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sábado, 10 de octubre de 2026

STREET TRASH; VIOLENCIA EN MANHATTAN

 EL ORÁCULO DE LAS VISIONES                                                                                      ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

Presentado por... Pecky.
 

¡Saludos, amigos cinéfagos!

El primer error que comete mucha gente con esta película es pensar que se trata de una de las producciones de Troma. Las películas de Troma se caracterizan por burlarse de absolutamente todo, sin autocensura ninguna. Se burlan, sin concesiones y de la forma más grosera y exagerada posible, de religiones, orientaciones sexuales, enfermedades, discapacidades, etnias, minorías, mayorías... Y sí, esta no es una película de Troma pero mucha gente piensa que lo es porque sigue exactamente sus mismos parámetros.

Habrá quien dirá: «¡Burlarse de esto o de aquello está mal!», pero si no aceptamos que se pueda hacer humor a costa de todo, entonces no podemos hacerlo a costa de nada. Naturalmente, a quien tenga una discapacidad o algún familiar con discapacidades le molestará que se haga burla de ello. Y quien profese una religión encontrará ofensivo que la ridiculicen. Pero también a quien haya perdido a alguien en un accidente de tráfico le molestará que estos se frivolizaren haciendo películas en las que se vean coches chocando o gente siendo atropellada. Y quien haya perdido a alguien en un tiroteo podría encontrar ofensivo que en las películas de acción o videojuegos los tiroteos se presenten como algo emocionante. 

Absolutamente todo tema que se toque ofenderá a alguien. Si pretendemos que se prohíba el humor en torno a un tema concreto porque nos ofende a nosotros, en justicia habría que prohibir todo humor posible, porque siempre habrá alguien a quien un determinado tema le moleste. Y nadie que se ría de un chiste sobre un tema que no le afecte tiene derecho moral a ofenderse por un chiste sobre un tema que sí le afecte.

Básicamente, esa es la premisa de las películas de Troma: que todo es susceptible de ser ridiculizado. Si hay algo, cualquier cosa, sobre la que os ofenda gravemente que se hagan chistes hasta el punto de enfadaros por ello, no veáis las películas de Troma. Ni las de Torrente. Ni Colgados en Filadelfia. Ni Metalocalipsis. Ni South Park, ni los comics de El Bruto... casi mejor que no salgáis a la calle ni habléis con la gente, por si acaso. Y aunque (de nuevo) esta no es una película de Troma, se siente en todo momento como si lo fuera y todo lo dicho sobre esa productora es aplicable también a esta cinta. 

Aclarado lo anterior, que no pasa de ser una mera opinión personal (como lo es la de cualquiera que opine justo lo contrario) vamos a darle un vistazo a la película. 


La historia tiene lugar en una versión de Manhattan más próxima a lo que son muchas ciudades norteamericanas a día de hoy que a cómo eran en la época en que se filmó la película. Calles llenas a rebosar de delincuentes y vagabundos destrozados por el alcohol y las drogas, sin la más mínima intención de buscar trabajo o mejorar sus vidas. Estos individuos se dedican simplemente a vivir el día a día con lo que pueden robarse unos a otros o llevarse sin pagar de las tiendas.

El líder de esta masa de parias es Bronson, un musculoso y violento exmilitar que se volvió loco en Vietnam y emplea como arma un cuchillo tallado en un fémur humano. Bronson, como líder de los mendigos, los dirige desde un trono hecho con trozos de hierro y chatarra de automóvil. Es un individuo completamente desquiciado al que vemos gritando y agitando su puño, furioso, contra los aviones que sobrevuelan la ciudad. Quizá porque los ve como un símbolo de la prosperidad que él nunca podrá alcanzar o quizá porque le despiertan algún trauma relacionado con Vietnam. 

Bronson dirige a la mayoría de los vagabundos obligándoles a mendigar, a limpiar los cristales de los coches parados en los semáforos (lo quieran los conductores o no) y luego exigir  dinero a cambio, y a todo tipo de cosas similares.

