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miércoles, 16 de septiembre de 2026

EL PIRATA GARRAPATA EN ROMA

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, marineros de agua dulce.

La serie de cómics de El pirata Garrapata vio la luz en 2007 y se compuso al menos de cuatro números. No puedo asegurarlo porque no hay información oficial al respecto. Por aquella época S.M. solía producir series de cómics que se entregaban a las escuelas o a ayuntamientos que estaban patrocinando campañas de lectura infantil para que estos los distribuyeran. Pero no se vendían al público general en librerías, por lo que estas colecciones ni tan solo fueron incluidas en su catálogo. Debido a ello, a día de hoy tenemos muy poca información contrastable sobre ellas.

Los guiones fueron escritos por Juan Muñoz Martín, y Antonio Tello se encargó de dibujarlos. Es decir, los autores son los mismos que los de los libros, con lo que todo se mantuvo igual que éstos: tanto el humor absurdo, disparatado y anacrónico como el estilo de dibujo al que ya nos habían acostumbrado. Se trata de cómics en tapa dura y a color, concebidos como aventuras auto conclusivas, independientes de la línea de libros. Tenían también un elemento educativo. Las últimas cuatro páginas de cada cómic son directamente de texto, en las que se trata con algo más de seriedad el mismo tema que se tocó en la historia, quizá para dejar claro cuánto de todo lo dicho eran datos reales y cuánto exageraciones.

El Pirata Garrapata en Roma comienza con Garrapata y Carafoca pescando en el Támesis. Carafoca engancha un pez que resulta tener una carta en la boca. El problema es que ninguno de los dos sabe leer. Un policía que pasa por allí los ve pescando y los arresta. Pescar en el rio está prohibido, tal como indica claramente un cartel que tienen justo al lado, que, de nuevo, no han sabido leer. ¡Para que veáis lo importante de la cultura, grumetes!

En la cárcel, un guardia decide leerles él mismo la carta en voz alta, para que se queden tranquilos y dejen de alborotar. La misiva es, como de costumbre, una carta enviada por Floripondia en la que ruega a Garrapata que vaya a rescatarla, pues se halla prisionera en un templo de Vesta. Esto hace que el guardia reconozca a Garrapata y Carafoca al fin, ya que al parecer es admirador de sus aventuras. Les abre la puerta de la celda y facilita la huida. Además, analizando el remitente y el matasellos, el guardia logra averiguar dónde se encuentra Floripondia. No solo determina el lugar, sino también la época, puesto que la carta ha sido enviada desde la Roma del año 50 después de Cristo, siendo Nerón emperador. No tratéis de buscarle sentido a esto, porque Garrapata funciona así: es atemporal, multidimensional y cambia de época con cierta frecuencia. A veces porque quiere, otras porque simplemente le pasa. Garrapata es un juguete en manos del destino y del autor.

Garrapata reúne a toda su tripulación habitual y navegan hacia la Roma del año 50. Saben que se están acercando cuando, tras cruzar el Estrecho de Gibraltar, se encuentran con un trirreme que les lanza piedras de catapulta en vez de los esperables cañonazos a los que están acostumbrados. Para no llamar mucho la atención, la tripulación imprescindible (los personajes con nombre propio) se mete en un bote y continúa acercándose a remo.

Pese a sus precauciones son interceptados por otro trirreme que les interroga sobre su procedencia. Garrapata afirma entonces venir de la Semana Náutica de Melilla. Lo dice para despistar, porque en realidad venía de Londres, pero el capitán del trirreme piensa que son españoles y, por tanto, espías. Le pese a quien le pese Melilla es parte de España tanto como Ceuta, las Canarias o el islote de Perejil. Es lo que hay. Ahora bien, siendo justos, en el año 50 después de Cristo, España como tal ni tan solo existía bajo ese nombre. Pero las historias de Garrapata funcionan así: cuando la lógica o la historia se enfrentan al humor, el humor es el que gana.

