¡ALERTA DE EXPOILERZ!
De una colección de libros que recopila historias de
terror bajo un titulo tan grandilocuente como este, uno esperaría, al menos en
el primer número, una pequeña presentación o al menos una breve declaración de
intenciones. Una nota del editor indicando el criterio bajo el que se han
seleccionado los relatos, por ejemplo, hubiera bastado.
No tenemos nada de eso,
pero cada uno de los relatos viene precedido por una ilustración hecha
específicamente para él, y un pequeño párrafo que algunas veces es
presentación, otras resumen y en algunos casos, una reflexión previa.
Un bonito
detalle es que los relatos comienzan con una letra capitular envuelta en abigarradas ilustraciones genéricas de
cuerpos femeninos y/o seres monstruosos, al modo de los libros medievales.
Las portadas de los libros de esta colección
muestran el logo en diferentes colores (el cambio de color no parece obedecer a
nada concreto) y una ilustración de una cabeza o rostro monstruoso. Estas
ilustraciones recuerdan mucho en estilo a los cromos de la colección Carnaval
de Monstruos. En este primer número encontramos las siguientes
historias.
Diabólica advertencia (Pedro Montero). Nos habla de una antigua casa que, cuando los vivos la abandonan para sus quehaceres diarios, es ocupada por los espíritus de anteriores habitantes atrapados en un cuadro.
De hecho, el relato
comienza con un aviso al lector, diciéndonos que siempre que vayamos a entrar a
nuestra propia casa, aun sabiéndola vacía, llamemos un par de veces a la puerta
antes de abrirla, como norma de cortesía, para dar tiempo a los seres que en
nuestra ausencia la pueblan para volver a sus refugios, sean los que sean.
Los
protagonistas de este relato no siguen esa advertencia, y pagan las horribles
consecuencias de atraer demasiado la atención de los otros habitantes de su
casa. El autor es Pedro Montero, que aparece también en los créditos del libro
como Asesor Especial.
La operación (José León Cano). Es la historia de un cirujano que, en
el transcurso de una operación, decide matar a su paciente.
Sin conocer de nada
a la muchacha cuya vida está en sus manos, toma la decisión repentina de dañar
sus órganos al mismo tiempo que opera efectivamente la dolencia que la ha
llevado hasta la mesa de quirófano. Por el simple placer de hacerlo, la mata
lentamente a medida que la opera. Pero una vez termina su jornada de trabajo y
vuelve a su casa, a medida que la excitación del momento deja paso a la
reflexión, está cada vez más atormentado por lo que ha hecho y lo invaden las
pesadillas en las que le parece ver como una mano blanca abre lentamente la
puerta de su dormitorio. ¿O no son pesadillas?
El autor es José León Cano, que
también aparece como Asesor Especial de la colección.
El
sarcófago de plata (Roy Damm) & La trampa de ébano (Mathew Fitzgerald). Comento juntos estos dos relatos porque básicamente tratan el mismo
tema, aunque de forma distinta.
Un misterioso ataúd (encontrado enterrado en un
paraje remoto en un caso y recibido a domicilio por correo en otro) es abierto
revelando un interior vacío. Un vacío que irremediablemente tienta a quien lo
abre a llenarlo consigo mismo, a tenderse en el ataúd, como si su destino fuera
completar lo que a éste le falta; un cuerpo que contener que dé sentido a la existencia de tal objeto.
Los dos están bien a su manera, pero son demasiado similares para aparecer ambos en un mismo libro. Aquí pienso que fue un error no reservar uno de ellos para incluirlo en algún numero posterior, porque leyendo ambos juntos te queda la sensación de haber leído la misma historia dos veces.
Un
pacto tenebroso (V. Rodríguez de Ayala). Trata sobre dos hombres
que, siendo jóvenes, hacen uno de esos absurdos pactos de amistad eterna que a
veces hacemos de forma simbólica, conscientes que probablemente jamás seremos
capaces de cumplir. En su caso, el pacto cosiste en que, si existe algo después
de la vida, el primero de los dos que muera visitará al otro para contárselo.
Pasa
el tiempo, se olvidan del asunto, pierden el contacto, y un día uno de ellos recibe en su casa la
visita del fantasma del otro, que le informa que ha muerto y sí hay algo más
allá. Pero la visita se repite noche tras noche, porque el
acuerdo era tan poco especifico, que nada se dijo sobre que hacer a
continuación. Cada noche el fallecido llama a la puerta de su amigo, repitiendo
su lúgubre cantinela, destrozando los nervios de él y su familia.
El
bebé sin nombre (P. Martín de Cáceres). Es la historia de una niñera a la que se deja al cargo de un bebé al que debe cuidar siguiendo una serie de normas extrañas. Se le indica específicamente que no debe atender sus lloros ni verlo en
ningún momento, salvo para darle el biberón, cosa que debe hacer en la más
completa oscuridad.
