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jueves, 13 de agosto de 2026

EL GUERRERO DEL ANTIFAZ (Nº 67-68) Regreso a Túnez

 EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS                                                                                 ¡ALERTA DE EXPOILERZ!                                                                                              

                                             Presentado por… el profesor Plot.

 

Saludos, nobles caballeros y damas.

Nos encontramos en plenas fiestas de Moros y Cristianos de Dénia, celebradas en honor a San Roc, patrón de la ciudad. Estas fiestas conmemoran el ataque berberisco de 1556, cuando varios galeotes de invasores norteafricanos intentaron tomar la costa de Dénia. Llegaron a la costa y avanzaron hacia la zona del Saladar, un llano cercano a la población. La costa valenciana vivía en alerta permanente por estas fechas y la expresión popular «No hay moros en la costa», como sinónimo de «Todo va bien», nació aquí. 

Dénia, con su castillo y su puerto, era un punto estratégico pero vulnerable debido al limitado número de defensores con los que contaba, parte de los cuales habían sido enviados a reforzar las defensas de Xàbia. A pesar de tener sus defensas reducidas, los dianenses repelieron el ataque y los otomanos supervivientes huyeron.

Las de Dénia están entre las fiestas de Moros y Cristianos más antiguas documentadas, habiendo ya referencias escritas sobre ellas desde 1599, y se sabe que personalidades como el duque de Lerma y Lope de Vega llegaron a tomar parte en las mismas.

Dieciséis comparsas toman parte, ocho en cada bando. Por el bando cristiano tenemos a los Denienses, Marinos Corsarios, Guerreros Hospitalarios, Templarios, Almogávares, Amigos del Combate, Cruzados y Caballeros del Me’nfot. Estos últimos, cuyo nombre se traduciría como Caballeros de «me importa un bledo» o Caballeros de «que te den», son una comparsa humorística y autoparódica. Por el lado de los musulmanes desfilan los Amiríes, Valíes, Almorávides, Marmitones, Benavitas, Tuaregs, Bereberes y Mozárabes.

Algo curioso de estas fiestas es que, además de los habituales desfiles y representaciones, incluye entre sus actividades una campaña de donación de sangre masiva para los hospitales de la comunidad. Cuatrocientos setenta años después de la incursión islámica, y los dianenses aún siguen derramando sangre por los suyos.


Los Hermanos Abdallah. (n.º 67). Nos quedamos en el último número con el buque cristiano alejándose de las islas Gelves. Han abandonado a la Mujer Pirata en un bote, tal como prometieron a sus hombres. Varios buques piratas los persiguen. Uno se detiene brevemente para subir a bordo a la Mujer Pirata, la cual los increpa hecha una furia y les dice que les persigan. Pero el velero cristiano es más rápido y ya lleva bastante ventaja. Pese a la tenaz persecución de los piratas, el buque cristiano los va dejando atrás poco a poco, hasta que se hace evidente que no van a poder atraparlos.

En cuanto ganan las costas de Túnez, el Guerrero entrega uno de los tres cofres de tesoro que se llevó de la isla de los piratas a la tripulación del barco y se despide de ellos. Marcha hacia la costa en un bote junto con Osmín y los otros dos cofres. Esconden estos entre unas rocas y Osmín se queda de guardia mientras el Guerrero sale a buscar unos caballos, sin los cuales nunca llegarían a su destino. En ausencia del Guerrero, Osmín es atacado por los hermanos Abdallah. Estos son cuatro hombres robustos, expertos luchadores mano a mano y ágiles como acróbatas. Ali Kan los ha contratado para que atrapen al Guerrero del Antifaz. Basándose en la descripción que han recibido de este, confunden a Osmín con el Guerrero debido a su costumbre de vestir igual que él, como llevamos viendo ya en algunos números. 

Los cuatro saltan sobre Osmín y, a pesar de la extraordinaria fuerza de este, lo dominan con relativa facilidad. Los Abdallah luchan de forma perfectamente coordinada y lo derriban una y otra vez. Lo lanzan al aire, lo esquivan, lo humillan, y uno de ellos incluso aprovecha un momento en que está tirado en el suelo boca abajo para bailar sobre su espalda. Tras derrotarlo y amarrarlo, los Abdallah encuentran los cofres del tesoro entre las rocas. A ellos les han contratado para capturar al Guerrero; del tesoro no se dijo nada, así que deciden quedárselo todo y no informar a Ali Kan, limitándose a llevarle únicamente a Osmín, que ellos creen que es el Guerrero.

Mientras tanto, el Guerrero llega a una pequeña hacienda no lejos de allí, buscando caballos. Intenta primero conseguirlos por las buenas, ofreciéndose a comprarlos. Tras ser agredido por los habitantes de la finca y derrotarlos, roba tres caballos y vuelve con Osmín, pero no lo encuentra. Los hermanos Abdallah ya han desaparecido, llevándose con ellos a Osmín y los cofres. Un poco más adelante se encuentra con una patrulla de tunecinos que le atacan inmediatamente. Este se defiende de ellos, acabando con la mayoría. Deja a uno con vida para interrogarle sobre Osmín suponiendo que esa misma patrulla son los que le capturaron, pero el hombre no sabe nada.

Otros dos soldados que se encuentra después le proporcionan algo de información. Los envía Ali Kan con instrucciones de hacer saber al Guerrero que él tiene a su amigo prisionero. Pero no se refiere a Olián, sino a Fernando. El Guerrero ignoraba todo lo ocurrido a Fernando recientemente. Osmín y Fernando están, de hecho, encerrados en celdas contiguas, sin saber nada uno de la situación del otro. Fernando ha hecho el protocolario intento de escapar, pero con eso solo ha conseguido que el carcelero le dé una paliza. 

