MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!
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miércoles, 17 de junio de 2026

LOS BASUREROS DEL ESPACIO (nº 6) El motín del Galaxia

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                              ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                       

                                             Presentado por… el profesor Plot.

Saludos, ávidos lectores. 

Hoy estamos a 17 de junio, el Día Internacional de los Basureros. Aprovechamos esta fecha para reseñar otro de nuestros números de Los basureros del espacio, una extraña colección de bolsilibros en formato de revista ilustrada que lanzó Bruguera ya al final de la etapa dorada de este tipo de publicaciones, casi a modo de despedida.

En esta ocasión, nuestro aguerrido grupo de basureros espaciales está recogiendo los restos de una nave que ha explotado a mitad de un viaje, debido a una grave falta de mantenimiento. Lo que queda de ella y lo que queda de sus tripulantes flotan en el vacío. Los pedazos que encuentran los van juntando para llevárselos a donde no molesten. El espacio puede ser muy grande, pero, al igual que en el mar, hay líneas de tráfico establecidas, y los restos de la nave que ha explotado están en medio de una de ellas.

Precisamente, una de las naves que pasa cerca del lugar del siniestro es la de un viejo conocido del capitán Dick, que en cuanto los avista los invita a subir a bordo a tomarse unas copas. Entre vasos de whisky y puros, el capitán de la nave, Harry Mimms, alias Patapalo, les pone al corriente de los últimos sucesos. Una nave de lujo, la Galaxia, ha sido tomada por una parte de sus propios tripulantes, que se han amotinado. Los pasajeros y el resto de tripulantes fueron evacuados de la nave en las cápsulas salvavidas, pero los amotinados se quedaron con una rehén, Aura Zhirinn, la nueva gobernadora de Ganímedes. Además de con la propia nave de lujo y con el cargamento de esta, que consistía en varias toneladas de oro, diamantes, papel moneda sin imprimir y las planchas necesarias para convertirlo en dinero real. Han proclamado que todo ello pertenece ahora a la República Sideral de Kironia, de la que nadie ha oído hablar antes. Su líder es Vladimir Kiross, un exmilitar de las FEU (Fuerzas Espaciales Unificadas) que fue expulsado por apropiamiento indebido de fondos públicos.

Poco después, los basureros se despiden de Patapalo y continúan con su labor de despejar las rutas de chatarra, cuando reciben otra visita: la de una pequeña nave desconocida que, sin motivo aparente, dispara contra ellos un misil. Los tripulantes de la Dungflier responden lanzando a su vez seis. En teoría, las naves basureras no están armadas, pero Yokio, el técnico de la Dungflier, ha hecho varias modificaciones en esta, las cuales incluyen armamento ilegal. La nave atacante es hecha pedazos, añadiendo más chatarra a la que tienen que recoger, y entre esta encuentran un cadáver con un uniforme que presenta la misma insignia que ostentaban sobre su ropa, en forma de adhesivos, los amotinados de la Galaxia.

Cuando finalmente parece que van a poder continuar con su trabajo en paz, llega hasta ellos la nave del general Fischett, el responsable directo de que actualmente Dick sea capitán de un camión de basura espacial en lugar de una moderna nave patrulla de las FEU. Quiere que Dick retome, de forma momentánea y extraoficial, su papel de soldado para buscar y capturar o eliminar a Vladimir Kiross y rescatar a su rehén. Al general le preocupa que la importante rehén pueda morir durante una operación de rescate y se achaque la culpa de ello a él o a las tropas a su mando, por lo que prefiere tirar de mercenarios. Pero el que, siendo solamente una nave basurera, hayan sido atacados por soldados de la supuesta República de Kironia antes de que el general Fischett los reclutara es un indicativo claro de que hay espías dentro del propio ejército. Vladimir Kiross ya sabía que el general recurriría a ellos antes de que se enteraran ellos mismos.

La Dungflier se dirige a Ganimedes, donde Marisa, la esbelta contable de la nave, aprovecha los fondos que les ha proporcionado la FEU para pasarse tres horas en salones de belleza, tiendas de moda y joyerías. A continuación va al prostíbulo en el que trabajaba antes de ser obligada a convertirse en basurera espacial. Este es un prostíbulo de lujo por el que pasa mucha gente con dinero y también gente con información. El dueño del prostíbulo tiene tendencia a despojar a todos sus clientes de ambas cosas, y sabe dónde se esconde Vladimir.

