EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.
Saludos, nobles caballeros y damas.
Hoy, a las seis de la tarde, comienza el Mercado Medieval de Elche, que permanecerá en la ciudad hasta el próximo domingo. Este año la novedad más destacable es que no ocupará su emplazamiento habitual alrededor de la Basílica de Santa María. El mercado ha tenido que ser trasladado debido a los trabajos de mantenimiento urbano que se están llevando a cabo en esas calles. Es una lástima porque la basílica le daba mucho caché al evento.
Edificada durante la Reconquista en el siglo XIII, tras recuperar Elche de manos de los musulmanes, fue remodelada en el XIV como iglesia gótica, en el XVI como renacentista y en el XVII como la basílica barroca actual. Realmente, su presencia alzándose en medio de todo el tinglado (cuarenta metros de altura hasta el campanario) ayudaba mucho a sumirse en el ambiente.
En cuanto al mercado en sí, se esperan al menos un centenar de puestos de comida diversa y artesanía tradicional. Herreros, panaderos, carpinteros, hilanderas, curtidores, vinateros, cuentacuentos, teatro infantil, música en directo y pasacalles, todo con el correspondiente toque medieval. ¡Con suerte, quizá nos tropecemos hasta con algún apestado!
Y, al igual que pasa con las fiestas de Moros y Cristianos, las de los mercadillos medievales nos parecen las más adecuadas para seguir reseñando los cómics de El Guerrero del Antifaz. Y si el evento tiene lugar en Elche o Santa Pola, lo que corresponde son Las Nuevas Aventuras del Guerrero del Antifaz. Con la entrega de hoy, comenzamos el segundo tomo recopilatorio.
Ilusiones rotas (nº 21). Nos quedamos con el Guerrero y Li Chin regresando, finalmente, al condado de Roca, tras haber lidiado con samuráis, musulmanes y piratas de todo tipo, haber sido hechos esclavos, verse envueltos en combates navales, naufragios y haber sufrido (ambos) abusos sexuales. Era una mala época para viajar, sin duda. El caso es que están, al fin, en el condado de Roca.
El título del cómic ya nos indica que el retorno al hogar del Guerrero no va a ser tan feliz como era de esperar. En cuanto llega al castillo, se abraza a su esposa y a su hijo, y da las gracias a Ramiro, que es el único de sus amigos presente, por haber cuidado de ellos. Unos y otros se ponen al día de lo que les ha ocurrido.
El Guerrero se entera de todo el asunto del impostor, del cual naturalmente no tenía ni idea. Y este, a su vez, les informa de la muerte de Máscara de Hierro, ahogado en el mar tras un combate naval. O eso es lo que él pensaba, al menos, porque Ramiro le revela que el samurái acorazado apareció recientemente a las mismas puertas del castillo y que se enfrentó a él. Viendo que su armadura era impenetrable, lo empujó al foso del castillo (tal como vimos en el número anterior) donde se hundió, y todos dieron por sentado que había muerto ahogado. Sin embargo, el Guerrero no se quedará tranquilo hasta que vea su cadáver y ordena a Ramiro y a un par de guardias bucear en el foso en busca del cuerpo del samurái. Estos así lo hacen, pero no encuentran nada y suponen que la corriente que renueva el agua del foso debió arrastrarlo.
El Guerrero presenta a Li Chin a Ana María, la cual la ve inmediatamente como una rival más con la que competir por el amor de su muy solicitado esposo.
Esa misma noche, Ana María le confiesa al Guerrero que espera un hijo, pero que no tiene modo de saber si es suyo o del impostor que se hizo pasar por él. La primera reacción del Guerrero es, lógicamente, de ira, pero inmediatamente se arrepiente de haberle gritado a su esposa. En el fondo ella, no tiene culpa de nada, puesto que cuando todo esto ocurrió ella estaba sumida en una crisis nerviosa que le había provocado una fuerte amnesia y no podía estar segura de si el hombre que tenía ante ella era su esposo o no.
En ese momento, dos criados que pasean por el castillo encuentran una extraña armadura alineada contra la pared y se preguntan si es nueva. Esta armadura es, en realidad, Máscara de Hierro, que está rígido junto a las otras armaduras vacías, haciéndose pasar por una de ellas. Utilizando una alabarda que empuña, mata a ambos y comienza a dirigirse hacia las habitaciones del Guerrero.
