LA DESPENSA

¡Saludos, hambrientos y hambrientas!
A finales de 1999, coincidiendo con el estreno mundial de La Amenaza Fantasma (la cuarta película filmada de la saga Star Wars) la compañía alimentaria Kellogg’s lanzó una de las mayores campañas promocionales que ha hecho relacionadas con una franquicia. Aprovechó la expectación (lo que ahora se llama hype) generada por el inicio de la nueva trilogía para incluir en varias de sus líneas de cereales una serie de artículos temáticos como juguetes, puzzles y, que nosotros sepamos, al menos dos minijuegos de mesa inspirados en una misma secuencia de la película: la competición de podracers, o vainas de carreras.
Algunas cajas de cereales incluían figuritas de plástico de las vainas. En otras aparecían chapas tipo tazo, vasos de plástico (todavía conservo el de R2‑D2) y, en otras se entregaban los juegos de mesa. El que tenemos aqui consiste en un tablero plegable de cartulina con casillas lo bastante grandes como para usar como piezas de juego las figuras de vainas que se podían conseguir en los otros productos. En caso de no tenerlas, la propia caja de cereales incluía vainas recortables para salir del paso. También venía con una careta de cartulina de Anakin, perfecta para ponérsela como castigo al jugador que llegara el último y obligarlo a llevarla avergonzado durante diez minutos.
El juego es extremadamente sencillo: un recorrido de casillas que se avanza mediante el procedimiento habitual de lanzar un dado, mover exactamente lo que este indique y seguir las instrucciones (si las hay) de la casilla en la que se termina. Los efectos son los clásicos: avanzar casillas adicionales, retrocederlas, perder turnos… todo ello para representar los diversos incidentes que podrían surgir durante la carrera. Lo único que evita que este juego sea completamente automático es que, de las nueve casillas con efectos especiales, tres eran pruebas físicas que debían realizar todos los jugadores, no solo quien hubiera caído en la casilla.
Las pruebas son, como mínimo, discutibles. La primera, llamada La concentración de Anakin Skywalker, hace avanzar tres casillas adicionales al jugador que sea capaz de «desplazarse más sin moverse». El concepto de desplazarse sin moverse no lo tengo nada claro, y tampoco se especifica un tiempo o una distancia para determinar quién gana. El segundo reto, Rápido como un Jedi, lo gana quien sea capaz de decir Star Wars el mayor número de veces en diez segundos, obteniendo un avance de cuatro casillas. El tercero, La sonrisa de Darth Maul, funciona de manera distinta: el jugador que ha caído en la casilla debe elegir a uno de sus adversarios, que dispone de quince segundos para hacerle reír. Si lo consigue, el jugador afectado debe retroceder dos casillas. Y la verdad, por solo dos casillas, ni me molestaría en intentarlo. Es más... ¿Qué demonios hace Darth Maul en medio de la carrera de vainas?
Puede que estas pruebas sean lo más original del juego, pero en mi opinión también son lo peor. Nunca me ha gustado mezclar pruebas físicas (cuya resolución muchas veces es subjetiva) con un juego de mesa con reglas claras.
Puedes ver otro juego de mesa de Star Wars pulsando aquí.
Star Wars Episodio I: La amenaza fantasma. 1999. No se indican autores. Kellogg´s. Sin edad recomendada.

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