Presentado por...Zag.
¡Extra! ¡Extra! ¡Desveladas nuevas páginas del diario perdido del sr. Miller! ¡No se pierda las andanzas del intrépido detective enfrentado a cosas pulposas e innombrables!
LUNES 5 DE ENERO DE 1926
Esta mañana, cuando aún
no había ni terminado mi primer whisky café, un muchacho llamó a la
puerta de mi despacho. Se presentó como Elliot Crane, estudiante de
antropología en la Universidad. Tenía la ropa arrugada, las manos manchadas de
tiza y tinta, y un temblor que no parecía tener nada que ver con el frío. Me dijo que
llevaba días buscando a alguien “que no estuviera atado a la Universidad ni a
la policía”. Eso ya me puso en alerta.
Sacó de su mochila una carpeta llena de notas, dibujos y fotografías tomadas a escondidas de los archivos del sótano bajo el campus. Aquello era un galimatías, un legajo de documentos que a primera vista no parecían tener ningún sentido.
Investigación a 9+. Primer intento: Linterna (doble), 6, 6, 1. Segundo intento (repitiendo todos los dados) Lupa, Revólver, 3, 3, 2. Tercer intento (repitiendo un 3 y el 2) Lupa, Revólver, 6, 5 y 3. Obtenemos Investigación 14 con lo que pasamos la tirada pero anotándonos el primer punto de locura de la partida. ¡Buena forma de empezar la semana!
Algunos de los símbolos que se recogían en aquellos documentos los reconocí al instante: los mismos que vi en la casa donde encontré a la señora Hargrove, los mismos que aparecían en la lápida de su marido cuando la luna la tocaba. Mi rostro debió reflejar esto porque el estudiante pareció relajarse y se animó a continuar. Me confesó que varios compañeros habían desaparecido en las últimas semanas. La Universidad lo había silenciado todo. Él creía que los símbolos indicaban puntos de reunión o mensajes que se dejaban unos a otros los miembros de alguna clase de secta.
También me dijo que no tenía forma de pagarme, al menos inmediatamente, pero por una parte yo ya contaba con ello y por otra me estaba tomando el asunto como algo personal. No sé si me pasa solo a mí, pero que me ataque en plena ciudad un murciélago gigante que se disuelve al matarlo suele producirme ese efecto.
Antes de irse, me advirtió que desde hacía unos días tenía la sensación constante de estar siendo seguido. Para no asustarle más de lo que ya lo estaba, me callé que yo también la tenía.
MARTES 6 DE ENERO DE 1926
La ciudad está cambiando. No sé cómo explicarlo. El aire parece más denso, como si algo invisible lo desplazara y lo cambiara por otra cosa.
Caminaba por la Avenida de los Almacenes cuando escuché un sonido húmedo, como carne arrastrándose por un tubo. Me detuve junto a una alcantarilla. El olor que salió de allí no era el habitual hedor urbano: era a la vez metálico, eléctrico, químico, animal… como el que percibí en la casa abandonada.
Entonces emergió de la cloaca una serpiente bicéfala. Allí, en plena calle, en la ciudad, como si aquello fuera una selva o un circo de deformidades. Su cuerpo tenía el grosor de mi brazo, y el doble de longitud. Sus dos cabezas se movían de forma asincrónica, como si cada una respondiera a un ritmo distinto. Pero cuando me atacó, lo hizo con una coordinación perfecta.
Combate a 12+. Primer intento: Lupa (doble), 5, 3, 2. Segundo intento (repitiendo símbolos, el 3 y el 2) Lupa, Linterna, 5, 5, 1. Tercer intento (repitiendo símbolos y el 1) Revólver, Linterna 6, 5 y 5. Obtenemos Combate 16. Pasamos la tirada pero, como en el caso anterior, al haber obtenido un 6 en la tercera tirada no tenemos forma de deshacernos de él, y acumulamos el segundo punto de locura del mes.
Le disparé varias veces. Cada bala parecía ralentizarla, pero a duras penas herirla. Cuando por fin cayó con ambas cabezas destrozadas por los impactos, su cuerpo se agrietó como arcilla seca. En segundos se licuefactó en una masa oscura que se filtró entre las grietas del pavimento de un modo similar a como lo había hecho el murciélago, como si ambos compartieran una misma naturaleza.
MIERCOLES 7 DE ENERO DE 1926
Fui al cementerio buscando a Harlan Graves. Necesitaba respuestas. O al menos la sensación de que no estaba solo en esto.
El cementerio estaba más silencioso que de costumbre. Ni siquiera el viento se atrevía a moverse entre los mausoleos. A mitad del camino, un perro reseco, cubierto de tierra, salió tambaleándose de detrás de una lápida. Su piel estaba tan pegada a los huesos que parecía una momia recién desenterrada.
