MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!
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sábado, 1 de noviembre de 2025

PRESENT (n.º 1-2) El regalo de cumpleaños & El regalo del amor

EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                        ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                             

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Noviembre es un mes curioso ¿verdad? Está después de octubre, llamado el mes del terror por ser aquel en el que se celebra Halloween. Y antes de diciembre, que es en el que se celebra la Navidad y se caracteriza entre otras cosas por la costumbre de hacer regalos a los seres queridos. 

Y justo ahí, entre el terror de octubre y los regalos de diciembre, está noviembre. Creo que noviembre es un buen mes para reseñar las historias de Present, un manga de Kanako Inuki centrado en todo lo terrorífico y maravilloso que pueden tener los regalos.

La colección completa se compone de treinta y tres historias recopiladas en tres tomos. Comentando una cada día de noviembre y metiendo tres más donde mejor encajen podemos transitar cómodamente del terror de octubre a los regalos de diciembre. A lo largo de este mes, nuestra intención misión será publicar nuestra entrada diaria habitual y además, como un extra, una segunda entrada comentado una o más historias de Present. 

El hilo conductor de estas historias es Kurumi, una niña que parece no envejecer ni tener ninguna necesidad vital. Se nos da a entender que en algún momento de su existencia murió, pero no es exactamente un fantasma porque en ocasiones la vemos a plena luz del día y es perfectamente sólida, mientras que en otras parece ser capaz de teleportarse o flotar en el aire a voluntad. Más bien parece estar perdida entre realidades. Kurumi tiene su propia historia, que iremos descubriendo mezclada con las otras mientras nos invita a reflexionar sobre el significado y valor de los regalos, y de las consecuencia negativas tanto del exceso como de la falta de ellos. Hoy, para empezar con buen pie, veremos dos de esas historias.

El regalo de cumpleaños. Mayuko, una mujer ya anciana que trabaja como limpiadora en un colegio, charla con sus compañeras sobre algo que le ocurrió en aquel mismo lugar siendo una niña. En la clase a la que asistía ella como alumna había otra niña llamada Kurumi, a la que todas las demás le tenían envidia porque era mucho más guapa que ellas.

Mayuko y Kurumi cumplían años en fechas muy cercanas, por lo que la profesora eligió un día para que las que lo desearan les entregaran regalos de cumpleaños. Mayuko se puso de acuerdo con las demás para que todas le dieran regalos a ella y ninguna le regalara nada a Kurumi, como una forma de humillarla. A medida que las alumnas hacían cola delante de Mayuko para darle un regalo, Kurumi bajaba la cabeza apenada, tragándose su decepción sin entender por qué sus compañeras la despreciaban. Tras esto Kurumi no volvió a aparecer por el colegio. Mayuko nunca supo si sus padres la trasladaron a otra escuela o que pasó con ella.

<== ¡Atención al sentido de lectura! <==

Mayuko se ha acordado de todo esto ahora porque ese día es su cumpleaños. Sus compañeras le entregan un paquetito de regalo y cada una vuelve a su casa. Por el camino se nos muestra que Mayuko se siente un poco culpable por aquello, pero a la vez sigue envidiando la belleza y candor de Kurumi. Se consuela pensando que como cumplen años casi al mismo tiempo, ahora Kurumi estará tan vieja y arrugada como ella, si aún vive. En ese momento una niña empieza a seguirla, sonriendo y haciéndole preguntas sobre el paquetito de regalo que asoma de su bolso.

La niña le dice que tiene la teoría de que no se reciben regalos de cumpleaños al cumplir años, sino que se cumplen años al recibir regalos de cumpleaños. Lo que contienen en realidad las cajas de regalos son el año que se va a cumplir, y el objeto que lo acompaña es solo una especie de premio de consolación para que la persona no se sienta triste por envejecer. La prueba que dice tener, es que ella lleva décadas sin recibir regalos de cumpleaños y desde entonces no ha envejecido. 

<== ¡Atención al sentido de lectura! <==

Mayuko reconoce al fin a Kurumi en la niña, y empieza a sudar de miedo por lo imposible del encuentro, mientras la niña se aleja corriendo y riendo. Sentándose en el banco de un parque, Mayuko toma la cinta del regalo y tira de ella con una mano temblorosa, emocionada y a la vez asustada por lo que pueda encontrar dentro.

El regalo del amor. Mitsugu es un joven perdidamente enamorado de Yoko, una chica interesada únicamente en el dinero de los hombres y lo que pueda sacar de ellos. Cada vez que tienen una cita debe regalarle algo valioso para mantener el interés de ella, con la vana esperanza de terminar por gustarle de verdad. El problema es que ya se ha quedado sin dinero.

Mientras deambula por la calle sumido en sus pensamientos se tropieza con Kurumi. Esta le pregunta si necesita algo para regalárselo a su novia y le ofrece un par de pendientes de oro con forma de dos medios corazones que encajan uno con otro formando un corazón completo. Kurumi le dice que con ese regalo los dos estarán siempre juntos. Mitsugu supone que la niña sabe que necesitaba un regalo para su novia porque estaba pensando en voz alta sin darse cuenta (aunque no lo estaba haciendo) y toma los pendientes que le da la niña. 

<== ¡Atención al sentido de lectura! <==

Cuando se dispone a cambiar de calle uno de los pendientes se le cae de la mano a la carretera. Al agacharse a recogerlo no ve el camión que se le viene encima, que lo aplasta y lo mata de inmediato.

Su cadáver es llevado a la morgue, donde un par de forenses se dan cuenta que tiene algo fuertemente apretado en su mano cerrada, pero sienten el inexplicable impulso de no comprobar que es. Mientras tanto, Yoko ha acudido a la cita que tenía con Mitsugo. No lo encuentra a él, pero de todas formas solo ha acudido para decirle que lo deja, porque ha conocido a otro chico más rico que le compra regalos más caros. Lo que si encuentra es el pendiente del medio corazón de oro que perdió Mitsugo. Se lo coloca en la oreja y vuelve a casa.

En la morgue, el cadáver de Mitsugo se alza de su camilla, y se dirige arrastrando los pies hacia la casa de Yoko. En su mano, aun fuertemente apretado, está el otro pendiente del medio corazón. 