Los romanos capturan a todos los piratas y los llevan a puerto para que luchen como gladiadores en el circo. El primero en salir al ruedo es Carafoca, que con poco más que un mazo debe enfrentarse a un feroz león. Aunque sorprendentemente lo derrota porque consigue hacerle estornudar, y aprovecha que el animal baja la cabeza para darle un golpe en el cráneo que lo deja inconsciente y con un gran chichón. Nerón, que estaba presenciando el combate, admirado por el temple y la valentía de Carafoca, decide concederle la libertad y una petición. Carafoca responde que quiere que sus amigos sean liberados también, a lo que Nerón accede, y todos son soltados en las calles de Roma.

Sin embargo, poco después, uno de sus sirvientes lleva hasta Nerón la carta de socorro de Floripondia, encontrada entre las ropas de Garrapata cuando los detuvieron. Nerón, dándose cuenta de que Garrapata llegó hasta Roma para rescatar a Floripondia (a la que él mismo raptó, fascinado por su oronda belleza), ordena que los prisioneros que fueron dejados libres sean capturados de nuevo.

Mientras tanto, para pasar desapercibidos, el grupo de piratas se disfraza hábilmente y va a buscar a Floripondia al templo de Vesta. Allí únicamente encuentran a su asistenta, Miss Laurenciana. Esta les informa de que Floripondia va a ser sepultada viva siguiendo la tradición, puesto que las sirvientas de Vesta tienen prohibido enamorarse y se ha descubierto que ella ama a Garrapata. Así pues, el procedimiento habitual en este tipo de casos es sepultarla viva junto con una jarra de agua, dos panes y una vela, y dejarla allí hasta que muera. En medio de una gran procesión, Floripondia es llevada hasta su sepulcro y encerrada. El propio Nerón se lamenta: la ley es clara y él no puede hacer nada, pese a que raptó a Floripondia porque se había enamorado de esta. Por ello, cuando aparece Garrapata y echa abajo la puerta de cinco cerrojos del sepulcro, Nerón en el fondo se alegra y los invita a su palacio para resarcirlos.

Durante la celebración posterior, Nerón es informado de que Garrapata y los garrapateros han escapado llevándose con ellos a Floripondia y también al cerdo que tenían reservado para la cena. Con ello, Nerón da de nuevo la orden de que sean capturados y llevados al circo, cerdo incluido. Esta vez no se enfrentarán a leones, sino que pelearán entre ellos. Garrapata y todos sus hombres, incluso doña Floripondia (y supongo que el cerdo, aunque no lo vemos), son emparejados para combates individuales. Los garrapateros resuelven la situación luchando y fingiendo matarse hasta que la mitad de ellos quedan tendidos en el suelo.

Cuando los supuestos cadáveres y los gladiadores supervivientes son retirados de la arena, Nerón da orden de que maten igualmente a los supervivientes, excepto a la simpar Floripondia, a la que conservará con vida para su propio uso y disfrute. Garrapata entonces saca un fajo de billetes falsos (recordemos que en los libros tenía una máquina de falsificar billetes y la hacía funcionar a cada ocasión que se le presentaba) y compra con ellos su libertad.

Disfrazados de nuevo, los garrapateros acuden a las termas, donde saben que estará Nerón, y consiguen que este, sin reconocerlos, los invite a su palacio esa misma noche. Inspirado por un sueño que tuvo en las termas, adormecido por el calor, en el que el monte Vesubio entraba en erupción, Nerón decide quemar Roma y envía a varios de sus sicarios a prender fuego a las casas con antorchas. Garrapata aprovecha la confusión para rescatar nuevamente a Floripondia y huir del palacio (por segunda vez), recurriendo al truco de disfrazarse (por tercera vez) para pasar desapercibidos entre los romanos. Se ponen largas pelucas rubias a fin de ser confundidos con esclavos germanos que están participando en la extinción del incendio. Pero no pueden llevarse con ellos a Floripondia, a la que Nerón ya había enviado al circo nuevamente para ser devorada por las fieras, porque su mujer ya andaba con la mosca tras la oreja con ella.

