MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!
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jueves, 15 de octubre de 2026

EL REPUBLICANO

 EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                                      ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

Presentado por... Pecky.
 

¡Saludos, amigos cinéfagos!

Hoy os traigo para vuestro solaz y disfrute El Republicano, una película sobre un psicópata que mata hippies usando una máscara de Ronald Reagan. 

Para los que no sepan de quien estamos hablando, vamos a entrar en contexto. Ronald Reagan fue uno de los presidentes republicanos de los Estados Unidos. En Estados Unidos hay dos partidos políticos: los Republicanos, que serían el partido de derechas, y los Demócratas, que serían el partido de izquierdas.

Reagan se caracterizó por aumentar enormemente el gasto de dinero público destinado a defensa, la lucha contra el comunismo y el endurecimiento de las penas de prisión contra criminales en general y traficantes de droga en particular. Para paliar la deuda pública heredada de legislaturas anteriores, aprobó la explotación de algunos recursos naturales que hasta ese momento no se habían tocado, lo que le ganó el odio de los ecologistas.

Curiosamente, el Ku Klux Klan manifestó públicamente su apoyo hacia Reagan, pese a que este era Republicano y el Ku Klux Klan fue un movimiento racista surgido de entre las filas de los Demócratas. Reagan rechazó (también públicamente) el apoyo del KKK, lo cual hizo que estos también le odiaran, pero que más gente decente le apoyara. Entre una cosa y otra, la imagen pública que ha quedado de Reagan suele ser mayoritariamente buena entre los estadounidenses.

La película comienza con una de las polémicas frases que se le atribuyen: «Un hippie es alguien que habla como Tarzán, anda como Jane y huele como Chita». A continuación, tenemos unas escenas en las que un niño ve cómo su padre, que trabaja como leñador, es golpeado con una roca en la cabeza por un ecologista que está haciendo una manifestación para impedir la tala de árboles. El leñador reacciona empuñando una pistola que hasta ese momento había tenido guardada y la policía, que aparece providencialmente, le detiene a él por ir armado en lugar de al ecologista que le golpeó primero.

El niño, al ver cómo se llevan a su padre, agarra una sierra mecánica y se la incrusta en el cuello al ecologista, consiguiendo con ello que la policía también lo detenga a él. 

No sabemos nada más de ellos por el momento, porque saltamos al presente (al año en que se filmó la película) en el que un grupo de hippies medio drogados van en una caravana de camino a una macro fiesta que van a hacer en un bosque. Un bosque que, naturalmente, después de la fiesta van a dejar lleno de envases, botellas y basura, aunque en teoría la fiesta en pleno bosque es para demostrar su amor por la naturaleza.

El evento, en el fondo, no es más que una excusa para venderles drogas a los asistentes. El organizador es un individuo que tiene un cierto historial de muertes accidentales o desapariciones en sus eventos anteriores. 

El sheriff local no está contento con todo este asunto. Tampoco los leñadores ni las gentes del lugar, que lo ven como su tranquilo bosque se llena de desconocidos maleducados y ruidosos. El único que está contento con la situación es el alcalde del pueblo cercano a quien corresponde la jurisdicción sobre el bosque, porque él se lleva una parte de las entradas.

La pandilla protagonista tiene un par de encuentros con rednecks, los típicos paletos rurales probablemente endogámicos que aparecen en este tipo de películas y terminan dando origen a familias como la de Leatherface. Hippies y rednecks se odian mutuamente porque los primeros acostumbran a roban las plantaciones de marihuana que los segundos tienen ocultas por el bosque. Todos los encuentros entre unos y otros terminan en peleas, si bien es cierto que son los rednecks los que las empiezan. Además, parece que hay alguien acechándoles. Alguien concreto, quiero decir. Es posible que sea el novio de una de las chicas (la rubia de la foto de abajo), porque en varias ocasiones nos dicen que rompieron de muy malas formas cuando él descubrió que ella se drogaba.

Incluso antes de que comience el concierto ya se están produciendo asesinatos. El reducido equipo de policía no da abasto, porque además de investigar las muertes tiene que lidiar con centenares de jóvenes borrachos y drogados que consideran a la policía unos fascistas y se niegan a seguir sus indicaciones, pero al mismo tiempo acuden a ellos cuando se presenta el menor problema.

El caso es que un psicópata vestido con traje y corbata, con el rostro oculto tras una máscara de Ronald Reagan, se dedica a pasear por los alrededores matando por igual a los hippies y a los rednecks. Todo esto se nos va alternando con las escenas del sheriff lidiando con todos los problemas de alcohol y drogas derivados del festival y con los hippies haciendo estupideces en medio de sus viajes alucinatorios.

Se llega a un punto en que el sheriff, en contra de la decisión del alcalde, ordena suspender el festival y expulsa a todos los hippies del lugar. Estos, reacios a cualquier forma de autoridad, incluso cuando esta tiene por objetivo protegerles, se quedan igualmente por la zona haciendo sus cosas de hippie, mientras el psicópata caracterizado como Reagan sigue haciendo sus cosas de psicópata.

El único personaje interesante y realmente al que podríamos considerar el protagonista es el sheriff, que tiene que lidiar con todos: con el psicópata, con los hippies, con los rednecks, con el alcalde, y es el único que se mantiene firme en su deber, mientras que todos los demás miran únicamente por sí mismos.

Un anciano local que resulta ser el leñador que detuvo la policía al principio culpa al gobierno por haberle arrebatado a su hijo, que al parecer fue internado en un correccional y de ahí pasó a un centro psiquiátrico. Llega a un punto en que se lía a tiros con la policía, añadiendo algo más de caos a todo el asunto. El psicópata cuenta además con la ayuda de perros entrenados específicamente para matar hippies, que en un momento determinado quedan libres y se lanzan contra los que todavía quedan agrupados por ahí.  

Finalmente, entre el sheriff y la rubia de antes (el único miembro que queda con vida del grupo inicial) logran acabar con el Ronald Reagan psicópata, mientras que otros policías abaten a sus perros. Al retirar la máscara de Reagan del cadáver vemos que este era, como probablemente habréis supuesto ya, el hijo del leñador del principio, que siguió culpando toda su vida a ecologistas y hippies de que lo hubiesen separado de su padre para internarlo en un reformatorio.

Como suele ocurrir en estos casos, cuando vuelven al lugar donde acabaron con el psicópata, su cuerpo ya no está. Solo queda su máscara, abandonada. Lo último que se nos muestra es al organizador del evento huyendo por el bosque con todo el dinero recaudado por la venta de entradas y drogas. 

Es interceptado por otro psicópata con una máscara y traje nuevos, que imita al primero. Tiene que ser forzosamente otro porque el primero termina con tres balas en el cuerpo y el cráneo machacado por una docena de martillazos, y este que vemos ahora se mueve con soltura, sin acusar ninguna herida. Tampoco puede ser su padre, que murió durante el enfrentamiento con la policía. Este nuevo Ronald Reagan parte en dos al organizador con una motosierra y los billetes de la recaudación son arrastrados por el viento y por la corriente de un río cercano. Y fin.

