JUNTO A LA FOGATA
¡Malas noticias amigos! Debido a un caso grave de incompatibilidad de trastoides de migración fluctuante (no estoy seguro de si los terrícolas lo llamáis así también), nada menos que siete entradas que teníamos en reserva se han perdido para siempre.
Solemos mantener una pequeña reserva de entradas pre-escritas para las ocasiones en que por una razón u otra no podemos preparar algo el mismo día para publicarlo. Como en el caso de hoy, en el que una combinación de día de limpieza intensiva, avalancha de cajas apiladas, goteras, y cortes de energía debido a las lluvias torrenciales, han consumido la mayor parte de nuestro tiempo.
No nos queda más remedio que echar mano (por no perder la costumbre de publicar a diario) de otro fanfic de Warhammer
40.000
que nuestro supervisor general escribió mas o menos en el 2000. El texto es bastante sencillo (estaba escrito a
imitación de los textos de trasfondo que aparecían en la White
Dwarf)
y, aunque no es necesario conocer en detalle la historia de Warhammer
40.000
para entender de qué trata, el final puede no tener sentido para aquellos que no estén algo metidos en el tema. Sin más preámbulos, os dejo con este relato al que llamamos...
LO QUE PERMANECE
El grupo de Tecnoarqueólogos Imperiales
llevaba casi una hora deambulando lentamente por los subterráneos de aquel planetoide minero sin nombre. Los envíos de electrocristál procedentes del planetoide se interrumpieron cuando los obreros de la instalación, al profundizar otro medio kilómetro en la roca, toparon con un túnel artificial que no
debería estar allí. Siguiendo con el protocolo establecido para estos casos, se había comunicado el descubrimiento al mundo imperial más cercano.
Ahora todos los mineros estaban muertos. El
pequeño contingente de tropas desplegadas, al mando del Comisario Gezo, los había ejecutado por razones de seguridad. Una primera
inspección de los túneles había revelado que estaban construidos con tecnología
humana, pero parecían extremadamente antiguos, quizá de antes de la Apostasía
de Horus. Los mineros del asteroide tenían una calificación de Confianza
Imperial tipo E, lo que significaba que su debilidad de espíritu recomendaba
eliminarlos ante cualquier eventualidad que pudiera estar relacionada con
cultos herejes o arcanotecnología. Gezo sólo contaba con quince soldados de la
Guardia Imperial para escoltarlo a él y a los Adeptos del Oficium
Arqueologicum. De cuantas menos cosas tuviera que preocuparse, mejor. Y después de todo, una dotación de mineros era fácilmente reemplazable. La seguridad era lo primero.
Aquellos túneles tenían preocupado a Gezo.
La vasta antigüedad de la que hacían gala resultaba mareante. Alguien o algo
había construido un complejo subterráneo en el interior de aquel pequeño mundo,
quizá miles de años antes de que se produjera el Gran Cisma. Nadie lo había
advertido hasta ahora debido a que la particular composición de la roca bloqueaba los sencillos equipos de sondeo del grupo minero. El renovador de atmósfera de la base había hecho respirable el aire de los túneles durante los cuatro días que el transporte de los soldados había tardado en llegar, pero no había eliminado el rancio hedor que lo llenaba todo.
Quizá debería haber comunicado su primera impresión sobre los túneles de inmediato. La posibilidad de obtener alguna muestra de la valiosa Tecnología
Perdída era un asunto de máxima prioridad para el Imperio, pero decidió esperar
un poco más, a ver que encontraba. Prefería tener algo concreto de lo que
informar a sus superiores antes de movilizar a un capítulo entero de Marines
por unos túneles vacíos que podían no llevar a ninguna parte.
***
Otro cuerpo. Aquel era el octavo esqueleto
con el que tropezaban. Al igual que los anteriores, se apreciaban sobre él
restos de lo que podría haber sido en su momento algún tipo de túnica, y
alrededor del cuello, amuletos diversos con sonrientes calaveras y otros emblemas
que no conocía. Algunos llevaban enmohecidas y oxidadas dagas ceremoniales
cubiertas de extraña simbología que, supuso, debían tener un uso ritual.
Los Adeptos se habían apresurado a tomar
muestras de todo tipo de los cadáveres: huesos, uno de los cráneos, varios de
los amuletos y armas, retales de las túnicas… El pueril entusiasmo que mostraban saqueando
aquellos miserables restos le pareció repugnante a Gezo, y el valioso tiempo
que perdían cuando todavía quedaba mucho tramo por explorar consumía su ya de por sí escaso humor. Aquel lugar era mucho más extenso
de lo que había supuesto. El túnel principal no cesaba de ramificarse, pero los
corredores secundarios se limitaban a serpentear algunas docenas de metros y
luego morían sin dar paso a una estancia que justificara su existencia.
