EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, ávidos lectores.
Hoy vamos a darle un repaso a Custer, una obra de 1985 de Carlos Trillo y Jordi Bernet. Fue publicada originalmente por entregas en el cómic Zona 84 y posteriormente recopilada en un tomo único, que es el que veremos aquí. Este es todo el material existente sobre un personaje que considero lo suficientemente interesante como para haber merecido algo más de atención.
La historia que nos presentan puede parecernos familiar hoy debido a los programas de falsa telerrealidad, como Gran Hermano o La isla de los famosos, pero imagino que era un tema muy poco explotado cuando apareció este cómic. La protagonista, Custer, ha firmado un contrato perpetuo con una gran cadena de televisión: unas cámaras voladoras microscópicas, invisibles a simple vista, la seguirán durante las veinticuatro horas del día grabando todo lo que hace, para que su vida sea presentada al gran público en forma de capítulos. Como ocurre con la mal llamada telerrealidad, que inventa dramas donde no los hay, el contrato incluye cambios en su vida para que no parezca aburrida. Deben mostrarla como alguien aparentemente normal, pero que además es detective privada, mata delincuentes, resuelve casos y deshace entuertos, comportándose como una Humphrey Bogart femenina, cuando en realidad antes de firmar el contrato era una estudiante de teatro.
Custer es grabada continuamente por esas microcámaras, y las imágenes de su día a día son remontadas para presentarlas una semana después como una gran y dramática aventura de una hora de duración. Cada uno de los nueve episodios del cómic muestra un día en la vida de Custer, pero también cómo la cadena manipula las grabaciones para forzar la supuesta realidad que vende a su público, en favor de las cifras de audiencia.
El entorno de Custer es actual o muy ligeramente futurista. La sociedad está deprimida y asqueada por la pérdida total de intimidad, por la saturación de información y por unos medios que transmiten continuamente tonterías y mentiras. El suicidio es algo tan normalizado que existen zonas de la ciudad habilitadas para ello. Hay carreteras con desvíos específicos hacia callejones sin salida contra los que estrellarse voluntariamente a toda velocidad, y las vías del metro tienen un horario para saltar a ellas y ser atropellado sin entorpecer las horas punta de mayor tráfico. En uno de los capítulos vemos una pintada que incita a la gente suicidarse en espacios no autorizados por el Gobierno, como un acto de rebeldía y contracultura.
Cuando se escribió y dibujó pretendía mostrar una degeneración social muy exagerada pero creíble. Y leído a día de hoy, con el auge de los creadores de contenido que hacen cosas como agredir a la gente por la calle como si fuera algo gracioso, los que arriesgan su vida por visitas a su canal o los que se autohumillan por likes y subscripciones, el futuro que nos muestra Custer no se ve tan lejano ni tan exagerado.
1. Llegada a Alphaville. En esta primera historia, Custer es contratada para liberar a un famoso cantante, Paul Joplin. Su contacto le indica dónde lo tienen retenido. No es una labor de investigación ni de negociación: lo que quieren de ella es que se cargue a los que lo han raptado y libere al cantante. Custer acepta sin demasiadas preguntas porque la cosa no va con ella.
Se presenta en el lugar que se le indica, que resulta ser un sótano en el cual tienen a Joplin encadenado a un poste. Sus raptores no son una banda criminal que busque obtener un rescate, sino una pandilla de admiradores. Las canciones de Paul Joplin tratan sobre autolesionarse y suicidarse y, al parecer, este grupo de fans se enteró de que él mismo había decidido suicidarse y lo raptaron para impedírselo. Cuando Custer se presenta, los adolescentes se apresuran a sacar sus propias armas, pero ella los abate a tiros sin ningún miramiento y suelta a Joplin de sus cadenas.
Este, una vez recuperada su libertad, corre hacia la estación de metro más cercana y se arroja a las vías, siendo triturado por el tren.
