EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, ávidos lectores.
Tenemos a Halloween a tiro de piedra, y Halloween va de pasar miedo. De forma controlada, claro, pero de pasar miedo a fin de cuentas. Es de lo que trata este libro para niños, de pasar miedo. Concretamente, de cómo Jon, que siempre estaba asustándose de todo, consigue librarse del miedo gracias a un extraño objeto que pasa temporalmente por sus manos.
El título es engañoso, porque cuando llamas a algo «Máquina de/del X» se entiende que es una máquina de fabricar o generar X. Aquí es al contrario. La «máquina del miedo» del título no es una máquina y lo que hace es eliminar el miedo, no provocarlo.
La historia nos la cuenta el propio Jon en primera persona. Es un chaval de unos diez años (los protagonistas de los libros infantiles suelen tener la misma edad que el público al que van dirigidos) que vive en Madrid. Afirma tenerle miedo a casi todo, desde encontrarse con una araña o una cucaracha hasta tener que hacer un examen en el cole, que un psicópata asesine a toda su familia o que un agujero negro se trague el planeta. Es realmente un margen bastante amplio.
Sus padres ya han tomado la decisión de llevarlo a un psicólogo y quizá es el miedo al psicólogo lo que hace que les desobedezca por primera vez. En la ciudad hay una feria y un compañero del cole, Ignacio, le ha propuesto escaparse de casa por la noche para ir a visitarla. Ignacio es lo contrario de Jon, el chico que se atreve a todo pese a los problemas, regañinas y lesiones que deriven de ello.
Contra todo pronóstico, Jon acepta, sale de casa a escondidas y acude con Ignacio a la feria. Una vez allí se separan, porque Ignacio quiere subir a las atracciones más emocionantes y Jon a las más tranquilas. Jon se da cuenta de pronto de que está solo, en la feria, a medianoche y sin que nadie de su familia sepa que está allí.
Andando al azar se encuentra con una caseta en la que un hombre de vocabulario bastante limitado alquila algo que él llama máquinas del miedo, que no son otra cosa que unas bolas de piedra pulida negra. Afirma que llevar encima una de sus máquinas del miedo hará que no pase ningún tipo de miedo. Le alquila una a Jon por veinticuatro horas, tras las cuales él deberá regresar a la feria y devolvérsela.
En cuanto Jon toma la piedra se desmaya, quizá por miedo a que después de todo no funcione, quizá por la emoción de que sí lo haga. El caso es que despierta en un hospital, con sus padres al lado, preocupados y disgustados a partes iguales, y su ropa doblada sobre una silla, con la bola de piedra negra colocada sobre ella.
En teoría, la bola es suya hasta las doce de la noche siguiente, que es cuando tiene que devolverla, así que se dedica a ponerla a prueba. Esa misma noche, todavía en el hospital, se escabulle de la habitación cuando sus padres duermen sentados en una banqueta y se escabulle hasta uno de los almacenes, donde se queda sentado en un rincón, en la oscuridad, y comprueba que no se siente especialmente atemorizado.
Regresa a su habitación y al día siguiente, tras ser dado de alta, acude a su primera cita con el psicólogo, que se toma con bastante calma. Tampoco se siente nervioso en el colegio, hablando con los otros chicos y especialmente hablando con las chicas, que es lo que más le costaba. A lo largo de todo el día tiene una serie de encuentros y situaciones que no voy a detallar, pero que básicamente se reducen todas a lo mismo; Jon ya no tiene miedo de las cosas que antes le asustaban. Puede estar preocupado, puede tener dudas, pero no verdadero miedo. Incluso llega a darle un beso a la chica que le gusta y a plantarle cara al matón de la clase, llevando en todo momento encima, eso sí, la bola negra.
Por la noche, sus padres le dan una sorpresa para celebrar que se ha recuperado; lo llevan a la feria. Jon aprovecha la ocasión para acercarse hasta la caseta del hombre que le alquiló la máquina del miedo y devolvérsela. El hombre ni tan solo le reconoce ni recuerda que le hubiese alquilado una. Al parecer no lleva ningún registro de eso y cuenta con que nadie se las va a devolver; después de todo, son solamente bolas de roca negra sin ninguna particularidad.
Aun así, Jon le devuelve la bola, simplemente porque se da cuenta de que ya no la necesita. Ahora bien, ¿realmente esa esfera de roca negra absorbió su miedo y ahora que ha comprobado lo que se siente cuando no está asustado, ha dejado de necesitarla? Porque lo cierto es que Jon ya tomó la decisión de escaparse de casa a espaldas de sus padres para ir a visitar la feria antes de alquilar la máquina del miedo. Y tanto para bien como para mal, todo lo que hacemos es psicológicamente más fácil de volver a afrontar cuantas más veces hayamos pasado ya por ello. Convengamos que eso de desobedecer a tus padres y escaparte de casa sin decirles dónde vas, definitivamente no es la mejor forma de superar tus temores. Pero lo importante del caso es que hizo todo eso, que eran cosas que le asustaban, antes de alquilar la máquina del miedo.
El mensaje del libro es bastante claro. Jon supera su miedo porque empieza a atreverse a hacer cosas que antes le asustaban. Realmente no importa si la piedra negra (que en el fondo no es más que un amuleto como pueda serlo una pata de conejo, una moneda de la suerte o un símbolo religioso) tenía realmente el poder de mitigar el miedo, porque Jon ya estaba empezando a cambiar por sí mismo antes de conseguirla. Y me gustó que los miedos de Jon sean muy variados, desde temores cotidianos propios de un niño hasta otros que son completamente desproporcionados, porque todos tememos a algo en especial y eso ayuda a que cualquier lector pueda identificarse con él.
Puedes ver otro libro de miedo para niños que me gustó mucho pulsando aquí.
Jon y la máquina del miedo. 1999. Roberto Santiago (texto) Valentín Gubianas (ilustraciones). Publicado por Editorial Edebé.


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