EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, nobles caballeros y damas.
Hoy finalizan las Fiestas de Moros y Cristianos de Biar, que comenzaron el pasado día nueve. Están dedicadas a la Virgen de Gracia y conmemoran la toma de Biar en 1245 por Jaime I, una operación militar decisiva que consolidó la frontera sur del recién formado Reino de Valencia. Este acontecimiento convirtió a Biar en un enclave estratégico frente al reino musulmán que se había establecido en Murcia. Las fiestas actuales recrean este momento histórico mediante desfiles y dramatizaciones teatrales.
El acto más característico de estas fiestas es el Baile de los Espías, celebrado el 11 de mayo por la tarde. Un grupo de vecinos disfrazados de moros recorre las calles midiendo puertas, ventanas y callejones con reglas y cartabones. Esta acción representa el espionaje previo a la conquista, como si los moros estuvieran estudiando la estructura de la villa para preparar su entrada y decidiendo de antemano las casas que van a ocupar cada uno. A esto le sigue el desfile de las tropas africanas, que representa el momento en el que éstas se apoderaron de la villa. Las comparsas moras se dividen en Moros Viejos, Moros Nuevos y Moros Tarik.
Tras la conquista del pueblo tiene lugar el baile en sí, una danza en la que la tradición dicta que todos los participantes deben ir vestidos con ropa heredada de sus padres o hermanos mayores. La música es repetitiva y de origen muy antiguo e incierto, y los propios pasos del baile, como la ropa que se usa, se han ido transmitiendo de generación en generación.
Mientras el baile tiene lugar, una figura de pasta de papel caracterizada como un moro a la que se conoce como «La Mahoma» es paseada en carro por las calles, representando la toma cultural de la villa que siguió a su conquista militar. El desfile de las comparsas cristianas que tiene lugar al día siguiente representa la reconquista de la villa por las tropas de Jaime I. El bando cristiano está formado por las comparsas de los Blanquets (milicias locales), Maseros (campesinos), Estudiantes y Templarios.
Como ya es tradición en este blog, nos unimos a nuestra manera a las fiestas de Moros y Cristianos de Biar reseñando otro par de números de El Guerrero del Antifaz. Las historias que tocan hoy son:
Siguiendo la pista (nº 56). En el episodio anterior dejamos al Guerrero en el momento de librarse de sus grilletes y enfrentarse a puñetazos con sus captores. Él y Fernando se encuentran en el antiguo Peñón de Olián, ahora bajo control cristiano y dirigido por el capitán Rodolfo, que le guarda un profundo rencor. Aprovechando la confusión sobre el rapto de Ana María (cometido por un soldado de Olián disfrazado como el Guerrero), el capitán dio la orden de detenerlo sin pruebas claras.
El Guerrero se abre paso a golpes entre los guardias. Aun así, no muestra hostilidad hacia el noble invitado en la fortaleza, cuya identidad y propósito siguen siendo un misterio. Al ver el despliegue de fuerzas del Guerrero, el noble empuña su espada por precaución, pero no le ataca. El Guerrero tampoco lo considera una amenaza. Incluso con el noble a un metro de distancia y espada en mano, el Guerrero se agacha para recoger las llaves de un guardia caído y liberar a Fernando.
Una vez fuera de la celda, ambos avanzan por el pasillo. El ruido del combate ha alertado a un grupo de guardias que acude a detenerlos. Entre ellos está Osmín, disfrazado de soldado cristiano, que se une a la refriega y aumenta la confusión. El Guerrero conoce bien la estructura del Peñón: ha tenido que infiltrarse y escapar de él varias veces. Guiando a sus compañeros, llega a las caballerizas y toman varias monturas para huir. En ese momento aparece una patrulla que trae consigo al inconsciente don Luis, conde de los Picos, hallado en la cueva donde la bruja Zimbra lo abandonó tras drogarle. Ante la presión del noble invitado, el capitán Rodolfo reconoce que se precipitó al acusar al Guerrero y admite que no tiene motivos para retenerlo. Con la situación aclarada, el noble informa de esto al Guerrero justo cuando este se disponía a abandonar la fortaleza con sus amigos.
