EL ORÁCULO DE LAS VISIONES ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
¡Saludos, amigos cinéfagos!
Hoy os traigo una película que, por el título, puede no parecer muy impresionante, pero confiad en mi porque creo que vale la pena conocerla. Preparad palomitas y dejad un buen montón en el suelo para que se las coman las musarañas mientras leéis esto, porque si no quizá se os coman los pies.
Comenzaos en algún punto indeterminado cercano a la costa de Alaska. El capitán Thorne y su único marinero, Rock, se aproximan a una isla para dejar en ella una carga de materiales. La islita está habitada únicamente por un científico llamado Marlow, su hija Ann y unos pocos asistentes. Aunque el plan original de Thorne era soltar la carga, cobrarla y regresar ese mismo día, el fuerte huracán que se está formando le obliga a replanteárselo. Considera que será mucho más seguro pasar la noche a resguardo en la isla, y así se lo comunica a Marlow cuando llegan hasta él. Esto supone un revés también para el científico, porque él pretendía que su hija Ann abandonara la isla en el barco del capitán cuando este se marchara lo antes posible.
Ante la insistencia de Thorne sobre lo peligroso que sería tratar de regresar al continente antes de que pasara el huracán, Marlow acepta a regañadientes alojarlos en su casa. El capitán se fija en que uno de los asistentes va fuertemente armado. En la isla, teóricamente, no hay depredadores, pero cuando llegan hasta la casa Thorne ve que esta está reforzada con una empalizada de madera que parece levantada apresuradamente.
Conversando con la hija y uno de los asistentes, Thorne descubre que a lo que se dedica Marlow en la isla es a experimentar con musarañas, forzándolas a evolucionar en una u otra dirección. Esto sirve también para darnos algunos datos sobre las musarañas, como son capaces de reproducirse con tres semanas de vida, que excavan túneles como los topos y que no dudan en comerse entre ellas cuando no encuentran otro alimento. Además, su metabolismo es tan acelerado que necesitan comer a lo largo de cada día el triple de su propio peso en carne y huesos.
Y ya que la película nos da datos sobre las musarañas, a estos nosotros podemos añadir que la musaraña es uno de los roedores más comunes, estando presente en casi todo el mundo, pero también es de los más pequeños. Según la especie, su peso oscila entre los dos gramos y medio de las variedades más pequeñas y los cien gramos en los ejemplares de mayor tamaño. No constituyen un peligro, ya que se alimentan de larvas, insectos, animales que ya encuentran muertos o de alimañas de su mismo tamaño. Pero, como ya hemos dicho, Marlow está haciendo experimentos con ellas. Y esta película es de 1959, cuando estaban de moda las películas de animales gigantes, así que seguro ya tendréis una idea aproximada de lo que va a pasar.
El capitán Thorne se da cuenta de que la tensión es muy alta entre el científico y su grupo. Uno de los asistentes se muestra innecesariamente hostil, otro parece aterrado y un tercero está tan ensimismado en su trabajo que no parece ser consciente de nada más. En realidad, los experimentos, como era de esperar, han agigantado a una partida de musarañas que además logró escaparse. Han estado reproduciéndose activamente y comiéndose toda la vida animal de la isla hasta llegar al punto en que lo único que queda comestible son ellas mismas y los humanos.
La película nos presenta a las musarañas de una forma bastante ingeniosa: disfrazando perros. Utilizaron perros amaestrados cubiertos de un pelaje falso y una larga cola para darles un aspecto más ratonil (o musarañil). Para las escenas en las que las vemos corriendo, rascando la pared o saltando se usaron estos perros, mientras que los primeros planos de sus cabezas, para las escenas en las que muerden a algún personaje o se lanzan contra él, se realizaron con títeres.
La primera persona en confesarle al capitán la verdad es Ann. Lo hace para evitar que este salga de casa por la noche, puesto que tenía la intención de volver a su barco para asegurarse de que el huracán no lo dañara, pese a haberlo dejado bien fondeado. Además, su amigo Rock se ha quedado a bordo, o eso cree él. En realidad, Rock empezó a desembarcar parte de la carga por su cuenta para adelantar trabajo, y a esas alturas las musarañas ya no han dejado gran cosa de él.
Una vez dado este primer paso, Marlow no ve motivo para ocultar el resto y le cuenta algunas cosas interesantes, como que cuando uno de los grupos de experimentación se le escapó, no pudo notificarlo a las autoridades pese al peligro que suponían, debido a que trabaja para una empresa privada, no para el Gobierno ni el Ejército. Habría sido interesante que desarrollaran más esto, pero no.
El caso es que eligió la isla precisamente por si se daba una situación como esa: las musarañas no son capaces de nadar y hay muchos kilómetros de agua separando su isla de la costa, por lo que el propio entorno le sirve de contención en caso de accidente. El científico cree que estarán seguros en la casa, puesto que aunque las musarañas tienen la capacidad de excavar y moverse bajo tierra, el suelo de la casa es de piedra. Pero Thorne le hace notar que las puertas son de madera y las paredes de adobe, materiales a través de los cuales las musarañas sí pueden abrirse paso hurgando con sus duras zarpas.
Todos acuerdan que es más seguro esperar dentro del propio barco fondeado, pero puesto que ya es de noche y las musarañas son nocturnas, es un suicidio salir de la casa en ese momento para tratar de llegar al embarcadero. Deciden pasar la noche allí y la mañana siguiente hacer el trayecto hasta el embarcadero de la isla a pleno sol y fuertemente armados.