Aquí ya no tiene consigo su katana irrompible y hemos de suponer que la perdió al caer al foso. Pese a ello, sigue siendo un adversario temible, ya que ha demostrado que es capaz de matar con sus manos y su armadura es inmune a las armas cristianas. Acaba con facilidad con un par de guardias que le salen al paso y, siguiendo su camino hacia las habitaciones del Guerrero, se encuentra con Ramiro dándole la espalda en otro corredor. Sin pensárselo, arroja la alabarda contra la espalda de este, alcanzándole entre los hombros.
Li Chin, que lo ha visto todo, intenta detenerle, pero es poco lo que puede hacer con sus puños desnudos contra la armadura del samurái. El grito de dolor de Ramiro, sin embargo, ha alertado al Guerrero, que sale al corredor con poco más que una capucha de verdugo y una espada para comprobar lo que ocurre. Ramiro ha logrado arrancarse de la espalda la alabarda y la está utilizando ahora contra el samurái, pero este la parte de un guantazo y derriba al malherido Ramiro de un puñetazo.
El combate que sigue entre el samurái y el Guerrero es breve, pero intenso, y termina con el Guerrero encontrando un punto débil en la armadura del samurái: la juntura entre el peto y el casco, en la cual clava profundamente su espada hasta separar la cabeza del cuerpo.
A la mañana siguiente, sin haber tenido siquiera la oportunidad de ver a don Luis ni a Fernando, ni de aclararlo todo con Ana María, le llega la noticia de que los moros vuelven a atacar los barcos mercantes españoles. Los Reyes Católicos le ordenan asegurar la defensa de las costas de su condado y el Guerrero parte hacia ellas para organizarlas. Le indica a Li Chin que debe quedarse en el castillo, donde se le dará alguna ocupación, pero esta roba un caballo y sigue al Guerrero a una distancia prudente para no ser vista.
Buscando pelea (nº 22). Cuando el Guerrero se da cuenta finalmente de que Li Chin le sigue ya están demasiado lejos del castillo como para acompañarla de vuelta y asegurarse de que se queda allí. Están discutiendo sobre ello cuando son atacados por cuatro de los marinos samuráis de Máscara de Hierro. No se nos dice qué hacen allí, pero es de suponer que son ellos quienes encontraron y rescataron a Máscara de Hierro, sujeto a un tablón tras el naufragio de su barco, y quienes le han traído hasta costas españolas para que lleve a cabo su venganza.
Entre el Guerrero y Li Chin consiguen deshacerse de ellos y, además, tanto soldados que había por los alrededores como lugareños acuden en su ayuda. Juntos van a la costa y encuentran dos sampanes y los cadáveres de varios samuráis más.
Harto ya del hostigamiento de estos extranjeros, el Guerrero guía a sus hombres hasta una cercana torre e vigilancia costera. Los vigías están muertos, asesinados por los samuráis para asegurarse su desembarco y su partida sin problemas. Utilizando los cañones de la torre, el Guerrero y los suyos disparan contra los sampanes y se entabla un combate artillero entre los barcos y la torre.
En ese momento, un tercer barco se une al combate: el del capitán Garcilaso (al que conocimos en el nº 3: Ira incontenible) que en cuanto ve lo que está ocurriendo no necesita preguntar y ordena a sus artilleros disparar también contra los sampanes. Tomados entre dos fuegos, los barcos de los piratas samuráis se hunden y todos terminan muertos bajo las olas.
Garcilaso desembarca y el Guerrero le pone al corriente de lo ocurrido con el impostor. Fue precisamente Garcilaso quien llevó al impostor hasta España pensando que era el verdadero Guerrero, lo cual hace que el capitán se sienta en deuda con él. Se pone él y su barco a disposición del Guerrero para lo que necesite. La intención del Guerrero es reunirse con don Luis. Le ordena a Li Chin regresar al castillo, ya que Garcilaso no admitirá mujeres a bordo de un barco de guerra.
Reticente al principio, Li Chin finalmente acepta y se retira a llorar donde el Guerrero no pueda verla. Quien sí la ve, y de hecho se ha fijado bastante en ella, es Poulo, un marinero griego de la tripulación del capitán Garcilaso.
