EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, ávidos lectores.
Viendo el título y la portada de este bolsilibro esperaba poder entreteneros unos minutos con la reseña de una trepidante aventura espacial, pero no va a poder ser.
Nick Feldon, periodista, está entrevistando al profesor Mirkov, que acaba de dar los últimos toques a una prodigiosa nave espacial. Lo que diferencia a su nave de las otras construidas hasta el momento es que es capaz de viajar no ya a la velocidad de la luz, sino a cien veces esa velocidad. Su intención es visitar Siddonia, un planeta de Proxima Centauri a algo más de cuatro años luz de la Tierra. Cuatro años luz desplazándose a cien veces la velocidad de la luz se reducen, según sus cálculos, a dieciséis días. Dependiendo de lo que encuentre allí, estará un tiempo que aún no ha decidido entre un minuto y un mes, y después regresará a la Tierra. La nave está además preparada para cuatro pasajeros, pese a que el profesor afirma que ese primer vuelo de prueba lo hará él solo.
El profesor y el periodista están todavía hablando de los entresijos del viaje cuando aparece dando gritos nuestro tercer personaje. Se trata de la doctora Kilda Brown, una esbelta, morena y furiosa veinteañera que es a la vez la alumna y la superior jerárquica del profesor. A través de ella, el Gobierno prohíbe al profesor llevar a cabo su proyecto, sin ningún tipo de explicaciones. Tras notificar formalmente esta decisión y entregar los papeles pertinentes, la doctora Brown se marcha, y el periodista también, puesto que al parecer el viaje ya no va a realizarse. La noticia ha cambiado de “Extraordinario científico hace un extraordinario viaje” a “El viaje del siglo es cancelado por el Gobierno”. Para Nick, una noticia es tan buena como la otra, así que se marcha a la redacción para empezar a darle forma.
Entretanto, un cuarto personaje hace acto de aparición. Se trata de Jack Bentee, un fugado de prisión condenado a treinta y cinco años por asesinato múltiple. En este caso y contrariamente a lo que es habitual en los presos fugados de este tipo de historias, sí ha cometido el crimen del que se le acusa, y además lo hizo a sangre fría. Ya ha logrado fugarse de prisión y ahora está escapando de sus perseguidores campo a través. Corre que te corre, Jack llega hasta una casa de campo junto a la cual hay un gran hangar. Le parece un sitio adecuado para ocultarse y, al meterse allí, encuentra la nave espacial del profesor Mirkov.
En la ciencia ficción de los 80 el concepto de “nave espacial casera” todavía se utilizaba. Era más habitual entre los 60 y los 70, pero en los 80 aún era una idea que daba coletazos. Se consideraba factible que alguien con los conocimientos necesarios pudiese fabricar por sí solo y a mano, encajando las piezas, soldándolas y atornillándolas, una nave espacial entera en su cobertizo. El mundo en general todavía no tenía la cultura espacial que hay ahora y no era consciente de los enormes recursos, no solo económicos sino materiales, de personal y de maquinaria, que algo como esto implica. Que alguien pudiese fabricar en su porche o en el patio de su jardín una nave espacial propia y, sin más, darle al botón y despegar, era algo que se veía, en cierto modo, como romántico. Hoy en día puede parecernos una estupidez, del mismo modo que dentro de cuarenta o cincuenta años muchas de las ideologías o actos cotidianos actuales, cosas que para nosotros son algo normal del día a día, serán vistas como auténticas estupideces.
Jack estuvo a punto de convertirse en astronauta en su momento y sabe manejar perfectamente la nave, que encuentra con los depósitos de combustible llenos y una escotilla invitadoramente abierta. Así que, como una forma rápida de escapar de sus perseguidores, se cuela en ella y arranca motores. El despegue de la nave es inmediatamente detectado por el Gobierno. El superior de Kilda, creyendo que es el profesor Mirkov el que ha activado la nave, hackea el robot doméstico de ella para que la mate.
