EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, nobles caballeros y damas.
Hoy comienzan (y mañana terminan) las fiestas de Mig Any de los Moros y Cristianos de Santa Pola. Mig Any significa «Medio Año», pero no se refiere al medio año del calendario, sino al del ciclo de fiestas. El Medio Año son las fechas a mitad de camino entre los Moros y Cristianos de un año y los del siguiente. Este punto intermedio se emplea para mantener vivo el ambiente y como toque de atención para que todos los implicados en las fiestas y las comparsas no se duerman en los laureles y se mantengan organizados y en contacto de cara a las fiestas mayores.
Este primer día tiene lugar el desfile principal de comparsas y bandas de música, y una de las tradiciones más queridas: la comida de cabasset. Es una comida totalmente informal en la que cada participante lleva su cabasset (cestita) con comida hecha en casa. No hay normas sobre lo que llevar, pero lo tradicional son tortillas, empanadas, embutidos y dulces. La gente va de un lado a otro saludando, picoteando algo de lo que han traído los demás y disfrutando del ambiente. Es un momento de convivencia, charlas y comida compartida.
Mañana domingo la fiesta se orientará más hacia los peques. Se hace otro desfile que sigue el mismo recorrido del primero, pero esta vez formado por niños, y la música tiende a ser menos estruendosa, menos solemne y más alegre.
Por el bando moro desfilan las comparsas de los Musulmanes, Tuaregs, Beduinos, Bereberes, Nazaríes, Almorávides y Almohades. Por el bando cristiano marchan los Templarios, Caballeros de Santiago, Cruzados, Contrabandistas, Pescadores y Caballeros del Castillo.
Durante la época de la Reconquista, Santa Pola solo era un puerto secundario dependiente de Elche y allí no se libró ninguna batalla importante de la que haya quedado constancia. Sin embargo, incluso tras ser derrotados y expulsados de la península, los moros siguieron atacando las costas españolas durante más de trescientos años, en forma de piratas berberiscos que acudían en busca de saqueo y esclavos. El castillo de Santa Pola, aún en pie hoy en día, se construyó en el siglo dieciséis para defender las poblaciones que habían ido surgiendo en esa zona de incursiones como la de 1552, en la que se logró rechazar el ataque simultáneo de veinticinco barcos piratas.
La furia de los titanes (nº 52). Los piratas llegan hasta el oasis y se enfrentan con el grupo del Guerrero. Estos se defienden bravamente, pese a estar agotados. Uno de los piratas rapta a Zoraida y corre entre sus compañeros para que le cubran la retirada. El Guerrero se abre paso entre ellos, lanzando incluso a algunos por los aires, trepando por los árboles y saltando de rama en rama como Tarzán hasta adelantar al raptor y dejarse caer al suelo frente a él, cortándole el paso.
Tras acabar con este energúmeno, se carga a Zoraida a la espalda, vuelve a trepar a un árbol y hace el camino de vuelta junto al resto de sus compañeros, de nuevo saltando de rama en rama. El combate prosigue durante un par de páginas más hasta que los piratas se retiran, dejando atrás a muchos de ellos muertos.
El Guerrero hace un intento de parlamentar con la Mujer Pirata, más esta deja claro que no va a contentarse con la única arqueta de tesoro que Soleimán pudo rescatar del barco de Aixa. Ya ha perdido demasiados hombres como para que esto compense las bajas y la humillación sufridas. ¿No os encanta cuando los criminales se ponen dignos o se hacen los ofendidos, como si tuvieran un honor al que apelar?
Estando así las cosas, el Guerrero y los Kir trazan un plan. Los piratas, con los refuerzos que han ido recibiendo desde sus barcos, son muchos más que los hombres que le quedan a Aixa, pero se han dispersado en torno a estos. Han formado un amplio círculo alrededor del oasis. El plan del Guerrero es cargar contra un punto cualquiera de ese círculo, simulando un intento de huida. La idea es que, al ver esto, los piratas se congreguen sobre ellos, abandonando sus otros puntos de vigilancia. Entonces, el resto de sirvientes, junto con las mujeres, huirán en dirección contraria a través del cerco, ahora deshecho.
El Guerrero, Fernando y los Kir son los que efectúan la carga, junto con unos pocos de los sirvientes armados de Aixa. En el combate, el propio Guerrero se enfrenta a Al Bassi y lo derriba, gravemente herido. Osmín atrapa a la Mujer Pirata, agarrándola del... bueno, agarrándola con fuerza y levantándola en peso con una sola mano.
El Guerrero ya ha tenido ocasión de comprobar que amenazarla no da ningún resultado, así que se limitan a usarla como seguro para abrirse camino entre los piratas. Cuando han pasado a través de ellos, Osmín la arroja al suelo sin ninguna ceremonia y se marchan. Con su capitana conmocionada por el humillante trato recibido (poco le pasa) y con Al Bassi malherido, los piratas optan por retirarse de vuelta a sus barcos.
