MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!
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sábado, 19 de febrero de 2022

MIGUEL STROGOFF

EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                        ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              RETOS LITERARIOS 2022

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Para el punto “Un clásico” de nuestro Reto literario 2022 escogimos este, una obra atípica de su autor. Es una historia en la que gran parte del protagonismo se lo lleva un largo y difícil viaje, como es habitual en las novelas de Julio Verne. La diferencia entre Miguel Strogoff y la mayoría de los libros de Verne está en el tono. En esta ocasión se aleja mucho de la aventura desenfadada, evita las situaciones absurdas y los personajes de carácter estrafalario, y todo resulta más dramático que de costumbre.

El personaje que da nombre a la novela es un correo del zar (emperador) de Rusia. La historia tiene lugar a finales del siglo XIX, por tanto, estamos hablando de caminos sin asfaltar, carruajes de caballos, trenes de vapor, un clima capaz de congelar a un hombre hasta la muerte en pocas horas, y el telégrafo como máximo exponente de la transmisión de información a larga distancia.

Un gigantesco ejército tártaro está invadiendo Rusia adentrándose por Siberia, la zona más fría, dura y despoblada del país, donde el control del zar es más tenue. Los dirige un criminal llamado Iván Ogareff, un exiliado ruso que se ha propuesto derrocar al zar, y tiene un odio especial hacia el hermano menor de este.

Las tropas tártaras son bárbaros turco-mongoles de las estepas, acostumbrados a una vida de lucha y brutalidad. Arrasan los pueblos rusos uno tras otro asesinando o esclavizando a toda la población. Tienen organización de horda, lo que significa que avanzan continuamente sin el retraso que supone transportar con ellos carros de víveres, medicinas, armas de repuesto, o tropas de refresco en retaguardia. Una horda avanza junta, un único y extenso frente de guerra, todo vanguardia, sin consolidar posiciones en ningún lugar y sin dejar nada a su paso, más como una marabunta humana que como un ejército. Todo lo que la horda necesita lo obtiene del saqueo. Esto es un arma de doble filo, pues implica que una horda avanza mucho más rápido que un ejército convencional al no depender de ir estableciendo líneas de suministros y comunicación con su retaguardia, pero a la vez no puede detenerse al carecer de reservas con las que mantener largos asedios o guerras de desgaste. 

Iván Ogareff, con sus conocimientos sobre la organización del ejército ruso y la disposición de sus poblaciones principales, guía a los tártaros hacia las ciudades clave, cortando los postes de telégrafo e inutilizando las vías del tren, que ellos no necesitan.

Al inicio de la invasión tártara, el hermano del zar se encuentra en Irkutsk, la capital de la Siberia oriental, y todo indica que la horda se dirige hacia alli. Habiendo quedado inutilizado el telégrafo, el zar le envía un correo para advertirle de la situación y prometerle ayuda. Redacta una carta en la que le aconseja que fortifique Irkutsk y aguarde la llegada del ejército ruso. Esta carta es confiada a Miguel Strogoff, un corpulento y voluntarioso muchacho que, valiéndose de sus propios medios, deberá entregarla en mano a su destinatario.

Miguel recibe también una podaroshna, un documento a su nombre firmado y sellado por el zar en el que se ordena a todo ruso a quien sea mostrado ayudar en todo lo posible al portador, facilitándole cualquier medio de transporte disponible y acelerando (o incluso omitiendo) cualquier trámite burocrático.  Miguel, sin embargo, decide no hacer uso de la podaroshna tan pronto como se adentre en Siberia para no llamar la atención, pues es consciente que Ogareff puede tener espías en los lugares que aún no ha invadido, y pasar desapercibido es su mejor baza. Así pues, simulando ser un comerciante de viaje, armado con un revólver y un yatagán (un cuchillo de caza siberiano) y sin nada más que su ingenio y su valor, Miguel se dispone a recorrer más de 5.500 kilómetros de paraje agreste y nevado, parte del cual ya habrá caído en manos del enemigo cuando llegue hasta allí.    

Comienza su periplo en tren, en el cual conoce a una joven llamada Nadia que se dirige también a Irkutsk. A Miguel le impresiona la sangre fría de Nadia, que consciente como todos de la invasión tártara, se dirige precisamente al encuentro de esta. El padre de Nadia está en Irkutsk. Es un exiliado político al que no le está permitido abandonar la región. Habiendo muerto la madre de Nadia, él es la única familia que le queda a la muchacha, y va a su encuentro a pesar del peligro que ello supone. Puesto que ambos llevan el mismo camino, Miguel decide ponerla bajo su protección. Se hacen pasar por hermanos, y de este modo, Nadia obtiene una escolta para su viaje y Miguel un refuerzo a su falsa identidad, pues nadie debe saber que es un correo de zar.

