EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, luchadores del espacio.
Hoy vamos a reseñar Ha muerto el Sol, la vigesimosexta entrega de La Saga de los Aznar. Comienza con los seis supervivientes de la misión a Oberón llegando a una base humana en Ganímedes. Han pasado tres meses desde que la misión fue llevada a cabo y, tras esta, se perdió todo contacto con ellos. Han permanecido todo ese tiempo enterrados en Oberón, no demasiado lejos en realidad de la base enemiga que asaltaron, en espera de que se les presentara una oportunidad de escapar de la vigilancia sadrita y alejarse de la luna de Urano sin demasiados problemas.
Gracias a la tecnología de la miniaturización con la que ya contaban en títulos anteriores, el comando llevó con ellos, entre otras cosas, un búnker metálico estanco y una nave de transporte miniaturizados, en compartimientos de sus cinturones y mochilas. Tras encontrar una grieta natural en la que cabría todo el búnker una vez devuelto a su tamaño normal, activaron la desminiaturización del búnker en el fondo de la grieta y lo ocultaron, cubriéndolo bajo tres metros del polvo suelto que llena la superficie de esa luna formando dunas poco compactas. Es allí donde pasaron los tres meses a la espera de una oportunidad, de que el tráfico de naves de patrulla de los propios sadritas o su vigilancia orbital creara las condiciones idóneas para abandonar Oberón con posibilidades mínimas de ser detectados. Es entonces cuando abandonaron el búnker, desminiaturizaron la nave de transporte y se lanzaron hacia la base humana más cercana, en Ganímedes.
Además de salvar sus vidas, la estancia de tres meses en el búnker les sirvió a Miguel Ángel hijo y a Sofía Medina (una de las soldados del comando) para afianzar su noviazgo. Sofía apareció ya en el título anterior. No hice referencia a ella en su momento porque no tenía un papel especialmente relevante, pero en este, tras la muerte de Polonia Castillo, toma más protagonismo. Aunque todavía no lo son formalmente, ellos mismos se consideran ya una pareja estable y todos los que los conocen los ven como tal. Cuando Miguel Ángel vuelve a la Tierra para reunirse con su madre, Sofía lo acompaña como parte de la familia.
Para celebrar la ocasión, otros miembros se reúnen, como la hermana de Miguel Ángel hijo y el esposo de esta (que, rompiendo un poco con la tradición familiar, no es militar, ni estratega, ni navegante, sino futbolista). Y tenemos aquí una de esas pocas escenas bucólicas que el permanente dramatismo de esta saga nos permite. No es nada más que los miembros de una familia comiendo en el porche de una casa a cielo abierto, conversando tranquilamente de sus cosas, incluso lanzándose pequeñas y bienintencionadas puyas unos a otros. Pero es que realmente no hace falta mucho más que eso para ser feliz.
Aun así, la cabeza de varios de ellos, especialmente de Miguel Ángel Aznar padre y Miguel Ángel Aznar hijo, está dando vueltas incluso en ese momento a la inminente guerra con los sadritas. Estos ya han demostrado ser tan absolutistas y totalitarios como los thorbod y los nahumitas, pero más astutos. Al contrario que los dos anteriores, estos se presentaron con buenas maneras y palabras de paz, no atacando directamente o con amenazas y discursos totalitaristas.
Después de varias páginas dedicadas a esta feliz reunión familiar ocurre algo totalmente inesperado. Lo que parece ser un gigantesco planeta pasa súbitamente ante sus ojos cruzando el cielo, claramente visible pese a que no se le puede observar durante más de un segundo. No puede haber cruzado a menos de un millón de kilómetros de la Tierra, pero con una velocidad cercana a la de la luz. En el espacio, un millón de kilómetros es como si una bala te pasara tan cerca de la sien que su calor te abrasara la piel, y un efecto similar es el que produce en la Tierra.
El paso del planeta desconocido viene acompañado de tal convulsión sobre el eje de la Tierra que una cadena de terremotos se desata simultáneamente por todo el planeta, provocando a su vez una serie de erupciones volcánicas y, es de suponer (aunque en esto el texto no habla explícitamente de ello), la muerte de millones de personas. El techo de la casa de los Aznar es arrancado de cuajo y todos ellos son derribados al suelo. Apenas se han levantado cuando ven cómo en el horizonte se alza una inmensa ola que barre todo a su paso. Ellos están en una casita de montaña con cierta altura y perspectiva respecto a la ciudad cercana, pero ven cómo esta va a ser rápidamente engullida por la colosal ola.
