MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!
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lunes, 28 de septiembre de 2026

¿QUIEN COMPRA UN PLANETA?

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Cuando no se me ocurre nada en particular sobre lo que escribir, lo que hago es mirar en el calendario de fechas especiales si hay alguna celebración activa que me sirva de inspiración. 

Es algo a lo que recurro cada vez con mayor frecuencia, lo cual probablemente sea mala señal. ¿Debería hidratarme más para que no se me seque el cerebro? ¿Debería hacerme unos cuantos agujeros en el cráneo para que se ventile mejor? ¿Bastará con dormir media hora extra cada noche? ¿Éstas preguntas son lo suficientemente estúpidas para planteármelas precisamente hoy? Bueno, pues espero que sí, porque he mirado qué fechas se celebran el 28 de septiembre y una de ellas es el Día de preguntar cosas estúpidas. Contrariamente a lo que el nombre parece indicar, en este día se anima a la gente a preguntar cualquier cosa sobre la que tenga dudas, aunque la pregunta pueda sonar estúpida.

Así que estuve buscando alguno de los bolsilibros que tenía a mano cuyo título incluyese una pregunta. A ser posible una pregunta estúpida, pero me vale con que incluya una pregunta. Entre los que tenía disponibles he seleccionado este. En la portada vemos un planeta que tiene colgado en su anillo de asteroides un letrero de «A la venta», que me ha parecido magnífico. Y aparte, la nave en primer plano no es otra cosa que el Ave Fénix de Gatchaman/Comando G, en color amarillo.

La portada es llamativa, desde luego, y el título parece adecuado para el propósito de hoy, así que vamos a ver si encontramos a alguien que nos conteste a la pregunta de «¿Quién compra un planeta?». Yo no porque ya tengo uno y no sabría que hacer con otro, pero quizá alguno de vosotros esté interesado en este en particular. 

La historia comienza con una joven y elegante señorita llamada Paula Gander entrando en la oficina de Aquiles Potter, que es agente de ventas… en el más amplio sentido de la palabra, puesto que hace de intermediario entre un comprador y un vendedor sin importar lo que sea que estos quieran comprar o vender. Pueden ser propiedades comunes, metales valiosos, terrenos, antigüedades, incluso personas. Para cualquier cosa que alguien quiera vender y otro esté dispuesto a comprar, él hace de intermediario, asegurándose de que ambos reciban el trato más justo posible. Y naturalmente, llevándose un buen porcentaje del valor total de la venta.

La señorita Gander tiene algo que vender, algo con lo que Potter no ha trabajado hasta ahora: un planeta completo. Se trata de un planeta que un antepasado suyo, explorador espacial, descubrió y del cual tomó posesión legal. Un mundo al que llamó Mardonia y que es básicamente otro planeta Tierra, similar en tamaño, gravedad, atmósfera, y porcentajes de tierra firme, agua dulce y agua salada. Habitable, pero no habitado, salvo por la fauna y flora local, que son también similares a las del planeta Tierra, aunque no idénticas.

Miss Gander no sabe qué hacer con el planeta, salvo venderlo, así que acude a Potter para que él se encargue de buscar un comprador capaz de pagar por él una cantidad adecuada. Si bien es algo a lo que nunca se ha enfrentado, Potter acepta encantado el trabajo, ya que incluso el 2 %, que es el porcentaje que suele cobrar, supondrá una cantidad multimillonaria para una venta de esa envergadura, si consigue colocárselo a alguien. Sin embargo, esa misma noche recibe una videollamada de Gander, que le indica que ya ha vendido por su cuenta el planeta a una persona a la que conoció fortuitamente y que aceptó pagar incluso por encima de la cifra más alta que ella tenía en mente. Aun así, quiere agradecer a Potter el haber aceptado el caso en primer lugar y le transfiere una cierta cantidad de dinero que, si bien no es ni de lejos lo que él esperaba cobrar como comisión, sí es una cantidad bastante alta, teniendo en cuenta que ni tan solo ha llegado a mover un dedo todavía para gestionar la venta.

Justo antes de que la comunicación se corte, Potter ve al fondo de la pantalla a un hombre al que reconoce. Es Jenks, un agente de ventas como él, pero que tiene fama de operar al margen de la ley demasiado a menudo. Esto intranquiliza a Potter, pero, puesto que la venta ya está hecha, él no tiene ya nada que hacer al respecto.

Pasa un año y Potter prácticamente se ha olvidado del asunto, hasta que una noche, paseando por la calle regresando de una cita que ha salido mal, ve cómo una mujer se acerca a él tambaleándose, vestida con harapos como una mendiga y andando como si estuviera borracha. La mujer se derrumba sobre él al pasarle por al lado y solo cuando la atrapa para evitar que caiga al suelo se da cuenta de que se trata de miss Gander. Rápidamente la lleva a un médico de confianza, el cual confirma que no tiene nada grave, solamente desnutrición y anemia, pero provocadas por un motivo muy concreto. Son síntomas de dosis muy altas y continuadas de cierto suero de la verdad.

Cuando Gander se recupera totalmente, una semana después, le confirma a Potter lo que este ya sospechaba: que la venta de Mardonia se produjo estando ella bajo la influencia de una fuerte dosis de suero de la verdad, que también la obligaba a obedecer cualquier orden recibida. Básicamente, vendió el mundo por un precio acorde con el de la propiedad, para que todo fuera legal, pero a continuación firmó otro documento en el que reinvertía todo el dinero obtenido en la COPERN, una asociación creada por el propio comprador de Mardonia y dedicada, en teoría, a la exploración y explotación de los recursos del planeta. Básicamente, devolvió todo el dinero que había recibido por el planeta a cambio de unos beneficios futuros que probablemente nunca llegarán a sus manos. El gran problema es que todo el papeleo fue redactado con gran cuidado para que fuera legal. Lo suficientemente legal, al menos, para que ella no pueda reclamarle nada al nuevo dueño del planeta.

Potter comienza su propia investigación y, como parte de la misma, se liga a la esbelta secretaria de las oficinas de la COPERN. Obtiene varios favores de ella, entre estos algo de información, pero no la que más le interesaba sobre los tejemanejes de la empresa, sino sobre la implicación de su jefe en la distribución del psicom. Esta es una planta alucinógena legal que se vende como alimento, pero que los propios médicos desaconsejan por posibles efectos secundarios todavía no debidamente comprobados. Su origen es desconocido (secreto comercial, como la fórmula de la Coca-Cola), pero parece tener tendencia a ser adictiva y a provocar, entre otras cosas, vejez prematura.

Por su parte uno de los socios de la COPERN, contrata a un asesino profesional para que Potter deje de meter las narices en sus oficinas y en sus secretarias. El asesino utiliza un arma bastante peculiar. Se trata de un fusil de francotirador que lleva microteletransportadores adosados en cada una de las balas, de forma que, al ser disparadas, estas saltan al hiperespacio, desmaterializándose y viajando por un plano vacío hasta llegar a pocos centímetros del blanco, donde vuelven al plano en el que fueron disparadas, asegurándose así de que nada de lo que haya interpuesto entre el cañón del arma y el objetivo pueda detener la bala, ni aunque sea de pura casualidad.

Convengamos que es un arma muy rebuscada. Pero bueno, en eso consiste en gran parte la ciencia ficción: en imaginar cómo podrían ser las cosas en el futuro. Sin embargo, si bien el arma que emplea el asesino es bastante peculiar, no lo es menos la contramedida que emplea su blanco: un campo de repulsión que detiene la bala en el aire cuando esta se materializa e invierte su rumbo, haciendo que regrese por donde vino, vuelva a meterse en el cañón del fusil de francotirador y choque contra la siguiente bala que este había amartillado por si fallaba la primera. Las dos balas, al chocar de frente, estallan como microproyectiles, reventando el arma y convirtiendo al asesino en una nube de sangre y trocitos de carne y hueso. Más tarde nos explican que esta contramedida es una especie de campo de fuerza específico para estas balas de hiperespacio que Potter tiene rodeando el jardín de su casa. Y ahora mismo, comprar un planeta no, pero una de estas barreras, si las tienen  de las que además de balas hiperespaciales repelen los mosquitos, me compro una mañana mismo.

El caso es que, como legalmente no parece que puedan hacer nada contra la COPERN, Potter y Gander deciden personarse en Mardonia para tratar directamente el asunto con Jenks, que está ahí junto con un grupo de hombres para iniciar la explotación de los recursos del planeta. Tan pronto llegan al planeta y abandonan la nave reciben una lluvia de explosivos. Varias tandas de misiles, en lotes de seis, caen sobre ellos, destruyendo la nave. Afortunadamente tienen tiempo suficiente para alejarse antes de que esta estalle. Habían traído mucho material con ellos, incluso vehículos todoterreno y tiendas de campaña, además de armas y provisiones. Pero no cuentan con tiempo más que para salir, básicamente con lo puesto y con un fusil que Potter agarra en el último segundo.

No tienen más remedio que iniciar la búsqueda del campamento de Jenks y sus hombres a pie, en un viaje de varios cientos de kilómetros. Duermen donde encuentran un mínimo de resguardo y Potter utiliza el fusil para pescar al estilo de Resident Evil 4, disparando desde la orilla a los peces que cometen el error de nadar demasiado cerca de la superficie. De hecho, hay un momento en el que Gander está bañándose desnuda en un lago mientras Potter dispara contra los peces de ese mismo lago para comérselos luego, y creo que podemos convenir en que es una escena un tanto extraña, pero también original. Original, sobre todo, porque esta escena, en cualquier otro bolsilibro, sería el momento adecuado para que un monstruo local, probablemente con grandes tentáculos, hiciera acto de aparición para atrapar a la chica y que el tipo del fusil fuera a rescatarla. Pero aquí no. Aquí el tipo del fusil lo que hace es disparar contra unas cuantas percas para asarlas más tarde, mientras la chica se baña tranquilamente. Es una de las roturas de cliché de bolsilibro más flagrante que me he encontrado hasta ahora, pero precisamente eso es lo que la hace tan llamativa.