El dueño de una tienda de licores donde los mendigos suelen ir a aprovisionarse de bebida barata encuentra, limpiando el almacén de su sótano una caja de madera llena de botellas de algo llamado Viper (Víbora). Sin tener muy claro lo que es, lo pone a la venta igualmente. Este producto tiene un efecto similar al del ácido sulfúrico en el organismo humano. Los desgraciados que llegan a comprar o robar una de las botellas de Viper y beben un trago se funden rápidamente, derritiéndose de dentro hacia fuera hasta quedar convertidos en un charco de órganos que, extrañamente, tarda más de lo que debería en morir. Algunos se funden, otros explotan… en cualquier caso el proceso es extremadamente doloroso, totalmente irreversible y necesariamente letal. Esto, que en principio parece que va a ser la trama principal de la historia (el origen del Viper o quién lo dejó allí) pasa a un segundo plano muy rápidamente, convirtiéndose simplemente en un escabroso detalle más entre los muchos que salpican la película.

La historia, en realidad, es otra. El protagonista, si es que alguien puede reclamar ese título, es Freddy, uno de los pocos mendigos que aún no se ha doblegado totalmente a la voluntad de Bronson. 

Él y su hermano menor viven en el mismo cementerio de coches donde Bronson tiene su trono de chatarra y donde viven muchos otros mendigos. El cementerio de coches es un negocio legal, pero está dirigido por un individuo corrupto que tiene como secretaria a Wendy, una mujer asiática de buen corazón que dedica parte de su tiempo y de su dinero a cuidar de los mendigos y prepararles bocadillos.

Esto es algo que no gusta a su jefe, que probablemente solo le dio el trabajo para tener una oportunidad de tirársela. Ni le gusta tampoco a Bronson porque, de algún modo, el que alguien trate bien a los mendigos socava su poder sobre ellos. Y además, la chica asiática está de mejor ver que la extremadamente sucia y desgastada mendiga a la que utiliza como esclava sexual particular. El que Wendy parezca sentirse atraída por el hermano menor de Freddy hace que Bronson lo tenga en el punto de mira, esperando la más mínima excusa para acabar con él. 

El argumento de la película es, en realidad, muy tenue. La mayor parte de esta son escenas de lo que van haciendo los personajes hasta que se llega a un desenlace final. Hay un momento, por ejemplo, en el que vemos cómo un amigo de Freddy entra a una tienda, empieza a robar comida metiéndosela dentro del pantalón de una forma muy evidente y, cuando un empleado de la tienda lo confronta, finge ofenderse y se marcha de allí hecho una furia. Roba un montón de productos y, además, se marcha sin que nadie le detenga haciendo ver que él es quien ha sido insultado. La escena pretende ser humorística porque cuando la película se filmó, esto era una tremenda exageración. Sin embargo, a día de hoy esto ocurre en California, por ejemplo, donde un robo por una cuantía inferior a los 950 dólares se considera un delito menor que rara vez se persigue y aun más rara vez se castiga. La enorme permisividad que se tiene actualmente con los criminales lo único que hace es, precisamente, aumentar el número de delitos.

Todo lo que vemos en esta película, que se hizo como una versión enormemente exagerada del problema de la mendicidad y de la delincuencia en las calles, actualmente se queda corto. Quitando la parte del Viper y sus efectos, la película podría venderse como un drama realista más que como la ironía grotesca como la que se filmó en un principio.

Hay otra escena en la que Freddy (que recordemos, es el bueno de la película) se encuentra con una mujer que vuelve de noche a su casa, sola y borracha. Aprovechando que esta lo confunde con algún conocido, la lleva a su chabola de chatarra en el desguace y se acuesta con ella. Una vez ya ha obtenido lo que quería de la mujer, la deja en manos del resto de mendigos, que literalmente la violan en grupo hasta matarla, contagiándose mutuamente, ya de paso, las enfermedades venéreas que pudieran tener cada uno. Al día siguiente, el dueño del desguace encuentra el cadáver, desnudo y lleno de golpes y moratones, y lo único que hace al respecto es aprovechar para violar el cuerpo ya frio, y se marcha dejándolo tirado en el mismo sitio donde lo encontró.

La película sigue con los mendigos comprando o robando botellas de Viper y convirtiéndose en manchas burbujeantes en el asfalto tras beberlo, peleándose entre ellos, lidiando con policías tan solo un grado menos violentos que los propios criminales, etc. 

Uno de estos policías encargado de investigar las extrañas muertes que causa el Viper llega a meterse un dedo por la garganta para provocarse a sí mismo el vómito y echar la pota sobre un delincuente al que acaba de derribar a puñetazos. La película salta del gore al humor y de ahí a la violencia sin ningún orden, sin decidirse del todo a ser una historia de terror, de humor o un drama, queriendo serlo todo a la vez sin llegar a ser nada en concreto. 

