EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS ¡ALERTA DE EXPOILERZ!
Presentado por… el profesor Plot.

Saludos, nobles caballeros y damas.
Como ya indicamos en la anterior reseña sobre El Guerrero del Antifaz, vamos a ir haciendo coincidir las entradas dedicadas a este personaje con las festividades de Moros y Cristianos.
Estamos a 16 de marzo, lo que nos deja en medio de las fiestas de Villafranqueza, que comenzaron a inicios de este mes y aún se alargarán unos días más. Villafranqueza comenzó siendo una finca aislada comprada en 1592 por uno de los hombres de confianza del Duque de Lerma, para establecer allí algunas familias de colonos y que estos la hicieran crecer hasta convertirla en un nuevo pueblo.
La finca fue creciendo poco a poco a la par que lo hacía la cercana y mayor villa de Alicante, hasta que al ir extendiéndose las calles de una y otra llegaron a conectarse. Los habitantes de la periferia de cada pueblo se convirtieron en los vecinos de la periferia del otro. Actualmente Villafranqueza está integrada en Alicante como uno de sus barrios.
Sobre la fiesta en sí no he encontrado gran cosa. Se que incluye un pregón, desfiles, ofrendas florales y salvas de mosquetería. Las comparsas que marchan por las calles reúnen actualmente a unos seiscientos miembros, repartidos entre las siete escuadras cristianas (Peña de Arpes, Contrabandistas, Pescadores & Labradores, Caballeros Templarios, Halcones Reales, Corsarios, y Guerreros) y ocho moras (Palamoneros, Negros Papues, Ximos, Tuaregs, Abbasies, Moros viejos, Yemenies y Marroquies). Una de las formaciones originales de las primeras celebraciones, ya desaparecida, llevaba el peculiar nombre de No lo querían pero lo firmaron.
Tampoco hay muchas imágenes disponibles, ni son de buena calidad. De entre las que he encontrado, esta es la que más me ha llamado la atención, por la variedad de trajes que muestra la vanguardia de una escuadra mora.
Los Moros y Cristianos de Villafranqueza se extenderán hasta el día 19, San José, el patrón de la ciudad, momento en el cual el bando moro se da por derrotado y las fiestas finalizan.
Pasamos a ver ahora tres capítulos más de El Guerrero del Antifaz, con los cuales terminamos el primer tomo recopilatorio.
Los jinetes negros (nº 18). En el número anterior nos quedamos con Harum, muerto al fin, siendo sustituido por su siniestro y lascivo sobrino Hamet Zenet. Los tres hermanos Kir huyeron de su fortaleza y van camino al escondrijo que tienen en las montañas, aunque Shantal está gravemente herido y a duras penas se tiene en pie. El Guerrero y Aixa por su lado, tratan de llegar también al refugio de los Kir, mientras que Fernando, un tanto desconectado de los últimos acontecimientos, vaga solo por las montañas. Zenet ha tomado rápidamente posesión del castillo y las tierras de su tío Harum. Tan rápidamente que la noticia de su muerte ha llegado hasta él vía mensajero y se ha trasladado desde su propia fortaleza a la de Harum junto con sus jinetes negros, aparentemente en menos de un día.
Su primera medida es enviar a sus jinetes en busca del Guerrero y Aixa. Tanto los Kir como el Guerrero y su acompañante se encuentran con unos pocos de estos jinetes y se ven obligados a matarlos o esquivarlos para seguir adelante.
Fernando, que está tratando de localizar a los demás, se topa por casualidad con la banda de ladrones que formó Alí Kan tras ser expulsado de sus tierras. Fernando lleva consigo una lanza y hace un intento de acabar con Ali Kan arrojándosela, pero falla. Descubierto y desarmado no tiene otra opción que huir, pero los bandidos le capturan.
A continuación tenemos varias páginas en las que el Guerrero y Aixa siguen escapando como pueden de las patrullas de jinetes negros, sin apenas oportunidades detenerse a descansar. Tampoco estos descansan ya que Hamet Zenet tiene por costumbre ejecutar a todos aquellos que le desobedecen o decepcionan, y lo hace con mucha ligereza, sin dar ningún valor a la vida. Los propios jinetes negros le temen y a su vez el temor que estos soldados infunden a los lugareños (la mayoría de ellos musulmanes) hace que delaten la presencia del Guerrero si lo han visto por los alrededores para que no se les acuse de haber tratado de ayudarle u ocultarle.
En uno de los enfrentamientos que no son capaces de evitar, Aixa resulta alcanzada por una saeta. Mientras lleva a la inconsciente Aixa en brazos a través del abrupto terreno de las montañas, el Guerrero ve a lo lejos al maniatado Fernando colgando sobre un abismo. Los bandidos de Ali Kan lo han dejado allí como un cebo con el que atraer al Guerrero.