Este le ofrece a Li Chin la posibilidad de colarla en el barco escondida en una tinaja, entre las mercancías que están embarcando a toda prisa (que no se nos dice de dónde salen, pero supongo que serán los suministros que había en la torre de vigilancia).
Se hacen a la mar y, cuando ya están bastante lejos de la costa, Poulo baja a la bodega y saca a Li Chin de la tinaja. Su intención al llevarla a bordo no era precisamente facilitar que siguiera al lado del Guerrero, sino reservarla para su propio uso, y se le echa encima tratando de violarla.
Llegado a este punto, he de decir que Li Chin es probablemente el personaje femenino de un cómic no erótico ni pornográfico más vejado que he tenido ocasión de ver nunca. La conocimos al inicio de la colección siendo esclava en la Isla Amarilla. Fue abusada primero por el pirata Jaffiar, luego por una parte de su tripulación, vendida de nuevo como esclava en Esmirna y regalada por la sultana Soraya al capitán Ben Jerifaz, drogada por Sandra y apalabrada como premio de consolación a uno de los ex amantes de esta… y ahora, en manos de Poulo, que desde luego no será el último caso. Y nada de eso la rompe, sino que es ella la que suele acabar rompiendo las narices (cuando no las pelotas) a sus adversarios a base de puñetazos y patadas. Si algún día oís a alguien acusar de machismo a los comics de El Guerrero del Antifaz, esa será la mejor prueba de que no se los ha leído.
El caso es que los gritos y golpes que salen de la bodega llaman la atención del Guerrero, que inmediatamente salta a esta para ver qué es lo que está ocurriendo y derriba a Poulo al aterrizar sobre su cogote con los pies por delante. Cuando el Guerrero le pregunta a Li Chin por qué le ha desobedecido subiendo a bordo contra su voluntad, sabiendo que van a un más que probable combate naval, esta le contesta muy alegremente que quiere morir con él. Y oportunidad tendrán, desde luego, porque mientras están distraídos el uno con el otro, Poulo se incorpora y empuña su cuchillo. Y aquí dejamos el segundo número.
Este par de cómics son una muestra perfecta tanto de las virtudes como de los defectos más característicos de Las Nuevas Aventuras del Guerrero del Antifaz. Prácticamente no hay una sola página dedicada al descanso. El Guerrero acaba de regresar de una larguísima aventura, se reencuentra con su familia, descubre el asunto del impostor, reaparece Máscara de Hierro, se producen asesinatos en el castillo, tiene lugar el duelo definitivo contra el samurái, asistimos a un combate a cañonazos, regresa Garcilaso y surge un nuevo problema relacionado con Li Chin. Todo sucede tan rápido que el sufrido lector apenas tiene tiempo para aburrirse, pero tampoco (y quizá esa fue siempre la intención) para detenerse a reflexionar sobre las muchas inconsistencias temporales o argumentales.
También me parece especialmente interesante el papel de Ana María en este momento de la historia. Ya no es simplemente la dama en apuros usada como excusa para que el Guerrero vaya a rescatarla una y otra vez. La revelación de su embarazo y las dudas sobre la paternidad del hijo que espera son un tema inusualmente maduro para un cómic de aventuras que estaba dirigido originalmente a un público infantil-juvenil. Se trata de un tipo conflicto que no puede resolverse derrotando a un enemigo espada en mano.
Cuando era niño leía estas páginas por encima sin entender del todo de lo que me estaban hablando y pasaba rápidamente a la parte emocionante, donde el Guerrero volvía a enfrentarse a Máscara de Hierro. Sin embargo, vista hoy, esa parte resulta más interesante que las escenas de acción. El combate contra el samurái es ahora lo que me parece más flojo del argumento. El personaje ya había sobrevivido a un combate naval, a un naufragio y a caer al foso del castillo. Como villano resulta espectacular, pero llega un momento en que parece prácticamente inmortal: un guerrero gigantesco cubierto por una armadura que lo hace casi invulnerable y oculto tras un casco que esconde un rostro monstruoso y deformado. Más que un villano de un comic de aventuras, es como un monstruo del cine de terror, una especie de Jason Voorhees medieval. Precisamente por eso me alegra que esta vez su derrota sea definitiva y lo decapiten en lugar de limitarse a arrojarlo a otro foso o sacarlo de escena sin que quede claro que le ocurre. Ha sido un villano excelente, pero también uno que creo que han estirado demasiado. Tanto, de hecho, que cuando muere de una estocada, su final sabe a poco.
