EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, comedores de espinacas.
Estamos a veinticuatro de marzo, el día en que se conmemora la muerte de Frank «Rocky» Fiegel, de Chester (Illinois). Fiegel fue la persona real que inspiró al dibujante de cómics E. C. Segar a la hora de crear a su personaje más recordado, Popeye el marino.
Frank Fiegel era un tipo fuerte y marrullero, y tan fácil de provocar que su rostro, roto a golpes en muchas ocasiones, estaba deformado de un modo bastante pintoresco, con la mandíbula desencajada y un ojo permanentemente cerrado. Segar lo conoció siendo él un niño. Fiegel, que rondaba ya la cuarentena, trabajaba de camarero en un bar portuario. Con una pipa apagada colgando de la boca y siempre parándole los pies a los marineros borrachos que armaban escándalo en su bar o trataban de propasarse con las señoritas, Fiegel era una especie de celebridad local.
Era famoso por estar metiéndose en peleas continuamente, sí, pero también por proteger a las mujeres y a los niños siempre que veía a alguien maltratándolos. Esa mezcla de rudeza y nobleza, unida a su aspecto inconfundible, dejó una huella tan marcada en el joven Segar que este terminó convirtiéndolo en el marinero de ficción más famoso del mundo.
Cuando el personaje de Popeye comenzó a aparecer en las tiras de prensa, Fiegel contaba ya con unos sesenta años largos. Todo el mundo en Chester se dio cuenta inmediatamente de que Popeye estaba inspirado en él. Lejos de molestarse, Fiegel presumía con humor de ser «el auténtico Popeye», y a petición de los niños (y a veces de los no tan niños) imitaba sus poses, sus andares, repetía sus frases e incluso acentuaba su expresión para parecerse aún más a su versión del cómic. Nunca llegó a hacerse rico por ello, pero sí disfrutó de esa especie de «gloria local» que lo acompañó hasta el final de su vida. Y para un hombre sencillo, rudo, solitario y de carácter protector, aquello debió de sentirse como un pequeño triunfo personal. En la actualidad, una placa colocada por el ayuntamiento de Chester junto a su tumba lo presenta oficialmente como «La inspiración de Popeye».
Y bueno, siendo hoy el día que es, estaréis de acuerdo conmigo que lo más adecuado es reseñar otro de los comics de Popeye que tenemos por ahí.
Rumbo a las Islas Misteriosas. La historia la pillamos ya empezada del número anterior, que no tenemos, pero es fácil deducir la parte que falta. El padre de Milton y Mildred, que es almirante, encarga a Popeye una misión especial. En realidad se la encarga Cocoliso, que de algún modo, y pese a ser un bebé, no solo ha logrado alistarse, sino que ha alcanzado el grado de teniente. La misión es localizar un pequeño archipiélago conocido como las Islas Misteriosas y volver para informar sobre si los japoneses se han apoderado de ellas. La tripulación de Cocoliso estará compuesta por Popeye, Pilón y Óscar.
El vehículo que emplearán para buscar las islas es La Termita, un submarino con un enorme taladro incorporado en la proa, capaz de moverse excavando túneles bajo tierra casi con la misma soltura con que navega bajo el mar. Al poco de iniciar su viaje, Popeye descubre que llevan dos polizones a bordo: Rosario se ha colado en La Termita para estar cerca de él, y Pilón ha introducido una vaca viva de contrabando como provisiones de emergencia. Popeye echa al exterior a la vaca (por suerte para ella, aún estaban en tierra firme) y sigue su camino atravesando valles y montañas hasta llegar al mar.
Allí se encuentran con una serie de curiosos personajes, como unas sirenas, la Bruja del Mar, Davy Jones y la sobrina de este, Fanny.
Por aquí ya comentamos alguna vez que a Davy Jones no se lo inventaron en la saga de Piratas del Caribe, solo lo versionaron. Davy Jones es el nombre propio que los marineros europeos del siglo XVI dieron al fondo del mar. Se creía que hablar abiertamente de barcos que se habían hundido o marineros que se habían ahogado atraía el mismo destino sobre quien sacaba el tema, así que, en lugar de decir que alguien se había ahogado, se decía que estaba «brindando con Davy Jones» (porque había tragado agua de mar hasta morir). Y cuando un barco se hundía, se decía que Davy Jones «lo había guardado en su cofre» (porque el mar se había «cerrado» sobre él).