Lo cierto es que lo más interesante de la película es la premisa que plantea. Una vez ya te cuentan lo que te tienen que contar, lo que queda son solo imágenes de las fiestas ridículas de los hippies, del psicópata acabando con ellos, y algunos chistes a costa del disfraz elegido por este. Uno de los hippies, por ejemplo, al encontrarse con él, sale corriendo gritando «Socorro, me persigue Ronald Reagan» en lugar de «un loco» o «un asesino». Hay otro, el ex-novio de la rubia, que justo antes de ser asesinado, protesta «¡Pero si yo soy Republicano!». Tiene mejor ritmo que la mayoría de películas de psicópatas, pero al final es más de lo mismo. Es una de esas películas que atraen más por su idea de base que por la forma en cómo la desarrollan. Aun así es lo bastante entretenida para volverla a ver de vez en cuando. 

Como curiosidades destacaría que es la primera como director de David Arquette (actor en la saga Scream, Arac Atack, la película original de Buffy la cazavampiros, Ravenous y Bone Tomahawk, por citar las que más me suenan a mí). No tuvo un gran presupuesto pero Arquette aprovechó sus contactos para meter a muchas caras conocidas haciendo cameos, entre ellas a su esposa Courtnex Cox (Friends) y Wes Craven (Pesadilla en Elm Street, Las colinas tienen ojos, Scream). 

The Tripper. 2006. David Arquette, Joe Harris (guion) David Arquette (director) Thomas Jane (actor principal). Jaime King (actriz principal). Coquette Productions & Raw Entertainment.

lunes, 12 de octubre de 2026

LA MANSIÓN ENSANGRENTADA

 EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                                      ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

Presentado por... Pecky.
 

¡Saludos, amigos cinéfagos!

Vamos ahora con una película clásica de terror y asesinatos: La mansión ensangrentada. El título original es The Dorm That Dripped Blood, algo así como El dormitorio que chorreaba sangre, aunque en este contexto «dormitorio» no se refiere a una habitación, sino a todo un edificio comunal de habitaciones, como los dormitorios universitarios. 

De hecho, se trata exactamente de eso: de un edificio de dormitorios de universidad o fraternidad que va a ser demolido. Faltan dos semanas para ello, así que se ha dado la oportunidad a cuatro estudiantes de que sean ellos los que se encarguen de sacar todos los muebles, empaquetar todo el menaje, contar y clasificar todos los electrodomésticos recuperables, documentos que puedan quedar, etcétera, y dejarlo todo preparado para que los transportistas vengan a recogerlo antes de la demolición del edificio.

Hacen coincidir esto con las vacaciones de fin de año, de modo que van a estar solos. No solos en el edificio, sino en todo el campus. No me digáis que no es una situación perfecta para que un asesino o un típico psicópata entre en liza. Nuestros afortunados estudiantes y víctimas potenciales son Joanne y Patti por el lado de las damas, y Brian y Craig por el de los caballeros. Pero como cuatro víctimas solas son bastante poquitas, más aún teniendo en cuenta que hemos de suponer que una o dos sobrevivirán, vamos a añadir un poco más de carnaza.

En un principio, los que se iban a quedar eran cinco, contando con una tercera chica, pero en el último momento esta se echa atrás y sus padres vienen a buscarla. Se trata de Debbie. Ellos son las primeras víctimas: al padre, el asesino le machaca la cabeza con una garrote de pinchos casero; a la madre le corta el cuello con cable de metal; y a la propia Debbie le pasa por encima con el coche de sus padres y la aplasta. 

El cadáver del padre queda abandonado en una escalera. Los otros dos cuerpos terminan en el maletero del coche, que el asesino se lleva con él. Ya sabemos que su arsenal es variado y que es lo suficientemente inteligente para conducir. No se trata de un psicópata tipo Jason y probablemente tampoco de una entidad sobrenatural.

También está por el recinto Hemmit, un tipo extraño que suele rondar por la zona, y al que vemos deshacerse de algunas cosas en un contenedor de basura y recuperar de este un listón de madera. Es un personaje que está puesto ahí de forma tan clara para que sospechemos de él que lo podemos descartar como el asesino casi en automático.

Y tenemos también a Bill, el de mantenimiento, que se queja de que alguien le ha robado su mejor taladro. ¿Un taladro? Bien, bien. Los taladros siempre dan mucho juego en estas películas.

Una de las noches que el grupito está relajándose, jugando al billar, ven a Hemmit espiándoles a través de una de las ventanas y algunos de ellos salen a buscarle. No dan con él y, además, es una escena demasiado larga, en la que pasa un minuto tras otro y simplemente vemos a los personajes andando en la oscuridad, buscando al dichoso individuo que no aparece por ningún lado. Van a buscarlo también a su habitación porque, aunque no se deja en ningún momento claro quién es o qué hace ahí, parece que forma parte del personal del instituto. Al final es una secuencia larga que no lleva a nada.

Bill, en cambio, tiene suerte con su problema, porque en un momento en el que está lavándose la cara, inclinado sobre un fregadero, el asesino se acerca por detrás y le deja clavado el taladro que había perdido en el cráneo. Lo de que tiene suerte lo digo porque al final recupera el taladro, aunque reconozco que lo de morirse en el proceso es un pequeño inconveniente.

El siguiente crimen del psicópata es el que más me duele de toda la película; aprovechando un descuido de los demás, machaca con la garrota de púas la mesa que tenían preparada para la cena, echando a perder dos pollos asados enteros y un par de fuentes de patatas fritas, además de una botella de vino. ¡Eso sí que es un auténtico horror!

El caso es que llevamos ya más de la mitad de la película y ninguno de los cuatro que parecía que iban a ser las víctimas ha muerto todavía. No es que me queje mientras vayan cayendo personajes secundarios, porque, a medida que estos mueren, siguen apareciendo más. Hablando de personajes secundarios, un policía aparece para investigar el asesinato de la cena, ya que el grupito llama a comisaría para denunciar un acto de vandalismo dentro del campus, ya que, técnicamente, ha sido eso. Ellos sospechan de Hemmit, aunque no pueden probarlo. El policía se limita a tomarles declaración y se marcha

Cuando el psicópata por fin se decide a acabar con el grupito inicial, parece que le entran las prisas. A Brian vemos cómo le clava algún instrumento afilado en un brazo y, más tarde, nos lo encontramos descuartizado sobre una mesa. A Patti la noquea de un golpe y la mete, aún viva, en una enorme olla de vapor a presión para que se cueza. Cuando ya solo quedan Joanne y Craig, estos deciden al fin huir del edificio. Y en su precipitado escape se topan de frente con Hemmit, que los ataca inmediatamente. ¡Entonces sí era él el asesino! Tenía toda la pinta de ser una de esas falsas alarmas que están ahí puestas solamente para que sospeches de él, pero parece que finalmente era el asesino, porque aturde de un golpe a Craig y, a continuación, persigue a Joanne a lo largo de aulas y pasillos. Sin embargo, hay algo en lo que va balbuceando mientras la persigue que nos hace dudar de nuevo. Dice que él está ahí para intentar salvarla, para protegerla. Está claro que está obsesionado con ella, así que nada de lo que diga tiene realmente valor, pero ¿podría ser que realmente el asesino sea otro y Hemmit esté intentando, de algún modo, proteger a Joanna?

