EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, ávidos lectores.
Vamos a terminar de reseñar la miniserie Predator: Guerra Fría antes de que empiece a subir la temperatura, que entonces ya no tendrá gracia.
Predator: Guerra fría (nº 3). Recordaréis que nos quedamos con la teniente Ligachev al mando de la situación, o tan al mando como se puede estar en una situación en la que hay depredadores implicados. Consciente de que están ilegalmente allí y de que empezar un tiroteo puede traer graves consecuencias, además de las más evidentes e inmediatas, el comando americano se rinde. La teniente Ligachev ordena a sus hombres desarmar a los americanos y mantenerlos vigilados, pero por el momento no toma ninguna otra acción contra ellos.
No tarda mucho en darse cuenta, tras examinar el estado de la instalación y de los cadáveres, de que algo así no puede ser obra de los estadounidenses. No cuentan con armamento capaz de hacer los destrozos que tiene ante sus ojos, y ninguno de ellos presenta manchas de sangre ni sus armas han sido disparadas recientemente.
El alto mando soviético, una vez informado de la presencia de los estadounidenses, ordenan a la teniente que sus hombres lleven a cabo una patrulla por el área de impacto del meteorito, o satélite, o lo que demonios sea lo que detectó la estación sismográfica. Sus hombres… pero ella no. A ella le ordenan quedarse en la estación petrolífera vigilando a los prisioneros, dándole a entender que simplemente no se fían de ella. Prefieren que sean sus hombres, sin ella, los que lleven a cabo la patrulla.
Ligachev alega que prácticamente acaban de llegar, que el perímetro no está asegurado y que no saben a qué se enfrentan y, por tanto, una patrulla es precipitada. Pero las órdenes del Kremlin son tajantes. Ligachev y unos pocos hombres se quedarán en la plataforma, guardando la instalación y a los prisioneros, mientras el resto de sus hombres partirán hacia el lugar del impacto.
Mientras su tropa se prepara para esta misión en la que la van a dejar atrás, frustrada y sin nada mejor que hacer, Ligachev se limita a charlar con Schaefer. No en plan interrogatorio, o al menos no exactamente: está intentando entender qué está pasando. Schaefer se da cuenta de que ella es tan dura como él y también está tan decepcionada con su propio gobierno como él, y eso empieza a acercarlos.
Por su parte, los depredadores han establecido un perímetro defensivo en torno a su nave estrellada, porque en esta ocasión su presencia en la Tierra no es una de sus partidas de caza, sino un simple accidente que ha terminado en un aterrizaje forzoso. A los depredadores les gusta el calor, y ese es el motivo por el que atacaron la estación petrolífera: buscaban el calor de su sala de calderas y cualquier pieza de tecnología que pudieran aprovechar como repuestos para su nave, aunque no fueran más que simples parches de chatarra para cubrir huecos. Schaefer ya ha comenzado a ver que el motivo del ataque de los depredadores podría ser este, pero todavía no sabe si fiarse o no de Ligachev.
El comando del que Schaefer estaba haciendo de niñera no se ha quedado con los brazos cruzados: han improvisado un explosivo para volar la puerta del compartimento donde los rusos les han encerrado. El problema es que la explosión no destroza solo la puerta, sino también al guardia que había tras ella, con lo que ya han matado a un soldado ruso. Los estadounidenses se apoderan de sus armas y equipo, que por alguna razón los rusos habían dejado al otro lado de la puerta donde los habían encerrado, y tratan de tomar el control de la estación. Sin embargo, su equipo de alta tecnología resulta no ser tan bueno como suponían. Sus trajes preparados para resistir el frío a base de tubos de gelatina de nosequé y sus armas fabricadas con aleación de nosecuántos empiezan a fallar. Mientras tanto, las armas soviéticas (modelos más anticuados pero más robustos) y sus trajes de protección (que son simplemente gruesos chaquetones de pieles) resisten el frío como llevan décadas haciéndolo.
Los soldados estadounidenses son rápidamente recapturados, pero en la confusión del momento Schaefer y Ligachev, que se han entendido entre ellos en cuestión de minutos mucho mejor de lo que sus gobiernos respectivos han logrado entenderse en toda su historia compartida, toman la decisión de averiguar por su cuenta lo que está ocurriendo. Abandonan a todo correr la instalación, y el sargento en quien el Kremlin ha delegado el mando de la tropa envía a algunos de sus hombres a perseguirles.
