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lunes, 5 de octubre de 2026

MISTERIOS DE ULTRATUMBA

 EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                                      ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

Presentado por... Pecky.
 

¡Saludos, amigos cinéfagos!

Hace poco repasamos un clásico del terror italiano, y ahora vamos con un clásico del terror mexicano, que no se diga que aquí no tenemos variedad. Se trata de Misterios de Ultratumba, una de esas historias que, más que terror, lo que te provocan es mal cuerpo; una sensación de desagrado general, de que todo lo que podría salir mal no solo va a salir mal, sino que veremos el peor desenlace posible.

Dos científicos, el Dr. Aldama y el Dr. Mazali, hacen un pacto de caballeros. El primero de los dos en morir deberá buscar el modo de volver desde el Más Allá para mostrarle al otro lo que ha visto y aprendido allí. Es un juramento que hacen por su alma y, por tanto, de no cumplirlo, su alma inmortal se perderá para siempre. El doctor Aldama resulta ser el elegido por el destino para viajar al más allá primero. El Dr. Mazali trata de comunicarse con él por medio de una sesión de espiritismo incluso antes de que sea enterrado, y aparentemente lo consigue. Mazali le pregunta si hay algún modo de que él viaje al Más Allá para verlo por sí mismo y regrese luego al mundo de los vivos. A través de una médium, el espíritu de Aldama le indica que acaban de poner en marcha una serie de acontecimientos que le brindarán la oportunidad de cumplir con su sueño pasados exactamente tres meses.

Por otro lado, un joven médico llamado Eduardo asiste a un espectáculo de danza en el que una de las bailarinas resulta ser idéntica a una mujer con la que ha estado soñando últimamente. Pero lo más perturbador es que la bailarina se fija en él, entre el público, y parece reconocerlo también. Esta bailarina, llamada Patricia, recibe esa misma noche la visita de un misterioso individuo que le revela la existencia de un compartimento secreto en el relicario que ha llevado al cuello desde niña. En el compartimento hay una diminuta llave. El individuo, que no llega a identificarse, le dice entonces a Patricia que ella, que nunca conoció a su padre, es en realidad hija del recientemente difunto Dr. Aldama. Y que, si presenta esa llave al socio de este, el Dr. Mazali, este le entregará cierta cantidad de dinero que Aldama dejó a su cargo por si algún día aparecía su hija perdida.

La muchacha así lo hace. Se presenta en el manicomio, en la recepción del cual coincide con el joven Eduardo, que ha sido designado allí para hacer su primer año de prácticas. Aunque ya se conocían en sueños, esto les da la oportunidad de conocerse formalmente y empezar a enamorarse. Por su parte, Mazali admite no saber nada sobre Patricia ni saber de qué le está hablando cuando le muestra la llave, pero acude con ella al despacho de Aldama y allí encuentran lo que parece un cofrecito que resulta abrirse con la llave que trajo Patricia.

Dentro de esta caja hay numerosas joyas de mujer, un cuchillo de grandes dimensiones y el acta de nacimiento de Patricia. Esta pregunta si le podrían mostrar un retrato de su padre, puesto que nunca ha visto uno. Mazali le muestra entonces uno, y Patricia cae redonda al suelo. El hombre del retrato, su fallecido padre, es el mismo individuo misterioso que la visitó en su casa para revelarle la existencia de la llave oculta en su relicario.

Mazali acoge a Patricia en su propia casa y le ofrece trabajo en el manicomio como enfermera. También sigue ocupándose de sus quehaceres cotidianos y el tiempo va pasando casi sin darse cuenta, hasta que el plazo para que tenga lugar el acontecimiento prometido por el espíritu de Aldama a través de la médium está a punto de cumplirse. Para ese entonces, Patricia y Eduardo ya están definitivamente enamorados el uno del otro. 

El problema es que Mazali también ha terminado por enamorarse de la hija de su socio, a la que dobla la edad. El mismo día en que el plazo ha de cumplirse, una de las pacientes, una mujer extremadamente violenta, con ataques de ira incontrolables, a la que llaman simplemente la gitana, escapa de su celda. Los doctores se organizan para buscarla, pero el primero que la encuentra es uno a quien ella misma deformó gravemente el rostro con un frasco de ácido. Este la mata en el despacho de Mazali con el cuchillo que apareció dentro de la arqueta, y luego sale huyendo. El cadáver de la gitana es descubierto por Mazali, y entonces las puertas del despacho se cierran por sí solas y se bloquean. Cuando los ayudantes las fuerzan para registrar el despacho en busca de la gitana, encuentran a esta ya muerta en los brazos del doctor Mazali, que la estaba examinando. La policía lo detiene, puesto que él y el cadáver estaban en una sala cerrada por dentro. La situación le incrimina y, pese a sus protestas y numerosas apelaciones, se le declara culpable y se le condena a muerte. 

Mazali está tranquilo por el momento, convencido de que todo lo que está ocurriendo forma parte de la cadena de acontecimientos que le anunció el espíritu de Aldama. Y así es, pero no del modo que él piensa. Él está convencido de que cuando lo ahorquen morirá y, luego de haber contemplado el Más Allá y sus secretos, volverá a la vida de algún modo en su propio cuerpo, puesto que esto es lo que le prometió Aldama: que vería el Más Allá y, a continuación, volvería al mundo de los vivos.