Acosados por los jinetes negros (nº 19). El Guerrero deja a Aixa oculta entre unas rocas y matojos y acaba con un par de vigilantes. Toma la ballesta y el carcaj de uno de ellos y continúa aproximándose a Fernando para rescatarlo, mientras liquida con la ballesta a los bandidos que se va encontrando por el camino. Cuando está lo bastante cerca de Ali Kan se lanza contra él y los bandidos que lo escoltan con la espada en una mano y la ballesta en la otra, golpeando con ella como si fuera una maza. En ese momento aparece otra patrulla de los jinetes negros de Zenet. Los bandidos de Ali Kan, que no están al tanto de los acontecimientos recientes y el cambio de poder que se ha producido en la región, los toman por una banda de ladrones rival y se enfrentan también a ellos. El Guerrero, olvidándose de Ali Kan, aprovecha el momento para liberar a Fernando. El muchacho tiene las extremidades dormidas por la falta de circulación y es incapaz de andar, por lo que el Guerrero debe cargar con él hasta haberse alejado un tanto del lugar.
Tras otras pequeñas escaramuzas, incluida un combate contra Ibrahim (el general de los jinetes negros) el Guerrero logra llevar a Aixa y Fernando hasta la cueva de los Kir. Después de atender la herida de Aixa y tomarse un breve descanso, el Guerrero vuelve a salir de la cueva. El saber que Ali Kan está por los alrededores no le permite otro curso de acción. Fernando se queda en la cueva al cuidado de Aixa, en parte molesto porque el Guerrero no lo lleve con él y en parte avergonzado debido a su juventud por quedarse a solas con una guapa mujer.
Entretanto, en la fortaleza cristiana, el capitán Rodolfo todavía sigue resentido con el Guerrero y decide pagarlo con Zoraida, sabiendo la amistad que los une. Engaña a Zoraida haciéndola creer que el Guerrero se encuentra cerca de allí, malherido, en una cabaña abandonada de las montañas a la que la gente llama “la cabaña del viejo”. Zoraida decide ir a buscarlo y abandona furtivamente el castillo llevando una cesta con algunas provisiones.
Al llegar a la cabaña, a quién se encuentra allí es al propio capitán Rodolfo, que le está esperando para aprovecharse de ella. Por fortuna para Zoraida, el insistente Hixem, que no la deja ni a sol ni a sombra por mucho que ella quiera, la vio abandonar la fortaleza y la ha seguido para ver a dónde se dirigía. Irrumpe en “la cabaña del viejo” a tiempo de impedir lo que fuera que Rodolfo tenía en mente.
En la pelea que se sucede Rodolfo queda inconsciente en el suelo e Hixem lo deja maniatado. El ser refugiados moros acogidos en una fortaleza cristiana los pone en una situación difícil tras haber golpeado al capitán al mando de esa fortaleza, por lo que deciden huir. Para Zoraida esto es una situación terrible ya que la aleja definitivamente del Guerrero. Para Hixem es una situación ideal por el mismo motivo, porque así Zoraida se verá obligada a alejarse del Guerrero, incrementando las posibilidades de que le dedique su atención a él. Ambos acuerdan viajar hasta un pueblecito en el que Hixem tiene un hermano, y establecerse a vivir allí.
Los hermanos Kir prosiguen su huida hacia su refugio, rechazando continuos ataques de las patrullas de jinetes negros. En el último de los encuentros que libran contra ellos Osmin se queda reteniendo a los jinetes mientras Soleiman huye llevándose a Santhal, que debido a sus graves heridas ya es incapaz de moverse. De este modo Soleiman y Santhal logran llegara a la seguridad de su guarida mientras que Osmin, abrumado por la superioridad numérica, es capturado por sus enemigos.
Volvemos con el Guerrero, cuya intención es localizar Ali Kan o bien a los Kir pero con lo que se topa es con otra patrulla de jinetes negros. El Guerrero parece ahora más templado que en números anteriores, y en lugar de saltar sobre ellos espada en mano y vociferando para anunciar su presencia, les dispara desde lejos con la ballesta. Alcanza a un par de ellos y huye antes que el resto se le echen encima.
Cuando por fin localiza a Ali Kan y sus bandidos se acerca cautelosamente a ellos, pero no advierte a otro grupo apostado en un alto peñasco. Estos le reciben con una lluvia de flechas y lanzas, una de las cuales atraviesa su cota de malla y se le clava en la espalda. Arrancándose la lanza, el Guerrero la arroja contra Alí Kan, fallando por poco. Parece haberle cogido gusto a lo de la guerra de guerrillas porque de nuevo se retira y observa los movimientos de los bandidos de lejos con la intención de ir liquidándolos un poco a poco. Aguarda a la noche y cuando estos acampan en torno a una fogata se dedica a dispararles con la ballesta al amparo de la oscuridad.
