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viernes, 28 de agosto de 2026

¡DRAGONES!

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, draconianos lectores.

A veces el cerebro funciona de forma extraña. Ayer, por ejemplo, publicamos un artículo en el que mencionábamos, entre otras cosas, que Juan Tamariz dejó la carrera de Física para dedicarse a la magia. Aquello nos hizo recordar una mítica película de animación: El vuelo de los dragones (The Flight of Dragons), estrenada en 1982.

En esa película, el protagonista es un joven llamado Peter Dickinson, presentado como un científico prometedor que abandona su carrera para dedicarse a escribir novelas de fantasía y diseñar juegos de mesa. Hay una escena en la que está intentando vender uno de sus juegos al dueño de lo que parece ser una tienda de empeños. El hombre le pregunta cómo es posible que un joven científico con un futuro brillante lo haya dejado todo para dedicarse a “esa tontería” de hacer juegos con muñequitos y dragoncitos. La respuesta de Peter es una de las frases más hermosas y significativas que he tenido la suerte de oír jamás: “¿Cómo pensar en ecuaciones pudiendo imaginar dragones?”. Esa frase es casi un credo personal o una brújula vital que resume lo que muchos sentimos por los juegos de rol, la fantasía, la literatura heroica y todo lo que rodea ese universo tan peculiar.

El caso es que Peter Dickinson es una persona real. O lo era, porque falleció en 2015. Sin embargo, la película lo presenta como un científico, cuando en realidad nunca lo fue. Lo que sí hizo fue escribir varios libros sobre dragones, el más conocido de ellos titulado The Flight of Dragons (1979), en el que se basa en parte esa película. El libro tenía la particularidad de estar escrito como un tratado enciclopédico, no como una novela. En él se analizaba la biología de los dragones: cómo generaban y lanzaban fuego, cómo podían volar, su reproducción, envejecimiento, su lugar en el ecosistema… Todo contemplado desde un punto de vista biológico y realista. Quizá por eso en la película se lo presentó como un científico, para reforzar la diferencia entre el Peter Dickinson del mundo real y el Peter Dickinson del mundo de fantasía.

Con todo esto en mente a resultas de la publicación de ayer, y a la vez pensando en que podría publicar hoy, caí en la cuenta de que tenía un librojuego todavía sin reseñar que trata precisamente sobre dragones. Y sin más preámbulo, aquí lo tenéis, que si "preambulizo" más, la entradilla va a quedar más larga que la propia reseña.

En ¡Dragones! somos el hijo adolescente de una familia noble (pero empobrecida) de la Edad Media. Nuestros padres están arruinados y, pese a que vivimos en un gran castillo, este es un lugar vacío y polvoriento. 

Un día, cuando nuestro padre parte a desfacer entuertos como le corresponde por ser un caballero del reino, decidimos imitarle. Abandonamos el castillo en busca de aventuras y nos vamos encontrando con varios dragones. De hecho, fuera del castillo no parece haber nada más que dragones, como si el reino tuviera una plaga de ellos. No hay una misión concreta que cumplir más allá de ver qué nos ocurre y esperar que nuestro final no sea demasiado malo.

Hay once finales posibles. Tres son pésimos, en los que un dragón acaba con nosotros. En uno de ellos se especifica que primero nos convierte en pato y luego nos devora, porque no le gusta el sabor de los humanos. En los otros dos no se describe nuestra muerte, solo se da a entender que esta sucede. 

Hay cinco finales intermedios en los que sobrevivimos a nuestros encuentros, pero no libramos al reino de ninguno de los dragones. Entre estos finales destaca uno especialmente curioso: nos encontramos con nuestro padre, que vuelve de desfacer entuertos. Le contamos nuestra aventuras y él nos dice que no hay ni nunca ha habido dragones, que son una invención. ¿Será que todas nuestras aventuras solo han ocurrido en nuestra cabeza? ¿Será que quizá solo nosotros los vemos? ¿Son los dragones alguna clase de criaturas espirituales con las que solo algunas personas pueden interactuar?

Entre los tres finales óptimos tenemos uno en el que encontramos un tesoro que nos permite sacar a nuestra familia de la miseria. Hay otro en el que la Dama del Lago nos entrega una espada mágica con la que matamos a uno de los dragones malvados (porque no todos lo son). Este detalle permite situar geográficamente la acción, puesto que la Dama del Lago no aparecía en cualquier lago, sino únicamente en los lagos del bosque de Brocelandia (el actual bosque de Paimpont, en Bretaña), según las leyendas artúricas. 

Y, sin duda, el final más peculiar es aquel en el que un dragón nos convence para que le demos un beso y… bueno, quien haya visto Shrek recordará el momento en el que Asno descubre que el dragón del castillo es en realidad una dragona. Pues eso: nos toca hacer de Asno. 

Curiosamente, es la misma dragona que en uno de los finales malos nos convierte en pato y nos devora. Vamos, que al parecer la gigantesca señorita nos ha echado el ojo y está empeñada en comernos enteros, y le da lo mismo hacerlo de un modo que de otro.

Un librito curioso… y escamoso.

Puedes repasar todos los librojuegos de esta colección ya reseñados pulsando aquí.

Dragons! 1984. Jim Razzi (texto) Kevin Callahan (ilustraciones). Elige tu propia aventura / Globo Azul n.º 6. Publicado en 1984 por Timun Mas.

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