Al parecer, este ha aprovechado una laguna legal para establecerse en un asteroide. La Federación Galáctica determinó ochenta años atrás que los planetas, planetoides y asteroides, así como las lunas del Sistema Solar, eran territorio soberano de la Federación. Pero por un error de redacción, esta delimitación territorial no incluye a los asteroides que, posteriormente a la firma de este tratado, pudiesen entrar y se quedaran de forma permanente en el Sistema Solar. Vladimir ha aprovechado esta laguna para establecerse en un asteroide que entró y quedó orbitando a Júpiter varias décadas después de la firma de ese tratado. Debido a esto, incluso cuando las FEU descubran su paradero, técnicamente estarán invadiendo territorio soberano si lo atacan o despliegan tropas en él para detenerle.

Esto, naturalmente, no afecta a los basureros, que están trabajando en plan mercenario y, en principio, no responden ante nadie, así que se dirigen hacia allí. El lugar ha sido fortificado con minas espaciales y defensas de superficie. Yokio, el técnico, ha improvisado también una especie de campo de invisibilidad que impide que la Dungflier sea detectada por sistemas convencionales. Se las apañan para esquivar el campo de minas y desembarcan en el asteroide sin ser detectados.

Aquí no hay un gran combate pistolas láser en mano, que era lo habitual en los bolsilibros. Es algo mucho menos épico y a la vez más creíble. Dick se deja ver y mantiene una conversación con Vladimir. Ni siquiera están cara a cara. Dick está en el exterior del asteroide y Vladimir en el interior de los edificios estancos que han erigido en él. Se hablan a través de un sistema de comunicaciones, sin que haya ninguna posibilidad de contacto físico ni de intercambiar puñetazos entre ellos. Es simplemente un intercambio de puyas, amenazas y sarcasmos, que tiene como única finalidad distraer al líder de esta especie de terroristas & independentistas con delirios de grandeza. Desde donde esta, Dick tiene a la vista una especie de jaula cristalina estanca en la que han encerrado a Aura. Vladimir lo amenaza de detonar de forma remota un explosivo adosado a la jaula y dejarla morir en el vacío del espacio si se hace cualquier intento de rescatarla o de atacar el asteroide.

Mientras, Yokio manipula una batería de seis piezas de artillería que están alineadas como defensa por si el asteroide fuera atacado por naves. Estos cañones están preparados para disparar una salva de proyectiles, pero los hombres de Vladimir son unos chapuceros. Se han limitado a montar las armas de mayor calibre a las que han podido echar mano, y Yokio calcula que si las seis piezas disparan a la vez, generarán tal retroceso que, si por cualquier motivo la propia arma no lo amortigua, sacarán de su actual órbita al asteroide. Tan solo un décimo de grado, pero esto bastará para crear una inercia que irá aumentando hasta lanzar al asteroide fuera del sistema solar, más o menos por donde vino.

Mientras Dick sigue la conversación con Vladimir, Yokio manipula los cañones para que disparen todos a la vez y anula sus sistemas de retroceso para que sea el propio asteroide el que absorba la fuerza cinética de las detonaciones. También es él quien avería desde fuera las células de energía de la base y desmonta las conexiones de la jaula cristalina. Pendiente de su duelo dialectico con Dick, Vladimir se ve, de un momento al otro, sin energía, sin su rehén, con sus principales armas de defensa disparadas al vacío y con el asteroide que pretendía que fuera reconocido como una república independiente alejándose poco a poco, pero cada vez más rápido, del Sistema Solar. Al darse cuenta del cambio de situación, sus hombres huyen en desbandada, pisoteándolo para llegar cuanto antes al hangar de naves.

Los basureros y Aura regresan rápidamente a la Dungflier y esta se aleja del asteroide. Puede que Vladimir consiga evacuarlo y puede que se pierda en el espacio junto con él. No lo sabemos y no nos importa. Nadie va a llorar a un terrorista. A bordo de la Dungflier, Marisa se da cuenta, por el trato entre Dick y Aura, de que estos ya se conocían. Es más, que en el pasado hubo algo serio entre ambos. Pero que, fuera lo que fuera, es un asunto que quedó zanjado en buenos términos.