Una visión como esa aterrorizaría a cualquiera, si no fuera porque hay otra cosa aún peor que acapara su atención: el Sol ha multiplicado por diez su tamaño y emite una luz verdosa y pálida, como si hubiese enfermado súbitamente. La primera idea que pasa por la mente de ambos Miguel Ángel es que los sadritas han desviado de su curso un planeta para intentar destruir la Tierra haciéndolo chocar con ella, y que han fallado. Pero no, su objetivo siempre fue el Sol. El Sol que ilumina la Tierra es de hidrógeno y emite una radiación perjudicial para la biología sadrita. Al estrellar contra el Sol un mundo (o un meteorito del tamaño de un mundo, nunca llegan a saberlo con certeza) compuesto principalmente por helio sólido, la reacción química que esto ha provocado en el Sol lo está convirtiendo de una estrella de hidrógeno en una de helio que, por tanto, pasa de emitir principalmente radiación infrarroja a emitirla ultravioleta. Esta radiación, en cantidades masivas, es absolutamente incompatible con toda la vida basada en el carbono. Esto significa que en menos de tres días toda la vida vegetal de la Tierra, Venus y Marte se habrá anegado, y que las radiaciones emitidas por este Sol mutarán y matarán a todas las criaturas basadas en el carbono en un breve plazo.
Todo esto pasa por la mente de ambos hombres en una fracción de segundo, porque la posibilidad de que los sadritas intentasen cambiar la composición del Sol para adaptar todo el Sistema Solar a sus necesidades ya se había barajado. Lo que nadie esperaba es que fuese de un modo tan fulminante, imposible de interceptar o contrarrestar. El daño ya está hecho y es irreversible, y todos los esfuerzos de la humanidad deben centrarse ahora en evacuar no solo la Tierra, sino todo el Sistema Solar: las ciudades de Marte y Venus, así como todas las pequeñas colonias dispersas por lo que en esta época ya se conoce como el Reino del Sol.
Huyendo del peligro más inmediato (la gigantesca ola que avanza hacia ellos barriendo y sumergiendo la ciudad), todo el grupo se sube a una pequeña nave de protocolo con la que contaba Miguel Ángel Aznar padre y huyen hacia Washington. Allí se reúnen con el Estado Mayor terrestre más cercano. El paso del planeta de helio (o lo que fuera, porque aunque se barajan varias teorías no llega a determinarse con exactitud de qué se ha tratado) ha provocado tal caos y destrucción a nivel mundial que resulta difícil coordinar una respuesta inmediata. Las radiaciones emitidas por el nuevo Sol de helio interfieren en las comunicaciones entre planetas, de forma que es necesario establecer una cadena de naves que, colocadas cada una al extremo del alcance de comunicaciones de la siguiente, vayan transmitiendo las órdenes entre la Tierra, Marte, Venus y las principales colonias. Esto implica miles de naves y millones de hombres solo para permitir una evacuación coordinada.
El plan original que se traza es viajar hasta Redención. La humanidad ha aprovechado la última paz y el excedente de recursos que esta trajo para fabricar autoplanetas, una flota de ellos: autoplanetas con forma de disco aplanado, con la capacidad de ensamblarse unos a otros formando larguísimos cilindros de vehículos conectados. No hay suficientes para toda la población, ya que esta ha crecido a un ritmo mayor del que era posible fabricar los autoplanetas por la enorme cantidad de tiempo y recursos necesarios para ello, por lo que cada uno de estos discos deberá transportar el doble de la población originalmente prevista.
Ya de por sí esto causa muchos problemas a la hora de preparar la evacuación, puesto que, al no saber cuánta gente va a poder llegar hasta las naves a tiempo, se van entregando las habitaciones y compartimentos a las familias en el orden en que se presentan. Aquellos que lleguen una vez todo el espacio disponible esté ocupado tendrán que hacer el largo viaje hacia un nuevo mundo acampados como buenamente puedan en los pasillos y huecos libres que queden.
Esto naturalmente genera disputas entre la gente a la hora de embarcar, llegando a formarse incluso pequeñas bandas o grupos de familias que han viajado juntas hasta el punto de evacuación, que se organizan para atacar a otros y robarles las plazas que estos ya hayan podido conseguir. La policía interna de los autoplanetas debe intervenir, llegando a efectuar violentas cargas contra los grupos de refugiados que están provocando peleas, para apaciguarlos a golpes. La inminente muerte del Sol y de toda la vida de carbono que pueda quedar en el planeta cuando esta se produzca hace que la gente enloquezca de pánico. Incluso entre las brillantes mentes que forman el Consejo del Ejército se producen discusiones. La más importante de ellas es a dónde ir.
El primer nombre que surge es Redención. Los mundos de Redención ya están poblados por humanos que consideran a los terrícolas sus antepasados. Sin embargo, la última vez que se tuvo contacto con ellos, hace dos milenios, la información que se tenía sobre estos es que Redención ya estaba casi superpoblada. Y en el tiempo que tarden en llegar hasta allí (que serán unos cincuenta años para los que viajen a bordo de las naves, pero debido a la relatividad, otros dos mil para los habitantes de Redención), es de suponer que esta superpoblación haya crecido aún más y la llegada de millones y millones de refugiados sea insostenible para la economía y la ecología del planeta.
