EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, nobles caballeros y damas.
Tlaxcala es uno de los estados más pequeños de México. Durante el Carnaval (que cada año cambia de fecha, aunque suele caer entre la segunda mitad de febrero y los primeros días de marzo) no solo hay desfiles y música, sino también una representación muy arraigada llamada danzas de Moros y Cristianos.
Los participantes llevan trajes que evocan armaduras, turbantes y capas, casi siempre hechos por ellos mismos o por artesanos de la zona. Aunque la inspiración viene de las fiestas de Moros y Cristianos de España y del periodo de la hispanización de América, los tlaxcaltecas han ido mezclando esos elementos con colores, bordados y máscaras propios de su región.
Las camadas de huetes (grupos formados por vecinos de un mismo barrio, miembros de una familia grande o habitantes de una comunidad pequeña), el equivalente a las comparsas españolas, recorren las calles lanzándose desafíos y escenificando bailes. En estos, los participantes aprovechan para entrechocar sus espadas (machetes, en su caso) cuando pasan cerca unos de otros, simulando enfrentamientos entre ejércitos cristianos y musulmanes. En contra de lo que es habitual en España, en que las comparsas desfilan con pasos lentos y solemnes, entre las camadas de huetes hay mucha improvisación y toques de humor.
Para acompañar de algún modo a nuestros hermanos del otro lado del gran mar en sus danzas de Moros y Cristianos de febrero, vamos a reseñar otro par de números de El Guerrero del Antifaz.
La agresión de los piratas (nº 50). Aixa, que accedió a vender sus tierras a los Reyes Católicos, abandona España junto Zoraida, Hixem y sus sirvientes. Los hermanos Kirk la acompañan como sus guardianes. Su viaje, sin embargo, no va a ser tranquilo.
Los dos barcos que Aixa ha comprado, cargados con el tesoro de su padre y el oro entregado por los Reyes, se cruzan en su ruta hacia África con la flota de la Mujer Pirata, que va camino de España para recoger a Olián.
Los barcos piratas rodean a los de Aixa y los abordan de forma pacífica, pero sin darles opción a elegir. La Mujer Pirata finge amabilidad, como si todo fuera un trámite por el que Aixa tuviera que pasar para continuar su viaje, pero los piratas registran las naves como si ya fueran dueños de éstas. Inevitablemente, el tesoro que transporta Aixa es encontrado.
La Mujer Pirata aún pretende dar una pátina de honorabilidad a su robo diciéndole a Aixa que aceptará todo su oro y joyas a cambio de escoltarla el resto del viaje para mantenerla a salvo. Aixa trata de negociar, dispuesta a renunciar a una parte del tesoro con tal de evitar problemas, pero llega un momento en el que la Mujer Pirata se aburre de su propia pantomima y ambas tripulaciones sacan a relucir las espadas.
Pese a la presencia de los Kir, cada uno de los cuales tiene una fuerza y habilidad equivalentes a las del Guerrero, la superioridad numérica de los piratas es aplastante. Uno tras otro, los hombres de Aixa van cayendo muertos o heridos. Los mismos Kir e Hixem son derrotados y capturados.
Cuando los piratas irrumpen en el camarote de Aixa, solo queda junto a ella Zoraida. Esta empuña una espada (recordemos que no es la primera vez que lo hace) y salta contra los piratas hiriendo a uno de ellos, pero es rápidamente reducida.
La Mujer Pirata le dice a Aixa que ahora, por haberse resistido, además de con el tesoro va a quedarse con los barcos, con ella y con sus sirvientes para venderlos como esclavos. Tras esto, la mayor parte de la flota de la Mujer Pirata sigue hacia España. Unas pocas de sus naves viran de vuelta a los Gelves para poner a buen recaudo cuanto antes el tesoro y los prisioneros. Este segundo grupo de barcos se cruza al día siguiente con los del Pirata Negro, que van rumbo a España.
Pese a que lo dejamos combatiendo, el Pirata Negro y Hassan han llegado a un acuerdo: continuar su viaje a España y soltar a los prisioneros tal como estaba previsto inicialmente. Y, una vez hecho esto, dividir la flota en partes iguales, la mitad al mando del Pirata Negro y la otra mitad al mando de Hassan, y dejar que cada uno siga al líder que prefiera.