Esta logra darle esquinazo y reunirse de nuevo con Craig. Entre los dos consiguen acabar con Hemmit mediante el siempre fiable procedimiento de hachazo en la cerviz... y entonces Craig revela que quien mató a todos los demás fue él. Es él quien está obsesionado con Joanne y los ha matado a todos porque, de algún modo, en su mente, esto demuestra lo mucho que la ama. A la mente de un loco no hay que buscarle lógica. Joanne escapa de nuevo y empieza la fase de recuento de cadáveres, en la que, al ir recorriendo las diversas salas del edificio, va encontrándose con los cuerpos de todos los otros personajes muertos hasta ese momento.

Un secundario que había aparecido antes, una especie de chatarrero que iba a comprar un lote de mesas del edificio, aparece en plena noche sin motivo aparente. No viene a recoger las mesas, porque eran un montón de ellas y llega a medianoche sin nadie que le ayude a cargarlas. Además, antes le había preguntado a Joanne si estaba ella sola en el edificio, así que podemos entender que sus intenciones eran otras... Buenas o malas, pero otras. El caso es que llega. 

Cuando entra en el edificio y se da cuenta de lo que está pasando, se enfrenta a Craig, que deja a Joanna noqueada en otra sala para enfrentarse al chatarrero. En ese momento aparece el policía que vimos antes acompañado de otro. Pero cuando los policías ven al chatarrero y a Craig peleando, disparan contra el primero y lo matan. Dan por sentado que el chico más joven tirado en el suelo es el bueno de la historia y que el hombre mayor, que claramente le ha dado una paliza gracias a su mayor fortaleza física, es el malo, y se lo limpian a tiros.

A continuación, y esto es con diferencia lo más original de la película, Craig (que tiene mucha labia) convence a los policías para que le dejen solo y se vayan a revisar otras partes del edificio y a buscar ayuda. Entonces él va hacia el lugar donde dejó a Joanne inconsciente, la toma en brazos y baja al sótano, donde se encuentra la caldera de la calefacción central del edificio. Le vemos avanzar hacia la caldera con la portezuela abierta, al otro lado de la cual hay un infierno de llamas. Se nos da a entender que embute a la todavía viva pero inconsciente Joanne en el horno y, justo a continuación, se mete él mismo reduciéndose los dos a cenizas en una especie de unión romántica definitiva. En su mente, esa es la forma de estar siempre juntos.

¿Un final en el que el psicópata asesina a la final girl al mismo tiempo que se destruye a sí mismo? Estoy tratando de hacer memoria, y creo que es la única película de estas características en la que he visto algo parecido.

En fin… un slasher universitario de los años ochenta de bajo presupuesto ¿Qué más se puede pedir? No tiene la personalidad de películas como Halloween o Viernes 13, pero sí consigue transmitir una sensación constante de peligro, y el asesino utiliza métodos muy variados. En muchos slashers de la época el villano acaba identificado con un arma concreta (machete para Jason, motosierra para Leatherface, garras para Freddy, cuchillo de cocina para Michael Myers) mientras que aquí cada asesinato parece más algo oportunista e improvisado que otra cosa, como si matara a cada uno con lo que tiene a mano en ese momento. Y eso quieras que no hace que las muertes resulten menos rutinarias. Es cierto que hay algunas partes lentas y de relleno, pero lo curioso y original del final compensa el haber tenido que tragárselas.

The Dorm That Dripped Blood. 1982. Stephen Carpenter, Jeffrey Obrow, Stacey Giachino (guion) Stephen Carpenter, Jeffrey Obrow (directores) Stephen Sachs, David Snow (actores principales) Laurie Lapinski, Pamela Holland (actrices principales). Jeff Obrow Productions.

sábado, 10 de octubre de 2026

STREET TRASH; VIOLENCIA EN MANHATTAN

 EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                                      ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

Presentado por... Pecky.
 

¡Saludos, amigos cinéfagos!

El primer error que comete mucha gente con esta película es pensar que se trata de una de las producciones de Troma. Las películas de Troma se caracterizan por burlarse de absolutamente todo, sin autocensura ninguna. Se burlan, sin concesiones y de la forma más grosera y exagerada posible, de religiones, orientaciones sexuales, enfermedades, discapacidades, etnias, minorías, mayorías... Y sí, esta no es una película de Troma pero mucha gente piensa que lo es porque sigue exactamente sus mismos parámetros.

Habrá quien dirá: «¡Burlarse de esto o de aquello está mal!», pero si no aceptamos que se pueda hacer humor a costa de todo, entonces no podemos hacerlo a costa de nada. Naturalmente, a quien tenga una discapacidad o algún familiar con discapacidades le molestará que se haga burla de ello. Y quien profese una religión encontrará ofensivo que la ridiculicen. Pero también a quien haya perdido a alguien en un accidente de tráfico le molestará que estos se frivolizaren haciendo películas en las que se vean coches chocando o gente siendo atropellada. Y quien haya perdido a alguien en un tiroteo podría encontrar ofensivo que en las películas de acción o videojuegos los tiroteos se presenten como algo emocionante. 

Absolutamente todo tema que se toque ofenderá a alguien. Si pretendemos que se prohíba el humor en torno a un tema concreto porque nos ofende a nosotros, en justicia habría que prohibir todo humor posible, porque siempre habrá alguien a quien un determinado tema le moleste. Y nadie que se ría de un chiste sobre un tema que no le afecte tiene derecho moral a ofenderse por un chiste sobre un tema que sí le afecte.

Básicamente, esa es la premisa de las películas de Troma: que todo es susceptible de ser ridiculizado. Si hay algo, cualquier cosa, sobre la que os ofenda gravemente que se hagan chistes hasta el punto de enfadaros por ello, no veáis las películas de Troma. Ni las de Torrente. Ni Colgados en Filadelfia. Ni Metalocalipsis. Ni South Park, ni los comics de El Bruto... casi mejor que no salgáis a la calle ni habléis con la gente, por si acaso. Y aunque (de nuevo) esta no es una película de Troma, se siente en todo momento como si lo fuera y todo lo dicho sobre esa productora es aplicable también a esta cinta. 

Aclarado lo anterior, que no pasa de ser una mera opinión personal (como lo es la de cualquiera que opine justo lo contrario) vamos a darle un vistazo a la película. 