Todo el libro es el viaje de Miguel y Nadia camino a Irkutsk. La única forma de llegar hasta la ciudad antes que la horda tártara, es adoptando ellos mismos mentalidad de horda. Miguel y Nadia avanzan sin cesar, sin apenas descanso. Viajan en tren y costeando en barco cuando ello es posible, en carruaje mientras se lo pueden permitir, en balsa sobre las gélidas aguas de los ríos, a caballo cuando no hay otro medio, y recorren a pie kilómetro tras kilómetro de la helada taiga siberiana cuando es su única opción. Comen cuando pueden y lo que encuentran, sin cargar apenas provisiones ni equipaje que los retrase. Duermen en cualquier sitio, sin importarles minucias como lo incómodo o inseguro que el lugar pueda ser. Están dispuestos a renunciar a todo con tal de llegar a Irkutsk, pues nada hay más importante que su misión. Miguel llega incluso a negar conocer a su madre, a la que encuentra en uno de los poblados por los que pasa; una madre a la que adora con toda su alma, a la que hace muchos años que no ve. Incluso teniéndola delante mantiene su falsa identidad, tanto para protegerse a sí mismo como para protegerla a ella, pues si los tártaros llegan a saber que es la madre de un correo del zar la torturarían para que lo identificase.

Y sí, tal como cabría esperar de Verne, Miguel y Nadia lograrán llegar a su destino después de una sucesión de dificultades, privaciones y heridas, después de sobrevivir al rudo clima, a su separación accidental, y la crueldad de su cautiverio a manos de los tártaros. Su odisea influirá decisivamente en la victoria rusa, y tendrán un final feliz que los unirá para siempre y les permitirá reencontrarse con sus respectivos progenitores… pero como el propio autor nos indica “no es la historia de sus éxitos, si no la de sus sufrimientos, la que merecía ser referida”.

Realmente no me esperaba esto. Había visto de pequeño una película basada en este libro, y había leído una versión resumida, pero por algún motivo no me decidía a leer la obra completa. Tenía la idea de que debía ser una historia aburrida, pero es todo lo contrario. Es apasionante como la que más. Los clásicos personajes vernianos, excéntricos hasta rozar lo cómico, no son en esta ocasión los protagonistas. Esa función queda relegada a dos periodistas (uno inglés y otro francés) que aparecen de tanto en tanto para dar un toque de humor a la trama. Miguel y Nadia son en cambio héroes estoicos e imperturbables, dignos de la más épica de las aventuras. Me ha recordado mucho a El faro del fin del mundo, ya comentado aquí, otra obra de Verne que se aleja de su habitual humor irónico para darnos una trama más sangrienta y dramática de lo acostumbrado.

Esta ha sido nuestra última lectura de febrero del reto. Para la siguiente, pasaremos del terrible frio siberiano al tórrido calor africano con Cuentos y leyendas de África, de Yves Pinguilly.  

Miguel Strogoff. 1876. Julio Verne. Publicado en 1987 por Editorial Planeta.

jueves, 12 de noviembre de 2020

LAS TRIBULACIONES DE UN CHINO EN CHINA

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                       ¡ALERTA DE EXPOILERZ!

                                             Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, ávidos lectores.

Este extraño pero llamativo título corresponde a una de las obras de segunda línea de Julio Verne. No es tan conocida como La vuelta al mundo en ochenta días o Cinco semanas en globo, pero se encuentra a la altura de cualquiera de estas. Nos narra las peripecias de cuatro personajes en su incesante deambular por el país del sol naciente.

Kin-fo es un acaudalado joven para el cual la vida no tiene ningún interés. Su considerable riqueza proviene de las rentas producidas por las acciones de una compañía americana que su familia tuvo el buen tino de adquirir tiempo atrás. El problema no es que sea rico, sino que la suya es una riqueza indisciplinada, pues no depende de un negocio que deba atender. El dinero simplemente le llega en grandes cantidades sin que deba preocuparse por ganarlo o conservarlo. Esto ha hecho de él un individuo banal que nunca ha debido afrontar ningún desafío ni preocupación, y que la decisión más difícil que ha tenido que tomar es cuál de sus lujosas túnicas ponerse a cada nuevo día.

La historia comienza con Kin-fo cenando con unos amigos. Entre una avalancha de platos exquisitos, finas delicias y abundantes manjares, nuestro estúpido protagonista se lamenta de lo aburrida que es la vida, de la enorme carga que supone el hastío que debe soportar. Como una forma de aliviar su monótonamente fácil existencia, ha decidido casarse con una joven de otra ciudad a la que ha visto en una ocasión y con la que ha mantenido cierta correspondencia.

Todos los preparativos se llevan a cabo en medio de un inmenso derroche de sedas, joyas y ornamentos. Y a pocos días de la fecha estipulada para la boda, Kin-fo recibe una nota de su banco. La compañía que respalda sus acciones ha quebrado tras una serie de malas decisiones comerciales. No recibirá más dinero, y no cuenta con más activo que el que pueda tener ahorrado. Acostumbrado al despilfarro y a no preocuparse por sus ingresos, King-fo descubre que sus ahorros no son muchos. Y no habiendo trabajado jamás en su vida, no teniendo una mente disciplinada hacia el esfuerzo, la idea de tener que trabajar para vivir se le antoja mucho más horrible que la de morir.