Habiéndose enterado de la noticia de que el doctor Mazali va a ser ahorcado por un crimen que cometió él, el celador deformado escribe una carta de confesión. Sale a la calle con esta en la mano para hacerla llegar a la policía y, a continuación, huir donde no le encuentren, pero en ese momento el corazón le falla y cae muerto al suelo. La carta todavía podría haber exculpado a Mazali, pero una providencial ráfaga de viento la arranca de la mano del cadáver y se la lleva lejos, donde nadie la encuentra. El celador dejó escrito en su testamento que querría ser enterrado sin ataúd, directamente en contacto con la tierra, y así lo hacen.

Mazali es finalmente ahorcado y, en el mismo instante en el que muere, el cadáver del celador, enterrado pocas horas antes, surge del suelo y echa a andar tambaleándose hacia el manicomio. Aldama ha cumplido su palabra, le ha dado a Mazali la oportunidad de viajar al Más Allá y luego la de volver al mundo de los vivos, pero nunca le dijo que lo haría en su propio cuerpo. Ahora está atrapado en el cuerpo del celador, cuyo rostro es una grotesca máscara deformada por el ácido. Mazali, en su nuevo cuerpo, corre hasta el manicomio con la esperanza de recuperar parte de su vida. Sigue enamorado de Patricia, pero si antes tenía pocas posibilidades de que ella se fijara en él, ahora, con su rostro destrozado, estas son aún menores.

Intenta convencer a sus antiguos colaboradores de que él es Mazali, pero únicamente uno de los doctores veteranos le cree. Eduardo en cambio piensa que está loco, que el celador no llegó a morir, que fue enterrado vivo por error y que ese trauma le ha trastornado, haciéndole creer que es otra persona. Para empeorar las cosas, el mismo golpe de viento misterioso que se llevó la carta del celador, que podría haber exculpado a Mazali antes de que lo ahorcaran, trae ahora esa carta hasta el manicomio, haciéndola llegar a manos de Eduardo. Esa carta es la confesión del celador de que fue él quien asesinó a la gitana. Pero, claro, ahora es Mazali quien está en el cuerpo del celador. La carta que podría haberlo exculpado un día antes, ahora lo condena porque, a ojos del mundo, es su propia confesión de que él es un asesino.

Mazali, ciego de ira por el modo en que se ha complicado todo, golpea a Eduardo y también mata al único doctor que creía su historia, abriéndole la cabeza con un candelabro. Rapta a Patricia y se encierra con ella en uno de los laboratorios con la intención de destruirle el rostro con un frasco de ácido, para que así sean iguales. Su teoría es que, si destruye tanto su belleza que hace imposible que nadie pueda amarla, ella no tendrá más remedio que amarlo a él, que la seguirá aceptando sin importar cuál sea su aspecto.

Eduardo logra echar abajo la puerta que Mazali había bloqueado e impedir en el último segundo que este destruya el rostro de su amada. En la confrontación final, Mazali queda envuelto en llamas por unos productos químicos del laboratorio, muriendo de nuevo y viajando al Más Allá, esta vez para quedarse definitivamente.

Personalmente creo que la moraleja es que no se debe jugar con la muerte. La pretensión de entrar en contacto con el Más Allá, en todas sus formas (ya sea espiritismo, ouija o un experimento científico) es en sí misma una aberración. Después de todo, si hay algo en el Más Allá, lo sabremos a su debido momento, cuando nos llegue la hora que nos ha de llegar a todos. El momento en el que Mazali se condena a sí mismo no es cuando lo encuentran con el cadáver de la mujer entre sus manos, sino mucho antes, cuando él y Aldama hacen el pacto. Técnicamente Aldama sí cumple su parte del trato, ya que hace que Mazali viaje al Más Allá y luego vuelva al mundo de los vivos. 

La gran tragedia que hay aquí no es que el experimento salga mal, sino que sale bien pero Mazali no aprenda nada. En cuanto regeresa de la muerte, lo que le preocupa es Patricia, su propio aspecto físico y recuperar su antigua vida. Ha cruzado la frontera definitiva, pero no parece especialmente impresionado por lo que ha visto ahí y se vuelve a centrar en sus asuntos mundanos. ¿Será que lo que nos espera en el Más Allá no es tan diferente de la vida terrenal? Y al final, después de todo el sufrimiento que el experimento ha provocado, Mazali muere otra vez sin haber llegado a contarle a nadie qué vio en el Más Allá, y la gran pregunta que lo inició todo queda sin respuesta. 

En cualquier caso, película muy recomendable: intrigante, atmosférica y con un final tan adecuado que se siente como el único posible. Espero por el bien del cine que jamás le hagan un remake. No porque un remake tenga que ser necesariamente malo, sino porque precisamente una historia como esta corre el riesgo de que un director moderno no entienda qué la hace funcionar. Dedicaría media película a enseñar el Más Allá con efectos digitales, ejércitos de almas, demonios, portales cósmicos y explicaciones sobre las reglas del inframundo, y eso destruiría el principal encanto de la obra. El director de Misterios de Ultratumba fue lo bastante inteligente como para no mostrar el Más Allá, porque cuanto le das una explicación detallada al misterio, este deja de serlo.

Misterios de Ultratumba. 1959. Ramón Obon (guion) Fernando Méndez (director) Rafael Bertrand, Gastón Santos, Carlos Ancira (actores principales) Mapita Cortés, Carolina Barret (actrices principales). Alameda Films S.A. Editada en DVD en 2013 por Cinema Internatioal Media S. L.

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