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jueves, 20 de octubre de 2022

MIMIC

 EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                            ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                                                                                                                       

Presentado por... Pecky.
 

¡Hola, amigos cinéfagos!

Mientras revisionaba la última película que os comenté, esa de El Bicho, me acordé de esta otra. Hacía tiempo que quería hacerle su propia entrada porque considero que es una de esas películas que la mayoría de la gente recuerda como peor de lo que es. Una pieza algo subvalorada que vale la pena volver a ver de tanto en tanto, basada en el relato corto homónimo de Donald A. Wollheim. 

Fue la quinta película del director mexicano Guillermo del Toro, y la primera que hizo para el mercado norteamericano. La trama de su anterior film, Cronos, gira también en torno a un extraño insecto.

Comienza con un collage de imágenes y fragmentos de conversaciones. Es un tipo de inicio que me gusta mucho porque, si se hace bien, transmite muchísima información en un espacio de tiempo muy breve. Este recurso permite poner en antecedentes al espectador durante los mismos títulos de crédito, lo que por una parte hace que estos sean menos tediosos, y por otra permite a la película ponerse en marcha inmediatamente, en lugar de tener que dedicar quince o veinte minutos a establecer la situación de origen. Esta cualidad de contar mucho en poco tiempo es algo que de hecho se extiende a lo largo de la mayor parte de la película, que no cesa de darnos detalles sin desperdiciar metraje con relleno que no lleva a nada. 

Y lo que nos cuenta Mimic, es que en Nueva York aparece una nueva enfermedad llamada strickler que provoca problemas respiratorios crónicos en los menores de edad. Es tan virulenta que en pocos días hay millones de niños contagiados, y lo que aguarda a la mayoría de ellos es la muerte. Incluso los pocos que sobrevivan necesitarán implantes de respiración asistida durante el resto de su vida. 

La bacteria que provoca la enfermedad la transmiten las cucarachas de las alcantarillas, que por la noche recorren las calles de la ciudad esparciéndola por todas partes. Ante la imposibilidad de acabar con todas las cucarachas por medios convencionales, un equipo dirigido por la doctora Susan Tyler crea a los Judas, un híbrido artificial de termita y mantis religiosa expresamente diseñado para exterminar cucarachas. Los Judas son liberados en las alcantarillas, interactúan con las cucarachas comunes, llegan a los mismos sitios que ellas, y van esparciendo por donde pasan su propia bacteria que las aniquila. La bacteria de los Judas no es una enfermedad ni un veneno, pues las cucarachas son muy resistentes a esto, sino un acelerador metabólico. Las cucarachas afectadas envejecen a un ritmo tan acelerado que cada vez tienen menos tiempo para reproducirse, hasta que terminan muriendo de viejas al poco de nacer. Los Judas, además, son ejemplares estériles que morirán sin dejar descendencia. 

Seis meses después todas las cucarachas portadoras de la plaga han muerto. Nuevas cucarachas venidas de otras ciudades las han sustituido, pero estas no traen consigo el strickler. Pasados tres años el asunto está casi olvidado y Nueva York se enfrenta ahora a un nuevo peligro. Un misterioso personaje que parece extraído de un creepypasta ronda las calles por la noche, llevándose con él a personas. Los vagabundos lo apodan Long John (John el largo) debido a que, cuando se deja ver brevemente, tiene el aspecto de un hombre alto y delgado enfundado en un largo abrigo. 

La doctora Susan consigue un extraño ejemplar de insecto que presenta características de los Judas, a pesar que estos ya deberían haber desaparecido. Pero la creación de los Judas fue algo apresurado, porque la ciudad se exponía a perder todos sus niños, y a que la enfermedad se esparciera a otras urbes. La prioridad era conseguir cuanto antes un arma contra la enfermedad, y se liberó a los Judas sabiendo que podrían tener consecuencias imprevistas. 

La vida en las alcantarillas, caldo de cultivo de todo tipo de enfermedades y mutaciones, alteró la fisiología de los Judas. El germen que aceleraba el envejecimiento de las cucarachas pasó a afectar a los Judas de un modo diferente, acelerando su evolución, dando lugar a criaturas capaces de reproducirse a pesar de haber sido esterilizadas químicamente, y dando lugar a sucesivas generaciones cada una de las cuales supone un salto evolutivo gigantesco. La forma actual de los Judas es la de unos insectos de talla humana que han aprendido a camuflarse como humanos. 

Originalmente sus presas eran las cucarachas, se las diseñó para que pudieran hacerse pasar por estas, engañarlas y entrar en sus comunidades esparciendo su “beso de Judas”. Ahora que son mucho mayores y necesitan presas más grandes han escogido a los humanos, y han aprendido a camuflarse como estos. El misterioso ser llamado Long John por los mendigos no es otra cosa que un Judas erguido sobre sus patas inferiores, con las alas cubriendo su cuerpo de insecto simulando un largo gabán, y con una placa de quitina colocada sobre la cabeza que vista de lejos y con poca luz puede llegar a parecer el rostro de un anciano. 

Por diversos motivos y caminos, acaban juntándose en las alcantarillas un pequeño grupo formado por Susan, su marido, un amigo del trabajo de este (ambos pertenecen al Centro de Control de Enfermedades), un duro poli de Nueva York, y un limpiabotas (quizá el mejor personaje de la película). Cuando un accidente les impide retroceder, terminan adentrándose en un auténtico laberinto lleno de monstruos en el que quedarán a merced de una raza de seres mucho más organizada y peligrosa de lo que habían supuesto.