Un detalle curioso que vemos aquí, y que será importante más adelante, es que Custer guarda en un viejo casete una grabación de frases que le dijo alguien llamado Theo. Por el momento no sabemos quién es ni qué pasó con él, pero todo apunta a que fue un antiguo amor que dejó una gran marca en ella. Custer aparentemente sigue enamorada de Theo y lleva consigo a todas partes ese casete y un reproductor portátil porque siente una verdadera necesidad de estar escuchando su voz grabada continuamente.
2. Peripecia en Metrópolis. Uno de los enlaces que Custer tiene con la cadena de televisión se pone en contacto con ella. Este le comunica que hay un joven que tiene la intención de hacerse el encontradizo con ella. La serie de la vida de Custer, que se anuncia como «La vida real de una mujer de hoy, seguida minuto a minuto en sus acciones, en sus palabras, en sus pensamientos», es el programa más popular del momento, y el representante de este joven, que quiere hacer carrera como actor o modelo, le ha recomendado que trate de salir en un capítulo.
Así pues, el joven ha contratado a una pandilla de maleantes para que finjan atacar a Custer. Después él aparecerá fingiendo rescatarla cual caballero de brillante armadura. De este modo saldrá en un capítulo de Custer, y eso será un gran empujón en su pretendida futura carrera. El caso es que el contacto de la productora le indica esto a Custer solamente para que lo tenga en cuenta. No le dice qué hacer al respecto; eso queda a su gusto. A la cadena le da exactamente igual que Custer mate a tiros a los tipos que finjan atacarla, que le parta la cara al jovenzuelo aspirante a famoso o que se acueste con él, ya que todo ello vale para elevar la audiencia.
Custer sale a pasear y, efectivamente, al meterse en un callejón es asaltada por una pandilla de chavales con navajas que la rodean. Entonces aparece el joven galán y se deshace de todos ellos a puñetazos mientras suelta una tras otra frases grandilocuentes y claramente estudiadas de cara a la cámara invisible que sabe que está siempre grabando lo que le ocurre a Custer y, por tanto, grabándole a él.
Tras poner en fuga a los maleantes, el joven espera algún tipo de agradecimiento o interacción por parte de Custer, pero esta se limita a aplaudirle con sorna y a dejarle claro que sabe por qué está haciendo todo eso. Sin embargo, cuando se dispone a marcharse, el joven la sigue y le dice que sí, que esa era su intención, pero que además de eso quería conocerla, porque al ver los capítulos de su vida en televisión siempre le ha dado la impresión de que ella está muy sola y muy triste. Custer se ablanda y se lleva al joven a su apartamento para acostarse con él, cosa que naturalmente también será grabada.
Pero vemos que Custer se coloca unos cascos conectados a un reproductor y le dice al joven que le gusta oír música para entonarse mientras hace el amor. El joven no oye la grabación, solo Custer lo hace, pero nosotros, como lectores, sí tenemos acceso a ella. Y no es música: es la voz grabada de Theo. Una última viñeta nos muestra la nota que será entregada junto con las grabaciones al equipo de montaje, en la que se indica a estos que deben sustituir la voz de Theo por música de Joplin para que de este modo el público tenga una percepción diferente de la realidad de Custer, haciendo ver que ella está abierta a otra relación (hay que darles esperanzas a sus seguidores masculinos), cuando en realidad solamente piensa en Theo en todo momento.
3. Confidencia en Fat City. Un teniente de policía llamado Maragatto se pone en contacto con Custer para que colabore en la detención de Little Caesar, un conocido criminal local. Maragatto le explica que eso será bueno tanto para ella (porque es material para su serie) como para él, puesto que la cámara lo grabará colaborando con Custer y eso hará aumentar la confianza del público en la policía de la ciudad. Algo a regañadientes, porque no ve el asunto claro, Custer acepta acompañarlo a detener a ese delincuente.
