MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

domingo, 25 de octubre de 2026

HISTORIAS DE LA CRIPTA (nº 25) ¡Reflejo mortal!

  Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Comenzamos el segundo tomo de los quince que componen la totalidad de las Historias de la Cripta como conjunto, contando también como tales las de La Bóveda del Horror y La Guarida del Miedo! ¡Extra! ¡Extra!

La primera historia de este segundo tomo es ¡Reflejo mortal!, otro de esos relatos en los que se nos identifica con el protagonista, que en este caso se llama Al. Como el texto está todo el rato refiriéndose a Al como si fuera el propio lector, aquí vamos a hacer lo mismo.

En esta historia estamos conduciendo en medio de una larga e interminable carretera junto con nuestro amigo Carl. Llevamos muchas horas al volante y aún nos quedan un par más para llegar a casa. Cansados, detenemos el vehículo para que Carl tome el volante y poder echar una siesta. Se nos dice incluso que nos ponemos los guantes porque tenemos las manos frías, lo cual será un detalle importante más adelante.

Lo siguiente que sabemos es que despertamos repentinamente cuando oímos gritar a Carl. Abrimos los ojos únicamente para que la luz de los faros de un coche que se nos viene encima nos los cieguen. Se produce un choque frontal, perdemos el sentido y, cuando despertamos, estamos tirados en la carretera. Nos levantamos, pero no hay ni rastro del accidente; no hay cristales rotos, manchas de aceite, nada que indique que acabamos de tener un accidente justo ahí.

Lo que sí que hay es un olor fétido extremo a nuestro alrededor, cuyo origen no podemos identificar. Alzamos una mano para detener a un coche que se acerca por la carretera, pero en cuanto sus faros nos iluminan, vemos al conductor poner cara de pánico y acelerar, alejándose. Lo mismo nos ocurre con un mendigo que encontramos debajo de un puente, que huye al vernos, y con una mujer que también pasa con un coche. Esta se detiene al vernos por si necesitamos algo, pero en cuanto nos acercamos al coche, se desmaya.

¡Hay algo decididamente mal en todo esto! Encontramos un periódico en el suelo que, si la fecha es correcta, nos indica que estamos dos meses más tarde del día en que tuvo lugar el accidente. Al llegar a nuestra casa conduciendo el coche de la señora desmayada (a la que hemos pasado a los asientos de atrás) la encontramos clausurada y con una nota indicando que ahora pertenece al banco.

Deambulamos, de nuevo a pie, por calles casi vacías, encontrándonos con otro hombre que también huye al vernos, hasta que finalmente llegamos a casa de Carl. Llamamos a su puerta y este nos abre con una expresión neutra. 

Nos mira como si no nos conociera y, cuando le recordamos quién somos, se limita a observarnos sin expresión y decir que no nos cree. Nos cuenta que hace dos meses él tuvo un accidente de tráfico en el que su amigo Al murió y él quedó ciego. ¡Por eso sus ojos no tienen expresión! …¿y quizá por eso no ha gritado al vernos, como todos los demás?  

Nos miramos en un espejo de la casa de Carl y vemos un rostro descarnado y putrefacto. El hedor a carne podrida que notamos en cuanto nos despertamos en la carretera y que nos ha estado acompañando todo el tiempo, en realidad emanaba de nuestro cadáver andante. Y el hecho de que llevábamos los guantes puestos nos ha impedido ver que nuestras manos estaban podridas bajo estos.

En ese momento nos despertamos de nuevo y seguimos en el coche que está conduciendo Carl. Nos ha oído gritar y nos ha sacudido para despertarnos, cosa que, por cierto, nunca hay que hacer. Si se despierta a una persona en medio de una pesadilla no se da tiempo al cerebro para gestionarla como tal y se aumentan las posibilidades de que esta deje un recuerdo desagradable persistente. Pero bueno, eso es otro tema.

El caso es que Carl nos zarandea al pensar que tenemos una pesadilla. Nos despertamos de nuevo dentro del coche, de nuevo a un par de horas de casa… y de nuevo frente a los cegadores faros de otro coche que se estrella con el nuestro de frente, y todo vuelve a empezar, como si estuviésemos atrapados en un bucle eterno.

He de decir que nunca me han gustado estas historias que terminan exactamente como empezaron o que terminan en un bucle, sin ninguna explicación. Lo que me dicen estos finales es que los autores no supieron cómo terminar su propia historia. Son una variante del «todo era un sueño».

La sensación de desconcierto está muy bien: los restos del accidente desaparecidos, la gente que huye aterrorizada al vernos, el salto temporal de dos meses, la casa embargada, el amigo ciego... Son elementos que se van acumulando y mantienen el interés. Además, el detalle de los guantes es un buen ejemplo de pista sembrada desde el principio que cobra sentido después, porque de no llevarlos, habríamos sabido la verdad tan pronto nos hubiésemos mirado las manos. De hecho, si la historia hubiera terminado cuando descubrimos que estamos muertos, habría quedado mejor. El bucle temporal aquí no aporta ni explica nada.

Puedes ver la siguiente historia pulsando aquí o entrar tú mismo en un bucle temporal y volver a esta misma página pulsando aquí... espera ¿que?🤔

Reflection of Death! 1951. Guion de Bill Gaines y Al Feldstein. Dibujo de Al Feldstein. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.

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