Durante ese largo camino hacia el campamento de Jenks hacen un par de descubrimientos: la hierba común de ese planeta es precisamente el psicom, esa planta de origen desconocido y propiedades alucinógenas que se ha vuelto tan popular en la Tierra. También comprueban que el planeta ya tiene una raza nativa inteligente, muy primitiva, pero como mínimo equivalente a los humanos de la Edad de Piedra. Esto invalida cualquier título de propiedad sobre el planeta, puesto que las leyes generales de la galaxia establecen que, si un planeta ya tiene una raza que pueda considerarse inteligente, por primitiva que sea, el planeta pertenece automáticamente a ellos y, por tanto, ni Gander ni Jenks pueden reclamar derechos sobre este.

Potter y Gander continúan avanzando hasta encontrar el campamento, pero son inmediatamente capturados. Cuando, tras un poco de relleno, los delincuentes se disponen a ejecutarlos, el campamento es atacado por un montón de estos nativos, que lanzan sobre edificios y personal enormes rocas, aplastándolo todo. Potter y Gander logran salvarse milagrosamente y entonces se encuentran con que los nativos son dirigidos por una pareja humana de edad avanzada. Estos resultan ser el antepasado de Gander, descubridor del planeta, y su esposa.

En realidad, desde que llegaron allí, ellos nunca abandonaron el planeta. Fueron sus hijos los que lo hicieron y llevaron a cabo todas las gestiones necesarias para adjudicarles la propiedad del mismo. Su larga longevidad se debe precisamente al consumo de la hierba psicom, que tiene la propiedad de alargar la vida cuando es comida fresca. Sin embargo, todo el procedimiento de empacado y conservación necesario para que llegue siendo aun comestible a otro planeta hace que la hierba pierda esa propiedad y mantenga únicamente su naturaleza alucinógena. De hecho, no solo pierde la propiedad de retrasar enormemente el envejecimiento, sino que provoca el efecto contrario, acelerándolo.

El último capítulo me sobra un tanto porque, estando ya solucionado todo lo importante, Jenks y varios de sus hombres que sobrevivieron al ataque de los nativos son detenidos por las autoridades de un planeta cercano, el asunto sale a la luz y se les celebra un juicio. Todo el último capítulo es ese juicio, con los respectivos abogados haciendo sus alegaciones y presentando pruebas. Y la verdad, ponerte eso después de la batalla final se hace bastante aburrido.

Por otra parte, el verdadero final sí tiene un pequeño toque de originalidad. Naturalmente, Gander y Potter se han enamorado durante su periplo y, estando en un planeta en el que la vida es mucho más larga y tranquila, deciden no establecerse en él. A Potter se le hace demasiado aburrida una existencia muy larga y sin problemas y, cuando manifiesta su deseo de marcharse de allí, Gander indica que ella simplemente le seguirá a donde vaya. Los personajes abandonan así esa especie de gigantesco invernadero de marihuana de la eterna juventud que ha resultado ser el planeta y regresan a la Tierra, a seguir lidiando con todos sus pequeños problemas cotidianos.

Y bien… bastante irregular. Tiene pasajes que se me hicieron aburridos pero otros que me han gustado bastante. Me gusta, por ejemplo, que la premisa inicial del planeta en venta no se haya quedado solo en el título, porque esto es algo que hacían de vez en cuando los bolsilibros; poner un título muy llamativo que luego era meramente anecdótico. Encuentro gracioso que los protagonistas se apelliden Potter y Gander (muy parecido a Granger) aunque esto es obviamente una mera casualidad, siendo este bolsilibro dieciséis años anterior al primer titulo de la famosa saga de la Sra. Rowling. La escena de la pesca de percas a tiro limpio (una mujer desnuda bañándose en un lago de un planeta alienígena y un hombre armado en la orilla pegando tiros al agua) es una invitación al tópico del monstruo acuático, pero nos lo niegan. Y esto demuestra algo que muchos escritores no parecen tener en cuenta, que para ser originales no hace falta inventar una situación que jamás se haya visto; basta con resolver una situación convencional de una manera que nadie esperaría. Y el final simplemente me encanta. Gander le plantea a Potter quedarse viviendo eternamente en Mardonia, disfrutando de una existencia paradisíaca y sin preocupaciones, y este básicamente le responde «pues qué aburrimiento ¿no?». 

Y relacionada con este final, y ya que estamos en el Día de preguntar cosas estúpidas, ahí va una pregunta más para terminar ¿Qué es más importante, vivir mucho tiempo, o aprovechar bien el tiempo que te toque vivir? Yo, por si acaso voy a escribir un poco más hoy, a ver que me sale. 

Puedes ver otro libro de este autor pulsando aquí.

¿Quién compra un planeta? 1981. Clark Carrados [Luís García Lecha] (texto) Miguel García (portada). La conquista del espacio nº 591. Editorial Bruguera S.A.

miércoles, 17 de junio de 2026

LOS BASUREROS DEL ESPACIO (nº 6) El motín del Galaxia

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                              ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                       

                                             Presentado por… el profesor Plot.

Saludos, ávidos lectores. 

Hoy estamos a 17 de junio, el Día Internacional de los Basureros. Aprovechamos esta fecha para reseñar otro de nuestros números de Los basureros del espacio, una extraña colección de bolsilibros en formato de revista ilustrada que lanzó Bruguera ya al final de la etapa dorada de este tipo de publicaciones, casi a modo de despedida.

En esta ocasión, nuestro aguerrido grupo de basureros espaciales está recogiendo los restos de una nave que ha explotado a mitad de un viaje, debido a una grave falta de mantenimiento. Lo que queda de ella y lo que queda de sus tripulantes flotan en el vacío. Los pedazos que encuentran los van juntando para llevárselos a donde no molesten. El espacio puede ser muy grande, pero, al igual que en el mar, hay líneas de tráfico establecidas, y los restos de la nave que ha explotado están en medio de una de ellas.

Precisamente, una de las naves que pasa cerca del lugar del siniestro es la de un viejo conocido del capitán Dick, que en cuanto los avista los invita a subir a bordo a tomarse unas copas. Entre vasos de whisky y puros, el capitán de la nave, Harry Mimms, alias Patapalo, les pone al corriente de los últimos sucesos. Una nave de lujo, la Galaxia, ha sido tomada por una parte de sus propios tripulantes, que se han amotinado. Los pasajeros y el resto de tripulantes fueron evacuados de la nave en las cápsulas salvavidas, pero los amotinados se quedaron con una rehén, Aura Zhirinn, la nueva gobernadora de Ganímedes. Además de con la propia nave de lujo y con el cargamento de esta, que consistía en varias toneladas de oro, diamantes, papel moneda sin imprimir y las planchas necesarias para convertirlo en dinero real. Han proclamado que todo ello pertenece ahora a la República Sideral de Kironia, de la que nadie ha oído hablar antes. Su líder es Vladimir Kiross, un exmilitar de las FEU (Fuerzas Espaciales Unificadas) que fue expulsado por apropiamiento indebido de fondos públicos.

Poco después, los basureros se despiden de Patapalo y continúan con su labor de despejar las rutas de chatarra, cuando reciben otra visita: la de una pequeña nave desconocida que, sin motivo aparente, dispara contra ellos un misil. Los tripulantes de la Dungflier responden lanzando a su vez seis. En teoría, las naves basureras no están armadas, pero Yokio, el técnico de la Dungflier, ha hecho varias modificaciones en esta, las cuales incluyen armamento ilegal. La nave atacante es hecha pedazos, añadiendo más chatarra a la que tienen que recoger, y entre esta encuentran un cadáver con un uniforme que presenta la misma insignia que ostentaban sobre su ropa, en forma de adhesivos, los amotinados de la Galaxia.

Cuando finalmente parece que van a poder continuar con su trabajo en paz, llega hasta ellos la nave del general Fischett, el responsable directo de que actualmente Dick sea capitán de un camión de basura espacial en lugar de una moderna nave patrulla de las FEU. Quiere que Dick retome, de forma momentánea y extraoficial, su papel de soldado para buscar y capturar o eliminar a Vladimir Kiross y rescatar a su rehén. Al general le preocupa que la importante rehén pueda morir durante una operación de rescate y se achaque la culpa de ello a él o a las tropas a su mando, por lo que prefiere tirar de mercenarios. Pero el que, siendo solamente una nave basurera, hayan sido atacados por soldados de la supuesta República de Kironia antes de que el general Fischett los reclutara es un indicativo claro de que hay espías dentro del propio ejército. Vladimir Kiross ya sabía que el general recurriría a ellos antes de que se enteraran ellos mismos.

La Dungflier se dirige a Ganimedes, donde Marisa, la esbelta contable de la nave, aprovecha los fondos que les ha proporcionado la FEU para pasarse tres horas en salones de belleza, tiendas de moda y joyerías. A continuación va al prostíbulo en el que trabajaba antes de ser obligada a convertirse en basurera espacial. Este es un prostíbulo de lujo por el que pasa mucha gente con dinero y también gente con información. El dueño del prostíbulo tiene tendencia a despojar a todos sus clientes de ambas cosas, y sabe dónde se esconde Vladimir.