Uno de
los Tecnoarqueólogos se acercó a él sin cesar de trastear en un viejo scanner y
le mostró la pantalla. Era claramente un pequeño mapa provisional que habían
estado confeccionando. Un rápido vistazo confirmó a Gezo lo que desde ya hacía
un buen rato venía sospechando. Aquel lugar tenia una forma afiligranada,
similar a una sucesión de letras de alguna extraña lengua muerta.
-Creemos que los túneles fueron excavados formando una secuencia de glifos conectados. No es la primera vez que vemos algo así, señor, pero no parece
corresponderse con ningún código conocido.
Gezo apartó el scanner de sus narices con un
gesto de molestia. Los dos soldados que marchaban a la cabeza del grupo habían
frenado repentinamente su cauteloso paso. Al fondo del corredor
pudo ver dos grandes puertas, y a los pies de estas, se amontonaba un revoltijo de trapos y huesos que por su volumen podría pertenecer a una docena de cuerpos.
El Comisario ladró un par de rápidas órdenes.
Los soldados avanzaron en formación cuidando de no entorpecer mutuamente sus líneas de tiro. Uno de ellos llegó hasta la puerta esquivando los cuerpos y
la empujó levemente con el cañón de su fusil láser. La puerta crujió y se formó
una pequeña depresión allí donde había sido tocada.
-Parece bastante endeble, señor. Se aprecia
una notable degradación. Material desconocido.
-Madera- suspiró uno de los Tecnoarqueólogos -Y tras ellas, una sala de aproximadamente treinta metros de
lado por cinco de altura, según el scanner.
-Madera…- susurró Gezo cada vez más desconcertado.
Los cadáveres fueron brevemente examinados
por pura rutina, y luego apartados a un lado sin ninguna ceremonia. Eran más de
aquellos esqueletos con túnicas y amuletos. Gezo ni se molestó en dar la orden de derribar
las puertas. Él mismo extrajo su pistola de energía del cinto y disparó contra
ellas. Un disparo no estruendoso, si no crepitante, que convirtió los antiquísimos tablones de madera en una nube de polvo y astillas que se derrumbó sobre si
misma.
Lo único que contenía la sala era algo que
le recordaba a un viejo modelo de cápsula de éxtasis criogénico, muy castigada
por el tiempo. La cápsula –si de eso se trataba- era ridículamente grande, de
al menos tres veces el tamaño de un hombre. Los tubos que salían de ella y la conectaban
a la maquinaria de soporte vital que cubría los muros de la estancia estaban en
su mayor parte carcomidos y agujereados. Cualquier fuente de energía que pudiera haber tenido la máquina sin duda llevaba mucho tiempo agotada. Al parecer, aquella
era la única estancia del subterráneo, y ningún otro túnel partía de ella.
Gezo masculló algo, decepcionado, mientras
los Tecnoarqueólogos se arremolinaban con sus instrumentos de medición en torno a la cápsula
haciendo todo tipo de pruebas.
Él había esperado un arsenal, un hangar de
vehículos, un depósito de armaduras –…un almacén de Dreadnoughts durmientes…
aquello si que habría sido un buen premio…- pero iba a tener que contentarse
con una vieja cápsula sin valor real. Había hecho bien, después de todo, no
avisando antes de hora a sus superiores.
Uno de los Tecnoaqueologos se acercó a él,
con gesto preocupado, sin apartar la vista de la pequeña pantalla de su escáner.
-Señor Comisario, la lectura es extraña… no
detectamos nada vivo en el interior de la cápsula, pero sí algo orgánico que,
bueno… ha empezado a moverse.
El comisario alzó una ceja, perdiendo la
paciencia.
-El recubrimiento de estas cápsulas antiguas
solía ser de cobalto. Debería saberlo. Interfiere en las lecturas.
El Adepto dirigió una mirada preocupada al
artefacto por encima de su hombro.
-Si, pero... el escaneo de los equipos de
sustentación adosados a la cápsula indica que dejaron de funcionar hace milenios…
nada puede permanecer vivo tanto tiempo ahí dentro sin…
Dejó la frase a medias cuando el ruido de
metal partiéndose llenó la estancia. El filo de una terrorífica espada negra iridiscente brotó de la cápsula atravesando de parte a parte al mismo tiempo a uno de los
infortunados Tecnoarqueólogos. Los soldados de la Guardia Imperial alistaron sus
fusiles láser.
