EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, nobles caballeros y damas.
Las fiestas de Moros y Cristianos de Banyeres de Mariola son una de las celebraciones más antiguas de la Comunidad Valenciana. Se celebran por estas fechas en honor a San Jorge, patrón de la villa. La fiesta combina música, pólvora, desfiles y representaciones teatrales. La imagen de San Jorge se traslada desde su ermita a la parroquia, en un desfile en el que participan varios miles de personas.
No tengo los datos concretos de este año, pero por parte del bando moro suelen desfilar los Moros viejos, los Moros nuevos, los Moros del Rif, los Marroquíes, los Piratas y los Califas. Por parte de los cristianos desfilan los Cristianos, los Estudiantes, los Maseros (campesinos de cultivos de secano) y los Labradores. Hay simulacros de combates y parlamentos dramatizados que recrean la disputa entre moros y cristianos por el control del castillo local. Finalmente, el último día de las fiestas se escenifica la rendición de los moros y su conversión al cristianismo.
Cada comparsa está a su vez dividida en otras. Esta imagen pertenece a una de las secciones de la comparsa de los Marroquíes, que incluye grupos de mujeres caracterizadas como fauna africana, en este caso antílopes o impalas.
En cuanto a la historia real que inspira estas fiestas, en Banyeres de Mariola no existe constancia de una gran batalla concreta librada allí en el contexto de la Reconquista, aunque lo más probable es que la hubiera pero no quedara registrada o los registros se perdieran con el paso del tiempo.
El cercano poblado musulmán de Serrella fue precipitadamente abandonado tras la llegada a la región de las tropas de Jaime I en el siglo XIII. Este abandono carecería de sentido sin un episodio de presión militar o un enfrentamiento, aunque las crónicas que se conservan no describen una batalla. Pese a ello, el castillo pasó a formar parte de la línea defensiva cristiana entre los reinos de Valencia y Castilla. Esta condición de frontera convirtió a la villa en un punto estratégico, con una presencia militar constante durante los siglos posteriores.
Hacia la patria (nº 54). Nos quedamos con el Guerrero luchando a cara descubierta. Acaba de dar muerte a Yeir Kan, el hermano de Alí Kan, el villano principal de la serie. Esto, en realidad, ha sido una mala jugada, puesto que hasta ese momento Alí Kan, desposeído de todo su poder militar, era un invitado en los dominios de su hermano. Pero muerto su hermano, y hasta que el rey de Túnez nombre a otro para que quede al cargo de la región, los hombres de Yeir Kan entienden que quedan temporalmente al servicio de Alí Kan. Al matar al hermano de su peor enemigo, le ha proporcionado a este el mando sobre un ejército enorme.
Las preocupaciones del Guerrero, sin embargo, son más inmediatas. Está en el extremo de una estrecha pasarela, suspendida sobre un gigantesco caldero de agua hirviendo, y luchando con una sola mano contra los adversarios que avanzan de uno en uno por la pasarela. La otra mano la tiene ocupada sosteniendo la cuerda de la que cuelga uno de sus aliados, el Pirata Negro, que iba a ser hervido vivo en la olla.
De algún modo, se las apaña para liberar al Pirata Negro, haciéndolo descender con la cuerda hasta la calle, aunque sigue amarrado a esta. A continuación, él mismo se desliza hasta el suelo por la misma cuerda, corta las ataduras del pirata y ambos comienzan a abrirse paso por las atestadas calles de Túnez, espada en mano.
Osmín y Fernando, que estaban al acecho, se unen a ellos y entre los cuatro logran abrir las puertas de la prisión donde estaban encerrados los pocos hombres que todavía le quedaban al Pirata Negro, entre los cuales está también don Carlos. Este creciente grupo se adentra entonces en el palacio de Yeir Kan para liberar a las mujeres que también retenían prisioneras.
Entretanto, el Guerrero, Fernando y Osmín encuentran la oportunidad de separarse del grupo y capturan a Alí Kan. Aprovechando la confusión del momento y utilizándolo como rehén, fuerzan a sus hombres a que les franqueen el paso hasta el puerto y les entreguen cinco naves ligeras con las que poder regresar a España. A Alí Kan, que ya ha demostrado muchas veces que su palabra no tiene ningún valor, se lo llevan bajo la amenaza de matarlo si sus hombres no colaboran. Haber permitido que maten a su líder dentro de su propia ciudad ya es una falta de la que los soldados de Yeir kan deberán responder ante el rey de Túnez, y no van a arriesgarse a perder también a su sucesor el mismo día.