El desenlace final llega cuando Bronson se harta de todo. La mendiga a la que mantenía como esclava particular le roba una botella de Viper que le había conseguido otro de los mendigos y, al bebérsela, se funde ante sus ojos. Entonces decide buscar otra mujer con la que reemplazar a la que ha perdido y va a por Wendy. La encuentra en el momento en que ella iba a acostarse con el hermano de Freddy (que por cierto es menor de edad) y se lanza contra este tratando de matarlo. Entonces, Freddy, que estaba por allí, interviene para salvarlo. 

Tenemos un fiero combate final que termina cuando el hermano de Freddy acaba con Bronson utilizando una técnica que, curiosamente, también vimos utilizar a otro Freddy muchos años después. A Freddy Krueger en la película Freddy contra Jason. La forma en la que el hermanito mata a Bronson es colocando en posición un cilindro de aire comprimido y rompiendo la boquilla para que este salga disparado como un torpedo. El enorme y pesado cilindro, impulsado por el gas a presión, golpea a Bronson en el torso, arrancándole la cabeza junto con gran parte del pecho.

Aquí la película nos ofrece la última burla, su broma final, cuando Wendy salta sobre la cabeza arrancada de Bronson para correr a reunirse con su chavalito. Y, en el momento en que ella pasa sobre la cabeza, esta levanta los ojos para mirarle bajo la falda y sonríe justo antes de morir.

La película es una colección de estupideces monumental. Y el interés que tiene reside principalmente en ver todos los tabúes del buen gusto y la corrección política que está dispuesta a romper. En 1987 se planteó como una exageración grotesca de los barrios marginales, pero muchas de las imágenes de delincuencia, drogadicción, suciedad y deterioro social no son muy diferentes de las que vemos actualmente. Los mendigos no se nos presentan como personas necesitadas a las que se pueda rescatar mediante ayuda social, sino como una subcultura completamente separada del resto de la sociedad que no solo no puede sino que no quiere integrarse en la sociedad normal. Viven con sus propias reglas, su propio líder y hasta su propio territorio. Actualmente, en países primermundistas como Francia hay barriadas enteras en las que la policía se niega a entrar y han sido abandonadas a su suerte en manos de los delincuentes pese a que gran parte de la población que las habitan siguen siendo personas honradas. O tan honradas como la ley les permite serlo. 

Pero la película no carga toda la culpa en los delincuentes. El dueño del desguace es corrupto. La policía es brutal. Los comerciantes son oportunistas. Los pocos ciudadanos honrados que vemos son cobardes. Freddy es simplemente el protagonista porque tiene algún mínimo detalle con el que podemos llegar a empatizar, como ser el único que se enfrenta abiertamente a Bronson o ser muy protector con su hermano pequeño, pero también roba de las tiendas, roba a otros mendigos y se aprovecha de una mujer borracha. Wendy es buena con los mendigos y los alimenta con su dinero, pero no tiene reparos en mantener relaciones sexuales con uno de ellos sabiendo que es menor de edad. Únicamente el hermanito de Freddy parece que se salve, pero cuando Wendy se lo lleva a un lugar apartado y se desnuda para acostarse con él, este no le para los pies aunque eso, a efectos legales, la convierte a ella en una pederasta. El que la ciudad se haya convertido en un estercolero no es solo culpa de los delincuentes, es culpa también de todos los que han sido tolerantes y permisivos con ellos. Nadie quiere solucionar nada, no hay fuerzas del orden eficaces, no hay héroes y por tanto, no hay salvación posible. Casi cada personaje se aprovecha de un modo u otro de los demás. Los fuertes explotan a los débiles y los débiles hacen exactamente lo mismo con otros más desfavorecidos.

Sin embargo, cuando le hablas de esta película a alguien que la ha visto o ha oído hablar de ella, lo que te responde suele ser algo como «Ah, sí, la película esa del licor que hace que la gente se derrita». Y este detalle, que es precisamente lo que la ha hecho famosa, lo que todo el mundo sabe o recuerda de ella, es en el fondo lo menos relevante del conjunto. 

Street Trash. 1987. Roy Frumkes (guion). Jim Muro (director). Mike Lackey, Vic Noto, Mark Sferrazza (actores principales) Jane Arakawa, Nicole Potter (actrices principales). Street Trash Joint Venture. Editado en DVD en 2008 por absolute distribution.

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