Presentado por...Zag.
¡Extra! ¡Extra! ¡Un cadáver de ida y vuelta se pasea por la morgue como si fuera su casa! ¡Intentamos entrevistarlo pero se negó a hacer declaraciones! ¿Acaso esconde algo? ¡Ya ni de los muertos se puede fiar uno! ¡Extra! ¡Extra!
Jed Bryan es el vigilante nocturno del depósito de cadáveres de un hospital. Es un trabajo bastante tranquilo, si soportas la presión de estar toda la noche rodeado de cadáveres. Y él ya se ha acostumbrado a ello.
Un día, unos camilleros traen un nuevo cadáver y lo dejan en un rincón de la morgue. Sin embargo, durante la noche, el cadáver se alza apartando la sábana que lo cubre y trata de estrangular a Jed. Aprieta su cuello hasta hacerle perder el conocimiento y, cuando él despierta, el cadáver ya no está.
La única constancia que hay por el momento del ingreso de ese cadáver es su propio libro de registro, la ficha que él mismo hizo cuando lo ingresaron. Se deshace de esa ficha para no tener que dar explicaciones sobre por qué un cadáver que fue dejado a su cargo ha desaparecido. Sin embargo, el suceso lo deja, obviamente, aterrorizado. ¡Un cadáver ha vuelto a la vida y, a continuación, ha desaparecido! ¡Eso no pasa todos los días! O, al menos, no debería pasar.
En su siguiente guardia, la historia se repite. Otro de los cuerpos anónimos que llevan al depósito vuelve a la vida y trata de estrangularlo de nuevo. Solo que, esta vez, la llegada providencial de un médico le impide acabar su trabajo y el cadáver se marcha gruñendo al verse descubierto. Le dan libre el resto de la noche para compensarle por el incidente, para que se vaya a su casa y se calme. Y el pobre Jed, que ahora sí tiene miedo de quedarse solo, entra en una sala donde están dando un espectáculo de magia, pensando que eso lo animará.
Sin embargo, el espectáculo lo deprime aún más. Es el número de Satanus y Desirée, en el que Satanus, que es un escapista, es introducido en un tanque de agua estando maniatado, con una particularidad: él no tratará de escapar, sino de permanecer quince minutos completamente sumergido, a la vista de todos, sin morir. Aunque el espectáculo se llama «Satanus y Desirée», Satanus realiza el número él solo, puesto que no hay ninguna ayudante presente. Los minutos pasan uno tras otro y, efectivamente, cuando es extraído del tanque, Satanus sigue vivo. El presentador lo anuncia como el único hombre que puede controlar su respiración y sus latidos hasta reducirlos a un extremo que, a efectos médicos, puede confundirse con la muerte. De este modo, la muerte parece perseguir a Jed vaya donde vaya, incluso a un espectáculo de magia.
Jed regresa a su trabajo y trata de tranquilizarse leyendo el periódico. En él ve una foto de Satanus y Desirée en la que anuncian su espectáculo y, cuando traen un nuevo cadáver a la morgue y le echa un vistazo, se da cuenta de que es el cadáver de Desirée. Se fija en que tiene una extraña marca en el mentón, claramente perfilada como una serpiente. La causa de la muerte es una fractura de cuello provocada por un fuerte puñetazo en la mandíbula, por lo que supone que esa marca es el relieve de un anillo que debía de llevar puesto su asesino en el momento de golpearla.
Un segundo cadáver ingresa en la morgue y, al ver el brazo que cuelga de la camilla, Jed se da cuenta de que lleva un grueso anillo con el grabado de una serpiente que se corresponde con la marca que Desirée tiene en el mentón. ¿¡Asesino y víctima reunidos en la misma morgue!? Al retirar la sábana que cubre el cadáver del anillo ve que es el escapista Satanus. Por tanto, fue él quien mató a su ayudante, por eso ella no aparecía en el espectáculo. Mientras reflexiona sobre todo esto en voz alta, el supuesto cadáver de Satanus se incorpora de la camilla. En realidad, los otros dos cadáveres que volvieron a la vida en la morgue anteriormente eran él mismo, solo que en aquellas ocasiones Jed no llegó a verle la cara.
Satanus mató a su ayudante, sí. ¿Por qué razón? Eso no lo sabemos: infidelidad, celos, dinero... elegid la que queráis, pero el caso es que lo hizo. Y, una vez la policía se llevó el cuerpo, cayó en la cuenta de que, cuando la golpeó, el relieve grabado en su anillo podría haber quedado marcado sobre su piel. Una piel que, con la pérdida de elasticidad debida a la muerte, ya no recuperaría su forma y, por tanto, la marca del anillo ya no desaparecería.
Como no sabía en qué momento la policía iba a llevar el cadáver a la morgue, Satanus utilizó su truco de detener sus pulsaciones y su respiración hasta parecer muerto para fingir estar muerto en algún callejón, sin documentación, y conseguir así que la propia policía lo llevara a la morgue. Esa era la forma más sencilla de entrar en ella. Hacerlo por sus propios medios habría supuesto infiltrarse en el hospital, hacerse pasar por otra persona, engañar a gente y correr el riesgo de ser descubierto. Pero, si alguien lo ingresaba como cadáver y se deshacía del guardia nocturno, tendría libertad para comprobar todos los cuerpos que hubiese en la morgue en ese momento, localizar el de Desirée y borrar o deformar la marca presionándola o raspándola con algún objeto. Pero ahora que Jed lo ha descubierto todo, tiene que matarlo.
Como pequeña anotación, aquí he de decir que el primer caso documentado de un delito resuelto mediante el uso de huellas dactilares se produjo en 1892, en Argentina. En Estados Unidos, el uso de las huellas dactilares por parte de la policía no se generalizó hasta 1902 y esta historia es de 1950. Por tanto, las huellas dactilares que Satanus dejó en el cuello de Jed lo incriminarían igualmente de haber logrado matarlo, aunque no hubiese dejado ninguna en el cadáver de Desirée. ¡Pero no dejemos que un dato real nos estropee una buena historia!
Mientras pelean, Satanus se golpea accidentalmente la cabeza contra la pared y queda inconsciente. Jed, para mantenerse a salvo mientras llama a la policía, lo encierra en una de las cámaras frigoríficas individuales para cadáveres. Pero, justo después de hacerlo, sin haber podido efectuar esa llamada, sufre un ataque al corazón. ¡Demasiadas emociones y demasiados sustos en una misma noche! Jed cae al suelo y muere mientras Satanus, dentro de la cámara frigorífica, empezando ya a sentir los efectos del frío, golpea desesperadamente la puerta. Y sigue haciéndolo hasta que muere congelado, sin trucos que valgan esta vez.
De la morgue pasamos a visitar la mansión Manderville pulsando aquí.
The living corpse. 1950. Guion no acreditado. Dibujo de Wally Wood. Publicado por Planeta DeAgostini en 2003.


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