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El tribunal ha sentenciado a muerte a James Cooper. Lo único que sabemos de él es que es un asesino y que se comporta como un mafioso, así que es razonable suponer que la condena se debe a ello. En el momento en que se lee la sentencia, Cooper jura que volverá de entre los muertos para acabar con todos los responsables de su ejecución, desde el juez a los miembros del jurado.
Sus matones entran en negociaciones con un médico que afirma ser capaz de devolverlo a la vida mediante la electricidad. La electricidad va a matarlo y la electricidad va a devolverlo a la vida.
La sentencia se cumple, Cooper es ejecutado y su cadáver es robado. Los gánsteres llevan el cuerpo al laboratorio del doctor loco, que le administra una serie de inyecciones y le aplica una potente descarga eléctrica.
Entonces Cooper se alza de nuevo entre los vivos, aunque tiene el rostro lleno de quemaduras. Ha muerto electrocutado y la electricidad suele producir este tipo de lesiones. Y a los daños sufridos durante la ejecución hay que añadir los ocasionados por las descargas adicionales de la reanimación.
Lo primero que hace Cooper al levantarse de la camilla es pedirle una pistola a uno de sus matones. Este se la entrega, pese a que el doctor le advierte que las fuertes descargas eléctricas pueden haberle provocado daños cerebrales. En cuanto toma el arma, Cooper dispara contra el médico y lo mata. A continuación sale a consumar su venganza.
Durante dos noches consecutivas asesina a dos miembros del jurado. La policía detiene a sus matones para interrogarlos y uno de ellos termina derrumbándose. Afirma que Cooper ha vuelto a la vida y añade que pueden abrir su tumba si no le creen. La policía lo hace y no encuentra más que un ataúd vacío.
Sabiendo que los agentes han puesto protección a los miembros supervivientes del jurado, James decide ir directamente a por el juez. Cuando entra en su casa vemos por fin su rostro, que tras su reanimación las viñetas anteriores habían ocultado mediante juegos de sombras o mostrándolo de espaldas. No solo está quemado: está podrido.
El juez toma un atizador de la chimenea y golpea a Cooper mientras este continúa lanzando amenazas con una voz que ya no suena tan firme y avanzando con un paso vacilante. El primer golpe basta para derribarlo y hacer que la carne comience a desprenderse de los huesos.
El doctor consiguió devolverle un símil de vida, sí, pero no detener el proceso de putrefacción. ¡Lo convirtió en un cadáver viviente! Cooper hablaba, caminaba y mataba, pero en realidad seguía estando muerto y seguía descomponiéndose. El mismo juez que lo sentenció a muerte con un martillazo sobre la mesa, lo mata de nuevo con un golpetazo en el cráneo. ¿Irónico, verdad? ¡Hay cosas que ni tan solo una buena descarga eléctrica arregla! ¡Así que no desperdiciéis electricidad en resucitar mafiosos muertos, que va muy cara! ⚡🧟♂️
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A shocking way to die. 1951. Guion de Bill Gaines y Al Feldstein. Dibujo de AL Feldstein. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.


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