EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, ávidos lectores.
Hoy tengo algo que os va a interesar a los amantes del cómic. Y ojo, fijaos que digo amantes del cómic y no amantes del buen cómic, porque es una diferencia importante. Un amante del cómic es aquel a quien no sólo le gustan los buenos cómics. También quiere saber sobre los malos, quiere saber la historia del cómic, quiere analizarlos, quiere tener material de referencia tanto de lo mejor como de lo peor, porque para poder comparar hay que ver ambos extremos.
Este no es un artículo para los gourmets del cómic, sino para los arqueólogos del cómic. Se trata del tercer y aparentemente último número de Barrabás y Tarugo. Fueron publicados por el Instituto Editorial Reus S. A. Esta era una editorial jurídica, pero en los años cuarenta, para diversificar un poco sus fuentes de ingresos, sacó también algunas colecciones de tebeos en formato apaisado. Sólo se conocen tres números, aunque se anunció un cuarto que a todas luces nunca llegó a ponerse a la venta.
Se publicaron en 1947, durante la etapa de la autarquía franquista. La autarquía fue un período dentro de la posguerra comprendido entre 1939 y 1959, durante el cual Franco trató de hacer que España fuera autosuficiente, sin ninguna dependencia de comercio con el exterior.
En principio, que un país o una persona sean autosuficientes me parece bien; de hecho, lo considero la situación ideal. Sin embargo, hay que saber implementarla y, en este caso, no se supo hacer. La autosuficiencia es algo que debe labrarse desde la suficiencia. Es decir, si tu país o tu economía se sostienen gracias a otros países o personas, hay que ir eliminando esa dependencia poco a poco hasta que la situación sea sostenible sin ella. Pero no depender de los demás tampoco implica necesariamente cortar el contacto con los demás.
Durante la autarquía española, lo que se hizo fue cortar directamente todos los lazos con otros países, tanto comerciales como políticos, en la creencia de que España encontraría la forma de levantar cabeza por sí misma. Y no fue así. Lo que trajo esto, en lugar de esa situación ideal de independencia financiera, fue más hambruna, más privaciones y una escasez de prácticamente todo.
A su favor podríamos decir que incrementó la producción de literatura y cómic español (ya que no entraba de otros países) lo cual hizo aparecer muchísimas colecciones y títulos nuevos, siendo este uno de ellos.
Los nombres de los protagonistas merecen ser analizados, ya que Barrabás era un famoso asesino bíblico que descuartizaba a sus víctimas, y tarugo significa, básicamente, imbécil o simplón. Barrabás (el pelirrojo de la portada) y Tarugo (su compañero moreno de pequeño y sospechoso bigotillo rectangular) son una pareja de aventureros torpes y disparatados. En esta, su tercera y última aventura, están en África, aparentemente buscando un tesoro gracias a un mapa que consiguieron en el número anterior.
El cómic es en blanco y negro, pero la portada y la última página estaban en color, aunque era una paleta de colores muy reducida, como habéis podido ver, limitada a rojo, azul, rosa y morado.
Como os dije antes, no es un buen cómic para nada. Es una curiosidad, un ejemplo de lo que nos podíamos encontrar en los quioscos en esta época, porque no había mucho más donde elegir. El dibujo es terriblemente sencillo, al nivel de los dibujos de los chistes de política de los periódicos, y todo lo que ocurre parece muy improvisado. Incluso los cuadros de texto están llenos de una letra apretada que parece que se ha intentado hacer encajar en ellos de cualquier modo, como si al autor le hubiesen dado las páginas con los espacios para las viñetas y los cuadros de texto ya hechos, y el encargo de rellenarlos con lo que fuera.
Llegados a este punto, considero que lo más interesante sobre este cómic ya está dicho. Pero todavía no hemos tocado la historia, y ya que estamos en ello, vamos a darle un vistazo.
Barrabás y Tarugo están en África, buscando un tesoro. Les acompaña un guía nativo llamado Tacoli y un perro llamado Merluza.
Mientras deambulan por la selva, son atacados por los betuneros, una peligrosa tribu de caníbales que los captura. Se los llevan a su poblado y preparan la ceremonia en la que van a asarlos y comérselos.