De camino se da cuenta de que hay alguien siguiéndoles: un hombre bajito, encorvado, que va tras sus pasos. Cuando se adentran en los callejones donde se esconde Little Caesar, Maragatto hace que sea ella la que llame a la puerta, porque al parecer Little Caesar está esperando a una prostituta, y el ver a una hermosa joven hará que se confíe. Efectivamente, el hombre, que al parecer no pierde mucho el tiempo con la televisión no la reconoce como la protagonista del show más popular del momento y le abre la puerta de par en par. En ese momento, Maragatto se deja ver desde donde estaba oculto y, sin darle al otro la más mínima oportunidad de rendirse, le dispara a la cabeza a bocajarro.
A continuación comienza a largar un discurso claramente preparado para las cámaras. Como el aspirante a actor del capítulo anterior, Maragatto sabe que Custer está siendo grabada continuamente y lo único que ha querido en realidad ha sido chupar cámara. Se atribuye a sí mismo, y no al Departamento de Policía, la investigación y «captura» del delincuente, y aún sigue hablando de sí mismo, dándose autobombo, cuando Custer se harta de él y se marcha.
Custer ve otra vez al hombre que los estaba siguiendo. Corre hacia él y lo detiene, preguntándole quién es y qué es lo que quiere. El hombre, que es prácticamente un anciano, se disculpa diciéndole que lo envía la cadena de televisión. Él es simplemente un escudo humano. Ese es el papel que tenía que hacer: su misión era interponerse entre Custer y el delincuente como si fuera un transeúnte que pasaba por ahí de casualidad si ella se veía implicada en un tiroteo. La cadena de televisión está preocupada por la seguridad de su estrella y, al parecer, tiene contratados individuos como este para que reciban las balas en lugar de ella. Quinientos dólares si interceptan una bala y son heridos, y mil a sus familiares si la bala los mata. El hombre se lamenta de no haber tenido la oportunidad de intervenir, ya que su familia está muy necesitada de dinero.
En la última página nos vuelven a mostrar estas imágenes y vemos que los diálogos han cambiado. Esto es para que veamos el contraste entre las escenas reales y espontáneas, que son las primeras que vimos, y lo que emite después la cadena de televisión, alterando el doblaje para hacer ver que el hombre es en realidad un fan que la estaba siguiendo únicamente porque le gusta mucho el programa y quería felicitarla. Toda una lección de manipulación.
En este capítulo aparecen por primera vez tres músicos sin ningún tipo de relevancia que están intentando alcanzar el estrellato. Tienen con ellos a Annabelle, una cabeza de chorlito que aparentemente es su única groupie, que los obedece con una devoción absoluta. Los tres tipos la están haciendo prostituirse para conseguir dinero con el que mejorar sus equipos e instrumentos musicales, pero uno de ellos tiene una idea mejor: incorporarla a su espectáculo. Le dice que en cada uno de sus conciertos le cortarán una parte del cuerpo como reclamo para animar a la gente a que vaya al siguiente concierto a ver cuál es el nuevo trozo que le cortan. Esto se nos muestra en un par de viñetas en las que están ocurriendo otras cosas, como algo adicional, como si fuera simplemente ruido de fondo. Pero en realidad es una historia que se irá desarrollando paralelamente a la trama principal de los siguientes capítulos.
4. Jadeos en el barrio chino. Custer deambula por la calle cuando se encuentra fortuitamente con Marga, una amiga de sus años de estudiante universitaria. Se alegra mucho al verla e intenta entablar una conversación recordando los viejos tiempos, pero Marga le deja claro que no quiere hablar con ella y se aleja rápidamente. Custer entiende que es por la cámara. Marga y, de hecho, casi todo el mundo, sabe que la están grabando las veinticuatro horas. Y si bien esto atrae a algunas personas, como vimos en capítulos anteriores, también repele a otras. En el caso de Marga, ella sabe que cualquier cosa que diga o que haga, o que Custer mencione sobre ella, puede ser emitida, y es por eso por lo que se aleja.
