EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, indomables guerreros.
Cartagena es una de las pocas poblaciones españolas que no tienen su propia versión de los Moros y Cristianos, pero cuentan con una celebración cuanto menos equivalente: los Cartagineses y Romanos. Las de este año comienzan hoy mismo. Son diez días de la segunda quincena de septiembre en los que se conmemora tanto la llegada de los cartagineses a la península ibérica en el 227 antes de Cristo, como la conquista romana liderada por Escipión en el 209 a.C.
Normalmente, una nación o una población convierte en fiestas sus victorias militares, pero el caso de Cartagineses y Romanos es diferente, ya que ambos llegaron a la península como invasores, con la intención de imponerse a los iberos y convertirlos en parte de sus propios imperios. También ambos derrotaron a los iberos en su momento, y esto es lo que hace que estas fiestas puedan resultar extrañas para los foráneos, porque parece que Cartagena celebre sus derrotas, cuando lo normal es celebrar solo las victorias.
Pero el tiempo pasó, las guerras se sucedieron, y tanto cartagineses como romanos desaparecieron de la península, dejando su huella y sus avances, mientras que los iberos siguieron allí para aprovechar todo lo que habían aprendido de aquellos que pretendían gobernarlos. Lo que se conmemora en estas fiestas no son las derrotas que sufrimos a manos de estos pueblos invasores, sino el nacimiento de la ciudad de Cartagena, primero como Qart Hadasht a manos de Aníbal, y su destrucción y renacimiento como Carthago Nova a manos de Escipión. No es un «¡Qué bien que nos invadieron esos extranjeros!», sino un «Aquí empezó todo. Aquí nació la ciudad que somos, y ni lo ocultamos ni nos avergüenza reconocerlo». Al igual que ocurre con los Moros y Cristianos del resto de España, la cosa no va tanto de quién ganó o quién perdió como de reconocer todo por lo que pasamos y que terminó por convertirnos en lo que somos.
No recuerdo quién dijo aquello de «El yunque del ayer forja las espadas del mañana», pero es una forma escueta y perfecta de definirlo. Somos lo que somos gracias a aquello por lo que pasamos, tanto lo bueno como lo malo, y por tanto todo hecho importante debe ser recordado.
Los actos principales de las fiestas son el Encendido del Fuego Sagrado, la Fundación de Qart Hadasht, los Esponsales de Aníbal e Himilce, el Desembarco romano, la Batalla por la toma de Qart Hadasht, el Gran Desfile y los Campamentos. Los participantes se dividen en dos grandes bloques: Tropas (cartagineses) y Legiones (romanos). Cada bando tiene alrededor de veinticinco grupos, y cada uno representa un pueblo, una unidad militar, un cuerpo civil o un personaje histórico.
Por los cartagineses tenemos la Tropa de Aníbal, Tropa de Himilce, Tropa de Magón, Tropa de Asdrúbal, Mastienos, Mercenarios Íberos, Mercenarios Celtas, Mercenarios Númidas, Guerreros Libios, Los Adoradores de Baal-Hammon, Tropas de Tiro y Sidón, Lanceros Hoplitas, Caballeros de Tanit, Príncipes de Mastia, Honderos Baleares, Guerreros de Carthago Nova, Tropas de Gisgo, Tropas de Bomílcar, Tropas de Amílcar, Tropas de Hannón, Tropas de Sarrón, Tropas de Alidona, Tropas de Thader y Tropas de Gadir.
Por el lado romano tenemos la Legión de Escipión, Legión de Emilia Paula, Legión de Sagunto, Legión de Thirso, Legión de Triarii, Legión de Carthago Nova, Fuerzas de Choque, Universitas, Pretorianos, Odrysios, Príncipes de Roma, Guerreros de Iberia, Tropas de Minerva, Tropas de Apolo, Tropas de Roma, Tropas de Athenia, Mercenarios, Galos, Germanos, Tropas de Grecia, Marina de Carthago Nova, Gladiadores, Amazonas, Mercaderes e Ingenieros.
El caso es que, al igual que estamos aprovechando las fiestas de Moros y Cristianos para ir reseñando los cómics de El Guerrero del Antifaz, me ha parecido adecuado hacer coincidir con los Cartagineses y Romanos las reseñas de este otro cómic. Realmente los cartagineses no tienen mucho que ver aquí, ya que la historia se centra en la lucha de Jabato (un campesino ibero) contra el imperio romano, pero tiene lugar por esas fechas y en ese entorno.
