MENSAJE DEL SUPERVISOR GENERAL: todas las fotos que aparecen con la dirección de este blog sobreimpresionada son de artículos de mi propiedad y han sido realizadas por mí. Todo el texto es propio, aunque puedan haber citas textuales de otros autores y se usen ocasionalmente frases típicas y reconocibles de películas, series o personajes, en cuyo caso siempre aparecerán entrecomilladas y en cursiva. Todos los datos que se facilitan (marcas, fechas, etc) son de dominio público y su veracidad es comprobable. Aún así, al final de la columna de la derecha se ofrece el típico botón de "Denunciar un uso Inadecuado". No creo dar motivos a nadie para pulsarlo, pero ahí esta, simplemente porque tengo la conciencia tranquila a ese respecto... ¡y porque ninguna auténtica base espacial está completa sin su correspondiente botón de autodestrucción!

domingo, 4 de enero de 2026

DIARIO DE JOHN MILLER del 1 al 4 de enero de 1926

    Presentado por...Zag.

 

¡Extra! ¡Extra! ¡Nuestro periódico ha tenido acceso en exclusiva al diario perdido de un detective de 1926! ¡Todo parece indicar que el universo es más extraño aún de lo que pensábamos! ¡Lea nuestro suplemento semanal y entérese de todo!  


Tal como anunciamos hace unos días, vamos a hacer un resumen semanal de cómo evoluciona nuestra partida de Cthulhu 1926, un sencillo aunque curioso juego que se resuelve en exactamente 365 turnos pero solo nos permite jugar uno al día a lo largo de un año completo. Mi intención inicial era simplemente hacer un recuento de las tiradas que había obtenido y de las decisiones que había tomado cada semana. Pero a veces te da por meterte mucho en algo, entrar de lleno en el juego que se propone, y antes de darme cuenta me vi repasando las ilustraciones de todos los días del mes tratando de encontrar una conexión entre ellas, como si hubiese una secuencia que seguir o como si contaran una historia.

Lamentablemente, la impresión que me da es que no fueron hechas con esa intención. Di un rápido vistazo a las páginas de algunos meses siguientes para comprobar si eran las mismas ilustraciones todo el tiempo y, por lo que parece, van cambiando. Así que, para sacarle al juego todo el jugo posible, me he propuesto ir inventándome yo mismo una historia, tratando de aunar estas ilustraciones en el mismo orden en que van saliendo, como si fueran viñetas de un cómic, e interpretándolas según lo que deba obtenerse en los dados y los resultados que saque.

Esto significa que la historia puede quedar al final bastante incoherente. Escribo sobre la marcha sin saber con qué me voy a encontrar, así que puedo estar planteando algo que después no será posible cuadrar con las ilustraciones que vayan saliendo más tarde. Pero me lo voy a tomar como un ejercicio de imaginación, como eso que hacen en el teatro: si alguien se equivoca en su línea la función no se detiene, sino que se improvisa sobre la marcha tratando de reencauzar la actuación hacia lo planeado, simulando que la frase a destiempo fue siempre algo previsto.

Así que vamos a ver cómo sale. Eso sí: estas entradas explicando lo que había sacado en las tiradas iban a ser, en un principio, una entrada adicional a lo que publicara el domingo. Pero tal como lo estoy planteando, escribir este resumen semanal será probablemente demasiado largo como para hacer otra entrada completa aparte. 

Puede que en algún momento del año abandone este proyecto, simplemente porque se haga aburrido, porque yo mismo no encuentre la forma de continuarlo o por cualquier otro imprevisto. Pero bueno, ya veremos qué pasa; no adelantemos acontecimientos. Aquí os dejo la primera entrada del diario de John Miller que, si todo va bien, contará con 53 entradas al final del año, una cada domingo.

Si estáis dispuestos a acompañarme a mí y a John Miller en esta peculiar e improvisada aventura construida sobre la marcha, seguid leyendo. Y si estáis jugando también vosotros a este calendario-juego y queréis compartir vuestras notas, avances o cómo interpretáis las imágenes, estaré encantado de leeros.


Jueves, 1 de enero de 1926

Aún me tiemblan los dedos al escribir estas líneas, aunque no por miedo físico, sino por la perturbadora mezcla de compasión y desasosiego que me dejó el encuentro de esta tarde. La familia de una anciana, la señora Hargrove, me contrató hace unos días para que diera con el paradero de esta. Al parecer la mujer sufre demencia senil y no es la primera vez que da esquinazo a sus cuidadoras. En esta ocasión ha sido diferente, porque además de ella ha desaparecido nada menos que una tommygun de la colección de armas de su hijo. Recurrieron a mi porque no quieren que el nombre de la familia se vea implicado si es la policía quien encuentra a la señora Hargrove.

