y dibujos). King Features Syndicate. Publicado en 1971 por Buru Lan S.A.

miércoles, 2 de abril de 2025

POPEYE (nº 9) El ganso marino

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, comedores de espinacas.

Esta nueva aventura comienza con Popeye en altamar, junto con Olivia/Rosario, Óscar, Pilón, y Tía Tecla. No parece tener continuidad con la última que vimos, porque no se vuelve a hacer ninguna referencia a la Armada de Spinachilandia.

Oscar, que está a cargo de la radio, recibe un mensaje para Popeye que dice simplemente “Ven aquí” y está firmado con las iniciales M.C. Rosario opina que M.C. puede querer decir Marina de Combate, con lo que Popeye ordena inmediatamente alistar el barco para la batalla. Sin embargo Tía Tecla opina que M.C. es Mamá Carey, una misteriosa mujer que vive en una isla mágica. Esto parece confirmarse al recibir otro mensaje, esta vez dirigido a Tía Tecla, que indica “Dile a Popeye que se dé prisa, el ganso marino anda suelto”. Esta vez sí está firmado por Mamá Carey con todas las letras. Pilón nos amplía la información sobre Mamá Carey diciendo que es “la reina de las gaviotas del mar” y que “todas las gaviotas son sus polluelos” pero qué se trata simplemente de una leyenda, que no existe en realidad. 

Popeye, sin embargo, cree que Mamá Carey sí es un personaje real. Después de todo él ha conocido a una bruja, personas que se podían volver invisibles, fantasmas, sirenas, incluso al propio dios Neptuno, rey de los mares, por lo que el hecho de que una mujer sea la madre de todas las gaviotas no le resulta especialmente extraño. Tía Tecla le confirma que Mamá Carey existe, puesto que ella llegó a verla en una ocasión.

Al subir a la cofa del vigía, Pilón descubre que esta ha sido llenada de paja, convirtiéndola en un nido en el que ha sido depositado un gran y extraño huevo. Baja con él e intenta cocinarlo, pero el huevo parece estar hecho de goma, ya que resiste todo intento de romperlo y tiene tendencia a rebotar por todas partes.

Suponiendo que la aparición del extraño huevo y la desaparición del ganso marino son hechos relacionados, Popeye coloca el huevo bien a la vista en la cubierta del barco, con la esperanza de atraer a la criatura que lo haya puesto. Aquí hay varias páginas dedicadas a especular sobre las posibilidades comerciales de la “goma de ganso” ya que es de lo que parece estar hecho el huevo. Los personajes hablan sobre cómo podrían abastecer al país de goma para neumáticos con un criadero de gansos que pusiesen huevos de goma. De hecho, el término “goma de ganso” se repite con frecuencia como si fuera algún tipo de chiste interno. Puede que sea una referencia a alguna publicidad de la época o a algo de lo que se hablaba en ese momento, porque la insistencia con la que se habla de la “goma de ganso” resulta extraña.

El caso es que finalmente aparece un ganso y se pone a empollar el huevo, y el ganso también parece estar hecho de goma. El ganso (gansa, en realidad) se dedica a ir poniendo más huevos, hasta cinco en total. El aparentemente valioso recurso de la “goma de ganso” hace que la armada japonesa comience a rondar el barco de Popeye intentando hundirlo. El primero en atacarles es un submarino que dispara contra ellos torpedos, sin demasiado acierto. Popeye se deshace de él nadando hasta su periscopio y cegándolo con un cubo de grasa, y poco después el submarino es destruido por la aviación estadounidense.

Aquí hay una viñeta en la que Popeye explica la razón por la que los Estados Unidos están peleando con los japoneses, y esta es “Luchamos porque somos como somos, y porque nuestros enemigos son como son”. No hay más. No habla ni de patriotismo, ni de intereses políticos, ni nada por el estilo. Este cómic es de 1971. Los Estados Unidos estaban en plena Guerra de Vietnam, y la cultura popular de la época reflejaba esto de forma a veces indirecta y otras más explícita. Popeye peleaba contra los japoneses porque para el gran público norteamericano no había mucha diferencia entre japoneses, chinos y vietnamitas. Todos eran “amarillos” sin más. Esto también puede verse en los comics que se publicaron durante la Segunda Guerra Mundial, en la que los superhéroes de Marvel se convirtieron en grandes opositores al régimen nazi y no hacían más que luchar contra los alemanes, así como durante la Guerra Fría los malos eran los rusos en todas las películas.