La noche transcurre con una sola baja debido a una musaraña que logra colarse en el sótano. La tormenta que trae consigo el huracán ha estado derribando árboles (algunos contra la casa) y debilitando los muros. Una ventana mal cerrada permite el paso a una de las criaturas. El asistente al que la musaraña muerde, antes de ser abatida a tiros, muere casi instantáneamente. Esto es debido a que han asimilado y replicado un fuerte veneno con el que se intentó matarlas cuando escaparon. El organismo de la musaraña no solo sobrevivió a los cebos envenenados que se colocaron por la isla, sino que añadió ese veneno a su propia biología. Ahora, además de musarañas agigantadas, frenéticas y hambrientas, resulta que son más venenosas que una cobra real.
Para complicar un poco más la cosa, ese asistente especialmente hostil del que hablábamos antes no ve con buenos ojos la simpatía que Ann siente instintivamente hacia Thorne, por lo que se convertirá en otro enemigo más a tener en cuenta. Además, el plan de salir a plena luz del sol para mantenerse a salvo de las musarañas tampoco da resultado. Las musarañas ya se han comido todo lo que había en la isla, por lo que desesperadas por el hambre salen de caza incluso a plena luz. A partir de aquí ya entramos en la típica etapa de asedio en la que los personajes están encerrados en la casa, con una buena provisión de armas pero también con una provisión demasiado grande de alcohol, dos cosas que nunca combinan demasiado bien. Las musarañas rodean la casa y van poco a poco abriéndose paso a través de puertas y muros en busca de alimento.
Aquí tengo que hacer una mención especial para Radford, otro de los asistentes del científico, al que una de las musarañas muerde en una pierna. Sabiendo que va a morir, se limita a sentarse ante una máquina de escribir y, sin drama ninguno, va anotando los síntomas de la intoxicación por el veneno de la musaraña a medida que los experimenta, hasta caer muerto, por si estos sirvieran de algo para futuras investigaciones.
Tal como era de esperar, los personajes van cayendo uno tras otro hasta que se dan cuenta de que las musarañas terminarán comiéndose la casa entera si es necesario para llegar hasta ellos. Así pues, improvisan un nuevo plan: tratarán de llegar hasta la playa protegidos por grandes bidones de metal puestos boca abajo, como si estuviesen dentro de un diminuto tanque blindado cada uno. Y así, pasito a pasito, con las musarañas rodeándoles continuamente, saltando hacia ellos, tratando de tumbarlos y buscando cualquier resquicio en el bidón para morderlos, es como los únicos tres supervivientes (el capitán Thorne, Marlow y Ann) logran alcanzar la playa.
Se adentran en el mar, donde las musarañas ya no pueden seguirles, y se sumergen del todo, dejando atrás los bidones y llegando hasta el barco anclado. Desde este, Marlow pronostica que en veinticuatro horas ya solo quedará una musaraña viva en la isla, puesto que todas se habrán matado entre ellas debido al hambre, y esa última musaraña morirá también de hambre pasadas unas pocas horas, cuando ya no le quede ninguna otra musaraña que devorar.
Parece un final feliz... Sin embargo, el inicio de la película comenzaba hablándonos de una plaga de musarañas gigantes que se estaba extendiendo desde Alaska hacia el sur y, a continuación, presentándonos la película como si fueran a explicarnos el inicio de esta plaga y no el final. Podemos suponer que al menos una pareja de musarañas sobrevivió y logró cruzar el mar hasta la costa de algún modo. O que Marlow no aprendió de lo ocurrido y retomó sus experimentos en tierra firme.
Es una película que, pese a sus limitaciones, me gusta mucho, y he de decir que le veo bastantes paralelismos con La noche de los muertos vivientes, nueve años posterior. Ambas presentan un grupo reducido de personas atrapadas en un espacio cerrado mientras una amenaza externa, insistente y deshumanizada, intenta abrirse paso para comérselos. En ambos casos, la casa es un refugio improvisado que han reforzado con lo que tuvieran a mano. Las criaturas atacantes son peligrosas no por su fuerza o inteligencia, sino por su numero y su capacidad para ir dañando poco a poco, pero sin pausa, puertas, muros o ventanas. Y ese asedio exterior se complementa con una amenaza interna igual de peligrosa, y la convivencia forzada en un espacio reducido convierte cada decisión y cada roce en un motivo para pelear.
La muerte por mordisco es otro punto de contacto evidente. Las musarañas matan con mordeduras que inoculan un veneno, mientras que los zombis transmiten una infección letal del mismo modo. Finalmente, también ambas historias comparten un final que no cierra realmente la trama, sino que nos deja con la incógnita de si la humanidad logrará sobrevivir a ella. Romero nunca tuvo reparo en afirmar que películas como El carnaval de las almas y El día de los trífidos influyeron en La noche de los muertos vivientes. Yo no puedo más que preguntarme si Musarañas asesinas fue otra de las películas que tenía en mente cuando hizo la suya y se olvidó mencionarla.
Por cierto, si queréis darle un vistazo, en el momento de publicar esta entrada la película se encuentra en youtube en varias calidades diferentes e incluso en una versión coloreada. Existe también una especie de remake/continuación titulada El retorno de las musarañas asesinas (2012), que no he visto, pero por lo que parece se trata de una comedia.
The Killer Shrews. 1959. Jay Simms (guion). Ray Kellogg (director). James Best, Ken Curtis (actores principales). Ingrid Goude (actriz principal). Hollywood Pictures Corporation. Editada en DVD en 2009 por Paycom Multimedia.

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