El refugio de los Kir (nº 20). Tras apagar la hoguera que los delata, los hombres de Ali Kan se dispersan para buscar a su atacante por los alrededores. El Guerrero logra encararse con él aprovechando que queda momentáneamente separado del resto. Al verse solo ante su enemigo, Ali Kan olvida sus habituales amenazas y bravatas y huye despavorido. A resultas de esto termina cayendo por un precipicio. El Guerrero se retira dándolo por muerto, pero bien sabemos lo que significa morir cayendo por un precipicio o hundiéndose en un rio en estos comics
A su regreso a la cueva de los Kir, junto a Fernando y Aixa, el Guerrero descubre que Soleiman y Santhal también han conseguido llegar. Las heridas de Santhal evolucionan bien, pero Aixa está cada vez más débil. El Guerrero quiere trasladarla a una fortaleza cristiana dónde estará más segura pero la ve demasiado mal para moverla. Envía a Fernando con un mensaje a la antigua fortaleza de Ali Kan, ahora cristiana, solicitando una calesa y escolta para ella.
Entonces le ocurre una de las peores cosas que pueden pasarle a un soldado durante una guerra: tener tiempo para reflexionar sobre lo que está haciendo. Cae en la cuenta de que ya ha acabado con Ali Kan (el asesino de su madre) y con Harum (el de su padre). Su propia obsesión por matar a ambos lo han mantenido alejado demasiado tiempo de su amada Ana María, la cual tiene otros pretendientes que sin duda no habrán perdido el tiempo en su ausencia. Y sigue sin poder reclamar su lugar entre los caballeros cristianos pues el conde de Roca no pudo reconocerlo oficialmente como hijo suyo. Su vida parece más vacía que nunca, y en lugar de descansar (con el trote que lleva en estos últimos números falta le hace) sale en busca de Osmin.
No tarda mucho en encontrarlo y rescatarlo pues solo unos pocos guardias se habían quedado al cargo de él mientras el resto buscaba a los otros hermanos por los alrededores. El Guerrero y Osmin regresan a la cueva para reponer fuerzas .
Hacemos un rápido repaso antes de terminar a las varias historias secundarias que tenemos abiertas. Se nos presenta al verdugo de Zenet, un hombre corpulento y de rostro deforme que atiende al nombre de Kadul. Zenet acaba de recibir la noticia del fracaso de Ibrahim que ha regresado malherido de su combate con el Guerrero. Lo manda ejecutar y a continuación ordena Kadul que sustituya a Ibrahim en su cometido de acabar con el Guerrero y capturar a Aixa.
Olián, que había viajado hasta el condado de Torres con una pequeña escolta, disfrazados de soldados cristianos, tiene un golpe de suerte. Su intención era infiltrarse mediante engaños en el castillo de Torres y raptar a Ana María, pero la cosa se le presenta mucho más sencilla. El conde y su hija junto a solo seis soldados como protección, pasean por el campo algo alejados del castillo. Olián y sus hombres caen sobre ellos y a la superioridad numérica de los atacantes se suma el que los españoles tarden en reaccionar debido a que sus enemigos visten uniformes cristianos y no los identifican al primer golpe de vista como un peligro.
Los soldados del conde mueren en el combate y él mismo es herido. Al ver en peligro a su señora, el haya que acompañaba a Ana María toma una daga y trata de defenderla, pero es derribada de un puñetazo por uno de los musulmanes.
En ese momento aparece el conde de Los Picos, don Luis, acompañado de su propia escolta, qué iba de camión al castillo del conde de Torres precisamente para visitar a Ana María. Llega tiempo de contemplar los últimos compases de la lucha y se une a ella. Estos inesperados refuerzos cambian las tornas de la pelea.
Los hombres de Olián son eliminados, pero este finalmente escapa llevándose con él a Ana María. Además de don Luis, dos de sus hombres han sobrevivido al encuentro. Uno se queda atendiendo las heridas del conde de Torres, mientras don Luis y el otro soldado buscan por separado a Olián.
Fernando, que estaba de camino a la antigua fortaleza de Ali Kan, ha sido capturado por unos guerreros moros de afiliación por el momento desconocida. Zoraida e Hixem prosiguen su huida a través de bosques y montes. Y en la guarida de los Kir la presencia de Aixa está empezando a dar problemas. Tanto Santhal como Soleiman se sienten ahora atraídos por la joven y tratan de hacerle notar esto multiplicando sus atenciones hacia ella, lo cual crea roces y momentos de tensión entre los hermanos.
Terminamos con esto el Tomo 1 de El Guerrero del Antifaz ¡Ya solo nos quedan dieciséis más! Podéis repasar los números anteriores de este tomo pulsando aquí.
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Nuevas aventuras del Guerrero del Antifaz
El Guerrero del Antifaz. 1944. Manuel Gago (guion y dibujo). Reeditado en 1972 por Editorial Valenciana S.A.
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