EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, nobles caballeros y damas.
Nos quedan sólo tres cómics para terminar el tercer tomo recopilatorio de las aventuras del Guerrero del Antifaz, así que nos los vamos a quitar de encima en una sola entrada. Después de todo, enfrentarse a tres enemigos a la vez es pan comido para el Guerrero, y nosotros no vamos a ser menos. Como de costumbre, hacemos coincidir una nueva reseña sobre este cómic español ambientado en la Reconquista, con una de las fiestas que conmemoran este mismo suceso. En este caso, la de los Moros y Cristianos de Vera, cuyos actos comienzan hoy.
Las fiestas de Moros y Cristianos de Vera son una celebración bastante peculiar comparadas con otras del mismo tipo. Vera no tiene comparsas propias ni la habitual infraestructura establecida en torno a estas. Esto se debe a que la tradición local se perdió durante siglos. En el siglo XVI la ciudad sufrió una sucesión de catástrofes (terremotos, epidemias y despoblación) que casi vaciaron la zona y obligaron a los supervivientes a centrar todos sus esfuerzos en seguir adelante. Las fiestas tradicionales quedaron abandonadas durante tanto tiempo que, cuando en 2014 se intentaron recuperar, no quedaba nadie que las hubiera vivido ni se conservaba ningún tipo de organización interna o infraestructura relacionada.
La solución a esto la aportó la gente de la vecina ciudad de Lorca. En 1569, durante la rebelión de los moriscos, el caudillo Abén Humeya lanzó un ataque contra Vera. La ciudad quedó aislada y sin capacidad de resistir un asedio prolongado. Según las crónicas locales, dos veratenses lograron escapar del cerco y llegar hasta Lorca, que en aquella época era una de las ciudades más militarizadas del Reino de Murcia. Lorca respondió enviando tropas de socorro cual si del asedio a Minas Tirith se tratara, y obligó a los moros a retirarse. Este episodio marcó profundamente la memoria colectiva de Vera y, desde entonces, los veratenses consideran a los lorquinos como los salvadores de su ciudad. Por eso, cuando Vera trató de volver a poner en marcha las fiestas de Moros y Cristianos en 2014, Lorca respondió enviando sus comparsas, tal como enviaron sus tropas cinco siglos atrás. Actualmente Vera podría tener comparsas propias, pero el hecho de que estas sean comparsas venidas de poblaciones vecinas se ha convertido en parte de esta tradición renovada y en una forma más de estrechar lazos con las localidades cercanas.
Aunque la composición exacta cambia cada año, lo habitual es que por el bando moro formen las Tropas Moras de la Federación San Clemente (Lorca), los Pakkos del Guardal (Benamaurel) y los Tuareg (Guardamar del Segura). Por el bando cristiano participan las Tropas Cristianas de la Federación San Clemente (Lorca) y mesnadas y caballeros procedentes de Almería, Granada y Murcia.
Entre las diferentes actividades que se llevan a cabo durante estas fiestas destaca el Ajedrez Viviente, una representación teatral en la que dos adultos se alternan para narrar la historia del asedio de la ciudad desde el punto de vista de cada bando, mientras un grupo de niños interpreta las piezas del tablero. Cada niño toma el papel de un personaje histórico relevante del conflicto. En determinados momentos del relato, cuando éste hace referencia al personaje que representa cada uno, los niños avanzan, se posicionan y “dan mate” a sus oponentes, escenificando mediante jugadas de ajedrez el papel que tuvo cada personaje o las tropas a su mando en la batalla.
El terror tunecino (nº 58). Nos quedamos con el Guerrero infiltrándose por sí solo en la fortaleza del difunto Yeir Kan, ahora bajo el mando de su hermano Alí Kan. El Guerrero se abre paso sigilosamente entre los guardias, librándose de ellos poco a poco a medida que los va encontrando, pero sin matar a ninguno. Inevitablemente alguien da la voz de alarma. Alí Kan se apresura a encerrarse dentro de una cámara acorazada que utiliza como mezcla de caja fuerte y habitación del pánico.
Este número es, casi de principio a fin, escenas de combate entre el Guerrero y los diversos grupos de soldados que va encontrándose por el castillo. A algunos los derriba con el hombro, a otros los tumba a puñetazos o a patadas. Y alguno que otro se lleva un cabezazo. Pero no empuña sus armas hasta encontrarse con dos centinelas que guardan los aposentos de Alí Kan. Parece estar tratando de dejar claro a los guardias que no tiene intención de matarlos ni herirlos gravemente si no lo fuerzan a ello. El hecho de que incluso a puño limpio logre dejar fuera de combate a tantos guardias no hace más que incrementar los rumores de invencible que ya circulan sobre él.
