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martes, 22 de septiembre de 2026

¿RINOCERONTE? ¿QUE RINOCERONTE?

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                        ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                             

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, ávidos lectores.

Hoy, veintidós de septiembre, es (como sin duda ya sabéis, porque una fecha como esta no pasa desapercibida) el Día Mundial del Rinoceronte. Está dedicado a las cinco especies de rinocerontes del planeta Tierra: blanco, negro, indio, de Java y de Sumatra.

Estuvimos dando un vistazo a lo que teníamos a mano, buscando algo todavía sin reseñar que tuviera que ver con rinocerontes, y hemos encontrado este librito. No trata exclusivamente de rinocerontes, pero sí que sale uno que da título al libro y además aparece en la portada, en una pose muy natural de rinoceronte tomando té.

La historia (pensada para niños de unos ocho años, pero con una segunda lectura muy interesante) trata sobre una familia común que comienza a acumular animales cada vez más raros. Llama la atención que ningún personaje tiene nombre; la familia está compuesta por un niño, que es el protagonista y narrador en primera persona, su hermana, su padre y su madre, aparte de vecinos y personajes adicionales que aparecen puntualmente. Ninguno llega a tener nombre y, sin embargo, los animales sí lo tienen, dejándonos claro quiénes son los verdaderos protagonistas, el verdadero motor de la historia.

La familia siempre ha tenido tendencia a acumular animales comunes: perros, gatos, pájaros, un conejillo de indias, una tortuga de tierra pequeña… hasta que un vecino les trae un erizo que ha rozado con el coche mientras iba conduciendo. No parece herido, pero sí aturdido, y como el vecino sabe que ellos tienen bastantes animales, les lleva el erizo para que se ocupen de él, y ellos lo aceptan.

Esto hace que todos sus vecinos se sientan con el derecho de endosarles cualquier animal que encuentran, recogen o adoptan y luego no quieren quedarse. Así es como terminan con un dromedario, un jabalí, varios mandriles, una cabra, un gorila, un mapache... 

Cuando se ponen serios y les dicen a los vecinos que no quieren más animales, estos simplemente dejan de entregárselos, pero no de dárselos; los dejan en su puerta, llaman al timbre y echan a correr, o los arrojan dentro de la casa por una ventana abierta, con lo que van acumulando más y más animales: avestruces, mofetas, marmotas, ovejas, chinchillas, ciervos, jirafas, zarigüeyas, una vaca, un oso pardo, un equidna… 

La casa se llena de animales. La familia tropieza con la nutria, se choca con el koala agarrado al marco de la puerta, tiene que apartar a empujones al buey que se ha quedado detenido en medio del pasillo para poder pasar ellos... Es como un Arca de Noé, pero afincada en tierra firme. Las cigüeñas anidan en la lámpara y la cabra se queda en el escalón más alto de la escalera, buscando la mayor altura posible. La familia pone carteles en las ventanas indicando a los vecinos que dejen de arrojarles animales dentro de la casa, pero no sirve de nada.

Así terminan también con un elefante, un león, un cocodrilo y, por supuesto, el rinoceronte del título. El rinoceronte al menos es más educado y trata de no molestar, así que cuando cruza por delante del televisor, lo hace de puntillas, a fin de pasar desapercibido.

Casi todo el libro es la descripción de los animales paseándose por la casa y de los problemas que van causando a la familia, cada vez más harta de tanto animal y de tanto mal vecino, sin saber qué hacer ni con unos ni con otros. Cómo dar de comer a tantos animales y reparar los gastos que estos provocan empieza a afectar gravemente a su economía, se plantean incluso atracar un banco. Pero claro, si te pillan mientras atracas un banco te encierran en la cárcel… si eres humano, claro. A un humano que atraca un banco le encierran en la cárcel, pero ¿y si es un animal el que atraca un banco? ¿Lo encerrarán en el zoo? Sería una forma de conseguir dinero si los animales logran atracar el banco y deshacerse de ellos si los capturan. El problema es que no ocurre ni una cosa ni otra: no consiguen hacer entender a los animales qué es exactamente el dinero, así que los que logran entrar al banco vuelven con clips o artículos de oficina, o atracan la tienda de al lado y regresan con montones de cacahuetes y frutos secos.

Tras tres intentos frustrados de atracar un banco con los animales, se deciden por montar un circo con ellos. No un circo típico con malabaristas y payasos que incluye animales, sino un circo únicamente con animales, sin nada más. Y esto resulta ser un éxito. La familia gana muchísimo dinero con ellos, se compran un tren particular en el que meter todos los animales y dedican el resto de su vida a viajar de ciudad en ciudad dando su espectáculo de circo sin humanos.

La acumulación de animales cada vez más exóticos, el caos doméstico, el tono exagerado, el rinoceronte andando de puntillas para no molestar… todo eso está bien. Es imposible y absurdo pero eso es lo que lo hace divertido. Pero lo verdaderamente interesante, creo yo, es el mensaje enterrado bajo esta avalancha de animales: el hecho de que, como la familia acepta hacerse cargo del erizo, todos los vecinos se creen con derecho de endosarles los animales que recogen ellos. Esto es algo que ocurre con demasiada frecuencia. Cuando aceptas hacerle un favor a una persona o grupo de personas, a veces esa persona o grupo dejan de considerarlo un favor y dan por hecho que a partir de ese momento, establecido un precedente, siempre va a ser así. Que siempre vas a cambiarles los turnos de guardia en el trabajo, que siempre vas a terminar lo que se han dejado a medias, que siempre vas a prestarles dinero, que siempre vas a hacerles tal o cual favor. Aceptas hacerlo una vez y ya pierdes el control sobre esa decisión, o así es como lo ven algunos. Por eso hay que tener mucho cuidado con la generosidad. La generosidad, el ayudar a los demás, la solidaridad y todo eso está muy bien, pero siempre ha de ser voluntaria. Ser solidario con el dinero, el tiempo o el esfuerzo de los demás es muy fácil. Nadie puede obligaros a ser solidarios, y cualquier persona que insista en ello os está haciendo chantaje emocional y, por tanto, no es vuestra amiga. Es algo que siempre debéis tener presente. 

No se si esta era la lección que el cuento pretendía dar o es que estoy sobreanalizando otra vez, pero es lo que yo veo aquí. Otra lectura más amable sería la típica de "Si la vida solo te da limones, haz limonada", es decir, encontrar el modo de convertir un problema (en este caso el exceso de animales) en una ventaja (una fuente de ingresos en forma de circo ambulante).   

¿Rinoceronte? ¿Qué rinoceronte? 2010. Pablo Albo (texto) Lucía Serrano (ilustraciones). Editorial Everest S.A.

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