Ahora que están de nuevo rumbo a España, avistan frente a ellos las pocas naves de la Mujer Pirata que han dado la vuelta tras su encuentro con Aixa. El Pirata Negro y la Mujer Pirata se conocen, pero no hay disputas entre ellos. Ambas flotas se limitan a pasar una junto a la otra, intercambiando los saludos de rigor. El Guerrero se esconde para no ser reconocido mientras ambos capitanes conversan a gritos de una cubierta a otra.
Mozafi, que no tiene motivos para ocultarse porque no cree que en los otros barcos haya nadie relacionado en modo alguno con él, echa un vistazo al barco de la Mujer Pirata cuando pasan junto a este y distingue a Zoraida paseando por cubierta. Informa de ello al Guerrero, que se asoma brevemente a cubierta para comprobarlo. Efectivamente, es ella. También ve a Osmin, el mayor de los Kir, amarrado a uno de los mástiles.
El Guerrero intenta que el Pirata Negro interceda por ellos, pero este ya ha perdido demasiado estatus e influencia desde que conoció al Guerrero y se niega a seguir ayudándole. Estando así las cosas, el Guerrero, Fernando y Mozafi saltan al mar y nadan hasta el barco donde vieron a Aixa y a Osmin, trepando a él por una maroma que colgaba del costado.
Prueba de titanes (nº 51). Sin molestarse en intentar dialogar, el Guerrero carga contra toda la tripulación pirata tan pronto como pone un pie en su cubierta. Acapara la atención de todos, dando a Fernando y Mozafi la oportunidad de subir a bordo sin problemas. Fernando corre a liberar a Osmin y este se une a la refriega.
A continuación, Fernando se enfrenta a la Mujer Pirata, a la que no cesa de picar diciéndole que, como es una mujer, no puede luchar de verdad contra ella, lo que saca a esta de quicio. Mientras el resto combaten, Osmin baja a la bodega y libera a sus hermanos y al resto de prisioneros y galeotes, con lo que la batalla se extiende por todo el barco.
Hixem y Mozafi, antiguos rivales por el amor de Zoraida (que sigue sin hacer caso a ninguno de los dos), se encuentran en la cubierta y cruzan miradas. Por un momento parece que vayan a enfrentarse, pero si esto llega a ocurrir, sucede fuera de encuadre.
Al ver la situación perdida, la Mujer Pirata y Al Bassi saltan por la borda y nadan hasta otro de sus barcos. Una vez a bordo del otro barco, sin importarle que puedan quedar vivos o heridos en el primero algunos de sus hombres, ordena abrir fuego contra este.
Con varios barcos cañoneándolos, el del Guerrero no tiene ninguna posibilidad de vencer en un combate artillero. Se limita a dar fuego de réplica y tratar de abrirse paso entre ellos.
Consigue romper el cerco, pero el barco está destrozado. Han tenido muchas bajas, una de las cuales es Mozafi, que queda atendido en cubierta sin que Zoraida haya llegado a saber siquiera que él estaba a bordo luchando por ella. El continuo cañoneo abre vías de agua incontrolables y el Guerrero arrumba hacia una costa cercana, tratando de alcanzarla antes de que el barco se deshaga por completo. Pero todo es inútil: el barco se hunde y los supervivientes cubren a nado el resto de la distancia hasta la costa, mientras los barcos de la Mujer Pirata siguen disparando sobre ellos.
Alcanzan la playa y corren tierra adentro mientras los piratas botan varias chalupas para perseguirlos. Viendo que no van a dejarlos en paz, el grupo del Guerrero se detiene a esperar a sus perseguidores en el interior de un pequeño oasis.
Observando lo ocurrido desde la cubierta de su barco, el Pirata Negro sigue su camino hacia España, desentendiéndose de todo el asunto.
Hasta que continuemos con los siguientes capítulos, puedes repasar los números anteriores en orden desde el primero pulsando aquí.
Otras colecciones de Manuel Gago
Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz
El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.





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