Lo curioso de todo esto es que, si bien el caos y la destrucción de las guerras siempre da pie a atropellos a los derechos humanos y todo tipo de crímenes y situaciones escabrosas, en los comics, películas, folletines, en los propios noticieros oficiales, se tendía a demonizar aún más al enemigo. A presentarlo peor aún de lo que era, a veces hasta el punto de mostrar a los soldados enemigos como vampiros o demonios. Pero la explicación que da Popeye es simplemente que “luchamos porque somos como somos, y porque nuestros enemigos son como son”. 

Eso sí, de lo que no se priva es de ridiculizarlos lo máximo posible. Cuando Pilón se entera de que están en guerra con los japoneses coloca una trampa para ratas en la bodega, puesto que lo que él sabe de los japoneses es que son personas muy pequeñitas y que siempre están hambrientas. Basándose en eso, para él es lógico que si un japonés se cuela a bordo del barco, lo que hará será lanzarse desesperado a por el minúsculo trocito de comida del cebo, quedando inmovilizado en la trampa para ratas.

Tras el ataque del submarino, los siguientes que entran en liza son dieciséis buques de guerra que comienzan a disparar contra el barco de Popeye. Cuando este se dispone a contraatacar descubre que la munición que han embarcado es demasiado grande para el único cañón con el que cuentan ellos, por lo que no le queda más remedio que recurrir a una serie de trucos para ir hundiendo la flota enemiga. Empieza reduciendo la cocina del barco a trozos de chatarra para emplearlos como metralla, para abatir un avión que les estaba bombardeando.

 

Y puesto que el cañón no tiene ángulo suficiente para apuntar hacia arriba, lo toma en brazos y él mismo lo orienta hacia el blanco con su desmesurada fuerza. Este único disparo que llega a efectuar destroza el ánima del cañón, por lo que a continuación se dedica a hundir el resto de la flota enemiga lanzando contra ellos los proyectiles de los que dispone a base de fuerza bruta, golpeándolos con una mandarria. Así consigue deshacerse de la escuadra japonesa y llegar hasta la isla de Mamá Carey.

Una vez en tierra firme Popeye se adelanta a investigar y encuentra la casa de Mamá Carey derrumbada e incendiada. La isla ha sido tomada igualmente por “los amarillos” y está llena de soldados. Me voy a referir a ellos así puesto que en ningún momento se especifica su nacionalidad. Se nos da a entender que son japoneses porque hay un momento en el que Pilón dice ver el sol saliendo por un punto del horizonte que no le corresponde, y Popeye le corrige diciéndole que lo que está viendo no es el sol, sino una bandera. La bandera de Japón es un círculo rojo sobre fondo blanco, que representa el sol naciente. Es una referencia clara, pero las palabras “Japón” o “japoneses” no se emplean en ningún momento del cómic, siendo simplemente “los amarillos”, “los enemigos” o "los orientales".

Entre Popeye y Rosario (que cuando se enfada es igual de bruta que él) limpian la isla de las tropas de ocupación y continúan buscando a Mamá Carey. Son interrumpidos cuando un nuevo barco japonés amarillo llega hasta la isla, y esta vez Popeye decide apoderarse de él en lugar de hundirlo. Los personajes suben a bordo apalizando a los soldados y humillándolos simultáneamente. Popeye los golpea con una paleta para mosquitos, como si fueran algo insignificante, y hasta los debiluchos Óscar y Pilón se unen a la pelea tumbando también a varios de ellos, dando a entender que “los amarillos” son gente extremadamente floja, a la que se puede liquidar en grandes cantidades. Incluso Tía Tecla derriba a uno golpeándolo con un palo.