A la ciencia ficción se la llama también “novela de anticipación” porque proyecta hacia el futuro y hacia sus últimas consecuencias cualquier avance de la humanidad, para especular sobre lo positivo o negativo que se pueda obtener de ello. Y lo que le hacen a Kilda, de tratar de matarla usando su propio robot doméstico, es algo que también tendremos que tener en cuenta ahora que los robots domésticos están a un paso de ser factibles y se habla de algunos que podrían llegar a venderse al público en breve. Un robot doméstico movido por un cerebro electrónico operado por IA o por pautas programadas será tan susceptible de ser hackeado como un ordenador. Pero en este caso será un ordenador con piernas capaz de desplazarse por toda la casa y con brazos capaces de manipular objetos a voluntad del hacker que lo esté controlando.
Afortunadamente para Kilda, Nick se encontraba en su apartamento cuando el robot cambia de amo e intenta acabar con ella. Nick había ido a casa de Kilda en busca de declaraciones adicionales por la cancelación del proyecto y, por una de esas casualidades de la vida, Kilda se estaba dando un baño cuando él llama a la puerta. Sale envuelta en una corta y fina bata, y el ataque súbito del robot hace que la pierda, porque para hacer rentables estas novelas los autores tenían que lograr llegar a todo tipo de público. Por eso incluían desnudos con tanta frecuencia como romances, tiroteos o peleas, junto con tramas de ciencia ficción, de terror, del oeste o de lo que tocase.
El caso es que Nick logra deshacerse del robot empujándolo a la bañera de Kilda (la cual todavía estaba llena de agua) y provocándole así un cortocircuito masivo. Me gusta la forma en que han unido todos estos elementos, porque está claro que el contarnos que Kilda estaba en bata fue solo para dar pie a que después se la viera desnuda. Bueno… “viera”… ya me entendéis. Es todo texto, sin fotos ni ilustraciones, pero la mayoría de la gente imagina las cosas a medida que va leyéndolas, y de esta forma le metías en la cabeza al lector la imagen de la protagonista desnuda. Además, con la ventaja de que cada uno se la imagina exactamente a su gusto, sin dependencia de unas imágenes concretas que condicionen lo que el lector ve o deja de ver, como ocurre en cómics o películas. Y si bien está claro que la función de que Kilda estuviese dándose un baño era esta, el autor redondea la escena haciendo que el protagonista utilice el agua de la bañera como arma contra el robot. Me parece una bonita forma de hilar las cosas.
Pero a partir de aquí la historia se viene abajo por completo. Tal como empezaba, yo esperaba que en algún momento los protagonistas viajaran fuera de la Tierra. Es decir, el libro se titula Fronteras de la galaxia, la portada es un gran alienígena junto a una pequeña nave espacial en un entorno que claramente es otro mundo, como podemos deducir por los dos lejanos soles y el segundo planeta interpuesto. Y comienza hablándonos de un viaje a Proxima Centauri en una nave preparada para cuatro personas y presentándonos a cuatro personajes. Era de esperar que estos cuatro personajes de algún modo terminaran viajando todos juntos a Siddonia: el clásico grupo singular formado por el científico genial pero despistado, el guapo héroe desenfadado, la hermosa mujer de corazón gélido que pese a ello terminará enamorándose del protagonista y, como elemento que pueda presentarse como ayuda o como amenaza según convenga, el criminal fugado. Pero no.
Toda la trama del libro se basa en el hecho de que el Gobierno ha prohibido al profesor realizar ese viaje y los protagonistas quieren averiguar por qué. Es una trama de investigación, espionaje y algo de politiqueo que para mi gusto resulta aburrida y mal llevada. No tiene un nudo central sólido, sino que va saltando de una cosa a otra. Los dos principales adversarios de los personajes son el superior de Kilda y la mano derecha de este. Ambos son altos cargos del Ejército y el Gobierno, pero hacen personalmente cosas como intentos de asesinato o sabotear los vehículos de los personajes para que tengan un accidente, en lugar de enviar a las tropas a su disposición o a las fuerzas del orden a detenerlos.