<== ¡Atención al sentido de lectura! <==

Pasado un rato Mitsugo regresa a su camilla y vuelve a morir, esta vez definitivamente. Los mismos forenses de antes, que vienen a hacerle la autopsia, notan que ahora tiene la mano abierta y vacía. Entonces un nuevo cadáver es llevado a la morgue, el de Yoko. Ha muerto de un ataque al corazón, pero su expresión es de puro terror. En sus orejas luce ambos pendientes. 

Y tal como le prometió Kurumi a Mitsugu, gracias a los pendientes ahora están juntos para siempre, en la muerte.

Abre una cajita de regalo más pulsando aquí🎁 

Present. 1993-1998. Kanako Inuki. Publicado en 2006 por Mangaline Ediciones S.L.

viernes, 17 de octubre de 2025

HAUNTED GOTHAM (nº 4) La sangre del murciélago

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Vamos con la última entrega de esta serie que, para mi gusto, se le podría haber sacado mucho más partido con un estilo gráfico más adecuado.

Batman ha llamado a su mansión a los pocos aliados en la lucha contra el mal que tiene en la ciudad. Mientras espera su llegada, conversa con el espíritu de su padre, el cual le cuenta el motivo por el que eligió el murciélago como su símbolo. 

No fue una decisión totalmente suya. Poco después del nacimiento de Bruce, coincidiendo con la expulsión de Emil Varner de la Escuela Invisible, un enorme murciélago entró en la mansión atravesando una de las ventanas y voló a través de salas y pasillos directamente hasta la habitación en la que dormía Bruce. Thomas corrió tras él pensando que era una criatura del mal enviada a matar a su hijo. Pero al entrar en la habitación vio cómo el murciélago se había posado en la cuna del bebé y, mirándolo fijamente, pronunció con una voz clara: «Yo soy el murciélago», a lo cual el bebé respondió con una voz también clara y totalmente formada: «Y yo, el hombre». El murciélago se marchó y Bruce ya no volvió a hablar hasta pasados once meses, haciéndolo desde cero como cualquier bebé normal.

El espíritu de Thomas manifiesta entonces no saber por qué, si lo que se personó en la mansión era una fuerza del bien, adoptó el aspecto de un tenebroso murciélago. Lo achacaba a que en la Gotham Embrujada no hay lugar para el verdadero bien, sino solo para un mal más justo, más permisivo, menos destructor que el resto. Batman encarna ese mal: un hombre al que se le ha dado el poder para imponerse a otros hombres, pero que, en lugar de eso, debe elegir voluntariamente defenderlos. Un monstruo al que se le ha dotado de libre albedrío para que él decida si quiere serlo o no serlo.

Los invitados van llegando uno tras otro a la mansión. Estos son: Cat Majic, que va a oficiar una ceremonia de espiritismo en la que todos participarán. El comisario Gordon y la agente Cassandra Knight, representantes de la ley de los hombres. Simon Steel, el ultimo vicario de Gotham, representante de la ley divina. El mayordomo Alfred, que sabe más sobre los Wayne y sobre la mansión que el propio Bruce. Cal, el esqueleto viviente. Y finalmente, Batman.

La sesión comienza. Todos se toman de las manos en torno a una mesa circular. Los espíritus hablan a través de la boca de Cat. Espíritus que se burlan de Bruce, que se regodean con lo mucho que están retorciendo y haciendo sufrir el alma de su madre. En un momento de debilidad, Bruce le grita al espíritu de su madre que utilice a Cat como portal para aparecerse en la mansión, donde estará segura. La Escuela Invisible creó una serie de defensas mágicas en torno a la mansión que impiden que los espíritus y los demonios entren en ella. Sin embargo, la invitación de Bruce, como dueño de la casa, permitiendo a un espíritu acceder a su interior a través de las defensas, inhabilita estas y rompe la protección mágica del lugar. Percibiendo esto, todas las fuerzas del mal de Gotham se congregan en torno a la mansión Wayne, preparándose para asaltarla.

El espíritu de su madre es el primero en aparecer en la mansión, pero ya ha sido casi totalmente corrompida por las fuerzas del mal. Su entrada es el pistoletazo de salida para los demás seres sobrenaturales, que van ocupando rápidamente las distintas salas y pasillos de la mansión. Bruce comete el error de salir en persecución del espíritu de su madre en un vano intento de recuperarla. Y ésta, que lo único que pretendía era romper el círculo que habían formado todos los presentes, ve cumplido su objetivo.

El grupo se dispersa para buscar a Bruce. Alfred es atacado por unas manos espectrales que brotan de un cuadro y lo absorben a su interior. Gordon y Cassandra se enfrentan a poltergeist que lanzan contra ellos bolas de billar y cuchillos. Ni tan solo el espíritu de Thomas está a salvo ahora, ya que la propia alma corrupta de Martha va tras él. Cal, quizá el más vulnerable de todos por ser un esqueleto viviente ya de por si creado mediante magia negra queda corrompido y se vuelve malvado, como un monstruo más al servicio de los señores demonios. 

Batman, por su parte, se las ve y se las desea para contener a las docenas de zombis que invaden su mansión a través de puertas y ventanas de la planta baja. Estando rodeado por ellos recibe una ayuda inesperada; Cat decide en ese momento revelar su verdadera condición y se transforma en mujer gato, como una variante del licántropo con rasgos felinos en lugar de lupinos. Valiéndose únicamente de sus afiladas zarpas y ferocidad animal, Cat se lanza contra los zombis destrozando varios de ellos y dándole un respiro a Batman. Cuando entre ambos consiguen despejar la primera oleada de criaturas, Batman se muestra molesto por el hecho de que Cat le haya ocultado su verdadera condición. Pero en la Gotham Embrujada nadie es totalmente inocente ni totalmente puro; cada uno debe encontrar la forma de abrazar su propia oscuridad, sea esta mucha o poca, para aprender a controlarla.

Muchos más zombis se congregan fuera de la mansión y Batman sale a combatirlos con fuego y plata, mientras sus aliados siguen luchando en el interior. La propia mansión Wayne proporciona munición a las fuerzas del mal, puesto que además de los monstruos que han entrado en ella, algunas de las armaduras de colección que adornan la mansión cobran vida, atacando como toscos autómatas. El vicario Simon corre de un lado a otro con un tanque de agua bendita a la espalda, rociando cada espíritu que se encuentra. La mansión, en definitiva, se convierte en un campo de batalla entre las escasas fuerzas del bien y las aparentemente infinitas fuerzas del mal, y la batalla termina por trasladarse de la mansión a la Batcueva.