El que sea un campesino es lo que diferencia al personaje de sus predecesores más directos, El Guerrero del Antifaz (1944) de Gago y El Capitán Trueno (1956) del propio Mora. Estos eran caballeros entrenados en las artes del combate, tenían castillos a los que regresar, reyes a los que servir, y en ocasiones, ejércitos bajo su mando. Jabato, en cambio, era un hombre común que no tenía nada más que la tierra que araba, y se alzó en armas contra el mayor imperio que había conocido el mundo hasta ese momento, no siguiendo órdenes sino sus propias convicciones.
La serie original se publicó entre 1958 y 1966. Lo que vamos a comenzar reseñando son los cuadernillos que se entregaron en 2003 como obsequio junto a varios periódicos. Uno de ellos fue La Opinión de Murcia. Cada uno tiene treinta y dos páginas de un tamaño cómic estándar, con cuatro hileras de viñetas. Los cuadernillos originales de Jabato eran de formato apaisado, con dieciséis páginas, cada una de las cuales tenía dos hileras de viñetas. Por tanto, cada uno de estos números entregados en el periódico contiene el material equivalente al de cuatro de los cuadernillos originales.
La historia comienza con una centuria romana marchando por tierras hispanas. Una centuria era un grupo de cien legionarios al mando de un centurión. Centurión viene a significar «el que manda sobre cien», del mismo modo que un decurión era «el que manda sobre diez», aunque en su caso aplicado a una turma (unidad de caballería). Esto lo digo sólo para hacernos una idea de cuántos son.
El centurión al mando es Marco, que escolta a una bella noble romana llamada Claudia a la costa para regresar a Roma. La centuria se cruza con un grupo de campesinos íberos que están arando sus tierras. Al ver que son hombres relativamente corpulentos por el duro trabajo del campo y sin más armas que los instrumentos de labranza, Marco decide capturarlos a todos para llevárselos con él a Roma y vendérselos como esclavos a un lanista. Entre estos campesinos está un joven al que sus compañeros apodan Jabato debido a su valentía y fuerza extraordinarias. En realidad, en ningún momento de la colección llegaremos a saber su nombre, puesto que éste es el apodo por el que lo conocen también los romanos a partir de ese momento, y siempre se refieren así a él.
Durante el combate entre los legionarios y los campesinos, Marco tiene ocasión de observar lo bien que se desempeña Jabato pese a no tener entrenamiento en combate. Se apodera de la espada de uno de los legionarios, pero la blande con extrema torpeza y, en realidad, se desenvuelve mucho mejor sólo con sus puños. Pese a sus esfuerzos, todos los íberos son capturados. Taurus, un amigo de Jabato que es prácticamente un Hércules encarnado, hace un intento de rescatar al grupo provocando una avalancha sobre la columna romana, pero también él es capturado.
Viendo un líder natural en Jabato, Marco decide matarlo. Sin embargo, éste también ha impresionado poderosamente a Claudia, que convence a Marco para que no acabe con él. Incluso hace un intento frustrado de liberarlo ella misma aprovechando un descuido de los guardias. Entre una cosa y otra Jabato da tantos problemas a los romanos que, cuando finalmente desembarcan en Roma, está cubierto de heridas y apenas se tiene en pie.
Jabato, Taurus y el resto de íberos son vendidos a Fabio, el lanista, que comienza a entrenarlos como gladiadores. Esto, como veremos más adelante, es un terrible error, porque darles un entrenamiento casi militar del que antes carecían no hace más que volverlos más peligrosos para sus supuestos amos.
Marco, que pese a la promesa que le hizo a Claudia está empeñado en ver morir a Jabato, le devuelve a Fabio todo el dinero que le pagó por los esclavos a cambio de que se asegure de que mueran públicamente. Este amaña su primer combate en el circo para que estén en clara desventaja respecto a sus rivales: todos los esclavos íberos lucharán juntos contra otro grupo de esclavos que, al contrario que los primeros, cuenta con carros de combate con cuchillas en las ruedas, a bordo de los cuales hay también arqueros. El combate es presenciado por Marco, Claudia y Lucio Cornelio Sulla, un personaje histórico real que gobernó Roma en la época en la que ésta ya se había extendido por la Península Ibérica. No se le puede llamar emperador porque el cargo de imperator todavía no había sido creado. Técnicamente hablando, Sulla era un dictador.