Deprimida por el hecho de que sus conocidos la traten como a una apestada y los desconocidos como a un ídolo al que acosar, Custer saca su grabadora del abrigo para oír una vez más la voz de Theo. Y en ese momento un ladrón que simplemente pasaba por ahí se la arrebata de las manos y echa a correr.
Casi todo el capítulo es la persecución de ese ladrón, con Custer pisándole los talones porque se está llevando lo más importante de su vida: la voz de Theo, lo único que conserva de él. Mientras esta persecución se produce, el ladrón se mete en una plaza donde están dando un concierto, y vemos que se trata de la tercera función de Los Descuartizadores de Annabelle, el grupo formado por los tres individuos que se dedican a mutilar a su groupie. Ella está desnuda sobre el escenario y vemos que ya le faltan las piernas. La propia canción del grupo gira en torno a eso y en lo siguiente que le van a cortar: uno de sus brazos. De hecho, tan pronto como el concierto acaba, uno de los cantantes se lo corta de un hachazo frente al público, que grita enloquecido porque es precisamente lo que estaban esperando ver.
La persecución del ladrón termina cuando una furgoneta de la productora lo atropella. Un cuadro de texto, que entendemos que es una nota de la propia dirección de la cadena, indica a los montadores que las imágenes del atropello se muestren desde un ángulo diferente, de modo que no se distinga el logo de la furgoneta y la cadena no quede implicada. Custer no recupera la cinta con la grabación de la voz de Theo, ya que esta es aplastada y destruida por las ruedas de la propia furgoneta.
De camino a su casa pasa junto a un gran cartel publicitario en el que se anuncia su serie y arranca una tira de este sin detenerse.
5. Rebelión en Dark City. El quinto capítulo comienza con Custer echada en la cama de un hotel en el que, al parecer, lleva tres días encerrada. La cámara que la monitorea las veinticuatro horas no solo graba imagen y sonido, sino que también transmite la voz de los ejecutivos de la compañía de televisión. Estos están molestos porque lleva tres días sin proporcionarles material. Han empezado a montar capítulos con imágenes de archivo para hacerlas pasar por flashbacks, pero no pueden montar un capítulo únicamente con esto. Necesitan material nuevo, necesitan que Custer salga a la calle, aunque no haga otra cosa que pasear, para justificar el hecho de dedicar algún capítulo solo a flashbacks.
Ella se viste con desgana y sale a pasear. Se nos van alternando imágenes de Custer deambulando por la deprimente ciudad con otras que entendemos que son grabaciones de capítulos anteriores. Sin embargo, muchas de estas imágenes son de antes de que firmara el contrato con la cadena de televisión. Es decir, que la cadena empezó ya a grabarla antes incluso de proponerle televisar toda su vida y de que ella firmara el contrato. Probablemente la idea de la cadena era hacer programas sobre el día a día de personas elegidas al azar, incluso sin su conocimiento o consentimiento, pero se toparon con algún tipo de traba legal y eso les impulsó a reformular el programa centrado en una única persona.
Ahora bien, el contrato que ha firmado Custer al parecer no solo da derechos a la productora a emitir su vida actual y futura, sino también lo que ya tienen de ella, de su pasado, cosas que se filmaron sin que ella supiera nada. Estas imágenes de archivo incluyen cosas como ella haciendo sus necesidades en el baño, masturbándose en el sofá, sus clases de aeróbic y de defensa personal, una ocasión en la que participó en una manifestación y golpeó a un policía, y también imágenes de su relación con Theo.
Es así como vamos viendo (con la excusa de dedicar un programa a hacer flashbacks) escenas de la vida real de Custer antes de la falsa realidad que está viviendo ahora, en la que es una dura detective. No lo era en su vida anterior: todo eso es la fachada que presenta de cara al programa, fingiendo que es su vida real. Es así como nos enteramos también de por qué ya no está con Theo. Los primeros programas que se emitieron incluían escenas de ella acostándose con él y, aunque el programa trata sobre ella, cualquier persona que interactúe con ella de cualquier modo pasa a formar parte del programa también. Theo simplemente no pudo soportar el hecho de que su vida también fuera de dominio público siempre que estuvieran juntos, y la abandonó.