Rápidamente envía un mensaje a su prometida informándole del cambio de situación. También acude a una agencia de seguros y contrata el más caro que ofrecen, que cubre incluso el suicidio y el asesinato, pagando una compensación astronómica a la persona designada si se da el caso. El dinero que aún conserva le basta para pagar únicamente dos meses del seguro, pero su intención es haber muerto antes. Es tan alta la prima del seguro que contrata, que la compañía asigna a dos de sus hombres, Fry y Craig, para que le sigan discretamente a todas partes, como guardaespaldas, para salvaguardar su vida en lo posible durante esos dos meses.

Básicamente, el plan de Kin-fo es suicidarse para que el seguro pague a su prometida una cantidad de dinero suficiente para que esta pueda vivir holgadamente una buena temporada. También deja una importante cantidad a Wang, el más próximo de sus amigos, al que considera su mentor.

Pero como el suicidio, el simple morir por morir le sabe a poco y no le despierta ninguna emoción, Kin-fo pone a Wang una condición para cobrar la parte que le corresponde del seguro; deberá asesinarlo antes que transcurran dos meses, pero sin decirle como lo hará, cuando, ni dónde. De este modo, esos dos últimos meses estarán cargados con toda la emoción y la incertidumbre que nunca ha sentido en su plácida existencia, sabiendo que cada copa que beba puede estar envenenada o que tras cada esquina que gire puede aguardarle un puñal.

Wang fue en el pasado un tai-ping. Básicamente, los tai-ping eran una vasta banda de insurrectos que asesinaban, incendiaban y saqueaban por donde pasaban. Aunque Wang hace mucho que abandonó a los tai-ping y mantiene oculto su pasado, Kin-fo lo conoce, y por ello piensa que su amigo no tendrá ningún reparo ni especial dificultad en encontrar la forma de darle muerte.

Poco después de haber dejado listos todos estos preparativos, llega otra nota del banco. Su compañía se ha recuperado y sus acciones se han revalorizado espectacularmente, con lo que ahora es aún más rico si cabe de lo que era antes. Kin-fo corre a casa de Wang para anular las instrucciones que le dio de asesinarlo, pero este ha desaparecido. Reasumiendo su vida y costumbres de tai-ping para cumplir con el encargo, Wang se ha sumido en el anonimato para buscar desde las sombras el mejor modo de despachar a su amigo.

A partir de aquí, todo se convierte en una carrera en la que Kin-fo, su criado Sun, y los dos Agentes de la compañía, recorren China de un lado a otro. Su mejor opción de preservar la vida de Kin-fo es mantenerle en movimiento, cambiando de emplazamiento continuamente, pasando siempre lo más desapercibidos posible para que Wang no sepa donde se encuentran, hasta que el estricto plazo de dos meses que Kin-fo dio a Wang para matarlo se venza. Continuamente amenazado y sometido a las privaciones, Kin-fo comprende al fin el valor de la vida y se aferra desesperadamente a ella.

Como suele ocurrir en las novelas de viajes de Verne, el viaje en si es el verdadero protagonista, y convierten al lector en un viajero más. Las descripciones de los paisajes y ciudades, de las costumbres y entresijos culturales de cada población, se nos narran con tal detalle y emoción que eclipsan la historia de los personajes, dejándolos amenudo en un segundo plano.

Verne es uno de esos autores con un estilo de escritura recargado que puede hacerse pesado para mucha gente, y que a veces resulta demasiado lento. Pero realmente vale la pena hacer un esfuerzo por asimilar su estrambótico sentido del humor, su desmesurado amor por la aventura, por lo extraordinario y lo exagerado. Creo que todas las horas dedicadas a leer a Verne, son horas bien invertidas.

Les tribulations d’un chinois en Chine. 1879. Julio Verne. Publicado por Ediciones Nauta S.A. en 1982.          

miércoles, 8 de julio de 2020

LA ESFINGE DE LOS HIELOS

EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS
¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Bueno, bueno. Tomen asiento, señoras, caballeros, seres, criaturas, y entidades en general, que esto va para largo. Hacer un comentario de este libro es complicado. 

La propia lectura del mismo lo es. Resulta muy lenta la mayor parte del tiempo. Rebosa de tecnicismos náuticos y datos de posición geográfica, que me han parecido excesivos incluso a mí, que estoy acostumbrado a ellos. La misma génesis del libro es también extraña. 

Fue escrito por Julio Verne como continuación directa de la novela de Edgard Allan Poe Las aventuras de Arthur Gordon Pym. Verne y Poe nunca se conocieron. Cuando Poe murió, Verne tenía unos veinte años. Y no fue hasta casi el fin de su vida cuando se decidió a escribir esta obra, sesenta años posterior a su predecesora.
La Esfinge de los Hielos se escribió en 1897, pero tiene lugar en 1809, es decir, once años después de los hechos narrados en la obra de Poe. Está contado en primera persona por Jeorling, un misterioso individuo del que solo sabemos que es americano, que se encuentra en el aislado puerto de Christmas Harbor (sin hacer nada en concreto, al parecer) y que es considerablemente rico, sin que tampoco se nos diga nada del origen de su fortuna. Es, tal cual, un personaje que está en el lugar adecuado y tiene los medios adecuados. Casi un avatar del propio Verne, puesto allí únicamente para dar inicio a la narración. 

