MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

domingo, 12 de abril de 2026

DIARIO DE JOHN MILLER del 30 de marzo al 5 de abril de 1926

   Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Gazapo mayúsculo! ¡Lean como el zopenco de nuestro Supervisor General se disculpa por su manifiesta incompetencia! 


Hoy debía reunir las notas que he estado tomando a lo largo de la semana acompañando las micropartidas diarias a Cthulhu 1926 para elaborar nuestra ya clásica entrada de los domingos del Diario de Miller. Toca la del 6 al 12 de abril, pero cuando quise darle un vistazo a la entrada del domingo pasado, que debería corresponder a los días del 30 de marzo al 5 de abril, descubrí que no llegué a publicarla. He estado tan liado últimamente atendiendo otros asuntos que no solo me olvide por completo de publicarla, sino que estaba convencido de que sí lo había hecho. 

Y bueno, las cosas hay que hacerlas cuando corresponden, pero si por lo que sea no se hace en su momento entonces hay que hacerlas lo antes posible una vez el momento pasa, para minimizar el daño. Hoy voy a publicar lo que debería haber publicado el domingo pasado, y mañana lo que debería haber publicado hoy. Que dos semanas seguidas de esta cosa se me hacen pesadas hasta a a mi, que soy el que lo está escribiendo 😅   


Lunes, 30 de marzo de 1926 

Estaba sentado en un banco, frente al río Miskatonic, intentando ordenar mis pensamientos. El viento tenía ese aroma a «algo va a pasar» que últimamente me provoca urticaria. 

Entonces lo sentí: un roce suave contra mi abrigo. Miré hacia abajo y allí estaba: un gato negro, de pelaje brillante, ojos amarillos, cola enroscada alrededor de sus patas. No era el de la oreja rota. Tampoco parecía el que me salvó de los murciélagos. Este no maulló ni me miró con urgencia. No parecía querer que le siguiera. Solo se sentó a mi lado. En silencio. Durante un buen rato, ninguno de los dos se movió. El gato observaba el río. Yo también. Me estaba preguntando si debía hacer algo. Si el animal estaba esperando algún tipo de reacción por mi parte. 

Búsqueda a 8+. Primer intento: Linterna, Revólver, 5, 4, 2. Obtenemos Búsqueda 11 y pasamos la prueba.

Le pasé la mano por el lomo. Aceptó el gesto sin inmutarse, como un gato doméstico acostumbrado a ese tipo de contacto. Y luego, sin hacer ruido, se levantó y se marchó. El gato no había venido a mostrarme nada, ni a pedir nada. Quizá solo quería una confirmación de que yo también estaba en esto, sea lo que sea que esté pasando. No hice más que acariciar el lomo de un gato callejero, pero ahora me siento como si hubiese firmado un trato.


Martes, 31 de marzo de 1926 

La llamada llegó al atardecer, a esa hora en la que la luz empieza a retirarse de las calles y la ciudad adoptaba ese tono enfermizo que parece sacado de un sueño febril. Unos vecinos aseguraban haber visto sombras moviéndose dentro de una casa abandonada, luces que se encendían sin razón y un murmullo constante que no parecía venir de una garganta humana. 

En cualquier otra ciudad habría pensado en un vagabundo, un animal o algún adolescente buscando emociones baratas, pero Arkham ya no me permite ese tipo de explicaciones tranquilizadoras. Así que fui a echar un vistazo. 

La casa tenía un olor extraño incluso desde fuera. Dentro era peor. La luz de mi linterna iluminaba partículas amarillentas suspendidas en el ambiente, que parecían demasiado densas para ser polvo y demasiado vivas para ser inofensivas. Avancé por el pasillo principal y fui echando un vistazo habitación por habitación en busca del misterioso inquilino que estaba asustando a mis vecinos. Por desgracia, lo encontré. 

Era un fantasma, o algo que solo se puede describir con esa palabra. Parecía incompleto y su imagen parpadeaba, como si no estuviera totalmente ahí. Estaba lo bastante presente, al menos, para verme a mí tal como yo le estaba viendo a él, porque avanzó hacia mí con la misma mirada que pondría en una situación como esa cualquier asesino de carne y hueso. Sin embargo, la bala que le disparé le pasó a través como si fuera humo. Ese malnacido estaba ahí solo para lo que le convenía, y cuando no, no quería saber nada del asunto. Me pregunté si sería el fantasma de un político o algo así. 