En el interior del cuadro al que ha sido absorbido, Alfred encuentra lo que queda de bueno del alma de Martha y lo rescata, dejándolo en manos del espíritu de Thomas. Este sabe que, antes o después, los demonios terminarán por corromperlos totalmente a ambos, por lo que pide a Bruce que acabe con ellos. Si, como espíritus, son destruidos por las fuerzas del bien, no podrán ser reclamados por las fuerzas del mal. El vicario rocía con el agua bendita de su tanque los incontables murciélagos que cuelgan boca abajo del techo de la Batcueva, haciendo que estos despierten y aleteen frenéticamente, volando de un lado a otro. Esto hace que salpiquen toda la Batcueva con las gotas de agua bendita que se desprenden de sus cuerpos y alas, purificando los espíritus de los Wayne. Batman los barre entonces con el micro lanzallamas incorporado en su guante. La mezcla de agua bendita y fuego purificador hace su extraña alquimia, consumiendo definitivamente a ambas almas, negándoles la entrada al paraíso si alguna vez Gotham logra ser exorcizada, pero negándoles también a los demonios el poder reclamarlas mientras tanto. La explosión de ectoplasma que las almas destruidas dejan tras de sí alcanza el gran murciélago de piedra, y de este brota una intensa luz que barre con todos los seres de las tinieblas presentes tanto en la mansión Wayne como bajo esta y sus alrededores.

La batalla termina a todos los efectos. Cal, el esqueleto, ha recuperado el dominio de sí mismo, aunque en el momento de hacerlo Batman ya había destrozado a golpes todos los huesos de su cuerpo defendiéndose de él, salvo los del cráneo. Cal queda así relegado a ser un adorno parlante sobre la repisa de la chimenea. Alfred ha logrado salir del cuadro y todos (salvo Cal) están más o menos indemnes, teniendo en cuenta todo por lo que han pasado. Los espíritus de los padres de Bruce han sido destruidos y ya ni sus almas inmortales quedan de ellos. Y la protección mágica que impedía a los demonios atacar la mansión ha quedado rota. Pese a todo, es una victoria porque el vínculo entre todos los personajes se fortalece definitivamente. Ahora son un equipo, no un grupo de individuos actuando cada uno por su cuenta. Ahora todos luchan activamente contra el mal, en lugar de simplemente tratar de sobrevivir a él.

El murciélago que veintimuchos años atrás se posó en la cuna de Bruce vuelve a aparecer y vuela directamente hacia la estatua del murciélago de piedra que preside la Batcueva a modo de deformado crucifijo, fundiéndose en ella y dándole una especie de conciencia. Todo el grupo (de nuevo, excepto Cal, que sigue sobre la repisa de la chimenea) se congrega en torno a la estatua, sellando un acuerdo tácito por el cual van a seguir combatiendo juntos a las fuerzas del mal.

Y así termina esta historia, sin una verdadera conclusión ni una victoria definitiva, solo con el establecimiento de este peculiar grupo: un vengador enmascarado… una mujer gato con el poder de la adivinación… un par de policías sin más poderes que los de sus pistolas reglamentarias y las leyes que los respaldan… el vicario de la última iglesia de la ciudad… un mayordomo leal hasta la médula… la cabeza parlante de un esqueleto… y una escultura de piedra de un murciélago que parece tener conciencia propia y estar dispuesta a actuar como mentor del grupo. Cosas más raras hemos visto en los comics.

Esta mini serie no me ha entusiasmado, pero sí puedo decir que me ha gustado bastante. Me quedo con las ganas de ver como hubieran sido representados otros personajes y villanos de Batman en este entorno. El Enigma y el Espantapájaros, en particular, podrían haber sido muy interesantes 

Puedes repasar esta historia desde el inicio pulsando aquí, o ver más material sobre Batman pulsando aquí.

Haunted Gotham. 2000. Doug Moench (guion) Kelly Jones (dibujo). Publicado en 2006 por Planeta DeAgostini.   

lunes, 13 de octubre de 2025

HAUNTED GOTHAM (n.º 2) Criaturas nocturnas

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Tras su enfrentamiento contra el hombre lobo, Batman se reúne de nuevo con el comisario Gordon para trazar un plan de choque: combatir a los monstruos que asolan Gotham en lugar de solo defenderse de ellos. Todavía no saben que esos monstruos acaban de escalar a un nuevo nivel. 

De ataques solitarios y puntuales de hombres lobo y demonios, se ha pasado (por obra y gracia del Joker) a una plaga de zombis que deambula por las calles de la ciudad. Calles básicamente solitarias, porque nadie está tan loco como para permanecer mucho tiempo en ellas cuando oscurece. Y en Gotham parece que siempre sea de noche.

Los zombis entran en las casas de la gente a buscarlos, atravesando puertas y ventanas, pero su número no parece crecer exponencialmente como es habitual a medida que matan a sus víctimas. Al haber sido devueltos a la vida mediante electricidad, es probable que esta sea la única forma de crearlos y que no puedan propagar su infección de otro modo. Esto es lo único que contiene a los zombis lo suficiente para que no hagan una masacre antes de que Batman sea consciente de lo que está ocurriendo y pueda intervenir. 

Sabe que se le necesita porque Alfred ve la silueta de un murciélago en medio de un círculo de luz, proyectada en el cielo. Es la clásica batseñal, pero en este entorno su significado cambia, porque no se le llama para que luche contra ladrones de bancos o terroristas, sino contra seres de las tinieblas. Y por ello, se le invoca con luz.

Cuando finalmente interviene, arremete contra los zombis a golpes, hasta que se da cuenta de que no es un sistema demasiado efectivo y opta por otro: un micro lanzallamas que lleva incorporado en uno de sus guantes, con el que desata una ola de fuego que consume a sus enemigos. Esta es un arma que normalmente no asociamos al Batman clásico, pero esta versión tiene más de inquisidor que de justiciero, y el arma del inquisidor es el fuego. 