Pero lo peor eran sus ojos: no tenían brillo, pero sí intención. Una voluntad que no era suya. Supe de inmediato que lo que tenía delante era una marioneta, pero ¿Quién era el titiritero?
Combate a 10+. Primer intento: Linterna (doble), 4, 3, 3. Segundo intento (repitiendo solo dados de símbolos) Revólver (doble), 4, 3, 3. Con esto tenemos Combate 10 y pasamos la prueba.
Me lanzó un mordisco y disparé hasta vaciar el tambor. Los encuentros con el murciélago gigante y la serpiente de dos cabezas ya me habían enseñado que la resistencia de estas criaturas (fueran lo que fueran) era enorme. El cuerpo cayó, pero siguió moviéndose, como si algo dentro de él intentara recomponerlo. Solo cuando recargué por completo el revólver y lo volvía a vaciar en aquella triste carcasa se quedó quieto.
Busqué a Harlan Graves durante horas. No lo encontré a él, ni a su ballesta, ni a su linterna... Solo un rastro de tierra removida cerca de la tumba del marido de la señora Hargrove. Como si algo hubiera salido de ella. O vuelto a entrar.
JUEVES 8 DE ENERO DE 1926
Hoy crucé una línea que nunca pensé cruzar: fui a ver a una adivina.
La tienda estaba en un callejón del Barrio Viejo, entre un anticuario y un local cerrado desde hace años. Dentro olía a incienso y a humedad. Le mostré algunos de los documentos que me trajo el estudiante donde aparecían aquellos condenados símbolos. No los tocó. Solo los miró como quien observa una cucaracha aplastada. Me dijo que tenía respuestas a mis preguntas, pero necesitaba estar segura de que yo quisiera oírlas. Y realmente me lo planteé. Me planteé si mis deseos de seguir con la investigación compensaban las cosas que ya empezaba a ver constantemente por el rabillo del ojo y los susurros que parecía percibir tras cada pared.
Investigación a 9+. Primer intento: Revolver, Linterna, 5, 2, 1. Segundo intento (repitiendo dados de símbolos, el 2 y el 1) Revolver, Linterna (otra vez) 6, 5, 1. Tercer intento (repitiendo dados de símbolos, el 6 y el 1) Lupa, Revólver, 6, 5, 4. Obtenemos Investigación 14 y un tercer punto de locura.
Me tragué el miedo garganta abajo y acepté. Me dijo que esos símbolos no eran simples marcas cabalísticas de sectarios aficionados. Eran señales para atraer a entidades que “no caminan en línea recta, sino en espiral”. Eran marcas de orientación, como migas de pan para algo que se movía entre diferentes realidades. Me habló también de un cura que había empezado a transformarse, un hombre que había leído libros que no debió tocar y al hacerlo había comenzado a abrir la puerta sin saberlo. Al parecer era él quien había estado dejando esos símbolos por la ciudad.
Antes de irme, me advirtió que los animales que había encontrado (el murciélago, la serpiente, el perro) no eran criaturas aisladas. Eran exploradores. Y que pronto vendrían los que los azuzaban.
VIERNES 9 DE ENERO DE 1926
Al llegar a mi apartamento, supe que no estaba solo. La puerta estaba entreabierta, y yo siempre la cierro con tres vueltas. Pensé que alguien la había forzado con una ganzúa, aunque como pude comprobar luego, la cosa tenía más de truco de prestidigitador que de trabajo de ladrón.
Dentro me esperaba un hombre con una túnica oscura. No se movió cuando entré. No hizo el más mínimo intento de ocultarse. Solo abrió un viejo libro que traía en las manos y empezó a recitar palabras que parecían vibrar en el aire. De inmediato sentí cómo mis músculos se aflojaban, cómo mi visión se emborronaba. Todo mi cuerpo clamaba por rendirse. Cada palabra que pronunciaba dolía como un puñetazo. Fui boxeador cuatro años y policía de calle nueve antes de meterme a detective, y pocas palizas recuerdo haber recibido como aquella, sin que el tipo llegara a tocarme.
Combate a 10+. Primer intento: Revólver, Linterna, 6, 4, 1. Segundo intento (repitiendo el 6 y el 1) Revólver, Linterna, 5, 4, 3. Con esto tenemos Combate 12 y pasamos la prueba.
Con las últimas fuerzas que me quedaban, disparé. La bala atravesó el libro que sostenía y el encapuchado cayó muerto con el proyectil alojado en su corazón. Lo que fuera que me estaba ocurriendo cesó de pronto, pero siento que no fue por la muerte del hombre, sino por el agujero que la bala había dejado en las páginas del libro.