Combate a 10+. Primer intento: Lupa (doble), 5, 3, 2. Segundo intento (repitiendo dados de símbolos) Linterna, Revólver, 5, 3, 2. Obtenemos Combate 10 y pasamos la tirada.

Ya que el revólver no servía para nada, recurrí a otra cosa. Alcé la otra mano y apunté simplemente con el dedo al tiempo que recitaba lo más rápidamente posible y a la vez con la mayor claridad de la que fui capaz el hechizo de Sugerencia que había estado practicando. El padre Arden me dio a entender que podría usarlo con cualquier tipo de gente, pero yo lo había usado anteriormente para influir en la decisión de una entidad de Las Tierras del Sueño. Quizá funcionaría también con fantasmas. 

Ordené al fantasma que se marchara. No especifiqué adónde, porque no tenía la cabeza como para ponerme a razonar. Solo quería que se fuera. No sé qué entendió, pero su imagen empezó a temblar y sus murmullos se deformaron, como si se estirasen y comprimieran sin cesar. Sonaba como la voz de un locutor cuando un canal de radio se desintoniza. ¿Era eso lo que le estaba pasando? ¿Se estaba «desintonizando» de nuestro mundo? ¿Estaba «perdiendo la señal» que le mantenía ahí? 

Por un instante, el espíritu pareció «buscar su frecuencia», como si tratara de reconectar con este mundo sin conseguirlo. Luego, se deshizo en nada. Me gustaría ser científico para poder explicarlo mejor. No lo soy. Solo soy un detective de barrio.

Aquí pasamos a abril y nos encontramos con que la nueva regla especial que se aplicará en este mes y los siguientes es que el máximo de locura baja de 8 a 7. Además, si terminamos un mes con 7 puntos de locura descontamos 10 a los puntos de éxito acumulados, en lugar de 5. Parece que todo este asunto empieza a hacer mella en la cordura a largo plazo de Miller... Este mes lo hemos terminado con 6 de locura y solo dos de los encuentros cruciales cumplidos, por lo que obtenemos 10 puntos más de éxito para un total de 40, y reiniciamos la locura a cero. 


Miércoles, 1 de abril de 1926 

Fui a ver a Madrivana esta mañana. Esa mujer tiene una forma de observarme que incomoda más que cualquier monstruo. Me ofreció asiento sin decir palabra. Le conté lo que me pasó ayer. Le conté cómo desapareció, cómo su figura tembló como una emisora mal sintonizada. 

Madrivana asintió y empezó a hablarme de las diferencias entre espíritus, espectros, fantasmas, apariciones y ecos. Lo de los ecos me sonaba a chino, y todo lo demás eran palabras que yo siempre había creído que eran sinónimos. Intenté seguir sus lecciones pese a que tenía la cabeza como un bombo. 

Investigación a 5+. Primer intento: Linterna, Revólver, 5, 4, 2. Obtenemos Búsqueda 11 y pasamos la prueba. 

Me explicó que la espiral (ese maldito símbolo que aparece en lápidas, paredes, túneles y hasta en mis sueños) no es solo un dibujo, sino un camino. Un camino que se abre y se cierra en determinados momentos respondiendo a la vibración correcta. Que los cánticos de los cultistas, en realidad, solo están diseñados para imitar esa vibración, y las palabras que adornan el cantico son un detalle menor. 

Al final resulta que mi símil de la emisora de radio desintonizada no era del todo malo. Alguien, en algún lugar de Arkham, está buscando la frecuencia exacta que abrirá ese camino. Ese es el motivo por el que los cultistas se reúnen a cantar. Están tanteando, lo sepan o no, las distinta frecuencias, hasta dar con la que abra el camino. Y una de esas frecuencias con las que están sintonizando al azar fue lo que llamó al fantasma que vi.   

Antes de irme, Madrivana me entregó una nota con un nombre y una dirección. Me dijo que fuera a hablar con esa persona y le explicara lo mismo que le había contado a ella. No tenía ganas ningunas de soportar dos charlas metafísicas el mismo día, así que vine directamente a la oficina a echar una siesta.