Mediante llamas y explosivos acaba con todos los zombis, quedándose con el dedo putrefacto de uno de ellos como recuerdo. A continuación va a informar de lo sucedido a Gordon y allí se encuentra con que está reunido con la agente Cassandra Knight. 

Cassandra ha tenido también una noche ajetreada en El Vampiro Tullido, uno de los antros de Gotham. Haciéndose pasar por una joven en busca de diversión y usándose a sí misma como cebo, ha llevado a cabo una redada de hombres lobo, matando a tiros a dos de ellos con balas de plata. Entre los que se le escaparon identificó a uno con una cicatriz en la mejilla muy característica, como la que Bruce Wayne denunció que tenía el asesino que mató a sus padres.

Aunque la intención de Gordon es que Batman y la agente Knight colaboren, éste prefiere acudir solo al local que sirve como punto de reunión de los licántropos de la zona. Allí se encuentra a cuatro licántropos ya transformados. Interroga a uno de ellos solo para asegurarse de que es quien cree. En realidad, no tiene intención de detenerlo. Lo que intenta no es arrancarle una confesión. Ha ido ahí para acabar con él y con todos los que sean como él. Sin juicios ni explicaciones, se lanza contra ellos con un batarang de plata en cada mano, abriéndolos en canal.

Una vez los ha matado a todos, espera a que su transformación se revierta para ver el verdadero rostro del asesino de sus padres. 

Arrastra su cuerpo hasta el tejado del tugurio, le prende fuego y lo lanza al río contaminado como si fuera una ofrenda. Como una moneda arrojada al Estigia para pagar al barquero el derecho de paso de las almas de sus progenitores. Pero el licántropo no fue más que un sicario en todo aquel asunto, la mano (la garra, en este caso) que cometió el crimen. Quien lo ordenó fue la criatura que ahora responde al nombre del Joker, a quien Batman no consigue localizar. Recurre entonces a Cal, el esqueleto viviente, el cual tampoco puede ayudarle directamente pero le pone en contacto con un nuevo personaje: una adivina llamada Catherine “Cat” Majic, que vendría a ser el equivalente a la Catgirl o Gatubela en este mundo.

Cat Majic tiene su consulta en un pequeño cuartucho atestado de libros, objetos cabalísticos y gatos. Batman le lleva el dedo que recuperó de uno de los zombis, por si puede utilizarlo para rastrear la mente que los dirigía. Cat entra en trance y tiene una visión del castillo de Ravenswood, a las afueras de la ciudad pero todavía dentro del límite más allá del cual nadie puede entrar o salir. Como Cat solo acepta pago en efectivo y Batman no parece dispuesto a darle nada a cambio de su ayuda, ella misma se permite robarle un beso antes de que se marche. Y cuando Batman se larga, vemos cómo los colmillos y orejas de Cat se agudizan, y uno de sus hombros se cubre repentinamente de vello, dándonos a entender que ella es también una mujer lobo o, cuanto menos, algún tipo de criatura similar.

La siguiente parada de Batman es Stillwater, la última iglesia que queda activa en Gotham. Acude allí porque tiene algo que pedir al padre que la atiende, pero no sabremos aún el qué, porque la escena salta al castillo de Ravenswood, donde el Joker ha instalado un nuevo laboratorio. Batman irrumpe en el castillo dispuesto a detener sus experimentos, pero el Joker llama en su auxilio a los Señores del Infierno: los demonios que controlan Gotham. 

Estos se materializan, y entonces Batman revela el motivo por el que pasó primero por la iglesia. Así como en uno de sus guantes ha instalado un micro lanzallamas, en el otro hay un difusor de agua que ha llenado con agua bendecida por el cura. Y este es el elemento que nos faltaba, porque si os fijáis, a Batman la máscara que oculta su rostro lo identifica como un murciélago, un ser volador. A esto añadimos que su guarida secreta está en una cueva subterránea, y que lleva un lanzallamas y agua bendita incorporados en sus guantes. Es decir… aire y tierra como defensas... fuego y agua como armas... En este entorno de la Gotham embrujada eso le confiere un equilibrio elemental perfecto. El inquisidor se ha transformado ahora en alquimista.

Y si bien la rociada de agua bendita que lanza contra los demonios no los daña realmente, sí les resulta lo suficientemente desagradable para que se retiren, dejando al Joker a su suerte. Después de todo, ellos son los amos y el Joker el siervo, y no tienen por qué arriesgarse por protegerle. 

Empuñando una barra cargada de electricidad, este Joker no muerto se enfrenta cuerpo a cuerpo contra Batman, pero no tiene nada que hacer. Golpe tras golpe, Batman lo reduce hasta decapitarlo con uno de sus batarangs afilados. La cabeza del Joker (la cabeza de Thomas Wayne, en realidad) sale volando de un golpe y Batman se la lleva, no tanto como trofeo sino para restituirla a su ataúd.

Por otro lado, el alma de Varner, liberada ahora del macabro cuerpo parcheado del Joker, se convierte en una más de las almas que forman parte de la despensa de los demonios. Batman lleva la cabeza de su padre al cementerio para enterrarla él mismo, y el espíritu de este se le aparece. 

La derrota de Varner/Joker es un pequeño triunfo sobre los demonios, pero realmente no supone un grave revés para estos, ni un motivo de alegría para Bruce. Tanto el alma de su padre como la de su madre siguen atrapadas en las calles de Gotham, y están siendo acechadas por los demonios.

La historia continúa en Serpiente rota.

Haunted Gotham. 2000. Doug Moench (guion) Kelly Jones (dibujo). Publicado en 2006 por Planeta DeAgostini.   

sábado, 11 de octubre de 2025

HAUNTED GOTHAM (n.º 1) El patio de recreo del Infierno

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Parece increíble que después de unas trescientas entradas dedicadas a los cómics, todavía no hayamos hablado en ninguna de ellas de los cómics de Batman, siendo este uno de los superhéroes más populares del mundo. Como ya iba siendo hora de hacerle justicia a este justiciero, vamos a comenzar reseñando Haunted Gotham (Gotham Embrujada), una miniserie de cuatro números publicada a mediados del año 2000. Forma parte de los Elseworlds, una línea de cómics con historias no canónicas sobre los personajes de DC.