Mientras tanto, los hombres del Pirata Negro, cómodamente instalados en las afueras de Alicante, empiezan a desmadrarse. Aunque el padre de Beatriz le ha enviado cofres con joyas y oro en agradecimiento por su participación en el rescate de su hija, el Pirata Negro no ha renunciado del todo a ella. Se niega a marcharse con sus barcos y sus hombres, que están cometiendo robos y actos de vandalismo por la región. Uno de ellos incluso intenta secuestrar a una mujer para violarla, pero don Carlos lo presencia y mata en el acto al miserable.
El conde de Peñaflor retira entonces la oferta que le hizo al Pirata Negro de contratarlo a él y a sus hombres como tropas mercenarias. Lo considera un líder incapaz de controlar a la banda de salvajes que tiene a su mando. Le exige que se marche, pues ya ha recibido su recompensa.
El Guerrero y sus compañeros recorren la región en busca de información sobre Olián. Unos soldados les cuentan que se avistaron naves berberiscas en la costa de Málaga. Otros confirman que esas naves ya partieron rumbo a África, llevando consigo a Olián y su gente. El salvoconducto de los Reyes Católicos ha permitido que se marchen sin oposición, tal como se pactó. Olián y los suyos han embarcado en la flota de la Mujer Pirata, y ahora el Guerrero necesita un barco para seguirles.
Inmediatamente piensa en el Pirata Negro y va en su búsqueda, pero al encontrarlo lo ve convertido en un guiñapo. Está borracho y ha perdido toda autoridad sobre su tripulación. El oro que ha recibido del marqués de Peñaflor lo entregó a sus hombres, que lo repartieron mientras él se dedicaba beber vino hasta perder el sentido. El mando real lo ejerce uno de sus hombres, Jusep, que se ha autonombrado jefe ante la pasividad de su capitán. Cuando el Guerrero se presenta reclamando su ayuda Jusep se le enfrenta, pero cae derrotado tras intercambiar algunos golpes. El Guerrero y sus amigos embarcan en una de las naves del Pirata Negro, llevándose a este con ellos, aún borracho, y a algunos de sus hombres. El resto de la flota zarpa poco después y les van siguiendo la estela, aunque no queda claro si para apoyarlos o para aprovechar la ocasión de traicionarlos.
Al día siguiente, el Pirata Negro despierta de su borrachera de mal humor. Acusa al Guerrero de haberle arruinado: ha perdido muchos barcos, hombres, prestigio y alianzas desde que le conoce, además de ver frustrada su obsesión por Beatriz. Su primera intención es arrojarlos al mar, pero el Guerrero lo convence de que solo necesita que lo lleve hasta Túnez y ya no volverá a saber nada de él. Para evitar más problemas, el Pirata Negro accede a llevarlos hasta las costas africanas, desembarcarlos en un bote y olvidarse de ellos para siempre. Ya no lo considera amigo, pero tampoco lo quiere como enemigo.
En tierras africanas (nº 57). Durante la travesía se forma una tormenta tan extensa que les resulta imposible esquivarla. Las olas golpean los barcos con fuerza y los hacen escorar. El Pirata Negro, hundido en su miseria, se desentiende del mando y deja la responsabilidad a Jusep. Se encierra en su camarote a lamentarse mientras la tormenta arrecia. Este abandono de sus responsabilidades en un momento crítico convence a varios piratas de que ha llegado el momento de deshacerse de su capitán. Cuatro de estos se dirigen a su camarote para asesinarlo.
La tercera viñeta nos muestra la mesa y un taburete volcados contra el mamparo, consecuencia de los bandazos del barco. Esto es un detalle que me ha gustado mucho porque es simple y realista a la vez.
El Guerrero, que ha notado movimientos sospechosos en cubierta, acude al camarote del Pirata Negro temiendo que se esté tramando algo contra él, y presencia el intento de asesinato. Entre él y el Pirata Negro reducen a los cuatro atacantes.