Al parecer, este ha aprovechado una laguna legal para establecerse en un asteroide. La Federación Galáctica determinó ochenta años atrás que los planetas, planetoides y asteroides, así como las lunas del Sistema Solar, eran territorio soberano de la Federación. Pero por un error de redacción, esta delimitación territorial no incluye a los asteroides que, posteriormente a la firma de este tratado, pudiesen entrar y se quedaran de forma permanente en el Sistema Solar. Vladimir ha aprovechado esta laguna para establecerse en un asteroide que entró y quedó orbitando a Júpiter varias décadas después de la firma de ese tratado. Debido a esto, incluso cuando las FEU descubran su paradero, técnicamente estarán invadiendo territorio soberano si lo atacan o despliegan tropas en él para detenerle.

Esto, naturalmente, no afecta a los basureros, que están trabajando en plan mercenario y, en principio, no responden ante nadie, así que se dirigen hacia allí. El lugar ha sido fortificado con minas espaciales y defensas de superficie. Yokio, el técnico, ha improvisado también una especie de campo de invisibilidad que impide que la Dungflier sea detectada por sistemas convencionales. Se las apañan para esquivar el campo de minas y desembarcan en el asteroide sin ser detectados.

Aquí no hay un gran combate pistolas láser en mano, que era lo habitual en los bolsilibros. Es algo mucho menos épico y a la vez más creíble. Dick se deja ver y mantiene una conversación con Vladimir. Ni siquiera están cara a cara. Dick está en el exterior del asteroide y Vladimir en el interior de los edificios estancos que han erigido en él. Se hablan a través de un sistema de comunicaciones, sin que haya ninguna posibilidad de contacto físico ni de intercambiar puñetazos entre ellos. Es simplemente un intercambio de puyas, amenazas y sarcasmos, que tiene como única finalidad distraer al líder de esta especie de terroristas & independentistas con delirios de grandeza. Desde donde esta, Dick tiene a la vista una especie de jaula cristalina estanca en la que han encerrado a Aura. Vladimir lo amenaza de detonar de forma remota un explosivo adosado a la jaula y dejarla morir en el vacío del espacio si se hace cualquier intento de rescatarla o de atacar el asteroide.

Mientras, Yokio manipula una batería de seis piezas de artillería que están alineadas como defensa por si el asteroide fuera atacado por naves. Estos cañones están preparados para disparar una salva de proyectiles, pero los hombres de Vladimir son unos chapuceros. Se han limitado a montar las armas de mayor calibre a las que han podido echar mano, y Yokio calcula que si las seis piezas disparan a la vez, generarán tal retroceso que, si por cualquier motivo la propia arma no lo amortigua, sacarán de su actual órbita al asteroide. Tan solo un décimo de grado, pero esto bastará para crear una inercia que irá aumentando hasta lanzar al asteroide fuera del sistema solar, más o menos por donde vino.

Mientras Dick sigue la conversación con Vladimir, Yokio manipula los cañones para que disparen todos a la vez y anula sus sistemas de retroceso para que sea el propio asteroide el que absorba la fuerza cinética de las detonaciones. También es él quien avería desde fuera las células de energía de la base y desmonta las conexiones de la jaula cristalina. Pendiente de su duelo dialectico con Dick, Vladimir se ve, de un momento al otro, sin energía, sin su rehén, con sus principales armas de defensa disparadas al vacío y con el asteroide que pretendía que fuera reconocido como una república independiente alejándose poco a poco, pero cada vez más rápido, del Sistema Solar. Al darse cuenta del cambio de situación, sus hombres huyen en desbandada, pisoteándolo para llegar cuanto antes al hangar de naves.

Los basureros y Aura regresan rápidamente a la Dungflier y esta se aleja del asteroide. Puede que Vladimir consiga evacuarlo y puede que se pierda en el espacio junto con él. No lo sabemos y no nos importa. Nadie va a llorar a un terrorista. A bordo de la Dungflier, Marisa se da cuenta, por el trato entre Dick y Aura, de que estos ya se conocían. Es más, que en el pasado hubo algo serio entre ambos. Pero que, fuera lo que fuera, es un asunto que quedó zanjado en buenos términos.

Aura es dejada sana y salva en manos de la Federación y los basureros vuelven a su trabajo. La recompensa que reciben por los servicios prestados es la posibilidad de dejar su vida de basureros y convertirse en agentes especiales de las FEU, cosa a la que se niegan. Todos ellos son basureros espaciales porque se les obligó a serlo después de haber tenido problemas con un sistema legal que se comportó con ellos de forma demasiado severa para los delitos que cometieron. Y ahora prefieren seguir siendo basureros antes que ponerse al servicio de ese mismo sistema.

Y bueno, esta historia, como las otras de la colección, funciona por el carisma del grupo protagonista. Ni las tramas son muy complejas ni la narrativa está muy cuidada. Ni tan solo hay una gran coordinación entre el dibujante, entre la parte ilustrada y el texto. Pero el caso es que funciona lo bastante bien como para leerlo. Los personajes entran en esa categoría que se suele denominar perdedores funcionales: individuos que al principio se nos presentan como fracasados, arruinados, acabados, torpes o mediocres, pero que por pura tenacidad siempre terminan haciendo lo necesario, mientras que otros teóricamente más preparados demuestran no dar la talla. Personajes como John McClane (Die Hard), Fry (Futurama), Rincewind (Mundodisco), Guybrush Threepwood (The Secret of Monkey Island), Neville Longbottom (Harry Potter) o, sin ir más lejos, nuestros Mortadelo y Filemón, son ejemplos perfectos de perdedores funcionales. Y los basureros del espacio son básicamente eso. Han tomado una serie de malas decisiones en su vida que les han llevado a tener que dedicarse a un trabajo que toda la sociedad desprecia. Y, sin embargo, en cada número se las apañan para salvar de un modo u otro a esa misma sociedad.

Por otra parte la idea de que un asteroide recién llegado a una zona del espacio no esté cubierto por un tratado soberanista previo y pueda convertirse en territorio independiente es un detalle que me ha parecido bastante ingenioso. 

Puedes ver otra aventura de los basureros pulsando aquí.

El motín del Galaxia. 1986. Rick Solaris [Ernesto Frers Gianello] (texto) Almazán (portada) Pedro (ilustraciones). Los Basureros del Espacio nº 6. Editorial Bruguera S.A.

lunes, 15 de junio de 2026

LA SAGA DE LOS AZNAR (nº 28) El Imperio Milenario

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, luchadores del espacio.

Retomamos La Saga de los Aznar con el vigésimo octavo título de la colección. Espero que lo encontréis interesante porque me ha llevado todo el día escribir esta entrada😅 

Antes de ponernos al lio, como amable recordatorio, hacer notar que este libro se escribió en el año 1955, y que lo que a día de hoy llamamos ciencia ficción se llamaba originalmente literatura de anticipación. Ya veréis por que lo digo.  

Comenzaremos haciendo un repaso de lo acaecido en títulos anteriores, porque la situación es un tanto compleja. Los sadritas, que llegaron al sistema solar como amigables inmigrantes, terminaron estableciéndose en él de forma permanente y expulsaron de este a los humanos. Transformaron el Sol del Sistema Solar, una estrella de hidrógeno que emitía luz infrarroja, en una estrella de helio que emitía luz ultravioleta. La luz ultravioleta era totalmente incompatible con las formas de vida nacidas a la luz infrarroja y basadas en el carbono, por lo que toda vida en la Tierra y en los otros planetas habitados del Sistema Solar quedó condenada a una pronta extinción.

El proceso era al parecer irreversible, por lo que la única opción que le quedó a los humanos fue abandonar el Sistema Solar y buscar un nuevo hogar. Se plantearon dos posibilidades: viajar hasta Redención, la segunda cuna de la humanidad, o hacerlo hacia los mundos salvajes de Exilio. La mayor parte de la flota optó por la primera opción, que se consideraba más segura. Una pequeña parte, formada principalmente por humanos nacidos en Marte, a los que las condiciones del planeta habían hecho considerablemente más altos y con un carácter más agresivo, se sintió más atraída por colonizar los mundos de Exilio.

Aquéllos que viajaron hacia Redención contaban con encontrarse un planeta ya poblado y tecnificado, habitado por humanos como ellos, donde esperaban ser bien recibidos. Los que viajaron hacia los mundos de Exilio contaban con que estos seguirían siendo mundos salvajes que deberían ser colonizados y domados, pero aquello era lo que su naturaleza más aventurera les pedía.

La flota humana se dividió así en dos. La historia había seguido hasta ese momento a esa flota más pequeña, compuesta principalmente por los humanos terrícolas y los humanos marcianos, que viajaron hasta Exilio. En el número anterior, la flota alcanzó finalmente ese grupo de planetas, tan cercanos al, en teoría, pacificado y aliado Imperio de Nahum.

Los cinco mundos salvajes que esperaban encontrar resultaron ser ahora cuatro esferoides desprovistos totalmente de vida, como si hubiesen sido atacados por bombas W. Recordemos que este tipo de armas desintegra todo el oxígeno presente, incluido el del agua, reduciendo esta a nubes de gases y polvo y condenando a los mundos donde se lanzan a una extinción total.

El quinto mundo, que fue precisamente el que recibió el nombre de Exilio, había desarrollado ya una cultura a partir de los pueblos salvajes que los terrestres encontraron allí y a los que enseñaron el arte de la metalurgia y la industria avanzada. Pese a ello, estos pueblos estaban en un nivel técnológico cercano al de la Revolución Industrial terrestre y recibían ataques periódicos de flotas nahumitas. El objetivo de estos ataque no era conquistarlos o saquearlos, sino llevarse algunos millones de habitantes cada vez, extraer sus cerebros y sustituirlos por los cerebros de sus propios gobernantes o personajes notables. De esta forma se aseguraban un cierto tipo de inmortalidad al ir sustituyendo continuamente cuerpos viejos, decrépitos o dañados por otros jóvenes.