La historia tiene lugar en una versión de Manhattan más próxima a lo que son muchas ciudades norteamericanas a día de hoy que a cómo eran en la época en que se filmó la película. Calles llenas a rebosar de delincuentes y vagabundos destrozados por el alcohol y las drogas, sin la más mínima intención de buscar trabajo o mejorar sus vidas. Estos individuos se dedican simplemente a vivir el día a día con lo que pueden robarse unos a otros o llevarse sin pagar de las tiendas.

El líder de esta masa de parias es Bronson, un musculoso y violento exmilitar que se volvió loco en Vietnam y emplea como arma un cuchillo tallado en un fémur humano. Bronson, como líder de los mendigos, los dirige desde un trono hecho con trozos de hierro y chatarra de automóvil. Es un individuo completamente desquiciado al que vemos gritando y agitando su puño, furioso, contra los aviones que sobrevuelan la ciudad. Quizá porque los ve como un símbolo de la prosperidad que él nunca podrá alcanzar o quizá porque le despiertan algún trauma relacionado con Vietnam. 

Bronson dirige a la mayoría de los vagabundos obligándoles a mendigar, a limpiar los cristales de los coches parados en los semáforos (lo quieran los conductores o no) y luego exigir  dinero a cambio, y a todo tipo de cosas similares.

El dueño de una tienda de licores donde los mendigos suelen ir a aprovisionarse de bebida barata encuentra, limpiando el almacén de su sótano una caja de madera llena de botellas de algo llamado Viper (Víbora). Sin tener muy claro lo que es, lo pone a la venta igualmente. Este producto tiene un efecto similar al del ácido sulfúrico en el organismo humano. Los desgraciados que llegan a comprar o robar una de las botellas de Viper y beben un trago se funden rápidamente, derritiéndose de dentro hacia fuera hasta quedar convertidos en un charco de órganos que, extrañamente, tarda más de lo que debería en morir. Algunos se funden, otros explotan… en cualquier caso el proceso es extremadamente doloroso, totalmente irreversible y necesariamente letal. Esto, que en principio parece que va a ser la trama principal de la historia (el origen del Viper o quién lo dejó allí) pasa a un segundo plano muy rápidamente, convirtiéndose simplemente en un escabroso detalle más entre los muchos que salpican la película.

La historia, en realidad, es otra. El protagonista, si es que alguien puede reclamar ese título, es Freddy, uno de los pocos mendigos que aún no se ha doblegado totalmente a la voluntad de Bronson. 

Él y su hermano menor viven en el mismo cementerio de coches donde Bronson tiene su trono de chatarra y donde viven muchos otros mendigos. El cementerio de coches es un negocio legal, pero está dirigido por un individuo corrupto que tiene como secretaria a Wendy, una mujer asiática de buen corazón que dedica parte de su tiempo y de su dinero a cuidar de los mendigos y prepararles bocadillos.

Esto es algo que no gusta a su jefe, que probablemente solo le dio el trabajo para tener una oportunidad de tirársela. Ni le gusta tampoco a Bronson porque, de algún modo, el que alguien trate bien a los mendigos socava su poder sobre ellos. Y además, la chica asiática está de mejor ver que la extremadamente sucia y desgastada mendiga a la que utiliza como esclava sexual particular. El que Wendy parezca sentirse atraída por el hermano menor de Freddy hace que Bronson lo tenga en el punto de mira, esperando la más mínima excusa para acabar con él. 

El argumento de la película es, en realidad, muy tenue. La mayor parte de esta son escenas de lo que van haciendo los personajes hasta que se llega a un desenlace final. Hay un momento, por ejemplo, en el que vemos cómo un amigo de Freddy entra a una tienda, empieza a robar comida metiéndosela dentro del pantalón de una forma muy evidente y, cuando un empleado de la tienda lo confronta, finge ofenderse y se marcha de allí hecho una furia. Roba un montón de productos y, además, se marcha sin que nadie le detenga haciendo ver que él es quien ha sido insultado. La escena pretende ser humorística porque cuando la película se filmó, esto era una tremenda exageración. Sin embargo, a día de hoy esto ocurre en California, por ejemplo, donde un robo por una cuantía inferior a los 950 dólares se considera un delito menor que rara vez se persigue y aun más rara vez se castiga. La enorme permisividad que se tiene actualmente con los criminales lo único que hace es, precisamente, aumentar el número de delitos.

Todo lo que vemos en esta película, que se hizo como una versión enormemente exagerada del problema de la mendicidad y de la delincuencia en las calles, actualmente se queda corto. Quitando la parte del Viper y sus efectos, la película podría venderse como un drama realista más que como la ironía grotesca como la que se filmó en un principio.

Hay otra escena en la que Freddy (que recordemos, es el bueno de la película) se encuentra con una mujer que vuelve de noche a su casa, sola y borracha. Aprovechando que esta lo confunde con algún conocido, la lleva a su chabola de chatarra en el desguace y se acuesta con ella. Una vez ya ha obtenido lo que quería de la mujer, la deja en manos del resto de mendigos, que literalmente la violan en grupo hasta matarla, contagiándose mutuamente, ya de paso, las enfermedades venéreas que pudieran tener cada uno. Al día siguiente, el dueño del desguace encuentra el cadáver, desnudo y lleno de golpes y moratones, y lo único que hace al respecto es aprovechar para violar el cuerpo ya frio, y se marcha dejándolo tirado en el mismo sitio donde lo encontró.

La película sigue con los mendigos comprando o robando botellas de Viper y convirtiéndose en manchas burbujeantes en el asfalto tras beberlo, peleándose entre ellos, lidiando con policías tan solo un grado menos violentos que los propios criminales, etc. 

Uno de estos policías encargado de investigar las extrañas muertes que causa el Viper llega a meterse un dedo por la garganta para provocarse a sí mismo el vómito y echar la pota sobre un delincuente al que acaba de derribar a puñetazos. La película salta del gore al humor y de ahí a la violencia sin ningún orden, sin decidirse del todo a ser una historia de terror, de humor o un drama, queriendo serlo todo a la vez sin llegar a ser nada en concreto. 

El desenlace final llega cuando Bronson se harta de todo. La mendiga a la que mantenía como esclava particular le roba una botella de Viper que le había conseguido otro de los mendigos y, al bebérsela, se funde ante sus ojos. Entonces decide buscar otra mujer con la que reemplazar a la que ha perdido y va a por Wendy. La encuentra en el momento en que ella iba a acostarse con el hermano de Freddy (que por cierto es menor de edad) y se lanza contra este tratando de matarlo. Entonces, Freddy, que estaba por allí, interviene para salvarlo. 

Tenemos un fiero combate final que termina cuando el hermano de Freddy acaba con Bronson utilizando una técnica que, curiosamente, también vimos utilizar a otro Freddy muchos años después. A Freddy Krueger en la película Freddy contra Jason. La forma en la que el hermanito mata a Bronson es colocando en posición un cilindro de aire comprimido y rompiendo la boquilla para que este salga disparado como un torpedo. El enorme y pesado cilindro, impulsado por el gas a presión, golpea a Bronson en el torso, arrancándole la cabeza junto con gran parte del pecho.