Olián y Fernando aguardab en el exterior de la fortaleza ocultos en un bosquecillo cercano (Consejo de supervivencia del Planeta del Espacio: si estás al cargo de una fortaleza, tala todos los bosques cercanos. Son el escondite perfecto para los atacantes). Son descubiertos por un grupo de corsarios que estaban al servicio de Yeir Kan y ahora sirven a su hermano. Así que el comic va alternando las páginas en las que el Guerrero combate con los guardias de Alí Kan con aquellas en las que sus compañeros combaten en el exterior de la fortaleza con los corsarios.
La fama del Guerrero hace que el pánico cunda entre los guardias y estos empiezan a discutir entre ellos. Al mismo tiempo, el Guerrero pierde la paciencia por no encontrar a Alí Kan. Deja de moderar sus ataques y desenvaina la espada al fin, pasando a matar y herir a los guardias que sigue encontrándose. En un momento dado ya da por imposible encontrar a Alí Kan y sale hasta los jardines. Se abre paso por ellos hasta las almenas y salta al exterior, robándole un caballo a uno de los jinetes montados que encuentra allí. A continuación se aleja al trote de la fortaleza para replantearse su estrategia, porque recordemos que prácticamente la única estrategia del Guerrero es el ataque frontal. A poco que se aleja de la fortaleza se reencuentra con sus amigos, huyendo todos juntos.
Mientras tanto, al enterarse de que el Guerrero ha abandonado la fortaleza, Alí Kan se apresura a salir de su habitación del pánico, lamentándose a gritos y espada en mano de no haber tenido la oportunidad de acabar con él personalmente y tratando de cobardes a todos sus hombres. Uno de ellos le planta cara arto de su comportamiento mezquino. Pero, pese al terror que ha desarrollado hacia el Guerrero, Alí Kan sigue siendo un buen luchador y acaba con la vida del soldado.
Cinco días después, Olián y sus hombres se instalan en una pequeña fortaleza que le cede el rey de Túnez. Todavía está recuperándose de las graves heridas sufridas en su último encuentro con el Guerrero, pero vemos que, en lugar de estar rígidamente tumbado en la cama como paralizado, ya es capaz de incorporarse con cierta facilidad. Desde su lecho se jacta de tener en sus manos a Ana María, la amada del Guerrero, y piensa en todas las penurias que va a hacerla pasar a ella como venganza por todo lo que ha perdido por culpa de este.
Sin embargo, un mensajero de Alí Kan llega hasta su fortaleza y le informa de que el Guerrero vuelve a estar en África y que probablemente ahora vaya a por él.
En el Alcázar de Olián (nº 59). Olián entra en pánico y pone en pie de guerra a todos sus guardias. Ana María, que oye la noticia, siente crecer la esperanza en ella, confiando en que su campeón vendrá a rescatarla. Su cambio de humor es tan inmediato y evidente que las otras esclavas de Olián interpretan esto como que se ha enamorado de su señor o que ha aceptado su situación, cuando en realidad es todo lo contrario.
El Guerrero y sus compañeros no saben exactamente dónde se esconde Olián. Saben la zona, porque es información que le arrancaron a uno de los guardias del castillo de Alí Kan, pero no logran dar con el lugar exacto y se ven obligados a ir parando en los pueblecitos que encuentran para preguntar. Inevitablemente, alguno de los habitantes de uno de estos pueblecitos los delata y envía una patrulla contra ellos, con lo que tenemos otra escena de combate. La intervención de esta patrulla, sin embargo, únicamente sirve para que el Guerrero tome a uno de ellos prisionero y le obligue a guiarlos directamente hasta la fortaleza de Olián.
El Guerrero llega con relativa facilidad a los aposentos de Olián con la intención de matarle, pero este, aunque ya es capaz de ponerse en pie, sigue tan débil que claramente no es un adversario para el Guerrero. De hecho, se pone tan nervioso al verlo que su salud se resiente y sufre un colapso, cayendo desmayado al suelo. O quizá fingiendo desmayarse, porque sabe que en esas circunstancias el Guerrero no acabará con él.
Tras rescatar a Ana María, el Guerrero se reúne con Osmín que esta vez le ha acompañado al interior del Alcázar y se abren paso entre la guardia de Olián, luchando por salir al exterior, pues ya se ha dado la voz de alarma. Aquí tenemos varias páginas más en las que el Guerrero y sus compañeros se enfrentan a distintos tipos de guardias, a los que derrotan también de formas variadas, entre ellas arrojándolos por los ventanales de un piso alto.
Ellos mismos terminan saltando de forma controlada por ese ventanal como una forma rápida de salir al exterior de la fortaleza y proseguir su huida a partir de ahí a través de los jardines. Estos están guardados por centinelas, por lo que Osmín, aprovechando que viste exactamente las mismas ropas y piezas de armadura que el Guerrero, y que también lleva su rostro cubierto por un antifaz, decide hacer él mismo las veces de cebo.
Corre a través del jardín, atrayendo la atención de todos los centinelas sobre él, mientras el verdadero Guerrero y Ana María se escabullen hacia la puerta principal.