Por otra parte, se propone dirigirse a los planetas natales thorbod donde se produjo la revuelta de los Balmer (Motín en Valera). Lo último que se sabe de ellos es que los aliados de los terrestres, que habían tomado el control de los mundos natales nahumitas, iban a hacer expediciones a los despoblados mundos thorbod para buscar bases ocultas o búnkeres, eliminar a cualquier pequeño foco o grupo de supervivientes que quedara en ellos y comenzar a establecerse allí. Estos mundos, tras una sucesión interminable de guerras atómicas, habían quedado saturados de una radiación que hizo casi inviable la vida animal y evolucionó a las plantas, haciendo que se extendieran sin control, sepultando toda ruina y rastro de civilización. Cuando los exiliados del Valera fueron abandonados allí, esa radiación ya se había reducido a niveles tolerables, pero una variedad de depredador vegetal hacía este mundo tan peligroso como la propia radiación (El enigma de los hombres planta). Y se descubrió que los thorbod se habían establecido en otros mundos y empleaban esos como criaderos de esas plantas para emplearlas como infantería en sus siguientes guerras.
Es de esperar que varios de estos mundos, de haber sido pacificados y colonizados ya, cuenten todavía con una población muy reducida. También existe la posibilidad de que sigan siendo mundos salvajes donde habría que empezar prácticamente desde cero y donde nuevas amenazas podrían haberse presentado, lo cual no es una perspectiva muy halagüeña como final de un viaje de medio siglo que ya se sabe que estará marcado por la escasez y las penurias, en naves superpobladas.
Representantes de la Tierra, Venus y Marte se reúnen en el espacio para coordinarse. A los humanos adaptados a Marte, cuyas generaciones han ido modificándose de forma natural por las condiciones de presión del mundo en el que viven, se los describe como gigantes, sin entrar en detalles. Entiendo que es un agigantamiento razonable, como de dos metros y pico en promedio. Y son en general de carácter más violento y aventurero que el común de los terrestres y venusianos. Los marcianos están a favor de dirigirse a los mundos natales nahumitas para colonizarlos de cero y vivir en un mundo que realmente puedan llamar suyo en lugar de convertirse en incómodos e inesperados invitados forzosos de Redención. La mayor parte de los terrestres y venusianos (que también son ya totalmente descendientes de colonos humanos, habiendo desaparecido desde hace muchos títulos toda referencia a los sissai) prefieren ir a Redención. Se decide dividir la flota en dos: una, la mayor con diferencia, partirá hacia Redención. La otra, mucho más reducida, formada principalmente por marcianos, irá a tratar de establecerse en los salvajes mundos selváticos thorbod. Miguel Ángel padre acompañará al primero de estos grupos, su hijo se unirá al segundo.
Puesto que la Armada cuenta con millones de soldados robot y tanques autómata que, por la limitación de espacio en las naves, no pueden llevar con ellos ni tan solo miniaturizados al tamaño mínimo al que es posible reducirlos, se opta también por hacer un último ataque contra los sadritas antes de abandonar para siempre el viejo y querido Sistema Solar. Varias naves de transporte los desplegarán en Urano para que estos recorran la superficie acabando con todos los sadritas, destruyéndolos a ellos y a sus instalaciones. O al menos provocándoles tantos daños que los supervivientes tarden algunas décadas en recuperarse. Este último intento de no marcharse simplemente con el rabo entre las piernas fracasa; las naves de transporte del ejército autómata son destruidas en el espacio todavía demasiado lejos de Urano y los cruceros de guerra que las escoltaban son diezmados por la abrumadora superioridad de los cazas de combate sadritas. Miguel Ángel hijo logra salvar a parte de los cruceros terrestres improvisando una especie de cortina de humo con la explosión simultánea de algunos miles de torpedos atómicos, que deja a los sadritas sin visión directa ni señal de radar clara sobre lo que está ocurriendo tras esta. Así, derrotada una vez más por fuerzas superiores, pero sobreviviendo una vez más a esas fuerzas superiores, la humanidad abandona, quizá para siempre, su mundo natal y parte hacia un incierto destino.
A este drama general añadimos uno personal. A solo una hora de que ambas flotas se separen para ir cada una en busca del mundo que han elegido como meta, Sofía Medina, que ya había declarado que viajaría junto a Miguel Ángel hijo hacia los mundos salvajes thorbod, se lo piensa mejor y pide ser trasladada a la otra flota, mayor y con una meta más segura. Miguel Ángel ya contaba con casarse con ella, tener hijos y colonizar los peligrosos mundos selváticos, pero acepta su decisión y la deja partir. Ambas flotas se separan, una rumbo a un mundo que no les espera y que probablemente esté ya superpoblado, y la otra hacia mundos casi inexplorados en los que sus opciones serán establecerse por la fuerza o ser aniquilados.
¡Próximamente en sus kioscos, Exiliados de la Tierra! Hasta que esté disponible, puedes repasar la saga desde el inicio pulsando aquí.
Ha muerto el Sol. 1975 (reescritura del texto original de 1957). George H. White [Pascual Eguídanos]. La saga de los Aznar nº 26. Editorial Valenciana S. A.

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