Aquí la película nos ofrece la última burla, su broma final, cuando Wendy salta sobre la cabeza arrancada de Bronson para correr a reunirse con su chavalito. Y, en el momento en que ella pasa sobre la cabeza, esta levanta los ojos para mirarle bajo la falda y sonríe justo antes de morir.

La película es una colección de estupideces monumental. Y el interés que tiene reside principalmente en ver todos los tabúes del buen gusto y la corrección política que está dispuesta a romper. En 1987 se planteó como una exageración grotesca de los barrios marginales, pero muchas de las imágenes de delincuencia, drogadicción, suciedad y deterioro social no son muy diferentes de las que vemos actualmente. Los mendigos no se nos presentan como personas necesitadas a las que se pueda rescatar mediante ayuda social, sino como una subcultura completamente separada del resto de la sociedad que no solo no puede sino que no quiere integrarse en la sociedad normal. Viven con sus propias reglas, su propio líder y hasta su propio territorio. Actualmente, en países primermundistas como Francia hay barriadas enteras en las que la policía se niega a entrar y han sido abandonadas a su suerte en manos de los delincuentes pese a que gran parte de la población que las habitan siguen siendo personas honradas. O tan honradas como la ley les permite serlo. 

Pero la película no carga toda la culpa en los delincuentes. El dueño del desguace es corrupto. La policía es brutal. Los comerciantes son oportunistas. Los pocos ciudadanos honrados que vemos son cobardes. Freddy es el protagonista simplemente porque tiene algún mínimo detalle con el que podemos llegar a empatizar, como ser el único que se enfrenta abiertamente a Bronson o ser muy protector con su hermano pequeño, pero también roba de las tiendas, roba a otros mendigos y se aprovecha de una mujer borracha. Wendy es buena con los mendigos y los alimenta con su dinero, pero no tiene reparos en mantener relaciones sexuales con uno de ellos sabiendo que es menor de edad. Únicamente el hermanito de Freddy parece que se salve, pero cuando Wendy se lo lleva a un lugar apartado y se desnuda para acostarse con él, este no le para los pies aunque eso, a efectos legales, la convierte a ella en una pederasta. El que la ciudad se haya convertido en un estercolero no es solo culpa de los delincuentes, es culpa también de todos los que han sido tolerantes y permisivos con ellos. Nadie quiere solucionar nada, no hay fuerzas del orden eficaces, no hay héroes y por tanto, no hay salvación posible. Casi cada personaje se aprovecha de un modo u otro de los demás. Los fuertes explotan a los débiles y los débiles hacen exactamente lo mismo con otros más desfavorecidos.

Sin embargo, cuando le hablas de esta película a alguien que la ha visto o ha oído hablar de ella, lo que te responde suele ser algo como «Ah, sí, la película esa del licor que hace que la gente se derrita». Y este detalle, que es precisamente lo que la ha hecho famosa, lo que todo el mundo sabe o recuerda de ella, es en el fondo lo menos relevante del conjunto. 

Street Trash. 1987. Roy Frumkes (guion). Jim Muro (director). Mike Lackey, Vic Noto, Mark Sferrazza (actores principales) Jane Arakawa, Nicole Potter (actrices principales). Street Trash Joint Venture. Editado en DVD en 2008 por absolute distribution.

lunes, 5 de octubre de 2026

MISTERIOS DE ULTRATUMBA

 EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                                      ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

Presentado por... Pecky.
 

¡Saludos, amigos cinéfagos!

Hace poco repasamos un clásico del terror italiano, y ahora vamos con un clásico del terror mexicano, que no se diga que aquí no tenemos variedad. Se trata de Misterios de Ultratumba, una de esas historias que, más que terror, lo que te provocan es mal cuerpo; una sensación de desagrado general, de que todo lo que podría salir mal no solo va a salir mal, sino que veremos el peor desenlace posible.

Dos científicos, el Dr. Aldama y el Dr. Mazali, hacen un pacto de caballeros. El primero de los dos en morir deberá buscar el modo de volver desde el Más Allá para mostrarle al otro lo que ha visto y aprendido allí. Es un juramento que hacen por su alma y, por tanto, de no cumplirlo, su alma inmortal se perderá para siempre. El doctor Aldama resulta ser el elegido por el destino para viajar al más allá primero. El Dr. Mazali trata de comunicarse con él por medio de una sesión de espiritismo incluso antes de que sea enterrado, y aparentemente lo consigue. Mazali le pregunta si hay algún modo de que él viaje al Más Allá para verlo por sí mismo y regrese luego al mundo de los vivos. A través de una médium, el espíritu de Aldama le indica que acaban de poner en marcha una serie de acontecimientos que le brindarán la oportunidad de cumplir con su sueño pasados exactamente tres meses.

Por otro lado, un joven médico llamado Eduardo asiste a un espectáculo de danza en el que una de las bailarinas resulta ser idéntica a una mujer con la que ha estado soñando últimamente. Pero lo más perturbador es que la bailarina se fija en él, entre el público, y parece reconocerlo también. Esta bailarina, llamada Patricia, recibe esa misma noche la visita de un misterioso individuo que le revela la existencia de un compartimento secreto en el relicario que ha llevado al cuello desde niña. En el compartimento hay una diminuta llave. El individuo, que no llega a identificarse, le dice entonces a Patricia que ella, que nunca conoció a su padre, es en realidad hija del recientemente difunto Dr. Aldama. Y que, si presenta esa llave al socio de este, el Dr. Mazali, este le entregará cierta cantidad de dinero que Aldama dejó a su cargo por si algún día aparecía su hija perdida.

La muchacha así lo hace. Se presenta en el manicomio, en la recepción del cual coincide con el joven Eduardo, que ha sido designado allí para hacer su primer año de prácticas. Aunque ya se conocían en sueños, esto les da la oportunidad de conocerse formalmente y empezar a enamorarse. Por su parte, Mazali admite no saber nada sobre Patricia ni saber de qué le está hablando cuando le muestra la llave, pero acude con ella al despacho de Aldama y allí encuentran lo que parece un cofrecito que resulta abrirse con la llave que trajo Patricia.

Dentro de esta caja hay numerosas joyas de mujer, un cuchillo de grandes dimensiones y el acta de nacimiento de Patricia. Esta pregunta si le podrían mostrar un retrato de su padre, puesto que nunca ha visto uno. Mazali le muestra entonces uno, y Patricia cae redonda al suelo. El hombre del retrato, su fallecido padre, es el mismo individuo misterioso que la visitó en su casa para revelarle la existencia de la llave oculta en su relicario.