La tecnología humana en ese momento era superior a la nahumita debido al armamento y motores de luz sólida que habían copiado a los sadritas. Esto permitió a la relativamente pequeña flota humana imponerse a las flotas invasoras nahumitas, esparcirse por Exilio (al que sus habitantes llamaban Atioquita) e integrarse con esos pueblos, compartiendo con ellos suelo y tecnología.

Más o menos aquí es donde terminó el número anterior. Este comienza con una batalla entre la flota de guerra del Valera y los nahumitas.

Mucho tiempo antes de que incluso el protagonista de esta historia naciera, el autoplaneta Valera había zarpado de la Tierra para regresar a los mundos nahumitas y ver qué tal iba todo por allí. El Valera zarpó antes de la llegada de los sadritas, por lo que no cuenta con la tecnología de luz sólida de la que sí disponen las flotas humanas de camino a Redención y las que llegaron a Atioquita. No han desarrollado nada similar y tampoco los nahumitas conocen este tipo de armas o motores.

Cuando la flota que se estableció en Atioquita se hubo asentado allí, envió una parte de sus efectivos a los relativamente cercanos mundos natales nahumitas. Lo que encuentran es que los nahumitas han vuelto a tomar el control de todos los planetas que los humanos liberaron y han vuelto a esclavizar o directamente exterminar a las culturas nativas que había en ellos. De hecho, llegan en plena batalla entre las fuerzas nahumitas y la armada expedicionaria valerana, que por cierto, está sufriendo una derrota monumental.

Cuando el autoplaneta Valera llegó hasta el espacio nahumita, cincuenta años atrás, se encontró con una docena de mundos militarizados que lanzaron contra él toda su flota. La tecnología humana y nahumita está a la par, puesto que en toda guerra cada avance de uno de los bandos es rápidamente copiado por el otro tan pronto como los espías logran hacerse con planos de esa tecnología o con muestras de ella, o tan pronto como algún arma o equipo se recupera relativamente intacto de un campo de batalla. En igualdad de tecnología, los nahumitas tienen la ventaja, puesto que superan ampliamente en número de naves y torpedos autómata a sus rivales.

A esto hay que añadir otra desventaja extra, y es que en el primer encuentro entre el Valera y la nueva armada nahumita, que ahora se hace llamar el Imperio Milenario, los humanos sufrieron una terrible derrota y se vieron obligados a retirarse para repararse y rearmarse. Como suele ocurrir, incluso si la derrota es inevitable, se buscó una cabeza de turco para tranquilizar a la población.

El que en ese momento era almirante del Valera fue destituido y en su lugar se puso a Irene Dumont, la primera mujer en ostentar el mando del autoplaneta. Fue un error terrible, porque el cargo se le subió rápidamente a la cabeza y en lo que verdaderamente se centró fue en afianzar el papel de las mujeres en la sociedad del Valera. Hizo que estas sustituyeran a todos los altos cargos políticos y militares, dando preferencia a ellas sobre los hombres sin importar si eran o no las personas más capacitadas para el puesto.

Esta política feminista radical fue arrinconando cada vez más a los hombres, apartándolos de toda toma de decisiones. A raíz de eso, la mitad de los tripulantes del Valera (que es de aproximadamente unos noventa millones de personas) fueron dejados de lado. Precisamente la mitad de población que, por genética y carácter era más emprendedora y más propensa a arriesgarse a la hora de tomar decisiones difíciles, fue ignorada. El sexo biológico pasó a ser el principal factor determinante para ocupar cargos de responsabilidad.

Un momento, un momento...🤔Estoy reseñando La Saga de los Aznar a medida que voy leyendo los libros por primera vez, pero todo esto que nos están contando me resulta extrañamente familiar. ¿Una sociedad en la que una líder de políticas feministas radicales y desbalanceadas, promueve a la mitad de la población en detrimento de la otra mitad guiándose solo por su sexo, y lo único que consigue con ello es debilitar enormemente el conjunto?… Estoy seguro de no haber leído este libro antes de ahora, pero como decía, lo que me cuentan en él me resulta extrañamente familiar. Qué raro. ¿A qué puede deberse esto? 🤔En fin. Dejémoslo por ahora y sigamos con la historia.

Irene Polaris, hija de Irene Dumont y actual Almirante del Valera, tiene nula experiencia en combate y sufre una derrota catastrófica perdiendo el noventa por ciento de sus fuerzas en su primer encuentro con los nahumitas. El hecho de que el diez por ciento restante logren sobrevivir se debe a la intervención de la flota marcianoterrestre venida de Atioquita, que llega precisamente en ese momento. Con sus pequeñas naves Omega, dotadas de motores y proyectores de luz sólida, hacen trizas rápidamente a la armada nahumita. Apenas un millar de naves Omega bastan para destruir a un par de millones de cruceros de combate nahumitas, por el simple procedimiento de cortarlos a trozos con los rayos de luz sólida y destruir las interminables oleadas de torpedos autómata que estos lanzan.

A pesar de ello, todos los Omega son también destruidos. Las nubes de torpedos miniaturizados de la flota nahumita forman un volumen de fuego tan elevado que ni tan solo los proyectores de luz sólida de las naves Omega dan a basto para destruirlos a todos, y una tras otra, las pequeñas naves son alcanzadas y voladas en pedazos. El sacrificio de estas mil naves no tripuladas permite a los poco más de cien mil cruceros de combate valeranos supervivientes retirarse de la batalla cuando ya se daban por perdidos.

A continuación, Miguel Ángel Aznar hijo solicita permiso para subir a bordo del Valera. Desembarca en este junto a su padre y varias personas más. En números anteriores se nos dijo que Miguel Ángel Aznar padre formaba parte del grupo que fue en busca de Redención, y aquí se cambia esto sin explicación alguna. Este es simplemente uno más de los muchísimos errores de continuidad con los que cuenta la saga. El autor escribía casi sin tiempo de releer, como era habitual en la época por los plazos draconianos que exigían las editoriales. Además, varios títulos de la saga fueron reescritos en los años setenta de cara a una reedición, lo cual multiplicó los errores e incongruencias de uno a otro. Se sabe que hay varios libros que fueron totalmente eliminados, pero los acontecimientos que tenían lugar en ellos se mencionan posteriormente en otros libros que sí se mantuvieron, y se olvidaron de corregir estas referencias. El caso es que ahora ambos Miguel Ángel Aznar, padre e hijo, están juntos a bordo de la exigua flota que llegó hasta Exilio/Atioquita.

Una vez en el Valera, son recibidos por un comité que los lleva a la capital, Nuevo Madrid. A Miguel Ángel hijo le llama la atención el hecho de que todos los militares que les reciben, así como los componentes de la banda de música que hace sonar una fanfarria, incluso los chóferes de los coches que están ahí para llevarles ante la almirante Irene Polaris, son mujeres, pero lo achaca a una mera casualidad. Sin embargo, de camino a su reunión con la almirante, son atacados por una turba de manifestantes compuesta totalmente por hombres. Pese a que su guía les dice que los manifestantes están protestando por la reciente derrota contra los nahumitas, Miguel Ángel se fija en que estos enarbolan pancartas en las que exigen igualdad de derechos con las mujeres, pero decide no decir nada por el momento.

Cuando se reúne con la almirante Polaris, cada uno pone al corriente al otro de los sucesos recientes. Ella le explica a Miguel Ángel que el Valera es ahora un matriarcado y que todos los cargos militares, políticos y administrativos están en manos de mujeres. Su madre estableció oficialmente que las mujeres eran más inteligentes y más aptas que los hombres y por tanto es natural que sean ellas las que manden, independientemente de las capacidades que sea capaz de demostrar cada una. Polaris revela que su intención es regresar a la Tierra, vista la superioridad nahumita, pero es entonces cuando Miguel Ángel le informa de que la Tierra ya no pertenece a los humanos, sino a los sadritas. La parte buena es que, con la tecnología de la luz sólida que han traído con ellos, tienen la oportunidad de revertir la situación en los mundos natales nahumitas.

Las mil naves Omega destruidas, que bastaron para poner en jaque a la colosal flota nahumita, eran naves no tripuladas dirigidas por IA, por lo que la flota marcianoterrícola no ha perdido ni un solo hombre en el combate. Y las naves destruidas son fácilmente reemplazables, pues tienen toda la maquinaria y líneas de producción necesarias para construir más a bordo de su flota, miniaturizadas y empaquetadas, listas para ponerlas en marcha otra vez. La almirante Polaris se muestra encantada con esta noticia, pero a la vez hostil hacia los recién llegados. Cree que los Aznar pretenden arrebatarle el control del Valera valiéndose de la popularidad de su apellido, y ordena a sus tropas disparar a matar contra los manifestantes. Miguel Ángel padre, sin embargo, le solicita permiso para tratar de calmarlos valiéndose únicamente de palabras, en lugar de armas, y a regañadientes Polaris se lo concede.

Empleando para ello las pantallas gigantes instaladas por las calles, da un emotivo discurso a la población del Valera, que le reconoce inmediatamente como su antiguo almirante y lo aclama como su salvador pese a que este no les esconde nada. Les habla de lo ocurrido a la Tierra, de cómo la amenaza que deberán enfrentar cuando el Valera regrese a ella es mucho mayor que la que ha estado a punto de destruirles en esta ocasión, de todos los sacrificios que tendrán que hacer; no solo el largo viaje de regreso, sino el poner todos los recursos y trabajadores posibles a disposición de la industria armamentística. Y los hombres le aclaman porque les devuelve algo que la anterior y actual almirantes y la sociedad que han creado estas les habían negado: un propósito, la posibilidad de demostrar lo que valen.

