Saludos, ávidos lectores.
Ponemos rumbo a la tercera
parte de la más disparatada saga literaria de piratas habida y por haber. La
calidad de la misma no remonta el pequeño bajón que sufrió la entrega anterior respecto a la primera parte, pero sigue siendo bastante potable.
En
este libro se ignora todo lo acontecido en el segundo. Si aquel
terminó en la India, con Garrapata y Floripondia juntos, y en el siglo catorce,
este comienza sin ninguna explicación en el siglo dieciocho, y con un planteamiento de la situación diferente.
Contraviniendo lo que se nos dijo en el segundo libro, en este se nos cuenta que tras el famoso
encuentro de Garrapata con el autor en la taberna del Sapo Verde, el pirata no
logró alcanzar el barco que se llevó a su amada Floripondia. Los años han
pasado y Garrapata, sin ninguna pista que seguir, se limita a surcar la
aguas al azar con la leve esperanza de encontrarse por casualidad con el
Salmonete, el barco que los malvados Pistolete y Comadreja le robaron junto con
su amada.
Un
día, una paloma mensajera les lleva una carta en la que Floripondia les informa
que está en poder de una tribu africana que tiene intención de devorarla.
Naturalmente, allá se dirigen a cien por hora, acompañados de una ballena (no
preguntéis, una ballena va con ellos y basta) y tan pronto como llegan a la
costa de África, encuentran amarrado y largo tiempo abandonado a su querido
Salmonete I.
Rápidamente Garrapata organiza una expedición, y se internan en la
jungla cargados de armas, cañones y provisiones… y la ballena, porque les daba
pena dejarla en puerto. Colocan todo el equipo en carros tirados por patacos
(vacas de seis patas), y a la ballena la levantan entre todos (aparentemente
puede pasar largas temporadas fuera del agua, al igual que el pulpo) y se la
llevan con ellos.
En
esta ocasión, el protagonismo recae sobre Carafoca, que es el que se lleva la mayor parte de los sustos, golpes, y corre
los mayores riesgos. Porque Garrapata, obsesionado con la idea de rescatar a
Floripondia, no presta atención a nada más.
Casi
todo el libro es una sucesión de encuentros con animales salvajes y terribles
(leones, rinocerontes, saltamontes…) que hacen huir en desbandada a los garrapateros
hasta que Garrapata los vuelve a organizar y poner en marcha a latigazos. Uno
de esos encuentros da como resultado un nuevo miembro permanente de la
tripulación: un orangután capaz de hablar y aficionado a leer a Schopenhauer.
Este orangután es el mismo que ya los acompaña en el segundo libro sin haber
aparecido en el primero… por lo que debemos entender que lo que está ocurriendo
es otro fragmento de la historia perdida de Garrapata que el autor está
recopilando, y que tuvo lugar en realidad en algún punto intermedio entre el
momento en que caen al remolino gigante y en el que aparecen misteriosamente en
la no menos misteriosa India.
También se topan con un traficante de esclavos (Garrapata aprovecha para comprar un centenar de ellos para echar una mano en el transporte de la ballena, que ya empieza a pesar) y varias tribus africanas. Algunas les reciben con los brazos abiertos y otras con las ollas al fuego, hasta que finalmente llegan al territorio de los temibles Tragaldabas, en cuyo poder está Floripondia.
Como si de El corazón de las Tinieblas se tratara, la tribu de los Tragaldabas está al mando de Pistolete y Comadreja, que se han hecho con el control de la región. La batalla final por Floripondia queda eclipsada por… bueno, por un eclipse, precisamente. El “famoso eclipse de 1805”, que oculta el resto de la aventura hasta que el sol vuelva a brillar, en el siguiente libro.
También se topan con un traficante de esclavos (Garrapata aprovecha para comprar un centenar de ellos para echar una mano en el transporte de la ballena, que ya empieza a pesar) y varias tribus africanas. Algunas les reciben con los brazos abiertos y otras con las ollas al fuego, hasta que finalmente llegan al territorio de los temibles Tragaldabas, en cuyo poder está Floripondia.
Como si de El corazón de las Tinieblas se tratara, la tribu de los Tragaldabas está al mando de Pistolete y Comadreja, que se han hecho con el control de la región. La batalla final por Floripondia queda eclipsada por… bueno, por un eclipse, precisamente. El “famoso eclipse de 1805”, que oculta el resto de la aventura hasta que el sol vuelva a brillar, en el siguiente libro.
El pirata Garrapata en África. 2001. Juan Muñoz Martín (texto) Antonio Tello (ilustraciones). El pirata Garrapata nº 3. El barco de vapor / Ediciones S.M.
No hay comentarios:
Publicar un comentario