Al final, la productora obtiene lo que quiere: imágenes recientes de Custer paseando triste y melancólica por la ciudad, que justifiquen el hecho de ir alternando en ellas imágenes de archivo a modo de flashback. En una de estas nuevas imágenes, en las que deambula por la ciudad, pasa junto a un cartel en el que se anuncia otro concierto de Los Descuartizadores de Annabelle. Una foto de Annabelle nos la muestra ya sin brazos, sin piernas y sin pezones.
6. ¿Acaso no matan a los caballos en la ciudad desnuda? Custer es abordada en plena calle por los tres miembros del grupo Los Descuartizadores de Annabelle. Estos le dicen que su estrella (o lo que queda de ella) ha solicitado hablar a solas con Custer. Ellos, naturalmente, han accedido, ya que es más publicidad gratis. En el próximo concierto le van a cortar la cabeza, con lo que tendrán que cambiar de registro y probar con otras cosas. Así que toda publicidad que le hagan para su gran función final es buena. Saben que Custer está siendo grabada continuamente, así que será publicidad gratis para el concierto.
Custer se niega a acompañarlos, así que tras un breve intercambio de puñetazos terminan llevándola a la fuerza hasta el edificio donde darán el concierto y la encierran con Annabelle en su camerino. Esta, que ya se nos había presentado como una chica tonta e ingenua, parece haber espabilado al fin, aunque le ha costado gran parte de su cuerpo. Ahora se está preparando para su función final, en la que será decapitada ante su público. Para ella toda la fama y el glamour terminarán, pero su grupo simplemente tomará a otra groupie para sustituirla. Con la fama que han ganado a su costa, candidatas no les faltarán.
Es por eso por lo que quería quedarse a solas con Custer. El trabajo que quiere encargarle es que la mate. Ella sabe, por haberla visto en televisión, que siempre lleva consigo un revólver. Tras reflexionar un poco sobre ello, Custer accede. Le vuela la cabeza a la infortunada Annabelle y se marcha mientras los miembros de la banda entran en pánico. Han vendido miles de entradas, hay millones de personas esperando la retransmisión en directo de ese concierto, han dado entrevistas, hecho promesas y muy probablemente cobrado anticipos que ya se habrán gastado. Pero no podrán presentar la decapitación de Anabelle porque ya está muerta. Eso supone su ruina, y se quedan llorando, gritando y pateando su cadáver mientras Custer simplemente se aleja en la noche.
7. Final en Sunset Boulevard. El teniente Maragatto, al que vimos chupar cámara en el tercer capítulo, está en uno de los estudios de la productora ensayando su discurso pre-suicidio. En él habla de que su aparición en televisión no fue como esperaba. Creía que sería considerado un héroe, pero tal como se montaron las imágenes, al final la población interpretó lo que hizo simplemente como un acto más de brutalidad policial y de uso desmedido de la fuerza. Por tanto, ha decidido suicidarse.
Tras explicar todo esto y echar la culpa de su desgracia a Custer, coloca su propia pistola sobre la sien, pero no dispara porque esto tambien es parte del ensayo. Alguien de la productora habla con él y le dice que esa aportación quedará muy bien en la serie. La intención de suicidarse de Maragatto es real, pero en la sociedad en la que está, incluso los suicidios se ensayan para que queden bien ante las cámaras.