Sin embargo, la Plana Mayor del Valera no perdona a Irene Polaris su derrota. Las otras almirantes, todas mujeres como ella, la presionan para que dimita o se suicide. Polaris opta por esto segundo y trata de matarse a sí misma disparándose a la cabeza, pero falla y es hospitalizada. Ahora va a tener que dimitir por escrito, pero para esto deben esperar a que se recupere hasta cierto grado. Sabiendo que la dimisión de Polaris no va a solucionar nada y que puede incluso que empeore la situación, porque puede llevar a una guerra interna entre las otras almirantes para sucederla, ambos Aznar comienzan a desembarcar en el interior del Valera las factorías miniaturizadas que les permiten fabricar los Omega. Las instalan en amplias zonas desocupadas del planeta hueco, las restituyen a su colosal tamaño real y ponen en marcha la producción casi de inmediato.

Miguel Ángel hijo visita a la almirante Polaris para interesarse por su estado y descubre que es la única persona que lo ha hecho con este motivo. Las otras visitas que ha recibido, todas de mujeres a su cargo deseosas de reemplazarla, han sido para comprobar si se iba a morir de una vez o para instarla a que firme su dimisión cuanto antes. Miguel Ángel la convence de que no lo haga. Es más, ya que ha habido numerosas bajas entre los mandos de la flota debido a la reciente batalla, la anima a cubrir estas bajas con candidatos hombres para comenzar a paliar así la desigualdad social que su madre creó y ella mantuvo. Polaris acepta, y el primer nombre de la lista de oficiales que sucederán a las mujeres de alto rango que murieron en la batalla es el del propio Miguel Ángel hijo.

También las bajas entre los tripulantes de menor rango deben ser cubiertas. Se abren las oficinas de reclutamiento para que todos aquellos que estén interesados en formar parte de la Armada Sideral puedan acceder a las academias, esta vez sin excluir a los hombres. Y, para sorpresa de la Plana Mayor, la gran mayoría de los voluntarios, de hecho casi la totalidad de estos, son hombres.

Las mujeres optaron a estos cargos mientras eran favorecidas por las cuotas de género y todo lo que tenían que hacer era asistir a clases teóricas en la academia militar y a batallas simuladas. Pero, a partir de la derrota y la masacre sufrida contra los nahumitas, la mayoría han perdido todo el interés por formar parte de la Armada. Los que se apuntan masivamente para optar a formar parte de la Armada son los mismos hombres a los que las mujeres despreciaron durante décadas, negándoles el acceso que a ellas prácticamente se les regalaba.

Con esta nueva Armada, que combina un ejército mixto de hombres y mujeres elegidos por sus aptitudes y no por su género, y la nueva tecnología traída por la flota procedente de la Tierra, la Armada valerana le da la vuelta a la guerra casi inmediatamente. Las inmensas flotas nahumitas son rápidamente doblegadas y destruidas, perdiendo sus naves a un ritmo alarmante. La tecnología de los torpedos autómata simplemente está obsoleta contra la de los proyectores de luz sólida. El Valera, de hecho, deja de fabricar torpedos autómata, y todas sus factorías que los producían son reconvertidas para que fabriquen vehículos Omega no tripulados y equipados con motores y armas de luz sólida.

Todo parece indicar que la conquista de todo el sistema solar nahumita va a ser una cuestión de pocos meses, pero durante estos se producen algunos reveses. La Plana Mayor de la almirante Polaris se rebela contra ella y trata de dar un golpe de Estado, pero este es sofocado, sorprendentemente, por la población civil. No solo por los hombres, que ya estaban hartos de las políticas que les habían llevado hasta casi un colapso social, sino por las propias mujeres. La mayoría de estas se han dado cuenta al fin de que las políticas feministas no benefician a todas las mujeres, sino únicamente a la reducida élite que ostenta el poder.

Rechazado tanto por los hombres como por la mayoría de mujeres, el supuesto golpe de Estado de la Plana Mayor del Valera es aplastado casi antes de comenzar. Se depone a todas las oficiales de alto rango que, de nuevo, son sustituidas por los oficiales más aptos para ocupar sus puestos, sin importar si se trata de hombres o mujeres, tanto del Valera como de la flota marcianoterrestre, dándose prioridad únicamente a sus conocimientos, experiencia y carácter.

Irene Polaris dimite voluntariamente y nombra como su sucesor a Miguel Ángel hijo. También acepta casarse con él, puesto que, como no podía ser de otro modo, ambos han terminado por enamorarse. Recordaréis que Miguel Ángel hijo ya se comprometió al final del número anterior con Milvana, reina de Atioquita. El libro terminaba dándonos a entender que su boda era algo inminente, ya casi un hecho, pero en este se nos dice que realmente no pasó de ahí, de la intención. Miguel Ángel nunca pretendió quedarse a vivir en Atioquita. Él quería partir inmediatamente hacia los mundos nahumitas, lo cual supone un viaje de dos años desde los mundos del Exilio. Dos años de ida, otros dos de vuelta, y eso sin contar el desfase del paso del tiempo planetario respecto al tiempo del espacio. Milvana no tenía intención de abandonar su planeta ni su cargo de líder de su pueblo, por lo que las vidas de ambos jóvenes se separaron en este momento.

Otro suceso que tiene lugar es la partida de Miguel Ángel padre del Valera. Él solo, en una nave capturada a los nahumitas, abandona el Valera casi a escondidas y se pierde en el espacio rumbo al territorio que todavía controlan sus enemigos. Esto se debe a la información que obtiene de un prisionero nahumita de una de las naves que quedó averiada sin llegar a ser destruida. La actual líder del pueblo nahumita es la hija de la emperatriz Amber, que a su vez fue esposa de Miguel Ángel Aznar padre. Él se casó con la por aquel entonces princesa nahumita como una forma de mantener la estabilidad después de someter por segunda vez a ese violento y totalitario pueblo.

Sin embargo, el matrimonio no duró mucho. Amber abandonó a su esposo cuando este se negó a mostrarse despiadado con un grupo de rebeldes, puesto que eso, a sus ojos, era síntoma de debilidad. Regresó con un séquito a los mundos nahumitas, estando ya embarazada sin que Miguel Ángel padre lo supiera. Esto significa que Miguel Ángel hijo y la actual líder de los nahumitas son hermanos por parte de padre.

El hecho de que Miguel Ángel hijo tenga unos ochenta años reales (veinte aparentes por la extrema longevidad humana en esta época), mientras que su hermana tiene aproximadamente dos mil quinientos, se explica por el desfase de paso del tiempo en diferentes planetas y la tecnología nahumita del intercambio de cerebros. Ella se ha mantenido en el poder pasando su cerebro de un cuerpo a otro más joven cada vez que ha sido necesario, por estar su cuerpo anterior envejecido. Su cerebro es como un parásito que va cambiando de un cuerpo a otro hasta que el que tiene ya no le vale. Su inmortalidad artificial hace que se vea a sí misma como una diosa, incuestionable y con un derecho absoluto a que su más mínimo deseo se cumpla. Pero aun así sigue siendo su hija, y por ello Miguel Ángel padre parte en su búsqueda pensando que el amor filial tendrá algún valor para ella.

La respuesta a esta cuestión la reciben algunos meses después, cuando la misma nave enemiga con la que partió regresa lentamente en piloto automático hacia el Valera. Cuando los valeranos interceptan la nave y la abordan, encuentran en ella un gorila dentro de una jaula, con una sutura quirúrgica en torno al cráneo. A modo de burla, la emperatriz ordenó que el cerebro de su padre fuera extraído e introducido en el cráneo del gorila. La criatura muere poco después porque las conexiones neuronales son demasiado incompatibles, y tanto el cerebro humano como el cuerpo de gorila se rechazan mutuamente.

Esto, que pretendía ser un desafío por parte de la emperatriz nahumita, es lo que en realidad supone su fin, puesto que acaba con la más mínima posibilidad que hubiera de que Miguel Ángel hijo negociara una paz o armisticio con el Imperio Milenario.

A partir de ese momento, la Armada valerana intensifica sus ataques. Todas y cada una de las naves de la flota enemiga son destruidas sin piedad, incluso aquellas que han quedado demasiado dañadas para presentar batalla y que podrían haber sido capturadas con facilidad. Las defensas planetarias son arrasadas con los rayos de luz sólida. El armamento antiaéreo y los búnkeres desaparecen entre grandes deflagraciones. Los ejércitos autómatas son desplegados por millones sobre cada uno de los mundos nahumitas, aplastando la poca oposición que estos pueden presentar a pie de trinchera.

Al cabo de unos días, los únicos nahumitas que quedan con vida son los que tiemblan de terror ocultos en subterráneos, hasta que deciden salir a rendirse, implorando clemencia. A ellos se les perdona, pero a la emperatriz no. También ella se arrastra llorando y suplicando piedad, pero es llevada a la fuerza hasta un poste donde se la ata para que el pelotón de fusilamiento pueda acribillarla a tiros cómodamente.

¡Próximamente en sus kioscos, Regreso a la patria! Hasta que esté disponible, puedes repasar la saga desde el inicio pulsando aquí.

El Imperio Milenario. 1975 (reescritura del texto original de 1957). George H. White [Pascual Eguídanos]. La saga de los Aznar nº 28. Editorial Valenciana S. A. 

miércoles, 4 de marzo de 2026

LA SAGA DE LOS AZNAR (nº 27) Exiliados de la Tierra

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, luchadores del espacio.