Me dirigía a la vieja zona industrial, siguiendo un rastro de testimonios que mencionaban extraños gritos y canticos en una zona tan marginal que la policía no se ha molestado en investigarlos. Al asomarme a una casa supuestamente abandonada tras cuyas ventanas creí adivinar un movimiento furtivo, la vi: una anciana de mirada extraviada, sosteniendo entre sus manos una ametralladora Thompson que parecía pesar más que ella. La escena habría resultado grotesca de no ser por la expresión de pánico absoluto que deformaba su rostro. No era agresiva sino una criatura asustada, atrapada en algún recuerdo o visión. Levantó el arma hacia mí con un temblor que no provenía solo de la edad. Le hablé con voz baja, asegurándole que no tenía intención de hacerle daño. Sus ojos, turbios pero aún capaces de reconocer una verdad sencilla, vacilaron.


Investigación a 8+. Primer intento: Revólver, Linterna, 5, 4 y 1. Segundo intento (repitiendo solo los dados de símbolos) Lupa, Linterna, 5, 4 ,1. Lo dejamos así y obtenemos Investigación 9, suficiente como para dar por buena la tirada.

Aproveché ese instante para observar mejor el arma: la solapa de expulsión de casquillos estaba retraída. Sin munición, la Thompson era un peso muerto al que la anciana se agarraba más por instinto que porque representara una defensa real. Me acerqué despacio, temiendo que cualquier gesto brusco la devolviera a ese estado de terror. Entonces comenzó a hablar con frases entrecortadas, mencionando “los que vienen del pliegue” y “la voz detrás de las paredes”. Y eso me asustó. No por lo que decía, sino por el modo en que lo decía. En mi trabajo he oído montones de mentiras, delirios y argumentos de borracho. Lo que decía la Sra. Hargrove no sonaba a nada de eso.

Tras acompañarla a su casa, dejarla en manos de su familia y cobrar la minuta, todo debería haber terminado allí. Pero cometí el error de dedicar un par de horas a revisar archivos municipales y viejos recortes de prensa. Descubrí que el marido de la Sra. Hargrove había muerto hacía décadas, en circunstancias que la policía atribuyó a un accidente en los túneles subterráneos de la ciudad. Sin embargo, los informes me parecieron... como decirlo... muy forzados. Quien los redactó se había callado algo, o le habían ordenado que lo callara. No puedo evitar pensar que la anciana no estaba huyendo de un recuerdo, sino de algo real, tangible, que aún la acecha. Algo que quizá también me ha empezado a seguir a mí, silencioso, paciente, aguardando el momento en que deje de mirar por encima del hombro.


Viernes, 2 de enero de 1926

Hoy he estado varias horas en la casa en la que encontré a la Sra. Hargrove, un edificio que parece mantenerse unido únicamente por las telarañas. Buscaba cualquier rastro, cualquier pista que pudiera haber pasado por alto en mi visita anterior, pero lo que encontré fue un gato de ojos húmedos y brillantes, que se movía entre los estantes como si custodiara secretos que ningún humano debería leer.

Mientras que con cada paso que daba yo levantaba una nube de polvo, el gato parecía casi flotar sobre el suelo. Me observaba desde las sombras, inmóvil, expectante, como si fuera parte del mobiliario. La intensidad con la que seguía mis movimientos me hizo tener la impresión de que esperaba algo de mí, que aguardaba a que yo diera el paso correcto o el equivocado.

Búsqueda a 11+. Primer intento: Lupa, Linterna, 5, 2 y 2. Segundo intento (repitiendo ambos doses) Lupa, Linterna, 5, 5 ,3. Lo dejamos así y obtenemos Búsqueda 13, suficiente como para dar por buena la tirada

Encontré numerosas huellas de pies descalzos de diversos tamaños en el polvo del suelo, símbolos cabalísticos en las paredes, marcas circulares como las que dejan las Ventosas de un tentáculo en el papel pintado y un olor extraño que no pude identificar y sobre el que no me atrevo a especular. No tengo nada concreto todavía pero esto parece indicar que la casa ha sido usada recientemente como un punto de reunión de alguna de esas sectas satánicas que están proliferando últimamente. ¿Es coincidencia que la señora Hargrove se escondiera aquí, o buscaba algo concreto? 


Sábado, 3 de enero de 1926

La noche de hoy parecía más densa de lo habitual, como si la oscuridad hubiera adquirido un peso propio. Caminaba por la avenida Gredley, inusualmente desierta, repasando mentalmente las pistas de este caso que nadie me había encargado. Un aleteo brusco quebró el silencio. No era el sonido de un ave nocturna común: era más profundo, más húmedo, como el batir de unas alas que no deberían existir en este mundo.