Una vez todos los prisioneros son embarcados y se han alejado de la costa, el Guerrero comete el error de dejar ir a su rehén en un bote. Alí Kan es recogido por sus hombres, que van siguiendo a los barcos de los cristianos como una manada de lobos tras una presa herida. Sin embargo, los barcos cristianos llevan ventaja y son efectivamente los más ligeros que había en el puerto, por lo que las naves enviadas en su persecución no logran alcanzarles.
En España, Ana María sigue prisionera en la cueva de la bruja Zimbra, donde la llevó tras raptarla uno de los hombres de Olián disfrazado como el Guerrero del Antifaz. Entre los que salieron a buscarla estaba don Luis, que ha seguido el rastro del falso Guerrero hasta la cueva. Se adentra en esta espada en mano, enfrentándose primero al falso Guerrero, al que logra matar no sin cierta dificultad.
A continuación, combate contra los lobos amaestrados de Zimbra y también acaba con ellos, pero la bruja aprovecha que el caballero está peleando con los lobos para acercarse por detrás y romperle una vasija de barro en la cabeza, dejándolo inconsciente. Luego vierte una droga en su boca que lo sume en una especie de coma. Podría haber aprovechado para matarlo, pero Zimbra cree que quizá le darán una recompensa adicional por entregarlo vivo.
En el Peñón donde tiene su fortaleza, Olián se ha rendido al fin a los Reyes Católicos. Firma con ellos el trato habitual que estos ofrecían a los musulmanes en estos casos: la posibilidad de regresar a África en paz, llevándose sus bienes, pero dejando atrás a sus esclavos y prisioneros españoles, todos los cuales quedarían en libertad. Olián acepta y los caballeros se aseguran de que no se lleve a ningún español con ellos. Piensan que Ana María pueda estar en sus manos y se sienten decepcionados al comprobar que no es así, pero cumplen con el trato que han firmado en nombre de sus reyes y los dejan marchar.
Mientras las mermadas fuerzas de Olián se retiran, un grupo de sus hombres va a la cueva de Zimbra a buscar a Ana María. No la han llevado antes al Peñón porque sabían que los caballeros cristianos lo registrarían para asegurarse de que no había esclavos en él. A Zimbra, que esperaba una generosa recompensa por sus servicios prestados, la matan para que no hable. No nos da ninguna pena. Después de todo, la muerte a manos de sus propios aliados es el fin que merecen todos aquellos que se asocian con asesinos y criminales.
Los hombres de Olián se llevan a Ana María con ellos. Observan el cuerpo inerte de don Luis. Está sumido en un sueño tan profundo por la droga que le administró Zimbra, que dan por supuesto que está muerto y simplemente lo abandonan allí. En la costa, Olián y sus hombres embarcan en las naves de la flota de la Mujer Pirata, que acudió específicamente a recogerles, y emprenden el camino de regreso a Túnez llevando con ellos a Ana María.
En poder del capitán Rodolfo (nº 55). Los cinco barcos en los que viajaban el Guerrero, Osmin, Fernando, los pocos piratas que le quedan al Pirata Negro y los prisioneros liberados del Magreb llegan al fin a costas españolas. Pero el regreso a España no trae paz, sino sospechas, dudas y caras largas. Desembarcan en el puerto de Alicante, en el cual sufren el escrutinio de las autoridades locales. La noticia de que el Guerrero ha raptado a Ana María ya ha llegado hasta Alicante y el gobernador de la plaza no sabe a qué atenerse. Por una parte, el Guerrero ha traído con él a Beatriz y a las otras mujeres que habían sido raptadas de sus calles por una partida de piratas. Por otra, ha recibido la noticia de que se le acusa de haber raptado a Ana María. Por la deuda de gratitud que tiene hacia él por rescatar a las mujeres, decide darle crédito y los acoge en la ciudad.
Poco después, doña Beatriz y su prometido se reúnen con el padre de esta, el conde de Peñaflor. El conde tiene el mismo problema que el gobernador de Alicante. Le está agradecido al Guerrero por haberle devuelto a su hija, pero también ha oído decir que fue él quien raptó a Ana María. La propia doña Beatriz y su prometido confirman que todo ese tiempo él ha estado en África buscando el modo de rescatarles mientras se producía el rapto de Ana María.
El conde de Peñaflor le ofrece al Guerrero y a sus acompañantes la posibilidad de quedarse en su castillo hasta que todo se aclare, pero el Guerrero quiere partir inmediatamente hacia el condado de Torres para buscar él mismo a Ana María. Fernando y Osmin van con él, y el Pirata Negro no tiene intención de quedarse en España. Vuelve a embarcar inmediatamente, desprovisto de la mayor parte del poder que tuvo en su momento.