Jueves, 2 de abril de 1926 

Hoy he conocido a un hombre bastante peculiar. El profesor Elwood Dorn. Bajito, nervioso, y con un bigote que parece dibujado a lápiz. Me recibió en su despacho, porque el tipo resultó ser una especie de profesor de ciencias o algo así. Cuando Madrivana me dijo que viniera a hablar con él esperaba alguna clase de abracadabra con greñas, pero este tipo era todo lo contrario. 

Empecé a contarle lo ocurrido y me dijo algo que me descolocó por completo. Me cortó nada más empezar alegando que Madrivana ya le había avisado de a qué iba… cuatro días atrás. Eso significa que lo hizo un día antes de mi encuentro con el fantasma. Preferí no preguntar, y después de todo el profesor Dorn no me habría dejado hacerlo. Me habló rápido, en frases cortas, mientras buscaba frenéticamente algo por su desordenado escritorio. 

Tiramos Búsqueda a 7+ en nombre de Elwood a ver si logra localizar lo que sea que esté buscando. Primer intento: Lupa, Revólver, 6, 5, 3. Segundo intento (repitiendo el 6). Lupa, Revólver, 5, 4, 3. Obtenemos Búsqueda 12 y Elwood pasa la prueba.

Finalmente encontró lo que buscaba y me lo entregó. Era un diapasón metálico con algunas inscripciones a lo largo que no identifiqué como de ningún idioma que yo conociera. Me dijo que era un arma. Un arma contra seres como el que yo le había descrito. «No lo golpee a la ligera», me advirtió. «Si lo hace en el lugar equivocado, podría atraer algo en lugar de expulsarlo». No quise preguntar. Lo guardé en el bolsillo interior del abrigo y me marché, sintiendo que mi revólver se estaba volviendo por momentos el objeto más inútil de mi creciente arsenal.


Viernes, 2 de abril de 1926

O’Maley me llamó para que le echara una mano. Sus chicos están ocupados persiguiendo sectas «por culpa mía», según sus palabras, y necesitaba a alguien que le diera un vistazo extra a una escena del crimen. En apariencia, un asunto humano, un crimen de los de antes, de los que deberían poder explicarse con un informe forense y solucionarse con una orden de arresto. Pero Arkham ya no permite que nada sea tan simple. 

Cuando llegué al matadero abandonado de la calle Brewer, donde se había encontrado el cuerpo de la última víctima, comprendí que este caso no iba a ser una excepción. El interior del edificio estaba en penumbra, iluminado solo por la luz que entraba a través de las rendijas del techo. El olor a sangre y humedad era tan intenso que me revolvió el estómago. 

En el centro de la sala principal, colgando de una viga, había un gancho de carnicero teñido de rojo. El gancho se balanceaba ligeramente, movido por una corriente de aire que no sentí en ningún otro lugar del edificio. Era imposible no imaginar el cuerpo que había colgado allí, la forma en que debió balancearse igual que el gancho, el peso muerto girando lentamente sobre sí mismo. 

El psicópata no tardó en aparecer. No fue una emboscada: simplemente surgió desde el fondo del matadero, como si hubiera estado allí todo el tiempo. ¿Cómo no lo encontró la gente de O’Maley? ¿Cómo no ver a un tipo tan enorme? Vestía algo extraño, a medio camino entre hábito de monje y ropa de leñador, con capucha de verdugo que le cubría la cabeza por completo. Llevaba en las manos un hacha medieval, de hoja ancha y mellada. 

Avanzó hacia mí rápido, pero sin correr, con determinación. Intenté hablarle mientras sacaba el revólver. No hubo respuesta. Solo un cambio en su postura, un leve giro de muñeca que hizo que el filo del hacha reflejara la poca luz que había. El hecho de ver que estaba armado, que no era alguien indefenso, habría detenido a cualquier persona cuerda. A él lo espoleó. Cargó contra mí levantando el hacha y dejándola caer con un golpe brutal. Me aparté a un lado y el hacha se clavó en el suelo, levantando astillas de cemento. Aun así dudé un instante. No porque me diera reparos en dispararle, sino porque había algo en su forma de moverse que no encajaba del todo con un asesino común. Era demasiado mecánico, demasiado rígido, incluso demasiado silencioso. 