Además, los servidores de Aixa abandonaron en el oasis el cofrecito del tesoro para no cargar con peso extra en su huida. Los piratas, al encontrarlo, lo toman como señal de que lo ocurrido no ha sido un fracaso absoluto, lo que les quita las escasas ganas de perseguirles que aún pudieran tener.
Momentáneamente a salvo, Aixa y sus seguidores se reúnen con el Guerrero y su grupo, y determinan que están en la costa de Túnez. Aun desprovista de tierras y riquezas, Aixa sigue teniendo el título de princesa que le corresponde como hija de Hamet. Su mejor opción es acogerse a la protección del rey de Túnez. Esta protección, naturalmente, no se hará extensiva al Guerrero y a Fernando, ya que son cristianos, por lo que ha llegado el momento de volver a separarse.
Prisioneros de los Kan (nº 53). Tras dejar a Aixa y su séquito en la relativa seguridad de un poblado tunecino, el Guerrero, Fernando y Osmín consiguen unos caballos y se marchan con la intención de recuperar el cofre de oro que se llevaron los piratas. Volveremos con ellos más tarde, porque la mayor parte de este número está centrado en el Pirata Negro.
Sus barcos se topan ahora con la flota de Yeir Kan, que se lanza a por ellos de inmediato. Con su poder y autoridad más reducidos que nunca, la flota del Pirata Negro es vapuleada a conciencia. Él y los supervivientes (entre los que están don Carlos, doña Beatriz y Yusuf) son capturados. De Hassan no sabemos nada: no se le menciona ni lo vemos entre los prisioneros, así que, salvo que reaparezca en números posteriores, asumiré que murió en el combate contra la flota de Yeir Kan.
Este no pierde el tiempo y organiza la ejecución de los prisioneros para el día siguiente. Determina que, a modo de escarmiento, serán arrojados uno a uno a un gran caldero de agua puesta al fuego para que hiervan hasta morir. Empiezan haciendo andar a unos cuantos piratas por una plancha de madera, maniatados y empujados a punta de lanza hasta caer al caldero. Luego le llega el turno a Yusuf, que algunos números atrás tuvo cierta relevancia por ocultar en su casa al Guerrero y a las prisioneras cristianas tras ayudarlos en su fuga. Pero nada le salva de acabar también en el caldero hirviente.
El siguiente al que le toca andar por la pasarela es al Pirata Negro. Este es demasiado orgulloso para suplicar por su vida, como los anteriores, así que los Kan deciden aplicar una ligera variante a su caso. En lugar de empujarlo a punta de lanza, le atan una cuerda en torno al cuerpo y lo suspenden sobre el caldero. La idea es desesperarlo, dejándolo justo en medio de la nube de vapor, cociéndose lentamente, sin que sepa en qué momento van a dejarlo caer.
A todo esto, el Guerrero, Fernando y Osmín, disfrazados con chilabas, encuentran a un campesino. Este les informa de la captura del Pirata Negro. Los tres cabalgan entonces hasta la fortaleza de Yeir Kan con la intención de rescatarlo.
Esta es una de las pocas ocasiones en que veremos al Guerrero mostrarse a cara descubierta, y el suyo es un rostro duro y noble, pero sin ninguna particularidad. No destaca especialmente entre los del resto de personajes, y menos aún formando parte de un mundo donde muchos persiguen el poder y el honor. Como ya indicamos en Los tres hermanos Kir, haciendo notar que nada de su equipo, ropa ni armamento tenía ninguna cualidad especial, tampoco su aspecto físico es especialmente llamativo: tiene un rostro, un nombre propio y una historia, pero es como si el autor quisiera representar con él a un guerrero anónimo cualquiera de esa época.
El caso es que los tres irrumpen en la ciudad. La mayor parte de la población está congregada en la plaza observando el castigo a los piratas. Ali Kan y Yeir Kan lo hacen desde la terraza de una casita, con solo tres guardias como escolta. El Guerrero aprovecha que todos están atentos al Pirata Negro para trepar por la fachada trasera de un edificio adyacente y saltar a la terraza en donde están los hermanos Kan. Cae entre ellos, matando rápidamente a los guardias de escolta y al propio Yeir Kan, que lucha ferozmente pese a tener todavía un brazo herido de un encuentro anterior.
Cuando varios de los tunecinos de Yeir Kan saltan también a la terraza para vengar la muerte de su líder, Ali Kan aprovecha para huir del Guerrero. Este, viendo que Alí se le escapa de nuevo, decide dar prioridad al rescate del Pirata Negro. Llega hasta la plancha de la que cuelga su aliado, donde los guardias le siguen, acorralándolo contra el borde de ésta.
Y aquí lo dejamos por el momento, con el Guerrero al borde del abismo (o de la plancha) y con la vida del Pirata Negro pendiente de un hilo (o de una cuerda). Hasta que continuemos con los siguientes capítulos, puedes repasar los números anteriores en orden desde el primero pulsando aquí.
Otras colecciones de Manuel Gago
Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz
El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.
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