Mazali acoge a Patricia en su propia casa y le ofrece trabajo en el manicomio como enfermera. También sigue ocupándose de sus quehaceres cotidianos y el tiempo va pasando casi sin darse cuenta, hasta que el plazo para que tenga lugar el acontecimiento prometido por el espíritu de Aldama a través de la médium está a punto de cumplirse. Para ese entonces, Patricia y Eduardo ya están definitivamente enamorados el uno del otro. 

El problema es que Mazali también ha terminado por enamorarse de la hija de su socio, a la que dobla la edad. El mismo día en que el plazo ha de cumplirse, una de las pacientes, una mujer extremadamente violenta, con ataques de ira incontrolables, a la que llaman simplemente la gitana, escapa de su celda. Los doctores se organizan para buscarla, pero el primero que la encuentra es uno a quien ella misma deformó gravemente el rostro con un frasco de ácido. Este la mata en el despacho de Mazali con el cuchillo que apareció dentro de la arqueta, y luego sale huyendo. El cadáver de la gitana es descubierto por Mazali, y entonces las puertas del despacho se cierran por sí solas y se bloquean. Cuando los ayudantes las fuerzan para registrar el despacho en busca de la gitana, encuentran a esta ya muerta en los brazos del doctor Mazali, que la estaba examinando. La policía lo detiene, puesto que él y el cadáver estaban en una sala cerrada por dentro. La situación le incrimina y, pese a sus protestas y numerosas apelaciones, se le declara culpable y se le condena a muerte. 

Mazali está tranquilo por el momento, convencido de que todo lo que está ocurriendo forma parte de la cadena de acontecimientos que le anunció el espíritu de Aldama. Y así es, pero no del modo que él piensa. Él está convencido de que cuando lo ahorquen morirá y, luego de haber contemplado el Más Allá y sus secretos, volverá a la vida de algún modo en su propio cuerpo, puesto que esto es lo que le prometió Aldama: que vería el Más Allá y, a continuación, volvería al mundo de los vivos.

Habiéndose enterado de la noticia de que el doctor Mazali va a ser ahorcado por un crimen que cometió él, el celador deformado escribe una carta de confesión. Sale a la calle con esta en la mano para hacerla llegar a la policía y, a continuación, huir donde no le encuentren, pero en ese momento el corazón le falla y cae muerto al suelo. La carta todavía podría haber exculpado a Mazali, pero una providencial ráfaga de viento la arranca de la mano del cadáver y se la lleva lejos, donde nadie la encuentra. El celador dejó escrito en su testamento que querría ser enterrado sin ataúd, directamente en contacto con la tierra, y así lo hacen.

Mazali es finalmente ahorcado y, en el mismo instante en el que muere, el cadáver del celador, enterrado pocas horas antes, surge del suelo y echa a andar tambaleándose hacia el manicomio. Aldama ha cumplido su palabra, le ha dado a Mazali la oportunidad de viajar al Más Allá y luego la de volver al mundo de los vivos, pero nunca le dijo que lo haría en su propio cuerpo. Ahora está atrapado en el cuerpo del celador, cuyo rostro es una grotesca máscara deformada por el ácido. Mazali, en su nuevo cuerpo, corre hasta el manicomio con la esperanza de recuperar parte de su vida. Sigue enamorado de Patricia, pero si antes tenía pocas posibilidades de que ella se fijara en él, ahora, con su rostro destrozado, estas son aún menores.

Intenta convencer a sus antiguos colaboradores de que él es Mazali, pero únicamente uno de los doctores veteranos le cree. Eduardo en cambio piensa que está loco, que el celador no llegó a morir, que fue enterrado vivo por error y que ese trauma le ha trastornado, haciéndole creer que es otra persona. Para empeorar las cosas, el mismo golpe de viento misterioso que se llevó la carta del celador, que podría haber exculpado a Mazali antes de que lo ahorcaran, trae ahora esa carta hasta el manicomio, haciéndola llegar a manos de Eduardo. Esa carta es la confesión del celador de que fue él quien asesinó a la gitana. Pero, claro, ahora es Mazali quien está en el cuerpo del celador. La carta que podría haberlo exculpado un día antes, ahora lo condena porque, a ojos del mundo, es su propia confesión de que él es un asesino.

Mazali, ciego de ira por el modo en que se ha complicado todo, golpea a Eduardo y también mata al único doctor que creía su historia, abriéndole la cabeza con un candelabro. Rapta a Patricia y se encierra con ella en uno de los laboratorios con la intención de destruirle el rostro con un frasco de ácido, para que así sean iguales. Su teoría es que, si destruye tanto su belleza que hace imposible que nadie pueda amarla, ella no tendrá más remedio que amarlo a él, que la seguirá aceptando sin importar cuál sea su aspecto.

Eduardo logra echar abajo la puerta que Mazali había bloqueado e impedir en el último segundo que este destruya el rostro de su amada. En la confrontación final, Mazali queda envuelto en llamas por unos productos químicos del laboratorio, muriendo de nuevo y viajando al Más Allá, esta vez para quedarse definitivamente.

Personalmente creo que la moraleja es que no se debe jugar con la muerte. La pretensión de entrar en contacto con el Más Allá, en todas sus formas (ya sea espiritismo, ouija o un experimento científico) es en sí misma una aberración. Después de todo, si hay algo en el Más Allá, lo sabremos a su debido momento, cuando nos llegue la hora que nos ha de llegar a todos. El momento en el que Mazali se condena a sí mismo no es cuando lo encuentran con el cadáver de la mujer entre sus manos, sino mucho antes, cuando él y Aldama hacen el pacto. Técnicamente Aldama sí cumple su parte del trato, ya que hace que Mazali viaje al Más Allá y luego vuelva al mundo de los vivos. 

La gran tragedia que hay aquí no es que el experimento salga mal, sino que sale bien pero Mazali no aprenda nada. En cuanto regeresa de la muerte, lo que le preocupa es Patricia, su propio aspecto físico y recuperar su antigua vida. Ha cruzado la frontera definitiva, pero no parece especialmente impresionado por lo que ha visto ahí y se vuelve a centrar en sus asuntos mundanos. ¿Será que lo que nos espera en el Más Allá no es tan diferente de la vida terrenal? Y al final, después de todo el sufrimiento que el experimento ha provocado, Mazali muere otra vez sin haber llegado a contarle a nadie qué vio en el Más Allá, y la gran pregunta que lo inició todo queda sin respuesta. 

En cualquier caso, película muy recomendable: intrigante, atmosférica y con un final tan adecuado que se siente como el único posible. Espero por el bien del cine que jamás le hagan un remake. No porque un remake tenga que ser necesariamente malo, sino porque precisamente una historia como esta corre el riesgo de que un director moderno no entienda qué la hace funcionar. Dedicaría media película a enseñar el Más Allá con efectos digitales, ejércitos de almas, demonios, portales cósmicos y explicaciones sobre las reglas del inframundo, y eso destruiría el principal encanto de la obra. El director de Misterios de Ultratumba fue lo bastante inteligente como para no mostrar el Más Allá, porque cuanto le das una explicación detallada al misterio, este deja de serlo.