En esta versión de Batman, los superpoderes son sustituidos por magia. El mal no es solo un concepto, sino una entidad consciente, y toda la ciudad está maldita. Nadie de fuera sabe exactamente dónde queda Gotham. No aparece en los mapas, y las personas que intentan llegar hasta ella nunca lo consiguen: son detenidas por algún tipo de accidente, por asuntos imprevistos, por tomar el desvío incorrecto… La propia magia que embruja Gotham impide que nadie del exterior pueda entrar, y hace que quienes nacen en ella no puedan abandonarla, pese a ser conscientes de la existencia del mundo exterior. Cada vez que el pensamiento de abandonar la ciudad cruza su mente, algo lo bloquea: compromisos familiares, laborales, el clásico “ya lo haré más adelante”, el “siempre hay tiempo para eso”… La magia que embruja la ciudad retiene a todos sus habitantes, condenados a permanecer en ella como víctimas de un sacrificio.

Las fuerzas malignas controlan la urbe. Los ciudadanos de a pie no llevan encima porras o pistolas para defenderse cuando salen a la calle, sino crucifijos, pues en esta ciudad maldita los criminales no son ladrones o asesinos: son vampiros, hombres lobo, muertos vivientes, seres espectrales, etcétera. Todos ellos están controlados por los Señores del Mal, que se materializan ocasionalmente en forma de grotescos demonios. Para combatirlos, se formó años atrás un grupo de hombres notables conocidos como La Escuela Invisible. Uno de ellos era Thomas Wayne. Tanto su esposa Martha como Alfred Pennyworth, su criado, estaban al tanto de ello, aunque no formaban parte de la logia. Estos hombres se auto adjudicaron la misión de combatir las fuerzas del mal que infectaban la ciudad y, eventualmente, exorcizarla por completo, liberándola de su maldición.

Pero las fuerzas malignas, conocedoras de sus intenciones e identidades, fueron asesinando uno tras otro a los miembros de La Escuela Invisible hasta que solo quedó el propio Thomas Wayne. Sabedores de que no podían enfrentarse al mal con el bien convencional (un bien compasivo y dispuesto a perdonar y buscar la reconciliación), La Escuela Invisible desarrolló durante años un arma especial: un mal que ellos pudieran controlar. O mejor dicho, una fuerza del bien no compasiva, sino violenta, implacable con sus adversarios, tan cruel como las fuerzas del mal lo eran con los inocentes. Esa arma, entrenada y disciplinada desde el mismo día de su nacimiento, era el hijo de los Wayne: Bruce.

La historia comienza en la mansión de los Wayne, con Bruce siendo ya un hombre adulto. Desde su nacimiento ha sido duramente entrenado por sus padres para convertirse en un atleta y desarrollar una mente fuerte, aunque nunca le explicaron el motivo de ese rigor. Bruce no sabe nada sobre la identidad oculta de su padre como miembro de La Escuela Invisible, pero gracias a él es una de las pocas personas plenamente consciente de la imposibilidad física de abandonar Gotham. Pese a saber a qué se debe esta maldición, ni él ni sus padres son capaces de huir de la ciudad. De hecho, no quieren hacerlo. Están empeñados en derrotar el mal que ha poseído Gotham.

Una noche, los Wayne al completo asisten a una exhibición de ciencia médica orquestada por el profesor Varner (el equivalente al Joker en esta versión alternativa de la historia). Imitando los procesos del doctor Frankenstein, Varner ha encontrado el modo de dar vida a cadáveres mediante electricidad, con una pequeña ayuda de la otra ciencia que reina en la ciudad: la magia. Combinando ambas, Varner resucita el cadáver de un hombre muerto nueve días atrás y le da órdenes que el cuerpo obedece sin pensar.

Varner y Wayne ya se conocían, pues el primero formó parte en su momento de La Escuela Invisible, pero fue expulsado por su asociación con la magia y las fuerzas del mal. En realidad, ha sido él quien, conocedor de la identidad del resto de miembros, ha estado moviendo los hilos para que todos ellos mueran. Solo queda Thomas, contra quien Varner envía un hombre lobo esa misma noche. El licántropo intercepta a los Wayne a la salida del teatro, mientras cruzan un puente. Destroza al padre y a la madre, mientras que el joven Bruce, al enfrentarse al monstruo, es arrojado del puente y se estrella contra la corriente de agua. Solo por ello salva su vida.

No es el único ser sobrenatural con el que se topa Bruce esa noche. También conoce a un esqueleto viviente que hace las veces de portero en un club de striptease, donde las danzarinas son igualmente esqueletos de mujeres. Estos esqueletos han sido devueltos a la vida como experimentos orquestados por el doctor Varner, y luego simplemente vendidos al dueño del club. El esqueleto viviente, llamado Cal, manifiesta a Bruce su deseo de ayudarle a terminar con Varner. Durante el tiempo en que estuvo realmente muerto, antes de que se invocara su espíritu para ocupar los huesos que anima, tuvo acceso a visiones del futuro y sabe que Bruce está destinado a convertirse en un poder a considerar en la ciudad maldita.

Tras el entierro de sus padres (al que solo asisten él y Alfred), el criado revela a su nuevo señor la verdadera naturaleza de su nacimiento y entrenamiento. Le habla de la Escuela Invisible, de su lucha contra las fuerzas del mal, y de cómo fue elegido y entrenado para convertirse en el azote de ese mal. Un mal tan poderoso que no se lo puede someter con buenas intenciones, de manera pacífica, ni con comprensión o perdón. Debe ser exterminado sin piedad. Por ello, el paladín que luche contra ese mal no puede lucir una brillante armadura ni actuar a cara descubierta, a plena luz del sol. Debe ser un personaje de la noche, porque es de noche cuando el mal se manifiesta. Debe ser siniestro y lo suficientemente implacable como para aterrorizar a los propios monstruos. Su símbolo y su rostro serán el del murciélago, y su nombre será Batman

Así es como Batman nace en esta realidad alternativa. No como algo voluntario creado por Bruce para vengar la muerte de sus padres, sino como la culminación del sueño de ellos. Es consciente de ser solo una herramienta, pero aun así acepta el papel que le ha tocado en el drama. Alfred le muestra la cueva situada bajo la mansión, cuyo centro está presidido por una enigmática estatua toscamente tallada de un murciélago con las alas desplegadas. Al aproximarse a ella, se le aparece el espíritu de su padre. Este le da la información que le falta: la maldición que impide a la gente salir de Gotham también impide que las almas de los que mueren en la ciudad sigan su camino al Más Allá. Estas quedan vagando por las propias calles para ser cazadas y consumidas por los demonios que han convertido el lugar en su zona de caza y juegos. El espíritu de Thomas apremia a Bruce a actuar, pues el alma de su madre es el siguiente objetivo de los demonios. Es para salvar las almas de sus padres primero y las de toda la ciudad después, que Bruce Wayne viste por primera vez el traje de Batman