Aura es dejada sana y salva en manos de la Federación y los basureros vuelven a su trabajo. La recompensa que reciben por los servicios prestados es la posibilidad de dejar su vida de basureros y convertirse en agentes especiales de las FEU, cosa a la que se niegan. Todos ellos son basureros espaciales porque se les obligó a serlo después de haber tenido problemas con un sistema legal que se comportó con ellos de forma demasiado severa para los delitos que cometieron. Y ahora prefieren seguir siendo basureros antes que ponerse al servicio de ese mismo sistema.

Y bueno, esta historia, como las otras de la colección, funciona por el carisma del grupo protagonista. Ni las tramas son muy complejas ni la narrativa está muy cuidada. Ni tan solo hay una gran coordinación entre el dibujante, entre la parte ilustrada y el texto. Pero el caso es que funciona lo bastante bien como para leerlo. Los personajes entran en esa categoría que se suele denominar perdedores funcionales: individuos que al principio se nos presentan como fracasados, arruinados, acabados, torpes o mediocres, pero que por pura tenacidad siempre terminan haciendo lo necesario, mientras que otros teóricamente más preparados demuestran no dar la talla. Personajes como John McClane (Die Hard), Fry (Futurama), Rincewind (Mundodisco), Guybrush Threepwood (The Secret of Monkey Island), Neville Longbottom (Harry Potter) o, sin ir más lejos, nuestros Mortadelo y Filemón, son ejemplos perfectos de perdedores funcionales. Y los basureros del espacio son básicamente eso. Han tomado una serie de malas decisiones en su vida que les han llevado a tener que dedicarse a un trabajo que toda la sociedad desprecia. Y, sin embargo, en cada número se las apañan para salvar de un modo u otro a esa misma sociedad.

Por otra parte la idea de que un asteroide recién llegado a una zona del espacio no esté cubierto por un tratado soberanista previo y pueda convertirse en territorio independiente es un detalle que me ha parecido bastante ingenioso. 

Puedes ver otra aventura de los basureros pulsando aquí.

El motín del Galaxia. 1986. Rick Solaris [Ernesto Frers Gianello] (texto) Almazán (portada) Pedro (ilustraciones). Los Basureros del Espacio nº 6. Editorial Bruguera S.A.

martes, 17 de junio de 2025

LOS BASUREROS DEL ESPACIO (nº 4) El cometa sin rumbo

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                              ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                       

                                             Presentado por… el profesor Plot.

Saludos, ávidos lectores. 

Hoy, 17 de junio, es otro de esos días importantes que nos gusta recordar de vez en cuando mostrando algún artículo de nuestra colección relacionado con el tema. ¡El Día de los basureros

Creo que todo el que tenga un par de neuronas funcionales es capaz de reconocer la importante labor de estos profesionales, que cada día recorren la ciudad recogiendo toneladas de residuos que al resto nos dan asco. No tienen una imagen muy glamurosa porque no se hacen películas sobre ellos, como ocurre con los policías, los bomberos o los médicos, por ejemplo, pero basureros, poceros, barrenderos y limpiadores de todo tipo tienen una labor igualmente importante. Como no dudamos que en el futuro estas profesiones seguirán siendo necesarias (quizá con alguna que otra variación), hoy hemos desempolvado esta revista, para mostrarla a aquellos que no la conozcan. 

Los Basureros del Espacio fue una breve colección aparecida durante los últimos coletazos de la época dorada de los bolsilibros. El formato era diferente al del bolsilibro tradicional, siendo más similar en tamaño y presentación al de un tebeo grapado. Cada número incluía una versión muy resumida de la propia historia, en formato de comic, salteado con las páginas de texto. 

Las historias eran autoconclusivas pero mantenían una continuidad general, tenían un carácter humorístico tirando a irónico, y seguían las aventuras del mismo grupo de personajes. No eran los típicos héroes del espacio de bolsilibro, como comandantes de poderosas naves de guerra, detectives privados con pistola láser en lugar de revólver, arriesgados exploradores de planetas desconocidos, amazonas galácticas escasamente vestidas pero peligrosamente armadas, o valerosos libertadores de mundos oprimidos. Como puede deducirse por el título, esta colección era como una autoparodia de los bolsilibros de ciencia ficción que tanta fama le ganaron a la misma Bruguera durante las dos décadas anteriores. Y sin embargo, a pesar de ser como la “versión ridícula” de los bolsilibros de ciencia ficción, combinan muy bien con estos, mostrando la otra cara de las aventuras espaciales. La cara no glamurosa, la de un grupo de gente común con trabajos nada envidiables, pero cuya labor es tan vital como la de los héroes tradicionales.  