En Popeye, Davy Jones aparece representado como un viejo marino con una pata de palo, un garfio, un ojo tuerto, una larga barba y un catavientos como sombrero. Sobre Fanny, he de decir que me parece un personaje bastante curioso porque, según la historia interna de Popeye, es sobrina de Davy Jones e hija de Caronte, el barquero del río Estigia de la mitología griega. Esto convierte a Caronte y Davy Jones en hermanos, y si bien crear vínculos familiares entre personajes de diferentes mitologías suena raro, en este caso no lo veo mal. Caronte era el encargado de cruzar de una orilla a otra del río Estigia a las almas de los muertos, y Davy Jones guardaba en su cofre (o en su armario, según algunas versiones) los barcos y marineros que se hundían. En Popeye, Davy Jones regenta una pensión submarina donde ya tiene reservada una habitación para Popeye, lo que nos indica cuál será el final del marinero tuerto. Se podría decir que pese a sus diferentes orígenes Davy Jones y Caronte tienen funciones similares: la gestión de los muertos, y ambos están relacionados con el agua, precisamente el elemento del que proviene la vida.
En cuanto a Fanny, no se nos dice mucho sobre ella salvo darnos a entender que está enamorada de Popeye; tiene varias fotos de él en su habitación, se sonroja cuando lo nombra, y aunque habitualmente viste una túnica andrajosa, cuando cree que Popeye pueda pasar por la pensión de Davy Jones la cambia por un bonito vestido floral.
Tanto la Bruja del Mar como Davy Jones aconsejan a Popeye no seguir adelante y olvidarse de las islas, puesto que estas ya han caído en manos de los japoneses. Sin embargo, a las órdenes de Popeye (pese a su mayor graduación, nadie considera a Cocoliso el líder del grupo) La Termita sigue rumbo a las Islas Misteriosas a base de preguntar la dirección a quienes se van encontrando.
Es así como llegan hasta el Polo Norte, donde el submarino sufre graves daños al quedar atrapado entre dos icebergs. La tripulación de La Termita, varada en el glaciar del Polo Norte, se enfrenta a una serie de situaciones que, de no ser esto un cómic de Popeye, podríamos achacar a delirios de los personajes producidos por el frío extremo. Primero son atacados por un oso polar, que Popeye mata de un puñetazo y Pilón asa y se come en tiempo récord. Hasta aquí todo bien, pero es que luego son atacados también por una tribu batusi africana y por un león de la sabana. Y sí, siguen estando en el Polo Norte.
Óscar, que se caracteriza precisamente por ser el personaje más tonto del grupo, repara el submarino. Sin ayuda, sin herramientas y sin conocimientos para ello, pero lo hace. Ya solo necesitan rellenar el tanque de combustible para seguir su camino. Pilón redacta una carta solicitando al Estado Mayor una lata de combustible y se la da a un pingüino que pasaba por ahí para que la lleve. Entretanto, Cocoliso logra entenderse con el rey de los batusis africanos del Polo Norte, y estos dejan de atacarles.
A todo esto, el pingüino entrega la carta al almirante de la flota de Espinacola, y él en persona lleva hasta el Polo Norte una lata del combustible que usa La Termita, que resulta ser jugo de espinacas superconcentrado de 150 octanos. ¿Biocombustible en un cómic de 1971?🤔Pues sí. No es algo moderno, precisamente, ya los había desde 1853, aunque eran muy poco comunes.
Una vez arreglada La Termita deciden seguir por el aire (al parecer también vuela, usando el giro del taladro como la hélice frontal de un biplano) para recuperar el tiempo perdido. Al hacer esto son avistados inmediatamente por la Armada japonesa, que se dedica a cañonearlos. La Termita se sumerge de nuevo y hunde algunos barcos japoneses con los seis torpedos que lleva como armamento. Cuando se le acaban los torpedos, les disparan tiburones con cartuchos de dinamita en la boca, y cuando se les acaban los tiburones, embisten directamente a los barcos con el taladro de proa.
Y aquí, en plena batalla, termina este número. ¡No os quejaréis, hemos tenido de todo!: submarinos-taladro, pingüinos mensajeros, tiburones explosivos… al final no sé qué admirar más: si la capacidad de Popeye para sobrevivir a cualquier cosa que le echen los guionistas, o la capacidad de estos para inventarse desafíos cada vez más absurdos. Pero oye, si Rocky Fiegel pudo con medio puerto de Chester a puñetazo limpio, ¿cómo no iba a poder su alter ego con misiones imposibles, batusis polares y la Armada japonesa?
Podéis repasar todo lo publicado sobre este personaje pulsando aquí.
No se indica el título original. 1971. Tom Sims & Zaboly (texto y dibujos). King Features Syndicate. Publicado en 1971 por Buru Lan S.A.
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