El doctor Varner, cuyo anciano cuerpo está siendo devorado por el cáncer, construye un nuevo cuerpo utilizando fragmentos de los cadáveres profanados de los miembros de la Escuela Invisible. La parte que le faltaba (la cabeza) será la de Thomas, cuyo cadáver profana del cementerio al día siguiente de haber sido enterrado. Mediante su ciencia retorcida, Varner se electrocuta a sí mismo al mismo tiempo que inunda de electricidad el cadáver ensamblado, transfiriendo su alma de un cuerpo al otro. Así renace como un sonriente cadáver, con la boca torcida en un permanente rictus burlón, y adopta el nombre de Joker, pues todo su nuevo cuerpo es en sí una burla grotesca a los esfuerzos de La Escuela Invisible por derrotar al mal.

Alfred insta a Batman a visitar al comisario Gordon, que en realidad es un miembro oculto de La Escuela Invisible que, por seguridad, nunca participó en las reuniones, para no estar todos a la vez en un mismo lugar, y al que Varner no llegó a conocer. Gordon y Batman intercambian información y se establece entre ellos un pacto de ayuda mutua.

Cuando Batman acude a buscar a Varner a su último domicilio conocido (un hotel), se encuentra allí al hombre lobo que asesinó a sus padres. Se produce un nuevo enfrentamiento entre ambos que termina con los dos atravesando una ventana y cayendo a la calle. El portero del hotel, en un intento de ayudar a Batman, saca una pistola y dispara contra el licántropo, pero lo único que consigue es que este huya, privando a Batman de la posibilidad de capturarlo.

Y al portero no lo volveremos a ver, porque la serie solo tuvo cuatro números, pero creo que, de haberse extendido más, este portero habría podido terminar convirtiéndose en el Pingüino. Juzgad vosotros mismos, porque a mí su aspecto me grita “¡Pingüino!” en cada plano claro que nos dan de él.

El caso es que Varner ya no se encuentra en el edificio. Ha trasladado su nuevo cuerpo y gran parte de su maquinaria al cementerio de Gotham. De su máquina sale una multitud de cables que se hunden en la tierra. Cuando esta es alcanzada por un rayo de tormenta, la electricidad se transmite a través del suelo hasta los cadáveres, que comienzan a alzarse como un ejército de zombis bajo sus órdenes. Y con los zombis alzándose, termina el primer capítulo.

En general, los cambios que introduce me parecen bastante interesantes. En esta versión, Bruce no elige ser Batman, sino que es moldeado desde la cuna como arma contra el mal, sin saberlo. No es tanto un héroe como un sicario, aunque su propósito sea loable. Su papel habitual de justiciero y detective cambia a uno de inquisidor y ejecutor.

Que el Joker sea ahora un cadáver ensamblado con trozos de otros, si bien me resultó extraño al principio, me gusta más cuanto más pienso en ello. Después de todo, un joker es un comodín, una carta que puede hacerse pasar por cualquier otra, y él está formado por fragmentos de cuerpos, un collage de identidades, como si pretendiera hacerse pasar por cualquiera de ellos. Que sea un pálido cadáver también justifica su color blanco, que en el Joker clásico se debe al maquillaje. Y que su permanente sonrisa se deba al estiramiento muscular provocado por el rigor mortis le da un toque aún más siniestro, si cabe.

Lo que no me gusta tanto es el dibujo. Kelley Jones es uno de esos dibujantes exagerados y grotescos que parecen incapaces de darle a un personaje el mismo rostro en dos viñetas seguidas. A Bruce lo vemos alternativamente como un atlético joven y como un hombre encorvado, con la cara llena de arrugas y bolsas bajo los ojos, y el efecto se hace extraño. Es un estilo genial para una historia onírica, una pesadilla cambiante en continua deformación, pero creo que un estilo gráfico más sobrio en plan terror gótico habría quedado mejor. Tampoco está tan mal como para renunciar a leer el cómic si cae en vuestras manos.

La historia continúa en Criaturas nocturnas.

Haunted Gotham. 2000. Doug Moench (guion) Kelly Jones (dibujo). Publicado en 2006 por Planeta DeAgostini.   

lunes, 6 de octubre de 2025

DEMONS

 EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                                      ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

Presentado por... Pecky.
 

¡Saludos, amigos cinéfagos!

Vamos a dedicar todo octubre (o al menos la mayor parte de él) al tema del terror, que para eso estamos a las puertas de Halloween. Lo que toca hoy es una de esas películas que no me canso de ver. No es una gran película si nos ceñimos a los cánones que siguen los críticos oficiales, pero tiene una extraña cualidad hipnótica. Se trata de Demons (Demoni, 1985), dirigida por Lamberto Bava (hijo del también famoso director Mario Bava), producida por Dario Argento, con música de Claudio Simonetti (Goblin) y hasta Michele Soavi en un pequeño pero importante papel. Todos ellos son nombres de peso en el cine de terror italiano.

La película es una joyita metanarrativa de atmósfera claustrofóbica, efectos especiales prácticos, y escenas de violencia y mutación explícitas. Comienza con la protagonista, Cheryl (Sharon en el doblaje de España), viajando en el metro de Berlín. Esta escena ya es inquietante porque... no ocurre nada. No hay ninguna amenaza presente, pero las imágenes y la música están cuidadosamente montadas para dar la impresión de que algo terrible va a ocurrir, o que incluso ya está ocurriendo sin que nos hayamos dado cuenta. Nos muestran imágenes que no deberían ser inquietantes, pero nos ponen en alerta: la mirada vacía de un hombre, el peinado extraño de una mujer, algo tan habitual como la entrada en un túnel oscuro que hace que dejemos de ver temporalmente a las personas que tenemos alrededor… 

Todo ello está filmado como una escena de terror, pese a que es una situación del todo común. La propia Cheryl parece asustada, como si notara lo mismo que nosotros (¿Lo veis? ¡Ella lo nota también! ¡No estamos locos!). Esta escena nos conecta desde el principio con ella. A nuestro lado de la pantalla sentimos que está pasando algo aunque no haya amenazas visibles, y al otro lado de la pantalla Cheryl lo está sintiendo también.