Esta es una novela de transición entre dos etapas de la saga. Desconectamos por el momento de toda la trama de los sadritas y de los exiliados que partieron rumbo a Redención, que fueron una inmensa mayoría, y nos centramos en el grupo de humanos más pequeño: el que fue en busca de los mundos salvajes thorbod. Los tripulantes de los tres autoplanetas que forman esta expedición (el Santa Fe, el Ascrea y el Orión) suman unos doce millones de personas y han hecho un viaje de sesenta años para llegar hasta allí.

En esta ocasión, la portada no tiene relación con la historia. Los únicos humanoides del piel verde aparecidos hasta ahora (sin contar a los hombres planta, que técnicamente no tienen piel) son los ibajay de Mares tenebrosos, y estos no intervienen en la trama.


Se nos dice que en estas fechas la vida promedio de los humanos ronda los trescientos años gracias a una modificación genética que toda la raza ha ido asimilando de forma gradual gracias al consumo de alimentos modificados a tal fin. Aun así, sesenta años de viaje han supuesto una quinta parte de su esperanza de vida. Algunos han nacido durante el viaje y no conocen otra cosa que el entorno artificial de las inmensas naves en las que viven.

La historia comienza con este grupo llegando a los cinco mundos que tenían como destino, para descubrir que solo uno de ellos sigue teniendo condiciones habitables, mientras que los otros cuatro han sido reducidos a rocas sin vida, despojados de su agua y atmósfera (el efecto habitual de las bombas W). El planeta aún habitable, además, presenta signos de una civilización avanzada. Los sensores de los autoplanetas detectan agrupaciones de estructuras artificiales que solo pueden ser ciudades e indicios de industrialización básica.

Debido a que el tiempo transcurre a diferentes ritmos en el espacio que en las superficies planetarias, estos mundos que Miguel Ángel padre dejó atrás hace algo más de un siglo han vivido cuatro mil años de su propia historia desde entonces. El mundo que aún tiene vida es precisamente Exilio, aquel en el que los tripulantes del Valera de la estirpe Aznar fueron abandonados tras la revuelta de la estirpe Balmer ocurrida en Motín en Valera.

Se designa a Miguel Ángel Aznar hijo y al capitán de navío Abel para un vuelo de inspección sobre el planeta. Lo llevan a cabo pilotando un caza omega cuyo diseño copiaron a los sadritas y han replicado durante el viaje. Lo que observan ambos hombres es que la civilización que se ha desarrollado en este mundo proviene de las tribus de amazonas que ya lo habitaron en el pasado. Han creado una sociedad matriarcal en la que todos los trabajos degradantes y peligrosos son llevados a cabo por hombres, que además no tienen acceso a la educación. Es una sociedad regida por mujeres, empobrecida y militarizada, en la que a duras penas se está iniciando algo parecido a una revolución industrial. La tecnología más avanzada con la que cuentan es el motor de combustión fósil, pero este está reservado para los buques, trenes y aviones militares armados con cañones y misiles análogos a los del siglo veinte terrestre.

El omega es atacado inmediatamente en cuanto se le avista. Demasiado confiados en la superior tecnología de su vehículo, los terrestres dejan que les disparen, y uno de los proyectiles va a colarse por una de las toberas de propulsión, ocasionando daños críticos pese a que el blindaje de la nave resulta impenetrable para el armamento de ese mundo. Esto les obliga a alejarse y aterrizar para efectuar reparaciones. La sola sensación de estar pisando tierra en lugar de metal, de estar respirando aire natural en lugar de uno miles de veces reciclado mediante químicos, les embota los sentidos de tal modo que reaccionan lento y mal cuando son atacados por aviones que hacen sobre ellos una pasada de ametrallamiento a baja cota. Disparan contra los aviones con sus armas de mano, proyectores portátiles de luz sólida, destrozándolos pese a sus intentos de no dañar a las pilotos. Capturan con vida a una de ellas, una muchacha llamada Milvana, con la que logran entenderse porque habla una versión deformada del thorbod. Esta les informa de que el nombre que dan a su mundo es Atioquita. Al parecer, les han atacado confundiéndolos con unos seres a los que Milvana se refiere como girkas, y que, por lo que les cuentan de ellos, Miguel Ángel termina por deducir que son nahumitas.

Aproximadamente cada cien años, cruceros de combate nahumitas acuden a Atioquita para llevarse por la fuerza algunos millones de habitantes. Los telescopios de estas nuevas amazonas ya han avistado una flota de girkas/nahumitas en la órbita del planeta. La última vez que estuvieron allí las nativas todavía no contaban con aviones ni misiles. Han dedicado toda su industria a producir armamento en detrimento de todo lo demás, hasta el punto de que conocen la electricidad y los motores de combustión, pero están reservados exclusivamente para la defensa, siendo el carro de tiro y las lámparas de aceite los medios de transporte e iluminación más habituales de los civiles.

Mientras Miguel Ángel asimila todo esto y trata de convencer a Milvana de que ellos no son nahumitas, esta aprovecha un descuido para huir del omega (en esos momentos posado en el suelo) llevándose una de las pistolas de luz sólida. Miguel Ángel corre tras ella para recuperar el arma, pero termina siendo capturado por un destacamento de soldados que se le echa encima.

Cuando despierta está en una mazmorra. Es llevado a una sala de interrogatorio llena de guardias y altos cargos militares, donde descubre que Milvana es en realidad la reina de Atioquita. Esto era uno de los grandes tópicos de la ciencia ficción de la época: que el primer encuentro de un explorador humano en un nuevo mundo fuera con la reina o princesa (solteras, claro) de ese planeta, y o bien tuviera que combatir con ella o bien rescatarla de algún peligro. Era una forma de justificar que el protagonista, al poco de llegar a un planeta, ya contara con un aliado que tuviera a su vez la capacidad de movilizar ejércitos en su nombre o proporcionarle los medios para modificar radicalmente para bien el modo de vida de ese planeta. El propio autor de esta novela se burlaba de este tópico en una anterior, la de Venimos a destruir el mundo, pese a que ahora recurra a él para agilizar la trama.

Abel, el copiloto de Miguel Ángel, suponiendo que este había sido llevado como prisionero a la ciudad más cercana, sobrevuela esta con el omega haciendo sonar a toda potencia una estridente alarma. Esto ocurre en medio del interrogatorio, desconcertando y distrayendo a las captoras de Miguel Ángel. El humano reconoce la señal de la sirena como la de una de sus propias naves y aprovecha el momento para noquear a unas cuantas corpulentas guardias y abrirse paso a bofetones hasta la terraza del edificio, donde Abel lo ve y baja a recogerlo, alejándose a toda prisa.

Milvana, que ha subido también persiguiendo a Miguel Ángel, dispara contra ellos con la pistola de luz sólida. Aunque el fuego de ametralladoras y artillería con el que los están rociando desde otros edificios no representa un gran peligro, el disparo de la luz sólida atraviesa al omega de parte a parte, obligándolos de nuevo a tomar tierra en un lugar apartado para reparar las brechas del casco. Mientras están liados con esto, los nahumitas se deciden al fin a efectuar su periódica razia sobre Atioquita. Desde su posición oculta, Miguel Ángel y Abel observan las astronaves nahumitas: son modelos anticuados comparados con la tecnología actual humana, pero aun así muy superiores al armamento con el que cuentan las amazonas. Las naves descienden a solo unos cientos de metros sobre la ciudad, ignorando el nutrido pero inefectivo fuego de artillería que las recibe, y despliegan soldados con armaduras de combate y jetpacks.

Entonces, Milvana comete el error de disparar la pistola de luz sólida contra una de las naves. El rayo continuo la corta en zigzag, haciendo estallar sus motores atómicos sobre la ciudad. La explosión derriba e incendia todos los edificios, reduciéndolos a escombros, y baña a los supervivientes con una dosis masiva de radiación atómica, letal a corto plazo. Pillados por sorpresa por el arma desconocida, los nahumitas inician la retirada, alejándose de la ciudad en la que, después de todo, ya no queda nadie que valga la pena capturar.

Miguel Ángel y Abel emplean el omega para barrer a todos los soldados con armadura de combate que han quedado en las inmediaciones y luego derriban una tras otra las naves grandes y anticuadas de los nahumitas, cuando estas se han alejado lo suficiente para que su destrucción no suponga un peligro inmediato para los que quedan de la ciudad. Enfundado en su propia armadura diamantina con jetpack, Miguel Ángel registra las ruinas del edificio desde el cual Milvana disparó la pistola. La encuentra solo ligeramente aplastada bajo una viga y la rescata junto a otras pocas mujeres que han sobrevivido. También recupera la pistola de luz sólida, que en teoría era su misión principal… pero descubre que cumplir este objetivo le causa menos alivio que encontrar a Milvana con vida, lo cual ya debería darnos una pista sobre cómo van a acabar estos dos. Tras explicarles en términos sencillos en qué consiste el envenenamiento por radiación, Miguel Ángel logra que Milvana y una de sus soldados, llamada Amatifu (referencia al personaje de Motín en Valera y El enigma de los hombres planta), accedan a ser llevadas a uno de los autoplanetas para pasar por un proceso de descontaminación.

Cuando el omega abandona Atioquita para regresar al Santa Fe, tienen la oportunidad de observar la flota incursora nahumita, compuesta por unos sesenta autoplanetas esféricos de seis kilómetros de diámetro. Esta visión, junto con su primer vistazo cercano al cosmos, supone un shock para Milvana y Amatifu, que empiezan a darse cuenta de la verdadera magnitud del universo.

