EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, nobles caballeros y damas.
Este año, las fiestas de Moros y Cristianos de Guardamar del Segura se celebran entre el dieciséis y el veintiséis de julio, once días repletos de desfiles, quema de pólvora, música y celebraciones vinculadas a la historia y las leyendas locales. Entre los actos más representativos encontramos la Entrada Mora, que tendrá lugar el próximo día 24, y la Entrada Cristiana, el 26.
También se escenifica la leyenda de L’Encantà (La Encantada), un espectáculo nocturno que acompaña la proclamación de la Dama de Guardamar. La tradición cuenta que, en la noche de San Juan, una joven de belleza sobrenatural aparece junto al río Segura, iluminada por la luna y rodeada de un halo misterioso. Suele describirse como una figura mágica, vinculada al agua, la fertilidad y la bendición de la tierra. En esta representación, un joven pastor la encuentra y queda fascinado por ella. L’Encantà le pide ayuda para romper el hechizo que la mantiene atrapada entre el mundo de los vivos y el de los espíritus. Para liberarla, él debe cumplir una serie de condiciones: no tener miedo, no mirar atrás y no pronunciar palabra mientras la acompaña andando junto al rio en pos de un destino incierto. El pastor acepta, pero en el último momento duda y rompe una de las reglas. En ese instante, L’Encantà desaparece en el agua, dejando al joven solo y arrepentido por su falta de fuerza de voluntad.
Pero principalmente, las fiestas de Moros y Cristianos de Guardamar conmemoran una batalla que tuvo lugar allí durante la Reconquista: el Sitio de Guardamar, bien documentado en las crónicas de la Corona de Aragón. En octubre de 1331, un ejército moro dirigido por Abu Nuaym Ridwan atravesó la frontera de Orihuela y se dirigió a Guardamar, considerada en aquel tiempo el punto más débil del frente oriental.
Las tropas cristianas eran extremadamente escasas; Solo veintisiete hombres defendían las murallas de Guardamar. Frente a ellos, el ejército de Abu Nuaym Ridwan contaba con cinco mil jinetes y quince mil soldados de a pie, apoyados además por máquinas de asedio capaces de lanzar proyectiles incendiarios. Abu Nuaym Ridwan hizo la protocolaria exigencia de rendición incondicional, esperando que los defensores se arrojarían desesperados a sus pies suplicando piedad. La respuesta de los guardamerenses fue que morirían peleando antes de rendirse.
El asedio fue devastador y Guardamar cayó por completo, puesto que no había otro resultado posible. Sin embargo, de algún modo, esos veintisiete hombres contuvieron a sus atacantes durante dos días completos, lo que, teniendo en cuenta la enorme desproporción de fuerzas, constituye una hazaña memorable. Finalmente, las tropas nazaríes se adentraron en la ciudad, cuyos muros ya prácticamente habían quedado reducidos a ruinas, y se llevaron de ella como esclavos a unos mil quinientos de sus habitantes.
Buscando a Zoraida (nº 61). Nos quedamos con el Guerrero del Antifaz, Fernando y Osmín, refugiados en un barranco junto con Ana María, a la que habían rescatado recientemente. Los hombres de Yeir Kan, ahora al mando de Ali Kan, los buscan por la zona y tienen varios encuentros con ellos, dando lugar una secuencia de luchas y huidas entre diversos refugios improvisados.
Simultáneamente a esto, tenemos a Ixem y Zoraida. Él se había llevado a esta mediante engaños, con la intención de raptarla y obligarla a pasar el resto de su vida con él. Está trastornado por los continuos rechazos de ella, así que, cuando se han alejado de la población, la inmoviliza, le ata las manos a la espalda y la sube a su caballo para huir. No tiene ningún plan más allá de alejarse con ella y establecerse en algún lugar y ver qué pasa a continuación. Tras un nuevo rechazo por parte de esta, se decide a matarla. El típico: «Si no eres mía/mío, no serás de nadie». Pero finalmente se arrepiente y la libera para llevarla de nuevo junto a Aixa.
Sin embargo, cuando la está llevando de camino a la población, ambos son reconocidos por un grupo de guardias de Ali Kan que los interceptan. En el combate que sigue, Ixem es herido varias veces y termina derrumbándose en el suelo, agonizando, mientras los soldados se llevan a Zoraida.
Mientras huyen de otra patrulla, el grupo del Guerrero encuentra a Ixem, el cual les relata muy por encima lo ocurrido justo antes de morir. Y sinceramente, me alegra la muerte de este personaje. Creo que no aportaba gran cosa a la historia y lo único que hacía era alargar la trama de forma machacona, volviendo una y otra vez al tema de su amor no correspondido con Zoraida. En todas las historias que se extienden tanto como esta y en la que van apareciendo personajes nuevos continuamente, los hay que aportan a la trama, otros que pasan de largo y hay algunos que sobran. En mi opinión, Ixem es de los que sobraban. Tuvo en su momento algunas buenas escenas, como su huida del barranco en llamas del nº 22, pero en general todas sus apariciones eran básicamente iguales.
Aquí el grupo se divide. El Guerrero considera su responsabilidad rescatar a Zoraida. De haber estado él solo escoltando a Ana María, probablemente no se hubiese separado de ella, pero encontrándose cerca del poblado de Aixa y teniendo a su lado a Osmín y Fernando, deja a Ana María en manos de sus amigos para que la pongan a salvo, y él parte inmediatamente en busca de Zoraida.