El vagón se detiene en su estación y Cheryl sale, aliviada, como si se hubiese librado de algo terrible. Pero entonces, un hombre siniestro con medio rostro cubierto por una máscara cromada empieza a seguirla, y sin habernos recuperado de la primera escena, nos vemos metidos en otra… que también queda en nada. Cuando esta especie de silencioso fantasma de la ópera, al que creía haber dejado atrás, aparece de pronto ante ella y la intercepta, se limita a tenderle una entrada gratuita para el pase inaugural de un cine. Un cine, además, con un nombre vulgar, que no sugiere nada raro: Metropol. Ella acepta la entrada sin sospechar nada… pero como veremos más adelante, todo forma parte de un ritual. Ha sido seleccionada para un sacrificio, y este ha de ser voluntario… más o menos. En el momento en que ella acepta la entrada, acepta también su papel en un ritual del que todavía no sabe nada. De hecho, Cheryl comete el error de pedirle al enmascarado una segunda entrada para una amiga, y este se la entrega.

Así es como Cheryl y su amiga llegan al cine, donde se reúnen con otros personajes: una joven pareja, dos viriles estudiantes que enseguida le echan el ojo a las chicas, un chulo que ha llevado a dos de sus prostitutas al cine porque se ve que el trabajo flojea esa noche, y un hombre ciego acompañado por su (in)fiel esposa, entre otros. El cine está decorado con una variedad de objetos desparejados que parecen haber sido comprados a toda prisa en una tienda de artículos de segunda mano, con la sola intención de llenar el hall con algo llamativo. El centro del hall lo preside una especie de maniquí de samurái subido a una moto real mientras sostiene una katana, también real. Del manillar de la moto cuelga una máscara de demonio que parece lo más falso y cutre de todo. Tonteando, una de las prostitutas se prueba la máscara, haciéndose un pequeño corte en una mejilla al quitársela.

La película está hecha para engañar y desconcertar. No solo por todo lo que vimos antes con la aparente amenaza del metro que no llega a concretarse, o la persecución del enmascarado que resulta ser solo un gancho publicitario de una película. Aquí sigue jugando con esto a través de la recepcionista: una mujer de mirada fría, distante, con movimientos casi mecánicos, como si el maniquí fuera ella y no el que está sobre la moto. No sonríe a la gente que entra en el cine, lo cual es una atención básica a todo cliente. Incluso cuando habla con ellos lo hace en un tono cortante. Su actitud sugiere que está implicada de algún modo en lo que va a pasar, pero cuando el horror se desata se convierte en una víctima más, sin inmunidad ni privilegios de ningún tipo. Pero me estoy adelantando.

El grupo pasa a la sala para ver la película, sin saber todavía cuál es. En la entrada que les regalaron (en la invitación al ritual que ellos aceptaron) no se indicaba ningún título, ni hay tampoco cartel anunciador en el exterior o interior del cine. El caso es que la película comienza con una variante de la enigmática frase que el pintor Francisco de Goya escribió al pie de uno de sus cuadros: “El sueño de la razón produce monstruos”. Esa película que los protagonistas están viendo, dentro de la película en la que están ellos (que a su vez estamos viendo nosotros), trata sobre un grupo de chavales que, trasteando entre unas ruinas recién descubiertas, encuentran lo que a todas luces es la tumba de Nostradamus. En su interior hallan un libro escrito en latín, que uno de ellos chapurrea lo suficiente como para darse cuenta de que es un segundo libro de profecías, en el que se describe la caída del mundo a manos de una horda de demonios. Junto al libro hay también una máscara como la que vimos en el hall. Tonteando, uno de los chavales se prueba la máscara, haciéndose un pequeño corte en una mejilla al quitársela… esto nos resulta familiar, ¿verdad? Una de las cosas que advierte el libro es que si alguien se pone la máscara demoníaca, él mismo se convertirá en demonio.

En la sala de cine, la prostituta que se cortó con la máscara del hall empieza a notar cómo el rostro le duele cada vez más y no deja de sangrar. Y aquí es donde todo se descontrola. El ritual se ha iniciado al fin, y se establece un paralelismo entre lo que ocurre a ambos lados de la pantalla. En la película que están viendo los personajes, el joven que se puso la máscara enloquece y empieza a asesinar a sus amigos, mientras la prostituta, que ha ido al cuarto de baño a tratar de contener la sangre que no cesa de brotar del aparentemente inocuo corte, se transforma en una aberrante criatura. La mujer poseída ataca a su amiga cuando esta va a buscarla al baño, quien también se convierte en una criatura similar. La infección se transmite por contacto físico, como una plaga sobrenatural. No son exactamente zombis, ni demonios tal como los entendemos. Recuerdan un tanto a los deadites de Evil Dead, cuatro años anterior: cadáveres humanos grotescamente deformados y poseídos por espíritus infernales. La transformación es rápida, dolorosa y estomagante… y el afectado es consciente de lo que le está sucediendo y de cómo va a terminar.

El cine no tarda en convertirse en un matadero puesto que casi toda víctima de uno de estos demonios, aunque salga del encuentro con tan solo un arañazo, se transforma rápidamente en uno de ellos, salvo unos pocos elegidos que parecen naturalmente inmunes. Además, una vez que la infección comienza, las puertas y las ventanas del cine simplemente desaparecen, siendo sustituidas por muros sólidos, sin aperturas. Esto nos deja claro que no se trata solo de alguna clase de enfermedad contagiosa, sino que hay poderes sobrenaturales implicados.