Ali Kan, por su parte, se ha dado cuenta inmediatamente de que quien han llevado a su presencia los hermanos Abdallah no es el Guerrero, pero está igualmente contento con la presa, puesto que sabe que es uno de sus compañeros. Al igual que Fernando, Osmín es un excelente cebo para atraer al Guerrero a su presencia y tener otra oportunidad de acabar con él.

Enemigo en la fortaleza (n.º 68). Con esta nueva información, el Guerrero se dirige a la fortaleza de Ali Kan, cambiando un par de veces de caballo para llegar lo antes posible. Cuando lo hace ya es de noche. Además de los que vigilan desde las murallas, hay algunos guardias patrullando por el exterior. De uno de ellos consigue las ropas que necesita para pasar desapercibido dentro de la fortaleza.

Una de las cosas que se ha criticado del Guerrero del Antifaz es que los españoles se hacían pasar por árabes y viceversa simplemente tomando las ropas del bando contrario. Y nadie sospechaba nada, como si el tono de piel, los rasgos étnicos distintivos o el acento al hablar un idioma que no es el propio fueran algo que el autor no tomara en cuenta. Es cierto que esto era originalmente un cómic infantil y juvenil, o como tal se vendía, y puede que el autor ni tan solo pensara en ello, pero esto no lo convierte automáticamente en una simplificación o un error. 

Estamos hablando de una época en que había muchos españoles nacidos cristianos y convertidos al islam, por haber sido sus territorios conquistados por los musulmanes; había también muchos musulmanes que, con tal de que se les permitiera seguir viviendo en la península, habían aceptado abandonar su antigua fe y abrazar el cristianismo. Entre las filas cristianas luchaban incluso aliados moros no conversos, puesto que hacia el final de la Reconquista los árabes afincados en España querían impedir que otras facciones islamistas más radicales, como los almorávides y los almohades se apoderaran de España. Incluso ellos, siendo también musulmanes, habrían perdido la mayor parte de sus derechos de gobernar estas facciones. Y por el lado de los musulmanes había luchando a su favor tanto muladíes (cristianos conversos al islam) como mercenarios ultrapirenaicos. Lo que quiero decir es que había tanto españoles como árabes en ambos bandos, lo que podría justificar la facilidad con la que unos y otros se engañaban mutuamente en estos comics, solo con cambiar sus ropas.

El caso es que el Guerrero, ahora con el uniforme de un guardia de Ali Kan, se infiltra en la fortaleza de este. Nadie le presta especial atención hasta que un oficial de la vieja guardia de Ali Kan se fija en él y lo reconoce. Finge no hacerlo y, cuando el Guerrero dice ser un mensajero que tiene que dar un comunicado de palabra a Ali Kan, el oficial lo conduce hasta una sala diciéndole que esos son sus aposentos. 

Es una trampa muy obvia, puesto que los supuestos aposentos tienen cerrojos por fuera, como los tendría una celda. Sabiéndose descubierto, el Guerrero reacciona atacando por sorpresa al grupo. Tras despachar a esa morralla, se esconde en una habitación donde se cambia sus ropas. Puesto que ya ha sido descubierto, y sabiendo que muchos de sus enemigos lo consideran una entidad sobrenatural e invencible, es mejor dejarse ver abiertamente con sus ropas habituales y aprovechar esta ventaja.

Mientras tanto, Ali Kan es informado de la presencia del Guerrero. Aunque él pretendía atraerle, la certeza de que ya está en el interior de la fortaleza le hace entrar en pánico y corre a esconderse en su cámara del tesoro, con una puerta de metal con sólidos cerrojos que solo pueden abrirse desde dentro. Su intención es quedarse allí mientras el Guerrero se enfrenta con todos los guardias de su palacio hasta que lo maten.

El Guerrero deambula por todo el lugar buscando a Ali Kan, lo que nos deja con varias páginas seguidas de combates, hasta que los hermanos Abdallah hacen acto de presencia otra vez. Se lanzan contra el Guerrero a traición, pero el grito de aviso de una mujer le permite reaccionar y no ser derribado inmediatamente. 

Esta mujer es Zulima, otra de las esclavas de Ali Kan, que este compró hace poco para ir renovando su harén y que no está nada contenta con tal situación. En un descuido del eunuco, debido al revuelo que hay por todo el palacio, se escapa del harén tratando de huir. Se topa con el Guerrero en el momento en que los Hermanos Abdullah iban a atacarle por la espalda y lo avisa con un grito, puesto que sabe que su única posibilidad razonable de recobrar la libertad es que su actual amo muera.

El Guerrero se deshace de los Abdallah, aunque no logra matar a ninguno, pero sí pone distancia entre ellos. Cambiando de prioridades, baja hasta las mazmorras con intención de liberar primeros a sus compañeros. Obliga a uno de los guardias a guiarle, pero nota que este está totalmente aterrorizado, y no por su presencia o por la posibilidad de que su captor le mate: lo que le aterroriza es el mero hecho de bajar hasta las mazmorras.

Cuando llegan allí, el suelo se abre bajo sus pies y caen a un foso lleno de agua con tiburones, que inmediatamente devoran al guardia. El Guerrero se enzarza en un combate con ellos, empuñando su cuchillo. Y así, con el Guerrero chapoteando en aguas cada vez más turbias por la sangre, es como termina este número. 

Bueno, no os quejaréis… hoy hemos tenido hasta tiburones, que nunca están de más en verano 🦈 

Podéis repasar los números anteriores desde el primero pulsando aquí.  

Otras colecciones de Manuel Gago 

Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz

El Aguilucho

El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.

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