Sin embargo, el combate se ha extendido a la cubierta, donde otros piratas atacan a Osmín y Fernando descuidando las faenas marineras esenciales para mantener el precario control de la embarcación que aún tenían. A consecuencia de esto las olas barren la cubierta y arrastran a muchos al mar. El barco, casi sin gobierno, empieza a recibir el oleaje de través en lugar de sobre el tajamar de proa, y está a punto de hundirse.
Cuando la tormenta amaina horas después, uno de los barcos de la flota ha desaparecido. El Pirata Negro ordena que los demás permanezcan en la zona buscando supervivientes, lo que aumenta la distancia respecto a la flota que persiguen. En realidad, no desea alcanzarla antes de que esta llegue a África: un combate naval solo le traería más pérdidas de hombres y barcos. Por su parte, la flota de la Mujer Pirata, que transporta a Olián, está dando rodeos para evitar encontrarse con las tropas de Yeir Kan. Ella ignora que Yeir Kan ha muerto y que sus hombres obedecen ahora a su hermano Ali, pero la situación es la misma. Encuentra la oportunidad para desembarcar a Olián y los suyos y se aleja antes de despertar demasiado interés entre las fuerzas locales.
Ali Kan, al mando provisional de las tropas de su hermano hasta que el rey de Túnez se pronuncie al respecto, recibe a Olián en su fortaleza. Allí conoce por primera vez a Ana María. Su belleza extraordinaria y su aspecto virginal la convierten en objeto de deseo para casi todos los villanos de la serie, pero saber que es la mujer amada por el Guerrero la hace aún más valiosa para él. Intenta comprársela a Olián. Este se niega, pero la idea queda sembrada en la mente de Alí.
Finalmente, la flota del Pirata Negro llega a las costas de Túnez. Cumpliendo su palabra, desembarca al Guerrero, Osmín y Fernando en un pequeño bote. En la playa se enfrentan primero a un grupo de pescadores y luego a otro, más numeroso y agresivo, de piratas locales. De ambos obtienen la misma información: Olián se reunió con Alí Kan en su fortaleza días atrás. Para la épica mentalidad del Guerrero esto supone la oportunidad de enfrentarse a los dos a la vez. Lo considera un golpe de suerte, aunque para todos los demás, lectores incluidos, es obvio que será más difícil enfrentarse a ambos juntos que combatirlos por separado. Es interesante cómo el autor logra presentar la desbocada heroicidad de su personaje como una ventaja y una desventaja al mismo tiempo.
Su siguiente paso es robar caballos en una aldea cercana para acelerar el viaje. La operación no les supone gran dificultad y contribuye a alimentar la leyenda que empieza a formarse en torno al Guerrero. Osmín, que sigue disfrazado de soldado cristiano desde que estuvo en el Peñón, viste una combinación de uniforme y armadura idéntica a la del Guerrero y ha copiado incluso su antifaz. Si a esto sumamos que tienen una altura y corpulencia similares, solo los diferencia la voz y el fino bigote de Osmín. Cuando entran en la aldea y roban los caballos, los tunecinos se quedan perplejos al ver dos guerreros cristianos enmascarados. Debido a la fama de invencible que ha ido labrandose, algunos ya consideran al Guerrero del Antifaz un espíritu en lugar de un hombre, y su presencia por partida doble hace que los rumores se extiendan aún más.
Al llegar a la fortaleza de Ali Kan, el Guerrero insiste en infiltrarse él solo. Si son descubiertos lo mismo dará ser uno que tres, y yendo solo reduce las posibilidades de ser detectado. A regañadientes, Fernando y Osmín aceptar aguardar al pie de los muros, amparados en la oscuridad de la noche.
Y aquí dejamos la historia por ahora. Volveremos a ella en alguna próxima fiesta de Moros y Cristianos, de las muchas que llenan el calendario. Hasta que continuemos con los siguientes capítulos, podéis repasar los números anteriores desde el primero pulsando aquí.
Otras colecciones de Manuel Gago
Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz
El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.
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