Custer acude a ver el entierro de Annabelle. No es un entierro multitudinario precisamente: únicamente están allí los tres idiotas de su grupo, el cura y los propios enterradores. Custer observa la escueta ceremonia desde lejos cuando, de repente, aparece un tipo con cara de loco que, a punta de pistola, hace que carguen el ataúd en su furgoneta y se marcha con él. Custer lo sigue por curiosidad y termina irrumpiendo en su casa, pensando que se trata de algún tipo de fan loco o un necrófilo. El hombre, en realidad, es un coleccionista de cadáveres de famosos. A medida que los trozos de Annabelle eran cortados, estos se subastaron o fueron recuperados por el público asistente, y él ha estado comprándolos a sus anteriores dueños. Ahora que ha recuperado el cadáver, su intención es volver a cosérselo todo para tener así el cuerpo completo de la famosa. También le muestra que tiene a Paul Joplin, restaurado y embalsamado, y al fondo vemos otras siluetas que suponemos serán también de famosos cuyos cadáveres ha comprado o robado para tenerlos como recuerdo.
Custer se limita a marcharse sin intención de detenerlo ni delatarlo. Lo que haga él con los cuerpos no le importa ni a ella ni a nadie en esa ciudad. Sin embargo, a su salida del edificio se encuentra con el detective Maragatto que, apuntándola con una pistola, la lleva hasta la azotea de un edificio donde pretende suicidarse. Suelta su discursito ensayado y apunta a su propia cabeza, pero en el último momento se lo piensa mejor y dispara sobre Custer. La bala solo la roza, pero al retroceder tropieza con el borde de la terraza y cae al vacío.
Se precipita contra el suelo desde una gran altura, sin nada a lo que agarrarse, pensando si ese va a ser su fin… y fundido a negro.
8. ¿Ha muerto Custer? El actor aspirante que apareció en el segundo capítulo se presenta en las oficinas de la productora para ofrecerse como el siguiente personaje cuya vida será emitida en formato de serie. Alega que, habiendo muerto Custer en el último capítulo emitido y siendo una mujer, lo lógico sería que la siguiente serie estuviera dedicada a un hombre. Y puesto que él ya apareció en uno de los capítulos, podrían venderlo como un spin-off. También vemos a una imitadora de Custer, muy parecida físicamente a ella y que imita tanto su ropa como sus andares. Se ofrece a hacer de doble de Custer para que la serie pueda continuar. Incluso ya ha planeado justificar el cambio de actriz diciéndole al público que, tras su caída desde la azotea, su rostro quedó destrozado y que al reconstruirlo con cirugía estética no quedó igual del todo. Aún no la han enterrado siquiera y ya hay gente haciendo méritos para ocupar su puesto.
El coleccionista de cadáveres famosos del capítulo anterior contrata a un par de matones para que lo acompañen a la morgue y robar el cuerpo de Custer. Cuando estos retiran la sábana que la cubre, Custer abre los ojos y reacciona por instinto. Da una paliza a los tipos, les arrebata una de las armas que traen con ellos y los ametralla, acabando también con el coleccionista.
Ella misma parece extrañada de seguir viva, cuando lo último que recuerda es estar cayendo a toda velocidad por el edificio. Entonces aparece su contacto habitual de la productora. Ella quiere que le explique cómo es que sigue viva, pero este, sonriendo enigmáticamente, se limita a decirle que la televisión es mucho más poderosa de lo que la gente cree.
La acompaña hasta la salida del edificio y simplemente se aleja, dejándola a ella en el lugar que le corresponde por contrato: vestida de nuevo con su traje de detective y pateando las calles, a ver lo que le pasa esta vez. Custer echa a andar, sintiéndose todavía en un limbo. Ya no sabe cuánto de su vida es real y cuánto es el papel que ha escrito para ella la productora. En ese momento pasa junto a alguien que le pide que se detenga. Ella reacciona mal, cansada de gente que quiere pedirle autógrafos, cansada de gente que interactúa con ella únicamente con la esperanza de que esa escena sea montada como parte del siguiente episodio, buscando sus quince segundos de fama. Pero el hombre resulta ser un ciego que necesita ayuda para cruzar la calle y que se ha dirigido a ella simplemente porque ha oído sus pasos cerca. Dándose cuenta de que es imposible que el hombre la haya reconocido, ya que no puede ver la televisión ni puede verla a ella, Custer lo toma del brazo y cruzan juntos por el paso de cebra. Ya al otro lado, Custer le pregunta al ciego si puede darle un beso.