Schaefer y Ligachev llegan hasta el perímetro defensivo establecido por los depredadores en torno a su nave. Al principio, el depredador que ha quedado allí de guardia solo observa con curiosidad al grupo perseguido y al perseguidor… hasta que uno de los rusos dispara contra Ligachev. No le acierta, pero deja en evidencia que está armado, lo que pone en marcha al depredador. Este fulmina al ruso de inmediato con una descarga de su cañón de hombro. La tropa rusa cree que el disparo es algún arma desconocida del americano, con lo que todos abren fuego… en fin, os podéis imaginar el resultado.
Tras un breve y sangriento combate, el depredador ha acabado con los soldados rusos y herido a Schaefer. Este, sin embargo, logra distraerle lo suficiente para que Ligachev se le acerque y le dispare una ráfaga con una de las armas de los rusos muertos, que termina con el alienígena con sorprendente facilidad por un motivo que se nos contará más adelante. Ambos se equipan con el armamento que traían los soldados rusos y siguen hacia la nave alienígena.
Predator: Guerra fría (nº 4). El último número de esta miniserie comienza en el Pentágono, donde un par de altos mandos discuten sobre lo que hacer a continuación. Están al tanto de que su pelotón ha sido capturado y deciden que ha llegado la hora de hablar con los rusos, explicarles todo lo que están haciendo y que hay alienígenas implicados, si es que no lo saben ya.
Por su parte, Rasche, el compañero de Schaefer en la policía de Nueva York, se ha hartado de tratar de ser recibido por alguien del gobierno que nunca está disponible y de pedir explicaciones que nadie le da. Se pone en contacto directamente con un general ruso y le explica lo poco que sabe sobre el asunto. Este relaciona la desaparición de su amigo, implicado en un incidente con depredadores, con lo que está ocurriendo en Siberia, y accede a reunirse con él, facilitándole los medios para llegar hasta una base militar soviética.
Volvemos a Siberia, donde Schaefer y Ligachev están acercándose a la nave alienígena. Esta emite una gran cantidad de calor, tanto que el hielo está empezando a derretirse y sus ropas de abrigo se les hacen insoportables. Se deshacen de ellas y aprovechan para hacer recuento del material que han obtenido de los comandos rusos a los que mató el depredador.
Este incluye explosivos de C4 y munición con cabezas de uranio empobrecido cubiertas de teflón, que básicamente pueden atravesar de parte a parte el blindaje de un tanque. Esto explica por qué el depredador del número anterior cayó derribado al recibir la primera ráfaga y evidencia también que el gobierno ruso tenía claro a qué iban a tener que enfrentarse, o que al menos tenían una ligera idea pero no informaron de ello a Ligachev.
La rusa y el norteamericano siguen adelante hasta llegar a la nave y se cuelan en esta por una portilla abierta. Se mueven lentamente por su interior hasta que Ligachev se topa con un panel que ha sido reparado con piezas robadas de la refinería. Esto la hace reaccionar impulsivamente, golpeando con la culata del arma el panel hasta arrancar la pieza, comprendiendo al fin que toda la matanza llevada a cabo en la refinería no tenía más motivo que ese. Los alienígenas tomaron tierra en esa región por necesidad, y atacaron la instalación simplemente porque era el lugar más próximo en el que podían conseguir metal para parchear su nave.
Schaefer intenta detenerla, pero ya ha hecho demasiado ruido y los depredadores empiezan a congregarse en torno a ellos. Durante el combate que sigue, Ligachev se carga a otro par de alienígenas (¡a tragar uranio, bichos!) y provoca daños considerables al perforar el casco de la nave, llegando a hacer un boquete enorme a través del cual salen al exterior.
Uno de los depredadores al que Schaefer había logrado herir clavándole un trozo de chatarra como si fuera un cuchillo sale tras ellos. El americano prepara los explosivos de C4 para acabar con él, pero no tiene tiempo de utilizarlo. Un disparo a sus pies hace que se detenga, pero esta vez no son los rusos quienes le disparan: es el propio comando del que formó parte, que ha vuelto a librarse de los rusos, ha tomado el control de la instalación y ha recibido nuevas instrucciones de su gobierno. Sus órdenes ahora son dejar marchar a los alienígenas, sin más.
Schaefer y el general del comando americano empiezan a discutir, y el depredador herido mira alternativamente a uno y a otro, tratando de entender lo que está ocurriendo, quizá imaginándoselo en cierto modo. Parece fascinado por la hostilidad que hay entre los humanos, que se muestran más interesados en combatir entre ellos que en combatirle a él.