Combate a 11+. Primer intento: Linterna, Lupa, 4, 4, 2. Segundo intento (repitiendo símbolos y el 1). Lupa, Revólver, 5, 4, 4. Obtenemos Combate 13 y derrotamos al psicópata.

Volvió a atacar, esta vez levantando el hacha por encima de su cabeza. Disparé dos veces, apuntando al pecho. El segundo impacto lo detuvo, pero no lo derribó. Dio un paso más, tambaleándose, y levantó el arma de nuevo. Disparé una tercera vez, esta vez al hombro; su mano se abrió y el hacha cayó al suelo con un estruendo seco. El hombre dio un par de pasos hacia atrás y finalmente cayó de rodillas antes de desplomarse por completo. 

Me acerqué con cautela. La capucha seguía cubriéndole el rostro, pero no se la quité. Me importaba un comino qué cara tuviera. Siempre es más fácil asumir que has matado a alguien si no llegas ni a ver su rostro. Que se encargaran de eso los chicos de O’Maley.


Sábado, 4 de abril de 1926 

La señora Hargrove me citó esta tarde en su mansión. No dijo para qué, solo que era urgente y que debía acudir sin demora. No es una mujer que desperdicie palabras, y eso me gusta. 

La casa estaba iluminada, pero no con la calidez de otras veces. Había velas encendidas en los pasillos, y el aire olía a incienso y a madera vieja. Cuando entré en el salón principal, me encontré con una escena que no esperaba: la mamáloi Inhidra estaba allí, sentada con aire sereno, y el padre Arden permanecía de pie junto a la ventana, con las manos cruzadas a la espalda. Parecían dos polos opuestos de un mismo imán, y sin embargo no había tensión entre ellos. Me fijé en que había una mesita con un servicio de té preparado para cuatro personas, por lo que supuse que ya no debía acudir nadie más. 

La señora Hargrove apareció poco después, caminando con paso firme pese a su edad. Nos miró uno por uno antes de hablar. 

Tiramos Investigación a 9+ en nombre de la señora Hargrove, con la dificultad incrementada a 10+ a no ser que tengamos ya un punto de locura este mes, que no es el caso. Primer intento: Linterna, Revólver, 6, 5, 3. Segundo intento (repitiendo símbolos y el 6). Linterna (doble), 5, 3, 2. Tercer intento (repitiendo símbolos) Lupa, Revólver, 5, 2. Obtenemos Investigación 10 y pasamos la tirada.

Hubo algún que otro silencio incómodo entre medio, pero lo cierto es que no le costó mucho convencernos. No voy a entrar en detalles sobre lo que se discutió allí, porque este diario podría caer en malas manos, y si hago constar los nombres de los presentes y el lugar donde nos reunimos es únicamente porque la señora Hargrove me aseguró que todos esos detalles ya eran conocidos por nuestro común enemigo. 

Solo diré lo que resulta evidente: que su intención al reunirnos allí era formar un núcleo coordinado, un grupo capaz de responder a lo que sea que el Sacerdote Mayor esté preparando. Inhidra aportaría su conocimiento de la magia negra y del Mundo Onírico; Arden, sus bendiciones y experiencia con los cultos; y yo… bueno, yo sería el machaca que está ahí para dar y recibir los golpes. Las palabras de ella fueron «el brazo ejecutor» o algo así, pero todos sabíamos a lo que se refería. Luego añadió que estaba dispuesta a financiar nuestras actividades. Su marido perdió primero la cordura y luego la vida por un asunto similar a este y no estaba dispuesta a permitir que toda Arkham siguiera el mismo camino. 

Su papel en nuestra alianza sería aportar recursos, contactos y el peso del apellido de su familia. Esto último nos abriría las puertas de archivos y lugares a los que el Ayuntamiento no nos permitiría flaquear a ninguno de los otros. Incluso se habló de usar su mansión como un refugio seguro si la ciudad se vuelve inhabitable. Es básicamente el mismo plan que ya discutí una vez con el padre Arden, pero que entre una cosa y otra no llegamos a concretar. Esto era lo mismo, pero a gran escala. Quizá aún queda algo de esperanza en este lugar. 