La acción transcurre en el año 2186. La humanidad, unida en una sola y maltrecha nación tras una guerra atómica en el 2046, ha establecido colonias en todo el Sistema Solar y hay montones de bases espaciales estacionarias entre los diversos mundos. El gobierno de la Tierra lo ostenta Su Electronísima Majestad, el Emperordenador Magnus Tercero, una avanzada inteligencia artificial. Curiosamente, resulta ser el líder más eficiente que ha tenido nunca la humanidad.

Los basureros del espacio son los trabajadores encargados de ir recogiendo de los planetas y estaciones espaciales todos los residuos radioactivos, para transportarlos más allá de los límites del Sistema Solar, y entonces lanzarlos al espacio profundo. Es un trabajo tan poco envidiado que resulta difícil encontrar a quien quiera dedicarse a ello, por lo que se acepta sin demasiadas preguntas a casi cualquiera que se presente. Como consecuencia de esto, los basureros del espacio tienen fama de ser un atajo de dementes e inadaptados. Y en muchos casos lo son.

Los protagonistas son uno de esos grupos de basureros. Richard Dick Drinkwell, al que veis en la ilustración en primer plano, es el medio alcoholizado comandante de la nave-camión Dungflier. Estos nombres ya de por si son toda una declaración de intenciones por parte del autor sobre la seriedad que podemos esperar de esta obra. Dick es un nombre propio pero también es como se llama al pene en inglés, de forma coloquial. Y Drinkwell, unión de las palabras drink (beber) y well (hacer algo bien o a conciencia) sería algo así como buen bebedor o de forma un poco más cruda, borracho. Así que, castellanizando el nombre de este personaje, Dick Drinkwell vendría a ser algo así como Polla borracha. El nombre de la nave, Dungflier, une las palabras dung (excremento o estiércol) con flier (que vuela, o volador), por lo que vendría a ser Estercolero volador, o incluso Mierda voladora

Justo tras Dick en la ilustración está Marisa, una prostituta de lujo a la que uno de sus clientes (el vicepresidente de Asuntos Morales) obligó a unirse a los basureros para alejarla de él, por temor al escándalo si se descubría la prolongada relación que habían mantenido. Es esbelta, simpática, y siempre parece arreglada y recién duchada, por lo que contrasta aún más con el resto de la tripulación que tienden a ir desaseados y vestidos de cualquier modo. 

En el papel de criatura peluda estilo Chewbacca tenemos a Gucho, un gran mutante con aspecto (y cerebro) de gorila, que ejerce de mozo de carga, es capaz de mover objetos de varias toneladas con facilidad, y resulta ser inmune a la mayor parte del daño físico, incluidos venenos fulminantes e impactos de láser. 

Yokio Kanawake es el ingeniero asiático que (como todos los asiáticos, según la mentalidad de los 80) es un experto en artes marciales y electrónica, además de el más listo y sensato del grupo. 

De la mano de Yokio esta Juanito, un pequeño y parlanchín robot para todo modelo 1-E-2, en inglés one-e-two, que pronunciado rápido y mal suena como uan-i-to. Juanito combina las funciones de banco de datos andante, mayordomo y mascota. 

Y por último, el rol de tipo duro lo cubre Hans Dieter, un desertor de la Flota Espacial que hace de piloto y experto en armas y no se quita sus gafas de sol negras ni dentro de los edificios. 

Tenemos nueve de los trece números que se llegaron a publicar. De hecho, si algo de lo que habéis leído en esta reseña os resulta familiar, es porque ya reseñamos el nº 12 hace dos años, que en ese momento era el único que teníamos. Hemos trasladados la explicación general que dimos en su momento sobre la colección a este numero, que es el más antiguo que tenemos en estos momentos, para que una vez reseñados todos se puedan leer en orden de forma más clara. Si conseguimos alguno más, y ya que tienen cierta continuidad entre ellos, iremos reordenando los enlaces para que las reseñas puedan ser leídas cronológicamente.

En El cometa sin rumbo la Dungflier se encuentra posada en Io, la luna de Júpiter. Se la describe como una roca abrasada, con un calor insoportable durante el día y un frío congelante por la noche. Los basureros están allí esperando recibir otro cargamento de residuos nucleares. Mientras, matan el tiempo lo mejor que pueden. Para el capitán y Hans eso implica dejarse el dinero en prostíbulos y bares. El resto de la tripulación se limita a sudar la gota gorda, a la espera de que el cargamento que deben transportar llegue de una maldita vez y puedan largarse de Io.