Un colosal puño blindado abrió otra brecha
en la cubierta del artefacto mientras el filo del arma, con el cadáver todavía clavado en él, rasgaba sin dificultad la portilla de un extremo a otro.
Una niebla verdosa brotó esparciéndose rápidamente por la sala, impidiendo ver con claridad a la figura que se
adelantaba hacia ellos. Un ser humanoide de casi tres metros de altura. Blandió
su espada lanzando por los aires el cuerpo del Tecnoarqueólogo con el primer
movimiento, y decapitando con el segundo, sin ningún esfuerzo, a otros dos que
lo observaban paralizados por el terror.
Antes de poder distinguir siquiera que era
lo que les estaba atacando, Gezo dio orden de disparar. Una docena de pulsos láser convergieron
sobre el pecho de la criatura.
Y entonces, la criatura comenzó a reír.
***
Dejando caer su pistola descargada, el
comisario Gezo empleó ambas manos para apoyarse en el muro. El dolor de arrastrar su pierna rota se
estaba volviendo completamente insoportable. Volvió la cabeza atrás al oir un roce y lo
vio. Uno de sus soldados le seguía, pero ya no había vida alguna en él. Sus
ojos vacuos observaban los movimientos del Comisario reflejando un hambre
atroz. La sangre chorreaba de su estúpida y perversa sonrisa, así como de su
cuerpo abierto del que manaba una ristra de entrañas que arrastraba por el
suelo. El soldado extendió hacia él los brazos, con sus manos convertidas en
garras, ansioso por atraparle. Detrás venía el resto del pelotón. Gezo se obligó a ir más rápido.
***
Estaba llegando. Aquellas criaturas eran
lentas y tenían tendencia a tropezar, y estaba llegando a la entrada del
complejo minero. Se sentía mucho más seguro ahora que había logrado alcanzar el
ascensor.
Las puertas se habían cerrado justo cuando las criaturas volvieron a
aparecer, doblando un recodo. Parecía que las puertas no se fueran a cerrar
nunca, mientras los seres se acercaban con paso inseguro, tambaleándose, arrastrándose, algunos a
cuatro patas.
Pero lo había logrado. Sin el ascensor para volver a los cubículos
de descanso, esos seres deberían subir utilizando los diversos tramos de
escaleras que comunicaban las galerías subterráneas, y eso podía llevarles
horas. Ya nada le podía impedir regresar a la nave,
sellarla para evitar que alguno de aquellos monstruos pudiera entrar, y avisar
al Imperio de lo que estaba ocurriendo. Fuera lo que fuera.
Llegó a la primera planta, al nivel de la superficie. Las puertas del ascensor se abrieron. Y los cadáveres acribillados de los mineros
se abalanzaron sobre él.
***
El Ser emergió de la base minera a la tenue atmosfera del planetoide. Hacía mucho que no veía las estrellas infinitas, y las contempló largamente con las dos esferas de energía negra que crepitaban en las cuencas de su cráneo. A su alrededor comenzaron a reunirse sus esclavos: los
Guardias Imperiales destripados, los Adeptos mutilados, los mineros asesinados
por sus supuestos protectores, los esqueletos resecos de antiguos creyentes
envueltos en harapos.
El comisario Gezo, sin rostro ni ojos, andaba de nuevo.
Su pierna rota crujía a cada paso que daba, pero ya no parecía sentir ningún
dolor. El Ser extendió los brazos, y lanzó una carcajada de triunfal anticipación.
Una vez más, Nagash había despertado.
Juraría que has ampliado el relato, lo recuerdo más corto y sin comisarios imperiales...pero hace tanto que lo leí que ya no recuerdo. ¿Que obtienes si unir Warhammer Fantasy con Warhammer 40k? Pues está claro: La era de Sigmar.
ResponderEliminarHe cambiado algunas cosas. Hace unos años empecé a escribir un Codex para adaptar a Nagash a WH40.000 (sin intención real de terminarlo, solo iba añadiendo cosas a medida que se me ocurrían, como pasatiempo) y retoqué este relato que ya tenía de antes para añadirlo como presentación al Codex. Puede que sea un poco más largo que el que leíste, que debía ser el borrador o una versión temprana, pero no pasan más cosas, solo lo he extendido algo para explicarlo mejor. Eso si, el Comisario Gezo siempre ha estado allí desde la primera versión.
EliminarLa Era de Sigmar no se de que trata. Actualmente estoy muy desconectado del trasfondo de ambos WH. Seguramente mis fanfics estén plagados de errores de trasfondo y concepto ^_^U Quizá algún día me actualice y los repase para pulirlos.