Christmas Harbor (Puerto de Navidad) es una aldea real situada en la isla Desolación. Tiene una pequeña población que vive de proporcionar alimentos y materiales a las tripulaciones de los buques mercantes y pesqueros que pasan por allí cada cierto tiempo. Jeorling solo está esperando a embarcarse en el primer buque que le lleve a otro lugar. No le importa dónde. 

Tras mucho hacerse de rogar, consigue que el capitán del mercante Halbrane le acepte a bordo, y parte rumbo a Tristán da Cunha. Durante el viaje, el capitán le revela sus intenciones.

En la novela de Verne, Poe escribió el libro de Las Aventuras de Artur Gordon Pym once años atrás. Jeorling lo ha leído, convencido en todo momento que se trataba de una ficción, de otra de las historias escabrosas de Poe. Pero el capitán tiene pruebas de que la historia es cierta. Afirma incluso ser el hermano del capitán de la goleta que recogió a Pym después del motín que terminó en naufragio. Y aunque Poe (que en la novela de Verne es solo el transcriptor de la historia, no el verdadero autor) da por muertos a todos los personajes, el Capitán de la Halbrane quiere ir en su búsqueda.

Inflamado por el espíritu de la aventura, Jeorling decide acompañarle, ayudándole a financiar una expedición con su misteriosa e inmensa fortuna. Su intención es guiarse por las anotaciones, coordenadas náuticas y descripciones de las costas visitadas por Pym que aparecen en el libro de Poe para reproducir el itinerario de este, con la esperanza de encontrar en el camino (o en el desconocido final) algún superviviente.

Su primera parada es Gran Malvina (la isla que, junto con Soledad, forma las Falklands) donde enrolan a una gran cantidad de marineros adicionales para navegar por las duras y peligrosas aguas antárticas. Uno de ellos, Hunt, es un individuo sumamente extraño y reservado. Casi no habla, tampoco parece entender demasiado bien lo que se le dice. Se le describe como un mestizo bajo, encorvado, con las extremidades arqueadas, cabeza desproporcionadamente grande, una boca enorme llena de dientes tan largos que los labios nunca llegan a juntarse del todo, y unas manos monstruosas que ni tan solo parecen humanas. Por si esto fuera poco, a pesar de aspecto torpón y desgarbado, trepa por las gavias con una agilidad asombrosa, y en un par de ocasiones que se arroja al agua, vemos que nada con una potencia increíble, como si estuviera más preparado para moverse en el agua que en tierra. 

Cualquiera que haya leído Las aventuras de Artur Gordon Pym reconocerá inmediatamente en este tal “Hunt” a Dirk Peters, el inseparable compañero de Pym, el último superviviente que quedaba junto a este cuando ante ambos aparece el gigante blanco que aparentemente pone fin a sus vidas en el último capítulo.

Y si bien los lectores de Poe reconocerán a Dick Peters, no es menos cierto que los lectores de Lovecraf encontrarán la descripción física de este singular personaje extrañamente similar a la de los hijos de los profundos de La Sombra sobre Innsmouth. Concretamente, a esos híbridos de profundos y humanos que nunca llegan a completar su transformación en seres totalmente marinos, y quedan estancados en algún punto, como humanos deformados y de reducida inteligencia. Comento esto ahora porque la influencia de Poe en Lovecraf se dejará notar más adelante, y conviene tenerla presente.

A pesar de estar consultando el libro de Poe para guiarse, ni Jeorling ni el capitán ven la similitud física entre Hunt y el Dirk Peters descrito por este. Su atención se centra en los datos náuticos y posiciones, y no dan mucha relevancia al resto. Pero los lectores ya sabemos que Hunt es Peters, con lo que un nuevo enigma se suma a la ecuación. ¿Acaso Poe no describe en su novela la aparente muerte de Pym y Peters? Si todo lo descrito en la novela fue real, y Peters vive ¿sobrevivió también Pym de algún modo, para contarle lo ocurrido a Poe y que este lo transcribiera?

Tras abastecerse de personal, armas y víveres en las Falklands, parten en busca de Tsalal, la isla en la que el hermano del capitán y toda su tripulación hallaron la muerte según el libro de Poe. Lo que encuentran es muy distinto a lo esperado. La isla está deshabitada. Toda la flora y fauna descrita por Pym está ausente, el misterioso rio de agua densa como gelatina negra no aparece por ningún lado, y toda la geografía está alterada. Tras algunas observaciones, llegan a la conclusión que un terremoto ha devastado la isla. Esto se confirma al buscar las otras islas cercanas, y encontrarlas sumergidas en el mar, sobresaliendo apenas los picos más altos de algunas de ellas.

Ponen entonces rumbo al sur, siguiendo la ruta más probable de Pym. Pero las duras condiciones de las aguas antárticas comienzan a pasar factura a barco y tripulación. Se suceden los accidentes, y en uno de ellos el Halbrane se hunde, dejando a los supervivientes varados en un tempano de hielo, junto con un único bote que no puede llevarlos a todos. Esto provoca una división entre los que quedan, que no tardan en formar los inevitables grupos que solo miran por sí mismos. Solo Dirk Peters permanece ajeno a esto. Su intención, todo este tiempo, ha sido reunirse con Pym, que según él continua vivo en algún lugar más al sur.