El caso es que no paran de oírse rumores. La gente está intranquila; hay algo que se está cociendo y el ambiente está muy cargado, no solo por el calor. Un pequeño individuo llamado Onobis propone a Dick hacerse cargo de una mercancía extra y sacarla del planeta cuando parta para transportar los residuos atómicos. Le ofrece medio millón de mundólares (lo cual, según se da a entender, es un verdadero dineral) pero se niega a revelar qué es la carga ni dónde hay que llevarla hasta que llegue el momento. Se trata obviamente de algo ilegal y no quiere dar más información de la necesaria. 

Dick, cansado, aburrido y empobrecido por las altas tarifas de las prostitutas de Io, no se lo piensa mucho y termina aceptando en nombre de toda su tripulación. El plan es que, una vez hayan recibido el cargamento de basura atómica que deben transportar, se embarque también la mercancía ilegal (que él supone es algún tipo de material de contrabando) y se aproveche la salida prevista y pactada con el gobierno de Io para llevarse dicho material. Una vez en el espacio, y liberada la basura atómica más allá de los límites del Sistema Solar, verán dónde deben entregar la mercancía extra y cobrarla.

Naturalmente, nada sale como estaba previsto, porque, si así fuera, la historia no tendría mayor interés. Su cargamento no es otra cosa que una atractiva joven; atractiva e importante, pues es nada menos que la gobernadora de Io. En el planeta ha estallado una revuelta silenciosa que ha depuesto al gobierno legítimo, elegido por el propio Emperordenador, y la vida de la gobernadora corre peligro. De algún modo, su escolta, de la que ya solo quedan tres miembros (el propio Onobis y dos guardias de seguridad) ha conseguido mantenerla con vida, y ahora están buscando la forma de trasladarla hasta la Tierra.

Cuando Onobis lleva a la gobernadora a la nave, varios de los soldados que participaron en el golpe de estado les persiguen y disparan contra ellos. La gobernadora y su escolta embarcan apresuradamente en la Dungflier, la cual, legalmente, no puede despegar porque aún no ha recibido su carga y no puede justificar de ningún modo abandonar el planeta. Pero ahora que su cargamento desconocido ha atraído hacia la nave a hombres armados que disparan sin preguntar, Dick no se lo piensa mucho y arranca motores. 

Tras un despegue extremadamente brusco que deja a sus tripulantes y al inesperado cargamento hechos un revoltijo de brazos y piernas, la nave logra poner distancia entre ellos y sus perseguidores.

Una vez hechas las debidas presentaciones, Nackia Fah Ta, la gobernadora joviana (joviano es el gentilicio de Júpiter) pone a Dick al corriente de todo. El golpe de estado ha sido promovido por Tarka, el propietario de una red de minas diamantíferas dispersas por todo Júpiter. Estas minas constituyen la base de sus enormes beneficios, y su compañía exporta toneladas de diamantes continuamente. 

Recientemente, científicos de Io detectaron un enorme cometa que se dirige hacia el Sistema Solar, y su trayectoria lo lleva a rumbo de colisión con Júpiter. Aunque la información aún no ha trascendido al público (para evitar escenas de pánico, caos urbano y saqueos mientras se estudia qué hacer al respecto) Tarka la ha obtenido de algún modo. Él está convencido de que no es posible detener el cometa y que, por tanto, la destrucción de Júpiter es inevitable. Tarka se ha hecho con el control de Io, la capital joviana (el propio Júpiter es inhabitable) para evitar que esto se sepa. 

Su plan es largarse de Júpiter, pero que nadie más lo haga; que sus mineros sigan trabajando, ajenos al peligro que se les viene encima, y que la exportación de diamantes se mantenga hasta el último momento. Aunque las instalaciones las da por perdidas, pretende mantener la extracción y venta de diamantes tanto tiempo como sea posible, sean días o semanas lo que falte para el impacto.

El golpe de estado ha sido algo silencioso, llevado a cabo no por medio de militares, sino de infiltrados y asesinos. Hay rumores y los jovianos saben que está pasando algo, pero no saben exactamente qué, y siguen con sus vidas.