Hay un momento en el que Feldon sí es detenido y enviado a prisión, y entonces el profesor se saca de la manga un invento que ya tenía construido anteriormente y que utiliza para liberarlo. Se trata de un rayo derretidor de muros con el que convierte los muros de la prisión en barro, permitiendo a Feldon salir. También hay un momento en que el general y su sicario registran la casa del profesor buscando a Feldon y no lo encuentran porque el profesor, previendo esto, le ha dado otro de sus inventos: un cinturón que lo vuelve invisible. ¿Por qué el profesor en ningún momento patentó estos inventos o tan solo anunció al mundo que los tenía? Al parecer no los consideró importantes porque estaba tan centrado en construir su cohete que los otros inventos que iba teniendo mientras tanto simplemente los guardaba en un cajón.
Hay también una subtrama en la que Kilda entra en coma debido a que utilizó un procedimiento ilegal para grabarse información en el cerebro (y así superar los exámenes universitarios) que en un porcentaje de los casos provoca ese efecto. Solo es posible sacar a la gente de este estado mediante un tratamiento de shocks que despiertan a la persona pero le borran la mente, eliminando todos sus recuerdos o reduciéndola a una personalidad infantil en la que debe reaprenderlo todo. Hay una parte del texto dedicada a que los personajes debatan entre ellos cómo sacarán a Kilda de ese estado sin borrarle la mente, y se da a entender que la nave fabricada por el profesor y que el criminal fugado robó podría emplearse para esto, haciéndola volar en contra de la dirección de giro de la Tierra. Esto, según el profesor, de algún modo haría retroceder la mente de ella en el tiempo hasta el momento anterior a cuando se grabó esa información en el cerebro, con lo que nunca la habría grabado y, por tanto, nunca habría entrado en coma y recuperaría su estado normal… o algo así. Nada de esto llega a materializarse porque, aunque el criminal que robó la nave regresa con ella y muere a continuación (ha envejecido doscientos años mientras estaba a bordo), después no la utilizan para nada.
Tras unos cuantos sinsentidos más en este plan, faltando ya poco para el final del libro, la situación se arregla con un auténtico deus ex machina cuando un habitante de Siddonia llega hasta la Tierra y se presenta ante los personajes. Les dice al profesor y al periodista que en realidad el general y la mano derecha de este son también habitantes de Siddonia que habían sido puestos en la Tierra como observadores, pero que resultaron ser malas personas, así que ha venido a detenerlos. Kilda sale espontáneamente del coma sin ninguna secuela porque, al parecer, esto es algo que ocurría también a un pequeño porcentaje de las personas sumidas en este tipo de coma tan particular. Pero algún atávico instinto parece haberse despertado en ella, porque en cuanto ve a Nick, inmediatamente piensa en ponerse a cocinar para él 🤔
Solucionados prácticamente a golpe de milagro todos los problemas de los personajes, Nick y Kilda se casan y la Tierra establece relaciones diplomáticas con Siddonia. Y eso es todo. La verdad es que me ha decepcionado bastante. En parte por culpa mía, porque supuse antes de hora cómo iba a encaminar el autor su historia y la decepción vino al ver que no era lo que yo esperaba. Pero es que además la historia que construye el autor en lugar de la que yo había previsto está llena de incoherencias, de tramas que se pisan unas a otras, y termina precipitadamente. Tiene ideas simpáticas, momentos ingenuamente pulp muy disfrutables y un encanto retro evidente, pero como historia es frustrante porque promete una aventura espacial que nunca llega a producirse.
Puedes ver otro libro de este autor pulsando aquí.
Fronteras de la galaxia. 1983. Clark Carrados [Luís García Lecha] (texto) Almazán (portada). La conquista del espacio nº 681. Editorial Bruguera S.A.

No hay comentarios:
Publicar un comentario