Cuando ven que huir es imposible y que se enfrentan a seres muy difíciles de matar y a la vez terriblemente letales, los que aún quedan tratan de detener el ritual destruyendo el proyector de la película, pero esto se revela inútil. Destrozar el proyector y la cinta no hace desaparecer a los demonios que ya han sido liberados. Estos elementos ya han cumplido su función… al igual que la recepcionista de la que hablábamos antes. Una vez se han desatado todos los infiernos dentro del cine (literalmente), su apariencia fría e impasible desaparece, y la vemos huir aterrada junto con todos los demás. ¿Ella fue contratada como recepcionista sin tener ni idea de nada de lo que iba a pasar, y se le dieron instrucciones de que se comportara así como parte de la presentación de la película de terror? ¿O estaba implicada de algún modo y pensó que eso la iba a mantener a salvo? Hay algunas liturgias oscuras en las que el oficiante es también luego el ofrecido. Y tal como los asistentes acceden a ser parte del sacrificio sin saberlo al aceptar la entrada que se les ofrece, quizá la recepcionista también lo hizo, consciente o no de ello, al aceptar el trabajo. Quizá sabía que algo iba a ocurrir, pero no qué o a qué escala. Lo que seguramente no esperaba es que, una vez cumplido su papel, iba a quedar relegada a ser más carnaza para el sacrificio.

No voy a entrar en muchos más detalles sobre lo que ocurre o deja de ocurrir en el cine, porque es una sucesión de muertes más o menos entretenidas, pero el interés está en los propios personajes. No en los protagonistas, porque Cheryl es una chica del todo pasiva que no tiene ninguna función en la historia más que ser el anzuelo que nos hace seguirla (como espectadores) al interior del cine, del mismo modo que la entrada de regalo es el anzuelo con el que la llevan al cine a ella. Son el resto de personajes a su alrededor los que se reparten el peso de la historia, como ocurre con la recepcionista.

Otro personaje a la vez secundario e importante es el hombre ciego, al que acompaña su mujer, que le va describiendo lo que ocurre en la pantalla. Y sin embargo, precisamente por no ver las imágenes, parece ser el primero en darse cuenta de lo que está pasando. Es como una adaptación moderna del clásico personaje del vidente ciego, que ve lo sobrenatural como compensación por no poder ver lo real.

Luego tenemos también al chulo, un tipo violento que acude al cine con una navaja automática en el bolsillo, la clase de persona con la que preferirías no cruzarte, pero que, cuando las cosas se tuercen, adquiere instintivamente el papel de líder. Empieza a organizar a la gente, a darles algo que hacer y a mantenerlos ocupados librándose de los cadáveres y formando barricadas. Al mismo tiempo, entrega su navaja a uno de los jóvenes sin conocerlo, no solo haciéndose respetar, sino demostrando que está dispuesto a confiar en los que le apoyen. Es un gran personaje… lo cual no le libra de acabar asesinado y demonificado como los otros, pero qué le vamos a hacer.

Y pese a que no quería comentar ninguna escena de matanza concreta de las muchas que jalonan el film, sí hay una que no puedo dejar pasar, y los que hayáis visto la película ya sabréis cuál es, porque es lo más recordado de esta: la escena de la moto. La famosa escena de la moto de Demons, en la que un chico arriesga su vida para salvar a la protagonista pese a que hace menos de una hora que la conoce. Subido en la moto del hall y blandiendo la katana, se enfrenta a una marea de enemigos y se convierte temporalmente en una especie de nueva versión del caballero con brillante armadura al rescate de su dama en apuros. Solo que, en vez de un caballero, tenemos a un chaval; su brillante armadura es una camiseta destrozada, su fiel espada es una katana salida de una tienda de empeños, su brioso corcel una moto, y su dama en apuros… bueno, sí, en apuros está la moza, desde luego.

Es una escena en la que conduce la moto entre los pasillos atestados de monstruos y botando sobre los respaldos de los bancos del cine, iluminados como si fueran el túnel de terror de una feria, rajando a los zombimonios por docenas mientras estos corren y saltan hacia ellos de forma muy exagerada. A esas alturas, ambos saben que el cine no tiene salida, que no hay dónde huir, pero todos dentro del cine son monstruos menos ellos, y lo único que pueden hacer al respecto es mantenerse en movimiento para que no los atrapen. Un auténtico locurón filmado con estética de videoclip que, por cierto, podéis ver pulsando aquí si no lo conocéis y queréis tener claro de lo que os hablo. La escena de la moto solo dura tres minutos pero no quiero ni pensar en la cantidad de actores que debieron lesionarse para hacerla.

El caso es que a la parejita se le presenta la oportunidad de escapar cuando un helicóptero se estrella contra el cine, destrozando el techo… ¡Una salida! Una salida a la que logran llegar solo para encontrarse con que la epidemia, la maldición o lo que quiera que sea lo que se ha desatado dentro del cine, se ha extendido a toda la ciudad. Las puertas pueden haber desaparecido para ellos, pero obviamente no han desaparecido para todos, y uno de los zombimonios ha escapado para extender su condición a más gente. Salir del edificio, que siempre fue su objetivo, lo que ellos percibían como su salvación, solo revela un horror aún mayor.

Y aquí nos encontramos con otro grupo de personajes geniales: una familia de supervivencialistas que se están abriendo paso entre los monstruos en una ranchera llena de bolsas de bocadillos y armas, que los recogen. Aún les (nos) espera un susto final más, y se nos deja con la incógnita de lo que ocurrirá a partir de ahí.

Hay muchas más cosas que podría resaltar de esta película, como el verdadero papel del hombre enmascarado que repartía las entradas, la escena en la que se rasga la pantalla del cine (el velo simbólico entre realidades) creando otro punto de conexión con la escena que está siendo proyectada, esa otra en la que un demonio genuino completamente formado brota de la espalda de una infectada durante su proceso de transformación… 

...pero escribir esto ya me ha ocupado un montón de horas, y tampoco se trata de contar la película completa escena por escena. Siempre hay que dejar algo jugoso sin contar, para pillar por sorpresa a quienes aún no la han visto y se animen a hacerlo. Y esta película tiene mucho de jugoso, pringoso y gelatinoso.

Por cierto… hay una Demons 2. Le daremos un repaso un día de estos. A ser posible, antes de final de mes. Mientras tanto, puedes ver más películas de plagas de zombis variadas pulsando aquí

Demoni. 1985. Dario Argento, Lamberto Bava, Dardano Sacchetti, Franco Ferrini (guion) Lamberto Bava (director) Natasha Hovey, Fiore Argento (actrices principales) Urbano Barberini, Karl Zinny (actores principales). Titanus. Editada en DVD por Manga Films.