Al principio la joven encuentra el encargo extraño, pero fácil: un
bebé al que no ha de prestar atención bajo ninguna circunstancia en toda la
noche, salvo para alimentarle a oscuras. Ni entretenerlo, ni cambiarlo… La
niñera se dispone a pasar una noche viendo la tele, cuando una nauseabunda pestilencia
se esparce por toda la casa. Los gemidos del bebé comienzan a sonarle cada vez
más como silabas perfectamente articuladas, descubre que el biberón que le dejó
la madre está lleno de sangre… y el bebé, de más de dos metros de altura, sale
de su cuarto para buscarla. Bastante atmosférico, pero también con un final predecible.
El
gato negro (Edgard Allan Poe). Uno de los relatos más
conocidos de su autor y que podéis ver resumido en esta otra reseña.
Ofidio (JLC). Este relato es lo peor del libro. Viene descrito como “Un original de J. L. C.
basado en una idea de H. P. Lovecraft”. Pero La maldición de Yig no era
solo “una idea”, si no un relato completo, y Ofidio no solo está “basado”, si no que se trata simplemente
de La madición de Yig reescrito, cambiando los nombres propios,
alargando algunos puntos y acortando otros. No se trata de una historia
paralela, algo diferente pero basado o inspirado en el universo de Lovecraf y referente al
mismo dios-serpiente. Es simple y llanamente un plagio. No hay más que comparar
fragmentos como:
…lo
que se movía era de un tamaño casi humano y totalmente desprovisto de vestiduras.
Carecía por completo de pelo, y su espalda de tonos leonados parecía algo
escamosa bajo la luz tenue y burlesca. Los hombros eran moteados y oscurecidos,
y la cabeza parecía curiosamente plana… (La maldición de
Yig)
…y
pude darme cuenta de que su tamaño era inferior al de un hombre, que su
desnudez era completa y que carecía de vello en toda la superficie de su
escamosa piel. Me llamó la atención de modo particular su cabeza plana… (Ofidio)
Esto no es un caso aislado, se repite continuamente
a lo largo del relato, por lo que calificarlo como un relato original de J.
L. C. basado en una idea de Lovecraf,
me parece muy hipócrita. Supongo que quisieron incluir La maldición de Yig
en este número al igual que incluyeron El gato negro, y al no obtener el
permiso para hacerlo, simplemente lo reescribieron. Por cierto, que no se nos
da el nombre completo del… autor… de Ofidio, pero sus siglas
corresponden con las de otro autor que aparece en este libro, y que es también Asesor
Especial de la colección. Curioso.
A pesar de este último cuento, la colección en si
está bien. Tiene un buen aspecto general y los relatos, originales o inspirados cumplen sobradamente con su
función de entretener e inquietar a la vez.
Puedes ver otro número de la colección pulsando aquí.
Biblioteca
universal de misterio y terror nº1. 1981. Varios autores. Ediciones UVE S.A.


Vuelvo por aquí de visita después de un tiempo, ¡ya tenía ganas!
ResponderEliminarMe llaman la atención todos los relatos, tienen buena pinta, a excepción del plagio que comentas.
Una pregunta: ¿lees los libros antes de publicarlos aquí? O, ¿es que te acuerdas de todo? ¡Porque vaya memoria!
Bienvenida de nuevo, Marmota.
EliminarSi es un libro que ya tenía leído de antes, ya tengo una idea formada de lo que pienso comentar sobre él, pero igualmente le doy un repaso antes de escribirlo para comprobar si es tal como lo recuerdo, o buscar algún detalle concreto. Si es algo que he leído por primera vez, y en ese momento no tengo tiempo de preparar el comentario, tomo notas sobre la marcha de lo que más me llama la atención. Siempre llevo encima mi PDA para tomar notas en casos como estos.
PDA=Papel De Apuntar :D
jajaja PDA xD
EliminarYo no sé hacer eso, si leo, leo, no me puedo parar a apuntar nada porque entonces es como que se me corta el ritmo... Mira que lo he intentado con datos curiosos, o frases, o fechas... Pero me da mucha pereza y prefiero seguir leyendo.
Mis felicitaciones por tu perseverancia.
De los cuentos de este ejemplar, me suena haber leído uno de los dos de "ataúd misterioso que te persigue con insistencia"; creo que el segundo, "La trampa de ébano". Seguramente lo leyera en otra compilación de cuentos de terror. Si es como lo recuerdo, me suena que era más de humor negro que de terror en sí, porque todos estaban hasta las narices del ataúd, y al final había una explicación de por qué aparecía en las casas. No estuvo mal.
ResponderEliminarNo, este no es de humor negro, en la casa a la que llega el ataúd hay una sola persona, y no se explica gran cosa al final. El que comentas debe tratarse de otro cuento con un titulo parecido. Pero los ataúdes son una imagen muy evocadora y debe haber cientos de relatos relacionados con ellos, desde "Los ladrones de cadáveres" de Stevenson a "La caja obolonga" o "El entierro prematuro" de Poe.
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