Cuando Peters trata de evitar que un grupo huya llevándose el bote, recibe un disparo (pero curiosamente no da muestras de dolor ni debilidad por ello) y los protagonistas quedan reducidos a él, Jeorling, el capitán, y un puñado de marineros. Poco después, cuando su destino parece ser quedar abandonados allí hasta morir de hambre, la corriente arrastra una pequeña embarcación cerca de ellos, de la que se apoderan. En su interior, desnutridos, inconscientes y casi congelados, están el hermano del capitán y tres de sus marineros.

Estos trece hombres, todo lo que queda de las tripulaciones de la Halbrane y la Juana-Guy, unen sus fuerzas para intentar regresar a cualquier puerto civilizado en el bote. Durante su viaje, encontrarán casualmente algo que ya habían renunciado a buscar. Una forma gigantesca, blanca, alzándose entre la fría neblina polar. ¡La Esfinge de los Hielos! Una construcción titánica, imposible, en medio de un paraje jamás antes habitado por la raza humana. Y adherido a esta, el cadáver desecado de Pym, a la vista del cual, el pobre y fiel Dirk Peters cae muerto, con el corazón roto de tristeza.

El final del relato no es tan funesto como el de su predecesor. Los ahora doce supervivientes pondrán rumbo al norte, y tras otra penosa travesía, serán recogidos por un carguero que los llevará a tierra firme. Pero Dirk Peters, que a pesar de su monstruoso aspecto resulta ser el más humano y abnegado de todos ellos, queda enterrado junto a su amigo Pym, a los pies de la gigantesca y misteriosa Esfinge, de la que ya nada más sabremos.

La historia nos deja casi con tantas incógnitas como las que teníamos al empezar. Muchas de las cosas descritas por Pym en el libro de Poe, como el clima extrañamente caluroso, las nubes de vapor, la catarata que parecía caer directamente desde el espacio… no son presenciadas por los personajes de este otro libro, que terminan atribuyéndolas al delirio de Pym. Pero han pasado once años desde entonces, y los datos de navegación de Pym en las últimas etapas de su viaje no son nada precisos, por lo que no hay modo de saber si la Halbrane estuvo siguiendo exactamente la misma ruta.

Treinta y cuatro años después de La Esfinge de los Hielos, otro gran narrador se sumaría al homenaje a Poe que este libro representa. Y, si bien En las montañas de la locura de Lovecraft ya no es una continuación directa de la novela de Verne, como la de Verne es de la de Poe, sí tiene muchos elementos en común con ambas.

Le sphinx des glaces. 1897. Julio Verne. Edición de 2001 por Edicomunicación S.A.

domingo, 31 de mayo de 2020

EL JUEGO DE JULIO VERNE

ALMACÉN DE MUNDOS COMPRIMIDOS
Presentado por… Wormy & Leechy.
Saludos, vertebrados. 

Si hace unos días nuestro apreciado profesor Plot nos hablaba de El testamento de un excéntrico, hoy vamos a echar un vistazo a un juego de mesa basado en dicha novela. El juego fue editado por Obris/Fabri como parte de su colección Juegos del Mundo, una revista sobre juegos de mesa que acompañaba cada fascículo con uno de estos.
Se trata ni más ni menos que el mismo tablero que emplean los personajes de la novela para determinar sus desplazamientos aleatorios por el país. Es una versión del juego de La Oca en el que algunas casillas te hacen avanzar más y otras retroceder o perder turnos. Las ilustraciones habituales son sustituidas por las banderas de los diferentes estados que en 1897 conformaban el territorio norteamericano.

El reglamento recomienda jugarlo, tal como ocurría en la novela, a la francesa, es decir, con dinero de por medio: una apuesta inicial que ponen todos los jugadores, más una "multa" que se deberá pagar en determinadas ocasiones. Si un jugador no puede o no desea pagar la multa cuando le toque hacerlo, debe retirarse de la partida. Se aplican también las reglas de permutación de puestos y efecto rebote. Además se añade, como en la novela, un contendiente extra que no es controlado por ningún jugador, en representación del personaje XKZ. 

El juego debería, lógicamente, incluir siete peones (para los seis jugadores posibles, y uno adicional para XKZ), pero solo vienen seis. Uno de los otros jugadores deberá tirar los dados por XKZ para desplazarlo, pero si este peón extra resulta ser el ganador, nadie cobra el dinero apostado y esta cantidad queda como bote para la siguiente partida.
Nosotros, humildes invertebrados, consideramos que eso de jugar apostando dinero es una vulgaridad, y que, más que aumentar el interés, lo reduce al desplazar el propio disfrute de jugar por jugar a hacerlo estando pendiente de llevarse el premio. Pero naturalmente, eso ya es cosa de cada cual.

La casilla de Inicio es Rodhe Island, y las banderas de Illinois aparecen, como las ocas, siempre a cuatro o cinco casillas de distancia unas de otras. 

Nueva York (casilla 6) hace las veces del primer puente y nos traslada a la casilla 12. Sin embargo, esta otra casilla (Nuevo Mejico) no actua como un puente. Al llegar a ella por cualquier medio (incluso si venimos directamente desde Nueva York) pagamos una vez la multa. 