Como Schaefer no parece dispuesto a ceder y hace el ademán de arrojar el C4 dentro de la nave a través del boquete por el que salieron, uno de los soldados americanos le dispara en una pierna y lo derriba. El depredador, soltando una carcajada por lo que él considera un magnífico espectáculo, salta también al interior de su nave para arrancar motores. Con semejante boquete en el casco obviamente no pueden volver al espacio, pero sí alejarse hacia otra zona, algún lugar del planeta más adecuado para ellos, en el que podrán reparar su nave con mayor facilidad.
Cuando el soldado que disparó contra Schaefer se dispone a rematarlo, es a su vez alcanzado por un disparo de otro grupo: un comando soviético, a la cabeza del cual vienen Rasche y el general ruso con el que este se puso en contacto. Los rusos tampoco quieren que Schaefer destruya la nave con el C4, pero en su caso no es para evitar más conflictos con estos seres, sino para apoderarse de la tecnología que contiene.
Ligachev, que había recogido el detonador de C4 que Schaefer tenía preparado, lo deja caer al ser encarada por el general soviético… pero solo para propinarle una patada al explosivo y enviarlo adentro de la nave segundos antes de que esta despegue. Cuando el C4 estalla, se lleva toda la nave con él y la convierte en una bola de fuego y chatarra cuando esta se encuentra a un centenar de metros de altura, con lo que ni el comando ruso ni el americano terminan cumpliendo su misión. El final nos da a entender que Ligachev se marchará a América junto con Schaefer y Rasche, y que realmente su gobierno poco podrá hacer para impedirlo ya que no pueden revelar nada sobre la existencia de los alienígenas.
Así a grandes rasgos, la historia empieza bastante mejor de como termina. El situar a los depredadores en Siberia, en plena guerra fría por partida doble (la política y la literal) es un escenario magnífico. Los dos primeros números desarrollan esta premisa muy bien, combinando la puesta en escena del nuevo entorno, un nivel de violencia creciente y la presentación de personajes. Sin embargo, a medida que la historia avanza el ritmo se vuelve más atropellado y parece querer llegar demasiado rápido al final
Lo mejor son los personajes. La teniente Ligachev es competente, dura y crítica con su propio gobierno, y creo que podría haber sostenido por sí sola la miniserie completa. A Schaefer ya lo conocíamos de una miniserie anterior, y en el fondo es un calco de Dutch, pero con un tono más cínico. La relación de confianza que se establece entre él y Ligachev es bastante creíble para el poco tiempo que se le dedica. Los mandos políticos y militares, tanto rusos como estadounidenses, se nos presentan como manipuladores y poco de fiar. Y se nos muestra como sus subordinados, gente más en contacto con la realidad de la vida que ellos, son más capaces de colaborar para resolver problemas inmediatos de lo que lo son ellos.
El cierre me gusta mucho, con los rusos y los estadounidenses enfrentándose entre sí mientras un depredador herido los observa divertido e intrigado, y la nave intentando despegar medio destrozada. Y la explosión como colofón final haciendo fracasar a ambos gobiernos, pero calmando las ansias de venganza personal de Schaefer y Ligachev, que son los que pagan las consecuencias de las malas decisiones, la inacción y la falta de claridad de quienes deciden sobre sus vidas.
Para mi gusto le ha faltado un quinto número que desarrollara mejor el enfrentamiento contra los alienígenas y no lo redujera a un simple tiroteo dentro de la nave. Y que nos dejara claro si Schaefer y Ligachev terminan juntos (que en el fondo, en este planeta somos unos románticos) pero bueno, no esta mal. Y probablemente sea el comic de Predator en el que la balanza entre bajas humanas y bajas de depredadores está menos desequilibrada.
No nos quedan más comics sobre Predator pendientes por reseñar, pero sí por revisar y reescribir. Cuando los reseñamos teníamos menos tiempo disponible para hacerlo y en su momento solo hicimos un comentario general en lugar de uno más detallado número a número. En algún momento arreglaremos eso y cambiaremos muchas de las fotos, que quedaron bastante feas. De cualquier modo, si queréis darles un vistazo tal como están ahora, podéis hacerlo pulsando aquí.
Predator: Cold War. 1991. Mark Verheiden (guion), Ron Randall, Steve Mitchell (dibujo). Publicado en 1993 por Norma Editorial.
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