Al día siguiente, en el circo, antes de los juegos, se celebra una carrera de bigas (carros de dos ruedas de los que tira un caballo) en la que Nerón participa. Todos los otros corredores van a dejarle ganar por si acaso. Garrapata se inscribe también en la carrera, pero Nerón hace trampa, trabándole la rueda del carro con una barra de hierro y provocando un accidente. A la carrera de bigas sigue una de cuadrigas (también de dos ruedas pero con cuatro caballos), en la que esta vez participa Carafoca, logrando ganar al emperador. La última carrera, el premio mayor, es solo de jinetes a caballo: veinte vueltas al galope. En la última de las vueltas, Garrapata se sale de la pista y va a toda velocidad hacia el estrado, agarra la cesta con el premio en metálico y sigue trotando hasta salir del circo.

Ni tan solo han tenido la oportunidad de rescatar a Floripondia, pero esta se presentará de la forma más inesperada: los dacios atacan Roma, lo cual supone un grave problema para Nerón, cuyas fuerzas están muy dispersas para reaccionar adecuadamente. Garrapata no puede permitir que Roma sea destruida sin que antes haya logrado sacar de allí a Floripondia, por lo que vuelve a su barco y utiliza sus poderosos cañones para hundir la flota dacia antes de que la mayor parte de sus guerreros desembarquen. Nerón, como agradecimiento por haber salvado Roma, le da permiso para participar en los siguientes juegos y tratar de salvar también a Floripondia antes de que sea ejecutada. Esta ha sido atada a los colmillos de un elefante sobre el cual se lanzarán todo tipo de fieras. A los garrapateros les basta con una sola viñeta para liberar a Floripondia y deshacerse de las bestias, lanzándoles chuches y cacahuetes para mantenerlos entretenidos. Maravillado por su destreza, Nerón los invita a su palacio (que no aprende, el hombre) y los garrapateros aceptan.

Nerón sigue con sus desmanes, poniendo a los romanos cada vez más en su contra con un continuo derroche de dinero público que tiene al pueblo empobrecido y hambriento, y a él viviendo en un palacio de oro. 

Finalmente, el pueblo se levanta en armas contra Nerón y este se ve obligado a huir de su palacio vestido con andrajos seguido de unos pocos servidores, y llevándose a la bella Floripondia. Viendo que el cerco se cierra sobre él, los servidores de Nerón lo animan amablemente a que ponga fin a su vida. De hecho, lo matan ellos mismos y lanzan su cuerpo a un pantano. Luego huyen, dejándolo allí junto a Floripondia, que se hunde en arenas movedizas. Garrapata llega a tiempo de salvarla, regresa con ella a su barco y los garrapateros se alejan navegando rumbo al horizonte, mientras los romanos los despiden desde el puerto agitando pañuelos.

Convengamos que la historia no tiene mucho sentido, pero esto era lo típico en los libros del Pirata Garrapata. Así que, si esto pretendía ser una versión en cómic de los libros contando nuevas historias, realmente consigue mantener el mismo espíritu que estos. Se mantiene esa sensación que hay en los libros de que Garrapata es, en realidad, un inútil y en ningún momento tiene el control de la situación, pero al mismo tiempo siempre se las apaña para salir adelante a base de pura cabezonería. Es lo que se suele llamar un héroe por accidente. Un patán con suerte. No debería ser capaz de lograr nada de lo que se propone y, sin embargo, lo hace. Y esa es una de las cosas que más me gustan de este personaje, porque yo mismo me he sentido así en algunas etapas de mi vida, como un inútil que consigue salir adelante sin saber él mismo como.

Resumiendo, que se hace tarde, es un cómic absurdo, exagerado, anacrónico, caótico y encantador. Puro Garrapata.

Puedes repasar los libros que dieron origen al personaje pulsando aquí

El pirata Garrapata en Roma. 2007. Juan Muñoz Martín (texto) Antonio Tello (ilustraciones). Ediciones S.M. 

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