Junto con ellos llevan en el omega a un nahumita que Miguel Ángel aprovechó para hacer prisionero cuando fue a rescatar a Milvana. Por este se enteran de la verdadera razón de sus ataques: no es llevarse prisioneros para emplearlos como esclavos. El nuevo Imperio de Nahum, que ahora se hace llamar Imperio Milenario, ha desarrollado una forma de inmortalidad basada en el trasplante de cerebros de cuerpos viejos a otros jóvenes. Los millones de atioqueños que capturan cada siglo son desprovistos de sus cerebros estando aún vivos, para que sus cuerpos alojen los cerebros de nahumitas notables. Es así como el actual gobernante del Imperio Milenario se ha mantenido en el trono desde hace cuatro mil años. Por si esto fuera poco, esta gobernante es hija de Miguel Ángel Aznar padre y de la princesa nahumita Amber, que la dio a luz después de que ella regresó a los mundos natales nahumitas sin llegar a decirle a su esposo que estaba embarazada. La niña, llamada Amber Aznar de Nahum, y un reducido grupo de consejeros y militares fanáticamente leales a su madre fueron los que consiguieron revivir el poder del Imperio Nahumita, pese a haber sido prácticamente desmantelado por los humanos antes de partir hacia la Tierra (en el final de El azote de la humanidad).

Todavía asimilando esta información, la llegada del omega al Santa Fe supone otro shock cultural para las atioqueñas. La forma de vida de los humanos, que combina libertad individual e igualdad de sexos con obligaciones sociales generales, les resulta extraña e inalcanzable para su pueblo. Y lo mismo ocurre con su nivel tecnológico. Se las descontamina de la radiación y se las lleva de tiendas, donde tienen la oportunidad de vestirse con ropa de mujer y no con uniformes de soldado por primera vez en sus vidas.

Miguel Ángel padre, tras ser puesto al corriente de todo, llega a un acuerdo con Milvana: los humanos se establecerán en Atioquita, lo quieran sus habitantes o no, porque por un lado ellos necesitan un nuevo hogar y por el otro ellas no tienen los medios para evitarlo. Pero no lo harán como invasores, sino que fundarán sus ciudades en los desiertos, pedregales y las zonas más desfavorecidas, que las propias atioqueñas desprecian como inhabitables. Les sobra tecnología para convertir cualquier punto del planeta en un vergel. Compartirán sus recursos y conocimientos con los nativos, de modo que puedan asimilarlos hasta hacerlos suyos, y los defenderán de los nahumitas con su flota superior. Solo impone una condición: establecer una igualdad social y legal entre hombres y mujeres, a la que el matriarcado atioqueño siempre se ha negado. La única religión que ha sobrevivido a todas las guerras y desastres por los que ha pasado la civilización humana es el cristianismo, y este tipo de desigualdad no es aceptable de ningún modo. A regañadientes, porque es un cambio muy drástico en su forma de vida, pero reconociendo que su mundo y su gente van a ganar mucho más de lo que van a perder, Milvana accede.

Poco después se inicia un desembarco masivo de humanos en Atioquita. Traen con ellos su tecnología y en un principio son recibidos con desconcierto y escepticismo por los nativos. Pero esto cambia cuando los atioqueños ven cómo estos desconocidos, en cuanto pisan su mundo, se inclinan a tocar la tierra, agarrando puñados con sus manos, llorando de alegría por estar de nuevo sobre un planeta y no encerrados en los fríos confines de sus naves. Porque cualquiera capaz de derramar lágrimas de felicidad por la tierra bajo sus pies debe amarla tanto como aquellos que derraman su sangre por defenderla.

Recurriendo a otro de estos tópicos del bolsilibro, Miguel Ángel hijo confiesa a Milvana que se ha enamorado de ella, y esta le responde que ella también se ha enamorado de él. Después de todo, una boda entre los miembros de las dinastías gobernantes de dos países diferentes siempre fue una forma de cerrar lazos entre ambos, y no debería ser diferente con alianzas entre planetas

¡Próximamente en sus kioscos, El Imperio Milenario!

Exiliados de la Tierra. 1975 (reescritura del texto original de 1957). George H. White [Pascual Eguídanos]. La saga de los Aznar nº 27. Editorial Valenciana S. A. 

sábado, 28 de febrero de 2026

INAUGURACIÓN DE LA BOLSIBILIOTECA

   Comunicado del Supervisor General.


A quien pueda interesar, en las ventanas laterales hemos añadido un enlace llamado Bolsibilioteca, en la que se listan todos los bolsilibros que tenemos en nuestra biblioteca.

Aún faltan por añadir algunos que deben estar traspapelados por ahí, y tampoco ha habido tiempo hoy de colocar enlaces a todos los que ya están reseñados en el blog, pero la intención es esa. En un par de días más tendremos esta nueva sección debidamente actualizada. Más adelante iremos añadiendo también listados de libros de formato grande y comics.

Podéis darle un vistazo a la Bolsibiblioteca en las ventanas laterales (en el Promenade de acceso rápido) o pulsando aquí.

jueves, 26 de febrero de 2026

LA SAGA DE LOS AZNAR (nº 26) Ha muerto el Sol

  EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, luchadores del espacio.

Hoy vamos a reseñar Ha muerto el Sol, la vigesimosexta entrega de La Saga de los Aznar. Comienza con los seis supervivientes de la misión a Oberón llegando a una base humana en Ganímedes. Han pasado tres meses desde que la misión fue llevada a cabo y, tras esta, se perdió todo contacto con ellos. Han permanecido todo ese tiempo enterrados en Oberón, no demasiado lejos en realidad de la base enemiga que asaltaron, en espera de que se les presentara una oportunidad de escapar de la vigilancia sadrita y alejarse de la luna de Urano sin demasiados problemas.

Gracias a la tecnología de la miniaturización con la que ya contaban en títulos anteriores, el comando llevó con ellos, entre otras cosas, un búnker metálico estanco y una nave de transporte miniaturizados, en compartimientos de sus cinturones y mochilas. Tras encontrar una grieta natural en la que cabría todo el búnker una vez devuelto a su tamaño normal, activaron la desminiaturización del búnker en el fondo de la grieta y lo ocultaron, cubriéndolo bajo tres metros del polvo suelto que llena la superficie de esa luna formando dunas poco compactas. Es allí donde pasaron los tres meses a la espera de una oportunidad, de que el tráfico de naves de patrulla de los propios sadritas o su vigilancia orbital creara las condiciones idóneas para abandonar Oberón con posibilidades mínimas de ser detectados. Es entonces cuando abandonaron el búnker, desminiaturizaron la nave de transporte y se lanzaron hacia la base humana más cercana, en Ganímedes.

Además de salvar sus vidas, la estancia de tres meses en el búnker les sirvió a Miguel Ángel hijo y a Sofía Medina (una de las soldados del comando) para afianzar su noviazgo. Sofía apareció ya en el título anterior. No hice referencia a ella en su momento porque no tenía un papel especialmente relevante, pero en este, tras la muerte de Polonia Castillo, toma más protagonismo. Aunque todavía no lo son formalmente, ellos mismos se consideran ya una pareja estable y todos los que los conocen los ven como tal. Cuando Miguel Ángel vuelve a la Tierra para reunirse con su madre, Sofía lo acompaña como parte de la familia.

Para celebrar la ocasión, otros miembros se reúnen, como la hermana de Miguel Ángel hijo y el esposo de esta (que, rompiendo un poco con la tradición familiar, no es militar, ni estratega, ni navegante, sino futbolista). Y tenemos aquí una de esas pocas escenas bucólicas que el permanente dramatismo de esta saga nos permite. No es nada más que los miembros de una familia comiendo en el porche de una casa a cielo abierto, conversando tranquilamente de sus cosas, incluso lanzándose pequeñas y bienintencionadas puyas unos a otros. Pero es que realmente no hace falta mucho más que eso para ser feliz.

Aun así, la cabeza de varios de ellos, especialmente de Miguel Ángel Aznar padre y Miguel Ángel Aznar hijo, está dando vueltas incluso en ese momento a la inminente guerra con los sadritas. Estos ya han demostrado ser tan absolutistas y totalitarios como los thorbod y los nahumitas, pero más astutos. Al contrario que los dos anteriores, estos se presentaron con buenas maneras y palabras de paz, no atacando directamente o con amenazas y discursos totalitaristas.

Después de varias páginas dedicadas a esta feliz reunión familiar ocurre algo totalmente inesperado. Lo que parece ser un gigantesco planeta pasa súbitamente ante sus ojos cruzando el cielo, claramente visible pese a que no se le puede observar durante más de un segundo. No puede haber cruzado a menos de un millón de kilómetros de la Tierra, pero con una velocidad cercana a la de la luz. En el espacio, un millón de kilómetros es como si una bala te pasara tan cerca de la sien que su calor te abrasara la piel, y un efecto similar es el que produce en la Tierra.

El paso del planeta desconocido viene acompañado de tal convulsión sobre el eje de la Tierra que una cadena de terremotos se desata simultáneamente por todo el planeta, provocando a su vez una serie de erupciones volcánicas y, es de suponer (aunque en esto el texto no habla explícitamente de ello), la muerte de millones de personas. El techo de la casa de los Aznar es arrancado de cuajo y todos ellos son derribados al suelo. Apenas se han levantado cuando ven cómo en el horizonte se alza una inmensa ola que barre todo a su paso. Ellos están en una casita de montaña con cierta altura y perspectiva respecto a la ciudad cercana, pero ven cómo esta va a ser rápidamente engullida por la colosal ola.