Tras apoderarse del barco y encerrar a sus decenas de marineros en la bodega, Popeye ordena a Pilón que se encargue él de alimentarlos. Su ración diaria será de un solo grano de arroz hervido por persona, puesto que así pretende mantenerlos débiles y evitar que se rebelen. Sin embargo, cuando Pilón baja a darles su comida, estos le ovacionan puesto que un grano de arroz al día es una ración superior a la que han estado recibiendo hasta ahora como miembros de su armada. Es otra pequeña humillación a los japoneses y la vuelta a la imagen clásica que tenía de ellos el público norteamericano en esta época: gente débil, pobre, de naturaleza sumisa, y que pasaba mucha hambre.

Dueños ya del barco, Rosario le cambia el nombre. El original Veneno es sustituido por Reina Rosario. Popeye decide ofrecerle el barco recién capturado al Tío Sam. Aquí ya no se habla de Espinachilandia, sino directamente de Estados Unidos. Popeye se pone en contacto con el Ministro de Defensa y este aprovecha para decirle que tiene una importante misión para él, pero que quiere verlo en persona. Se nos muestra a su interlocutor, y parece una caricatura de Melvin R. Laird, que era Ministro de Defensa de los Estados Unidos en aquel momento. A Laird, por cierto, le debemos el primer tratado de no proliferación de misiles intercontinentales firmado entre los Estados Unidos y la Republica Socialista Soviética.

Pilón baja a la bodega para preguntar a los prisioneros japoneses amarillos que quieren para comer, para celebrar que van a Norteamérica a entregar el barco. Cuando estos, todos a una le piden hamburguesas, este responde sorprendido “Cielos, ya hasta parecéis humanos”. Es decir, que ya parecen seres humanos porque prefieren hamburguesas, el que podríamos considerar el típico plato del estadounidense promedio (aunque el origen de la hamburguesa sea alemán) antes que arroz, el típico plato del japonés promedio. De nuevo son cosas de la época, y como tal hay que entenderlas. También lo que hoy en día consideramos humor inofensivo en otra época habría sido visto (o será visto en el futuro) como algo completamente inadecuado.

De camino a Washington son atacados de nuevo. Varios barcos disparan contra ellos. Popeye y el capitán jap... amarillo discuten en cubierta sobre quiénes les están disparando, tratando de determinar si son amarillos que saben que el barco ha sido tomado, o si son norteamericanos que lo ignoran. Popeye opina que los atacantes son norteamericanos porque observa pasar junto a él un proyectil y lo ve de demasiada buena calidad como para ser un proyectil amarillo. Los disparos además son demasiados certeros para lo que, según él, es habitual entre los artilleros amarillos, así que deben ser norteamericanos. Para confirmar esto Pilón hace unas señales con banderas indicando quienes son a los barcos atacantes y estos dejan inmediatamente de disparar. Pilón también añade como una pequeña postdata que les envíen un paquete de hamburguesas, que los artilleros americanos cargan en uno de los cañones y disparan directamente contra él.

Tras este último incidente llegan finalmente a avistar la costa de los Estados Unidos. Popeye se siente tan orgulloso de su futuro desempeño en la guerra que hincha el pecho hasta el punto de que uno de sus botones sale disparado, arrancado de la ropa por la presión de sus músculos. 

Un cómic realmente peculiar este, y un motivo claro de por que siempre es un error reescribir o destruir obras antiguas. No me refiero a hacer nuevas versiones o continuaciones, sino a tratar de cambiarle el sentido a todo para dar la impresión de que la sociedad siempre fue tal como es ahora. Esto lo único que hace es negarnos esa visión de cómo eran realmente las cosas en su época que nos dan los libros, cómics, cuentos o películas antiguas en sus versiones originales, que no son otra cosa que una ventana a la sociedad del momento.

Podéis leer la reseña de otra aventura de Popeye pulsando aquí.

No se indica el título original. 1971. Zaboly (texto y dibujos). King Features Syndicate. Publicado en 1971 por Buru Lan S.A.