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domingo, 8 de marzo de 2026

PREDATOR: GUERRA FRÍA (1/2)

  EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Parece que estamos otra vez a ocho de marzo, un día en el que se celebran varias cosas como el Día de la Mujer Trabajadora, el Día de la Mujer Elaboradora de Cerveza, el Día del Bombero, San Filemón y el Día de Akira Toriyama. De todos estos eventos igualmente importantes, vamos a elegir uno para comentar algo. Atendiendo al material que tenemos a mano, creo que lo más adecuado va a ser el Día de la Mujer Trabajadora, porque precisamente tenemos pendiente de comentar este cómic coprotagonizado por una mujer de armas tomar (literalmente, porque es una militar).

Puesto que a nuestro entender la mujer trabajadora es aquella que lucha codo con codo y espalda con espalda con el hombre (en lugar de contra él) para mejorar el mundo (o al menos para que siga funcionando) creo que Predator: Guerra Fría será una lectura adecuada. Es una miniserie de cuatro números, pero solo vamos a comentar los dos primeros en esta ocasión, ya que al ser domingo nos toca publicar también las páginas correspondientes del Diario de Miller, y nos estamos dando cuenta de que cada vez lo alargamos más. Así que, para aprovechar bien el tiempo y poder publicar ambas cosas, comentaremos únicamente dos de los cuatro cómics de esta miniserie, y algún día de la semana que viene el resto. 

Además, esta miniserie pega mucho con esta fecha, no solo por su coprotagonista, sino también porque tiene lugar en la taiga siberiana, y últimamente hace en nuestro planeta un frío que ni os cuento.

Predator: Guerra Fría (nº. 1). La historia tiene lugar en 1990. El cómic se publicó en 1991, pero se ambientó en 1990 quizá por ser la fecha de estreno de Predator 2. El caso es que estamos en 1990, en el norte de Siberia. Para que os hagáis una idea, la temperatura media en verano, en pleno julio, que es la época más calurosa del año por esas latitudes, es de cero grados. Pues en este escenario de hielos eternos y frío tan intenso que parte las piedras, una bola de fuego cruza el cielo y se estrella no demasiado lejos de un asombrado cazador. Este comete el error de acercarse a investigar, con su fusil por delante, y se convierte así en la primera víctima de otro tipo de cazador.

El impacto de la nave alienígena (puesto que eso era la bola de fuego) ha sido registrado por una estación sismográfica del campo petrolífero de Assyma. Este cuenta con un destacamento de soldados al mando de la teniente Ligachev, pero no es que la instalación precise de una protección especial. Los soldados que forman el destacamento han sido enviados allí más que nada como castigo. Son soldados que han decepcionado o incomodado de algún modo a sus jefes aun sin haber cometido ninguna infracción punible, y estos los han enviado a defender una posición sin valor estratégico en el lugar más inhóspito posible, para perderlos de vista.

La teniente moviliza a sus hombres porque, además de la señal sísmica, los aparatos reciben lecturas de calor y radiación. Cuando llegan al lugar se encuentran el cuerpo del cazador colgando boca abajo de un madero. Lo de «boca abajo» es un decir, porque no tiene boca; de hecho, le falta toda la cabeza. Antes de que se den cuenta de lo que está ocurriendo, son atacados por una criatura desconocida, enorme, dotada de un arma de energía de poder devastador. 

La criatura, que naturalmente es un depredador, acaba con todo el grupo de la teniente. Ella es la única que sobrevive por recibir un disparo de refilón que la hace caer sobre un montículo de nieve. El montículo se derrumba sobre ella, dejándola cubierta y ocultando tanto su imagen como su señal calorífica, por lo cual el depredador la pasa de largo.

La teniente es salvada más tarde por un grupo de cazadores de la misma aldea que el que han encontrado ellos colgando decapitado. Una vez repuestas sus heridas, se presenta ante su Estado Mayor para informar, suponiendo que la van a destituir o algo peor. Pero no: lo que hacen es enviarla de vuelta a Siberia.

Simultáneamente a esto, el Centro Nacional de Mando en Washington detecta también la señal de calor en una zona de Siberia en la que no debería haber nada tan intenso. La señal es confundida con una prueba o accidente atómico, y el Pentágono recibe una alerta de inmediato. La información pasa rápidamente de un departamento a otro hasta que llega a oídos de alguien que realmente sabe de qué se trata, alguien que ya tiene experiencia con los depredadores. Inmediatamente se ordena a la CIA reclutar (lo quiera o no) a Schaefer, un policía de narcóticos bastante expeditivo que además es el hermano de Dutch (el papel que interpretó Arnold Schwarzenegger en la primera película de Depredador). Schaefer es básicamente otro Dutch, con la misma corpulencia, experiencia en combate y carácter.