Misterios de Ultratumba. 1959. Ramón Obon (guion) Fernando Méndez (director) Rafael Bertrand, Gastón Santos, Carlos Ancira (actores principales) Mapita Cortés, Carolina Barret (actrices principales). Alameda Films S.A. Editada en DVD en 2013 por Cinema Internatioal Media S. L.

sábado, 3 de octubre de 2026

EL DIABLO SE LLEVA A LOS MUERTOS

 EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                                      ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

Presentado por... Pecky.
 

¡Saludos, amigos cinéfagos!

Vamos a repasar, si os parece bien, este clásico del cine de terror italiano ambientado en España, y segunda película de Mario Bava. El título original es Lisa e il diavolo (Lisa y el diablo), pero este es uno de esos casos en los que el título cambiado me parece mejor que el real. 

La protagonista es Lisa, que está en Toledo haciendo turismo. El guía muestra a su grupo un muro decorado con una vieja pintura que representa al diablo. En cuanto lo ve, algo la impulsa a alejarse del grupo e internarse por una callejuela que la lleva hasta la tienda de un restaurador y anticuario. Allí conoce a Leandro (el papel de Telly Savalas), cuyo rostro guarda un asombroso parecido con el del diablo del mural. 

Esta coincidencia la asusta y sale corriendo de la tienda, pero a partir de ese momento es como si hubiese entrado en otro mundo: se pierde por las callejuelas y toda la gente con la que se cruza le parece extraña. Un hombre se le echa encima, al parecer confundiéndola con otra persona, y ella, para deshacerse de él, le da un empujón que lo manda rodando por unas escaleras, al pie de las cuales queda inerte, al parecer muerto. También se encuentra de nuevo con Leandro, con el que mantiene una breve conversación. Él le indica por dónde debe continuar para llegar hasta la plaza en la que se separó del resto del grupo, pero incluso siguiendo esas indicaciones, Lisa se ve incapaz de orientarse. La noche cae sobre ella en esa ciudad para Lisa desconocida y entonces aparece el lujoso coche de un matrimonio, Francis y Sofía Lear, conducido por su chófer George, que la recogen.

La mala suerte de Lisa parece contagiarse a sus salvadores, pues su coche, que ya estaba dando problemas, termina de estropearse poco después, deteniéndose junto a una gran mansión en las afueras de Toledo. Sin posibilidades de llegar hasta un taller mecánico, llaman a la puerta de la mansión y quien les abre es Leandro, vestido de mayordomo. La mansión pertenece a una anciana condesa ciega, a la que no le gustan las visitas, y a su hijo Maximilian, un joven solitario que anhela tenerlas. Maximilian intercede para que su madre acepte acoger en casa a los desconocidos. Finalmente, esta cede ante los ruegos de su hijo, pero con la condición de que no duerman bajo su mismo techo en la mansión. Los visitantes serán alojados en lo que llama la Casa Solitaria, una especie de casa de invitados cercana a la mansión, pero rodeada de tantos templetes y estatuas maltratadas por la intemperie que el lugar parece más un panteón en medio de un cementerio.

La señora condesa parece tener un gusto especial por los maniquíes, puesto que en la casa hay muchos, perfectamente vestidos. Lisa comienza a tener la impresión de estar siendo acechada por uno de ellos. Un segundo acechante, más real, es el propio Maximilian, que estuvo casado y perdidamente enamorado de una mujer llamada Elena que murió años atrás y cree que Lisa es ella, que de algún modo ha vuelto a su lado. También vemos que la señora Lear y su chófer son amantes, algo que es conocido por el marido pero no parece importarle, mientras no hagan nada explícito delante de él. 

Durante la cena, tras las presentaciones, la condesa pregunta por la quinta persona que llegó en el coche. Esto extraña a todos porque, aparte del matrimonio Lear, Lisa y su chófer, nadie más vino con ellos, pero ella insiste en que hay un invitado más en la casa esa noche. Mientras conversan algo se rompe en una de las habitaciones de arriba. Leandro reacciona a ello cortando una porción de pastel y entregándosela a Maximilian, que la sube hasta una habitación vacía y la deja allí, como si se la ofreciera a alguien.

Poco a poco, en forma de sueños y visiones, se nos va revelando todo el drama que rodea a los habitantes de la mansión. Maximilian estuvo muy enamorado de Elena, sí, pero Elena no estaba enamorada de él, sino de otro hombre. Y se nos sugiere que fue Maximilian quien acabó con ambos. De hecho, un flashback nos muestra al verdadero amor de Elena, y es idéntico al maniquí con el que Lisa se topa varias veces. Es un maniquí extraordinariamente realista, hasta el punto de que parece tal cual un cadáver disecado por un taxidermista experto... y quizá lo sea. 

Cuando el chófer anuncia que ya ha reparado el vehículo y los invitados se disponen a irse, Leandro le indica a Lisa que ella no puede marcharse, puesto que Maximilian desea que se quede un poco más con ellos. Esta siente que realmente no puede marcharse, que está atrapada allí, pero no atrapada como una prisionera, sino atrapada por su destino. En realidad, todos lo están, de un modo u otro. El chófer de los Lear aparece apuñalado dentro de su coche y vemos unas tijeras ensangrentadas en la mano de la condesa. Aunque esto no significa necesariamente que lo haya matado ella. Maximilian se niega a avisar a la policía, puesto que eso significaría más gente en su casa y más alboroto, lo cual sería muy perjudicial para la salud de su madre.

El fantasma del amante de Elena (o su maniquí, o simplemente alguien que se le parece, no llega a quedar muy claro) se presenta varias veces ante Lisa, confundiéndola también con Elena y diciéndole que está en peligro, que él está allí para salvarla, hasta que Maximilian lo asesina de nuevo (o por primera vez, quién sabe). Luego nos enteramos de que este hombre se llamaba Carlo y era el segundo marido de la condesa. Por tanto era el padrastro de Maximilian pero a la vez engañaba a la madre de este con Elena, la esposa de su hijo. ¡Al final, este tipo de líos y combinaciones rebuscadas siempre terminan mal! ¡Si de todas las formas de unidad familiar que han existido a lo largo de la historia la llamada familia tradicional es la que terminó imponiéndose de forma natural, por algo será! Maximilian también mata a golpes a la señora Lear, que se negaba a irse de la casa con su marido por no abandonar el cadáver de su amado chófer. El señor Lear aparece igualmente muerto más tarde.

Tanto Maximilian como su madre y e incluso Leandro parecen convencidos de que Lisa es la reencarnación de Elena. De hecho, la propia Lisa termina creyéndolo por momentos y llega a aceptar ese extraño destino que parece haberse trazado para ella. 

Maximilian llega a un punto de quiebre en el que cede por completo a su locura. Narcotiza a Lisa con cloroformo, la acuesta en la misma cama en la que conserva el esqueleto de Elena y, tras desnudarla, le hace el amor mientras ella está todavía dormida, aunque parece tener que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no matarla mientras la ama. 