Registré su cuerpo. Encontré una nota con una dirección (la de mi oficina) en un lado, y un croquis de las afueras donde se indicaba una cueva cercana a la carretera del cementerio. Claramente ya no soy un observador. Soy un objetivo. Pues que así sea. Tengo balas para todos. Al menos, mientras las balas basten para pararlos.
Lo bueno de mi oficio, es que conoces a mucha gente. Los animales raros de los otros días no me preocupaban. Sinceramente, si un policía te encuentra en la calle con un revólver en la mano y una serpiente bicéfala enorme muerta a tus pies, lo primero que le sale de la boca es “Caballero ¿está usted bien?”. Si lo que tienes a tus pies es un hombre muerto, por muy encapuchado que esté, no suelen ser tan amables.
Hice un par de llamadas. Unos… amigos… vinieron a llevarse el cuerpo. Se ganarían unas buenas monedas vendiéndolo a algún medicucho para sus experimentos, así que no hicieron preguntas.
SABADO 12 DE ENERO DE 1926
El croquis de la nota me llevó a las afueras, a una cueva oculta entre matorrales. Dentro encontré restos de velas, huesos pequeños, marcas en el suelo. Nada reciente. Nada concluyente. Pero había algo más.
Un búho enorme, inmóvil, me observaba desde una repisa. Sus ojos amarillos no parpadeaban. No se movió ni cuando me acerqué, y por un momento pensé que era un animal disecado y no quedaría del todo mal en la percha de mi oficina. En una de sus patas tenía una anilla que parecía tener grabado un escudo heráldico. Cuando acerqué la mano a él lanzó un leve ulular…
Búsqueda a 12+. Primer intento: Revólver (doble), 3, 3, 2. Segundo intento (repitiendo todos los dados) Revólver, Lupa 5, 3, 1. Tercer intento (repitiendo todos los dados salvo el 5) Revólver (doble, de nuevo), 5, 5, 3. No logramos ningún resultado de Búsqueda, por lo que fallamos la prueba. El primer fallo de la partida.
...y salió volando de la cueva. Se perdió en la noche. Si la anilla contenía algún tipo de pista, el búho se la llevó con él.
DOMINGO 11 DE ENERO DE 1926
Tras el fiasco de la cueva, el único hilo del que aún podía tirar era el del sacerdote del que me habló la adivina. Acudí a la iglesia el domingo como uno más. Solo Dios sabe cuánto hace desde la última vez. Su escasa congregación estaba aterrada. Su sermón era un balbuceo, mezcla de gruñidos y eructos entre los cuales todavía se adivinaban algunas palabras sensatas. Me senté tras un grupo de ancianas que murmuraban. Las oí decir que ya no es él, que su voz suena como si hablara desde un pozo profundo. Que su piel cambia de color según la luz. Me preguntaba por qué seguían asistiendo a misa en esas condiciones. Supongo que era algo que tenían tan arraigado que no habrían dejado de hacerlo ni aunque fuera el mismo Satanás el que les hablara desde el púlpito.
Esperé a que el sermón terminara. Desde una esquina, le vi salir por la pequeña puerta trasera de la iglesia que daba a un callejón. Uno de sus brazos, que había mantenido detrás del púlpito y cubierto por su sotana todo el tiempo, era una masa rosada, gelatinosa, que se movía con vida propia. ¿Deformidad? ¿Transformación? ¿O quizá solo adaptación?
Lo seguí durante horas. Caminaba sin rumbo aparente, siempre por los callejones mas estrechos. Parecía estar recorriendo en círculos los barrios marginales, girando siempre a la izquierda hasta volver al punto de origen.
Búsqueda a 17+. Reducida a 12+ por superar cinco de las tiradas de los días anteriores. Primer intento: Búsqueda, Revólver, 5, 5, 2. Con esto tenemos Búsqueda 12 y superamos la prueba al primer intento.
Terminé por darme cuenta que no andaba en círculos, sino en espiral. No pasaba una y otra vez por las mismas calles, sino que al completar cada vuelta cambiaba a otra calle mas interna, su vuelta era cada vez un poco mas corta, y al regresar al punto de inicio volvía a pasar a otra calle mas interior. Estaba girando hacia… hacia lo que hubiera en el centro de la espiral.
Al caer la noche, aparentemente llegó al centro. Se internó en un edificio abandonado. Hace un par de semanas le habría seguido sin dudar, pero… me maldigo a mi mismo, pero vuelvo a temer a la oscuridad. Tomé nota de la dirección para investigarla más adelante, a la luz del día.
Hasta que la investigación avance, puedes repasar todas la información que hemos ido recopilando pulsando aquí.






Deseando seguir con las aventuras desventuradas de John Miller
ResponderEliminarHay más en camino... cuando nuestro transcriptor se recupere de la gripe cthonica que tiene encima 🤒
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