La Dungflier debe poner rumbo a la Tierra para informar de lo ocurrido en Io y de la propia existencia del cometa, pero antes realiza una parada en un asteroide para reparar algunos daños sufridos durante su precipitado despegue. Aquí se aprovecha para meter un poco de relleno. En el asteroide se ha desarrollado una colmena de avispas mutantes gigantes. Puede que sean un experimento abandonado allí y luego olvidado, o algo accidental. Sea lo que fuere, las avispas gigantes atrapan a Gucho y se lo llevan a su colmena (del tamaño de una montaña), lo que obliga al resto de la tripulación a ir en su rescate, pistola en mano.

Solucionado este pequeño asunto, la Dungflier llega a la Tierra sin más inconvenientes… aunque de camino a la Asamblea, la gobernadora y su escolta son asesinados antes de declarar. Dick es requerido por las autoridades para interrogarlo, y pese a no quedar muy convencidos por sus respuestas imprecisas lo dejan marchar porque los basureros tienen fama de estar un poco locos. Pero le prohíben abandonar la Tierra hasta nueva orden. Las prohibiciones no van mucho con Dick; así que, en cuanto se aburre de esperar a que le den permiso para hacerlo (y tras otro intento de asesinato dirigido esta vez contra él mismo) reúne a su tripulación y se largan de regreso a Io.

En Io, el golpe de estado ya no es tan silencioso como antes. Los jovianos se han rebelado contra el nuevo gobierno ilegítimo y han aparecido multitud de guerrillas armadas, que están siendo sofocadas rápidamente a base de disparos. El asunto del cometa sigue siendo poco más que un rumor, pero, al encontrarse sumidos en algo parecido a una guerra civil, los ciudadanos no prestan mucha atención a ese tipo de noticias.

La Dungflier aterriza en Io y su tripulación se une a las guerrillas. En realidad, no lo hacen para apoyarlas, sino porque necesitan su colaboración para un fin determinado. Yokio ha estado echando cuentas y ha calculado que una docenita de misiles atómicos, que alcancen al cometa en un ángulo y momento precisos, podrían acabar con la amenaza que este representa. Dick quiere que las guerrillas le ayuden a robar dichos misiles de uno de los cuarteles militares de Io, cargarlos en su nave basurera y encargarse ellos mismos de lanzarlos.

No tardan mucho en convencer a un grupo de rebeldes para que los acompañen a asaltar un cuartel, el cual tampoco parece estar muy vigilado. Probablemente la mayoría de las tropas está fuera sofocando escaramuzas. Las fuerzas que quedan son suficientes para acabar con la totalidad de los rebeldes (después de todo, solo se los añadió a la trama para absorber bajas) y para herir a Dick, pero el plan sigue adelante. Pese a que su capitán es capturado, el resto de la tripulación logra su objetivo: llevarse un número suficiente de misiles y partir de Io.

Yokio pasa los dos días siguientes ajustando sus cálculos e improvisando rampas de lanzamiento para disparar los misiles contra el cometa desde la Dungflier. Cuando finalmente lo hace, este todavía se encuentra fuera de los límites del Sistema Solar. Sin nada más que hacer salvo esperar a que se produzca el impacto y ver los resultados, la Dungflier regresa a la Tierra. Mientras tanto, en su ausencia, las tropas del Emperordenador han restablecido la paz en Io. 

Todos dan ya por muerto a Dick hasta que, en un bar donde acude a ahogar sus penas en alcohol, Hans se lo encuentra borracho como una cuba. En ese preciso instante, los misiles impactan contra el cometa y lo reducen a polvo.

Todo el relato resulta un poco inconsistente, como si hubiera sido completamente improvisado sobre la marcha, añadiendo elementos a una idea base muy tenue. Es entretenido, pero se nota que hay partes de relleno y otras apenas desarrolladas. Aun así, no está mal. La historia tiene ese encanto único que surge de su mezcla de humor ácido, sátira social y la parodia de los clichés de la ciencia ficción clásica. Me encanta cómo se invierte el estereotipo del héroe del espacio: en lugar de comandantes heroicos y aventureros intachables, encontramos a unos personajes desadaptados y marginales, forzados a enfrentar situaciones extraordinarias mientras se mueven en un universo tan caótico como absurdo. La historia en sí puede ser una tontería y tampoco es que esté muy bien contada, pero la sensación general que deja tras leerlo, el recuerdo que queda de ella, es bueno.

Leer uno de estos bolsilibros ilustrados, o comics narrados, o como se le llame a este formato, no es muy diferente de leer un bolsilibro. Las mismas historias podrían haber aparecido perfectamente en un Héroes del espacio o un La conquista del espacio de no ser por la continuidad que mantenían entre ellas y el carácter marcadamente más desenfadado y disparatado de lo normal.