Pese a que el combate está preparado para que los iberos pierdan por la desproporción de fuerzas, Jabato consigue subirse a uno de los carros, deshacerse de los ocupantes y, a continuación, estrellarlo contra otro carro y provocando un choque en cadena.
El combate en la arena se vuelve mucho más caótico, lo que Jabato aprovecha para poner de su parte a los gladiadores del otro bando, arengándolos a ganar su libertad por la fuerza. Asaltan los palcos y capturan a Sulla. Marco lucha con Jabato cerca de un foso lleno de agua en el que aguardan hambrientos cocodrilos para otra de las pruebas de los juegos, y durante el enfrentamiento Marco termina cayendo y siendo devorado.
Claudia, genuinamente enamorada de Jabato por el valor y la nobleza que éste ha demostrado en todo momento, le pide que le deje acompañarle en su vida de fugitivo. Este se niega, no queriendo que la noble dama comparta las penurias que le esperan a él.
Mentecato. Del latín mente captus: privado de mente, falto de inteligencia, descerebrado.
Seguido por los gladiadores y llevando a Sulla como rehén, Jabato abandona la ciudad, amenazado a los legionarios con matar a su dictador si intentan detenerlos. Una vez lejos de la ciudad, liberan a Sulla en un pedregal y continúan su camino. Su intención es ganar la costa y allí apoderarse de algunos barcos con los que volver a sus tierras, pero pronto son perseguidos por las legiones romanas, que ya han encontrado y puesto a salvo a Sulla.
Huyendo de éstos, el grupo se dispersa: mantenerse todos juntos sólo hará que sean más fáciles de rastrear y combatir, por lo que cada uno queda a su suerte. Jabato y Taurus se internan en un bosque cercano para dar esquinazo a los legionarios y dificultar la persecución, pero igualmente son encontrados por un nutrido grupo de éstos, y el combate se decanta rápidamente en su contra. Cuando parece que van a capturarlos de nuevo, una lluvia de flechas surge de entre los árboles, abatiendo a los romanos y poniendo en fuga a los pocos que logran sobrevivir.
Entonces, una enigmática figura se destaca entre la foresta. Es una joven mujer vestida con un tocado egipcio, seguida por un grupo de robustos arqueros nubios. Es ella quien les ha salvado. Esta mujer es Adua, una noble egipcia que está recorriendo el mundo en busca de un héroe lo suficientemente valiente para cumplir con una misión que por el momento no se nos revela. Los hombres de Adua llevan a Jabato y a Taurus a bordo de su embarcación, con lo que ponen rumbo de vuelta a Egipto.
Adua tiene un consejero, un anciano llamado N’waki que se opone a la decisión de su ama. Está convencido de que Jabato únicamente podrá traer más desgracias a su pueblo. Durante el viaje, trata de asesinarlo. Jabato lo reduce fácilmente aunque por respeto a su edad no lo mata. Adua perdona también a su sirviente, pues siempre le ha sido fiel, con lo que éste queda como un elemento discordante al que el autor podrá echar mano de nuevo en el futuro.
Como Jabato manifiesta su deseo de marcharse, Adua le convence para que beba una poción que ha preparado para él, que le dará todas las respuestas que necesita conocer. Si tras las visiones que esta poción le provocará él decide marcharse igualmente, ella está dispuesta a dejarlo ir. Jabato, dándose cuenta de que realmente no tiene opción (después de todo, se encuentra en mar abierto, en un barco que no sabe manejar, a rumbo desconocido y rodeado de extraños) accede a beber la poción. El brebaje le sume en un profundo sueño alucinatorio en el que siente cómo cae a una caverna subterránea y es arrastrado por una fuerte corriente de agua hasta… hasta el próximo día 27, que terminan las fiestas de Cartagineses y Romanos y que aprovecharemos para reseñar el siguiente número, titulado Contra el Escorpión.
Colecciones similares (de Manuel Gago)
Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz
Jabato. 1979. Víctor Mora (guion) Francisco Darnís (dibujo). Publicado en 2003 por Ediciones B.S., obsequio de La Opinión de Murcia.
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