LA COLECCIÓN DE FIERAS
¡Hola raros! ¡Feliz Día Internacional de la Mordedura de Serpiente!
En 2017, la Organización Mundial de la Salud incluyó las mordeduras de serpiente en la lista de enfermedades. Yo no soy quien para llevarles la contraria a estos doctos señores, y si opinan que ser mordido por una serpiente es una enfermedad y no un accidente, pues razón tendrán. Estaré atento a ver si incluyen como enfermedad el caer rodando por las escaleras, para dedicarle una entrada del blog también.
El caso es que se calcula que una media de cinco millones de personas son mordidas anualmente por serpientes, de las cuales en torno a medio millón mueren o quedan permanentemente discapacitadas por efecto del veneno. Para aportar nuestro granito de arena en lo de concienciar a la gente sobre los peligros de mezclarse con estos reptiles, hemos decidido hacer una reseña sobre la figura de Wrath-Amon, el villano principal de la serie Conan the adventurer (Conan el aventurero, 1992), emitida en España como Las aventuras de Conan.
Wrath-Amon es un poderoso hechicero de los hombres serpiente, servidores del dios Set. El desató la maldición de petrificación sobre la aldea de Conan, transformando al padre de este en piedra, motivo por el cual nuestro bárbaro preferido (con permiso del de HeroQuest) se implica en la lucha contra los hombres serpiente. En la serie, los hombres serpiente están infiltrados en la sociedad humana mediante una magia que les hace parecer humanos. Su objetivo es reunir fragmentos del llamado metal estelar, procedente de meteoritos, para fundirlos en siete discos que colocar en la cima de siete pirámides. Esto permitiría al dios Set manifestarse en el mundo adquiriendo una forma física, y esclavizar a la humanidad.
Sin embargo, el metal estelar que los hombres serpiente necesitan es también la mejor arma contra ellos. Ellos pueden tocarlo, manipularlo y trabajarlo sin problemas, pero si este mismo metal toca su cuerpo impulsado por la voluntad de dañarlos, los envía a una dimensión etérea desde la que no pueden volver por sí solos. Esta es quizá la idea más original que planteaba la serie: que el metal estelar en sí tiene algún tipo de inteligencia, que comprende el uso que se le quiere dar y, por tanto, daña a los hombres serpiente si otra persona que esté en su contra les hace entrar en contacto con este. Pero mientras esto no ocurra, si la única voluntad que está en contacto con el metal estelar es la del propio hombre serpiente, este es inocuo y pueden manipularlo con seguridad.
Esto, en realidad, fue más que nada una excusa que se buscaron los productores o guionistas para hacer una serie sobre Conan evitando el incluir en esta sangre, mutilaciones o escenas de muerte. Cuando Conan y el grupo que se iba formando en torno a él combatían contra los hombres serpiente, bastaba con que los tocaran con alguna de sus armas para que estos se desvanecieran, enviados a esa otra dimensión. Nada de decapitaciones, torsos cortados en rodajas y baños de tripas, porque un simple roce de una espada forjada en metal estelar o un golpe con un bastón de metal estelar hacía que el hombre serpiente se desvaneciera en el aire.
Esto, de nuevo, creaba una dualidad interesante con el uso del metal estelar: los héroes lo necesitaban para deshacerse rápidamente de los hombres serpiente forjando armas con él. Y al mismo tiempo los hombres serpiente iban tras ellos para robarles el metal estelar que tenían, con lo que unos y otros se estaban acosando mutuamente todo el tiempo. De hecho, si no recuerdo mal, el propio caballo de Conan llegó a tener herraduras forjadas con metal estelar, por lo que enviaba a esa otra dimensión a los hombres serpiente a los que coceaba en medio de un combate. Y esto me parece otra idea genial. Si en alguna próxima partida de rol interpreto a un cazador de hombres lobo, me aseguraré de que mi caballo tenga herraduras con aleación de plata.
La figura mide sobre veinte centímetros de altura hasta los cuernos y tiene cuatro puntos de articulación: brazos (es ambidiestro) y piernas. A la espalda tiene una anilla que, al tirar de ella, hace que su torso se agite a un lado y a otro, lo cual puede dar la impresión de que está blandiendo la espada, luchando contra varios enemigos, o al menos entiendo que la intención es esa. La figura venía con la espada dorada que vemos en una de sus manos como complemento y también con un escudo dorado bastante bonito. El problema de este escudo es que es muy raro encontrarlo en buen estado si compras la figura de segunda mano. El escudo tenía un hueco justo en el centro para poder pasar a través de él las cuchillas que lleva en la mano izquierda. Pero una vez hecho esto, cualquier intento de volver a retirar el escudo terminaba con la rotura de este, motivo por el cual muchos Wrath-Amon (este entre ellos, me temo) se quedaron sin su escudo. Todas las figuras de esta colección incluían una base para mantenerlas en pie, un complemento bastante interesante que se echa en falta en la mayoría de figuras de acción.
El esculpido, como podéis ver, es magnífico, con mucha atención al detalle. Pero el pintado es el mínimo imprescindible, y para mí, su punto más flojo.
Wrath-Amon. Conan the Adventurer. Hasbro. Presentado en blister. Cuatro puntos de articulación + una acción. 1992.


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