Hasta aquí llega mi comentario sobre el comic de El Guerrero del Antifaz. Los que estuvierais aquí por eso, ya podéis dejar de leer 😅 Lo que sigue hasta el final es otra de esas cosas que pongo por escrito para quitarme de la cabeza y pasarlas de ideas abstractas a algo concreto. Mi pensadero particular.
La presencia de Máscara de Hierro y de Li Chin en estos números me ha hecho reflexionar sobre otra cuestión: el motivo por el que el manga fue tan bien recibido en España cuando empezó a llegar de forma masiva pese a ser tan diferente al tebeo nacional y a los comics de Marvel y DC, que eran lo que copaba el mercado en esos momentos.
Las Nuevas Aventuras del Guerrero del Antifaz son de 1979. Y aunque ya habían llegado a España mucho antes, fue realmente en 1983, con Forum, cuando mi generación pasó masivamente de leer historietas como estas a leer Marvel y DC. El cambio resultó atractivo porque el dibujo era más dinámico, los colores más llamativos, había una mayor variedad de personajes y un despliegue de poderes espectaculares. Sin embargo, salvo en casos concretos como Conan o El Castigador, la violencia, las muertes explícitas y las referencias sexuales estaban mucho más atenuadas.
En los cómics de Marvel o DC, un superhéroe podía caer desde lo alto de un rascacielos, abrir un enorme socavón en el suelo y salir de él haciendo un chascarrillo mientras se sacudía el polvo. Del mismo modo, una superheroína podía recibir de lleno toda clase de rayos láser o desintegradores sin que su ropa se deteriorase tanto como para mostrar nada demasiado revelador, como si la inhumana resistencia que le conferían sus superpoderes se hiciera extensible a los tejidos que llevaba puestos. La violencia en los comics de Marvel y DC era mucho más espectacular, pero con muchas menos consecuencias.
En cierto sentido, cuando pasamos de El Guerrero del Antifaz a Marvel y DC perdimos parte de la sensación de riesgo real que transmitían los comics. Y eso es precisamente lo que muchos lectores reencontramos en el manga cuando este llegó a España. El manga volvió a ofrecernos violencia explícita, muertes con consecuencias reales, referencias sexuales y temas incómodos. Muchas de las cosas que el cómic de superhéroes estadounidense tendía más a suavizar seguían presentes allí. Por eso creo que mi generación no tuvo ningún problema en pasar de Marvel y DC al manga.
España nunca ha sido realmente un país de superhéroes. Nuestros héroes tradicionales han sido el bandido, el pícaro, el pirata, el aventurero, el soldado o guerrero anónimo, quizá con capacidades superiores a las del común de los mortales pero sin que estas lleguen a salirse de la escala humana, como ocurría también con Lupín, Golgo 13, City Hunter, el Kaneda de Akira, la Ginger de Cinturón Negro… O los pilotos de Appleseed, Patlabor, Votoms, Robotech, Grey, etc. que eran solo personas comunes pero bien entrenadas y lo que los hacia extraordinarios eran sus robots. Y estos robots, después de todo, no eran más que las armas de su época, como la del Guerrero era la espada.
Por eso pienso que en realidad el salto cultural entre El Guerrero del Antifaz y el manga fue menor que entre El Guerrero del Antifaz y los superhéroes de Marvel/DC. Hay muy buenas historias en esos comics, lo admito, pero personalmente siempre preferiré las aventuras de un tipo con una espada o una pistola en la mano y que tenga que esquivar una flecha para no morirse, que las de uno de lance rayos láser por los ojos y resista impactos de misil en el pecho sin inmutarse.
Fin de la turra😴Podéis repasar la colección desde el inicio pulsando aquí.
Otras colecciones de Manuel Gago
Nuevas Aventuras del Guerrero del Antifaz. 1979-1981. Manuel Gago (guion y dibujo). Publicado por Editorial Valenciana S.A.





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