Louisina (casilla 19) nos hace pagar dos veces la multa y perder dos turnos, siendo un equivalente a La Posada.

Nevada (casilla 31) nos retiene indefinidamente hasta que otro jugador acupe nuestro lugar. En cuanto quedamos libres, pagamos tres veces la multa. Equivaldría por tanto al Pozo.

Nebraska (casilla 42) nos hace pagar dos veces la multa, y además nos hace retroceder hasta la casilla 30 (Washington), siendo por tanto como El Laberinto.

Missouri (casilla 52) tiene el mismo efecto que Nevada, pero se paga seis veces la multa, y hace el papel de La Cárcel.

California (casilla 58) equivale a La Muerte y nos envía de vuelta al Inicio tras pagar tres veces la multa. 

El primero en detenerse en la casilla 63 se lleva el total de las apuestas de todos los jugadores. El segundo en llegar se lleva el total de lo pagado por los jugadores en concepto de multas, lo cual puede suponer (y con frecuencia será) una suma superior a la del primer premio.

Poco más se puede decir de este juego: una versión temática de La Oca (una más) adaptada a la novela. Aquí nos leímos El testamento de un excéntrico con el tablero al lado, moviendo el peón de cada jugador siguiendo el resultado que este obtenía según el texto, para tener una mejor visión de conjunto de como estaban situados. El centro del tablero es un mapa que muestra la disposición geográfica de los estados, para que tengamos una idea clara del desplazamiento físico en el mundo real que supondría ir de una casilla a otra para alguien que estuviera participando en esa peculiar competición.

Puedes pasar de Oca a Oca pulsando aquí.

El juego de Julio Verne. 1899. Julio Verne (reglamento). De 2 a 6 jugadores a partir de 12 años. Obris·Fabri/RBA.

martes, 26 de mayo de 2020

EL TESTAMENTO DE UN EXCÉNTRICO

EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS
¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, incansables viajeros.
Esta es una de las novelas menos conocidas de Julio Verne, a pesar que sigue el esquema habitual de sus obras más famosas: la narración de un largo y difícil viaje y la enumeración de las vicisitudes a las que se enfrentan los que toman parte en él.
El planteamiento es el siguiente: un multimillonario de Illinois llamado Hypperbone deja tras su muerte un curioso testamento. Todo su dinero y propiedades (con un valor total aproximado de 60.000.000$ de la época) será entregado al que gane una partida a una peculiar versión del juego de la Oca. Seis adultos elegidos al azar de entre la población de Illinois son invitados a participar y se les asigna un orden de juego.

No todo va a ser tan sencillo, por supuesto. El tablero ha sido alterado para que cada casilla contenga, en lugar de su ilustración habitual, la bandera de uno de los territorios de los Estados Unidos. Cada dos días, por estricto orden de turnos, un abogado designado realizará una tirada de dos dados, moviendo la ficha correspondiente al jugador del turno en curso las casillas que los dados indiquen. 
Ese jugador deberá entonces desplazarse por sus propios medios, afrontando él mismo los costes del viaje y la manutención, hasta el ayuntamiento de la capital del estado que indique la casilla que le ha tocado en suerte. De no haber dado fe de su presencia en ese estado para cuando se realice su siguiente tirada (que el notario le remite puntualmente por telégrafo cuando le vuelve a tocar el turno), el jugador queda descalificado de la partida. 

Al igual que en el juego de la Oca, hay casillas en las que se pierden turnos. En este caso, de caer en dichos estados, sus siguientes uno, dos o hasta tres turnos de tirada correspondiente se saltan, además de imponerle una “multa” de mil dólares por cada turno perdido. Verne daba aquí su toque patrio a la historia haciendo que, a pesar de transcurrir completamente en Norteamérica, los personajes estén obligados a jugar a la francesa.

El único estado que se repite es el de Illinois, que hace las funciones de la Oca y aparece en catorce ocasiones. En lugar de volver a lanzar los dados, si una tirada lleva a la ficha de un jugador hasta una casilla de Illinois, la puntuación de los dados se dobla. De este modo, si una tirada de cinco puntos lleva a un jugador hasta una casilla de Illinois, en lugar de cinco avanzará diez.

Las casillas no están ordenadas siguiendo una ruta lógica. Un avance de diez casillas puede llevar a los jugadores a desplazarse a un destino a solo dos horas en tren, mientras que un avance de tres casillas puede obligarlos a viajar de un extremo al otro del país.
Hay también una sola casilla neutra, llamada Territorio Indio, como homenaje a las tribus nativas originales. No obliga a desplazarse a ningún lado, puesto que, en cierto modo, sin importar el lugar de Norteamérica en el que se encuentre estará ya en Territorio Indio. De caer en esa casilla, el jugador puede limitarse a esperar donde esté hasta su siguiente turno.