Mientras persigue el rastro de los soldados de Ali Kan, es atacado por una nutrida tropa, pero se trata de hombres de Olián. Uno de los problemas habituales del Guerrero es que se hace más enemigos de los que se libra. Cada dos pasos se gana un nuevo enemigo, pero es muy raro que los mate o que se deshaga de ellos de algún otro modo de forma definitiva. Este es otro de los motivos por los que la historia tiende a ser muy lenta: se va ramificando hasta tal punto que tiene que ir saltando continuamente de un grupo de personajes a otro o de un escenario a otro para ir contando todas las historias que tiene empezadas.
Tras deshacerse de los guardias de Olián, continúa siguiendo el rastro de los captores de Zoraida. Da con ellos de noche, cuando están acampados en torno a una fogata. Sabiendo la fama que se ha ganado entre los hombres de Ali Kan, se dedica a moverse entre los arbustos sin dejarse ver, hablando de forma amenazante y riéndose de ellos. Estos reaccionan lanzando una nube de flechas sobre los arbustos, pero ninguna de ellas le da. Algunos salen huyendo pensando que el Guerrero es, efectivamente, como algunos cuentan, un ser sobrenatural.
El capitán que los manda se lanza sobre Zoraida, cuchillo en mano, para matarla, suponiendo que esto hará salir de su escondrijo al Guerrero. Pero lo único que sale de entre los arbustos es una daga expertamente lanzada que va a clavarse en su muñeca. Solo entonces el Guerrero se deja ver, poniendo en fuga a los que todavía quedan en el improvisado campamento y desatando a Zoraida.
Misión peligrosa (nº 62). El Guerrero y Zoraida ponen ahora rumbo al pueblo en el que se ha instalado provisionalmente Aixa y sus hombres. Aquí Gago evita un error que es muy fácil de cometer en las historias ambientadas en el pasado, que es la inmediatez de la información. Nos hemos acostumbrado a enterarnos casi en tiempo real de noticias que están ocurriendo en el otro extremo del mundo, pero en la época en la que tiene lugar esta historia, un suceso cualquiera podía tardar varios días o semanas en ser conocido en el pueblo más cercano. Las noticias viajaban de boca en boca por medio de buhoneros y comerciantes, o en el mejor de los casos en forma de mensajes escritos que los mensajeros debían llevar físicamente a caballo de un punto a otro.
Zoraida no sabe nada de los sucesos recientes. Para ella es una novedad el hecho de que Ana María esté en África y le cuesta bastante asimilar la noticia. Tras una breve parada para descansar en unas ruinas, prosiguen su camino y son atacados por otro grupo de soldados, pero esta vez no son hombres de Ali Kan ni de Olián, sino tunecinos, tropas de la región que no pertenecen directamente a ninguno de los dos señores anteriores, sino al rey de Túnez. Estos reconocen igualmente al Guerrero y los atacan. Es un grupo bastante duro, pero el Guerrero logra imponerse a ellos, mientras Zoraida se dedica a humillarles (esto me hizo bastante gracia, la verdad).
Tras acabar con los tunecinos, toman un par de sus caballos y siguen su camino, encontrándose a continuación con otro grupo de enemigos. Esta vez se trata de tres gigantescos negros a los que el Guerrero se enfrenta con los puños, intercambiando con ellos golpes y llaves de lucha.
De nuevo abandonan los caballos con los que venían y toman los de los vencidos, que están más frescos. No falta tampoco una casita aislada en la que el Guerrero trata de conseguir caballos descansados y provisiones por las buenas, pero termina apoderándose de ellos a la fuerza. Esta parte también me gustó porque se siente como una de esas partidas de rol en la que el DJ va haciendo tiradas en una tabla de encuentros aleatorios, a ver que pasa.
Y así vamos alternando una sucesión de encuentros y persecuciones hasta que llegan al poblado de Aixa. El Guerrero se queda fuera. No llega a entrar en la plaza, indicándole a Zoraida que vaya sola porque conviene que él no sea visto en un pueblo donde no hay cristianos libres. No solo sería peligroso para él sino también para ella, si los ven a ambos juntos. Cuando Zoraida regresa con Aixa, ve que Osmín, Ana María y Fernando ya están allí. Mientras viajaban hacia el poblado, ellos se encontraron con los otros dos hermanos Kir que habían salido en su busca y volvieron todos juntos para esperar al regreso del Guerrero.
El Guerrero aún tiene otra casilla pendiente de tachar en su lista de misiones secundarias: recuperar el tesoro que los hombres de la Mujer Pirata robaron a los servidores de Aixa y que en este momento se encuentra en las islas Gelves. Osmín, que considera que el Guerrero está forzando demasiado su suerte y llevando demasiado al límite sus fuerzas y capacidades, sale a buscarle con la intención de unirse a él en su misión. Pero es emboscado y derribado a mazazos por un grupo de atacantes que de momento no sabemos quiénes son. Y no lo sabremos hasta el siguiente número.
Podéis repasar los números anteriores desde el primero pulsando aquí.
Otras colecciones de Manuel Gago
Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz
El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.
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