Defendiendo a la condesita (nº 60). Mientras el Guerrero despacha a los guardias de la puerta del Alcázar y Osmín se libra de los que se congregan sobre él, Fernando, que se ha quedado en el exterior de la fortaleza, está librando también sus propios combates. El guardia de la patrulla que capturaron para utilizarlo como guía y que habían dejado maniatado por no matarlo se libera de las cuerdas que le aprisionan y salta sobre Fernando. Pero este, que se nos presentó originalmente como un niño en un nº 13, se ha convertido ya en un guerrero bastante competente y le planta cara con un puñal en la mano. El moro, dándose cuenta de que no va a ser una presa fácil, opta por huir y se encuentra otra de las numerosas patrullas que deambulan por la zona, dándoles el aviso de la presencia de un cristiano para que lo persigan. Los guía hasta Fernando y este se ve obligado a huir de un numeroso grupo de perseguidores.
En el interior de la fortaleza, Osmín se libra de sus enemigos y corre en ayuda del Guerrero, que ya ha despejado de guardias las puertas y ha salido al exterior, solo para encontrarse con más adversarios. Cuando Osmín y el Guerrero se reúnen, y tras otro feroz combate, logran poner cierta distancia entre ellos y el Alcázar. Se ocultan entre los árboles de ese bosque que, por precaución, Alí Kan debió haber ordenado talar. Para ese momento, Fernando ya ha logrado dar esquinazo a todos sus perseguidores, salvo a uno especialmente rápido y corpulento, que de hecho le está ganando terreno a cada segundo que pasa. La casualidad quiere que, en su huida, se cruce con sus amigos y el Guerrero intervenga para quitarle de encima a su perseguidor.
En el interior del Alcázar, Olián ya se ha repuesto de su soponcio y está impartiendo órdenes a gritos entre sus hombres, que ya no saben si han de tenerle más miedo a él por su crueldad que al Guerrero por su aparente sobrenaturalidad. Su jefe de la guardia reúne finalmente a un grupo de los guardias que no fueron heridos en los combates previos y se lanzan en persecución del Guerrero y sus compañeros. Esto deriva en una pelea, porque más guardias siguen apareciendo de todas partes. Aunque matan a la mayoría, algunos consiguen huir para dar la voz de alarma, lo cual no hace más que atraer a nuevos grupos de guardias sobre ellos. Cuando logran hacerse con unos cuantos caballos de una de estas patrullas, se alejan del Alcázar al galope. Cabalgan durante toda la noche y, al amanecer, buscan refugio en un pequeño barranco.
Mientras descansan en una de las cuevas del barranco, el Guerrero y Ana María se ponen al día sobre sus respectivas aventuras recientes. Lo último que Ana María supo de don Luis es que la bruja Zimbra lo había envenenado y ella lo suponía muerto. El Guerrero le informa que no murió y estaba recuperándose del veneno que le administró esta la última vez que le vio, por lo que debe seguir vivo. De hecho, el motivo por el que ha ido a rescatarla es para llevarla a España y que se case con don Luis, dando de este modo una estabilidad a su vida. Aunque ambos están enamorados, él no tiene ningún título reconocible y también se niega a revelar públicamente su identidad, por lo que jamás se aceptará un matrimonio entre él y la hija de un noble. El Guerrero estima que lo mejor para Ana María es que se case con otro noble, y pese a que él está enamorado de ella, tiene la suficiente confianza y amistad con don Luis como para dejar a Ana María en sus manos y renunciar a ella para siempre.
Hay también algunas viñetas dedicadas a mostrarnos cómo le van las cosas a Aixa. Ella y su séquito se han alojado en una aldea tunecina, puesto que el Guerrero le dijo que iría en busca del cofre del tesoro que se llevaron los piratas para devolvérselo. Ella necesita el oro y las joyas que contiene ese cofre para establecerse en Argelia, que es donde quiere estar en lugar de en Túnez. Como parte de su séquito están Ixem y Zoraida, otro de los habituales triángulos amorosos de Gago. Ixem, recordemos, está enamorado de Zoraida. Zoraida, por su parte, está enamorada del Guerrero. Y el Guerrero está enamorado de Ana María, y ve a Zoraida únicamente como una amiga, que es lo mismo que esta piensa a su vez de Ixem.
Ixem no se contenta con esto y propone una vez más a Zoraida que abandone al grupo de Aixa para hacer una vida con él, lo cual esta nuevamente rechaza. Quemado por un nuevo desplante, Ixem decide que ha llegado el momento de llevársela por la fuerza y le tiende una trampa, diciéndole que le acompañe simplemente para pasear y hablar. Ella acepta, ignorando que él ha preparado unos caballos para raptarla y llevársela lejos de Aixa.
Y aquí termina el tercer volumen recopilatorio de El Guerrero del Antifaz. Hasta que empecemos con el cuarto, podéis repasar los números anteriores desde el primero pulsando aquí.
Otras colecciones de Manuel Gago
Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz
El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.
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Le sigue un negro 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
ResponderEliminarSí, cosas de la época 😅
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