A esto hay que sumar las incidencias típicas que todo viaje convencional puede conllevar: mal tiempo, mareos en los barcos, retrasos en los trenes, huelgas de trabajadores, robos, desvíos imprevistos por daños en puentes o carreteras, etc. Además de situaciones estrambóticas que solo se le podían ocurrir a Verne, como, por ejemplo, que dos de los jugadores acuerden por telégrafo batirse en duelo aprovechando que los trenes en los que viajan van por vías paralelas, pero en direcciones opuestas, disparándose mutuamente desde el último vagón en el momento en el que estos se crucen. 
Y naturalmente, mientras tanto, el gran y jovial público americano apuesta desaforadamente sobre el ganador, como si de una carrera de caballos se tratase.

Los personajes son muy variados. Tenemos a Kymbale, un periodista del Tribune que ve en esto la oportunidad de escribir el artículo de su vida, dada la expectación que la excéntrica herencia de Hypperbone ha desatado. Cuenta además con una ventaja. Su periódico está dispuesto a financiar sus desplazamientos y asumir las posibles multas.
Max, un artista pobretón y sin suerte (quizá sin talento) que se toma todo el asunto como una broma. Consciente que en cuanto le toque pagar alguna de esas multas no podrá saldarla y quedará descalificado, afronta el viaje con humor, como una oportunidad de ver nuevos paisajes en busca de inspiración para sus cuadros. 
Lissy, una joven tan pusilánime e insegura que se niega a hacer el viaje si no la acompaña una íntima amiga, a la que promete entregarle el total del premio si gana.
Crabble, un gigantesco boxeador de encefalograma plano, incapaz de hacer por si solo nada más complicado que dar puñetazos y comer.
Urricane, un comodoro de la armada retirado, que se limita a viajar lo más rápida, directa y eficientemente posible de un estado a otro, al tiempo que despotrica contra todos los otros jugadores generando cantidades industriales de bilis en el proceso. 
Y Titbury, un tacaño convencido que siente auténtico malestar físico por el más mínimo gasto que se ve obligado a hacer.

Para complicar más las cosas, hay un misterioso séptimo jugador conocido simplemente como XKZ, que no ha sido escogido al azar, sino designado a dedo por el finado. Salvo por que su verdadera identidad no se hace pública, y que su turno no se sortea (le corresponde automáticamente el último) está sujeto a las mismas normas que los demás.

La mayor parte del libro es la descripción de los viajes de los personajes. Es un libro escrito para que los acompañemos, para que seamos un pasajero más del tren o el barco que toman, un huésped más de la fonda donde se alojan. Se nos describe profusamente el paisaje, las ciudades, y se nos cuentan muchas curiosidades sobre estas. 
Así me enteré, por ejemplo, que Kansas no es una ciudad, sino dos, una junto a la otra. La ciudad, como ocurre amenudo, está dividida en dos por un rio por haber ido creciendo a ambas orillas del mismo. Posteriormente el rio quedó establecido como frontera natural entre dos estados, convirtiendo las dos medias Kansas en dos ciudades adyacentes (llamadas ambas Kansas) pero en diferentes estados. También me enteré que el estado de Nebraska debe su nombre a una variedad de patata local en la que se basó originalmente su economía, y más detalles de ese estilo.

Creo que la forma correcta de afrontar este libro es esa: asumiendo como lector el papel de un “pasajero etéreo” por decirlo así, que acompaña a todos y cada uno de los jugadores en sus desplazamientos, disfrutando de sus viajes, pero sin las preocupaciones que aquejan a estos.
A
La edición original del libro (y probablemente algunas más de las siguientes) incluía un tablero desplegable impreso en papel, para que los lectores pudieran competir también por la fabulosa herencia sin moverse de casa. 

Puedes ver un juego de mesa basado en esta novela pulsando aquí.

El testamento de un excéntrico. 1899. Julio Verne. Edición de 2004 por RBA/Rodesa.

miércoles, 26 de febrero de 2020

EL FARO DEL FIN DEL MUNDO

EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Esta es la primera novela de Verne que leí, y también una de las últimas que él escribió. Se publicó poco después de su muerte, dándole preferencia sobre otras obras anteriores que su mujer e hijo tenían en reserva, pendientes de publicar. Es una historia de lucha y supervivencia, más que la clásica novela de aventuras y viaje que caracterizaban al autor.

La trama tiene lugar en La Isla de los Estados, una isla (real) situada en un punto crítico del Cabo de Hornos, en cuyas inmediaciones son frecuentes los naufragios. A fin de paliar la terrible pérdida de barcos, el gobierno argentino erige un faro en aquel lugar. A su cargo quedan tres hombres, sin más contacto con el resto del mundo que un pequeño buque de guerra que cada tres meses zarpa desde Buenos Aires para aprovisionarlos. 

Los fareros Vázquez, Felipe y Mortiz, afrontan el aislamiento y el tedio de su trabajo con el estoicismo propio de hombres acostumbrados a vivir sin lujos ni refinamientos. Disponen de libros y diversos quehaceres, como anotar datos meteorológicos y llevar un registro de los buques avistados, que tienen como objetivo mantenerlos pendientes de algo, más que una verdadera necesidad de llevarlos a cabo. 