El Guerrero y sus amigos viajan hasta el antiguo Peñón de Olián, ahora en manos de soldados cristianos, para informarse allí sobre su partida. Está convencido de que fue Olián quien organizó el rapto de Ana María y quien se la llevó en realidad. Allí es ásperamente recibido por la guarnición de la plaza, que ha quedado al mando del capitán Rodolfo, el cual tiene una antigua deuda de sangre con el Guerrero. Al principio de la colección se nos reveló que el hermano del capitán Rodolfo fue uno de los soldados cristianos que murieron por la mano del Guerrero cuando este aún creía ser hijo de Alí Kan y luchaba por el bando musulmán. A este rencor totalmente legítimo y entendible se fueron uniendo con el tiempo otros, productos de pequeñas rencillas y desplantes que han acabado por convertir al capitán Rodolfo en uno de sus más acérrimos detractores dentro de las propias fronteras de España.
Cuando llegan a la presencia del capitán Rodolfo, este ni tan solo se molesta en escuchar sus explicaciones sobre su implicación en el rapto de Ana María y ordena a sus hombres detenerlos. Esto los pone en un apuro por partida doble, no solo porque tengan que enfrentarse a ellos, sino porque no pueden matarlos por ser soldados de su mismo bando. Dándose cuenta de que no van a poder salir de esa situación ni peleando ni hablando, el Guerrero y su grupo tratan de huir de la fortaleza.
Aquí tenemos una larga secuencia de combate de cinco páginas (diez, en el formato apaisado original) que en los comics actuales puede no ser gran cosa, pero es mucho para un cómic de la época. Únicamente Osmin logra huir del Peñón, mientras que el Guerrero y Fernando son capturados. Rodolfo aprovecha que los tiene en sus manos para torturarlos a base de puñetazos y latigazos, cuando ya están sólidamente encadenados a los muros. Sin embargo, un noble que está en la fortaleza y que no se nos revela quién es detiene al capitán Rodolfo, haciéndole notar que su comportamiento no es digno de un caballero.
Pasadas algunas horas, Rodolfo está conversando otra vez con el noble. Cada uno insiste en su punto, Rodolfo acusando al Guerrero de haber raptado a Ana María sin tener pruebas de ello, solo porque la noticia (sea cierta o no, eso es lo de menos) apoya lo que ya siente hacia él. Y el noble indicándole que precisamente por no tener pruebas no tiene tampoco motivos para retenerlos ni mucho menos para torturarlos. Ambos acuden juntos a la mazmorra en un intento de aclarar el asunto. Rodolfo se acerca al Guerrero para desenmascararle y en ese momento este le suelta un puñetazo, puesto que ha logrado liberarse de los grilletes. Esto es algo que ya hemos tenido ocasión de ver en números anteriores, y que el Guerrero hace con sorprendente facilidad.
Simultáneamente a este intento de fuga, Osmin, que había logrado escapar del castillo, regresa y trepa por una muralla poco vigilada buscando rescatar a sus compañeros. Aquí termina este segundo número, con el Guerrero enfrentándose ahora a cristianos en lugar de musulmanes, algo que se volvería cada vez más frecuente a lo largo de la colección.
A modo de reflexión general, debo decir que cuanto más comics de El Guerrero del Antifaz leo, más tengo claro que eso que se ha repetido durante décadas y se sigue diciendo aún hoy en día (que es una colección infantil, simplista y excesivamente nacionalista o partidista) procede, más que de una lectura real, de una expectativa. De un cómic español ambientado en la Reconquista y creado en el contexto histórico y cultural en el que vio la luz, se podría esperar que presentara una visión más sesgada y manipulada del conflicto entre cristianos y musulmanes.
Sin embargo, cuanto más se avanza en la serie, más se puede ver que eso no se corresponde con lo que realmente aparece en sus páginas. Aquí se nos muestra que en ambos bandos hay héroes y cobardes, nobles y villanos, aliados inesperados y enemigos implacables. El Guerrero encuentra apoyo y oposición indistintamente entre cristianos y musulmanes, y Gago no dudó, ni tan solo en la época de nacionalismo extremo que estaba viviendo, en mostrar injusticias, abusos de poder, traiciones y actos de grandeza y bajeza en cualquiera de los dos lados. Lejos de limitarse a reproducir el típico esquema de “buenos contra malos”, creaba situaciones en las que la moralidad era compleja y donde las motivaciones personales pesaban tanto o más que las identidades colectivas o las órdenes de los lideres a los que cada uno sirviera.
Hasta que continuemos con los siguientes capítulos, podeis repasar los números anteriores en orden desde el primero pulsando aquí.
Otras colecciones de Manuel Gago
Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz
El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.
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