Estando allí prisioneros, tienen la ocasión de comprobar cómo un hombre blanco entra en el campamento y pasea libremente por él sin temor ninguno. Ellos se refieren al hombre como «uno de los bandidos» y los cuadros de texto lo hacen como uno de los gangsters. Esto debe ser parte de la trama del número anterior. Al ver a este individuo, los betuneros se inclinan adorándolo como si fuera un dios.
Tras algunos intentos frustrados, Barrabás y sus compañeros consiguen finalmente escaparse del poblado de los betuneros, y muchos de ellos salen en su persecución.
El bandido blanco, junto con uno de sus socios, acusa al brujo de la tribu de haberles facilitado su huida a los prisioneros, con lo que los betuneros se lanzan contra este para acabar con él. Esto es una maniobra de los bandidos blancos para debilitar el poder de la tribu y así controlarla más fácilmente.
Barrabás y su grupo son alcanzados por sus perseguidores. Se deshacen de la mayoría de ellos a tiros, haciendo que los betuneros supervivientes se retiren de regreso a su poblado. Cruzan un río con una piragua que encuentran abandonada... Hacen un alto en el camino a comerse unos plátanos... Le pegan un tiro a una serpiente que pasaba por ahí... Finalmente, su mapa los lleva hasta una especie de búnker en medio de la jungla.
Se adentran en este, pistola en mano, y encuentran un esqueleto ahorcado. También algunas lanzas nativas, que empiezan a flotar en el aire y a atacarles como si estuvieran siendo sostenidas por guerreros invisibles. De hecho, disparan contra el lugar en donde se encontrarían los cuerpos de estos guerreros si realmente fueran invisibles, pero las balas no dan a nada. Las lanzas siguen atacándoles y se ven obligados a huir por un largo tramo de escaleras descendentes.
Este les lleva hasta un largo foso de cocodrilos, que solo puede cruzarse sujetos a una cuerda. Y cuando están casi llegando al otro extremo, alguien corta esa cuerda. Únicamente Tarugo logra encaramarse al otro lado, pero allí resulta no haber nadie. Sus compañeros no han caído al foso, sino que se han quedado agarrados a la cuerda que ahora cuelga del otro extremo de la sala.
Recogen el tramo de cuerda que se han quedado, lo lanzan al otro lado (donde Tarugo lo empalma con el trozo que quedó cortado al suyo) y el resto de personajes cruzan. Llegan así hasta otra sala en la que son atacados por otra arma flotante, esta vez una porra de madera, que logra dejar inconsciente a golpes a Tarugo y a Tacoli.
Barrabás se limita a ignorar la porra y sigue avanzando por una galería hasta llegar a una cámara en la que hay un gran ídolo de piedra. El idolo sostiene una cajita dentro de la cual hay un ungüento, que Barrabás deduce que es lo que hace volverse a la gente invisible y aparentemente invulnerable.
Y el número termina aquí, indicándonos que en el próximo número Barrabás volverá atrás para buscar a su perro Merluza, desaparecido en algún momento de la aventura sin que nadie sepa muy bien qué ha pasado con él. Este cuarto número no llegó a publicarse. Vista la calidad de la historia, no me extraña mucho. Pero, por suerte o por desgracia, según se mire, todavía podemos encontrar algunos de estos cuadernitos por ahí, como testimonio de lo que se leía en esta época: una sucesión de clichés que no pretendían ser realistas, porque bastantes preocupaciones reales tenía ya la gente como para encima andar preocupándose de la veracidad de lo que mostraban las viñetas.
Las editoriales trabajaban con recursos mínimos y se enfrentaban a una censura que, si bien era menor que la que hubo anteriormente durante la Segunda República, seguía limitando mucho la creatividad de los autores y los temas a tratar. Hoy en día, con la nueva censura impuesta por la corrección política, sería difícil de publicar. No es que valiera la pena publicarlo, por otra parte, más que como curiosidad, pero de querer alguien reeditarlo y de tener un público que lo demandara, sería casi imposible hacerlo.
Tengo que revisar mis archivos, pero creo que este es el comic más antiguo que tenemos en su edición original. A fecha de hoy, hace casi ochenta años que estas cuartillas fueron impresas.
Barrabás y Tarugo en el país de los betuneros. 1947. M. de Arce (guion y dibujo). Publicado por Instituto Editorial Reus S.A.



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