Puedes ver otra aventura de los basureros pulsando aquí.

El cometa sin rumbo. 1986. Rick Solaris [Ernesto Frers Gianello] (texto) Almazán (portada) Duarte (ilustraciones). Los Basureros del Espacio nº 4. Editorial Bruguera S.A.

sábado, 17 de junio de 2023

LOS BASUREROS DEL ESPACIO (nº 12) El astronauta solitario

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                              ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                       

                                             Presentado por… el profesor Plot.

Saludos, ávidos lectores. 

¡Estamos a 17 de junio! ¡Feliz Día de los basureros! Si no conocéis ningún basurero al que felicitar personalmente por su importante labor, podéis saludar al equipo de la Dungflier

En esta ocasión la Dungflier se halla a la deriva porque, al parecer, calcularon mal el combustible que necesitaban para su siguiente viaje, rumbo a Neptuno. A la falta de combustible se añade la de whisky, pues entre Dick y Hans se lo han terminado casi todo en un tiempo récord. 

El grupo está a la espera de que llegue la grúa espacial para remolcarles, cuando aparece un personaje estrafalario. Se trata de un anciano enfundado en un traje de astronauta y subido en una turbomoto, que comienza a disparar contra la nave basurera con un fusil láser. Es una parodia del clásico buscador de oro cascarrabias del salvaje oeste, que les reclama haberse colado en sus tierras. Cuando le explican que están sin combustible y a la deriva, el propio viejo les remolca con su turbomoto, que parece tener una potencia descomunal.

El viejo, que resulta ser el doctor Zweinstein (un inventor genial, aunque algo chalado), los lleva hasta una especie de estación espacial casera hecha por él mismo con todo tipo de restos, donde vive con un cachorrito como única compañía. En ocasiones anteriores se nos había hablado de la extraordinaria resistencia del casco de la Dungflier, que podía aguantar impactos capaces de destruir una nave de guerra. Esto parecía simplemente el típico recurso de dotar al protagonista con un equipo mágico o tecnológico que solo posee él y que suele definir su identidad o destino, en plan la nave más rápida de la galaxia, una espada capaz de cortar cualquier cosa como si fuera papel, un campo de fuerza absolutamente impenetrable pero que solo puede activar un minuto cada hora, etc. Simplemente, su nave-camión de basura resistía más que ninguna porque sí, y había que aceptarlo.

El doctor Zweinstein muestra un gran interés en la Dungflier y termina revelándoles que su misteriosa resistencia se debe a que fue fabricada con una aleación creada por él llamada ZX-15. En realidad se fabricaron cinco naves con esta aleación, pero luego muchas corporaciones armamentísticas comenzaron a hacer presión para que les cediera su fórmula, y el Emperordenador decidió que era mejor que esta no se conociera nunca, archivándola para siempre.

Doc. les ofrece entonces una nueva fuente de energía experimental para la nave y afirma que es inagotable porque se alimenta captando la propia energía del universo. Poco después de instalarles el nuevo motor (que tiene el aspecto y tamaño de una bombona de butano con una hélice), una enorme nave de guerra sin identificar ataca la estación. Pese a que la estación está a punto de estallar, Doc. se niega a abandonarla sin su perrito Fido, que ha corrido a esconderse asustado por los disparos de la nave. Marisa (que le ha cogido cariño a Doc.), Hans (que le tiene cariño a Marisa) y Gucho (que le ha cogido cariño a Fido) le ayudan a buscarlo entre las llamas y explosiones que se han apoderado de todo el lugar. Finalmente logran encontrar al perrito y volver todos con vida a la Dungflier, pero Doc. ha quedado malherido al caerle encima una viga, y toda su investigación, inventos y proyectos se pierden cuando la estación explota.

Los basureros siguen a la nave atacante de cerca gracias a su nuevo e inagotable motor, pero de pronto dos de los ocupantes de esta se materializan en la sala de mandos de la Dungflier y se apoderan de ella. Por la reacción de los basureros, que no tomaron ninguna precaución por si sus adversarios contaban con teleportadores, esta tecnología debe ser muy rara y hay muy pocas naves que cuenten con ella. Gucho, a quien no se le da muy bien eso de relacionar el que alguien armado le esté apuntando con la idea de estar en peligro, derriba a uno de los intrusos de un sonoro y repentino manotazo. Dick y Hans se encargan del otro.