Una visión como esa aterrorizaría a cualquiera, si no fuera porque hay otra cosa aún peor que acapara su atención: el Sol ha multiplicado por diez su tamaño y emite una luz verdosa y pálida, como si hubiese enfermado súbitamente. La primera idea que pasa por la mente de ambos Miguel Ángel es que los sadritas han desviado de su curso un planeta para intentar destruir la Tierra haciéndolo chocar con ella, y que han fallado. Pero no, su objetivo siempre fue el Sol. El Sol que ilumina la Tierra es de hidrógeno y emite una radiación perjudicial para la biología sadrita. Al estrellar contra el Sol un mundo (o un meteorito del tamaño de un mundo, nunca llegan a saberlo con certeza) compuesto principalmente por helio sólido, la reacción química que esto ha provocado en el Sol lo está convirtiendo de una estrella de hidrógeno en una de helio que, por tanto, pasa de emitir principalmente radiación infrarroja a emitirla ultravioleta. Esta radiación, en cantidades masivas, es absolutamente incompatible con toda la vida basada en el carbono. Esto significa que en menos de tres días toda la vida vegetal de la Tierra, Venus y Marte se habrá anegado, y que las radiaciones emitidas por este Sol mutarán y matarán a todas las criaturas basadas en el carbono en un breve plazo.

Todo esto pasa por la mente de ambos hombres en una fracción de segundo, porque la posibilidad de que los sadritas intentasen cambiar la composición del Sol para adaptar todo el Sistema Solar a sus necesidades ya se había barajado. Lo que nadie esperaba es que fuese de un modo tan fulminante, imposible de interceptar o contrarrestar. El daño ya está hecho y es irreversible, y todos los esfuerzos de la humanidad deben centrarse ahora en evacuar no solo la Tierra, sino todo el Sistema Solar: las ciudades de Marte y Venus, así como todas las pequeñas colonias dispersas por lo que en esta época ya se conoce como el Reino del Sol.

Huyendo del peligro más inmediato (la gigantesca ola que avanza hacia ellos barriendo y sumergiendo la ciudad), todo el grupo se sube a una pequeña nave de protocolo con la que contaba Miguel Ángel Aznar padre y huyen hacia Washington. Allí se reúnen con el Estado Mayor terrestre más cercano. El paso del planeta de helio (o lo que fuera, porque aunque se barajan varias teorías no llega a determinarse con exactitud de qué se ha tratado) ha provocado tal caos y destrucción a nivel mundial que resulta difícil coordinar una respuesta inmediata. Las radiaciones emitidas por el nuevo Sol de helio interfieren en las comunicaciones entre planetas, de forma que es necesario establecer una cadena de naves que, colocadas cada una al extremo del alcance de comunicaciones de la siguiente, vayan transmitiendo las órdenes entre la Tierra, Marte, Venus y las principales colonias. Esto implica miles de naves y millones de hombres solo para permitir una evacuación coordinada.

El plan original que se traza es viajar hasta Redención. La humanidad ha aprovechado la última paz y el excedente de recursos que esta trajo para fabricar autoplanetas, una flota de ellos: autoplanetas con forma de disco aplanado, con la capacidad de ensamblarse unos a otros formando larguísimos cilindros de vehículos conectados. No hay suficientes para toda la población, ya que esta ha crecido a un ritmo mayor del que era posible fabricar los autoplanetas por la enorme cantidad de tiempo y recursos necesarios para ello, por lo que cada uno de estos discos deberá transportar el doble de la población originalmente prevista.

Ya de por sí esto causa muchos problemas a la hora de preparar la evacuación, puesto que, al no saber cuánta gente va a poder llegar hasta las naves a tiempo, se van entregando las habitaciones y compartimentos a las familias en el orden en que se presentan. Aquellos que lleguen una vez todo el espacio disponible esté ocupado tendrán que hacer el largo viaje hacia un nuevo mundo acampados como buenamente puedan en los pasillos y huecos libres que queden.

Esto naturalmente genera disputas entre la gente a la hora de embarcar, llegando a formarse incluso pequeñas bandas o grupos de familias que han viajado juntas hasta el punto de evacuación, que se organizan para atacar a otros y robarles las plazas que estos ya hayan podido conseguir. La policía interna de los autoplanetas debe intervenir, llegando a efectuar violentas cargas contra los grupos de refugiados que están provocando peleas, para apaciguarlos a golpes. La inminente muerte del Sol y de toda la vida de carbono que pueda quedar en el planeta cuando esta se produzca hace que la gente enloquezca de pánico. Incluso entre las brillantes mentes que forman el Consejo del Ejército se producen discusiones. La más importante de ellas es a dónde ir.

El primer nombre que surge es Redención. Los mundos de Redención ya están poblados por humanos que consideran a los terrícolas sus antepasados. Sin embargo, la última vez que se tuvo contacto con ellos, hace dos milenios, la información que se tenía sobre estos es que Redención ya estaba casi superpoblada. Y en el tiempo que tarden en llegar hasta allí (que serán unos cincuenta años para los que viajen a bordo de las naves, pero debido a la relatividad, otros dos mil para los habitantes de Redención), es de suponer que esta superpoblación haya crecido aún más y la llegada de millones y millones de refugiados sea insostenible para la economía y la ecología del planeta.

Por otra parte, se propone dirigirse a los planetas natales thorbod donde se produjo la revuelta de los Balmer (Motín en Valera). Lo último que se sabe de ellos es que los aliados de los terrestres, que habían tomado el control de los mundos natales nahumitas, iban a hacer expediciones a los despoblados mundos thorbod para buscar bases ocultas o búnkeres, eliminar a cualquier pequeño foco o grupo de supervivientes que quedara en ellos y comenzar a establecerse allí. Estos mundos, tras una sucesión interminable de guerras atómicas, habían quedado saturados de una radiación que hizo casi inviable la vida animal y evolucionó a las plantas, haciendo que se extendieran sin control, sepultando toda ruina y rastro de civilización. Cuando los exiliados del Valera fueron abandonados allí, esa radiación ya se había reducido a niveles tolerables, pero una variedad de depredador vegetal hacía este mundo tan peligroso como la propia radiación (El enigma de los hombres planta). Y se descubrió que los thorbod se habían establecido en otros mundos y empleaban esos como criaderos de esas plantas para emplearlas como infantería en sus siguientes guerras.

Es de esperar que varios de estos mundos, de haber sido pacificados y colonizados ya, cuenten todavía con una población muy reducida. También existe la posibilidad de que sigan siendo mundos salvajes donde habría que empezar prácticamente desde cero y donde nuevas amenazas podrían haberse presentado, lo cual no es una perspectiva muy halagüeña como final de un viaje de medio siglo que ya se sabe que estará marcado por la escasez y las penurias, en naves superpobladas.

Representantes de la Tierra, Venus y Marte se reúnen en el espacio para coordinarse. A los humanos adaptados a Marte, cuyas generaciones han ido modificándose de forma natural por las condiciones de presión del mundo en el que viven, se los describe como gigantes, sin entrar en detalles. Entiendo que es un agigantamiento razonable, como de dos metros y pico en promedio. Y son en general de carácter más violento y aventurero que el común de los terrestres y venusianos. Los marcianos están a favor de dirigirse a los mundos natales nahumitas para colonizarlos de cero y vivir en un mundo que realmente puedan llamar suyo en lugar de convertirse en incómodos e inesperados invitados forzosos de Redención. La mayor parte de los terrestres y venusianos (que también son ya totalmente descendientes de colonos humanos, habiendo desaparecido desde hace muchos títulos toda referencia a los sissai) prefieren ir a Redención. Se decide dividir la flota en dos: una, la mayor con diferencia, partirá hacia Redención. La otra, mucho más reducida, formada principalmente por marcianos, irá a tratar de establecerse en los salvajes mundos selváticos thorbod. Miguel Ángel padre acompañará al primero de estos grupos, su hijo se unirá al segundo.

Puesto que la Armada cuenta con millones de soldados robot y tanques autómata que, por la limitación de espacio en las naves, no pueden llevar con ellos ni tan solo miniaturizados al tamaño mínimo al que es posible reducirlos, se opta también por hacer un último ataque contra los sadritas antes de abandonar para siempre el viejo y querido Sistema Solar. Varias naves de transporte los desplegarán en Urano para que estos recorran la superficie acabando con todos los sadritas, destruyéndolos a ellos y a sus instalaciones. O al menos provocándoles tantos daños que los supervivientes tarden algunas décadas en recuperarse. Este último intento de no marcharse simplemente con el rabo entre las piernas fracasa; las naves de transporte del ejército autómata son destruidas en el espacio todavía demasiado lejos de Urano y los cruceros de guerra que las escoltaban son diezmados por la abrumadora superioridad de los cazas de combate sadritas. Miguel Ángel hijo logra salvar a parte de los cruceros terrestres improvisando una especie de cortina de humo con la explosión simultánea de algunos miles de torpedos atómicos, que deja a los sadritas sin visión directa ni señal de radar clara sobre lo que está ocurriendo tras esta. Así, derrotada una vez más por fuerzas superiores, pero sobreviviendo una vez más a esas fuerzas superiores, la humanidad abandona, quizá para siempre, su mundo natal y parte hacia un incierto destino.

A este drama general añadimos uno personal. A solo una hora de que ambas flotas se separen para ir cada una en busca del mundo que han elegido como meta, Sofía Medina, que ya había declarado que viajaría junto a Miguel Ángel hijo hacia los mundos salvajes thorbod, se lo piensa mejor y pide ser trasladada a la otra flota, mayor y con una meta más segura. Miguel Ángel ya contaba con casarse con ella, tener hijos y colonizar los peligrosos mundos selváticos, pero acepta su decisión y la deja partir. Ambas flotas se separan, una rumbo a un mundo que no les espera y que probablemente esté ya superpoblado, y la otra hacia mundos casi inexplorados en los que sus opciones serán establecerse por la fuerza o ser aniquilados.

¡Próximamente en sus kioscos, Exiliados de la Tierra!

Ha muerto el Sol. 1975 (reescritura del texto original de 1957). George H. White [Pascual Eguídanos]. La saga de los Aznar nº 26. Editorial Valenciana S. A.