Lo peor del film es el final, muy resultón, en el que se recurre a lo típico de “si matamos a X bicho todos los demás se morirán solos”. Resulta que toda la raza Judas está formada por un solo macho y varios cientos de hembras. Las hembras son los seres a los que se llamó Long John, y todas protegen y alimentan a su único macho. La evolución tiene también sus callejones sin salida, y este es uno de ellos: una raza adaptable, feroz, y resistente pero incapaz de perpetuarse más allá de unas pocas generaciones. La siguiente generación, por cierto, ya está a punto de nacer, y será tan numerosa que no podrá mantenerse solo a base de ratas, caimanes, y otros habitantes de las alcantarillas de Nueva York, a los que las Long John ya parecen haber extinguido. Esta nueva generación tendrá que salir a buscar comida a las calles, y lo hará en masa.

Con un único macho apareándose con hembras que solo pueden generar más hembras, la raza debería terminar extinguiéndose por sí sola, pero hasta que eso suceda es potencialmente muy peligrosa. El caso es que además de huir de las alcantarillas, el grupo (o lo que va quedando de él) tendrá que buscar la forma de destruir a ese macho y el nido de huevos. Y sí, vale, de algún modo tenía que acabar, pero además de resultón, el final es tramposo. El Judas macho prácticamente se suicida, y todas las hembras y todas las puestas de huevos (convenientemente reunidas en un solo lugar) son destruidas en una gigantesca explosión. 

Excepto por esto, la película está muy bien narrada. Los personajes son sólidos y algunos no esperas verlos morir. Son muy pocos los directores de películas básicamente comerciales que se atreven a matar a niños en pantalla, y aquí vemos a dos gazapillos que se nos presentan como chavales aventureros estilo Goonies y terminan destrozados por los bichos. Os aseguro que en su momento, lo que más se repetía cuando oías comentar la película a alguien era “no me esperaba que mataran a los dos críos esos”. Pero atreverse a matar innecesariamente a los personajes secundarios simpáticos no sirve de nada si luego salvas contra toda lógica a un protagonista al que has puesto en una situación necesariamente mortal. En la explosión que acaba con todas las Judas, el personaje que la provoca (que se encontraba justo en el epicentro de la misma) sale milagrosamente indemne. Nos ponen como excusa que se salva lanzándose a un foso inundado, pero cualquiera que vea la escena tendrá que admitir que tal como se nos muestra la situación no es creíble en absoluto. 

Un final, como dije antes, muy tramposo, y quizá el motivo por el que la película no es tan recordada como debiera, porque tiene muchos buenos detalles. Uno de ellos es un niño autista que llega a comunicarse con las Judas haciendo entrechocar dos cucharas, imitando así los chasquidos con los que hablan entre ellas. A este chico, en lugar de matarlo se lo llevan a su nido, quizá por no tener muy claro si se trata de un humano o una de sus propias crías. Su padre, que trabaja de limpiabotas en el metro, bajará a las alcantarillas en su búsqueda. Este personaje es a mi parecer el más creíble y carismático del conjunto, a pesar de no tener importancia en la trama. 

Otro personaje a destacar es la profesora Remi Panos, una amiga de Susan que se saca fotos a sí misma cada vez que se siente triste (que es casi todos los días) para poder recrearse de forma autodestructiva en su propio victimismo. No tiene un papel muy relevante en esta película, pero pasará a ser la protagonista de la segunda parte. 

Un tema que se toca de pasada, es el de la religión. La primera víctima humana de una Judas que nos muestra la película es precisamente un cura. No sé si era esto lo que se pretendía, pero a mí me hizo pensar en la concepción que se tenía antiguamente de los dioses; seres superiores que protegían a sus creyentes de las grandes calamidades, pero no lo hacían gratis. Exigían un pago en forma de sacrificios humanos, ya fuera quemando “brujas” en la plaza del pueblo o arrancando el corazón a “voluntarios” en lo alto de una pirámide en medio de la jungla. En Mimic, los Judas salvan de la enfermedad a todos los niños pequeños de la ciudad, y a cambio empiezan a llevarse a unos cuantos adultos al azar, como dioses protectores exigiendo su pago por los servicios prestados.  

Es una película que me gusta mucho, salvo por el tramposo final. Tiene su primera mitad de investigación y su segunda mitad de acción, pero cada una de ellas está muy salpicada por la otra. 

Tenemos también Mimic 2, que nos parece igual de buena (puede que incluso un poquito más entretenida) y la comentaremos en breve. 

Mimic. 1997. Matthew Robbins, Guillermo del Toro (guion) Guillermo del Toro (director) Mira Sorvino (actriz principal) Jeremy Northam (actor principal). Dimension Films. 

2 comentarios:

  1. La vi en el cine y me gustó bastante. En aquella época había salido la oveja Dolly y todo el mundo estaba como loco con la experimentación genética. Esta película la vendían como un aviso del descontrol genético. No se si la has visto pero he leído que la tercera parte es la mejor de las tres.

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    1. La tercera no la he visto. A mí lo que me ha comentado de ella es lo contrario, que es la peor de las tres. Que es todo el tiempo el protagonista mirando por la ventana de su casa a las ventanas del edificio de enfrente, en el que un Judas está matando a algunos de los inquilinos. Como una versión de "La ventana indiscreta" de Hitchcock. Si la veo baratatita en algún sitio la pillaré para salir de dudas.

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