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jueves, 27 de agosto de 2026

MORTADELO Y FILEMÓN. Magín el mago

  EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

Saludos, ávidos lectores.

El pasado 18 de agosto murió Juan Tamariz, un estudiante de Física español que abandonó la carrera en su último año para dedicarse a la magia. Podría parecer que física y magia son justo lo contrario una de otra, pero la física es, a fin de cuentas, el estudio de cómo funciona el mundo, y la magia es el arte de hacer que parezca que el mundo puede funcionar de otra manera. ¡Quizá sus conocimientos de física terminaron por potenciar sus trucos de magia, quién sabe! 

El caso es que Juan Tamariz se especializó en los juegos de manos y de cartas. De hecho, en 1973 ganó el Primer Premio Mundial de Cartomagia en el Congreso Mundial de Magia, celebrado en París. Ese premio es el máximo reconocimiento internacional que se da en esa categoría. Para entendernos, Tamariz era el Chuck Norris de los cartomagos. 

No era el típico ilusionista elegante, perfectamente vestido con frac, pajarita y carácter serio, que es lo más habitual en los espectáculos de magia. Juan Tamariz era campechano. Era muy cercano al público, vestía de forma incluso desastrada y es muy recordado por su viejo sombrero de copa colocado torcido sobre la cabeza, cubriendo unas largas greñas que le llegaban hasta los hombros. Su espectáculo estaba más enfocado a divertir que a impresionar, hasta el punto de que a la gente le daba igual saber cómo se hacían sus trucos. Lo que fascinaba a todos era la dinámica de su actuación, que en ocasiones él mismo interrumpía para ponerse a tocar un violín imaginario.

Como ya sabéis, este es un blog de coleccionismo. Todas las entradas están dedicadas a algún artículo en particular que tengo como parte de mi colección. Y lo cierto es que no tengo nada que pueda relacionar directamente con Juan Tamariz. Simplemente es un personaje que fue muy importante en mi infancia, porque salía en programas como Un, dos, tres u otros espectáculos que seguía cuando era crío y lo recuerdo con mucho cariño. Así que, habiendo admitido ya que el artículo que voy a reseñar hoy es más que nada una excusa para dedicarle una pocas palabras a Juan Tamariz, vamos a darle un vistazo a Magín el mago. Si bien no está relacionado directamente con Tamariz, considero que es bastante adecuado, puesto que la historia trata sobre un mago e Ibáñez era un genio del humor. Y magia y humor son las dos cosas que caracterizaban a Juan Tamariz.

 
Si veis rara esta portada, es porque no lo es. Magín el mago lo tenemos como parte de un tomo recopilatorio, sin las portadas originales.  

En Magín el mago un mago hipnotizador utiliza sus poderes para robar. Su modus operandi habitual es hipnotizar al guardia nocturno de un banco para quitárselo de en medio y poder forzar la caja fuerte sin problemas. Le bastan unos segundos para introducir alguna idea disparatada en la mente del guardia, normalmente haciéndole creer que es otra cosa como un pájaro, un cohete o un avión. Con esa falsa autopercepción instalada en la mente, el vigilante nocturno corre a lanzarse por la ventana intentando volar, o hace cualquier cosa que lo aleja del lugar.

El superintendente les encarga el caso a Mortadelo y Filemón y estos se ponen al lío, con la combinación de buenas intenciones y mala praxis que les caracteriza. El problema no es solo que Magín hipnotice a los guardias de seguridad o a algunos colaboradores de los agentes, sino que también los hipnotiza a ellos mismos, haciendo que peleen o se estorben mutuamente.

La suerte que tienen en este caso, si podemos considerar tal cosa como suerte, es que un fuerte golpetazo suele hacer desaparecer los efectos de la hipnosis de Magín. Mortadelo y Filemón son muy propensos a recibir golpes de todo tipo, por lo que el estado de hipnosis no suele durarles mucho.

Nuestros intrépidos agentes prueban varios métodos para atraparle sin que este pueda hipnotizarles, como utilizar unas viseras bajas o usar un perro contra él. Pero Magín es un mago y lo que caracteriza a los magos son los trucos, así que de una forma u otra se las apaña para ganarles la mano tanto a ellos como al perro.

No tardan mucho en averiguar dónde vive y van a buscarlo. Y claro, cuando alguien se mete en tu casa, la cosa ya es personal. 

Naturalmente un criminal no debería poder reclamar nada: si vives fuera de la ley, luego no exijas que la ley te proteja. Sin embargo, Magín se toma bastante mal que los agentes vayan a buscarlo a su domicilio y pasa al contraataque, siendo él quien va a buscarlos a ellos a su casa. 

Esto nos deja con una imagen bastante interesante en la que la elegante capa que viste queda hecha fosfatina, atravesada por unos disparos. Y pese a ello, reacciona tratando de volar con esta. En ningún momento anterior se había visto que Magín utilizase la capa para volar o planear, pero aparentemente sí tiene esa capacidad, ya que mientras cae de la cornisa sostiene abierta la capa como si pretendiera frenar su descenso de este modo. Es un detalle curioso porque se nos desvela una capacidad de Magín justo en el momento en el que la pierde, sin que la hayamos visto utilizarla anteriormente, y sin que le veamos usarla luego.

Tras varios desafortunados intentos de capturarle, Magín el mago caerá al fin por culpa de sus propias triquiñuelas: hipnotiza a Mortadelo y Filemón para que se crean luchadores de wrestling y se ataquen entre ellos mientras él escapa. A consecuencia de esto, Mortadelo agarra a Filemón y lo lanza por los aires, haciendo que choque con Magín y ambos se precipiten por una ventana, dando pie a que el malvado sea capturado.

Como es costumbre en este cómic, todo tiene que terminar con una escena clásica de persecución en la que el Súper corre detrás de Mortadelo y Filemón por algún motivo. En este caso, pese a los golpes que se han estado dando, la última personalidad que Magín les metió en la cabeza no se les ha pasado, y practican sus llaves de lucha libre con él.

Mucho más no puedo decir porque, como el humor de Ibáñez era eminentemente visual y situacional, no se pueden contar sus chistes porque no hacen gracia sin el apoyo de las imágenes. Solo puedo recomendaros que lo leáis, porque si bien no es de lo mejor de Ibáñez, si mantiene bastante el tipo. 

Podéis sacar del sombrero🎩otra reseña sobre la obra de Ibáñez pulsando aquí 

Magín el mago. 1971. Guion y dibujo de Francisco Ibáñez Talavera. 

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