9. Epílogo en la fábrica de sueños. Este último capítulo es sin duda el más extraño de todos y, a la vez, el más interesante. Está compuesto casi totalmente por viñetas sacadas de los anteriores. Es un reciclaje de viñetas en el que únicamente se han cambiado los diálogos para que parezca que es una historia nueva. Se nos da a entender que la productora teme que Custer termine suicidándose para escapar de ese contrato eterno que la ata a ellos, y tienen este último capítulo preparado a base de montar y cambiar el doblaje de escenas quizá descartadas o reaprovechadas de capítulos anteriores.
Es el capítulo que se emitirá en el caso de que ella logre escapar, de un modo u otro, del control de esa microcámara que la filma las veinticuatro horas. A través de este metraje reciclado, con los diálogos cambiados, la productora da una imagen idílica de sí misma. En esta historia Custer decide que ya no quiere seguir participando en la serie. Los productores le ofrecen que sea ella misma quien rompa físicamente las hojas del contrato, sin ningún tipo de traba, dándole todas las facilidades y deseándole suerte en sus futuros proyectos.
Se nos muestra a los productores como verdaderos ángeles y a Custer como una persona que, por su propia indecisión y por su falta de compromiso, es la que obliga a la serie a ser cancelada. Las imágenes correspondientes a la última cita que tuvo con Theo se nos muestran al final de este falso capítulo como si fueran un reencuentro con él, como si Custer hubiese hallado al fin la felicidad y hubiese vuelto con su pareja gracias a la comprensión de la productora, en lugar de haber sido esta el motivo de su ruptura.
Nosotros, como lectores, sabemos que todo esto es falso, que no es más que un montaje con el que la productora contentará al público cuando tenga que cancelar la serie, bien porque Custer se haya suicidado o bien porque, de algún modo, haya logrado dar esquinazo a las cámaras y cambiar de identidad. Pero lo que verá el público es esto.
Custer, en resumen, es una obra mucho más compleja de lo que yo (soy consciente de ello) soy capaz de transmitiros con un simple resumen. Lo que Trillo y Bernet plantearon a mediados de los ochenta no es solo una sátira social, es casi un estudio de la relación entre el mundo del espectáculo y la pérdida de la identidad de los que viven de él, obligados a falsear la imagen que dan de sí mismos hasta extremos a veces ridículos. La vida privada, la intimidad, la opinión, la forma de ser… todo aquello que debería considerarse un tesoro personal, es convertido en contenido monetizable. La cadena de televisión no solo graba y emite la vida de Custer, sino que la reescribe para acomodarla a los gustos del público y hacerla más rentable. La realidad deja de ser algo que se vive y pasa a ser algo que se monta en posproducción.
Aunque la protagonista es Custer, Annabelle es el mejor ejemplo posible de persona devorada por su personaje, pues accede a ser mutilada una y otra vez únicamente porque su fama depende de eso. Para un público saturado de estímulos, la violencia extrema deja de conmover y horrorizar y pasa a ser solo un espectáculo más. La escena con el hombre ciego es el único momento en que alguien se relaciona con Custer sin interés alguno en su personaje, sino en su persona, y por eso ella le pide luego un beso, porque está desesperada por obtener alguna interacción social genuina. Y el colofón final de la productora reciclando metraje y cambiando diálogos para fabricar un final feliz falso me parece una genialidad. Es una forma de decir que la verdad ya no importa. Lo que importa es el relato que se nos vende como verdad.
Puedes ver otra obra de Carlos Trillo pulsando aquí.
Custer. 1985. Carlos Trillo (guion) Jordi Bernet (dibujo). Tomo recopilatorio de Toutain Editor publicado en 1987.









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