La película muestra la escena como algo bonito y casi catarquico, pero en realidad es una violación se mire por donde se mire. Al mismo tiempo que esto ocurre, Maximilian oye reírse al esqueleto de Elena, tumbado a su lado. Harto del sinsentido de su propia existencia, Maximilian comienza a arrasar con todo. Destruye una representación perpetua del funeral de Carlo que llevaba mucho tiempo montada en la cripta familiar. Mata a su madre, clavándole en el corazón la púa sujetavelas de un candelabro. A continuación, recorre la casa buscando a Leandro. No sabemos si para matarle también o para pedirle algún tipo de explicación, como si él mismo fuera consciente de que Leandro es en realidad la figura central de todo aquel asunto, el único que no parece alterarse por nada, el único que no parece sorprendido por nada, el único que aparentemente tiene un control absoluto de la situación. 

Buscando a Leandro es como Maximilian llega hasta la sala de banquetes, en la que, en una larga mesa, han sido sentados, como reunidos para tratar un asunto importante, todos los cadáveres de la mansión: el señor y la señora Lear, su chofer, el esqueleto de Elena, y el maniquí de Carlo. Hay un asiento libre para alguien más y, sobre la mesa, una tarta de boda. Al volverse para salir de esa habitación, ve andando hacia él el cadáver de su madre, que parece avanzar hacia la mesa para ocupar el asiento que queda libre. Retrocediendo de espaldas, aterrado por la visión, Maximilian se choca contra una ventana y cae por ella, ensartándose en un hierro. En realidad, el cadáver de su madre nunca volvió a la vida, sino que estaba siendo transportado, rígido y en vertical, por Leandro. La desquiciada mente de Maximilian borró al mayordomo de la escena, viendo solo el cuerpo de su madre.

Horas después, Lisa despierta en la cama donde Maximilian la dejó, desnuda, violada, con lágrimas secas en el rostro y sin tener claro lo que ha ocurrido. A su alrededor, la habitación está destrozada. Ramas de árboles del jardín han entrado por las ventanas y a través de las paredes, como si la casa llevase décadas abandonada y hubiese sido reclamada por la naturaleza. 

Se hace con unas ropas y abandona la mansión, que está en ruinas. Al salir por las puertas del jardín, se encuentra con que estas dan directamente a las calles de Toledo, como si la ciudad hubiese ido creciendo hasta engullir los antiguos terrenos de la mansión. Se encuentra con un grupo de niñas con uniforme escolar que están jugando con una pelota. La pelota rueda hasta los pies de Lisa y, en cuanto esta la recoge para devolvérsela, una de las niñas le grita al resto que no se acerquen a ella, que debe ser un fantasma porque ha salido de esa casa que lleva más de cien años abandonada. Todas las niñas huyen gritando y riendo a la vez, como si fuera algún tipo de broma macabra, pero Lisa se queda con la duda. Después de todo por lo que ha pasado, ella misma no iene claro si lo que ha dicho la niña es simplemente un tonto juego infantil o si ella misma es realmente un fantasma.

Recorre la ciudad hasta encontrar un taxi y le dice que le lleve al aeropuerto. Logra abordar un vuelo justo cuando este se disponía a despegar, pero hasta que no está ya en el aire no se fija en que es aparentemente la única pasajera: todos los otros asientos están vacíos. Comienza a recorrer el avión, que es extraordinariamente largo, irrealmente largo, como un pasillo eterno lleno de asientos vacíos. Finalmente encuentra a alguien: a todos los otros personajes, agrupados y silenciosos, resignados a su destino. Aterrada, Lisa corre hasta la cabina del piloto y, en cuanto la abre, este es, como no podía ser de otra manera, Leandro. Porque, como ya nos anunciaba el título de la película… El Diablo se lleva a los muertos.

La película tiene muchas escenas simbólicas y casi oníricas. Vemos en varias ocasiones cómo la imagen se centra en un reloj roto, como si quisiera indicarnos que los sucesos están teniendo lugar fuera del tiempo. También vemos una botella de vino tinto que se rompe en medio de una conversación sobre historias de terror, dejando en el suelo una mancha roja que asemeja sangre. Y en otra escena Lisa toca una caja de música y vemos seis figuras en ella que se desplazan en círculo: un rey, una reina, un novio, una novia, un campesino y la Muerte. Son los principales personajes del drama. El rey y la reina podrían ser el señor y la señora Lear, el campesino su chófer, el novio y la novia serían Maximilian y Lisa. La Muerte es el quinto invitado al que aludió la condesa.

Al final es una de esas historias sobre un grupo de personas incapaces de aceptar que han muerto, a las que se hace pasar por una especie de purgatorio para que la idea vaya calando poco a poco en sus mentes. Lisa probablemente esté muerta desde antes del inicio de la película. Quizá tuvo un accidente durante ese viaje a Toledo, o es algo que pospuso muchas veces en su vida y cuando murió se quedó con las ganas de hacerlo, y por eso ese es el punto de partida de su pesadilla particular. 

Leandro, más que el Diablo, sería una especie de Caronte, el encargado de recoger a las almas y llevarlas al otro lado. Al final de la película aparece como el piloto del avión en el que todos viajan, y a Caronte se lo representaba como un barquero. En ambos casos, es quien controla el vehículo en el que los muertos son transportados hacia su destino final. 

De hecho, pese a todo ello implica que los personajes ya estaban condenados desde el principio no se siente como un final terrorífico, sino simplemente como lo que tenía que pasar. Hay muchas películas que representan la muerte de este modo, como una persona o grupo de personas a las que le van sucediendo cosas extrañas que pueden parecer inconexas o sin sentido, pero que en realidad son intentos de la Muerte de que acepten que ya no están entre los vivos. Que comprendan o lleguen por sí solos a esa conclusión. 

No sé si este tipo de películas tiene algún nombre o forma algún subgénero en particular. Yo siempre las he llamado películas de purgatorio. Uno de los mayores referentes de este tipo de historias sería El carnaval de las tinieblas (1962). Pero si buscamos ejemplos de películas de purgatorio más conocidas o más recientes, podríamos hablar de El sexto sentido (1999) o Los otros (2001).

Bueno, espero que esta reseña os haya gustado, o al menos entretenido el breve ratito de leerla. Aprovecharemos este octubre para reseñar unas cuantas películas más de terror y trataremos de tocar todos los subgéneros posibles.

Mientras tanto, podéis repasar una película dirigida por el hijo del director de esta (¡así todo queda en familia!) pulsando aquí.

Lisa e il diavolo. 1973. Mario Bava, Giorgio Maulini & Roberto Natale (guion) Mario Bava (director). Telly Savalas, Alessio Orano (Actores principales) Elke Sommer (Actriz ptincipal). Euro America Produzioni Cinematografiche & Leone International & Roxy Film & Tecisa. Editado en DVD en 2007 por Filmax Home Video & Mercury Films.