Tras este pequeño incidente la nave atacante acelera y la Dungflier la sigue. Ambas terminan hundiéndose en las letales junglas de Neptuno, compuestas por plantas carnívoras gigantescas y neuróticas, y pobladas por dinosaurios, tal como dictan las leyes del pulp espacial ochentero.

Marisa se lleva a Doc. al hospital de la ciudad más cercana en una turbomoto. Un detalle gracioso es que cuando los enfermeros de urgencias ven aparecer a la esbelta Marisa le dan prioridad absoluta para ser atendida, pero cuando esta les revela que quien necesita ser examinado es el anciano que la acompaña y no ella, le contestan que en ese caso se sienten donde puedan y esperen a que los llamen. Afortunadamente, alguien reconoce a Zweinstein, cuyos inventos proporcionaron en el pasado muchos avances a la ciencia médica, y el personal se vuelca en su tratamiento. 

Tras algunas horas de reposo, un par de sicarios aparecen en el hospital para raptar a Doc. Se lo llevan a él y a Marisa, a la que se disponen a cortar en lonchas con una sierra láser industrial, por las risas.

Por su parte, Dick y Yokio se dedican a buscar la nave atacante mientras Hans y Juanito hacen reparaciones en su propia nave. Esto lleva a los primeros a enfrentarse a una variedad de plantas hambrientas y monstruos con mal genio hasta que logran dar con ella y descubren que pertenece a la Combuspace Corp. El ataque a la estación fue orquestado por los dueños de esta empresa, que tiene el monopolio de venta de carburante para naves espaciales. Vieron su negocio peligrar por el motor de Zweinstein, que no precisa combustible para funcionar, y enviaron a sus tropas privadas a acabar con él tan pronto como le localizaron. 

Dick y Yokio atacan la nave y se deshacen de los sicarios que quedaban a bordo. Lo de “deshacer” es en sentido literal en el caso de un par de ellos, que tratan de escapar usando el teleportador. Cuando inician el proceso y empiezan a desvanecerse, Dick lo desconecta, con lo que no llegan a materializarse en su punto de destino… pero tampoco se reintegran en su punto de origen, perdiéndose para siempre como partículas dispersas por el universo.

Volvemos con Marisa para ver si la han loncheado adecuadamente, con envoltorio y todo. Resulta que no, ya que cuando Hans y Juanito lograron reparar la Dungflier volaron directamente a la ciudad a ver cómo les iba a ella y a Doc. Al hacerse una idea de lo que estaba ocurriendo y detectarla a ella en la sede de la Combuspace Corp., Hans no se lo piensa mucho y estrella la Dungflier contra el edificio. Procede después a resolver el asunto a puñetazos contra los que quedan en pie, cubiertos de polvo y escombros, a la par que Juanito detiene la máquina de lonchear Marisas que ya estaba a punto de cumplir con su cometido.

Mientras estos asuntos se resuelven por separado tenemos al mutante peludo Gucho vagando solo y perdido por la selva neptuniana. Debido a una serie de rocambolescas circunstancias, este ha terminado cargando con el motor experimental, que se pone a manipular por puro aburrimiento. Al activarlo inadvertidamente a máxima potencia, el motor (la bombona de butano con una hélice) empieza a desplazar a todo Neptuno, amenazando con sacarlo de su órbita y provocar una reacción en cadena que destruya todo el Sistema Solar.

Los basureros y el doctor, una vez resueltos los asuntos en los que estaba implicado cada grupo, logran encontrar a Gucho a falta de tres segundos para que el desvío de Neptuno sea irreversible. Al no tener tiempo para desactivarlo, el doctor sacrifica su invento vaporizándolo de un disparo, con lo que el planeta vuelve poco a poco a su órbita. Y así es como, una vez más, los basureros del espacio salvan a la humanidad… después de haber estado a punto de destruirla. ¡Una cosa por otra! 

La nave todavía conserva algo de energía que el nuevo motor llegó a acumular antes de que este terminara en las peludas y torpes manos de Gucho, la suficiente para llevarla hasta un taller. Un poco de chapa y pintura, y todos listos para la siguiente aventura.

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El astronauta solitario. 1986. Rick Solaris [Ernesto Frers Gianello] (texto) Almazán (portada) Duarte (ilustraciones). Los Basureros del Espacio nº 12. Editorial Bruguera S.A.