Cuando salí de la mansión, la noche estaba fría y silenciosa. Pero por primera vez en semanas no me sentí solo. Mañana volveré al Mundo Onírico con Inhidra. Ella dice que hay algo que debo ver allí, algo que no puede mostrarme en el mundo de la vigilia.


Domingo, 5 de abril de 1926 

He vuelto al Mundo Onírico esta noche, acompañado por Inhidra. Lo cierto es que apenas cerré los ojos, el mundo se abrió como una flor negra, y allí estaba yo, de pie en un bosque cuyos árboles se movían con un ritmo lento, casi humano, y cada hoja parecía susurrarme algo. Inhidra caminaba delante de mí, descalza, en su forma estilizada y fantástica de piel azul. Su figura brillaba con un resplandor tenue. 

—Hoy no venimos a pelear, tenlo en cuenta —dijo sin girarse—. Hoy venimos a ver. 

No pregunté qué. Ya casi nunca pregunto. Avanzamos hasta llegar a un claro donde el suelo formaba una espiral perfecta, hecha de arena blanca. Allí nos esperaba Evelyn en su forma onírica. Me miró con esos ojos enormes y dorados que parecen atravesar el cráneo y leer directamente el pensamiento. Batió las alas una vez, y la espiral comenzó a moverse, como si fuera un remolino horizontal. ¿Cuándo había alcanzado ella tal nivel de comprensión del Mundo Onírico como para tener semejante control sobre este? 

La arena se abrió y mostró una escalera. Bajamos por ella a lo que parecía otra capa más profunda del Mundo del Sueño. Evelyn no nos siguió. Su misión esa noche debía ser otra. Al mirar hacia arriba vi que la escalera por la que descendíamos partía de una capa de nubes negras. La ciudad a la que llegamos era una versión distorsionada de Arkham: calles que se curvaban hacia arriba... edificios que se hinchaban y distendían ligeramente, como si respiraran.... farolas que se inclinaban cuando nos acercábamos para iluminarnos mejor el camino ¿o quizá para vigilarnos? Y una torre negra que no existe en la verdadera Arkham, que se elevaba como una columna infinita. Inhidra señaló la torre. 

—Ahí es donde está él… 

No dijo quién, pero no hacía falta. No podría referirse más que al Sacerdote Mayor venido de Europa. Tratamos de llegar hasta la torre, pero las calles se habían convertido en un laberinto en el que incluso una soñadora veterana como Inhidra parecía desorientada.

 

Investigación a 15+. Reducida a 9+ por haber superado las seis pruebas previas de la semana. Primer intento: Revólver (doble), 6, 2, 2. Segundo intento (repitiendo todos los dados). Lupa (doble) 5, 2, 1. Tercer intento (repitiendo el 2 y el 1) Lupa (doble) 5, 3, 3. Obtenemos Investigación 11 y encontramos el camino hasta la torre.

Vi una columna de hombres encapuchados, cantando en algo que ni tan solo puedo calificar como idioma, mientras andaban hasta una puerta en la base de la torre que en realidad era una boca. Y esa boca masticaba a los encapuchados a medida que cruzaban por ella. 

Pese a esto, ninguno trataba de evitarlo, y pese a ver lo que le ocurría al que iba delante de ellos, ninguno renunciaba a tratar de entrar. Lo peor de todo no era eso, sino que mientras se dejaban masticar hasta morir seguían cantando, y cada nota que pronunciaban hacía temblar la ciudad entera. 

Quise acercarme, pero Inhidra me tomó del brazo para detenerme y me arrancó del sueño. Desperté sudando, con el corazón desbocado. Pero ahora sabía dónde estaba. Pese a lo mucho que había cambiado en el sueño, pese a lo distinta que era, reconocí el lugar exacto de la ciudad donde se alzaba la torre. Y si es, como me pareció, una replica retorcida de Arkhan, ahora sé dónde se esconde el Sacerdote Mayor.

Volved mañana a por más Miller, si es que aún no estáis artos de él (a mí poco me falta😅). Hasta entonces, podéis repasar el caso desde el inicio pulsando aquí

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