Lo que no saben, es que en una apartada cala tiene su guarida la banda de piratas del capitán Kongre. Durante años se han enriquecido haciendo falsas señales luminosas desde la isla para provocar naufragios, saqueando cualquier carga valiosa de los barcos que se destrozan contra los escollos, y viviendo de las provisiones encontradas en estos. Los quince meses de actividad que ha supuesto la construcción del faro los han mantenido ocultos en sus cuevas, pero con la partida del ultimo buque, quedando únicamente los tres fareros como habitantes de la isla aparte de ellos, los piratas deciden que ha llegado el momento de cambiar de zona.

Antes de abandonar definitivamente la isla, Kongre debe hacer reparaciones en el casco de su goleta, y solo puede llevarlas a cabo varándola en una playa practicable, con lo que quedará a la vista del faro. Tan pronto como los piratas bordean la isla y varan el buque, Felipe y Mortiz, creyendo que se trata de un mercante en apuros, acuden inmediatamente a ofrecer su ayuda al capitán.

Desde el faro, Vázquez ve como sus compañeros son asesinados sin mediar palabra en cuanto suben a bordo. Sin pensárselo demasiado, Vázquez se hace con dos revólveres, algunas provisiones, y abandona el faro, sabiendo que los piratas lo tomarán en cuanto desembarquen. Durante las siguientes semanas, se dedica a malvivir en la zona más abrupta de la isla, siempre observando las actividades de los piratas, buscando el modo y el momento de hacerles pagar el asesinato de sus amigos. 

Los piratas saquean el faro y desatienden su llama, a consecuencia de lo cual otro buque se estrella contra los arrecifes de la costa en medio de una tormentosa noche. Buscando provisiones entre sus restos, Vázquez encuentra un superviviente, el americano Jhon Davis, que a partir de ese momento se le unirá en su lucha contra los piratas. 

Un nombre curioso por cierto, ya que Jhon Davis es prácticamente Davy Jones invirtiendo el orden de los términos y retocándolos un poco. Davy Jones era el nombre propio que los marineros daban antiguamente al fondo del mar. Se pensaba que decir que alguien había muerto ahogado atraía a la mala suerte, y por ello los marineros asignaron un nombre al fondo del mar. Cuando se hablaba de algún compañero ahogado, se referían a él diciendo que "Estaba brindando con Davy Jones" o "Bebiendo a la salud de Davy Jones"... que no era más que un eufemismo para decir que había tragado agua de mar hasta morir. 

Verne tenia un sentido del humor difícil, a veces un tanto macabro, como en este caso, en el que el único superviviente del naufragio lleva por nombre una versión deformada del que se daba al propio mar.

Toda la novela es en términos generales la carrera contrarreloj de Kongre y sus hombres por terminar a tiempo las reparaciones de su barco y poder hacerse a la mar con seguridad. Saben que con su pequeña goleta no podrán plantar cara al buque de aprovisionamiento que pasa regularmente a comprobar el estado del faro y sus operarios. Conscientes de esto, Vázquez y Jhon, no pudiendo enfrentarse directamente a los sanguinarios piratas, buscan el modo de dañar la goleta para alargar las reparaciones hasta que el buque de aprovisionamiento aparezca en el horizonte.

Verne escribió esta historia cuatro años antes de morir, estando ya postrado en cama por su diabetes. En aquella época esta enfermedad no tenía tratamiento, y le provocó una progresiva parálisis. Lo único que Verne era aún capaz de hacer por sí mismo era mover las manos lo suficiente para escribir. Y a escribir dedicó de pleno sus ultimas fuerzas, creando obras como esta, con personajes que exhibían una indomable vitalidad que a él le faltaba. 

Pienso que a ningún lector asiduo de Verne le pasa por alto que, siendo famoso por sus novelas de viajes, toda la acción de esta transcurra en una pequeña isla, de la que los protagonistas intentan escapar. Encerrado en un cuerpo que ya apenas controlaba, Verne creo para sus personajes una prisión análoga a la suya. 

El título es también bastante significativo, así como el final: en plena noche, cuando los piratas se disponen al fin a partir, llega el buque militar argentino. Pero debido a la oscuridad no distingue la goleta pirata y tampoco se decide a ganar la costa, por el peligro que suponen los escollos. Los piratas pretenden emplear la oscuridad para escabullirse, navegando lentamente por el interior de la cala, que ya conocen bien. Vázquez logra entonces acceder al faro y prender la llama. Su luz barre las tinieblas y se abre paso entre ellas poniendo al descubierto la goleta pirata lista para zarpar, y mostrando el camino de entrada al buque de aprovisionamiento. Esto permite a los marineros del buque llevarlo con seguridad hasta la playa, lo que supone en la practica el fin de los piratas.

Es evidente que el triunfo de lo correcto sobre lo injusto era lo que los lectores esperaban al comprar una novela de Verne, y era lo que su editor esperaba también de él. Pero en este caso, creo que Verne escribió este final tanto o más para sí mismo que de cara al público. Postrado en una cama y sabiendo que iba a morir en breve, el final de la obra no solo era la conclusión que su público demandaba, era el sentido mismo que él necesitaba darle a su vida: un último y brillante fogonazo de esperanza, como la protectora luz de un faro que vela por nosotros incluso en el mismo fin del mundo.

Le phare du bout du monde. 1901. Julio Verne (texto) George Roux (ilustraciones). Publicada en 1988 por Ediciones Vicens-Vives S.A.