Antes de que pudiera reaccionar, una criatura descendió en picado desde algún punto invisible del cielo. Tenía la forma de un murciélago, sí, pero su tamaño desafiaba toda lógica; su sombra cubrió media calle al caer sobre mí. Sentí el aire vibrar con un chillido que no parecía provenir de una garganta animal. Ni tan solo parecía el tipo de chirrido que uno esperaría oír de un murciélago. Lo que gritaba aquella criatura mientras se cernía sobre mí, era como una deformada versión de mi segundo nombre. Actué por puro instinto y empuñé mi revólver.

Combate a 10+. Primer intento: Revólver (doble), 6, 6 y 5. Segundo intento (repitiendo ambos seises para evitar acumular locura) Revólver (doble), 6, 5 y 4. Tercer intento (repitiendo el 6) Revólver (doble), 5, 4 y 1. Obtenemos Combate 10, pasando la tirada aún por el mínimo imprescindible.

Necesité acertarle con varios disparos para que la criatura se desplomara. Lo que ocurrió después me heló la sangre: al chocar con el suelo reventó y comenzó a deshacerse, licuándose en una masa oscura y pestilente que se filtró entre las grietas del pavimento. En cuestión de segundos no quedaba rastro de huesos, ni piel, ni nada que pudiera estudiarse. Solo un olor acre, casi químico, que aún siento adherido a mi ropa, y las balas con las que le había acertado. Balas que, por cierto, parecían medio desechas y envejecidas, como si hubiesen permanecido hundidas en un pantano los últimos cien años.

Empiezo a sospechar que las calles de esta ciudad ya no pertenecen del todo al mundo que conozco.


Domingo 4 de enero de 1926

Esta noche, por fin, las piezas han empezado a encajar, aunque de una forma que desearía no comprender. Me reuní con Harlan Graves, el vigilante del cementerio Iglesia de Cristo, un hombre de mirada cansada pero firme, acostumbrado a lidiar con aquello que la mayoría prefiere ignorar. Lleva décadas en ese lugar, y su experiencia en lo sobrenatural supera con creces la mía. Aceptó acompañarme hasta la tumba del esposo de la Sra. Hargrove, aunque yo mismo no sabía que esperaba encontrar allí.

Le hablé del murciélago imposible, de la anciana aterrada, del gato que parecía custodiar secretos en la vieja casa. Harlan escuchó en silencio, asintiendo de vez en cuando, como si cada detalle confirmara algo que él ya sospechaba. Me dijo que me indicaría donde estaba la lápida que buscaba, pero solo si accedía a acudir al cementerio a medianoche. No entendí el motivo, pero tampoco lo cuestioné. Cuando me presenté a las doce en las puertas del cementerio lo encontré armado con una vieja ballesta que empuñaba con la naturalidad de quien ha tenido que usarla más de una vez, y quizá no siempre contra animales.

Investigación a 13+. Reducido a 10+ por superar las tiradas de los tres días anteriores. Primer intento: Lupa, Linterna, 6, 4, 3. Segundo intento (repitiendo únicamente el 6 para evitar locura) Lupa, Linterna, 5, 4, 3. Lo dejamos así y obtenemos Investigación 12, suficiente para pasar la tirada contando con la reducción por los días anteriores.

Nos internamos entre los mausoleos, guiados por la tenue luz de la luna. El aire estaba inmóvil, como si el propio cementerio contuviera la respiración. La lápida era una losa antigua, erosionada, que no debería destacar entre las demás, pero lo hacía. No por su forma, sino por la inscripción grabada en su superficie. No era un epitafio, sino un símbolo cabalístico rodeado de caracteres que no recuerdan a ningún idioma conocido, idénticos a los que vi en los muros de la casa donde se refugió la anciana.

Quise hacer un calco al carboncillo, pero lo que apareció en la hoja no era mas que un epitafio común. Harlan me dijo que la inscripción que estaba viendo no estaba grabada en la roca, sino que simplemente se veía superpuesta a esta cuando la lápida era tocada por la luz de la luna. Aquello no era obra de manos humanas. Alguien (o algo) estaba marcando territorio en nuestro mundo.


Bueno, esta primera semana las cosas han ido bastante bien, aunque también es cierto que han sido solo cuatro días. Las siguientes serán de siete. Volveremos a ver como le van las cosas a Miller el próximo domingo.

6 comentarios:

  1. Que interés se está poniendo. Espero que sigas hasta el final. Enhorabuena por la iniciativa.

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  2. Noooooooo estás jugando a rol en solitario!!!!!! No me lo puedo creer....

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  3. Ese calendario estuve a punto de comprármelo, pero cuando lo fui a buscar, estaba agotado. Ya no he vuelto a mirar si lo habían repuesto, pero creo que me costaría hacerlo cada día, así que prefiero seguir las aventuras de Miller desde la seguridad de mi madriguera.

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