Se piensa en él porque, al igual que su hermano, Schaefer también ha combatido a los depredadores en el pasado, y como la gente que hace esto tiene tendencia a, bueno, a no sobrevivir, es una de las pocas personas con experiencia en ese campo. El Gobierno tapó todo lo que pudo el incidente en el que Schaefer estuvo involucrado con depredadores, tal como hicieron con su hermano. De hecho, Dutch está desaparecido desde los acontecimientos de Depredador, y Schaefer se ha metido en problemas varias veces por preguntar sobre él. Debido a todo esto, su disposición a ayudar al Gobierno ahora no es muy grande. Cuando se niega a hacerlo, varios agentes de la CIA le inmovilizan y narcotizan. Rasche, el compañero de Schaefer, que también luchó contra los depredadores en aquella ocasión, empieza a investigar por su cuenta cuando este desaparece.

Volvemos a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, donde la teniente Ligachev se prepara para volver a Siberia. La instalación que teóricamente protegía sigue funcionando, pero sin los soldados. Los trabajadores, que ya se habían acostumbrado a su presencia, están nerviosos porque, naturalmente, no se les ha informado de nada. Solo saben que todos los soldados salieron hace varios días para investigar algo extraño y desde entonces no han dado señales de vida. Temen que ahí fuera, en el frío eterno, haya algún tipo de peligro acechándoles. Y están en lo cierto. La última viñeta nos muestra cómo al menos siete depredadores se dirigen hacia la instalación.

Predator: Guerra Fría (nº. 2). A la teniente Ligachev se le ha proporcionado un nuevo pelotón de hombres, más preparado que el anterior, pero por lo que vemos totalmente insuficiente para lo que van a tener que enfrentar. 

No sabemos si el Gobierno soviético ha tenido ya encuentros con los depredadores, pero las tropas que envían parecen muy exiguas incluso para acabar con uno solo de ellos, no digamos ya con todos los que vimos en el número anterior. La última viñeta nos mostraba a siete, pero podrían ser muchos más.

Estos se dirigen a la estación petrolífera de Assyma y se lanzan a matar a todos los trabajadores. Se abren paso entre los muros de acero con total facilidad gracias a su avanzado armamento, y acaban sin problemas con los operarios de la planta. Pese a que estos cuentan con algunas pocas armas que dejaron atrás los militares, estas no bastan para plantar cara a más de media docena de depredadores, y todos ellos son rápidamente aniquilados. La primera y segunda películas de Depredador ya habían establecido que estas criaturas solo matan a presas que consideren potencialmente peligrosas, generalmente por ir armadas. Este grupo en cambio hace una matanza entre los trabajadores, sin importar que estén armados o no.

Schaefer, por su parte, está siendo llevado a una estación secreta de entrenamiento, donde un grupo de soldados está siendo adiestrado para pelear contra depredadores. No tienen ninguna experiencia real en ello y se limitan a disparar contra blancos con la silueta y la apariencia de depredadores, para que cuando se los encuentren en persona vacilen menos o la sorpresa inicial sea menor y reaccionen antes. Pero se trata simplemente de siluetas de madera inmóviles.

La idea es que Schaefer les entrene y les dirija para enviarlos a Siberia. Les preocupa que los rusos acaben antes con los depredadores y se apoderen de la avanzada tecnología que traen con ellos. En la última aparición de estas criaturas en Los Ángeles, el Gobierno tuvo que contenerse debido a los dispositivos de suicidio termonuclear con los que cuentan estos alienígenas, para evitar que los detonaran en suelo norteamericano. Ahora, sin embargo, están en suelo soviético y en una región además muy aislada, en la que no habría ninguna población implicada, por lo que van a ir a por todas.

Schaefer se da cuenta de que el equipo no está para nada preparado. Cuentan con armamento y pertrechos de primera y una actitud por las nubes, pero desde luego no saben lo que se les viene encima. 

Aun así, acepta dirigirlos, básicamente porque no le dan otra opción y porque le prometen que le proporcionarán información sobre el paradero de Dutch cuando todo este asunto termine. El comando es enviado con un caza invisible hasta Siberia y salta en paracaídas cerca de la planta petrolífera. La encuentran con los muros agujereados y sangre congelada por todos lados. El interior es una carnicería donde los cuerpos decapitados y desollados de los trabajadores cuelgan boca abajo del techo.

Todavía están examinando el lugar cuando son sorprendidos por el comando de la teniente Ligachev, que llega en ese momento y se encuentra, por un lado, a soldados estadounidenses armados no autorizados a estar allí y, por otro, a todos los trabajadores muertos. Naturalmente, la conclusión a la que llega es que son ellos los responsables.

Mientras ambos comandos se encañonan unos a otros, un depredador los observa con interés, con su camuflaje activado, desde una zona elevada de la plataforma petrolífera.

En unos días veremos los siguientes números.

Predator: Cold War. 1991. Mark Verheiden (guion), Ron Randall, Steve Mitchell (dibujo). Publicado en 1993 por Norma Editorial.

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